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Los grandes desplazamientos de la humanidad


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LOS GRANDES DESPLAZAMIENTOS DE LA HUMANIDAD

Con los viajes a la luna del proyecto Apolo, en los años sesenta y setenta del siglo XX, obtuvimos unas fotografías bellísimas de nuestro planeta Tierra. El planeta azul con sus gasas de nubes sobre el fondo negro del cosmos.


Por primera vez conseguíamos hacernos una fotografía en la que salíamos todos. Sin embargo, si prestamos más atención a la fotografía nos daríamos cuenta de que está movida, porque el hombre no ha cesado de moverse por la superficie de la Tierra a lo largo de toda la Historia.


PREHISTORIA
Entre todos los seres vivos del planeta Tierra, sólo el género humano ha sido capaz de adaptarse a los más diversos y distantes medios ambientales, tras la consecución de extensos desplazamientos que le llevarían en el transcurso de cientos de miles de años, durante la Prehistoria, a poblar territorios de los cinco continentes.

Para iniciar aquel dilatado proceso fue decisivo el afianzamiento, a lo largo de varios millones de años antes, de su bipedismo, que constatado ya en algunos homínidos debió surgir como respuesta de adaptación progresiva al cambio climático, responsable hace 6-5 millones de años de la transformación de una densa selva tropical en estepa herbácea, propiciando los primeros pasos en África Oriental.

Transcurridos algunos millones de años, la evolución de las primeras especies humanas nos deparará, por fin, un "homo" capaz de emigrar, el denominado Homo erectus. Al seguir el rastro de sus huellas, podemos imaginar el inicio de una extensísima "andadura", de África a Eurasia. El destino que otros, como el antecessor, seguirían después.

Con el tiempo, todavía inconmesurable a nuestra percepción, Asia, otro destino, se convertiría además en ruta de tránsito hacia tierras de América. Pero en el poblamiento del continente americano, el sapiens sapiens contó con la decisiva contribución de determinados fenómenos originados por los cambios climáticos, las tierras emergidas. Probablemente el mismo fenómeno que facilitaría el desplazamiento desde territorio asiático a Australia.




  • Bipedismo

La extraordinaria evidencia de bipedismo que en 1978 supuso el hallazgo de M. Leakey en el yacimiento de Laetoli (Tanzania), al descubrir en un sedimento formado por las cenizas producidas por la erupción del volcán Sandiman, al sur de Olduvai, las huellas de pisadas correspondientes a tres individuos bípedos, identificados como Australopitécidos afarensis, en torno a 3,7-3,6 millones de años, aparece reforzada por el análisis de otros restos fósiles, como los de Australopitécidos anamensis hallados en 1994 en los yacimientos del Lago Turkana (Kenia), al responder incluso a una cronología anterior, entre 4,2 y 3,9 millones de años de antigüedad.


¿Sería posible que con el tiempo algunos australopitécidos bípedos más evolucionados hubieran podido abandonar el África Oriental e iniciado un proceso de migración?. La coincidencia de restos de Australopitécidos africanus y robustus, datados entre 3-2,5 y 1,8-1,5 millones de años, respectivamente, que no sólo se documentan en África Oriental sino también en África del Sur inducen a algunos investigadores a plantearse la hipótesis de un desplazamiento hacia el sur y, de modo más aventurado, una ruta anterior hacia el territorio del actual Chad, en África Central, donde un reciente descubrimiento sitúa al Australopitécido bahrelghazali, entre 4 y 3 millones de antigüedad.


  • De África a Eurasia

La consolidación del bipedismo, unido a la habilidad de las manos, ya completamente libres, y la evolución del cerebro que parece responder a una mayor complejidad, además de la morfología dental y la capacidad craneana, figuran entre las características que distinguen a las primeras especies del género Homo de sus predecesores, y en ocasiones contemporáneos, los homínidos australopitécidos.

No obstante, tanto los fósiles de Homo habilis, distribuidos entre África Oriental y África del Sur y con una antigüedad entre 2,4 y 1,8 millones de años, como del Homo rudolfensis, concentrados en África Oriental entre 1,9 y 1,6 millones de años, testimonian un radio de acción circunscrito todavía a las tierras de África, en las que se llevó a cabo el proceso de hominización.

Habría que esperar, según desvelan las recientes investigaciones del Equipo Atapuerca, a la aparición, probablemente a partir del Homo habilis, del Homo ergaster, cuyos restos fósiles abarcan entre 1,8 y 1,4 millones de años en África, para testimoniar el inicio de migraciones a distantes regiones del continente africano -la vertiente atlántica del Norte de África- y el desplazamiento hacia Eurasia, donde las evidencias fósiles más antiguas del denominado, a partir de su expansión, Homo erectus, se remontan a 1,8 millones de años en la isla de Java y a 1,5 millones de años en yacimientos de Georgia e Israel y se documentan en Europa y especialmente en Asia hasta hace unos 130/120.000 años.


Identificados sus restos como pertenecientes a distintas especies, cuyas denominaciones respondían a una creencia en la particularidad de las zonas de hallazgo y durante décadas considerado como predecesor de neandertales y sapiens sapiens, los hallazgos del yacimiento de la Gran Dolina en Atapuerca contradicen esta teoría y revelan la existencia de una nueva especie también de origen africano, el Homo anteccesor, que habría llegado al Occidente europeo como resultado de una migración posterior a la del Homo erectus, hace al menos 1 millón de años, y a partir de la cual surgirían después los neandertales.

Según esta hipótesis, el grupo de Homo antecessor que en principio quedó en África seguiría miles de años después la misma ruta próximo-oriental, dando lugar en el proceso evolutivo al homo sapiens sapiens.




  • Continente americano

La expansión de la especie del Homo sapiens sapiens siguió en principio la misma dirección que las migraciones anteriores del Homo erectus y el Homo antecessor, abandonando África por el Próximo Oriente hacia Eurasia y abarcando los territorios euroasiáticos que unos u otros habían poblado, al adaptarse a un rigor climático al que los neandertales, sus predecesores en dichas tierras y cuya presencia era muy anterior, no consiguieron subsistir.


Como reflejo de su capacidad de adaptación a un nuevo medio ambiente, el Homo sapiens sapiens experimentó determinadas transformaciones en estrecha conexión con los distintos destinos de sus migraciones, surgiendo de este modo la diversidad racial. Algunos grupos de los que se habían dirigido hacia el bloque asiático y habían adquirido los rasgos definidos como mongoloides protagonizarían después el paso al continente americano.


Las evidencias arqueológicas del poblamiento de América aportan yacimientos con una cronología inicial que abarca desde los 40.000 años de antigüedad a los 25.000 en los enclavados más al norte, de 33.000 a 20.000 en México y en torno a 12.000/10.000 en el sur, reflejando una ocupación de norte a sur, por la costa en las tierras de Oregón y California, por el corredor continental hacia las llanuras del centro de América del Norte, la franja litoral entre el Pacífico y los Andes y el Cono Sur.
Sin duda, la diversa cronología responde a desplazamientos realizados en distintos períodos fríos, aquellos en los que el denominado Estrecho de Bering, entre las penínsulas de Chuchos (Siberia) y Seward (Alaska), se encontraba transitable por el descenso del nivel del mar a causa del eustatismo. Según los estudios realizados, fueron tres los períodos durante la glaciación Wisconsin: el primero entre 50.000 y 40.000 años, el segundo entre 28.000 y 25.000 y el tercero entre 13.000 y 10.000. A este período, a juzgar por su acusada apariencia mongoloide, correspondería el cruce de los esquimales o "inuit", los últimos en atravesar el Estrecho de Bering.


  • Australia

Como sucedió en el desplazamiento hacia el continente americano, el fenómeno de las tierras emergidas debió facilitar el acceso desde el Sudeste Asiático a la "Gran Australia" que, como consecuencia también de la regresión del mar, sobre todo en el período glaciar Würm, era un único y compacto continente con Nueva Guinea y Tasmania.


A juzgar por el hallazgo de restos fósiles en un yacimiento situado en una playa elevada de la península de Huon en Nueva Guinea y en otro localizado a orillas del río Swan, en el sudeste de Australia, el primer poblamiento se habría iniciado ya hace antes de 40.000 años; mientras los fósiles del yacimiento de Mungo en Nueva Gales del Sur (Australia), con una datación en torno a 30.000 años de antigŸedad, demuestran su identificación con el Homo sapiens sapiens y escasas diferencias con los aborígenes australianos contemporáneos, salvo en la pasividad de sus mandíbulas. El poblamiento de este continente habría alcanzado igualmente las tierras emergidas del posteriormente llamado Estrecho de Bass, con restos que se fechan en torno a los 22.000 años.

Mucho después, los efectos de la transgresión marina habrían ido aislando a Nueva Guinea y Tasmania de Australia hasta su configuración actual. Los primeros indicios de este fenómeno se advierten hace unos 11.000 años, cuando el mar de Arafoura y posteriormente el estrecho de Torres fueron separando progresivamente a Nueva Guinea de Australia, después la última transgresión würmiense, hace entre 6.000 y 5.000 años, aislaría definitivamente a Nueva Guinea y también a Tasmania, mediante el ancho y tempestuoso estrecho de Bass.

En consecuencia, tanto los aborígenes australianos como los tasmanos quedaron incomunicados con el resto del planeta, fundamentando su escasa evolución hasta la colonización europea que supondría en Australia el retroceso gradual de los aborígenes y en Tasmania su desaparición total. Por el contrario, en Nueva Guinea, algunos indicios permiten argŸir la llegada de nuevas migraciones del Sudeste Asiático hace unos 9.000 años, a partir de cuya fecha se detecta el inicio de transformaciones del medio natural por el hombre.

En cambio, el poblamiento del conjunto de islas dispersas en el Océano Pacífico, denominado Oceanía insular, es mucho más reciente, ya que con un rumbo de oeste a este se inició en torno al 2.000 a.C. y finalizó después del cambio de era, fijándose el desplazamiento y asentamiento en las islas más alejadas, como Hawai, la isla de Pascua y Nueva Zelanda, entre el 400 y el 800 d.C.


ANTIGUA
Al proceso de extensas migraciones que condujo al hombre a tierras de los cinco continentes siguieron otros movimientos de población, cuya trascendencia se reflejaría en la plasmación de un mapa euroasiático más complejo y diverso, a través del cual obtenemos no sólo conciencia del crisol de pueblos que habitaron Europa y Asia, sino también y de modo más significativo el fundamento y los orígenes de poblaciones que, traspasando las fronteras de la antigüedad, configuraron los troncos principales a los que pertenece la mayor parte de la población actual de Europa y Asia.

Y mientras la población circunscrita a aquellas tierras próximas a los cauces de agua, entre el Tigris y el éufrates, a orillas del Nilo, o en las cuencas del río Amarillo o del Indo, lograba aun con denodado esfuerzo los frutos que irían favoreciendo la evolución progresiva hacia el sedentarismo, la generación de excedentes, la jerarquización, la estratificación social..., la organización y control de las actividades, hasta la configuración del estado y la civilización, otras poblaciones todavía seminómadas prosiguieron sus desplazamientos, en una búsqueda incesante de tierras y recursos más florecientes.


En determinados períodos este proceso provocaría un conflicto de intereses, poniendo de manifiesto la fragilidad de algunos estados sedentarios, no siempre capaces de asimilar el flujo de pueblos atraídos por los recursos de la civilización. En algunos casos, el rechazo no haría sino alargar una travesía de destino más lejano hasta la consecución de un espacio propicio o menos hostil.


De las condiciones del nuevo hábitat dependerá el desarrollo y la configuración de aquellos grupos humanos, que incluso respondiendo a un origen común en su fase seminómada, formarían el núcleo de distintas poblaciones históricas. Fue el proceso experimentado por los denominados indoarios, tribus de pastores seminómadas con origen en las estepas de Asia Central, que en distintos períodos protagonizaron extensos desplazamientos en dos direcciones, Oriente y Occidente. Tambaleando en ocasiones los cimientos de poderosos estados, su marcha hacia el Próximo Oriente y su asentamiento en distintas zonas de Europa y Asia desembocaría en la configuración de pueblos hititas, griegos, iranios, latinos...




  • Indoarios

Aunque la utilización del término genérico de indoarios pueda inducir a la idea, ya obsoleta, de una población configurada desde un punto de vista etnocultural y lingüístico ya en su área de origen, esta denominación responde más bien al origen centroasiático de poblaciones de pastores seminómadas que, lejos de formar un tronco consolidado, habrían experimentado desarrollos diferentes en virtud del destino de sus migraciones y, de modo significativo, del contexto cultural y cronológico con el que entraron en contacto.


A este respecto, la civilización del valle del Indo, que floreció en los territorios del actual Pakistán y las regiones indias de Punjab, Haryana y Gujarat, acusó una crisis de urbanización a finales del III milenio a.C., produciéndose una reconversión a la aldea y la economía agropastoril quizás como reflejo de un recambio de población, atribuido al flujo de estos pueblos pastores, y los datos lingüísticos avalan presencia de este tipo en Anatolia desde 1900 a.C., en Grecia y Mitanni, desde mediados del segundo milenio, y en Irán a mediados del siglo IX; mientras los hallazgos arqueológicos podrían situar su entrada por Transcaucasia, los Balcanes y el extremo suroeste de Irán, respectivamente.

Según la visión tradicional, la llegada a Anatolia y el Egeo de los denominados indoeuropeos en virtud de su documentación en Occidente habría respondido a un asentamiento en tierras ya habitadas por pueblos no indoeuropeos, que históricamente permanecieron como sustrato, los hatti en Anatolia o los minoicos en el Egeo.


En oposición explícita, Renfrew rechaza la teoría migratoria y plantea, desde un punto de vista arqueológico que niega la conexión directa entre lengua y cultura material, la hipótesis de que el área egeoanatólica pueda haber estado desde siempre, desde el Neolítico, habitada por poblaciones indoeuropeas, aduciendo que los cambios atribuidos a la llegada de nuevas poblaciones podrían haberse debido a dinámicas internas.


Menos incertidumbre plantea la segunda migración, entre 1.300 y 900 a.C., de los pueblos denominados iranios a partir de su asentamiento en la gran meseta de Irán, marginando los elementos preindoeuropeos desde Urartu hasta Elam. En su desarrollo formaron diferentes entidades lingüísticas, religiosas y gentilicias, destacando como naciones iranias los medos, al pie de los Zagros septentrionales, los persas en el antiguo país de Anshan, los hircanos y los partos al este del mar Caspio, los bactrianos y sogdianos al norte del Hindukush, y los arios, drangianos y aracosios en Irán central.


MEDIEVAL

Durante los mil años de duración de la Edad Media, Europa vio llegar nuevos pueblos a su territorio, o vio como cambiaban de residencia algunos de los grupos humanos que estaban asentados en ella. El principio y el final de esta larga etapa están marcados precisamente por la afluencia de nuevos pueblos al espacio europeo.

El inicio de la Edad Media coincide para algunos con la caída de Roma ante los invasores germánicos, para otros con la entrada en la escena política de los árabes. El final se señala con la llegada de los turcos otomanos que tomaron la ciudad de Constantinopla y así acabaron con el Imperio Romano de Oriente.

Entre el principio y el final de la Edad Media fueron muchos los pueblos que se desplazaron por toda Europa, y que contribuyeron con su expansión a la formación de las entidades territoriales y políticas que configurarían la Europa actual. A la zona oriental llegaron los eslavos, que en lentas oleadas fueron cubriendo poco a poco las tierras del Este europeo; su enorme ocupación se vio partida en dos por la llegada de un pueblo impetuoso, los húngaros, que asentados en la llanura de Panonia formaron un reino. Por el Norte se movieron los vikingos, terribles piratas saqueadores que terminaron por asentarse en algunos territorios europeos, y no solo se contentaron con un ducado en Normandía, terminaron por dominar el territorio anglosajón de la Gran Bretaña.

Cuando todo parecía ocupado, es decir, cuando parecía que ya no había posibilidad de nuevos espacios que controlar, aún se produjeron otros desplazamientos. Se trata de los movimientos de repoblación, entre las que hay que destacar la hispana y el Drag Nach Osten alemán.

Fuera del ámbito europeo hubo desplazamientos tan importantes como los de los mongoles, y los de los turcos seljúcidas, que de alguna manera influyeron también en el espacio europeo.




  • Germánicos

Desde mediados del siglo V a. C. algunos pueblos que se asentaban en las zonas del Norte de Europa (Península Escandinava, Península de Finlandia, orillas del mar Báltico), comenzaron un desplazamiento hacia el Sur movidos por razones de diversa índole.


Ya en el siglo II d. C. se asentaban en el borde exterior del limes romano, que consiguieron traspasar a finales del siglo IV. En unas décadas se habían instalado dentro del territorio del Imperio Romano, que no tardaría mucho en desaparecer. Los romanos les llamaron germanos o bárbaros.


Tras los primeros, los visigodos, caminaron hacia el Oeste otros muchos pueblos: francos, suevos, alanos, vándalos, alamanos, anglos, sajones, jutos, burgundios, hérulos, ostrogodos.

El desplazamiento de estos pueblos fue el paso inicial en la desaparición del Imperio Romano y en la configuración del nuevo mapa europeo. Las invasiones se realizaron en grandes etapas u oleadas, que podrían clasificarse de la siguiente manera:




  • Protagonizada por godos, vándalos, burgundios, alanos ... que tuvieron que huir de la presión de los hunos.

Comenzando por la zona Sur de Europa, hay que señalar que fue el miedo a los hunos lo que obligó a los alanos, visigodos y ostrogodos a abandonar sus territorios y avanzar hacia el Oeste. Los hunos se asentaron desde el 375 en las estepas del río Don y en el delta del Danubio.

Desde el año 376 los visigodos cruzaron en su mayoría el Danubio. El emperador romano, Valente, no tuvo más opción que aceptarlos y custodiarlos, mientras se preparaba su instalación en la Tracia. Nunca se realizó su establecimiento pacífico en la zona porque los visigodos se rebelaron, indignados por los abusos de mercaderes y funcionarios romanos, saquearon buena parte de las regiones balcánicas, y derrotaron al emperador Valente en la batalla de Adrianópolis (378). El sucesor de Valente, el emperador Teodosio, consiguió pacificarlos y los instaló como federados..

Las cosas cambiaron a la muerte de Teodosio (395), pues al dividirse el imperio entre sus dos hijos, la situación se agravó. Los visigodos asolaban los territorios romanos con regularidad, y además ante un nuevo empuje de los hunos (396), algunos pueblos germanos siguieron su avance hacia el Oeste.

Por la zona Norte del Imperio Romano algunos grupos penetraron en el territorio romano. Suevos, alanos y vándalos (asdingos y silingos) rompieron la frontera del Rhin en el 406, y tras cruzar las Galias, entraron en Hispania en el 409.

La resistencia, tanto en Galia como en Hispania, fue escasa. Suevos, vándalos y alanos se asentaron en las distintas provincias de Hispania, excepto en la Tarraconense. El emperador Honorio no se conformó, y utilizó contra ellos a los visigodos, que tras haber pasado por Italia y saqueado Roma, acabaron asentados en la Tarraconense, tras un foedus con los romanos, por el que se comprometían a ayudarles en su lucha contra los bagaudas (el bandolerismo rural), o en cualquier intento exterior o interior de disminuir el poder del imperio en Galia e Hispania.

Esta primera oleada de invasiones se caracterizó por la amplitud de los movimientos migratorios (del mar Negro a la Península Ibérica), y por haber dado lugar a los primeros estados bárbaros en suelo del imperio romano. El primer reino bárbaro fue el reino visigodo que se extendía por el sur de Francia y la Tarraconense y, tras la caída de Roma, el reino ostrogodo se ubicó en el territorio italiano (493).

Eran grupos minoritarios de invasores en comparación con la población invadida. Algunas cifras sugeridas por algunos historiadores indican que entre suevos, vándalos y alanos no llegarían a 200.000, los visigodos serían unos 80.000, y los ostrogodos podían ser unos 12.000 guerreros con sus familias.


  • Protagonizada por germanos occidentales: francos, burgundios, alamanes, turingios, anglos y sajones.

Los jutos, anglos y sajones, salieron de su área continental, en las zonas de la actual Sajonia y península de Jutlandia (Dinamarca), y se dirigieron a Inglaterra, hacia mediados del siglo V también.

En conjunto esta segunda oleada de invasiones se caracterizó por la penetración continuada y en masas bastante cerradas de grupos germanos en las Galias, Baviera y Gran Bretaña.



  • Protagonizada por lombardos y ávaros (pueblo no germano, posiblemente de origen mongol). Se caracterizó por la amplitud de los movimientos migratorios, como la primera oleada.

    Los lombardos se desplazaron desde Panonia, donde habían vivido entre el 527 y el 546, hasta Italia donde fundaron un reino (568-774), empujados por la irrupción de los ávaros en el 567.





  • Árabes

"El Jihad es una obligación de institución divina"



Ibn' Ali Zayd Al Qayrawani, Risala, cap. XXX.
Los desplazamientos de los árabes, que llevaron a la ocupación de amplios territorios, han de entenderse en buena medida como un fenómeno cultural, pues su influencia fue muy grande a pesar de no haberse desplazado grandes contingentes de población. Tras la muerte de Mahoma en el 632, los árabes comenzaron la conquista de territorios fuera del espacio de la Península de Arabia, pero eso no significó que las tierras ocupadas cambiaran de población.

Un ejército, compuesto por algunos miles de soldados, se encargaba de las operaciones militares, parte del ejército permanecía en los territorios adquiridos, y a través de ellos se iniciaba el fenómeno de adquisición de la cultura árabe por parte de los pueblos conquistados.


Las repercusiones de esa expansión fueron extraordinarias, pues desde el "finis terrae" por el Oeste, es decir, la Península Ibérica, hasta la Península del Indostán, por el Este, se produjo una unificación cultural: pueblos con una misma lengua y con una misma religión, comenzarían a asemejar sus costumbres en muchos aspectos de la vida: forma de vestir, forma de comer, forma de entender la higiene, etc, y lo que es más importante: la organización de la sociedad en su conjunto.


1. Ejército árabe
El ejército tuvo un papel fundamental en los desplazamientos de los árabes, y no solo por su papel militar, sino como medio transmisor de la religión, la cultura o las formas sociales árabes. El califa Omar (634-644) fue responsable de ello, en buena medida:
"Reclutó a toda la nación árabe y prohibió todo oficio que no fuese el de guerrero. Como resultado, los árabes formaron una casta militar que no trabajaba en otra cosa y que saqueaba los nuevos territorios con gran eficacia."
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