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Llmitar los límites


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maría josé aranguren y josé gonzález gallegos

LlMITAR LOS LÍMITES

Nuestra arquitectura surge de una continua situación 'expectante'. Nos interesa todo lo que se produce hoy: nuevas referencias de pensamiento, nuevos sistemas constructivos, nuevos materiales... Nos nutrimos de la potencialidad del presente, estamos con­taminados. Sin embargo, cada vez damos más importancia a la experiencia propia, a nuestro 'mundo interno', a las reflexiones y con­clusiones que hace que estemos más seguros de nuestras 'inseguridades1. Sería muy fácil hacer una larga lista de aquello que nos motiva —estamos inmersos, como muchos, en el análisis de los parámetros de la contemporaneidad— más difícil y comprometido sería indagar en nuestra trayectoria, en nuestra experiencia, en nuestro subconsciente e intentar precisar las claves de nuestro tra­bajo. Tenemos muy claro que cada proyecto es una 'cosa1. En cada proyecto hay un parámetro determinante, uno sólo, al cual todos los demás han de supeditarse. Esa 'cosa1 es diferente en cada caso, y la cuestión más importante para nosotros es descifrar cuál es. En unos casos será la escala, en otros el material, la sección, la célula, el vacío, etc.


Ante las nuevas referencias de pensamiento y los nuevos materiales, nos interesa todo lo que se produce hoy. Nos mantenemos en una actitud de continua actualización de nuestro saber, alerta y en búsqueda constante de la potencialidad del presente.

La Arquitectura es un hecho global que parte de la construcción del espacio. El espacio para nosotros queda principalmente defi­nido por la estructura, es el vacío que resulta de un esqueleto; lo demás, función, revestimientos, etc., es una segunda capa que ha de superponerse de una forma sencilla y natural a este esqueleto determinante. Así, se hace preciso desposeer a los edificios de todo aquello que no sean ellos mismos, desafectarlos. Lo importante es el vacío resultante de esa estructura, un espacio donde se puede plantear cualquier situación 'Energía potencial de capacidad'.

Todo lo que nos rodea se estructura en un sistema dual: si/no; Norte/Sur; Vida/Muerte; Cielo/Tierra; etc. El sistema informático es también un sistema dual basado en el sí/no. Lo mismo ocurre con una viga, basada en la relación de un par de fuerzas opuestas, dua­les. Para Mies van der Rohe, y también para nosotros, este par dual es Vacío-Construido, el par energético que produce la fricción entre estructura y vacío, generando el espacio interior de la arquitectura. En el exterior esa energía se crea entre los cuerpos edifi­cados y el vacío entre ellos.

El material no es determinante en la génesis del proyecto, nos ayuda a construir el espacio; pero el concepto del espacio plan­teado no ha de depender del material con que sea construido. Estamos con Oteiza o con Le Corbusier cuando se plantean el pro­blema espacial, independientemente del material con el que se vaya a construir.

El lugar no es sólo una situación física sino una situación mental. Lugar es aquello de lo que nos habla un espacio físico; son. desde sensaciones muy inmediatas, hasta análisis complejos, topografía, orientación, clima, altura, tramas preexistentes, historia, aconte­cimientos, objetos contaminantes, causas del encargo, carácter del cliente, presupuesto, etc. Pero sobre todo, la predisposición intelectual al acometer el proyecto. El proyecto no surge sólo como respuesta a los condicionantes mencionados, surge de un terri­torio interno, personal, de unos intereses al margen del encargo, de unos campos de investigación privados que van desarrollándose en el estudio, en los concursos, en las reflexiones, y que aprovechan un encargo cualquiera para salir a la luz.

En cada proyecto buscamos un sistema espacial que sea capaz de dar cabida a todas las exigencias de partida pero que ante todo sea eficaz en sí mismo. Una vez encontrado el sistema el proyecto se va revelando por si mismo. Las propias reglas del sistema lo guían con pocas posibilidades de error. Así, aspiramos a plantear un proyecto como obtención total de la solución (sistema); previo a la forma o la función. Evidentemente es parte del cometido el plantear la forma, pero preferimos hacerlo de una manera científica Ha de ser la consecuencia, el resultado de un proceso, no el punto de partida.

Intentamos mantener en nuestro trabajo la componente de 'riesgo’ o 'aventura'. Cada nuevo proyecto, en su planteamiento inicial, está expuesto a un posible 'fracaso', ya que en cada caso su desarrollo está al límite de lo sabido, de lo conocido. Entendemos cada obra como un 'incidente' o 'accidente' en nuestro proceso de trabajo. El proyecto nunca debe perder el 'carácter accidental', ha de llevarnos a un terreno todavía no explorado por nosotros. Operamos en los límites, limites entre lo real: borde de ciudad (periferia, carretera...), limite de superficie, estándares y normas en la vivienda; y lo emocional: Indefinición, percepción de unos usos cambiantes, sensación de nuevas y futuras necesidades.

Trabajamos en diversas líneas de Investigación con desarrollos simultáneos. En nuestro caso se podría simplificar diciendo que coexisten dos mundos solapados, el 'racional' y el 'Irracional'. Ambos comparten experiencias aprendidas pero son capaces de nutrirse de su propia condición. Edificios residenciales —que buscan soluciones globales a problemas de alojamiento, flexibilidad, funcionalidad y usos—, surgen de modo simultáneo a otros, como auditorios, museos o Intervenciones en el paisaje, que requieran un tratamiento más singular, una respuesta ajustada a una realidad concreta y condicionada.



A la hora de describir sus pinturas de retratos Francia Bacon expresaba que "en cada uno de nosotros se oculta ese gesto brutal, ese movimiento de la mano que arruga el rostro del otro con la esperanza de encontrar en él, o detrás de él, algo que allí se esconde. Se podría decir que los retratos de Bacon son una Interrogación sobre los 'limite»'. De Igual modo, la manera de abordar el trabajo como arquitectos la entendemos como una posición vital, que no es sino la de situarse al límite de las capacidades, al 'limite del yo'.

Aprendimos que la Arquitectura es el juego de espacios y volúmenes, el arte de organizar al especio. Pero si podemos estar de acuerdo con este enunciado, estamos más próximos a entender la Arquitectura como todo aquello construido que alberga en su defi­nición valores culturales, de civilización, de sensibilidad y progreso. En el hacer arquitectura se necesita no solo tener unos cono­cimientos de la disciplina, sino también captar cierto número de actitudes y de sensaciones, de emociones que pertenecen al mundo que nos rodea. Dejarse atrapar por al país que visitas, por el tema del último libro leído, o la fuerza de las imágenes de una película. Debemos hablar de otras cosas para reafirmarnos en nuestro oficio de arquitecto, frente a todo y gracias a todo.


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