Página principal

Literatura hispanica juan Cruz Mendizábal


Descargar 1.25 Mb.
Página1/20
Fecha de conversión18.07.2016
Tamaño1.25 Mb.
  1   2   3   4   5   6   7   8   9   ...   20






COLECCION LETRAS
DIFERENTES


  1. LUCES Y SOMBRAS:
    EL CIEGO EN LA
    LITERATURA HISPANICA
    Juan Cruz Mendizábal

  2. LOS EXPULSADOS
    DEL PARAÍSO
    Agustín Sánchez Vidal

  3. MIRIAM (Novela)
    Ramón Hernández

  4. FIGURAS DEL OTRO
    EN LA ILUSTRACION
    FRANCESA

Diderot y otros autores
Estudio preliminar,
traducción y notas
de Alicia H. Puleo

5. PERSONAJES ROTOS


DE LA LITERATURA
UNIVERSAL

Fernando Martínez Garrido,
Mario Grande Esteban y
Mercedes Escolar Arévalo

6. EL CIEGO Y SUS COPIAS


SELECCION DE PLIEGOS
EN EL SIGLO XIX
Joaquín Díaz

PERSONAJES ROTOS
DE LA LITERATURA UNIVERSAL




Colección
LETRAS DIFERENTES


PERSONAJES ROTOS

DE LA LITERATURA

UNIVERSAL

Fernando Martínez Garrido

Mario Grande Esteban
Mercedes Escolar Arévalo

ESCUELA LIBRE EDITORIAL

Madrid, 1996

FUNDACION ONCE



COLECCION LETRAS DIFERENTES

Directores:

JOSE MARIA ARROYO ZARZOSA


RAFAEL DE LORENZO GARCIA

Asesor Literario:

RICARDO DE LA FUENTE



Coordinador editorial:

GREGORIO BURGUEÑO ALVAREZ

© Fernando Garrido Martínez, Mercedes Escolar Arévalo
y Mario Grande Esteban, 1996

ISBN: 84-88816-17-0


Depósito legal: M-23456-1996

Impresión: Rumagraf, S. A.


Nicolás Morales, 34 - 28019 Madrid

PROLOGO

Hace ya bastantes años, una voz amable, por teléfono,
me invitó, en nombre de la ONCE Organización Nacional de
Ciegos Españoles—, a dar una conferencia en la Fonoteca
que la Organización tiene en Madrid. Era en noviembre de
1985. La persona que me llamó era invidente. Se llamaba
y, afortunadamente, se sigue llamandoFernando Martí-
nez Garrido. Acepté, complacido, el encargo y pronuncié la
conferencia sobre la situación política, en aquel momento,
del País Vasco y de España en general, en la Fonoteca de la
ONCE el día 13 de noviembre. Lo sé, porque en mi biblioteca,
entre mis libros, hay una placa que recuerda el hecho.

No tenía yo entonces trato habitual con personas ciegas.
Y quedé admirado. En primer lugar, porque yo nunca había
encontrado, en mis muchas actuaciones públicas, oyentes
tan atentos y concentrados. Además, porque en el coloquio
que siguió a la conferencia las preguntas y las consideracio-
nes de los intervinientes fueron todas extraordinariamente
inteligentes y certeras. Lo que, como se sabe, no siempre
ocurre en este tipo de actos. El dialogo reveló, finalmente, en
los asistentes que intervinieron una gran vida interior, una
sorprendente capacidad por acertar con lo importante del
discurso, dejando a un lado todo lo accidental, y un gran co-
nocimiento del tema desarrollado. Yo estaba acostumbrado a
oír ¡tantas y tales tonterías sobre Euskadi! Insisto en que
quedé admirado.


Pero mi admiración no quedó ahí. A la conferencia siguió
una cena. Cinco ciegos y yo. Me imagino que ellos, ciegos, se
dieron perfecta cuenta de que allí el único ciego a esa reali-
dad riquísima de su propio universo era precisamente yo. La
cena fue para mí un espectáculo de elegancia estética e inte-
lectual. Como en un ejercicio de lectura de un escrito por
puntos en relieve del sistema Braille, mis amigos, delicada-
mente, rozaban apenas con las yemas de los dedos el conte-
nido de los platos, por cierto sin mancharse, para descubrir

5

su situación y ya no se equivocaban. Utilizaban con pericia
cucharas, cuchillos y tenedores y, a distancia, nadie hubiera
podido descubrir su deficiencia física. Y eso que había platos
complicados. Recuerdo unas alcachofas rellenas...


Los vascos tenemos fama de apreciar la buena cocina y
la buena bebida. Mis anfitriones quisieron ser amables con-
migo y en aquella cena se sirvieron tres clases de vinos. Creo
que un jerez para empezar, vino blanco con el primer plato y
tinto con el segundo. También agua mineral. Fue un espectá-
culo ver cómo ninguno de mis cinco compañeros titubeó ni
una sola vez para dirigir su mano, sin vacilación, a la copa
correcta y llevarse a los labios precisamente el vino que co-
rrespondía o el agua, en su caso. Mi admiración y asombro
seguían creciendo.


Yo he tenido suerte en la vida. He conocido mucha gente
interesante y recuerdo con placer sobremesas deliciosas.
Piensen ustedes, por ejemplo, que, en un momento dado,
coincidimos en el Grupo Mixto del Congreso de los Diputa-
dos, Adolfo Suárez, Agustín Rodríguez Sahagún, Santiago
Carrillo, Francesc Vicent y yo mismo. Los cinco nos reunía-
mos, alguna vez, a comer en un restaurante cercano al Pala-
cio de la Carrera de San Jerónimo. Pueden ustedes imaginar-
se el interés de aquellas sobremesas. ¡Qué placer irrepetible
escuchar la historia inmediata de España de la boca de sus
propios autores! ¡Qué delicia conocer, de primera mano, la
«pequeña historia», la que explica, precisamente, los gran-
des acontecimientos! ¿Cuánta inteligencia, cuánta sabiduría
política y cuánto ingenio juntos, si se me excluye! Realmente,
no me puedo quejar. He sido un afortunado espectador, en
primera fila de palco, de nuestra más interesante historia
reciente.


Pero, dejando de lado mis comidas políticas, de aquella
cena con mis amigos de la ONCE, de aquella conversación
mientras comíamos, de aquella deliciosa sobremesa, guardo
un recuerdo que no he podido olvidar. Definitivamente, aquel
día me enamoré «ciegamente» de mis amigos ciegos.


Y ahora, al cabo de los años, uno de los comensales, Fer-
nando Martínez Garrido, en nombre de los autores, vuelve a
pedirme, con la misma amabilidad, que prologue este libro
que ha escrito él mismo con Mario Grande Esteban y Merce-

6

des Escolar Arévalo, estos últimos no minusválidos, pero sí


grandes conocedores y expertos, como ustedes descubrirán,
de este valioso mundo de «los minusválidos».


Y yo, complacido otra vez, reanudo aquí aquella sobre-
mesa del 13 de noviembre de 1985, charlando con Fernando,
con Mario, con Mercedes y con todos ustedes sobre nuestros
amigos los ciegos, los jorobados, los inválidos, los cojos, los
mancos, los enanos, los mudos, los locos..., «los otros»...,
«los pobres legítimos», en definitiva.


Hace unas semanas me llegó el texto mecanografiado.
Cuatrocientos noventa y siete folios. Lo dividí en tres partes.
Y lo puse en mi equipaje. Entre Bilbao y Bruselas. Entre Bia-
rritz y París. Y entre París y Estrasburgo. A nueve mil metros
de altura he devorado el libro. He subrayado párrafos. He
releído capítulos. He soñado. He pensado. Me he maravilla-
do. He aprendido. Y he disfrutado.


No sé si porque he leído el libro viajando, a mí me parece
que éste es un apasionante libro de viajes. Fernando, que es
ciego, se constituye en nuestro lazarillo, nos toma de la
mano y nos conduce por un maravilloso mundo literario pla-
gado de ciegos como él, como nosotros—, de tullidos, de
cojos, de mancos, de locos, de bufones, de enanos, de bella-
cos, de picaros, de bribones, de frailes viciosos, de ladrones,
de histriones, de clérigos avaros, de alguaciles corruptos, de
sacristanes pillos, de jueces venales, de maridos engañados,
de mujeres tramposas, de golpeados y de ahorcados. De mí-
seros físicos y morales.

Enciende su linterna y, con gran pericia, nos va ilumi-
nando todos los rincones de la literatura «en busca del per-
sonaje minusválido» a lo largo de la historia. Arranca en la
Edad Media para acabar en el siglo xix. No deja de reseñar,
de modo exhaustivo, obra en la que aparezca uno de esos
personajes y reproduce, con gran acierto, rigor y gusto lite-
rarios, las citas más representativas o más importantes de
los autores de cada época.


Durante el viaje literario, a través de la historia, explica
muy bien porque la literatura es historia y la historia es
vidala evolución de la humanidad frente a la miseria. Del
desprecio y el horror a la conmiseración. Y de la conmisera-
ción a la solidaridad.

7

De aquella piadosa e ingenua invitación a la caridad que
yo mismo leía, hace no tantos años, junto al cepillo, en una
sociedad gastronómica donostiarra:

«En medio de tu alegría


recuerda a quienes no ven
y pon en su noche umbría
un fulgor de claro día
con la práctica del bien.»

A la patética confesión de Lang: «Todos somos delincuen-
tes, todos prostitutas, todos criminales.»


Y, en medio, la admonición bíblica: «Quien cierra los oídos
al clamor del pobre, también él clamará y no será atendido.»


Hay que dar las gracias a Fernando por la lección de his-
toria, por la lección de literatura y, sobre todo, por la lección
de humanidad.


También Mario Grande Esteban nos toma de la mano y
nos conduce, en un viaje culto, siempre a la búsqueda del
«pobre», a otros lugares y espacios de la historia, extraordi-
nariamente sugerentes.


Nos invita, primero, a zambullirnos en el océano de lo
que él llama las fuerzas superiores: religiones, mitos y le-
yendas. De la Biblia al Egipto faraónico. Del fantástico mun-
do grecorromano, pasando por el Corán, a los universos míti-
cos de la India, China y Africa.


Repasa, luego, con nosotros la literatura infantil: Pe-
rrault, Afanasiev, los hermanos Grimm. ¡Recuerdos de niñez!
Y, teniendo siempre como hilo conductor la contemplación
del marginado, examina con envidiable sutileza su presencia
en la literatura moderna y contemporánea, atravesando la
puerta cronológica en la que se detuvo, precisamente, Fer-
nando Martínez Garrido.


Mario Grande Esteban no se limita a describir. Reflexio-
na sobre toda una teoría de la impureza que encontraría su
expresión en «la tendencia humana a calificar como impuros
aquellos fenómenos que no encajan en el esquema imperante
de comprensión y visión del mundo o, en sentido contrario,
aquellos fenómenos cuya marginación contribuye a reforzar
las estructuras sociales vigentes».

8

Yo, que acabo de llegar, en estos días, de los campos de
exterminio de Auschwitz, donde hemos celebrado el 49 sie-
te veces siete
aniversario de su liberación, pienso que en
momentos como éstos, cuando en el mundo se abren camino
nuevas teorías que, bajo supuestas justificaciones científicas
o económicas o falsas interpretaciones históricas, amenazan
con nuevas formas de xenofobia, racismo y marginación, es
sumamente útil reflexionar, como lo hace Mario, sobre los
precedentes históricos de nuestra situación.

En el mundo siempre ha habido quienes han tomado la
decisión de marginar, cuando no suprimir, determinados
grupos humanos invocando argumentos al servicio de los po-
derosos para que éstos impongan sus propios cánones sobre
la «normalidad» y la «honorabilidad».


La obra de Mario Grande Esteban, además de una inves-
tigación histórica, es también un alegato contra la hipocresía
social. Aquella hipocresía que permitió escribir, en 1868, a
John H. van Evrie: «Un negro condenado a muerte, a ser col-
gado, incluso a ser quemado, raramente muestra miedo o
aprensión de cualquier tipo. Su imperfecta inervación, su
lento cerebro y su bajo grado de sensibilidad, le hacen inca-
paz de anticipar ese terrible sufrimiento físico tal como el
elaborado y exquisitamente organizado caucásico sufre en
esas mismas circunstancias...»


Finalmente, el trabajo de Grande Esteban, que contempla
la minusvalía como realidad personal y social, en un viaje
perfectamente lógico, nos lleva desde las discriminaciones
eclesiásticas del viejo código canónico hasta las modernas
culpabilizaciones de los enfermos de sida.


Su lectura ha refrescado mi memoria de los ya lejanos
días de la Facultad de Derecho en Oviedo... «De los requisi-
tos del sujeto de la sagrada ordenación... Son irregulares por
defecto los hijos ilegítimos, tanto si la ilegitimidad es pública
como si es oculta... Son irregulares los defectuosos de cuer-
po, si no pueden ejercer con seguridad los ministerios del al-
tar a causa de su debilidad, o, decorosamente, a causa de su
deformidad... Los que son o han sido epilépticos, amantes o
poseídos del demonio... Los que son infames con infamia de
derecho... El juez que pronunció alguna sentencia de muerte
[¡menos mal!]... Los que hayan aceptado el oficio de verdugo

9

y los que voluntariamente hayan sido auxiliares inmediatos
suyos en la ejecución de alguna sentencia capital...» (canon
984).


Mario Grande Esteban nos ayuda, muy eficazmente, a
purificarnos contra cualquier tentación de marginalizar las
minusvalías en nuestras vidas y en nuestras sociedades.


Finalmente, Mercedes Escolar Arévalo, la única mujer en
este viaje, también nos toma de la mano y, con paso seguro y
erudición que admiro, nos ayuda a dar el gran salto trans-
oceánico.


Nos conduce a América. Y allí, donde ella ha estado an-
tes que nosotros, nos enseña los secretos de las culturas pre-
colombinas. Y nos muestra a mí, al menos, por primera
vezese riquísimo retablo presidido por el Sol, en el que
desfilan los ciclos naturales, el trío cósmico (el sol, la luna y
la constelación Zapilote, el otro amante de la luna), la rela-
ción del astro-rey con la minusvalía, las enfermedades de los
hombres, las plagas, el hambre, las epidemias, las discordias
y las guerras, los enanos divinos, el mundo de los muertos,
las tinieblas, el destino de los seres humanos y sus obras. Y
la ceguera que es deslumbramiento y que no ve las cosas
pero sabe leer en el alma.

Y, en un rosario de ensayos de título y contenido sugesti-
vos, Mercedes nos guía por esas Américas de mitología y an-
tropología ignotas, incluso para los que la amamos y presu-
mimos de conocerla.


El sol bizco de los enanos, las lluvias, los ciegos que
aman y cazan, los niños y los viejos, las mujeres seductoras
y el miedo. He aquí el recorrido que Mercedes nos propone.
Yo lo he seguido sin abandonar su mano y he quedado en-
cantado. Encantado por complacido, pero también encantado
en el sentido más embrujador de la palabra. Hechizado.


Ella les enseñará el porqué del tacto de los ciegos tacto
en el sentido físico y tacto en el sentido moral, los dos tactos
que yo tanto admiré en mi cena del 13 de noviembre
y les
explicará cómo a la ceguera se le atribuye entre las pobla-
ciones indígenas de la América Septentrional la contigüidad
y la reciprocidad.

Ella les hablará, quizá por primera vez, del Trauco y del
Invuche, los personajes más importantes del inconsciente co-

10

lectivo de los hombres del Cono Sur. Y de su relación con la


minusvalía. El uno, el hombre libre, instintivo. El otro, la
alienación, la voluntad sometida.


Y, más adelante, entre las mujeres seductoras, ella les va
a presentar a la Patasola, mujer de una sola pierna; a la
Mancarita, mujer manca, y a la Larga, de piernas desmesu-
radas. Las tres representan muy bien la trilogía mujer, de-
formidad y encanto.


Y luego irán a Panamá con Mercedes. Y allí visitarán a la
Tepesa, al familiar y hasta al demonio. Bellísimas leyendas.
Mitos seculares para asustarse y maravillarse. Folclore au-
téntico americano. Tradiciones recogidas por Mercedes con
respeto exquisito que «encantarán» al lector.


Esto y mucho más es el libro que tiene usted entre las
manos. Seguro que va usted a disfrutar con su lectura. Yo,
allí en la altura y el vértigo de las autopistas aéreas, he
aprendido mucho y he meditado mucho. Estoy seguro de que
a usted le pasará lo mismo.


Desde aquí mi felicitación, mi agradecimiento y mi admi-
ración a sus autores.


San Sebastián, 28 de enero, fiesta de Santo Tomás de
Aquino, de 1994.

Juan María BANDRES MOLET

11
INTRODUCCION

Personajes rotos de la literatura universal recoge tres es-
tudios sobre el tratamiento literario de las minusvalías.

FERNANDO MARTINEZ GARRIDO, en «Grandes corrien-


tes literarias», traza un panorama general del tema desde la
época medieval hasta el siglo xix. Comprende desde los textos
más relevantes de la literatura española en lengua castellana
hasta la literatura universal, pasando por otros libros y tradi-
ciones menos conocidos, pero que, sin embargo, arrojan luz
desde distintos puntos de vista literarios sobre el tema en
cuestión. Cada época se aborda desde su propio marco histó-
rico con el fin de situar mejor los textos y facilitar su com-
prensión.

MARIO GRANDE ESTEBAN, en «Los ritos de purificación:


estrategias de marginación de las minusvalías en los textos li-
terarios», toca tres aspectos diferentes: los textos religiosos,
mitológicos y folclóricos; la literatura infantil y juvenil, y el
panorama de la literatura contemporánea. El enfoque del es-
tudio parte de la tesis de la exclusión de la minusvalía como
impureza social y sus ritos de purificación.

MERCEDES ESCOLAR AREVALO, en «Los poseídos por


los dioses», estudia el ámbito de las culturas nativas america-
nas, tanto en su vertiente oral como escrita. Comprende los
mitos y leyendas más significativos de todo el continente, res-
catando del olvido algunos motivos folclóricos menos conoci-
dos que perviven en la tradición oral y que se han incorpora-
do de diversas formas a la literatura escrita.

Los tres estudios ofrecen perspectivas distintas y comple-


mentarias del mismo problema. Tienen en común el hecho
de constituir una primera aproximación al tratamiento litera-
rio de las minusvalías. De ahí las hipótesis de trabajo mane-
jadas por cada autor, muchas veces convergentes y que, en
cualquier caso, están abiertas a posteriores investigaciones y

13

confrontaciones con ulteriores estudios generales o monográ-


ficos.

La gran cantidad de textos literarios recogidos y estudia-


dos no es susceptible de un enfoque único, sino multilateral y
abierto.

Ello, y la relativa escasez de bibliografía específica al res-


pecto (recogida al final de cada uno de los tres bloques en
que se organiza este libro), ha condicionado decisivamente el
alcance de cada uno de los estudios y del libro en su con-
junto.

Lo que nos habíamos propuesto es una primera e impres-


cindible tarea de acarreo y recopilación de materiales (la lista
sigue abierta, no puede ser exhaustiva en modo alguno), a la
vez que hemos querido sentar unas hipótesis de trabajo des-
de las que proseguir el análisis en posteriores investigacio-
nes.

Confiamos en habernos acercado al objetivo perseguido al


iniciar estos estudios. También creemos que las diferentes
perspectivas contenidas en este libro colectivo pueden contri-
buir a suscitar nuevas cuestiones y arrojar nueva luz sobre el
tratamiento literario de las minusvalías.

LOS AUTORES

14

GRANDES CORRIENTES LITERARIAS



En busca del personaje

con minusvalía

Fernando Martínez Garrido

Licenciado en Filosofía y Letras

y bibliotecario de la ONCE.
Dirige la revista infantil Trastos
AGRADECIMIENTO

Mi más sincero agradecimiento a Elisa Martín, mi querida


esposa; a Mercedes Asenjo, a M.a Carmen Estriégana y a Fer-
nando Hernández, con cuyo esfuerzo ha sido posible este tra-
bajo.

Fernando MARTINEZ GARRIDO

17
SUMARIO

EDAD MEDIA: Los ciegos en la Edad Media. Privilegios en la


corte: ser tonto o hacerse el tonto. La figura del enano. Incur-
siones de personas no ciegas en la literatura popular: el cojo,
el mudo. Aparición de la locura con fin didáctico. Desvalidos
y miserables.—RENACIMIENTO: ¿Cómo son vistos los ciegos
en el Renacimiento? El tonto fuera de la corte. Auge de la lo-
cura en la literatura renacentista. El enano en el Renacimien-
to. La picaresca y sus ambientes.—BARROCO: Privados de
vista en el Barroco. Bufón o fingir ser tonto. Otras minusva-
lías. Minusvalía social. La locura real o ficticia.—NEOCLASI-
CISMO: El siglo xviii augura un cambio de actitud ante los cie-
gos. Locura. Minusvalía social.—SIGLO XIX: Los ciegos. Los
bufones siguen siendo objeto de humillación. Los enanos y jo-
robados. Minusválidos sensoriales: los sordos. Auge de la lo-
cura en la producción literaria. Desvalidos y miserables en el
siglo xix. Personajes con alguna minusvalía en otras literatu-
ras.—BIBLIOGRAFÍA.

19
EDAD MEDIA

Durante mucho tiempo se ha venido considerando a la
Edad Media como una etapa oscura, de barbarie, de fanatis-
mo, de adormecimiento de la cultura en general. Dicho desin-
terés hay que buscarlo en el concepto que se tenía de esta
época en el Renacimiento. Los tiempos medievales fueron
tratados con displicencia por los intelectuales del Renaci-
miento; éstos emitieron un juicio negativo y consideraron que
nada importante se había producido desde la caída del Impe-
rio Romano hasta el siglo xvi.

Los ilustrados de los siglos xvii y xviii vieron en el Medievo


el origen de la mayoría de los males que afectaban a la Hu-
manidad, pero la pugna ideológica de la Ilustración con los
pilares del Antiguo Régimen obligó a estudiar la Edad Media
con métodos más racionales. Fue precisamente con el Ro-
manticismo, en el siglo xix, cuando algunos escritores, deseo-
sos de buscar lo desconocido, lo exótico, se fijaron en la Edad
Media; sirva como ejemplo el de Víctor Hugo. Esta corriente
cultural e ideológica, con el despertar de la conciencia nacio-
nal, indujo a numerosos intelectuales a buscar en los tiempos
medievales los cimientos de las entidades nacionales a que
pertenecían. La revalorización y recuperación de la Edad Me-
dia, en la que generalmente se mezclaban hechos históricos
con sucesos legendarios, no sólo se produjo en el mundo lite-
rario, sino también en muchos otros campos. Salvó a la épo-
ca medieval del ostracismo y a numerosos archivos y docu-
mentos de su segura destrucción. Desde finales del siglo xix y
principios del xx, los medievalistas fijaron su atención prefe-
rente en el estudio de la superestructura política; los medie-
valistas actuales se esfuerzan por realizar una historia global,
en la que reciban adecuada atención tanto los aspectos infra-
estructurales como los superestructurales.

Con lo visto hasta ahora y circunscribiéndose al aspecto


literario, que es el que más interesa, se puede decir de ella

21

que es una época de contrastes, los cuales se reflejarán en la


literatura.

La diversidad se basa en la diferenciación social que se


registra en la Edad Media. Es un período en el que los estra-
tos sociales se hallan separados por grandes abismos, corres-
pondiendo a cada clase social o estamento un género literario
propio con arreglo a los rasgos más característicos que defi-
nían su existencia en aquella época.

Así, pues, si nos fijamos en la aristocracia guerrera y la li-


teratura que se hace sobre ella con su mitificación del hom-
bre guerrero, tenemos que dará lugar a la poesía épica. A pe-
sar de que la épica nace en esta clase social, sin embargo, se
difunde con toda facilidad a través de todos los estamentos,
consiguiéndose por medio de la función del juglar, el cual tie-
ne fácil entrada en todas las clases sociales. Por otra parte,
también es importante añadir que el hombre, perteneciente a
cualquier nivel estamental, siempre ha creado a sus propios
héroes o personajes. La sociedad de los siglos xii y xiii necesi-
ta de una serie de personajes mediante los cuales vive unas
hazañas que no serían posibles en la realidad.

En este contexto histórico cabe resaltar la irrupción de la


escuela narrativa de carácter erudito, que surgió en España
en el siglo xiii: el Mester de Clerecía. La clerecía es la clase
culta por excelencia en la Edad Media. Los monasterios y las
escuelas catedralicias se constituyen como los únicos centros
de cultura, confundiéndose a veces clerecía y cultura como si-
nónimos. Ejercen el papel de enlace entre la cultura clásica y
la oriental, que llega con los árabes y judíos, desarrollándose
un sistema de intercambio cultural no sólo de monjes, sino
también de manuscritos. Es en estos centros donde se copia-
rán los libros (scriptorium) y, lógicamente, dispondrán de las
mejores bibliotecas.

La clerecía, como institución, da lugar a su propia litera-


tura, lo que se conoce como Mester de Clerecía. Sus objetivos
prioritarios eran los de tratar de buscar una finalidad morali-
zante y un evidente deseo de difundir la cultura; de ahí que
escriban en romance.

Se puede decir, sin ningún tipo de prejuicio, que la Edad


Media es una época de clarividencia cultural. Buena prueba
de ello es el surgimiento de las universidades. La Iglesia apa-
  1   2   3   4   5   6   7   8   9   ...   20


La base de datos está protegida por derechos de autor ©espanito.com 2016
enviar mensaje