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Lo que hay de más y de menos en España Transcriptor y codificador


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Lo que hay de más y de menos en España



Transcriptor y codificador

Mario Casado Mancebo







Primera versión

18/09/2014



35929 palabras, 274944 bytes









Autor

José del Campillo y Cosío

Paradero

Madrid BN MSS/9483

Lo que hay de más, y de menos en España



E

España






1741

Obras de José del Campillo y Cossío




Lo que hay de más, y de menos en España

[dibujo]




[en blanco]



Exordio.

Tiemble en hora buena, y sienta el Espiritu español, que me infundió mi nacimiento quanto les sea posible con la contemplación de verme empeñado de satisfacer el presente asunto; que aunque el agigantado de su misma nacion los averguence, la lastima, y dolor de èlla son los estimulos que me animan á este empeño, haciendo yo reputacion de lo mismo que èlla despreció.

No será serle ingrato, antes verdadero hijo, si objetando, y destruyendo aquellos obscurissimos borrones que la atezan, le pongo al mismo tiempo delante las luces que la iluminan, por que aprovechandose de èllas logrará respirar clamidades, si aora solo bosteza tinieblas; Ni debe reputarse por ineptitud de sus hijos lo que España tiene de menos ; ni por falta de conocimiento, y suficiencia lo que tiene de más. Alguna disculpa tendrian si fuese assi, porque ùna natural torpéza, y embotada comprehension, mal puede rebatirla quien la percibe, siendo la misma naturaleza quien la dá.

Lo cierto es que no hallarán á ninguna hecha á su patria la escoria de la Europa, pudiendo ser el modelo del Orbe; porque como no consiste esto en falta de pericia, penetracion, y juicio, sino en sobra de abandono abominable, y descuido reprehensible, se caracteriza mas robusto el defecto, donde es mas voluntaria la culpa. No hay extrangero de mediano credito, que no admire, (por no decir que no mofe) la imponderable ociosidad de los españoles, distrahidos de las materias respetables, y conformandose con una innaccion irrisible; conocen las preciosas calidades de España para cultibos descubrimientos, y construccion de minas de todos metales; y como al mismo tiempo consideran la alta disposicion de sus hijos para hermosearla con esto, con las artes, ciencias, y fabricas, y ningun cuidado en asuntos tan delicados, y elevados que harian con su fabrica, y practica, brillante en el mundo á un pays, que sin el mayor, y debido esmero en èllos, es la emulacion de los mas florecientes, sino por su disciplina, por sus riquezas, y lo que parece producido por estimacion, es engendrado por vituperio; porque reyno rico, con hijos nada aplicados, mas es inventivo para la negociacion agena, que estribo de la reputacion propia.

Despues ponen el objeto en no ver á la España inexpugnable (como debiera estar) con fortaleza y armas, porque aunque estos dos puntos competen directamente al monarcha por ser preciso salga de su real boca la determinacion para sus construcciones; culpan los ministros, que ocupados en negocios menos importantes, no atienden á los mas necesarios , inspirando tan eficazmente al rey para que providencie estas obras, que en efecto lo consiguieran, previendo que la aniquilacion del Real Herario, en èllas, era nada menos que un nuevo respeto de la Corona.

De todo lo cual infieren, que adormitado, ó soñoliento el decantadissimo orgullo, y valor español; yace sepultado en los brutos brazos de la afeminacion, como tiranas reliquias que anticipa el ocio, y propone el descuido; y a libertades infames que les influye esta lastimosa Catastrophe, sin capitularnos de cobardes, é insensatos con el silencio, y olbido, en que nos advierten de las marciales tareas, y la falta conque nos hallan de las publicas Academias de las Ciencias; nos informan de perezosos y holgazanes, quedando á quenta de la estimacion de la patria estos indignos epitectos con que notan á sus hijos .

Todos estos aflictivos, y bien reflexionados antecedentes que debian comprehender el credito Español para librarse de la satyra estrangera, me hacen recelar que para evidencia de su sabiduria, lastimandonos en el honor, salga luz alguna que publique lo que nuestro mismo abandono está pregonando; en cuyo caso siendo mas poderoso el descredito, se haria mas irrebatible la Critica.

Este temor agigantado mas con el tierno amor á mi patria, y el fruto sentimiento que aun en remotas premisas me influye su sonrojo: me hace anticipar á esta empresa para que reconozcan los que pudieran herirnos, hay Españoles que deponiendo el natural amor á su patria, conoce los defectos de sus hijos, y los pone presente los modos con que pueden despojarla De lo que tiene de mas , y enriquecerla De lo que tiene de menos ; cuyo arbitrio, no solo puede contener las mordaces plumas de los reinos, sino enmendar la negligencia de los naturales, pues mirandose estos por un patricio avisados, teman verse de los contrarios convencidos.

Sin embargo de que es un gran triunfo al que se terminan mis deseos, como correspondan á èllos mis talentos, me con[cambio de mano:]templaré dignisimo de él, sin que â ilusiones de la vanagloria, sean estos preceptos de la jactancia; pues avisar â la patria del Estado de su desgracia, no es otra cosa que encaminarla â la dicha, y entre los Romanos fuè un genero de servicio este, tan privilegiado que igualaba al que se conseguia en el ingreso de una encendida guerra con el auspicio de la Victoria. No fuè menos respetado Numa, dando avisos importantes â la felicidad del Imperio, con la pluma, que favorecido Cesar, colmandolo de glorias con la Espada; pero es [cambio de mano:] constante que este murió à manos de un Asesino en el Senado; y àquel en los brazos del sentimiento de toda Roma en su lecho.

En nada se manifiesta mas hijo el hijo, que en emprender restaurar la aniquilada, ó decaida estimacion del p[adr]e, por que los ensanches de este filial amor, dexan sin limites á la bocina de la fama ; pues aunque el mismo amor natural le obliga es la embriaguez de su propio honor la que le inflama.

Si todo Español verdaderamente instruido, tomase á su cargo declamar con fervor contra aquel descuido, vicio, omision, ó defecto, en que con mas continuacion delinquiesen sus Paisanos, incitandolos al aborrecimiento de la pereza, dirigiendolas á la estimacion de la diligencia, tal vez serian mas liberales que los floxos; porque una inconstante persuasion hasta en los brutos se imprime; pero si los Consejeros duermen, si los Ministros sueñan y los Magistrados descansan, quando lo demás del Reyno delira; no puede sobrevenir á tan remiso desmayo mas que un torpe paraxismo.

Estén entregadas á este aquellas Naciones que no tienen alimento en el corazon, vigor en el brazo, poder en el ingenio, y nervio en el herario; para quien todo esto tiene, y tan acreditado como España, se considerará su floxedad como monstruosa destemplanza, si en las otras se advierte como naturaleza.

Para enterar por modo de subsidio á sus hijos, y mis Paisanos de èlla , y de que fué siempre el desempeño de sus Armas el credito de su valor: como por el extremo su poca mañosidad, efecto de su inaplicacion, lo mucho de su sinceridad, producto de su pereza, y el todo de su decadencia, resultas de su desidia, me contentaré con hacerles presentes los lastimosos sucesos, que por sus descuidos, y negligencias voluntarias, sobrevinieron á la patria desde que empezó á serlo de hijos tan inconsiderados, que como este exordio es indispensable preparativo para que sirva de cimiento á la idea de la obra, no debe reputarse por largo, aunque algunos lo tengan por molesto; á los que encargo, que aunque assi lo sientan, lo callen; porque como su objeto se dirige á que la sangre sufocada, depuro convencida, saque al Rostro la verguenza de los que viven solo para sér viles sacrificios del Ocio, huyendo verse victimas heroicas del trabajo; podrán contemplarlos por de este especie aquellos que lo oigan, y sean verdaderamente laboriosos, porque de nada habla peor, que de lo que hiere mas.

Contentos, y felices nuestros primeros Españoles, gozaron largo tiempo las amenidades de un Pais tan provido, y apacible, governados por sus leyes propias, sin gemir el yugo de la estraña opresion, ni experimentar los conflictos de la advenidiza servidumbre. Las riquezas, aunque vivían mas á beneficio de lo pingue de la tierra, que á diligencia de los afanes del cultivo, dió en la abaricia de los Cartaginenses el primer impulso para dominarla. Temian por una parte la autoridad de las Armas de los Españoles, por otra reflexîonaban, que viviendo estos tan descuidados, y viendo tan poco cautos, que los Cotos de su sinceridad eran los terminos de sus defensas, sin que los rumores de las prevenciones belicas los avisase para fortalecerse, podian conquistar los mas á preceptos del Arte, que á conseqüencias del valor.

Cargados mas de Maxîmas que de valor y fuerzas, se aparecieron en las Costas de Cadiz, y proponiendo á los Españoles que su Comercio habia de ser principio de su amistad, los preocuparon de modo que al transcurso del tiempo; (tan corto que aun la vista no creyó el que por ella habia pasado para tan grande transformacion) los que empezaron como Comerciantes, se hicieron reconocer como Sres. Establecieron leyes, impusieron tributos tan enormes, como dictados de la codicia; y no contentos conque se los dieron los hombres, pasaron á que se los franqueasen los insensibles de la Guerra.

Llegó la fama de las riquezas que en España disfrutaban los de Cartago á las puertas de Roma, y abriendolas á la Curiosidad, las recivió el interés. Discurrió que podia entrar á la parte en èllas donde se abrogaba la pertenencia con los fueros del Engaño rompió la guerra con los Cartaginenses, y la nativa sinceridad de los españoles, sin considerar que no mudaba de Vasallage por diferenciar de Señor, puso en el conato de los Romanos la libertad que apetecia, sin saber buscarla por sus pasos; por lo que resultó salir de una sugecion para entrar en una esclavitud; pues siendo sus Armas las que alcanzaban las Victorias, eran los Romanos los que ceñian los laureles.

Conforme fueron sucediendo los tiempos, fueron experimentando los Españoles las tragedias. Si estas les hubieran sobrevenido desde su principio por los tristes efectos de la guerra, no seria lunar para la Nación; pero como no experimentaron su abatimiento por las decisiones de aquellas en sus propias defensas, sino por no pretenderlas, volviendo las Armas contra los Tiranos, que en sus esfuerzos libraban sus fortunas, se hicieron reprensibles de la posteridad.

Si el yugo de los Romanos y Cartaginenses los hizo poco dichosos, las opresiones de otras naciones barbaras los manifestó mui desdichados. De Suevos, Alanos, Wandalos, Vsigodos, y Godos los formidables golpes, siendo el mas atroz el de los Hunnos, gente tan impía que se equivocó con la misma crueldad, y cuyo Rey Atila, ni las historias le advierten mas inhumano, ni los tiempos le quentan mas terrible.

En todo este sucesivo azote, tenian los Españoles tan prontos los oidos para creer los engaños, como atadas las manos para defenderse assi mismos. Jactaban imprudentemente de tener en un tirano intruso, un Gran Rey, solo porque los dejaba vivir con diversiones, y sin trabajo dentro de sus propias Casas. Especie de indigna propension tan culpable, que de ninguna nacion, por inculta que haya sido, se refiere; siendolo en tal grado la Mexicana, costó á nuestro Cortés tanto de Conquista que sin auxilio de los Flascaltecas amigos que supo adquirir mas su agrado que su rigor no la hubiera conseguido; y aun despues de èlla quantas diversiones las presentaba, las recibian los de Mexico como Maxîma politica para entretenerlos, no como providencia del amor para divertirlos.

En medio de estos tan robustos descuidos de los Españoles, se admira por inimitable su valor pues ninguna nacion defendió sino á su amada libertad (que fue su culpa) á aquellos extraños (que justifica su imprudencia) á quienes llegaron á someterse, preocupados de sus cautelas, con tan porfiada resistencia y con tan fuerte ardimiento, que si este, y aquella hubieran empleado en su beneficio, dominarian el Mundo.

Tampoco há habido, ni parece habrá, quien con mas feróz aliento procurase rebatir las violencias de la intrusion por defender los privilegios de la libertad, que algunos españoles de aquellos tiempos, pues sino hubieran sido los menos, pondrían terror al Universo.

Las tragicas, aunque invictissimas memorias de Sagunto, y Numancia, ponderan los portentos de sus espiritus, aun deborandose entre las llamas.

Tantas veces derrotaron los exercitos Romanos, que para sugetarlas enteramente, se vió Roma en la precision de ponerlos á la vista sus mismos Capitanes, como fueron los quatro Scipiones, Pompeyo el Grande, Julio Cesar, y Augusto; y aun assi quedaria todo su poder desairado, sino hubieran sido nuestros Españoles auxîliares de sí mismos para su propia destruccion: falta de ùnion, de aplicacion, y conducta tan grande, donde sobraba el animo, y el valor, que mereciendo por esto el primer lugar en la historia, les obscurece aquella mucho lustre respetable de su caracter.

Todo esto se há referido para que resalte mas el pensamiento que lleba meditado el discurso que se reduce á ponderar que no seria objeccion digna de la satira extrangera, si las lamentables memorias de los conflictos, y esclabitudes de aquellos nuestros primeros Españoles, nacidos, por su ninguna cautela, y su mucha ociosidad, sin mezcla de otra desgracia, hubiesen abierto á los presentes los ojos de la sinderesis, y aprendido á vivir tan aplicados, tan cautos, y laboriosos, que fuese cada ùno, en lo cauto, y prudente, un Ulises; en lo guerrero, y ardidoso un Alexandro; y en lo diligente, y prevenido un Anibal; y no que, sin mortificarlos, por la misma pereza, son por lo general cada uno en la misma inaccion un Honorio; en la desidia, y horror al trabajo un Calixto; en la propension de poseer lo ageno por ilicitos medios, un Viriato; y en la falta de mañosidad para con poco adelantar mucho, á costa del ingenio, y de la fatiga, un Aristarco.

Sin embargo en todos los tiempos, y edades, y en todos estados, nos há producido nuestra nacion, hijos tan grandes, y elevados en todas, y en cada parte del heroismo que biben sus nombres á expensas de la perpetuidad; que para imitarlos, y aun excederlos, hay aptitud sobrada en cada patricio: Esto es tan constante, como decantados sus genios por tan penetrativos, como prontos; por tan vivas sus comprensiones, como poderosas; por tan elegantes, y eficaces, como energicas, y nerbiosas sus palabras y sus obras; y en fin por todas aquellas disposiciones, que se nacen con el hombre para hacerle grande, si sabe pulirlas.

La lastima es que no faltandoles á nuestros Españoles, nada de lo que le falta, no tiene desobra lo mismo que sobra en èlla. Esto no consiste en otra cosa, que en la ninguna aplicacion de sus hijos, que es el no importa de èllos, que equivale por muchas Coronas: Puede ser que el no desvelarse en fructificar sus agudos ingenios suceda por lo que explica la letra P. en lo que hay de menos , ó en lo que informa la letra M. que es lo mismo.

En efecto Yo escribo lo que siento, aunque siento hay tan verdadera causa para lo que escribo. No guardaré aquellos respetos que dicta la adulacion, porque entonces faltaria á las leyes de la verdad; ni se conocerán en mis proposiciones otra afectación que la que influía el afecto, y aprecio que hago de lo veridico: Como esta idea es por ejemplo más que por diversion, sin el molde sabrá mi cuidado ponerla donde me sobreviva, sin dár en las manos de quien por Enemigo de la patria, la devore.

Este deseo de su permanencia no es otro que para que si el tiempo lo permitiese, se haga publica, reconozcan mis futuros paysanos, no imité á los presentes quando esto escribí en la ociosidad; antes bien la vituperé en los cortos espacios que me permiten las considerables aplicaciones que están á mi cargo por mi empleo; siendo el principal objeto, que los que me sucedan en èllos, si acaso llegan á ver estos renglones, se dediquen, en quanto sea facultativo, á colmar á nuestra patria de lo que tiene de menos , y limpiarla de lo que tiene de más : Seguros de que en ella darán gloria á Dios, fama al Rey, y honor á la Nacion; para todo lo qual les advierto tengan presente otro escrito mio, que pára donde este, al que puse por titulo España dispierta , en que encontrarán documentos que faciliten sus buenas intenciones.

Ruego á Dios todo sea assi para que coloque su credito sobre las Aras de la Eternidad una Monarquia tan invicta y una Nacion tan noble, que aplicada será el asombro de todas: Y lo firmo de mi puño oy 12 de Agosto de 1741= Jph del Campillo y Cosio.


Lo que hay de más, y de menos en España

A.


Hay de menos agricultura. Esta nobilissima, é indispensable profesion, sobre lo que estriba toda felicidad Monarquica, pues la hace llegar al ultimo grado de la sublimidad, si ella toca la postrera basa de su perfeccion, emplea la primera letra del abecedario en su nombre, como suponiendo es Acrehedora á la mayor estimacion.

La agricultura, segun la razon dicta y los sabios la definen, es la parte donde se cifra la mayor parte de las riquezas del Monarca; el mas grande tesoro del Vasallo; y el unico bien del Reyno. Mientras mas notable sea la aplicacion á su pulimiento, serán el Principe, Vasallos, y Reyno más dichosos: Y admira, con justa causa, que pudiendo producir tanto bien la agricultura, los mismos que debian fomentarla, parezca se conspiran á destruirla.

Aunque esto se justifica por lo que hallamos de menos de èlla en España, cuyas partes son tan admirables, y preciosas, para que estubiese en toda su elevacion, es indipensable, para que el conocimiento de su alto origen llame toda la aplicacion de sus profesores hacer referencia ligera de él su antiguedad, y privilegios con que siempre se distinguieron, y quien motiva oy su debilitacion; cuyos dos puntos que servirán de argumento á este discurso, son tan acrehedores de la mas alta contemplazion que á preceptos de lo que influyen, serán crueles los que los desprecien, sino atendiendo á las noticias , considerando sus vicios, para el bien publico.

Punto 1º.

Origen, antiguedad, y privilegios que siempre se dieron á la Agricultura

Habiendo Adan abierto paso á la culpa, para perder la gracia, tubo que descubrir las entrañas de la tierra para encontrar el sustento. Faltó al primer precepto de Dios por gusto; y le fué preciso observar el segundo mandato por fuerza; tanto tenia de duro este, como de benigno aquel; pero era hombre Adan, y para mostrar la fragilidad de su sér, quebrantó el precepto de la vida, obedeciendo el orden de la muerte, para darle á aquella, en el mismo trabajo, aliento, á fin de que paliase con èl, que quanto respiraba era cortissima intermision para llegar á Esta.





Queria pues vivir, temiendo yá de la muerte el rigor, y siendo facil lograrse lo primero sin el alimento, le era assimismo imposible, si á impulsos de su fatiga no se le producia la misma que le dió forma. Libró en la labranza de la tierra los beneficios de la vida, porque como yá, esclaba esta de la ofensa, se llenó de incultezes asperisimas aquella: produjo espinas, y abrójos en vez de las flores, y marabillas conque generalmente fué hermoseada por la Providencia, y hecha en fin teatro de la crueldad, si antes fué mensa franca del apetito; sudó Adan para limpiarla de aquello mismo conque su delito llegó à endurecerla: fué en efecto el primer labrador, por haver sido el primer delinquente; y dejando por herencia á todos sus descendientes el horror de la culpa para padecer, los dejó igualmente por Mayorazgo el afán de la Agricultura para vivir.



Tan antiguo es el origen de la Agricultura, y tan necesaria para la vida. El inapreciable valor de esta fué dictando los pulimentos de aquella, la qual en las cercanias del Dilubio, sino tan enriquecida de Aperos, que fué descubriendo el tiempo, se halló mas adelantada de cultivo, que enseñaba la falta de otros comercios.

Repartido el Universo entre los hijos de Noé, lo primero que exercitaron fué la Agricultura que sus pasados les enseñaron; que aunque era tan pesado su trabajo, que á fuerza de piquetas le exercian, se empleaban en èl gustosos por las esperanzas de los frutos.

Llegó este uso hasta el tiempo de Faraon, en que se adelantó por el invento, que se le debe á Joseph por el Arado, siendo la Reja de la misma Madera; Los Exîcios, segun Suetonio, y Siculo, ó los Assirios, conforme siente Divino Alexandrino, enriquecieron la Agricultura con el descubrimiento de la Reja de hueso, y Arado en los mismos terminos que lo tenemos hoy; pero nuestros Españoles, en tiempo de los Godos, se la pusieron de hierro, adelantamiento tan precioso, como recibido en todo el Mundo.

Desde que extableció la ambicion, no atendiendo á las leyes de la Razon , sino á las abaricias de la naturaleza , Cabezas, á quienes obedecian, quantos con las violencias sujetaban, gozaron de altas distinciones los profesores de la agricultura, porque mirandola siempre los que establecian las leyes, como medula de la vida, las franquezas de sus preéminencias, era, como para diferir la muerte, conociendo que aunque el alimento no puede destruirla, tiene capacidad para dilatarla; y que mal pueden asistir los que obedecen hambrientos.





Moexis, Rey de Egipto, y de quien tomó nombre aquel gran Lago, que mandó construir estableció la ley de que ningun profesor de la Agricultura fuese preso en las Carceles publicas por ningun delito; y sí en sus propias casas, con las guardias correspondientes a sus causas; y que las muertes que se les diese por estas, fuesen las del tablon, que eran las impuestas á los Nobles.

Todos nuestros Reyes se esmeraron en amplificar las prerogativas, y gracias á favor de los labradores. Alonso el Sabio dispuso, y estableció varias leyes para beneficio de èllos. Su permanencia, y duracion, todos motivos que preconicamente inspiran, debia estar hoy la Agricultura en nuestra España en aquel auge que corresponde á sus utilidades, no en el extremo inferior en que la vemos, y desdice de sus beneficios, siendo la causa la que dirá el siguiente

Punto 2º.

Quién motiva su debilitación.

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