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Los Antepasados, a lo largo y más allá de la Historia Argentina


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Los Antepasados, a lo largo y más allá de la Historia Argentina

Carlos F. Ibarguren, 1983

Juan Martín Pueyrredón Labrucherie

Biografía Histórica

Juan Martín de Pueyrredón Labrucherie nació en Issor el 26/X/1738. Nada se sabe de su infancia. En 1752, el “cadet Jean Martín”, a la sazón de 15 años cumplidos, con su hermano “Jacques” emigró a Cádiz. Poco después sentó plaza como soldado en un regimiento del Rey de España, probablemente en la “guardia walona” — conjetura el historiador Baulny; y en 1759, nuestro Bearnes le escribía a su primo hermano Paul de Labrucherie — casado con Jeanne Casenave d'Asasp — acerca de sus gestiones en conseguir para ese pariente la incorporación en el ejército español. En 1763 — en recompensa de sus servicios — obtuvo Juan Martín licencia a fin de instalarse en Indias; y con destino a Buenos Aires vino ese año embarcado en un navío “Príncipe de San Lorenzo” quedando desde entonces radicado definitivamente en nuestra ciudad. Aquí abrió él una casa de exportación y sus negocios prosperaron; y en la Catedral porteña tomó estado de matrimonio, el 22-VI-1766, con la criolla Rita Damasia Dogan y Soria, que acababa de cumplir — real y no metafóricamente — sus 19 “abriles”. Era la niña hija de Juan Javier Dogan y de su mujer Isabel Soria y Rodríguez de Estela, en cuyos respectivos apellidos trato sus antecedentes familiares. Bendijo aquella boda el Maestro Felipe de Ortega, “corridas las proclamas y estando examinados (los contrayentes), y haviendo comulgado en la Misa nupcial”, ante los testigos Josef León Ortega y Josefa Dogan, tía de la novia, viuda de Silvestre Torres.

En la ciudad de su trasplante el francés “Juan Martín de Puirredon” se entregó de entrada a los negocios (1), y corridas dos décadas, el 5-IV-1785, el hombre presentó al Cabildo, a efectos de su toma de razón en el libro respectivo, una Real Cédula dada en San Ildefonso, el 15-IX-1784, por la cual se le concedía “Carta de Naturaleza” para poder libremente contratar en todos los dominios del Rey de España.

“Don Carlos, por la gracia de Dios (expresa el documento)... Por parte de vos Don Juan Martín Puyrredón, se me presentó ser natural de la villa de Isor, Obispado de Olorón, en el Reyno de Francia; aver recidido en estos de España desde el año de 1753 hasta el de 1763, que pasasteis a la ciudad de Buenos Aires. Que en el siguiente os alistasteis en aquellas Milicias en las que havias servido a vuestra costa. Que estabais casado allí con Doña Rita Dogan, natural de la misma ciudad, de cuyo matrimonio teníais tres hijos. Que erais dueños de una casa de valor de 5.550 pesos, que comprasteis tres años avia, y suplicasteis ... para el cumplimiento de lo que previenen la Ley ..., me dignase concederos Carta de Naturaleza de estos mis Reynos en la forma ordinaria para vivir y comerciar en América. Y visto en mi Consejo y Cámara de Indias ... he venido a concederos la Carta de Naturaleza que solicitáis. Por tanto quiero es mi voluntad que podáis residir y comerciar quieta y pacíficamente en mis Reynos de las Indias y ser reputado como uno de mis vasallos ... sin diferencia alguna ... gozando a este fin de todos los honores, gracias y mercedes ... que gozan y pueden gozar los que son naturales de los Reynos de Castilla. Y encargo al Serenísimo Príncipe de Asturias, mi mui caro y amado hijo; y mando a los Infantes, Prelados, Duques, Marqueses, Condes, Ricoshombres, Priores de las Ordenes, Comendadores y Subcomendadores, Alcaydes de los Castillos y casas fuertes y llanas, y a los de mi Consejo: Virreyes, Presidentes, Oidores de mis Reales Audiencias, Gobernadores, Coregidores, Alcaldes, Cavalleros, escuderos, oficiales y hombres buenos de estos Reynos de Castilla y León y de todas las ciudades, villas y lugares de las referidas Indias, Islas y Tierra Firme del mar océano, y a todas las demás personas de qualquier estado y calidad que sean, guarden, cumplan y executen y hagan guardar y cumplir esto mi Real Cédula, y que os hayan y tengan a vos, el referido don Juan Martín de Puyrredón, por natural de estos Reynbos de Castilla ...”. Firmaban el documento “Yo el Rey”, y Miguel de Sanmartín Cueto, Secretario de Carlos IV.


Negocios, transacciones, compraventas y propiedades inmuebles del personaje de esta historia
Aún antes de convertirse en súbdito castellano, mi antepasado bearnés, por intereses mercantiles y amistad personal se hallaba estrechamente vinculado a los hermanos Pedro y Juan de la Grava — o Lagrava —, con quienes había constituido una sociedad comercial. Aquel Pedro, en Oruro, desempeñábase como factor de la empresa, y durante la insurrección de Tupac Amarú fue despachado al otro mundo por las turbas indígenas desenfrenadas. La muerte le sobrevino sin haber rendido cuenta de los intereses que administraba en el Alto Perú; y como al practicarse después, en Buenos Aires, el balance de la sociedad se comprobara que un saldo de 2.000 pesos había quedado a favor del asesinado mercader, su hermano Juan y el socio Pueyrredón resolvieron, “en descargo de sus conciencias”, fundar con esa suma una Capellanía en pro del alma del difunto.

Al efecto, el 21-X-1786, ante el Escribano Juan José Rocha, Juan de Lagrava y Juan Martín de Pueyrredón otorgaron la escritura pertinenete, colocando aquel capital de 2.000 pesos sobre “un suelo y edificios” que Pueyrredón poseía “entre la Iglesia de Santo Domingo y Nuestra Señora de Belén, nombrada el Hospital”; para que con las rentas de tal finca, el “clérigo de primera tonsura” Feliciano Pueyrredón — primogénito del dueño del inmueble gravado —, como Capellán de la piadosa fundación, celebrase, “en el altar días y horas que fuesen de su agrado”, doce misas rezadas al año por la eterna salvación de Pedro Lagrava (2).

Eran los Lagrava paisanos de Pueyrredón, habían nacido, como éste, en “Issor, valle de Baretoux, Obispado de Olorón”; hijos legítimos de Pedro de Lagrava y de Ana de Sarlangue. El 29-I-1816, Juan de Lagrava “hallándose acometido de reumatismo en las piernas y brazos, aunque con robusta salud”, testó ante el Alcalde de Hermandad del partido de San Isidro Andrés Rolón. Declaró ser soltero, sin herederos forzosos, y dispuso que su caudal se invertiera “en sufragios por mi alma la mitad, y la otra se distribuirá en limosnas al arbitrio de mis albaceas, prefiriendo siempre a las niñas huérfanas y pobres, especialmente a las de este partido de San Isidro”. Ordenó que su cuerpo fuera sepultado en la Iglesia de San Francisco, con hábito seráfico; y nombró por albacea; 1o a Ruperto Albarellos; 2o a Manuel Muñoz Casabal; 3o a Miguel Fernández de Agüero y 4o a Juan Pablo Sáenz Valiente.

Al tiempo de su casamiento, Pueyrredón recibió en propiedad de su suegro Juan Javier Dogan — por la suma de 5.665 pesos que éste dijo deberle — una casa para alquilar, cita en el barrio del “Alto de San Pedro, en la otra banda de la Zanja(hoy calle Chile), “detrás del Hospital”; edificada en terreno de 18 varas de frente y 70 de fondo; cuya casa esquina constaba de tienda, trastienda y otros aposentos, cual lo expresa la respectiva escritura que autorizó el Escribano Martín de Rocha el l-VIII-1771. Y ocho años más tarde, el 28-II-1779, ante el Escribano Conget, desprendióse Pueyrredón de esa tienda esquina, enagenándola por 1.000 pesos a Antonio Llago de Verard. Según se ve, un precio cinco veces inferior al monto de aquella deuda por cuya suma el suegro le transfiriera la propiedad al vendedor.

Además, el 30-VII-1779, Pueyrredón y Rita Dogan adquirieron la vivienda que fuera del abuelo de Rita; Juan Martínez de Soria, “en el barrio del Real Hospital Betlemítico”, que se remató en 1.102 pesos. Dicha morada — que se ubicaría hogaño en la calle México al 500, y lindaba entonces por su costado Oeste con la casa y tahona de Sebastián Rodríguez, en terreno donde ahora se levanta la Biblioteca Nacional — fue transferida en 1791, por Rita Dogan y Soria a Francisco Buela, marido de la tía carnal de ella, Luisa o Lucía Dogan Marín.

También en pública almoneda el francés Pueyrredón había comprado el 11-VI-1776, por 3.651 pesos corrientes, la finca de los Arozarena — el presbítero Francisco y su hermano Juan Antonio — que heredaron de su padre. Su terreno “frente al Hospital” de los Betlemitas, medía 35 varas fronteras y 70 de fondo. Ahí, en mitad de cuadra de la antigua calle “de San Bartolomé” (hoy México entre Defensa y Bolívar), en la acera que mira al Norte, se instaló don Juan Martín definitivamente con su familia, desde 1776 hasta 1791, en que pasó a mejor vida.

Esa casa, que mi antepasado había reedificado y “puéstola en estado de estimarse”, componíase de 4 piezas de alquiler a la calle, y un zaguán con pasadizo. Adentro, daban al patio principal un par de grandes salas, 2 alcobas de dormir, una recámara y otra habitación anexa con ventana de reja hacia la calle. Flanqueaban el traspatio, 4 cuartos nuevos de media agua para la servidumbre y la espaciosa cocina; y al fondo seguía el corral cercado con pared, y “los lugares comunes”. En el patio y traspatio florecían, durante la estación propicia, 11 plantas de limón, un árbol de toronja, 3 naranjos chinos y varios frutales, junto a un profundo pozo de balde. Todo el caserón fue tasado, en 10.225 pesos. Y en el censo de 1778 figura dicha vivienda habitada por su referido dueño, su mujer, su cuñada María Isabel Dogan — aún soltera — sus hijos “Pheliciano”, “Diego”, “Juana” y “Juan”, y los negros esclavos Tadeo y su mujer Rita, Juan y la suya Juliana, Domingo, Roque, Pascuala y la mulatilla Anastasia.

Así pues, en uno de los aposentos de aquel amplio albergue de los limoneros, del toronjil y los naranjos chinos, vio la luz del mundo el prócer Juan Martín de Pueyrredón y Dogan, el 18-XII-1777. El censo de 1778 cataloga a “Juan” (que es Juan Martín) “de 05 años"; o sea que apenas el párvulo contaba entonces 5 meses de vida. Salvo Lafuente Machain, que lo presume, la posteridad no ha localizado hasta ahora el rincón natal del creador de los “Húsares” y futuro Director Supremo; por eso, dicho sitio queda determinado aquí, para que algún día — si es que la casualidad me depara algún lector influyente — una placa colocada en el solar ubicado en la mitad de la cuadra que mira al Norte de la calle México entre Defensa y Bolívar, recuerde aquel natalicio a las generaciones venideras.

El 7-IX-1781 Juan Javier Dogan, el suegro de Pueyrredón, en trance de muerte, otorgó poder para testar, ante el Escribano García Echaburu, a favor de su yerno; y, dos días mas tarde, se apagaba la vida del moribundo. Tras ello, el 20 de diciembre siguiente, ante el mismo Notario, compareció “Martín Pui Redón” como albacea del finado Dogan, a fin de escriturar el ordenado testamento de éste, fallecido de “enfermedad natural”, y sepultado el 10 de septiembre en la iglesia de San Francisco con hábito seráfico por mortaja, de acuerdo a su postumo deseo. (Las restantes constancias de esa escritura testamentaria las puntualizo en el capítulo dedicado al apellido Dogan).

Posteriormente, el 2-XII-1784, ante el Escribano Pedro Núñez, Pueyrredón adquirió de la sucesión de Teodora Marín, viuda de Juan Mosqueyra — tío de su suegro Juan Javier Dogan —, la casa ubicada en la actual calle Defensa, entre Venezuela y México, con su terreno de 28 varas de frente al Oeste y 70 de fondo. Ello después de un convenio celbrado el 26-1-1784, ante Ambrosio Ignacio Cameros, por don Juan Martín con “Antonio Alverto” (Antonio Alberti, el marido piamontés de Juana Agustina Marín y padre del futuro miembro de la Primera Junta, presbítero Manuel Alberti) y demás herederos de doña Teodora. Aquella vivienda, a su debido tiempo, integraría la hijuela hereditaria del clérigo Feliciano Pueyrredón.

Desde los años 1785 y 1786 Juan Martín de Pueyrredón y Labrucherie era propietario de una chacra en la costa de San Isidro, de 160 varas de frente, sobre la barranca que mira al río, con la clásica legua de fondo, cuya superficie había integrado el dueño, mediante sucesivas compras que hizo a los hermanos Úrsula y Domingo Herrera. Tan amplio terreno se localiza al presente en la localidad de Martínez, sub dividido por completo y prácticamente urbanizado. La cabecera de aquella chacra ocupaba el ancho de las tres actuales cuadras de la calle Juan Díaz de Solís, de cuyos dos extremos arrancaban sus costados Norte y Sur, que ahora prolongan las calles General Pueyrredón y Domingo Repetto, respectivamente, hasta alcanzar el cruce con el “Camino del Fondo de la Legua”, demarcador del confín de la vieja “suerte” por el Oeste. Entre los miles y miles de pequeños lotes en que se desintegró la chacra del 52 abuelo Pueyrredón, hay uno bajo el dominio de mi hermano Federico Ibarguren, en la calle Domingo Repetto que lleva el no 799 (3).

Un episodio policial ocurrido en el predio de mi antepasado

“En el paraje nombrado Costa de San Isidro tengo y poseo una chacra mía propia, con casa poblada, cuio destino principal es para que mi familia, en las estaciones proporcionadas del año, baya a recrearse y tomar los aires puros del campo”, escribió el bearnés Pueyrredón. Y sucedió que a fines de julio de 1790, el Teniente Reformado de Dragones Manuel Serrato tuvo noticias de que el mulato Juan Manuel, esclavo y capataz de la chacra de don Juan Martín, “había llevado desde su Barco del río unos cuantos barriles, los cuales pudieran ser de contrabando”. En consecuencia, el referido Teniente despachó al cabo Antonio García con los soldados Juan López y Joseph Gumier, a fin de que reconocieran dicha chacra, donde ellos encontraron solo al negro esclavo Joseph pues el mulato capataz Juan Manuel hacía 3 días que se había marchado a la ciudad con las llaves de la casa. Los tres dragones, entonces, espiaron por los agujeros de las cerraduras de las puertas cerradas, y en una pieza alcanzaron a ver depositados unos barriles sospechosos. Hízose preciso descerrajar la puerta, y al irrumpir en el cuarto se comprobó que los barriles contenían “Tavaco negro torcido del Brasil”. Cargáronse enseguida los envases del polvillo brasilero en una carreta tirada por bueyes de la chacra, y el negro Joseph con escolta dragoneante, fue obligado a llevar el contrabando a la ciudad, donde se lo descargó en los Reales Almacenes de la Administración de Tabacos, “a los fines que conbengan”. (Esos Almacenes se ubicarían hoy en la esquina Este de las calles 25 de Mayo y Bartolomé Mitre, donde el Banco de la Nación se levanta).

Entretanto, conocido el decomiso, el dueño de la chacra protestó ante el Virrey Arredondo, porque — decía — al concurrir al lugar del hecho “encontré que la dicha partida havía violentado y rompido la puerta de un quarto en que también se dice que estaban los referidos barriles, que no solo se condujeron en una carreta mía propia con bueyes de mi casa, sino que igualmente trajeron quanto havia en dicho quarto, sin reservar un Breviario que allí estava, y a un negro que servía a las órdenes del capataz, el qual (negro) se halla en la Real Cárcel”. Quejábase Pueyrredón de que lo creyeran culpable de introducir mercaderías ilícitamente, y del procedimiento empleado, puesto que no se debió violentar la casa, y los soldados debieron ir acompañados de un Escribano que actuara en la diligencia, “dando fe de la imbención del Tavaco u otro género prohibido”.

Por su parte, el Teniente Serrato y los dragones dijeron que — fuera de los barriles con tabaco del Brasil ilegalmente introducido en el país — en aquella pieza allanada no había más que un cajón de hojalata con porotos y “un Breviario desquadernado, sin principio ni fin” de suerte que ningún perjuicio sufrieron los bienes del señor Pueyrredón.

El proceso siguió adelante, y el mulato prófugo Juan Manuel, capataz de la chacra, cargó con la responsabilidad del contrabando. Decláresele “reo defraudador de la Real Renta de Tavaco”, y el Virrey Arredondo lo conminó a 5 años de presidio, aunque no se le halló en parte alguna. Tal vez, en la ocasión, el hilo volvió a cortarse por lo más delgado...

Distintas actividades de mi antepasado

A partir de 1784 — o de algo más tarde — don Juan Martín tuvo negocios en común con Anselmo Sáenz Valiente, un despejado joven logrones que eligió el Río de la Plata como ámbito para sus emprendimientos comerciales, y que en Buenos Aires fundaría después su hogar con Juana de Pueyrredón y Dogan, la hija mayor de quien fuera uno de sus primeros socios en las especulaciones mercantiles de esta plaza. Así, el 13-IX-1786, Pueyrredón le otorgó, ante el Escribano Juan José Rocha, un poder general a Sáenz Valiente, quien se había trasladado a Potosí a fin de cobrar ciertos créditos del poderdante. También el 3-III-1789, ante el mismo Rocha, mi antepasado dijo conferirle otro poder a Sáenz Valiente, próximo a viajar a España, “con destino a negocios del comercio de mi cuenta y suia por mitad”. Seguramente don Anselmo ya se encontraba comprometido para casarse con doña Juana, puesto que, a la vuelta de ese viaje, ellos realizaron su boda en la Catedral porteña el 12-F/-1790.

Por otra parte el 16-V-1788, en Potosí, el Capitán Pedro de Zamudio vecino y azoguero potosino, había dado poder a Juan Martín de Pueyrredón a efectos de que éste gestionase, ante el Virrey y demás autoridades, la confirmación del arrendamiento de los ingenios denominados “Agua de Castilla”, que a Zamudio le tenían hecho los herederos del finado Conde de la Casa Real de Moneda, Juan de Lizarazu Beaumont de Navarra. Y el 26 de junio siguiente, ante José Luis Cabral, Escribano porteño, Pueyrredón sustituyó dicho poder en el Procurador de la Audiencia Pretorial, Andrés de Ibieta.

Años atrás, el 7-VII-1785, ante Pablo Beruti, junto con los más importantes mercaderes porteños, “Juan Martín de Puirredón” suscribió un poder a favor de Manuel Rodríguez de la Vega, de Bernardo Sancho de Larrea y de Martín de Sarratea, para que dichos colegas ocurrieran al Rey y demás funcionarios competentes a objeto de que se dispusiese la instalación de un “Consulado y Tribunal de Comercio” en la capital del Virreinato, “como le hay en estas Indias en la ciudades de Lima y México”. Por Real Cédula del 30-1-1794, Carlos IV satisfizo ese anhelo de sus diligentes vasallos bonaerenses, los cuales, desde entonces, pudieron ventilar, ante un Consulado local, sus litigios, tratos y contratos, para “maior aumento, seguridad y arreglo de nuestros giros y negociaciones”.



Testamentos de mi ascendiente y su esposa

Finalmente que el 14-X-1791, don Juan Martín se encontraba postrado en cama, enfermo sin remedio. La evidencia de una cercana muerte le hizo llamar a su morada, “frente al Hospital”, al Escribano Joseph García Echaburu, a quien dictó su testamento.

En primer término, declaróse el causante natural de “Ayso” (sic, por Issor), en “el Reino de Francia, baja Navarra, Provincia del Bearne"; hijo legítimo de “Pedro de Poeyrredón y de doña María de Labrucherie, difuntos”. Mandó sepultasen su cadáver en la iglesia y convento de los Padres Bethlemitas (San Telmo), “amortajado de su sagrada religión, como hermano della” (desde 1787 fue Hermano Mayor de la cofradía de San José de las Animas), Afirmó ser casado con doña Rita Dogan, en la que hubo ocho hijos, que son sus lexítimos herederos”. Hizo constar que cuando contrajo matrimonio llevó un caudal propio de 2.500 pesos a la sociedad conyugal, en tanto su consorte doña Rita Damasia, “únicamente entró entonces la decencia de su persona"; aunque después de muertos sus padres ella recibió 800 pesos de legítima. Entre los bienes, que redondeaban una buena fortuna, el testador señaló; “Las casas de su morada en el Barrio del Hospital"; las “casas” que fueron de su suegro Dogan, “que se hallan en la cuadra que va del Hospital a Santo Domingo, frente a las casas de Francisco Castañón, calle en medio"; y “una chacra con sus correspondientes tierras y casas, que está en la Costa que llaman de San Isidro, lindera con la hoy de Francisco Escalada (antes de Prieto y Pulido), cuya finca esta gravada con algunas pensiones”. Asimismo “las casas frente a lo de Castañón” soportaban una Capellanía de 3.150 pesos de principal, que gozaba su hijo Feliciano Pueyrredón, “y deve gozar entre tanto no la necesite alguno de sus hermanos”. También incluyó el causante como bienes suyos a un lote de esclavos y de muebles, y a los capitales que en España y el Alto Perú tenía en giro, en sociedad con su yerno Anselmo Sáenz Valiente, “en crecida cantidad de miles de pesos”.

El monto exacto de esos dineros no podía ser precisado hasta tanto no finiquitaran las negociaciones en que estaban invertidos. Al respecto Pueyrredón expresó su deseo de que luego de su muerte siguiera Sáenz Valiente al frente de aquellos negocios, a fin de proceder a su liquidación ventajosa. Dijo además poseer en exclusiva propiedad una fragata llamada “El Águila”, fondeada a la sazón en Montevideo; y que debía por compostura de ella a los maestros, calafates y carpinteros de la otra banda, cierta suma monetaria. Su “abogado” y consejero en la vecina orilla era Tomás Antonio Valle.

Fue voluntad del testador que no intervinieran en su sucesión “Jueces ni Regidores, ni se hagan inventarios oficiales”, pues sus herederos “todos mayores” — dijo — (aunque Juan Martín tuviera 15 años, José Cipriano 12, Magdalena 9, Juan Andrés 7 e Isabel 4), podían repartirse privadamente sus bienes. A tal efecto nombró por sus albaceas; 1o a su esposa doña Rita Damasia; 2 o, a Sáenz Valiente, su socio y yerno; 3o, a Andrés del Rincón, concuñado suyo y marido de María Isabel Dogan; y 4 o a Juan de Lagrava, el viejo compañero de negocios y entrañable amigo. En tal estado de gravedad se hallaba el enfermo, que no pudo firmar la escritura pertinente. A ruego suyo lo hizo entonces Domingo Belgrano Peri — el padre de quien sería creador de nuestra bandera —, junto con lo demás testigos; Juan Francisco Castañón y Juan Antonio Albarracín, vecinos de barrio del moribundo; el cual 20 días más tarde, el 3 de noviembre, dejó de existir, relativamente joven pues frisaba en los 53 años de edad.

Del trámite sucesorio de los bienes del difunto solo sé que su viuda y albacea, el 22-III-1792, ante el Escribano José García Echaburu, vendió a Juan Bautista Dargain una mulatilla llamada Margarita con su cría, Paula, al pié — de 35 años la madre y de 10 la chica —, esclavas que fueron de su marido, por el precio de 500 pesos. Y que el 15-IX-1796, ante Mariano García Echaburu (hijo de José, el Notario antes nombrado), doña Rita Damasia otorgó un poder a Miguel González Bayo, para que éste cobrara un deuda que Nicolás Velázquez tenía pendiente con la testamentaría de referencia, en virtud de dos contratos, celebrados en 1789 y 1792, relativos a cierto negocio de “estancia poblada de aparcería en la Guardia de Lobos"; en cuyo campo debían de pastorear hasta 1.500 cabezas de ganado vacuno y de varias otras clases. Más tarde, en 1797, doña Rita demandó a Velázquez, ante el Juzgado a cargo del Alcalde de 1er voto Josef Martínez de Hoz, a fin de que dicho aparcero rindiera cuentas de esa explotación. Representó a la actora en el pleito Martín José de Segovia. Once años después, el 24-V-1808, Rita Damasia Dogan dio poder “a mi hijo el Doctor Don Feliciano Pueyrredón, Cura propio del Rincón de San Pedro, de esta jurisdicción, con mi otro hijo Don Juan Martín, que al presente se halla en España”, y asimismo a favor de sus hijos políticos Anselmo Sáenz Valiente, Juan Bautista de Ituarte y Ruperto Albarellos, para que extendieran su testamento luego de haberse muerto. Dispuso se enterrara su cadáver en “el Hospital Betlemítico, en virtud de Carta de Hermandad que tengo con la religión, y con mortaja de la misma"; todo por escritura otorgada ante el Escribano Mariano García Echaburu, los testigos José Pereyra Lucena, Juan Baila y Luis de Castañaga, que firmó a ruego de la señora; la cual tres días después, el 27 de mayo, confortada con los Santos Sacramentos, falleció dulcemente a consecuencia de la diabetis; siendo inhumado su cuerpo en la Iglesia del Hospital.



1 Los protocolos notariales lugareños dan fe que; El 22-VIII-1768, ante el Escribano Zenzano, Pueyrredón se declaró deudor de José Luis Faduche por la cantidad de 9.000 pesos, que éste le había prestado. El 2-XI-1769, ante García Echaburu, vendió Pueyrredón a Antonio Alberti — padre del futuro cura prócer de Mayo — un negro esclavo como de 20 años, llamado Daniel, en 200 pesos de plata acuñada. El 20-IV-1773, ante Echaburu, Pueyrredón dio poder al antedicho Faduche que partía para “los Reynos de Castilla”. El 17-1-1774, ante Conget, Pueyrredón es nombrado, por Diego de Pro, apoderado administrador de los bienes de éste. El 8-V-1776, ante Echaburu, declara Pueyrredón deberle al aragonés Isidro José Balbastro — patriarca de esa familia en la Argentina — 1.969 pesos de plata acuñada. Cinco días después, ante el mismo Escribano, sale mi antepasado de fiador de Rafael Salomón, que se casaba con Teresa Ramírez. El 3-III-1783, ante Martín de Rocha, Pueyrredón en su carácter de apoderado de Bartolomé Cuenca, vecino de la Capilla del Rosario, se obliga a pagarle al “Maestro” Juan Crisóstomo Antonio Suero 670 pesos pertenecientes a una Capellanía de 4.000 pesos fundada por Josefa Bazurco, de la que era capellán acreedor el clérigo Suero. El 17-III-1783, ante Echaburu, Pueyrredón declara deberle 1.844 pesos de plata acuñada a Francisco Ignacio Ugarte, rico comerciante guipuzcoano afincado en Buenos Arres, donde casó con Vicenta de Uriarte y Azcuénaga. El 18-11-1785, ante Rocha, Pueyrredón en nombre de Escolástica Tapia, viuda de Lázaro Vázquez, vecina de Arrecifes, otorgó escritura de “patrimonio” a favor del hijo de aquella, Martín Joseph Vázquez de la Barreda, que al ordenarse sacerdote recibió la “congrua” respectiva. El 6-II-1789, ante Rocha, Pueyrredón le dio poder general a Francisco Antonio Maciel, vecino de Montevideo y famoso industrial filántropo que allá fundó el Hospital, y murió heroicamente en 1807 en defensa de su ciudad atacada por los ingleses. Y tres meses mas tarde, ante el mismo Rocha, Pueyrredón otorgó mandato a favor de Lorenzo Ulibarri, comerciante asimismo de Montevideo, donde representaba al Consulado bonaerense.

2 Aquella finca gravada para sostén de dicha Capellanía, habíala comprado Juan Xavier Dogan y Marín — suegro de Pueyrredón — a sus primos hermanos los herederos de Juan Mosqueyra, el 2-XII-1774 ante el Escribano Pedro Núñez. Su edificio constaba de tres cuartos que daban a la calle, mirando al Oeste (hoy calle Defensa al 500, entre México y Venezuela), y su terreno medía 25 varas de frente por 45 de fondo.

3 De Úrsula Herrera adquirió Pueyrredón 54 varas de tierra sobre el filo de la barranca, con su legua de fondo, heredadas por ella de sus padres Francisco Herrera y Lucía Suero; fracción lindante entonces por el Sur con la chacra del Escribano Facundo Prieto y Pulido, y por el Norte con los hermanos de la vendedora Fernando y Domingo Herrera. A este último lindero, el 3-XI-1785, Pueyrredón, al precio de 106 pesos al contado, le compró 53 varas delanteras de su predio con la legua trasera correspondiente; cuyo lote confinaba por el Sur con la chacra de Prieto y Pulido, y por el Norte con la del finado Ignacio Cañete. Puntualizaba Domingo Herrera, en la escritura respectiva, que vendía esa propiedad “con la condición de que me queda reservado el derecho de poder vivir en dichas tierras, con tal de que dicha habitación ha de ser desde el camino que se encuentra desde el Río Paraná arriba, en la parte que mejor me acomode; sembrando en dichas tierras quanto fuese mi voluntad, ínterin los días de mi vida, sin pagar a dicho comprador cosa alguna”. Tal disposición extraordinaria era solo vitalicia y personal, ya que después de la muerte de Domingo Herrera ningún heredero suyo podría reclamar derechos sobre las tierras que compraba Pueyrredón. Al año siguiente, el mismo Herrera, el 27-IX-1786, le transfería también a don Juan Martín 26 varas más frente a la barranca, al precio de 50 pesos redondos. Y por último, el 18 de noviembre siguiente, Herrera, a título de venta, le transfirió a mi antepasado otras 26 varas, previo pago de 53 pesos corrientes. Todas estas operaciones constan protocolizadas en el registro del Escribano Juan José Rocha, autorizante de las transferencias.

Originariamente esas tierras adquiridas por Pueyrredón formaron parte de la “suerte” de chacra (350 varas de frente y una legua de fondo) que Juan de Garay adjudicó, en 1580, a Sebastián Fernández o Hernández, en el “Pago del Monte Grande”. Ochenta años mas tarde dicha fracción pertenecía a Lucas Machado, cuya mujer llamábase Isabel Herrera. Luego la propiedad recayó en el hijo de ellos Matías Machado Herrera; y ya en 1726 — según el Padrón mandado levantar por el Gobernador Zavala — era dueño y vivía en una extensión pequeña de la “suerte” originaria, “Francisco Herrera” . Y, en el plano de la chacras costeras levantado por el Brigadier Saa y Faría en 1781, figura el lote de Herrera, con un rancho señalado al frente de la barranca, que medía 300 varas de largo — 160 de las cuales, como vimos, adquirió Pueyrredón un lustro después de los hijos de Francisco de Herrera. De ahí en mas, tras la muerte de mi 5fi abuelo francés, su yerno Anselmo Sáenz Valiente, aumentó aquella superficie con nuevas adquisiciones, llegando a posser una chacra de legua y media de fondo con 1.000 varas extendidas a la orilla del río.



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