Página principal

Los amantes de teruel por juan eugenio hartzenbusch


Descargar 1.23 Mb.
Página1/9
Fecha de conversión18.07.2016
Tamaño1.23 Mb.
  1   2   3   4   5   6   7   8   9


Libro descargado de http://www.gutenberg.org

Project Gutenberg's Los Amantes de Teruel, by Hartzenbusch, Juan Eugenio
This eBook is for the use of anyone anywhere at no cost and with almost no restrictions whatsoever. You may copy it, give it away or re-use it under the terms of the Project Gutenberg License included with this eBook or online at www.gutenberg.net

Title: Los Amantes de Teruel

Drama en cuatro actos en verso y prosa
Author: Hartzenbusch, Juan Eugenio
Release Date: February 2, 2004 [EBook #10909]
Language: Spanish
Character set encoding: ISO-8859-1
*** START OF THIS PROJECT GUTENBERG EBOOK LOS AMANTES DE TERUEL ***
Produced by Stan Goodman, Virginia Paque, and the Online Distributed Proofreading Team.


LOS AMANTES DE TERUEL
POR
JUAN EUGENIO HARTZENBUSCH

DRAMA REFUNDIDO EN CUATRO ACTOS Y EN VERSO Y PROSA


Estrenado en Madrid en el teatro del Príncipe a 19 de enero de 1837
PERSONAS

JUAN DIEGO MARTÍNEZ GARCÉS DE MARSILLA, O MARSILLA.

ISABEL DE SEGURA.

DOÑA MARGARITA.

ZULIMA.

DON RODRIGO DE AZAGRA.



DON PEDRO DE SEGURA.

DON MARTÍN GARCÉS DE MARSILLA.

TERESA.

ADEL.


OSMÍN.
Soldados moros, cautivos, damas, caballeros, pajes, criados, criadas.

_El primer acto pasa en Valencia, y los demás en Teruel. Año de 1217_.


LOS AMANTES DE TERUEL


ACTO PRIMERO
Dormitorio morisco en el alcázar de Valencia. A la derecha del

espectador una cama, junto al proscenio; a la izquierda, una

ventana con celosías y cortinajes. Puerta grande en el fondo,

y otras pequeñas a los lados.


ESCENA PRIMERA

ZULIMA, ADEL; JUAN DIEGO MARSILLA, adormecido en la cama:

sobre ella un lienzo con letras de sangre.


ZULIMA. No vuelve en sí.
ADEL. Todavía

tardará mucho en volver.


ZULIMA. Fuerte el narcótico ha sido.
ADEL. Poco ha se lo administré.--

Dígnate de oír, señora,

la voz de un súbdito fiel,

que orillas de un precipicio

te ve colocar el pie.
ZULIMA. Si disuadirme pretendes,

no te fatigues, Adel.

Partir de Valencia quiero,

y hoy, hoy mismo partiré.


ADEL. ¿Con ese cautivo?
ZULIMA. Tú

me has de acompañar con él.


ADEL. ¿Así al esposo abandonas? 15

¡Un Amir, señora, un Rey!


ZULIMA. Ese Rey, al ser mi esposo,

me prometió no tener

otra consorte que yo.

¿Lo ha cumplido? Ya lo ves. 20

A traerme una rival

marchó de Valencia ayer.

Libre a la nueva sultana

mi puesto le dejaré.


ADEL. Considera....
ZULIMA. Está resuelto. 25

El renegado Zaén,

el que aterra la comarca

de Albarracín y Teruel,

llamado por mí ha venido,

y tiene ya en su poder 30

casi todo lo que yo

de mis padres heredé,

que es demás para vivir

con opulencia los tres.

De la alcazaba saldremos 35

a poco de anochecer.


ADEL. Y ese cautivo, señora,

¿te ama? ¿Sabes tú quién es?


ZULIMA. Es noble, es valiente, en una

mazmorra iba a perecer 40

de enfermedad y de pena,

de frío, de hambre y de sed:

yo le doy la libertad,

riquezas, mi mano: ¿quién

rehusa estos dones? ¡Oh! 45

Si ofendiera mi altivez

con una repulsa, caro

le costara su desdén

conmigo. Tiempo hace ya

que este acero emponzoñé, 50

furiosa contra mi aleve

consorte Zeit Abenzeit:

quien es capaz de vengarse

en el Príncipe, también

escarmentara al esclavo, 55

como fuera menester.


ADEL. ¿Qué habrá escrito en ese lienzo

con su sangre? Yo no sé

leer en su idioma; pero

puedo llamar a cualquier 60

cautivo....
ZULIMA. Él nos lo dirá,

yo se lo preguntaré.


ADEL. ¿No fuera mejor hablarle

yo primero, tú después?


ZULIMA. Le voy a ocultar mi nombre: 65

ser Zoraida fingiré,

hija de Merván.
ADEL. ¡Merván!

¿Sabes que ese hombre sin ley

conspira contra el Amir?
ZULIMA. A él le toca defender 70

su trono, en vez de ocuparse,

contra la jurada fe,

en devaneos que un día

lugar a su ruina den.

Mas Ramiro no recobra 75

los sentidos: buscaré

un espíritu a propósito.... (_Vase_.)


ESCENA II

OSMÍN, por una puerta lateral.--ADEL, MARSILLA

OSMÍN. ¿Se fué Zulima?


ADEL. Se fué.

Tú nos habrás acechado.


OSMÍN. He cumplido mi deber. 80

Al ausentarse el Amir,

con este encargo quedé.

Es más cauto nuestro dueño

que esa liviana mujer.--

El lienzo escrito con sangre, 85

¿dónde está?
ADEL. Allí. (_Señalando la cama_.)
OSMÍN. Venga.
ADEL. Ten.

(_Le da el lienzo, y Osmín lee_.)

Mira si es que dice, ya

que tú lo sabes leer,

dónde lo pudo escribir;

porque en el encierro aquel 90

apenas penetra nunca

rayo de luz: verdad es

que rotas esta mañana

puerta y cadenas hallé:

debió, después de romperlas, 95

el subterráneo correr,

y hallando el lienzo....
OSMÍN (_asombrado de lo que ha leído_.) ¡Es posible!
ADEL. ¿Qué cosa?
OSMÍN. ¡Oh, vasallo infiel!

Avisar al Rey es fuerza,

y al pérfido sorprender. 100
ADEL. ¿Es éste el pérfido? (_Señalando a Marsilla_.)
OSMÍN. No;

ese noble aragonés

hoy el salvador será

de Valencia y de su Rey.


ADEL. Zulima viene.
OSMÍN. Silencio 105

con ella, y al punto ve

a buscarme. (_Vase_.)
ADEL. Norabuena.

Así me harás la merced

de explicarme lo que pasa.

ESCENA III

ZULIMA.--ADEL, MARSILLA
ZULIMA. Déjame sola.
ADEL. Está bien. (_Vase_.) 110

ESCENA IV

ZULIMA, MARSILLA
ZULIMA. Su pecho empieza a latir

más fuerte; así que perciba....

(_Aplícale un pomito a la nariz_.)
MARSILLA. ¡Ah!
ZULIMA. Volvió.
MARSILLA (_incorporándose_.) ¡Qué luz tan viva!

no la puedo resistir.


ZULIMA (_corriendo las cortinas de la ventana_).

De aquella horrible mansión 115

está a las tinieblas hecho.
MARSILLA. No es esto piedra, es un lecho.

¿Qué ha sido de mi prisión?


ZULIMA. Mira este albergue despacio,

y abre el corazón al gozo. 120


MARSILLA. ¡Señora!.... (_Reparando en ella_.)
ZULIMA. Tu calabozo

se ha convertido en palacio.


MARSILLA. Di (porque yo no me explico

milagro tal), di, ¿qué es esto?


ZULIMA. Que eras esclavo, y que presto 125

vas a verte libre y rico.


MARSILLA. ¡Libre! ¡Oh divina clemencia!

Y ¿a quién debo tal favor?


ZULIMA. ¿Quién puede hacerle mejor

que la Reina de Valencia? 130

Zulima te proporciona

la sorpresa que te embarga

dulcemente: ella me encarga

que cuide de tu persona:

y desde hoy ningún afán 135

permitiré que te aflija.


MARSILLA. ¿Eres?....
ZULIMA. Dama suya, hija

del valeroso Merván.


MARSILLA. ¿De Merván? (_Aparte_. ¡Ah! ¡qué

recuerdo!) (_Busca y recoge el lienzo_.)


ZULIMA. ¿Qué buscas tan azorado? 140

¿Ese lienzo ensangrentado?


MARSILLA (_aparte_.) Si ésta lo sabe, me pierdo.
ZULIMA. ¿Que has escrito en él?
MARSILLA. No va

esto dirigido a ti;

es para el Rey.
ZULIMA. No está aquí. 145
MARSILLA. Para la Reina será.

Haz, pues, que a mi bienhechora

vea: por Dios te lo ruego.
ZULIMA. Conocerás aquí luego

a la Reina tu señora. 150


MARSILLA. ¡Oh!....
ZULIMA. No estés con inquietud.

Olvida todo pesar:

trata solo de cobrar

el sosiego y la salud.


MARSILLA. Defienda próvido el cielo 155

y premie con altos dones

los piadosos corazones

que dan al triste consuelo.

Tendrá Zulima, tendrás

tú siempre un cautivo en mí; 160

hermoso es el bien por sí,

pero en una hermosa, más.

Ayer, hoy mismo, ¿cuál era

mi suerte? Sumido en honda

cárcel, estrecha y hedionda, 165

sin luz, sin aire siquiera;

envuelto en infecta nube

que húmedo engendra el terreno;

paja corrompida, cieno

y piedras por cama tuve. 170

--Hoy ... si no es esto soñar,

torno a la luz, a la vida,

y espero ver la florida

margen del Guadalaviar,

allí donde alza Teruel, 175

señoreando la altura,

sus torres de piedra oscura,

que están mirándose en él.

No es lo más que me redima

la noble princesa mora: 180

el bien que me hace, lo ignora

aun la propia Zulima.


ZULIMA. Ella siempre algún misterio

supuso en ti, y así espera

que me des noticia entera 185

de tu vida y cautiverio.

Una vez que en tu retiro

las dos ocultas entramos,

te oímos ... y sospechamos

que no es tu nombre Ramiro. 190


MARSILLA. Mi nombre es Diego Marsilla,

y cuna Teruel me dió,

pueblo que ayer se fundó,

y es hoy poderosa villa,

cuyos muros, entre horrores 195

de lid atroz levantados,

fueron con sangre amasados

de sus fuertes pobladores.

Yo creo que al darme ser

quiso formar el Señor, 200

modelos de puro amor,

un hombre y una mujer,

y para hacer la igualdad

de sus afectos cumplida,

les dió un alma en dos partida, 205

y dijo: «Vivid y amad.»

Al son de la voz creadora,

Isabel y yo existimos,

y ambos los ojos abrimos

en un día y una hora. 210

Desde los años más tiernos

fuimos ya finos amantes;

desde que nos vimos ... antes

nos amábamos de vernos;

porque el amor principió 215

a enardecer nuestras almas

al contacto de las palmas

de Dios, cuando nos crió:

y así fué nuestro querer,

prodigioso en niña y niño, 220

encarnación del cariño

anticipado al nacer,

seguir Isabel y yo,

al triste mundo arribando,

seguir con el cuerpo amando, 225

como el espíritu amó.


ZULIMA. Inclinación tan igual

sólo dichas pronostica.


MARSILLA. Soy pobre, Isabel es rica.
ZULIMA (_aparte_). Respiro.
MARSILLA. Tuve un rival. 230
ZULIMA. ¿Sí?
MARSILLA. Y opulento.
ZULIMA. Y bien....
MARSILLA. Hizo

alarde de su riqueza....


ZULIMA. ¿Y qué? ¿rindió la firmeza

de Isabel?


MARSILLA. Es poco hechizo

el oro para quien ama. 235

Su padre, sí, deslumbrado....
ZULIMA. ¿Tu amor dejó desairado,

privándote de tu dama?


MARSILLA. Le ví, mi pasión habló,

su fuerza exhalando toda, 240

y, suspendida la boda,

un plazo se me otorgó,

para que mi esfuerzo activo

juntara un caudal honrado.


ZULIMA. ¿Es ya el término pasado? 245
MARSILLA. Señora, ya ves ... aun vivo.

Seis años y una semana

me dieron: los años ya

se cumplen hoy; cumplirá

el primer día mañana. 250
ZULIMA. Sigue.
MARSILLA. Un adiós a la hermosa

dí, que es de mis ojos luz,

y combatí por la cruz

en las Navas de Tolosa.

Gané con brioso porte 255

crédito allí de guerrero;

luego, en Francia, prisionero

caí del Conde Monforte.

Huí, y en Siria un francés

albigense, refugiado, 260

a quien había salvado

la vida junto a Besiés,

me dejó, al morir, su herencia:

volviendo con fama y oro

a España, pirata moro 265

me apresó y trajo a Valencia.

Y en pena de que rompió

de mis cadenas el hierro

mi mano, profundo encierro

en vida me sepultó, 270

donde mi extraño custodio,

sin dejarse ver ni oír,

me prolongaba el vivir,

o por piedad o por odio.

De aquel horrendo lugar 275

me sacáis: bella mujer,

sentir sé y agradecer:

di cómo podré pagar.


ZULIMA. No borres de tu memoria

tan debido ofrecimiento, 280

y haz por escuchar atento

cierta peregrina historia.

Un joven aragonés

vino cautivo al serallo:

sus prendas y nombre callo; 285

tú conocerás quién es.

Toda mujer se lastima

de ver padecer sonrojos

a un noble: puso los ojos

en el esclavo Zulima, 290

y férvido amor en breve

nació de la compasión:

aquí es brasa el corazón;

allá entre vosotros, nieve.

Quiso aquel joven huir; 295

fué desgraciado en su empeño:

le prenden, y por su dueño

es condenado a morir.

Pero en favor del cristiano

velaba Zulima; ciega, 300

loca, le salva;--más, llega

a brindarle con su mano.

Respuesta es bien se le dé

en trance tan decisivo:

habla tú por el cautivo, 305

yo por la Reina hablaré.


MARSILLA. Ni en desgracia ni en ventura

cupo en mi lenguaje dolo:

este corazón es sólo

para Isabel de Segura. 310


ZULIMA. Medita, y concederás

al tiempo lo que reclama.

¿Sabes tú si es fiel tu dama?

¿Sabes tú si la verás?


MARSILLA. Me matara mi dolor, 315

si fuera Isabel perjura:

mi constancia me asegura

la firmeza de su amor.

Con espíritu gallardo,

si queréis, daré mi vida: 320

dada el alma y recibida,

fiel al dueño se la guardo.


ZULIMA. Mira que es poco prudente

burlar a tu soberana,

que tiene sangre africana, 325

y ama y odia fácilmente.

Y si ella sabe que, cuando

yo su corazón te ofrezco,

por ella el dolor padezco

de ver que le estás pisando, 330

volverás a tus cadenas

y a tu negro calabozo,

y allí yo, con alborozo

que más encone tus penas,

la nueva te llevaré 335

de ser Isabel esposa.


MARSILLA. Y en prisión tan horrorosa

¿cuántos días viviré?


ZULIMA. ¡Rayo del cielo! el traidor

cuanto fabrico derrumba: 340

defendido con la tumba,

se ríe de mi furor.

Trocarás la risa en llanto.

Cautiva desde Teruel

me han de traer a Isabel.... 345
MARSILLA. ¿Quién eres tú para tanto?
ZULIMA. Tiembla de mí.
MARSILLA. Furia vana.
ZULIMA. ¡Insensato! La que ves,

no es hija de Merván, es

Zulima.
MARSILLA. ¡Tú la Sultana! 350
ZULIMA. La Reina.
MARSILLA. Toma, con eso

(_Dándole el lienzo ensangrentado_.)

correspondo a tu afición:

entrega sin dilación

a hombre de valor y seso

el escrito que te doy. 355

Sálvete su diligencia.
ZULIMA. ¡Cómo! ¿Qué riesgo?...
MARSILLA. A Valencia

tu esposo ha de llegar hoy;

y en llegando, tú y él y otros

a sedicioso puñal 360

perecéis.
ZULIMA. ¿Qué desleal

conspira contra nosotros?


MARSILLA. Merván, tu padre supuesto.

Si tu cólera no estalla,

mi labio el secreto calla, 365

y el fin os llega funesto.


ZULIMA. ¿Cómo tal conjuración

a ti!....


MARSILLA. Frenético ayer,

la puerta pude romper

de mi encierro: la prisión 370

recorro, oigo hablar, atiendo....

--Junta de aleves impía

era, Merván presidía.--

Allí supe que volviendo

a este alcázar el Amir, 375

trataban de asesinarle.

Resuélvome a no dejarle

pérfidamente morir,

y con roja tinta humana

y un pincel de mi cabello 380

la trama en un lienzo sello,

y el modo de hacerla vana.

Poner al siguiente día

pensaba el útil aviso

en la cesta que el preciso 385

sustento me conducía.

Vencióme tenaz modorra,

más fuerte que mi cuidado:

desperté maravillado,

fuera ya de la mazmorra. 390

Junta pues tu guardia, pon

aquí un acero, y que venga

con todo el poder que tenga

contra ti la rebelión.
ZULIMA. Dé a la rebelión castigo 395

quien tema por su poder;

no yo, que al anochecer

huir pensaba contigo.

Poca gente, pero brava,

que al marchar nos protegiera, 400

sumisa mi voz espera

escondida en la alcazaba.

Con ellos entre el rebato

del tumulto, partiré;

con ellos negociaré 405

que me venguen de un ingrato.

Teme la cuchilla airada

de Zaén, el bandolero;

tiembla, más que de su acero,

de esta daga envenenada. 410

¡Ay del que mi amor trocó

en frenesí rencoroso!

¡Nunca espere ser dichoso

quien de celos me mató!


MARSILLA. ¡Zulima!... ¡Señora !... 415
(_Vase Zulima por la puerta del fondo, y cierra por dentro_.)

ESCENA V
OSMÍN.--MARSILLA.


OSMÍN Baste

de plática sin provecho.

Al Rey un favor has hecho:

acaba lo que empezaste.


MARSILLA. ¡Cómo! ¿tú?....
OSMÍN. El lienzo he leído

que al Rey dirigiste: allí 420

le ofreces tu brazo.
MARSILLA. Sí,

armas y riesgo le pido.


OSMÍN. Pues bien, dos tropas formadas

con los cautivos están:

serás el un capitán, 425

el otro Jaime Celladas.


MARSILLA. ¡Jaime está aquí! Es mi paisano,

es mi amigo.


OSMÍN. Si hay combate,

así tendrá su rescate

cada cautivo en la mano. 430

Con ardimiento lidiad.


MARSILLA. ¿Quién, de libertad sediento,

no lidia con ardimiento

al grito de libertad!
OSMÍN. Cuanto a Zulima....
MARSILLA. También 435

Libre ha de ser.


OSMÍN. No debiera;

pero llévesela fuera

de nuestro reino Zaén.

ESCENA VI

ADEL, SOLDADOS MOROS.--MARSILLA, OSMÍN
ADEL. Osmín, a palacio van

turbas llegando en tumulto, 440

y Zaén, que estaba oculto,

sale aclamando a Merván.

Zulima nos ha vendido.
OSMÍN. Ya no hay perdón que le alcance.
MARSILLA. Después de correr el lance, 445

se dispondrá del vencido.

Cuando rueda la corona

entre la sangre y el fuego,

primero se triunfa, luego....
OSMÍN. Se castiga.
MARSILLA. Se perdona. 450
VOCES (_dentro_). ¡Muera el tirano!
MARSILLA. ¡Mi espada!

¡Mi puesto!


OSMÍN. Ven, ven a él.

Guarda el torreón, Adel.


ADEL. Ten tu acero. (_Dásele a Marsilla_.)
MARSILLA. ¡Arma anhelada!

¡Mi diestra te empuña ya! 455

Ella al triunfo te encamina.

Rayo fué de Palestina,

rayo en Valencia será.

ACTO SEGUNDO

Teruel.--Sala en casa de don Pedro Segura

ESCENA PRIMERA

DON PEDRO, entrando en su casa; MARGARITA, ISABEL y TERESA,

saliendo a recibirle

MARGARITA. ¡Esposo! (_Arrodillándose_.)
ISABEL. ¡Padre! (_Arrodillándose_.)
TERESA. ¡Señor!
PEDRO. ¡Hija! ¡Margarita! Alzad.
ISABEL. Dadme a besar vuestra mano.
MARGARITA. Déjame el suelo besar

que pisas.


TERESA (_a Margarita_). Vaya, señora, 5

ya es vicio tanta humildad.


PEDRO. Pedazos del corazón,

no es ese vuestro lugar.

Abrazadme. (_Levanta y abraza a las dos_.)
TERESA. Así me gusta.

Y a mí luego.


PEDRO. Ven acá, 10

fiel Teresa.


TERESA. Fiel y franca,

tengo en ello vanidad.


PEDRO. Ya he vuelto, por fin.
MARGARITA. Dios quiso

mis plegarias escuchar.


PEDRO. Gustoso a Monzón partí, 15

comisionado especial

para ofrecer a don Jaime

las tropas que alistará

nuestra villa de Teruel

en defensa de la paz, 20

que don Sancho y don Fernando

nos quieren arrebatar:

fué don Rodrigo de Azagra,

obsequioso y liberal,

acompañándome al ir, 25

y me acompaña al tornar;

mas yo me acordaba siempre

de vosotras con afán.

Triste se quedó Isabel;

más triste la encuentro.


TERESA. Ya. 30
MARGARITA. ¡Teresa!
ISABEL. ¡Padre!
PEDRO. Hija mía,

dime con sinceridad

lo que ha pasado en mi ausencia.
TERESA. Poco tiene que contar.
MARGARITA. ¡Teresa!
TERESA. Digo bien. ¿Es 35

por ventura novedad

que Isabel suspire, y vos (_a Margarita_)

recéis, y ayunéis a pan

y agua, y os andéis curando

enfermos por caridad? 40

Es la vida que traéis,

lo menos, quince años ha....


MARGARITA. Basta.
TERESA. Y hace seis cumplidos

que no se ha visto asomar

en los labios de Isabel 45

ni una sonrisa fugaz.


ISABEL (_aparte_). ¡Ay, mi bien!
TERESA. En fin, señor,

del pobrecillo don Juan

Diego de Marsilla, nada

se sabe.
MARGARITA. Si no calláis, 50

venid conmigo.
TERESA. Ir con vos

fácil es; pero callar....


(_Vanse Margarita y Teresa. Don Pedro se quita la espada

y la pone sobre un bufete_.)


ESCENA II

DON PEDRO, ISABEL
PEDRO. Mucho me aflige, Isabel,

tu pesadumbre tenaz;

pero, por desgracia, yo 55

no la puedo remediar.

Esclavo de su palabra

es el varón principal;

tengo empeñada la mía:

la debo desempeñar. 60

En el honor de tu padre

no se vió mancha jamás:

juventud honrada pide

más honrada ancianidad.


ISABEL. No pretendo yo....
PEDRO. Por otra 65

parte, parece que están

de Dios ciertas cosas. Oye

un lance bien singular,

y di si no tiene traza

de caso providencial. 70


ISABEL. A ver.
PEDRO. En Teruel vivió

(no sé si te acordarás)

un tal Roger de Lizana,

caballero catalán. 75


ISABEL. ¿El templario?
PEDRO. Sí. Roger

paraba en Monzón. Allá

es voz que penas y culpas

de su libre mocedad

trajéronle una dolencia

de espíritu y corporal, 80

que vino a dejarle casi

mudo, imbécil, incapaz.

Pacífico en su idiotez,

permitíanle vagar

libre por el pueblo. Un día, 85

sobre una dificultad

en mi encargo y sobre cómo

se debiera de allanar,

don Rodrigo y yo soltamos

palabras de enemistad. 90

Marchóse enojado, y yo

exclamé al verle marchar:

«¿Ha de ser este hombre dueño

de lo que yo quiero más?

Si la muerte puede sola 95

mi palabra desatar,

lléveme el Señor, y quede

Isabel en libertad.»


ISABEL. ¡Oh padre!
PEDRO. En esto, un empuje

tremendo a la puerta dan, 100

se abre, y con puñal en mano

entra....


ISABEL. ¡Virgen del Pilar!

¿Quién?
PEDRO. Roger. Llégase a mí,

y en voz pronunciada mal,

«Uno (dijo) de los dos 105

la vida aquí dejará.»
ISABEL. Y ¿qué hicisteis?
PEDRO. Yo, pensando

que bien pudiera quizás

mi muerte impedir alguna

mayor infelicidad, 110

crucé los brazos, y quieto

esperé el golpe mortal.


ISABEL. ¡Cielos! ¿Y Roger?
PEDRO. Roger

parado al ver mi ademán,

en lugar de acometerme, 115

se fué retirando atrás,

mirándome de hito en hito,

llena de terror la faz.

Asió con entrambas manos

el arma por la mitad, 120

y señas distintas hizo

de querérmela entregar.

  1   2   3   4   5   6   7   8   9


La base de datos está protegida por derechos de autor ©espanito.com 2016
enviar mensaje