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Índice

1. Orientaciones educacionales

2. Pensamiento de fundar una "Asociación de Mayo"

3. La Ojeada Retrospectiva

4. El Dogma Socialista

5. Las Cartas a De Angelis

6. Perfeccionamiento de la concepción socialista

Notas del autor


1. Orientaciones educacionales
A la inversa de lo que se observa en los hombres políticos, Echeverría acentuó en la edad madura las ideas revolucionarias que había entrevisto vagamente en su juventud. El socialismo de la Creencia era una simple declamación literaria, una actitud personal conforme con la última moda: un verdadero romántico "debía" conspirar en logias secretas. Pero... "el que juega al fantasma, tornase fantasma", según el precepto de los kabalistas. Echeverría se interesó cada día más por la filosofía social de Leroux y adquirió ideas claras sobre el humanitarismo socialista; sobre este punto, a pesar de su mayor edad, es forzoso reconocer que Echeverría fue catequizado por Alberdi. Sus trabajos posteriores a 1846, que pasamos a examinar, mejoran de año en año, y no parecen escritos por el logista de 1837.

Sin carácter ni salud para servir eficazmente a sus propias ideas, Echeverría vegetaba en Montevideo, casi ajeno a sus compañeros de emigración; la partida a Europa de Alberdi y Gutiérrez, en 1843, le había privado, para siempre, de esos amigos que, al regresar, se dirigieron a Chile. Los viejos unitarios correspondían su malquerencia sistemática, cuando no se reían de él; los jóvenes le miraban con amistosa simpatía, pero muy pocos bohemios y portaliras le visitaban, Mitre entre ellos. Ese aislamiento contribuyó a amenguar su ya escaso ánimo, concentrando más y más su vida en la lectura y la poesía: así lo encontró Sarmiento, en enero de 1846, "enfermo de espíritu y de cuerpo, trabajado por una imaginación de fuego, prófugo, sin asilo, y pensando donde nadie piensa, donde se obedece o se subleva, únicas manifestaciones posibles de la voluntad" [1.] . Hacía versos; le leyó El Ángel caído .

Durante esos tristes años había leído bastante y con provecho. Posible es que conversara con emigrados franceses que profesaban ideas socialistas; desde 1839 hasta 1847 residió en Montevideo un conspicuo falansteriano fourierista, Eugenio Tandonnet, que editó Le Messager Français (1840-1842), consagrando mucha parte del periódico a la propaganda y discusión de las doctrinas socialistas de su tiempo [2.]

Para darle figuración, a la vez que para aliviarle de menudos apremios, algunos amigos procuraron utilizar sus dotes en la organización de la enseñanza; tuvo así oportunidad de dar a luz algunos escritos [3.] , entre los cuales dos de verdadero mérito. Estamos en presencia de otro Echeverría.

En 1844 le designó Andrés Lamas para que pronunciase un discurso en una fiesta escolar, con ocasión del 25 de Mayo; tuvo tan mala suerte que las contingencias militares del sitio hicieron fracasar su presentación pública y debió limitarse a publicarlo algún tiempo después, con el título: Mayo y la enseñanza popular en el Plata [4.] .

Contiene este escrito una interpretación excelente de la Revolución de Mayo y de la contrarrevolución que terminó en la dictadura de Rosas; es el pensamiento de un verdadero filósofo social, con una justa visión de conjunto. Un poco de "literatura" afea todavía su estilo, pero sus ideas se comprenden ya, y es singular el tino con que las aplica en materia educacional. Rosas había entregado la instrucción pública a las comunidades religiosas, que llamaban "libertad de enseñanza" a su confabulación para enseñar contra los principios que habían inspirado la revolución de Mayo y en favor del antiguo régimen; Echeverría no se equivoca y la combate. No encuentra admisible que las congregaciones, compuestas por frailes extranjeros, eduquen a la juventud de una democracia contra los propios principios de ésta [5.] .

Andrés Lamas, ya ministro de Instrucción Pública, encargóle, en la misma época, la redacción de un Manual de enseñanza moral [6.] para las escuelas primarias. No carece de significación el epígrafe que encabeza el libro, tomado del ensayo sobre la instrucción pública de Benjamín Constant: "En un pueblo que sale de la esclavitud y la molicie, la Libertad no puede consolidarse sino cuando una generación ha sido educada por medio de una enseñanza adecuada a sus nuevas necesidades, que corrija los hábitos y destruya las opiniones del despotismo y consagre las costumbres y creencias liberales". En la introducción avanza algunas ideas excelentes sobre otro libro que debió ser su complemento, dedicado al examen de los métodos de enseñanza, cuestión que considera capital; "el método -dice- es una regla segura para llegar por el camino más corto al conocimiento de las cosas; puede decirse con fundamento que el método es la ciencia ".

El trabajo de Echeverría aspira a ser un cuerpo de doctrina en que se exponen los deberes principales del hombre y del ciudadano, considerados desde el punto de vista filosófico y cristiano; reconoce que la moral no tiene autoridad ni sanción sin la Religión, pero con este nombre no se refiere a la católica sino a la "Religión social" que debe difundir el "Culto de la Patria" de acuerdo con los principios revolucionarios de Mayo. Prodiga sus alusiones envenenadas a los unitarios, censurando la educación que forma doctores y militares, y sostiene que "para neutralizar esas influencias nocivas es necesario dignificar las profesiones industriales a los ojos de la niñez, estimularla al trabajo, y encaminarla por otro sendero".

En una breve introducción explica a los niños la noción de Dios, sus leyes y sus fundamentos; habla de la divinidad en los términos panteístas difundidos por la Religión Natural, deduciendo de ese concepto cinco grupos de deberes: para consigo mismo, para con el prójimo, para con su familia, para con la patria, para con la humanidad [7.] . Es, como se ve, un ciclo análogo al de todas las religiones sociales y humanitarias que florecieron en esa época.

Al tratar de los deberes para consigo mismo , estima que la vida individual resulta del ejercicio de las facultades físicas y morales, pertinentes del cuerpo y el alma, pero agrega la siguiente curiosísima nota: "Para simplificar, hemos adoptado aquí esta antigua clasificación, supuesto que no se trata aquí de enseñar filosofía. La naturaleza intrínseca, el modo como ejercen su acción estos dos principios, es un misterio insondable para el hombre. El punto de vista frenológico, nos parece a este respecto el más luminoso" [8.] . Esta adhesión a la frenología, anticipación ingenua de la psicofisiología, nos muestra al poeta romántico en pleno olvido de sus condescendencias eclécticas y aferrado a su primitivo sensacionismo. Tal es, por otra parte, el sentido total de ese primer capítulo, cuyo inciso más extenso es el consagrado al Trabajo (IV).

Los deberes para con el prójimo se reducen al precepto evangélico de amar al prójimo como a sí mismo; los deberes para con la familia , están representados por la solidaridad. Con mayor extensión analiza los deberes para con la patria , dando a todo el Manual un sentido de catecismo cívico. Examina el "culto de la patria", "Mayo y la independencia", "Mayo y la democracia", "Trinidad democrática(Libertad, Igualdad, Fraternidad)", resumiendo sus ideas en el sentido expresado en el discurso anterior y formulando en un elocuente "corolario" las normas básicas de la moralidad política.

En los deberes para con la humanidad sostiene que el verdadero espíritu de Cristo excluye toda separación de los hombres en castas y religiones, sin lo cual no puede llegarse a una verdadera fraternidad humana [9.] .

El capítulo final está consagrado a exponer la doctrina de la virtud o de la perfección moral, con más retórica que originalidad. Nombrado en 1847 miembro del instituto de instrucción pública produjo, entre otros informes, los dos publicados por Gutiérrez. El texto del uno, titulado Objeto y fines de la instrucción pública [10.] , aparece trunco; habla mal de los unitarios, examina la evolución de la enseñanza en Francia y aboga por la instrucción práctica, adaptada a las necesidades industriales y mercantiles de la población. El segundo es un breve informe [11.] aconsejando la aprobación de un texto de lectura. En una nota bibliográfica de The Training System , por David Store, deja transparentar Echeverría su interés por los métodos pedagógicos más modernos [12.] .

2. Pensamiento de fundar una "Asociación de Mayo"
En 1846 la influencia de los unitarios en la política de Montevideo disminuyó sensiblemente; la administración de Suárez imprimió carácter uruguayo al gobierno de la ciudad sitiada. No eran un misterio los desacuerdos entre orientales y unitarios. Echeverría, amparado por la fiel protección de Lamas, creyó llegada su hora de levantar cabeza. Era tiempo; tenía ya más de cuarenta años.

Concibió, entonces, el plan de organizar un partido político, reconstruyendo la Joven Argentina de 1837 con miras menos vagas, mejor orientación socialista y espíritu más argentino, bajo la denominación de Asociación de Mayo .

Para lanzar su nuevo proyecto, resolvió historiar la iniciativa anterior; aprovechó la oportunidad para maldecir de los unitarios y para dar alguna importancia a su propia biografía política.

En carta del 24 de Diciembre de 1844 a Juan M. Gutiérrez, próximo a salir de Río de Janeiro para Chile, después de alabar ingenuamente su propio genio político y poético, le anuncia el futuro trabajo: "Voy a ocuparme pronto de una mirada retrospectiva sobre el movimiento intelectual en el Plata desde el año 1830 adelante, procurando inventariar lo hecho, para saber dónde estamos y quiénes han sido los operarios. No creo haya otros nombres que los de nuestra gente . Veremos que dirá la otra . Se quedará con la boca abierta. Pondré en seguida de este trabajo el Código (revisto, corregido y aumentado) porque es el resumen de nuestra síntesis socialista. Me falta para esto el discurso que leí cuando se formó la "Asociación" en Buenos Aires, etc [13.] . La otra gente , eran los unitarios.

La Ojeada retrospectiva , más que para agraviar a Rosas, fue escrita por Echeverría para herir a los unitarios que no le admiraban [14.] , sin renunciar a seducirlos si fuese posible. Al mismo tiempo, habiendo pasado sus ideas de Lamennais a Leroux, como las del mismo Lamennais, rehizo la Creencia y la llamó Dogma Socialista , nombre hasta entonces desconocido.

¿Dogma de qué? ¿De la Joven Argentina ? No; de otra cosa, más seria esta vez, verdadero partido político en que cabía un hombre que ya no era joven: la "Asociación de Mayo". La declaración de principios de la Joven Italia , y demás asociaciones similares, estableció que no podrían ingresar a ella las personas que tuvieran cuarenta años de edad; Echeverría no ignoraba que tenía uno más de los reglamentarios. ¿Podía seguir hablando en nombre de la juventud?

De la adaptación de la Ojeada Retrospectiva y la antigua Creencia , totalmente reformada, nació el libro titulado Dogma Socialista de la Asociación de Mayo , publicado por primera vez en Montevideo, 1846, por la impresnta de El Nacional . Las dos partes del título revelan que no es la Creencia de 1837, aunque la Ojeada procura establecer un vínculo de continuidad. En 37 no hubo "Dogma Socialista" ni "Asociación de Mayo", sino "Creencia Social" y "Joven Argentina..."

Su concepto era claro: el mismo enunciado por Alberdi en la última palabra simbólica de la Creencia . "La lógica de nuestra historia, pues, está pidiendo la existencia de un partido nuevo , cuya misión es adoptar lo que haya de legítimo en uno y otro partido, y consagrarse a encontrar la solución pacífica de todos nuestros problemas sociales con la clave de una síntesis alta, más nacional y más completa que la suya, que satisfaciendo las necesidades legítimas las abrece y las funda en su unidad .

"Ese partido nuevo no pueden representarlo sino las generaciones nuevas, y en concepto nuestro, nada útil harán por la patria, malgastarán su actividad sin fruto, si no entran con decisión y perseverancia en la única vía que les señala el rastro mismo de los sucesos de nuestra historia" (pág. 75). Su intención de fundar ese partido, en 1846, está netamente declarada: "hacemos esta publicación... porque hallamos por conveniente reconstruir sobre nueva planta la Asociación, y anudar el hilo de sus trabajos comunes interrumpidos, llamando a todos los patriotas argentinos a fraternizar en un Dogma común". (pág. 93)

Con fecha octubre 1° de 1846 escribe a sus amigos de Chile: "Hemos reconstruido la Asociación con el nombre que ustedes habrán visto", (pág. 457). Esa es la única noticia que tenemos al respecto. ¿Era una información exacta, una anticipación de lo que no ocurrió o un estímulo para provocar lo que deseaba? "Alisten gente por allá: entra en nuestro plan abrir el seno de la Asociación a todo patriota argentino, sea cual fuere su clase y condición: el que no sirve con su cabeza sirve con su brazo. Es necesario formar un partido nuevo , un partido único y nacional, que lleva por bandera la bandera democrática de Mayo, que nosotros hemos levantado: es necesario trabajar en esto con decisión y perseverancia: es la única senda de salvación".

"Hemos resuelto por aquí que para ser miembro de la Asociación basta manifestar de palabra, o por escrito, el deseo de pertenecer a ella, y comprometerse en conciencia a profesar, propagar y defender sus doctrinas: inviten, si es posible, a todos los argentinos que haya por allá." (Pág. 457)

Entre sus amigos de la Joven Argentina , refugiados en los países del Pacífico, no tuvo acogida favorable este proyecto de fundar la Asociación de Mayo . En Montevideo, el Dogma pasó desapercibido, sin más resultado que agriar el irritable ánimo de su autor: "La prensa de Montevideo, representada hoy día exclusivamente por V. [Varela], ha enmudecido: no ha querido, o más bien, ha tenido miedo de recoger el guante. Sin embargo, han desahogado, como antaño, su impotente despecho en los corrillos de bufete. Bien lo prevía yo y se lo dije, como ustedes habrán visto al fin de mi Ojeada retrospectiva . Es preciso concluir de una vez con esta gente, y yo me encargo de hacerles por acá el proceso definitivo. Uno de nuestros grandes errores políticos, y también de todos los patriotas, ha sido aceptar la responsabilidad de los actos del partido unitario y hacer solidaria su causa con la nuestra" (pág. 456). Su candorosa vanidad se desnuda en la misma carta: "Mi obra, mientras tanto, ha sido recibida con el aplauso universal por argentinos y orientales. He dicho el secreto de todos, y todos han aplaudido. Pronto circulará pro Entre Ríos, Corrientes y Buenos Aires, y espero que allí encontrará profundas simpatías. He escrito a Urquiza y a Madariaga, enviándosela: ustedes presumirán con qué fin...", (pág. 457).

El Dogma Socialista de Echeverría [15.] no consiguió mover voluntades; no se fundó la Asociación de Mayo .

3. La Ojeada Retrospectiva
En este escrito apologético, encaminado a exaltar la importancia de una sociedad secreta que no había tenido ninguna, Echeverría tuvo el acierto de reunir interesantes informaciones sobre las ideas y los ideales de la juventud de su tiempo, llevando a Rosas y al partido federal una carga que nadie habría sospechado en 1837, cuando en el famoso brindis inaugural esperaba realizar el programa de Mayo "bajo los auspicios de la Federación". No es posible desconocer que Echeverría se atribuye a sí mismo, y asigna a la Joven , una trascendencia enteramente fantástica; se comprende que los unitarios no le tomaron en serio, políticamente, sin perjuicio de que algunos leyeran sus versos con mucho gusto.

Con innegable destreza borda la leyenda de la Asociación. Dando a ésta el nombre de Mayo y a su Creencia el de Dogma , sugiere que giran en torno de ellas todos los que han luchado por los principios de la Revolución, por el Dogma de Mayo . Este ingenioso trocatinta se inicia en la Dedicatoria, en que las mismas víctimas de la guerra civil contra Rosas son utilizadas a favor de su leyenda: "¡Mártires sublimes de la Patria! vosotros resumís la gloria de una década de combates por el triunfo del Dogma de Mayo..."

La Ojeada contiene una historia novelesca de la Joven abortada en 1837. Nueve años más tarde, con su manera vaga de contar las cosas, resulta Echeverría un genio político, un vidente profético. Y, sobre todo, como los unitarios se han reído siempre de él por la Creencia , copiada de las similares europeas, se empeña ahora en mostrar el carácter práctico y nacionalista de aquella iniciativa que había hecho gala, expresamente, de ser doctrinaria y humanitarista.

Las más de las intenciones que Echeverría se atribuye en los comentarios, no son exactas.

Como en 1839 se había repetido que era una glosa de la Joven Italia , Echeverría prefirió citar repetidamente esa fuente de las "palabras simbólicas" omitida en la Creencia . Y los unitarios, que le enfermaban con el asuntito de las quimeras socialistas europeas, no de darles cuantos espolazos puede, por europeístas.

Solidarizándose con la primitiva Creencia , rompe una lanza a favor de El Progreso , palabra simbólica que procura reexplicar de acuerdo con las últimas informaciones sansimonianas: el "progreso normal" o "verdadero progreso" consiste en seguir el camino de la Revolución contra el antiguo régimen. Con este motivo diserta sobre lo que otrora había entendido como "Democracia"; fuerza es reconocer que, en este punto, cuanto más se lee menos se entiende.

Son interesantes las referencias al problema religioso, bastante más explícitas que en 1837, aunque siempre medidas en vista de una opinión popular católica, a la que engaña hablándole del espíritu cristiano que ya conocemos. Para evitar el reproche de ateísmo, afirma la necesidad de la religión y su grande influencia moral en la sociedad; en seguida menudea sus pullas contra la Iglesia católica, que mira como una "degeneración" del cristianismo.

Curiosa es su chicana para justificar la hostilidad al sufragio universal, defendido por su enemigo Rivera Indarte. Como no puede hablar claro, entra en especiosidades oligárquico-democráticas; el texto resulta una viva contradicción entre la igualdad de clases y la calificación del sufragio.

Era el año 46. Encontraban ya eco en su mente las agitaciones democráticas que precedieron a la revolución del 48 en Francia y en las que tuvo tanta parte Considerant, que con otros sansimonianos acababa de adherir a Fourier, dedicándose con Lechevalier y Transon a la propaganda y organización de falansterios. Echeverría alcanzó a sentir el influjo de las últimas fórmulas y expresó su regocijo al hallarse en comunidad de aspiraciones con Víctor Considerant, que tronaba en la "Democracia pacífica" [16.] . En esa época incorporó a su capital ideológico las declaraciones más sonoras sobre el sufragio , panacea que se reputaba capaz de renovar la sociedad bajo cualquiera forma de gobierno. Ya no se haría cuestión de república o monarquía, de unidad o federación, de jacobinismo o jesuitismo: la democracia surgiría espontáneamente ampliando el sufragio, practicándolo de buena fe. Todos los partidos, todos los intereses, todas las filosofías serían representadas en un gobierno que iría directamente a la igualdad de las clases ante la ley.

Todo esto, que es sencillo, lo tradujo Echeverría en una ilógica restricción y calificación del sufragio, sin que el pensamiento absurdo quedase bien disfrazado entre un cúmulo de palabras que pujan por no decir lo contrario de lo que significan [17.] .

Basta reflexionar un minuto sobre esas vaguedades y contradicciones, para comprender que a Echeverría le faltaba lo que Alberdi tenía de sobra: sentido político. A nadie sorprenderá que De Angelis se haya divertido a expensas del poeta que tantas incongruencias hilvanaba en la comentarios a la Creencia ; ni parece extraño que José M. Estrada anduviera descaminado en los discursos con que pretendió explicarlo, ya que, en verdad, no era posible explicar un pensamiento político de suyo oscuro y ergotista.

En el título VI, después de insinuar un poco de novela policial sobre presuntas persecuciones de Rosas, se lamenta de que éste no hubiese adivinado que él y su Creencia eran la salvación del país, bajo los auspicios de la Federación [18.] .

En el fondo, reprocha a Rosas que no se haya valido de él para aniquilar a los unitarios; se consuela intentando aniquilarlos con la pluma. Buena parte de su Ojeada está contraída a reseñar con generosidad la producción literaria de los jóvenes, con el propósito, a cada instante traicionado por sus palabras, de rebajar el mérito de los enemigos... que no eran los rosistas sino los unitarios, los mismos que le habían llamado copista de sueños europeos incompatibles con las realidades argentinas. Esas heridas a su vanidad no cerraron nunca. Para defenderse de los pasados ataques abundó en simpáticas declaraciones nacionalistas [19.] .

Glosando la Palabra Simbólica redactada por Alberdi, sostiene que los partidos unitario y federal representaron intereses reales y legítimos; por eso, "la lógica de nuestra historia está pidiendo la existencia de un partido nuevo , cuya misión es adoptar lo que haya de legítimo en uno y otro partido, y consagrarse a encontrar la solución pacífica de todos nuestros problemas sociales con la clave de una síntesis alta, más nacional y más completa que la suya, que satisfaciendo todas las necesidades legítimas, las abrace y las funda en su unidad .

"Ese partido nuevo no pueden representarlo sino las generaciones nuevas, y en concepto nuestro, nada útil harán por la patria, malgastarán su actividad sin fruto, si no entran con decisión y perseverancia en la única gloriosa vía que les señala el rastro mismo de los sucesos de nuestra historia.

"Siempre nos ha parecido que nuestros problemas sociales son de suyo tan sencillos, que es excusado ocurrir a la filosofía europea para resolverlos; y que bastaría deducir del conocimiento de las condiciones de ser de nuestro país, unas cuantas bases o reglas de criterio para poder marchar desembarazados por la senda del verdadero progreso".

Este discurso contra los unitarios europeístas se repite; Echeverría se justifica así de haberlo sido más que ellos. Acusado de quimerista, resuelve proclamarse lo único que no era ni podía ser: político práctico ; y eso, en él, sólo quería significar una acusación a los unitarios, que habían sido teóricos. "Dejémonos, pues, de sofismas, de mentiras, de autoridades que no pueden ser irrecusables por lo mismo que suministran armas a opuestos contendores, y sirven para apoyar a un tiempo la justicia y la injusticia; apelemos a la razón iluminada con el estudio, con el conocimiento de nuestra cosas, de nuestros intereses, de nuestra necesidades, de nuestra vida social, y marchemos con la seguridad de hallar el camino franco, y desembarazado de escollos; hagamos lo que hacen los políticos prácticos de todo el mundo".

En nombre de la Patria hace una llamado final a todos los patriotas argentinos, invitándolos a escuchar su palabra y a congregarse bajo los principios, proclamados en el Dogma Socialista , que debe ser leído como la Biblia de Mayo.

Olvidándose de la novela, Echeverría vuelve por momentos a la realidad en el capítulo final (X). "Si nos hemos internado en tantos pormenores, ha sido porque importa se tenga noticia del origen y la marcha de un movimiento socialista único en nuestro país, iniciado en una época de oscurantismo absoluto, y que ha pasado casi inapercibido, merced a la circunstancias; movimiento que no ha dado de sí hasta ahora resultado alguno práctico, porque le ha faltado el terreno de aplicación: la Patria; pero que en la esfera de las ideas, ha hecho y continúa haciendo sus evoluciones progresivas, ha tenido sus apóstoles y sus mártires, sembrando buenas semillas, resuelto cuestiones importantes de actualidad, producido obras de mérito y cooperado activamente en la lucha contra Rosas; movimiento que, no dudamos, hallará en el porvenir secundadores, porque representa todas las aspiraciones legítimas de una época".

Y aquí, otra vez, infatigable, vuelca su acíbar sobre los unitarios [20.] . Protesta contra los partidos caciquistas, pues los hombres nada representan si no tienen ideas sociales bien definidas. ¿Se refiere a los sicarios de Rosas?: "Estamos por saber todavía cuáles son las doctrinas sociales de muchos antagonistas de Rosas que han figurado en primera línea, y bueno sería que para legitimar sus pretensiones a la iniciativa política , nos dijesen a dónde quieren llevarnos , o cuál es el pensamiento socialista que intentan sustituir a la tiranía en su Patria, dado caso que desapareciese". Cree Echeverría que el mejor modo de servir a la democracia socialista es poner en berlina a los unitarios, diciéndoles cuantas más verdades desagradables fueren posibles. Así esperaba llenar sus tres propósitos: vengarse del menosprecio unitario, erigirse en apóstol heroico y fundar un partido bajo su jefatura personal. "Hacemos esta publicación... porque si es nuestro destino morir en el destierro, sepan nuestros hijos, al menos, que sin ser unitarios ni federales, sin haber tenido vida política en nuestro país, hemos sufrido una proscripción política y hecho en ella cuanto nos ha sido dable por merecer de la Patria.

"La hacemos, en suma, porque hallamos por conveniente reconstruir sobre nueva planta la Asociación, y anudar el hilo de sus trabajos comunes interrumpidos, llamando a todos los patriotas argentinos a fraternizar en un Dogma común [21.] ."

4. El Dogma Socialista
El detenido análisis de la Creencia de 1837 nos exime de analizar el Dogma de 1846; bástenos señalar sus diferencias más importantes. Echeverría no las ocultó; dice en su prefacio de 1846: "Hemos variado su título, suprimido algo superfluo y anotado las citas que recordamos, y no trajo por olvido el manuscrito de la primera edición. Conocemos toda su imperfección; pero pareciéndonos que basta al objeto que nos proponemos al publicarlo, excusamos entrar en la tarea de mejorarlo y desfigurarlo tal vez, de modo que ya no fuese el mismo del año 37: además, hemos escrito lo anterior con la mira de completarlo". Anticipándose a la crítica de los que nada mejor han propuesto, agrega: "Tal es nuestro liberalismo a este respecto, que si mañana cualquiera proclamase una doctrina social mejor que la nuestra, o que revelase inteligencia más completa de la vida y necesidades de nuestro país, no tendríamos embarazo alguna en adoptarla y preconizarla con igual empeño: porque pensamos que tratándose de la Patria, debe sacrificarse hasta el amor propio". Su confianza en la bondad de las propias doctrinas no ha decaído: "Mucho tiempo hace que andamos como todos en busca de una luz de criterio socialista ; y mientras no nos hagan otros esa revelación, debe sernos permitido tomar por guía la que hemos columbrado, y decir nuestro pensamiento en voz alta".

Sin entrar en un cotejo de los detalles, pueden señalarse algunas variantes generales entre el Echeverría de 1837 y el de 1846, atendiendo a las intrínsecas de la Creencia y a las que resultan de su comentario en la Ojeada .


1. La Creencia no era antirrosista; el Dogma lo es.

2. La Creencia era fríamente antiunitaria; el Dogma lo es apasionadamente.

3. La Creencia era cristiana-liberal; el Dogma es cristiano-anticlerical.

4. La Creencia era más humanitaria; el Dogma es más nacionalista.

5. La Creencia era una glosa de escritos doctrinarios europeos; el Dogma resulta argentinizado por los comentarios de la Ojeada.

6. La Creencia es democrático-social, con fuerte influencia mística de Lamennais; en el Dogma es más neto el influjo socialista de Leroux.

7. La Creencia quería ser el código de una rama de las Jóvenes europeas; el Dogma aspira a servir de programa para un partido político argentino.

5. Las Cartas a De Angelis
La incidencia más sonada de la publicación del Dogma -que de otro modo pasara desapercibida- fue el ameno artículo que inspiró a D. Pedro de Angelis, el periodista oficial de Rosas [22.] . Fuera de su parte risueña, no era una novedad en la prensa del Restaurador; acusaba a los jóvenes de compartir "los delirios de Saint-Simon, Fourier y Considerant" y expresaba que si al poeta romántico le "fuera posible salir del paroxismo revolucionario, comprendería todo lo que había de ridículo en querer convertir a los argentinos en una sociedad de sansimonianos". Desfilaban, luego, los falansterios, Enfantin y otras ridiculeces colaterales al movimiento sansimoniano, anteriores muchas de ellas a la nueva propaganda de Leroux en que se inspiraba el Dogma .

De Angelis no lo ignoraba: de ello sabía, sin duda alguna, mucho más que, todos juntos, los amigos de Echeverría: pero le convenía fomentar la confusión entre el nuevo y el viejo sansimonismo. La táctica no era nueva; ¿acaso, en el Dogma, no se loaba el cristianismo para execrar al catolicismo?

Con verdadera agudeza de ingenio y luciendo un estilo muy superior al que le era habitual, Echeverría volcó sobre el hiriente crítico una dosis más que regular de injurias, rechazando la imputación de falansteriano, aunque no la de sansimoniano, escuelas que procura mostrar como diferentes e incompatibles. Los términos de las Cartas de De Angelis [23.] en lo que se refiere a este punto, son harto ambiguos. Por una parte le pregunta: "Dónde, en qué página de mi libro ha podido hallar Ud. rastro de las doctrinas de Fourier, Saint Simon, Considerant y Enfantin? ¿Por qué no me las cita?" En efecto, pocas le podía citar; los rastros, y más que rastros, eran del único sansimoniano que Echeverría no nombra en la pregunta, aunque lo menciona repetidamente en el texto, de Leroux. "Y de qué deduce Ud. que soy falansteriano y sansimoniano a un tiempo", dando a entender que si es lo segundo no puede ser lo primero. Cubriéndole de epítetos virulentos le reprocha que haga rodar entre el pueblo las palabras sansimoniano y falansteriano, "que aprendió de memoria y cuyo sentido no comprende, como lo hizo con la palabra Romántico", sugiriendo que es injusto confundir el sansimonismo con el falansterianismo. Esto, y no otra cosa, es lo que venía haciendo desde tiempo atrás De Angelis, cada vez que se refería a los "jóvenes alberdistas". Tanto llegó a incomodar con esa triquiñuela, con la picardía de presentarlos como si fueran "comunistas", que esto acabó por hartarlos, sobre todo a Alberdi; y más después del fracaso de la revolución del 48 en Francia, cuyos excesos le parecieron comprometedores, a él, que en 1852 se preparaba para su nueva situación de estadista y hombre de gobierno.

En la segunda carta confirma Echeverría su sansimonismo, repetidamente, dando a De Angelis en el conjunto la razón que le regatea en los detalles. Es así cómo, repudiando el federalismo de Rosas, le dice: "en nuestra época una Federación es algo más que una agregación o yuxtaposición de partes, algo más que una alianza ofensiva y defensiva; es una verdadera 'Asociación de Iguales' [24.] , lo que equivale a decir: comunidad de intereses, de instituciones y principios políticos, comunidad de tendencias y de miras, comunidad de trabajo entre los miembros tendiente al bienestar común, comunidad en suma de vida social. Y esta feceración, Rosas ni remotamente la concibe, ni es capaz de realizarla" (pág. 276). Explicando su apartamiento de los unitarios, copia la fórmula clásica de Saint Simon: "la edad de oro de nuestro país no está en el pasado sino en el porvenir" (pág. 297). Hace de Rivadavia un elogio inconcebible en 1837 (pág. 305) y -por contrariar a De Angelis- se atreve a descubrir que los unitarios habían sido un verdadero partido político y tenido una doctrina social. Da luego que esta explicación sobradamente explícita para los que conocen la historia de la filosofía moderna: "procuramos formular un Dogma socialista, que, radicándose en nuestra historia y en la ciencia, nos iluminase en la nueva carrera que emprendíamos. Para esto, buscamos en la vida de nuestro país la manifestación de la ley del progreso humanitario (el subrayado es del autor), columbrada por Leibnitz y formulado por Vico en el siglo XVII, demostrada históricamente por Herder, Turgot y Condorcet en el XVIII, y desentrañada y descubierta no ha mucho por Leroux, en el desarrollo y manifestación de la vida continua de todos los seres de la creación visible y de las sociedades humanas; de esa ley por la cual todas las sociedades están destinadas a desarrollarse y perfeccionarse en el tiempo, según ciertas y determinadas condiciones" (pág. 307). Esa ley era la formulada por Saint Simon; Condorcet era el precursor de la escuela y Leroux su último renovador.

¿Para qué hacer distingos inútiles? ¿Desde cuándo es extraño que los jóvenes de más ingenio profesen ideas revolucionarios? La nota final del Dogma termina anunciando que Echeverría deseaba realizar en el Plata lo mismo que Leroux había ensayado en Francia: "Una Enciclopedia popular , elaborada en mira del desenvolvimiento gradual y armónico de la Democracia en al Plata, llenaría perfectamente las condiciones que nosotros concebimos para la prensa progresista del porvenir en nuestro país". Todo lo que le faltaba de vergüenza, a De Angelis, le sobraba de razón [25.] .

6. Perfeccionamiento de la concepción socialista
En los últimos cuatro años de vida no fue muy activa la producción de Echeverría; fracasado su proyecto de fundar el nuevo partido político -la Asociación de Mayo - disitió de propagar sus doctrinas sociales, hasta que un suceso de bulto le ofreció oportunidad para justificarlas. La orientación socialista de Leroux fue acentuándose más y más en sus ideas, como se advierte en su último escrito de filosofía política, sobre la revolución del 48 en Francia [26.] , fechado en el mismo año del suceso. Tiene el carácter de una verdadera profesión de fe y constituye el comentario natural de sus escritos sociales, por cuanto da la clave de todo lo que hasta entonces disimulara por razones de oportunidad o de adaptación al medio.

Echeverría creyó que la hora del socialismo había llegado. Su entusiasmo por la Revolución de Febrero es sincero y desbordante, como si ese acontecimiento fuera la mejor respuesta a cuantos se habían burlado de su romanticismo social. Mira el suceso como "una de esas revoluciones fásticas que inician una nueva Era en la vida de la humanidad" y lo cree el complemento legítimo de la Revolución de 1789. Supone que su influencia será magna sobre la sociabilidad y los destinos de la América del Sur. "Por lejana que esté la América, por ignorante y atrasada que la supongan, por más vallas que interpongan los gobiernos retrógrados que la despotizan para trabar su comunicación con la Europa, la América no podrá sustraerse a la invasión de las ideas que ha engendrado la República en Francia, ni a la acción de los acontecimientos que nacerán de su seno" (pág. 433). El pueblo, las masas, permanecerán insensibles a todo ello; pero "algunos americanos estudiosos y pensadores que conocen la Europa, comprenderán el origen de este movimiento, lo seguirán en su desarrollo, y más tarde o más temprano las ideas de la Francia republicana saldrán de la cabeza de esos hombres bastante poderosas para conmover el corazón de las masas y convulsionar la sociedad americana". Esa presunción no es accidental en Echeverría, sino la aplicación al caso particular de una interpretación permanente: "Así ha sucedido desde que la América tremoló su bandera de independencia: el paralelismo histórico de los grandes acontecimientos acaecidos en Francia, resulta en las diversas fases de la revolución americana". Tal solidaridad concuerda con su adhesión creciente al internacionalismo de Leroux, cuyo concepto de la unidad de la civilización humana repite con análogas palabras: "Así se ha civilizado la humanidad; en esa comunión y encarnación continua y sucesiva de las concepciones del espíritu humano, consiste la vida una y perpetua del género humano, y de ella nace su progreso y su perfectibilidad indefinida" (pág. 434). Las ideas de la nueva Francia serán estudiadas en América y adaptadas a su ambiente social; habrá que evitar, sin embargo, las imitaciones intempestivas, que han sido tan funestas: "Pediremos luces a la inteligencia europea, pero con ciertas condiciones". Todo esto era por molestar a los unitarios, sin ver la viga en el ojo propio.

El capítulo segundo examina el "sentido filosófico" de la revolución del 48; carece de originalidad, limitándose a glosar dos escritos de Leroux, que cita. Tras una breve sinopsis filosófica de los siglos XVII y XVIII, recuerda que Francia, por boca de Turgot y Condorcet, había proclamado la "doctrina de la perfectibilidad", a cuya elaboración habían contribuido los pensadores independientes de todos los países "hasta que al fin Saint Simon en nuestro tiempo, recogiendo el legado de la serie no interrumpida de iniciadores franceses, lo trasmitía enriqueciendo con su labor a las generaciones nuevas, exclamando con acento profético: La edad de oro que una ciega tradición colocó hasta ahora en el pasado, está delante de nosotros" [27.] .

"Después de estos trabajos, Leroux director y colaborador principal de la Enciclopedia del siglo XIX, a quien puede considerarse como el órgano más fiel y más culminante de la filosofía actual en Francia, en su libro sobre la "Humanidad" se contrajo a la demostración histórica metafísica de la ley del progreso o del desarrollo continuo y sucesivo de la vida humanitaria.

"En esta obra, que hemos tomado por guía en lo principal, Leroux presenta como resultados sustanciales del trabajo de la filosofía en los dos últimos siglos con relación al hombre individual y al hombre colectivo o en su vida de comunión con el género humano, etc.

"Si el hombre es perfectible y la sociedad perfectible, hay igualmente un modo natural y normal de promover y realizar esa perfección individual y social; hay una ley de solidaridad y participación mutua que debe presidir al trabajo común social, y determinar su objeto.

"Por último, si la sociedad es perfectible, hay entre todas las sociedades humanas obligación recíproca de concurrir cada una por su parte al progreso y perfectibilidad común; hay por consiguiente entre ellas solidaridad de destino y comunión necesaria con el fin de realizarlo."

A continuación expone Echeverría las principales teorías de la escuela, deteniéndose en la doctrina de la perfectibilidad social o del progreso, y en la doctrina de la lucha de clases determinada por la condición económica en que vive el proletariado. La adhesión del poeta a las doctrinas que hicieron la revolución del 48 es entusiasta e incondicional. Nunca ha escrito palabras más optimistas: "Es para realizar en el tiempo esa magnífica y consoladora esperanza de la humanidad que la Francia se ha puesto de pie, en febrero, y ha proclamado ante el mundo la república.

"Y la humanidad se ha estremecido de júbilo al oír la voz de la Francia, como si Dios le anunciase por su boca una nueva era palingenésica parecida a la que reveló el cristianismo ahora 18 siglos.

"En esta parte -agrega- hemos hablado el lenguaje de la filosofía porque así lo requiere la materia. Cada ciencia tiene su idioma propio, y las letras del país ganan aclimatando el de la filosofía".

Así terminaba Echeverría su carrera de escritor socialista, comentado el episodio histórico en que comenzaba la suya Carlos Marx, que examinó el mismo acontecimiento con otras ideas y para sacar de él originales conclusiones que han preocupado a los sociólogos durante medio siglo.

La adhesión de Echeverría a la política social del continuador de Saint Simon, fue eliminando de su mente toda condescendencia para con el eclecticismo de Cousin y sus amigos, que en su último ensayo censura sin reservas; baste recordar que Leroux era, por entonces, su más encarnizado adversario, y dio a luz, en 1840, su famosa Refutación del eclecticismo . Sería, en suma, inexacto juzgar la orientación filosófica de Echeverría por algunos comentos literarios anteriores a la fecha del Código , siendo que desde esa época hasta su muerte profesó un sistema de filosofía social que era su antagonista más caracterizado.

Los sucesos europeos no confirmaron los entusiasmos del poeta. En esa misma hora, en plena revolución, Leroux daba a luz los tres libros que completaban su sistema: De la Humanidad, solución pacífica del proletariado; Proyecto de una Constitución democrática y social y De la Igualdad ; sus discursos famosos en la Asamblea Constituyente no tuvieron trascendencia política. La ilusión del 48 se había disipado cuando falleció Echeverría en Montevideo (20 de enero de 1851), sin esperanza firme de volver a Buenos Aires. El ídolo, Leroux, entró a la vida privada después del golpe de Estado del 2 de diciembre de 1851.

Echeverría no alcanzó a conocer esta última escena del drama que tanto le entusiasmara; Alberdi, que estaba en Chile cuando él falleció, tenía ya, al parecer, una noción exacta de que aquello había fracasado. Es así que en mayo, en un artículo necrológico publicado en Valparaíso, volvió a insistir en que el socialismo de Echeverría y de la Joven Argentina no tenía nada que ver con el de la Revolución de febrero: "hay un abismo de diferencia entre ambos, y sólo tienen de común el nombre que no han inventado los socialistas o demagogos franceses, pues la sociedad y el socialismo, tales cuales existen de largo tiempo, expresan hechos inevitablemente reconocidos y sancionados universalmente como buenos. Todos los hombres de bien han sido y son socialistas al modo que lo era Echeverría y la juventud de su tiempo. Su sistema no era el de la exageración; jamás ambicionó mudar desde la base la sociedad existente. Su sociedad es la misma que hoy conocemos, despojada de los abusos y defectos que ningún hombre de bien autoriza" [28.] .

Todo esto era inexacto; a Alberdi, mejor que a otro cualquiera, constábale que su filosofía social y la de Echeverría habían sido reflejo del socialismo sansimoniano de Leroux. Pero Alberdi, en esa fecha, escribía en la prensa conservadora de Chile, contra los partidos de la izquierda... Y, sobre todo, se acercaba la hora en que, no siendo ya joven, comenzaba a cultivar "ideas de gobierno"...

Echeverría hizo literatura con la política romántica, Alberdi hizo política con la literatura romántica. Dos aspectos de la juventud. Dos temperamentos.



Notas del autor
1. Sarmiento, Obras , V. pág. 60 y sig. (Carta a V. F. López).

2. Ver: Ángel M. Giménez, Los precursores del socialismo en la Argentina (folleto), 1917. Sobre Tandonnet ver: Sarmiento Obras , Vol. V (Carta a Tejedor).

3. Sobre materias de instrucción pública editó Gutiérrez cinco trabajos de Echeverría: Mayo y la enseñanza popular en el Plata y Manual de enseñanza moral (volumen IV); Informe al Instituto de Instrucción Pública, Objeto y Fines de la instrucción pública y Análisis de la obra de David Stove (volumen V).

4. Echeverría, Obras , V.

5. "La enseñanza libre, buena quizá en Europa o en países donde las creencias y tradiciones seculares, arraigándose en la sociedad, mantienen su equilibrio moral; la enseñanza libre, fomentada muchas veces por la incuria de nuestros gobiernos, no puede sino echar incesantemente entre nosotros nuevos gérmenes de discordia y confusión; y a ella debemos atribuir en gran parte la anarquía moral y física que nos ha devorado, y esterilizado treinta y cuatro años de revolución"

6. Echeverría, Obras , IV, 327.

7. Están eliminados de la clasificación los tradicionales "deberes para con Dios".

8. Echeverría, Obras , IV, 351.

9. "Debéis amar al prójimo de cualquier país o religión que fuere; porque el judío es vuestro hermano, el mahometano, el protestante, que califican de hereje algunos sacerdotes fanáticos que no comprenden la doctrina de Cristo, todos son igualmente vuestros hermanos." El hombre, dondequiera que le lleve la suerte, debe ser apóstol de la fraternidad democrática; "dondequiera que haya tiranía y opresión, debéis poneros siempre de parte de los oprimidos, y derramar, si es necesario, vuestra sangre por la libertad, la igualdad y la fraternidad, causa santa y común del género humano".

10. Echeverría, Obras , V, 384.

11. Idem, 386.

12. Idem, 403.

13. Idem, 394.

14. Así se comprende el interés con que suelen comentarle todos los escritores católicos (como Estrada) y rosistas (como Saldías), pues atacar al liberalismo unitario es la manera más hábil de justificar la restauración rosista.

15. Consta de una dedicatoria, una extensa noticia retrospectiva, una nota de polémica literaria y un texto reformado de la Creencia de 1837.

16. Echeverría, Obras , IV, 37, nota.

17. "Se había ensanchado entre nosotros el sufragio hasta el extremo. Primero, sin conocer su poder, se mantuvo inerte, o se puso ciegamente en manos de los partidos; después, se salió de madre y todo lo trastornó. Era preciso, pues, refrenarlo, ponerle coto por una parte; hacerlo por otra efectivo, reanimarlo, para dar vida popular a la institución popular; para que el pueblo fuese por fin pueblo, como lo quiso Mayo. Llegamos, por lo mismo, lógicamente, en el dogma a esta fórmula: Todo para el pueblo, y por la razón del pueblo. Concebíamos entonces una forma de institución del sufragio, que sin excluir a ninguno, utilizase a todos con arreglo a su capacidad para sufragar. El partido municipal podía ser centro de acción primitiva del sufragio, y pasando por dos o tres grados diferentes, llegar hasta la Representación; o concediendo a la propiedad solamente el derecho de sufragio para representantes, el proletario llevaría temporariamente su voto a la urna municipal del partido ..."

"Caminábamos a la democracia, es decir, a la igualdad de clases". "La igualdad de clases, dijimos, envuelve la libertad individual, la libertad civil y la libertad política: cuando todos los miembros de la Asociación estén en posesión plena y absoluta de estas libertades y ejerzan de mancomún la soberanía, la democracia se habrá definitivamente constituido sobre la base incontrastable de la igualdad de clases." "Caminábamos, pues, al sufragio universal."

18. "Si Rosas no fuera tan ignorante y tuviese un ápice de patriotismo en el alma, si hubiere comprendido su posición, habría en aquella época dado un puntapié a toda esa hedionda canalla de infames especuladores y de imbéciles beatos que lo rodea; habría llamado y patrocinado a la juventud, y puéstose a trabajar con ella en la obra de la organización nacional, o al menos en la de la Provincia de Buenos Aires, que el concepto nuestro era sencillísima..."

"Así Rosas hubiera puesto a su país en la senda del verdadero progreso: habría sido venerado en él y fuera de él como el primer estadista de la América del Sud; y habría igualmente paralizado, sin sangre ni desastres, toda tentativa de restauración unitaria. No lo hizo; fue un imbécil y un malvado."

19. "¿Qué nos importan las soluciones de la filosofía y de la política europea que no tienden al fin que nosotros buscamos? ¿Acaso vivimos en aquel mundo? ¿Sería un buen ministro Guizot sentado en el fuerte de Buenos Aires, ni podría Leroux con toda su facultad metafísica explicar nuestros fenómenos sociales? ¿No es gastar la vida y el vigor de las facultades estérilmente, empeñarse en seguir el vuelo de esas especulaciones audaces? ¿No sería absurdo que cada uno de los utopistas europeos tuviese un representante entre nosotros? ¿Podríamos entendernos entonces mejor que lo hemos hecho hasta aquí? ¿Se entendían acaso, en el Congreso, los unitarios a nombre de los publicistas de la Restauración Francesa, y Dorrego y su séquito a nombre de los Estados Unidos, mientras el pueblo embobado oía automáticamente sus brillantes y sofísticas discusiones, y el tigre de la Pampa cebaba con carne sus plebeyos cachorros? ¿Queda algo útil para el país, para la enseñanza del pueblo, de todas esas teorías que no tienen raíz alguna en su vida? Si mañana cayese Rosas y nos llamase el poder, ¿podríamos desenvolvernos con ellas y ver claro en el caos de nuestras cosas? ¿Qué programa de porvenir presentaríamos, que satisficiese las necesidades del país, sin un conocimiento completo de su modo de ser como pueblo?

"En cuanto a ciencias especulativas y exactas, es indudable que debemos atenernos al trabajo europeo, porque no tenemos tiempo de especular ni medios materiales de experiencia y observación de la naturaleza; pero en política, no; nuestro mundo de observación y aplicación está aquí, lo palpamos, lo sentimos palpitar, podemos observarle, estudiar su organismo y sus condiciones de vida; y la Europa poco puede ayudarnos en eso."

20. "Nos ha parecido, además, que ya es tiempo de que cese la influencia y predominio en el país de las individualidades y de las facciones descreídas y puramente egoístas; de que el Pueblo comprenda que es preciso exigir a los charlatanes y a los aspirantes al poder la exhibición de títulos, no doctórales (ellos no valen en política), sino de capacidad real para el poder; títulos escritos que prueben su idoneidad para dirigir, gobernar y administrar, o cuáles son los principios de su doctrina social, porque sólo las doctrinas, las buenas doctrinas, no los hombres, pueden dar al país garantías de orden y de paz, y derramar en sus entrañas la savia fecunda del verdadero progreso.

"Los hombres que no representan un sistema socialista, aunque tengan ideas parásitas o fragmentarias y habilidad para el expediente de los negocios comunes, viven, como los calaveras, con el día: no piensan sino en salir de los apuros del momento; gastan su actividad en menudos detalles; jamás echan una mirada al porvenir, porque no comprenden el presente ni el pasado; y hacen, en suma, lo que han hecho la mayor parte de los que han gobernado y tenido iniciativa entre nosotros."

21. La Ojeada , impresa con fecha de junio 1846, lleva en apéndice una réplica al Sr. Alcalá Galiano sobre la pretendida importancia de la literatura hispanoamericana. Es vehemente contra la herencia española y optimista al juzgar el mérito de las incipientes letras del nuevo mundo.

22. Archivo Americano : "Examen del folleto publicado en Montevideo con el título de Dogma Socialista de la Asociación de Mayo, etc. " (Serie primera, n. 32), enero 28 de 1847.

23. Echeverría, Obras , vol. IV.

24. Uno de los cinco centros que constituyeron el Partido Socialista Argentino, en 1895, era de idioma francés y se llamaba Les Egaux.

25. En el vol V. pág. 138 y siguientes, de las Obras de Echeverría, figura un escrito póstumo titulado "Literatura Mazorquera". Puede considerarse como un apéndice a las "Cartas".

26. Echeverría, "Revolución de Febrero en Francia", vol. IV, pág. 431. (Publicado como apéndice, en la reimpresión del Dogma , 1915.

27. "El porvenir se muestra a los ojos de los pueblos no como un escollo sino como un puerto. Marchemos como un solo hombre, según la bella expresión de un poeta antiguo, inscribiendo sobre nuestra pacífica bandera: El paraíso terrestre está delante de nosotros ."

"Después de la muerte de este apóstol de la perfectibilidad, acaecida en el año 25, la escuela sansimoniana emprendió inmensos trabajos para encontrar la verificación histórica y científica de la doctrina del maestro, y empezó su propaganda metódica por la prensa. La revolución de julio, debida en parte a ella fue de hecho la manifestación más solemne de que la Francia no había olvidado su misión de iniciativa del progreso en el mundo, y de que adoptaba las opiniones dogmáticas de la escuela sansimoniana, con su legítima herencia.

"Libre la prensa entonces, abierto un campo ilustrado a la actividad y a las aspiraciones ideales del espíritu humano, la escuela sansimoniana que profetizaba la edad de oro en el porvenir , y en posesión de una solución sintética de todos los problemas sociales, aspiraba a una reorganización de la sociedad francesa, empuñó el cetro de la filosofía, dejando muy atrás y pronto olvidada a la escuela ecléctica, que desconociendo la tradición progresiva de la filosofía francesa, había por impotencia y egoísmo transigido con la Restauración, legitimando la Carta otorgada en virtud del derecho divino, amalgamado y explicado lo pasado y lo presente por no sé qué ley del fatalismo histórico, y, reconocido como bueno y legítimo todo lo que estaba en posesión de una existencia forzada y transitoria. La Revista Enciclopédica y la Independiente fueron, por algunos años, su ruidosa tribuna de propaganda dogmática.

"Pero organizada en verdadera asociación y, considerándose como dijimos antes, en posesión de una síntesis social, la escuela sansimoniana, tentó realizar su prospecto ideal de Sociedad, atrayéndose para esto prosélitos por medio de una activa y elocuente predicación pública. Llamada por esto ante la barra de un tribunal, procesada y condenada por ojeriza del poder, hubo de dispersarse ya herida de disentimientos profundos sobre puntos capitales de doctrina, o para revestir una actitud militante, engrosando en algunos clubes republicanos, o para derramar en la sociedad el germen de todas las doctrinas de porvenir que hoy proclama la Francia republicana.

"Pedro Leroux, el gran metafísico de la Escuela, asociado a Rainaud, cabeza realmente enciclopédica, y a otros adeptos de la doctrina distinguidos en las ciencias y en las letras, emprendieron entonces la publicación de la "Enciclopedia del siglo XIX".

En un largo párrafo, traducido casi textualmente de su prospecto, hace la apología de dicha Enciclopedia, sosteniendo que es muy superior a la del siglo XVIII; la de Diderot le parece destructiva, y constructiva la de Leroux.



28. En Echeverría, Obras , vol. XCI.


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