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Los de Abajo”: una historia de víctimas y victimarios


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Los de Abajo”: una historia de víctimas y victimarios.

En algún momento de su vida Camilo José Cela –escritor español, premio Nobel de Literatura 1989- dijo: “Hay dos clases de hombres: los que hacen la historia y quienes la padecen”. Estas palabras, dichas no sabemos a propósito de qué situación, tuvieron la capacidad de orientarnos en la lectura de “Los de abajo”, una obra que en principio sentimos muy lejana a nosotras en el tiempo, el espacio y la temática.

Leída por cumplir con un programa, la novela no nos llamó la atención, y hubiera sido una experiencia olvidada de no mediar el desafío de escribir este ensayo. En esta segunda aproximación a la obra, apareció como lo más importante de ella la figura de Demetrio Macías, quien suscitó la siguiente pregunta: ¿este revolucionario es gestor o víctima del proceso? Pero para llegar a responderla, nos sentimos en la obligación de considerar la importancia de la obra en sí misma y la pertinencia de la pregunta.

En cuanto al mérito estético de la obra, nos atrevemos a decir que “Los de Abajo” es algo más que un fiel exponente del Naturalismo mexicano, pues resultan evidentes los intentos del autor por superar las limitaciones de la escuela de Zolá, sin abandonarla. Con respecto a la pertinencia de nuestra pregunta, fue necesario revisar los valores que sustentó la Revolución Mexicana y el grado de adhesión que Demetrio y su entorno mantuvieron hacia ellos.

Para nosotras, desconocedoras de la historia de México, la novela fue una provocación constante. ¿Quiénes son los federales por los que Demetrio abandona su casa? ¿Cuántas clases de revolucionarios existen en el México de principios del Siglo XX? ¿Qué significó esa revolución para el propio México y para Hispanoamérica toda? ¿Quiénes fueron Madero, Huerta, Carranza, Natera, Obregón? ¿Qué personajes aludidos pertenecen a la historia y quiénes a la ficción? Despejar estas interrogantes supuso buscar una cronología, por precaria que fuera, del desarrollo de México desde la independencia hasta la Revolución y armar un cuadro de las distintas facciones revolucionarias, de sus fidelidades y traiciones, de los muertos y los sobrevivientes. Recién allí pudimos entender quiénes eran Macías y los suyos, y el hecho de que el protagonista de la novela prefiriera la aventura de la sierra al enfrentamiento con los federales enviados por Don Mónico, el cacique de Moyahua.

Y como nuestro desconocimiento se extendía al territorio mexicano, a su división en estados, a su conformación física y a las nociones de Norte y Sur, tan diferentes a las nuestras, territorialmente hablando, los mapas se hicieron indispensables para medir la magnitud de la gesta de Demetrio y sus hombres. La novela es, efectivamente, un documento en cuanto nos asienta en un determinado tiempo y espacio, y en cuanto pretende contar “lo que efectivamente ocurrió” durante el período de Huerta y parte del de Carranza - traidores ambos a los ideales de Francisco Madero, iniciador del proceso revolucionario. Tiempo, espacio y conflictos reales, son parte del documento que Mariano Azuela se propuso mostrar a los mexicanos: con ello queda cumplida la función cognoscitiva que los naturalistas asignaron a su literatura. Lo que ahora -pasado el siglo XX- sabemos que es imposible, es su afán de objetividad. Aunque muchas partes de la novela hayan sido escritas en los lugares del suceso, e incluso en medio de los enfrentamientos, queda implícita en el relato la inevitable parcialidad de las convicciones del autor. Las biografías consultadas nos dicen que del Mariano Azuela fue partidario de Francisco Madero, que ejerció un cargo público durante su mandato, que participó como médico de campaña en el ejército de Francisco Villa, y que además de médico fue escritor. Ese solo dato nos hace sospechar que su objetividad es solo una aspiración y que su actitud, constantemente crítica –otra función que cumple la literatura de la corriente de Zolá – no surge precisamente de la pretendida objetividad.

Pero más que médico y político, Marino Azuela nos parece un escritor. Y un escritor muy consciente, pues su producción es muy abundante, y aunque esté siempre presente la crítica de situaciones contingentes, hay en ella serios intentos de superación del Naturalismo, al menos en la forma. Creemos que fondo y forma son distinciones falsas, dimensiones de la obra que no pueden correr por carriles diferentes, que la forma es la expresión de un contenido, pero nos parece que en “Los de abajo” solo hay intentos, y que se superponen tanto las visiones de mundo como las concepciones estéticas en un período de crisis profunda en todo Occidente. En resumen, “Los de Abajo” es una obra de transición, hecho que, desde nuestro punto de vista, no desmerece en absoluto su valor como obra de arte. Aunque ello signifique “mezclar horizontes”, y de ello reniegue Ortega y Gasset, para quien no es arte la novela que no aspire a la calidad de “hermética” y la concrete.

Y al hablar de signos vanguardistas, nos estamos refiriendo a la fragmentación del acontecer, pues si bien no se ha roto la linealidad temporal, sí hay muchos acontecimientos que se omiten y que debe suponer el lector. El narrador limita su omnisciencia y evita la completa definición de sus personajes. Esto último ocurre especialmente con La Pintada, El Güero Margarito y Luis Cervantes. La brutalidad de los dos primeros surge mucho más de lo que hacen y dicen, que de lo que el narrador pueda decir de ellos. Lo mismo ocurre con la hipocresía, la avaricia y el oportunismo de Luis Cervantes.

Con lo dicho creemos haber rozado, al menos, los aspectos estéticos que nos parecen relevantes en la obra. Centrémonos ahora en lo que consideramos más importante por su universalidad y su vigencia en el Chile de hoy: los aspectos valóricos implícitos en la crítica que el autor hace al proceso revolucionario mexicano. En un extenso artículo acerca de la recepción que tuvo la novela, Jorge Ruffinelli afirma que entre los años 1940 y 1952 el debate en México se centró en dilucidar si Mariano Azuela era un “verdadero revolucionario” o si se trataba simplemente de un partidario (consciente o inconsciente) del porfirismo. Otros críticos, como Luis Leal. Sostienen que la obra pretende dejar en el lector “…una impresión predominante, la del fracaso del movimiento armado” 1. También se habla de Azuela como de un destructor de mitos más o menos establecidos en torno al proceso revolucionario, ya que terminada la lectura de “Los de Abajo, no queda nada de la supuesta pureza, unidad y altura de miras de la Revolución Mexicana, propuesta por una parte de la crítica. También tenemos la repuesta de Azuela a las acusaciones de sus contemporáneos, tanto progresistas como conservadores. Ante ellos se enorgullece de su independencia para juzgar el momento, insiste en su fidelidad a la causa del pueblo y en su desprecio por todos aquellos que vieron en la lucha armada una oportunidad para obtener beneficios personales.

Pero no es eso lo que nos impresionó en la obra. Lo importante para nosotras, como chilenas y ajenas al conflicto, no es la filiación política de Azuela, sino el destino de Macías y los suyos; y al decir los suyos, no nos referimos solo a los improvisados soldados que lo acompañaron, sino a todo el pueblo que asoma de diferentes maneras en la obra; en especial a las mujeres, último eslabón de la escala social; posición que merece un capítulo aparte. En nuestra opinión, la gesta de Macías no tiene sentido ideológico, aunque el personaje sea un revolucionario, y como tal, un gestor de la historia. Lo percibimos como victimario y víctima en un mundo en el que “las ganancias” que provengan del conflicto armado no le pertenecerán nunca. De esa certeza, avalada por la derrota y la muerte final de Demetrio, surge la piedad que nos inspira. Piedad que se extiende a todos los personajes que lo rodean, por brutales e ignorantes que se nos presenten, pues esa brutalidad e ignorancia son abonadas , aprovechadas y mantenidas por los que, como Luis Cervantes y las cúpulas revolucionarias sacarán buen provecho de ellas.

Demetrio es un ser inocente en términos ideológicos. No sospecha ni remotamente las motivaciones que tuvieron para enfrentarse la burguesía y la elite aristocratizante mexicanas. No sabe qué es la revolución. Los federales son sus enemigos, porque los envía el cacique a capturarlo; sigue luchando sin saber bien por qué lo hace; es herido en un enfrentamiento y llevado a un caserío en el que se le une Luis Cervantes, un joven desilusionado del gobierno, que dice optar por la causa del pueblo. El “curro”, educado y hermoso en oposición a Macías, entusiasma al indio con una propuesta: ofrecer el coraje y la brutalidad de sus hombres, y el suyo propio, a un general opositor al gobierno. Convencido por los argumentos del estudiante, se pone en camino. Destaca en una batalla importante (Zacatecas). Es considerado e incorporado al ejército revolucionario. Pero su lucha en ningún momento deja de ser personal. Más fuerte que antes y con mayor dignidad, vuelve a Moyahua, a vengarse de don Mónico. Consumada la venganza, ya la lucha no tiene destino para Demetrio. Sigue aguas. Saquea, oye a la pintada declarar que ahora son ellos los “catrines”, pero no puede estar contento, porque lo persigue el recuerdo de Camila y el agua azul que le refrescara la garganta cuando se sintió totalmente desvalido. Deja hacer, pues le basta poco de lo material para vivir. Con artimañas de celestina, Luis Cervantes le consigue a Camila y cuando esta muere a manos de la Pintada, Demetrio y sus hombres regresan a la sierra. Ya ha triunfado Carranza y de perseguidores vuelven a ser perseguidos. Ya nada vale la pena, pero hay que seguir. Demetrio vuelve a su tierra. En Limón encuentra a su mujer envejecida y su hijo no lo reconoce. Pero no puede detenerse y muere en un nuevo enfrentamiento.

Repasada su historia, ya no podemos ubicarlo en el punto medio de la clasificación de Cela. Demetrio es de los que padecen la historia, y de los que la han padecido desde el descubrimiento de nuestra América. Es uno de “los de abajo”, uno como tantos de nuestros compatriotas a los que se les escamotea toda posibilidad de educación, dignidad y equidad, pero a los que se invoca en todos los discursos de todas las campañas políticas, vengan ellas de la bandería ideológica que vengan.



Ese es, para nosotras, el mayor mérito de la novela, la lección que nos deja su lectura. Indudablemente hay otras muchas lecturas posibles. Otro mérito de Azuela y su obra: el de demorar en agotarse, pese al tiempo y al espacio.

Bibliografía

  1. Ortega y Gasset, José: “Ideas sobre la novela”. En Obras Completas. Tomo 4. Revista de Occidente, Tercera Edición, 1970

  2. Hauser, Arnold: “Bajo el signo del cine”. En Historia Social de la Literatura y el Arte. Tomo 3. Guadarrama, Madrid, 1971

  3. Vodicka, F. y Belic, D. El Mundo de las Letras. Editorial Universitaria. Santiago, 1971.

  4. González, Manuel Pedro. “La novela de la Revolución Mexicana”. En Loveluck, Juan. La Novela Hispanoamericana. Editorial Universitaria, Santiago, 1966

  5. Fuentes, Carlos. “La Ilíada descalza”. En Los de Abajo. Mariano Azuela. Edición Crítica, Jorge Ruffinelli. Fondo de Cultura Económica.Madrid, 1996.

  6. Ruffinelli, Jorge. “La recepción crítica de Los de Abajo” En Los de Abajo. Mariano Azuela. Edición Crítica, Jorge Ruffinelli. Fondo de Cultura Económica. Madrid, 1996.

  7. Leal, Luis. “Los de Abajo: lectura temática”. En Los de Abajo. Mariano Azuela. Edición Crítica, Jorge Ruffinelli. Fondo de Cultura Económica, Madrid, l996.

  8. Mansour, Mónica. “Cúspides inaccesibles”. En Los de Abajo. Mariano Azuela. Edición Crítica, Jorge Ruffinelli. Fondo de Cultura Económica, Madrid, 1996.

Páginas de internet

Cronología de la Historia de México

  1. http://www.sanmiguelguide.com/historia-mexico.htm

Biografías de Mariano Azuela

  1. http://es.wikipedia.org/wiki/Mariano_Azuela

  2. http://www.antorcha.org/liter/azuela.htm

  3. http://foros.emagister.com/tema-mariano_azuela-12984-346849-1.htm

Articulos acerca de “Los de abajo”

  1. http://www.antorcha.org/liter/azuela.htm

  2. http://home.houston.rr.com/literatura/azuela_mariano.htm#articulo



1 Leal, Luis. “Los de Abajo: lectura temática” . En “Los de Abajo”. Mariano Azuela. Edición Crítica, Jorge Ruffinelli. Fondo de Cultura Económica, Colección Archivos, Madrid, 2ª. Edición, 1996


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