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Los avatares de la historia “mal-tratada” en los tiempos pos-modernos


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Los avatares de la historia “mal-tratada” en los tiempos pos-modernos*


Alcira Trincheri**

“La historia universal tiene que ser


construida y negada... No hay historia universal

que guíe desde el salvaje al humanitario,

pero sí, de la honda a la superbomba...

La historia es la unidad de continuidad


y discontinuidad...

Theodor Adorno, 1975
Para tratar el presente artículo, es necesario contextualizar las interpretaciones acerca del “fin de la historia” y además plantear que, los historiadores en general no han sido conmovidos o no lo han considerado su problema, a los efectos de producir bibliografía que de cuenta de la “crisis” actual -para algunos “de sobreproducción”-. Podríamos decir que estamos frente a una ruptura histórica por tanto las ciencias sociales1 están ante un nuevo desafío epistemológico. La aseveración la permiten aquellos que dan relevancia al tema: sociólogos, filósofos, artistas, arquitectos, pensadores, críticos literarios mientras que los historiadores que coinciden con ella son una minoría.
Sólo contamos con el desenlace que produce la publicación del historiador norteamericano Marshall Berman2, y la reacción de Perry Anderson. El primero entiende que vivimos en una modernidad perseverante en la cual hay cambios continuos, dicotomías, que comprende a todo el mundo y no hay otra alternativa. Para Berman el “mundo en desarrollo” equivalente al mundo en “vías de desarrollo” o para otros “países del tercer mundo” coincide con la existencia de un proceso que promovió el capitalismo en la “edad moderna”. Plantea un Carlos Marx que vive la modernidad como algo contradictorio en su base: fuerzas industriales y científicas versus decadencias comparadas con el Imperio Romano. La misma modernidad provoca un nuevo obrero y a su vez hambre en los trabajadores. Alude a un Marx que propaga una fe modernista basada en el paradigma del progreso social. Perry Anderson entiende que lo central del libro de Berman no es la modernidad sino el “desarrollo económico” y el “autodesarrollo de la vida” dentro de las transformaciones del mundo capitalista. Critica el “análisis marxista” de Berman porque apenas aparecen las clases sociales en su explicación. Remarca una cuestión muy cierta: Berman habla indistintamente de modernidad, modernización y modernismo.
Lógicamente tenemos que plantear el tema con ciertas prevenciones para no perder el horizonte desde dónde escribimos y hablamos. Tener en cuenta como latinoamericanos que la “experiencia colonial es constitutiva de la experiencia moderna, no es posible dar cuenta de la modernidad haciendo abstracción de este hecho”3. Como así, las últimas publicaciones historiográficas de Carlos Barros remiten sucintamente a la “crisis de los paradigmas”4, a la búsqueda de nuevas formas de investigar, a la pérdida del atractivo de la disciplina histórica5. Algunos autores creen que“... la historia evoluciona de acuerdo a un proceso continuo, sin interrogarse sobre la naturaleza de la Historia, sus fines ni sus funciones...”6; y otros advierten que: “...Merece la pena que nos esforcemos en recoger del polvo del abandono y el desconcierto de esta espléndida herramienta de conocimiento de la realidad que se ha puesto en nuestras manos. Y que nos pongamos, entre todos, a repararla y a ponerla a punto para un futuro difícil e incierto.”7 En definitiva, sólo en algunas excepciones todos atienden a la disciplina sin tener en cuenta la posibilidad de una “crisis historiográfica”.
El máximo representante de la declaración del fin de la historia, que merece un apartado especial, es Baudrillard. Aunque él mismo dice, que no es el fin de la historia sino su transformación, porque los restos del comunismo, la Iglesia, las etnias, las ideologías son indefinidamente reciclajes “...el auténtico final de la historia, el final de la Razón histórica,.... La historia sólo se ha desprendido del tiempo cíclico para caer con el orden de lo reciclable... Lo que constituye la manifestación de la historia verdadera es esta huelga de los acontecimientos, este rechazo a significar lo que sea...”. Para el mismo autor, no hay un horizonte donde ubicar lo real debido a la fragmentación de los hechos y a la imposibilidad de la reflexión sobre la historia, porque se vive en una incertidumbre constante. Agrega que, es muy difícil definir la modernidad, porque no es un concepto de análisis, no tiene leyes pero sí lógica e ideología. Se refiere con lógica e ideología a la trascendencia abstracta del Estado, la ciencia y la técnica, el tiempo cronométrico y la conciencia autónoma e individual del sujeto desde una concepción del tiempo lineal e histórico. La modernidad se inició con una idea rupturista unida a la creatividad y a lo inédito pero “concluyó” adoptando posiciones conformistas, conservadoras, quedándose sólo en la retórica. Trascendente para Baudrillard es la incorporación de las nuevas tecnologías al campo educativo. Para él espacio histórico ha pasado a ser el espacio publicitario de los medios de comunicación, es decir, una memoria de síntesis que nos hace referencia al mito fundante, eximiéndonos del acontecimiento real, es una de las formas de olvido o exterminación de la memoria “...es que la Historia se ha convertido en un muladar. Se ha convertido en su propio muladar...”8.

Historia y posmodernidad
Según los autonominados autores posmodernos dicen que: con la posmodernidad ha llegado no sólo el fin del sentido de la historia sino la “estetización de la vida”. Las expresiones más singulares sobre el tema son las de Lyotard con la re-escritura de “millares de historias” y Vattimo con su “relativismo historicista”9 poniendo fin al proyecto totalizante de la historia reemplazado por la “multiplicación indefinida de los sistemas de valores y de los criterios de legitimación...” todavía no ha desaparecido la filosofía de la historia, siendo el único contenido que perdura en el pensamiento y la cultura. Los posmodernos según Mardones “...nos dejan en manos del ‘imperialismo técnico’ de la sociedad cibernética... Es decir, nos dejan en manos de un funcionamiento sistémico de la sociedad...”10. La perspectiva posmoderna critica una única lectura de la historia. De acuerdo a ella la historia debería leerse como cambios culturales que reactivan una serie de constantes que especifican –más que una historia- configuraciones culturales en una ubicación tempo-espacial.
La posmodernidad revisa dos hipótesis de la historia evolucionista, ya que para ella es difícil percibir algún tipo de regularidad, de linealidad, sucesoria o sustitucionista. Indudablemente la pérdida de la fe en el progreso colaboró con la disolución del gran relato y la imagen de la decadencia occidental. La posmodernidad aborda la historia desde una generalización, de la cual podríamos decir que hasta hoy, la disciplina tuvo dos maneras de verse, una como una sucesión dinástica, un proceso evolutivo de generación sin sobresaltos ni rupturas. Las teorías evolucionistas representan a la historia mediante grandes relatos con una forma ordenada de acontecimientos. Configuraciones culturales emparentadas con la vieja idea de la racionalidad del mundo, visto desde la razón humana con el sistema de la verdad. La otra forma, es la historia atravesada por una sucesión de golpes de estados, revoluciones y tomas del poder.
Otra mirada de la historia a través de un ejemplo que desarrolla Lanceros11, hablando del progreso, identificándolo con occidente, realiza una interpretación interesante tomada de Vicen Huici, donde el término occidente podría definírselo por medio de la ciudad y la tierra prometida. Dos concepciones distintas sobre las que se asentó la historia del pensamiento y la cultura occidental. La primera desde la ciudad (polis) como estrategia de organización de la que naciera la política como forma teórica y la democracia política como ejercicio, la coexistencia del hombre y del ciudadano donde lo privado se desvanece tomando cuerpo el lugar de lo jurídico y ético. La segunda la constituye el aporte de lo mesiánico que cruza el espacio político de la polis, dándole una trayectoria histórica de salvación, la racionalización teoría-práctica no privilegia ya la organización política sino la marca histórica dándole la identidad ideológica al Estado desde la promesa mesiánica. Desde el Renacimiento se trabajan ideas seculares de la ciudad, desvinculándola luego del contenido mesiánico donde aparece la historia como el resultado de un proceso ateo de secularización a partir del cual se pierde la referencia trascendente pero conserva el marco general soteriológico. En el nuevo espacio de teologías seculares se abren lugar el progreso tecnológico y la evolución racional. Se podría deducir que no hubo un solo camino con una dirección del proceso de racionalización, hubo distintas puntos de vistas y diferentes direcciones, el racionalismo se convirtió en un concepto histórico preñado de contradicciones. Es ahí que, en cada una de ellas se filtran las críticas posmodernas queriendo vaciar de contenido la idea de progreso ensayando la idea del fin de la historia, se podría concluir “...La historia no es aquella del sacrificio necesario del presente en el altar del progreso sino la de su presencia y posible recuperación: historia de desplazamientos y rupturas que no traza dogmáticamente un curso sino que se plantea como recurso; ‘se trata de una racionalidad no lineal sino recursiva’...”. No se puede obviar el papel de la historia, la apropiación del pasado y la utilización del tiempo y el espacio. La historia hizo suyo al pasado por medio de la historicidad -propiamente moderna- usando el sistema de datar, reconocido mundialmente. Tampoco se puede negar que la utilización de la historia para “hacer historia” es un fenómeno esencialmente moderno. La historia se transformó en generadora y orientadora de los futuros terrenales.
Hoy asistimos a un juego donde estrategias posmodernas que cifran su novedad en el potencial destructivo y oscurecen la luminosidad de la razón, de la idolatría del progreso técnico, en tanto que la teoría crítica pretende resucitar su vigencia y ofrecer seguridad y refugio ante el “caos”. A través de las representaciones difundidas en la modernidad podemos tener concepciones distorsionadas de la historia como la de los renacentistas. Hicieron circular la imagen de una época medieval oscura siniestra y supersticiosa de la que huir, e, inventaron el referente clásico al volver; la Ilustración hizo lo propio con el antiguo régimen y su cobertura teórica que, a su vez, descargó sobre ellos burlas tendentes a mostrar su superficialidad e ignorancia. No hay duda que la idea providencial de la razón coincidió con el auge de la expansión europea apropiándose del resto del mundo y que con ese poder dominador se construyó una nueva visión del mundo que contenía la idea de la liberación de la tradición. De ahí que, parecería como muy importante plantearse la deconstrucción de la historia de los relatos, porque ayudaría a clarificar la modernidad y orientar el debate sobre la posmodernidad.
La historia, entonces, no puede ser vista como una unidad o mostrándose como el resultado de la aplicación de ciertos principios de organización y transformación. Aunque tal vez sería preferible hablar de estrategias posmodernas: dispersión de ataques múltiples a la historia, que no están ligadas a una crítica ideológica coherente ni a una misma ideología. Lo que puede acordarse con Giddens es que la posmodernidad refiere a: “...que hemos descubierto que nada puede saberse con certeza,...; que la ‘historia’ está desprovista de teleología, consecuentemente ninguna versión de ‘progreso’ puede ser defendida convincentemente; y que se presenta una nueva agenda social y política..., de nuevos movimientos sociales...”12.
El posmodernismo ha venido a potenciar el debate acerca de la significación de la historia y acerca de la naturaleza de la “escritura de la historia”, debate estrechamente relacionado con la cuestión de nuestra representación lingüística del mundo, que tiene un punto de partida que ha sido llamado en filosofía “giro lingüístico”. El análisis del lenguaje llevará al “análisis de discurso” y de ahí al análisis de la escritura de la historia como una forma de discurso. Lo que discurso, texto, escritura, son con relación al lenguaje nos transfiere al problema de lo que tales cosas significan en la intelección del pasado. ¿Existe “algo” que podamos llamar “pasado” fuera del discurso, fuera del documento lingüístico en tal caso, cómo se nos presenta? Para el pensamiento posmodernista la evidencia tiene poco que hacer ante el predominio absoluto de la interpretación del historiador, quien debe renunciar al intento de la explicación, al principio de la causalidad, a la idea de la “¿verdad independiente?” y al lenguaje en correspondencia con un cierto mundo exterior. Para los “posmodernos” lo señalable en la obra histórica es su carácter estético donde la importancia la tiene el estilo. Contar “una buena historia” y contar bien, con un buen estilo literario es considerado valedero.

La crisis de la modernidad y su relación con la posmodernidad
Antes de proseguir con el desarrollo del artículo como un ensayo de tipo especulativo, debemos aclarar que en el tratamiento si bien coincidimos con Edgardo Lander13 cuando afirma: “El debate intelectual en América Latina sobre la crisis de la modernidad estaría mal planteado si se constituye en términos de una oposición entre postmodernidad y modernidad....”, ya que la modernidad en sentido universal es un mito occidental producto del desarrollo europeo, continuaremos con la caracterización del problema. A mediados del siglo XIX la sociedad europea occidental “se piensa” a sí misma en términos de modernidad. Como rasgos esenciales se toman del Renacimiento los grandes cambios técnicos científicos y políticos que culminarán en una nueva cultura con otra estructura social. Del siglo XVII y del XVIII las bases de la Filosofía de las Luces y la Enciclopedia, del siglo XVIII y XIX la ley del progreso en la historia y el romanticismo. Se puede decir que hay dos tiempos en la formación del pensamiento de la modernidad, el primero desde el Renacimiento a la Ilustración con la autonomía del sujeto, la razón y la idea de progreso; el segundo desde la crisis del romanticismo al marxismo, donde el actor deja de ser sujeto y pasa a serlo la historia con ciertas características relativistas. El sujeto entonces es pensado desde categorías colectivas como etnia, nación, cultura, clase social. En cuanto a las versiones políticas toma relevancia la tesis historicista del nacionalismo y el socialismo. Se logran articular ideas en sí contradictorias, del sujeto y de la historia, a través de la concepción del progreso, combinándose la liberación del hombre con su propia dominación a la vez.
Francis Fukuyama14 pondrá en escena los cuestionamientos en torno a los supuestos filosóficos que sustentan la historia del siglo XX, el lema “fin de la historia”. Este mensaje planteado desde la interpretación de lo material, entendido como necesidades económicas donde desaparecen el arte, la filosofía, encontró a los historiadores al final del segundo milenio “mal-parados” y sin demasiados recursos epistemológicos contundentes para responder seguros. La discusión se desarrolla entre modernos y posmodernos. Hoy se vive una modernidad no concluida y una invasión de concepciones fragmentarias.
Por otra parte, Vattimo defiende su sociedad transparente o la de la comunicación generalizada desde una modernidad concluida. El ser moderno no caracteriza la cultura moderna, y para él la posmodernidad filosófica surgirá de la obra de Nietzsche en la crítica al pensamiento occidental15. Retoma la búsqueda de “un sentido en la perdida de sentido” desvinculando a la historia del sentido trascendente, convirtiéndose en “¿el primer filósofo posmoderno?” o bien utilizado, por los posmodernos para justificar los orígenes de sus ideas, referidas a las condiciones de no-historicidad. Sobre el cual se puede decir que “...Nietzsche es absolutamente moderno,... no responde en modo alguno al progreso de la ciencia y la cultura..., es en buena medida, una opción contra la cultura y la ciencia y, ciertamente, una opción contra el progreso...”16.
Para Berman, la complejidad y riqueza del modernismo del siglo XIX radican en que: “...hay que escuchar... a dos de sus voces más importantes: Nietzsche, a quien se lo considera... una fuente importante del modernismo de nuestra época, y a Marx, a quien rara vez se lo asocia con alguna especie de modernismo...”17. También según las visiones posmodernas retoman Heidegger18 con su fin de la metafísica y con la modernidad que ocultó al ser. Nietzsche y Heidegger poseen un marco teórico similar en algunas cuestiones porque definen la historia ligada a la modernidad con la consecuente apropiación de los fundamentos racionales de los conocimientos. Encontramos entonces corrientes -entre las primeras filosóficas- de las denominadas “posmodernas”, que comienzan a cuestionarse la historia como entidad unitaria desde la crisis de la razón moderna y desde el cuasi modernismo de la posmodernidad.
Parecería, que el nudo de la problemática planteada, sería “desatar” la modernidad, ya que los cientistas sociales no se ponen de acuerdo en definirla, sino en caracterizarla, para algunos autores es un proyecto muerto, para otros es acabado y para otros inacabado. Aunque algunos académicos de las ciencias sociales intentan profundizar en la década de los ’70 el concepto de modernización, es en los años ’80 cuando se desarrolla la “teoría de la modernización”, una vez, que se asimila el trabajo de Braudel, sus discípulos e Immanuel Wallerstein19. “...La modernidad, en una palabra no tiene fin, pero asume una sucesión de formas que varían de acuerdo con las respuestas que ofrece a los desafíos que confronta la sociedad en cada momento de su historia... La tesis fundamental de la modernidad sólo significa que la acción social puede transmitir sentido a la historia... Es obvio que la modernidad está aún inconclusa y que permanecerá así mientras exista la raza humana...”20. Según el mismo autor la época moderna se inició con la ruptura filosófica del fin de los “mandatos divinos” a partir de la modernidad gracias al conocimiento los propios seres humanos que fabrican su propia historia21.
La modernidad puede responder a diversas explicaciones, para Giddens desde lo multidimensional y la discontinuidad, para Follari desde lo histórico con varias lecturas de distintos significados, que comenzó a vislumbrarse en el siglo XVI22. Desde una óptica que nos interesa, para Octavio Ianni “... la modernidad se inaugura con los grandes descubrimientos marítimos, el Renacimiento y la Reforma Protestante, sin olvidar la relevancia del Nuevo Mundo en contrapunto con el Viejo Mundo... Sería posible enumerar hipótesis, interpretaciones y creaciones, incluyendo las ciencias naturales y sociales... por medio de las cuales se demuestra que los siglos XVI y XVII asistieron a una ruptura histórica y epistemológica fundamental que determina la génesis de algunos de los parámetros fundamentales de la modernidad...”23.
Marshall Berman divide a la modernidad en tres fases. La primera que va desde principios del siglo XVI a fines del siglo XVIII, en ésta misma etapa se habría originado el uso del término “moderniste”, de Jacqués Rousseau en la forma que se lo utiliza hoy. La gente apenas si experimentó la vida moderna en ése período. La segunda se inicia con la gran ola revolucionaria de la década de 1790. En la misma comienzan a desarrollarse las ideas de modernización y modernismos que dan pié a la dicotomía vida espiritual-vida material del siglo XIX en un mundo que no es moderno. La tercera y última fase es el siglo XX donde se expande el proceso de modernización24.
La modernidad concedió a la idea de progreso25 el lugar de privilegio y ubicación dominante en el “quehacer” histórico. La tesis del progreso surge como mediadora de ambas ideas contradictorias, pero “hace agua” en la explicación, dando nacimiento a la crisis de la modernidad. Los mitos se derrumban, nos encontramos en la “era del vacío”. Para algunos autores los años ’60 son los claves “...el posmodernismo revela sus características mayores al radicalismo cultural y político... Cultura de masas hedonista y psicodélica... con el modernismo, la era posmoderna se define por la prolongación de una de sus tendencias constitutivas, el proceso de personalización...”26.
Berman27 agrega que son los modernismos y antimodernismos de esa década “...Todas estas visiones y revisiones de la modernidad fueron orientaciones activas hacia la historia, intentos... Todas estas iniciativas fracasaron, ...La ausencia de esas generosas visiones e iniciativas fue lo que hizo de los setenta una década estéril. En la actualidad casi nadie acepta las grandes relaciones humanas que representa la idea de modernidad. Por lo tanto el discurso y la controversia sobre el significado de la modernidad, tan vivos hace una década, han dejado virtualmente de existir...”.
Para otros, los rasgos esenciales de la modernidad entran en crisis en los años ’70: las concepciones sexuales, morales, políticas y metafísicas. Aunque el error fue dejar de discutir la modernidad en esa década, porque de haberse profundizado la discusión, se hubiera podido comprender las estrategias del modernismo y esto hubiera ayudado a clarificar algunas ironías de la mística contemporánea ‘posmoderna’. El propio Berman entiende esa mística como “...cultivar la ignorancia de la historia y la cultura moderna...”28. Hay críticos específicos de la modernidad como Foucault, sobre todo en lo que implica un mundo moderno sin libertad, sin justicia, metafóricamente vivir detrás de los barrotes, que simbolizan la prisión: “...Pero la función del encierro, la burguesía no la ha abandonado. Ha llegado a obtener los mismos efectos por otros medios. El endeudamiento del obrero le obliga por ejemplo a pagar su alquiler un mes por adelantado... la venta a plazos, el sistema de cajas de ahorros...”29.

Historias de la posmodernidad
La fecha “operativa” para indicar el inicio de la posmodernidad30 señalada incluso por Lyotard31 es la de la Segunda Guerra Mundial, aludiendo a las tecnologías32 incorporadas a los armamentos. Por un lado, el desarrollo de la ciencia, la técnica y la política; por otro, el exterminio de pueblos, violando el principio elemental de la modernidad: la emancipación del hombre.
Ahora bien, ¿por qué dejó de existir para algunos la modernidad?33 Según Vattimo por una multiplicidad de razones, entre ellas, que hoy ya no se puede hablar de una sola historia, la del progreso unilineal e indefinido, la de la civilización europea occidental, que conducía a la emancipación humana. La historia sufre los embates de ciertas transformaciones de las críticas-teóricas, de la rebelión de los “pueblos sin historia”34 y un indicador emergente de la actualidad, la “mass media”: “Juntamente con el final del colonialismo y del imperialismo ha habido otro gran factor decisivo para disolver la idea de historia y acabar con la modernidad: a saber, la irrupción de la sociedad de la comunicación. ...la ‘sociedad transparente’....Lo que trato de defender es lo siguiente: a) que en el nacimiento de una sociedad posmoderna desempeñan un papel determinante los medios de comunicación; b) que esos medios caracterizan a esta sociedad no como una sociedad más ‘transparente’, más consciente de sí, más ‘ilustrada’, sino como una sociedad más compleja, incluso caótica, y, por último, c) que precisamente en este relativo ‘caos’ residen nuestras esperanzas de emancipación”35.
Se puede afirmar, que la modernidad se presenta ante la posmodernidad encapsulada en un proyecto concreto, unitario, y se resiste a convertirse en la multiplicidad de la dispersión posmoderna. Incluso se podría sostener la existencia de ‘una crisis de la razón’, según Follari, como así coincidir, en que el fenómeno de esta crisis se superpone al fenómeno de la posmodernidad: “...La posmodernidad es crisis de la razón sin duda, pero también crisis de las modalidades de cotidianeidad previas y también de las utopías;...”36. O la visión de Giddens que precisa aún más: “...En vez de estar entrando en un periodo de posmodernidad, nos estamos trasladando a uno en que las consecuencias de la modernidad se están radicalizando y universalizando como nunca. Afirmaré que más allá de la modernidad, podemos percibir los contornos de un orden nuevo y diferente que es ‘posmoderno’; pero esto es muy distinto de lo que en este momento han dado en llamar ‘posmodernidad’...”37.
Tal vez lo más interesante de la posmodernidad es ver si podrá resolver su planteo: la tendencia hacia una “nueva emancipación” posibilitada por el “caos”. Como así sería necesario identificar las características de la misma en un contexto diseñado por una sociedad mediatizada. Producto de esta sociedad sería el resultado de la existencia de las diversas concepciones del mundo, que habrían terminado con la historia única o central, gracias a las exigencias del propio “mercado comunicacional” que lo muestra “todo” y “todo” se convierte en “objeto de comunicación”38. ¿Para conocer qué? La realidad “en sí misma”, erosionada por la sociedad de los medios y que a la vez promueve una “autoconciencia” a través de los discernimientos de las diferencias, como primer logro de la identificación.
Esa realidad a la que tanto se pretende llegar, pero que de todas maneras según los posmodernos, no es necesario que sea captada verdaderamente en toda su dimensión, porque con la multiplicación de las imágenes del mundo se pierde el ‘sentido de la realidad’, pero que a su vez, no significa una gran pérdida. Por consiguiente la realidad “real” para los posmodernos estaría “erosionada”, surgiendo del entrecruzamiento de las múltiples imágenes con sus interpretaciones y reconstrucciones de los medios de comunicación sin coordinación alguna. Para los historiadores plantear el desafío de asumir hoy en día la realidad social pasa por una verdadera revolución con la que deben descubrirse nuevos horizontes para el pensamiento. Lo paradójico es que la realidad social se la presenta para estudiarla en múltiples dimensiones fragmentadas a veces desarticuladas y a veces contradictorias entre sí.
En el mundo de hoy, parece una cuestión muy difusa lograr la meta de la “emancipación posmoderna”, pues las esperanzas están puestas en el papel de los medios de comunicación social, dado que los mismos no son ni están en manos ni al servicio de los pueblos “tercermundistas”, los dueños de las empresas multinacionales, como la CNN o la BBC, transmiten y reproducen imágenes que corresponden a una concepción estrecha de la realidad histórica central. Toda noticia es filtrada por la concepción de la cultura occidental39 –que es equivalente a decir “civilización”-, cualquier noticia extra-europea o extra-anglosajona es pasada por el tamiz comparativo del contenido occidental, y luego recién es emitida a nuestros pueblos.
Es imposible pensar en términos de identidad autónoma, sino que sólo se comprueba el éxito de la “sociedad de consumo”, como patrón cultural extendido por el planeta. El “desarraigo” termina en respuestas identificatorias locales o coincide con la interpretación de la posibilidad que presenta la “experiencia de la oscilación del mundo posmoderno como oportunidad”. Desde occidente la caracterización de movimientos de resistencia a la filosofía y cultura occidental actual, a los que mal-denomina “fundamentalismos”, entre otros los islámicos no se los puede asociar en una ecuación al fin de la historia, como el fin de la alienación. Realmente, los límites de la posmodernidad son difusos, de ubicación variable y de “livianos” contenidos.
Sin embargo, se detectan algunas cuestiones de relevancia: en la propuesta de la sociedad informatizada, cruzada por infinidad de redes que no dejan lugar a la producción y a la novedad, donde la universalización informativa debiera garantizar la transferencia con el desvanecimiento del poder, donde todos “podemos saber”, intentan con ello reemplazar las dificultades epistemológicas de la idea de progreso y situarse “más allá de la historia”. También es significativo que los posmodernos tomen de los modernos las concepciones de la “democratización de los saberes” y de la distribución en sentido equitativa de los mismos. La posmodernidad con sus modos de abordar el conocimiento histórico fragmentado, desconstruído, discontinuo, débil, termina negando su propia existencia unitaria. Tal vez no haya una posmodernidad, sino el momento o etapa de la modernidad cuando se despliega una multiplicidad de estrategias parciales, representadas como cambios culturales que carecen de un objetivo común.
En cuanto al posmodernismo, para Giddens, “...si es que quiere decir algo, será mayor referirlo a estilos o movimientos de la literatura, la pintura, artes plásticas y la arquitectura. Concierne a aspectos de reflexión estética sobre la naturaleza de la modernidad...”40. La popularización de la noción posmodernidad corresponde a Lyotard y a los arquitectos como los pioneros en la utilización del término, la literatura lo usó sistemáticamente -Ihab Hassan197141-. La posmodernidad puede ser caracterizada en general como la deconstrucción de la escritura con Derrida, el desorden del discurso con Foucault, poniéndose el acento en la inconmensurabilidad. La deconstrucción se refiere a una crítica de los orígenes no a sus retornos, significa invertir la jerarquía, practicar la doble ciencia, la doble escritura, la reinversión del sistema.
La posmodernidad refiere a un movimiento de deconstrucción y desenmascaramiento de la razón ilustrada como respuesta al proyecto fracasado de la modernidad. La deconstrucción se expresa en el rechazo ontológico de la filosofía occidental, la obsesión epistemológica con fragmentos y fracturas y el compromiso político con minorías políticas de sexo y de lenguaje. La posmodernidad para otros significa una empresa desmitificadora de los mitos fundantes. Pero siempre desde la racionalidad, porque filosóficamente no se podría estar contra la razón sino operar desde la misma. De ahí la adopción del término lyotardano anamnesis que permitiría establecer la relación con el pasado mediante la perelaboración.

Algunas reflexiones finales

Es necesario hacer una distinción entre los intelectuales que incluimos en el desarrollo del presente trabajo. Los historiadores no le dan demasiada importancia a la posmodernidad pues son “modernistas”. Los sociólogos “modernistas o no”, analizan y miran la realidad desde los cambios que se han producido en las sociedades y sus estados en los últimos dos siglos, siempre teniendo presente a la historia como disciplina. En cambio a los filósofos, no les preocupa demasiado la existencia o no de la historia, opera en ellos una gran diversidad de opiniones según las miradas epistemológicas, sea desde los paradigmas o la existencia o no del ser o del sujeto.


Los posmodernistas europeos hablan de la posmodernidad como un fenómeno de los países desarrollados. Los latinoamericanos se inclinan por la concepción “habermasiana” de la “modernidad inconclusa”. También hay diferencias en las fechas e inicios de las fases de la modernidad. Los intelectuales europeos toman la modernidad desde el siglo XVI, los latinoamericanos, la adelantan cronológicamente a la “conquista” de lo que ellos denominaron Nuevo Mundo, es decir, la incorporación de la resultante de la denominada “expansión ultramarina”.
El abandono del meta-relato “occidentalizador” nos convoca a superar las historias mundiales cuyos desarrollos, tiempo y sentido eran típicamente occidentales. Los problemas que asaltan a la “aldea global” y a las relaciones entre países pobres y ricos, dentro de la lógica capitalista imperante, se deben abordar integrando con su identidad histórica cada uno de los espacios “tercermundistas”, sin caer en el relativismo historicista.
El posmodernismo como actitud intelectual genérica, empieza a manifestarse tras la crisis del capitalismo de los años setenta y se cristaliza en los ochenta. Sus proposiciones básicas son la afirmación de la crisis y la muerte de la modernidad. Implica el abandono del discurso ideológico, del proyecto global intelectual y cultural que nace en los siglos XVIII y XIX basado en la valoración sobre todo de la racionalidad, del conocimiento científico, de la historia como ejemplo de una evolución “progresiva” y conjunta de la humanidad. Planteado así desde la negatividad, sin enunciar sus rasgos específicos.
En un escenario mundial donde confluye el racismo, la xenofobia, la exclusión, los nacionalismos, se percibe que, con el “triunfo de la imagen” se van constituyendo nuevos espacios públicos compartidos entre historiadores, filósofos, politólogos, periodistas, literatos y cineastas. La explosión de estos nuevos modos de producción de historia –filmes, novelas, documentales- se presenta como otras formas de aportar información, de sumergirse en el pasado y de “contar historias” sin buscar continuidades y rupturas propias de la disciplina. En consecuencia la enunciada crisis de la historia nos conduce a intentar la recuperación de la funcionalidad social y ética con una “vigilancia” racionalista y epistemológica de las prácticas historiográficas.
De todas maneras, aunque los historiadores no aparezcan demasiado preocupados por la crisis historiográfica y por la ruptura histórica, en la producción académica privilegiamos tanto la fragmentación como la integración, la guerra y la revolución, la diversidad y la desigualdad, la identidad y la alteridad, la ruptura, los ciclos. Estudios históricos en los que se tiende a recuperar y desarrollar el sentido y el significado mismo con su diacronía, la transformación, el desarrollo y la decadencia, la dominación y la sumisión, la lucha y la conquista, la acumulación y la pobreza, priorizando la razón crítica o bien desde la propuesta de una historia crítica del pensamiento social moderno.
Tal vez hoy ya no sea tan importante la controversia modernidad-posmodernidad, porque los acontecimientos del 11 de septiembre del año pasado sugieren una ruptura histórica, como dando fin al siglo XX, pero si sería importante que los historiadores se involucren en ayudar a dilucidar los problemas epistemológicos, definir las micro y las macro teorías que implican nuevos desafíos y nuevas perspectivas encauzando los estudios históricos dentro de una totalidad de interdisciplinas, para que la totalidad sea abarcadora e integrativa, que incluyan pueblos, naciones, movimientos sociales, etnias, lenguas, culturas, partidos políticos. En definitiva, replantear la dialéctica entre la parte y “el” todo como la dialéctica entre lo singular y lo universal.


1*Las reflexiones y especulaciones planteadas son producto de los trabajos en los Posgrados “Especialización en Historia Contemporánea” y “Maestría en Educación Superior” y de la investigación “Las disciplinas académicas: su constitución. El caso del Profesorado y Licenciatura en Historia” entre 1997-2002.

**Docente e investigadora del Departamento de Historia. Universidad Nacional del Comahue.



No es motivo de este trabajo profundizar en el debate: la relación de la historia-ciencias sociales-pensamiento social, pero nos preocupa y que de él se ocupan Immanuel WALLERSTEIN, Samir AMIN, Jerome M. CLUBB, Tzvetan TODOROV y Jacques REVEL entre otros. En el presente artículo tomamos a la historia como parte de las ciencias sociales porque esa es la lectura de la realidad histórica de nuestros tiempos.

2Todo lo sólido se desvanece en el aire. La experiencia de la modernidad, Buenos Aires, 3e. Catálogos S.R.L., 1989, y el debate compilado por Publicaciones CBC de la UBA, Itinerarios de la modernidad. Corrientes del pensamiento tradiciones intelectuales desde la Ilustración hasta la posmodernidad, de los autores Nicolás, CASULLO – Ricardo, FORSTER – Alejandro, KAUFMAN en una Re. de 1997, Buenos Aires. El debate modernidad-posmodernidad, de la compilación de Nicolás CASULLO, que contiene los artículos de Marshall BERMAN, “Brindis por la modernidad” y el de Perry ANDERSON, “Modernidad y revolución”; Buenos Aires, 3e., Puntosur editores, 1991.

3Edgardo LANDER, “Modernidad, colonialidad y posmodernidad”; Buenos Aires; En: Doxa N°18, 1998, p. 50.

4Julio ARÓSTEGUI, La investigación histórica: teoría y método, Barcelona, Crítica, 1995, p. 129. También para Carlos BARROS “... La actual crisis de identidad de la historia ...: urge recomponer el acervo común de los historiadores, ... y de entrar en el siglo XXI rearmados de moral y científicamente...”; “El paradigma común de los historiadores del siglo XX”; En: Revista Estudios Sociales, Rosario, Nº10, p.21.

5El paradigma clásico de las ciencias sociales fue constituido teniendo como base la reflexión sobre los movimientos y formas de la sociedad nacional. Hoy día la sociedad global presenta desafíos históricos y teóricos que exigen nuevos conceptos, categorías e interpretaciones. Para Carlos BARROS “La palabra paradigma tiene un doble sentido para Kuhn, el específico de ejemplo y otro más genérico... que se refiere a los compromisos compartidos por una comunidad científica. Se ha ido imponiendo la segunda acepción primigia y literal que asimila paradigma a modelo y ejemplo...”; “El paradigma común de los historiadores del siglo XX”; Santa Fé; En: Estudios Sociales, Año VI, N°10, 1996, pp.23-24.

6Jean-Louis FLANDRIN, “De la historia problema a la aproximación histórica de los problemas”; En: Gilbert Gadoffre, Certidumbres e incertidumbres de la historia”; Santa Fé de Bogota, Grupo editorial Norma, 1997, p. 207.

7Josep FONTANA, La historia después del fin de la historia; Barcelona, Crítica, 1992, p. 146.

8Joseph FONTANA, op. cit. p. 3.

9Gianni VATTIMO, El fin de la modernidad. Nihilismo y hermenéutica en la cultura posmoderna, Barcelona, 3e., Gedisa, 1990, p. 17. Que a su vez lo toma del “relativismo cultural” donde cada cultura debe ser juzgada exclusivamente según sus propios principios, todos igualmente legítimos. Ver: Néstor GARCIA CLANCLINI, Las culturas populares en el capitalismo, México, D.F. Editorial Nueva Imagen, 1982, p. 26.

10José María MARDONES, “En neo-conservadurismo de los posmodernos”; En: Gianni VATTIMO, En torno a la posmodernidad, Santa Fé de Bogotá, Anthropos, 1994, p. 30.

11Paxi LANCEROS, “Apunte sobre el pensamiento destructivo”; En: Gianni VÁTTIMO, op. cit. pp. 147-156.

12Anthony GIDDENS, Consecuencias de la modernidad, Madrid, Alianza Editorial, 1990, p. 52.

13Edgardo LANDER, “Modernidad, colonialidad y posmodernidad”; En: Doxa... p.45.

14“... Es posible que lo que estamos presenciando no sea simplemente el final de la guerra fría,... sino el fin de la historia en sí; es decir, el último paso en la evolución ideológica de la humanidad y de la universalización de la democracia liberal occidental, como forma final de gobierno humano...” Francis FUKUYAMA, “El fin de la historia?” Buenos Aires, Página 12, 01/07/90. Este autor como Samuel HUNTINGTON, hacen de “voceros” y representantes “intelectuales” del Departamento de Estado de los Estados Unidos con acceso a los medios de comunicación masivos, para difundir “paradigmas” aparentemente transgresores, que van en favor de la ideología del poder dominante y en contra de la lectura científica, que llegan de tal forma al consumidor común que lo alienan. HUNTINGTON comenzó en los años ’70 con el fin del uso del concepto modernización, se hizo famoso recién en los ’90 con el “choque de las civilizaciones” (“Desafíos entre el Islam y la cultura occidental”) que aludía deformadamente a la realidad histórica que es el islamismo. Paralelamente el que difundió la idea del “fin de la historia” a comienzos de los ’90 fue Francis FUKUYAMA, hoy continúa con la divulgación de “No hay choque de civilizaciones”, En: La Nación, 27.11.01, p.15.

15Gianni VÁTTIMO, El fin de la modernidad. Nihilismo y hermenéutica en la cultura posmoderna. 3e. Barcelona, Crítica. 1990. p. 10.

16Gianni VÁTTIMO, op. cit., p. 11.

17Marshall BERMAN, “Brindis por la modernidad”, En: Nicolás CASULLO (comp.), El debate modernidad-posmodernidad, Buenos Aires, Puntosur Editores, 1991, p.71.

18Gianni VÁTTIMO, El fin de la modernidad... op. cit. p. 34.

19Marshall BERMAN, “Brindis por la modernidad”, op. cit. p. 91.

20Marshall BERMAN, Todo lo sólido se desvanece en el aire. La experiencia de la modernidad, Buenos Aires,3e., Catálogos, 1989, pp.111-115-189.

21Marshall BERMAN, op. cit. p.109.

22La noción modernidad “... se refiere a los modos de vida u organización social que surgieron en Europa desde alrededor del siglo XVII en adelante y cuya influencia, posteriormente, los han convertido en más o menos mundiales...”, Anthony GIDDENS, Consecuencias de... p. 15; y Roberto A. FOLLARI, Modernidad y posmodernidad: una óptica desde América Latina, Buenos Aires, Cuadernos Rei, Aique Grupo Editor, 1990, p.139.

23“Las ciencias sociales y la Modernidad-Mundo”; En: Robert CASTEL; Alain TOURAINE; Mario BUNGE; Octavio IANNI y Anthony GIDDENS, Desigualdad y Globalización. Cinco conferencias, Buenos Aires, Manantial, Facultad de Ciencias Sociales, UBA, 2001, p.83.

24Marshall BERMAN, “Brindis por...”, op. cit. p.69.

25Josep FONTANA, La historia después del fin de la historia; Barcelona, Crítica, 1992, p. 141.

26Iñaqui URDANIBIA, “Lo narrativo en la posmodernidad”; En VATTIMO G. y otros, En torno a la posmodernidad, Santa Fe de Bogotá. Anthropos, re. 1994, p. 58.

27Marshall BERMAN, “Brindis por la modernidad”, op. cit. p.84-85.

28Marshall BERMAN, Todo lo sólido se... op. cit. pp. 23-365.

29Michell FOUCAULT, Un diálogo sobre el poder, Alianza editorial, Buenos Aires, 1990, p.67.

30Es necesario ilustrar con citas, usos y significados del término posmoderno/posmodernidad. La utilización del post: “... indica una despedida de la modernidad...” Gianni VÁTTIMO, El fin de la modernidad... op. cit. p. 10; “... prefijo pos..., que sólo puede accederse a lo posmoderno si existió una modernidad acabada.... Lo posmoderno no es lo ‘contrario” de lo moderno, ni tampoco su continuación homogénea; es la culminación de la modernidad donde ésta, a través de su propio impulso, se niega a sí misma...” Roberto FOLLARI, Modernidad y posmodernidad..., 1990, pp.14-141; “...La modernidad adopta múltiples formas, sucesivas o simultáneas, complementarias o contradictorias. Es por ello que resulta inadecuado recurrir a los prefijos ‘neo’ y ‘post’ para indicar sus momentos, sus aspectos o sus formulaciones. Tal uso –o mejor abuso- refleja por lo general un enfoque inadecuado, incapaz de explicar las causas de los éxitos y los fracasos de la modernidad...” Samir AMIN, Los fantasmas del capitalismo. Una crítica de las modas intelectuales contemporáneas, El Áncora editores, Bogotá, 1999, p.123; otro, “... hablar de tal término más como un concepto operativo que como un concepto analítico: tal término vendría a ser como una advertencia de que las cosas ya no son como antes...” Iñaqui URDANIBIA, “Lo narrativo en... op. cit. p. 42. “...Este estudio tiene por objeto la condición del saber en las sociedades mas desarrolladas. Se ha decidido llamar a esta condición ‘postmoderna’...” Jean Francois LYOTARD, La condición postmoderna.3e. Buenos Aires, REI, S.A., 1987; p. 9. “...la acuñación del término ‘posmodernismo’: un vacío que esconde otro vacío que esconde otro vacío en una regresión serial de cronología autocongratulatoria...” Perry ANDERSON, “Modernidad y Revolución”; En: El debate modernidad-posmo... op. cit. p. 115. Singulares son las manifestaciones del llamado “sumo sacerdote de la podmodernidad”: “...Antes de que cualquiera sea sumo sacerdote, habría que preguntarse si el posmodernismo o lo posmoderno tiene algún sentido.. Es una expresión que no explica nada; todo lo que había que decir se dijo antes de que el término existiera...”, Entrevista con Jean BAUDRILLARD, Diario La Nación, Buenos Aires, 27.11.01, p.10. En definitiva el término “posmoderno” ha sido definido como lo negativo con respecto a lo moderno aunque también seria la negación del periodo precedente sin ser la afirmación de un nuevo espacio, donde lo nuevo no tiene carácter afirmativo, tampoco viene a presentar una alternativa ni a suplir una carencia.

31Jean Francois LYOTARD, La condición posmoderna; ...op. cit. p. 13.

32Desde lo científico-tecnológico la primera revolución militar-industrial de 1870 colabora con el imperialismo colonial occidental, la segunda revolución militar-industrial y científica con la Segunda Guerra Mundial y la tercera revolución marcará la destrucción total de los modos de producción.

33Para Anthony GIDDENS no deja de existir, sino que se radicaliza con “...Sus rasgos más conspicuos –la disolución del evolucionismo, la desaparición de la teleología histórica, el reconocimiento de su minuciosa, constitutiva reflexividad, junto con la evaporación de la privilegiada posición de Occidente, ...”, En: Consecuencias de... op. cit. p. 58.

34Tendríamos que plantearnos si esto significa una verdadera emancipación, o cómo ingresan a la emancipación en un proceso histórico del capitalismo que los llevó a la globalización: ¿una “emancipación-dependiente” económica-ideológica y culturalmente?

35Gianni VATTIMO, “Posmodernidad: ¿Una sociedad transparente?”; En: Gianni VATTIMO y otros, En torno a ... op.cit. pp.12-13.

36Roberto A. FOLLARI. Modernidad y posmodernidad... op. cit. pp. 70-71.

37Anthony GIDDENS, Consecuencias de ... op. cit. p. 17.

38Se hace necesario tener en cuenta otras opiniones acerca del papel de los medios de comunicación “... al peso de los constreñimientos comerciales sobre esa televisión que se ha vuelto dominante,... a una especie de demagogia de lo espontáneo..., la televisión de los años noventa se propone explotar y halagar esos gustos para alcanzar la audiencia más amplia posible ofreciendo a los telespectadores productos sin refinar es el talk-show, retazos de vida, exhibiciones sin tapujos de experiencias vividas, a menudo extremas e ideales para satisfacer una necesidad de voyeurismo y de exhibicionismo...” Pierre BORDIEU, Sobre la televisión, Barcelona, Anagrama S.A., 1997, pp. 69-70.

39“...el trato que, ...ha otorgado la televisión, secundada por una parte de la prensa, a los autores de declaraciones y de actos xenófobos y racistas, por las concesiones que hace a diario a una visión estrecha...” Pierre BORDIEU, Sobre la... op. cit. p.8.

40Anthony GIDDENS, Consecuencias de... op. cit. p. 52.

41Según Marshall BERMAN fue uno de los “primeros exponentes e ideólogos mas vigorosos del posmodernismo” y lamenta que no desaparezca la modernidad. Sus primeras apreciaciones aparecen en 1964 y muy difundidas entre 1971 a 1973, En: Todo lo sólido se...op. cit. p.367.


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