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Leer con el otro, leer al otro. Literatura e interculturalidad Paco Bailo Lampérez. Octubre de 2004


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Leer con el otro, leer al otro.

Literatura e interculturalidad

Paco Bailo Lampérez. Octubre de 2004
El hombre blanco solo vio lo blanco,

se empeñó en lo blanco,

sólo piensa en blanco.
Ignora los mensajes de los astros;

por eso está vacío el hombre blanco.

Ignora el manantial que carga dentro;

por eso el hombre blanco no es eterno.


Ignora que hay palabras en el viento;

por eso muere atado a sus espejos.

Ignora que el saber es infinito;

por eso no hay más mundo que sí mismo.


El hombre blanco” de Pedro Guerra1
Por enriba de tódalas fronteiras,

Por enriba de muros e valados,

si os nosos sonos son igoales,

coma irmáu che falo


Irmaus” en “Longa noite de pedra”

C.E. Ferreiro 2

1.- Aproximación a tres definiciones
En Francia hay ahora más de cinco millones de musulmanes en una población de 60 millones de habitantes. La lengua subsahariana más hablada es el soninké3, la de la emigración.

En España, según los últimos datos, hay unos 3.250.000 extranjeros, reales. En Aragón se hablaba de 75.000 en el mes de agosto, pueden llegar a ser unos 90.000 comenzando el próximo año.

En nuestro país se habla de una población gitana de unas 700.000 personas. En Zaragoza hay más de 2000 gitanos en edad escolar matriculados en centros docentes, hay algunos más, también en edad escolar, que practican el absentismo. El sentirse insertados en nuestros entornos, enraizados a nuestro lado, el reconocerse en el currículo,... de momento parece un sueño imposible.
Este es el nuevo vecindario, todos bregando en la misma embarcación sobre el mismo y eterno océano del presente y de la historia.
Literatura: Arte que tiene por objeto crear belleza y transmitir sentimientos, ideas, emociones,… por medio de la palabra escrita o hablada. Concepto amplio y difícil de delimitar.

El valor literario es relativo en función del momento histórico, las modas, las opiniones de críticos y lectores.

Lo literario se distingue de lo comunicativo por la intención estética, el contenido y la forma del mensaje, la manera en que el autor o autora selecciona y dispone sus materiales.

Como podemos observar ésta es una definición totalmente occidental y del norte. Podríamos entrar en el concepto de belleza desde las culturas orientales o las orales (Asia, África, aforismos, haikus, cuentos de tradición oral, nunca escritos, pasando boca a oído, los silencios, ¿por qué no?,…)


En 1990 en un encuentro de enseñantes con gitanos se empieza a usar con tímido respeto el término interculturalidad como una nueva manera de situarse ante la realidad diversa del alumnado en los centros escolares.

En 1992, en otro encuentro en Sevilla sobre literatura infantil se debate sobre lo “políticamente correcto” en las ilustraciones. Esta tendencia ha entrado a formar parte del negocio. La conciencia de ser de izquierdas se puede satisfacer con lo políticamente correcto. Hace poco Samuel Alonso, autor de “El grito de la grulla”4, nos decía que lo políticamente correcto está terminando con los relatos de aventuras tan iniciáticos y comunes en todas las culturas. Apostar por lo políticamente correcto solamente no es apostar por lo intercultural.


Interculturalidad: Apuesta, deseo, utopía, que daría la más acertada respuesta a la realidad multicultural que vivimos. Consiste en la construcción cotidiana de una cultura en la que se reconoce todo el mundo, en la que caben y participan todas las personas, basada en un diálogo en pié de igualdad entre los diferentes protagonistas con sus respectivos rasgos culturales. Es un término que propicia confusiones pues en Europa ha venido a ser la traducción del inglés “multiculturalism” que tantos debates está generando (el título del libro de Giovanni Sartori5 por ejemplo,…)

Cultura es la manera en que un grupo humano vive, piensa, siente, se organiza, comparte y celebra la vida.

Hay en esta breve y densa definición una parte visible (celebraciones, organizaciones, fiestas) y otra, la que se nos escapa habitualmente, la que va definiendo nuestra identidad, que es invisible (ideas, sentimientos, vivencias) y ambas se retroalimentan continuamente.


La realidad social es multicultural y la apuesta de futuro sólo puede ir hacia la interculturalidad: fruto de ese diálogo argumentado desde la sinceridad en el que todas y todos los protagonistas están en el mismo plano. La construcción de esta futura cultura se va a hacer de todos modos, nos la pueden hacer los negociantes, poderes fácticos y transnacionales si nos dejamos llevar de la inercia y el individualismo que nos aletarga en estos postmodernos, más bien decadentes, tiempos.

(Un ejemplo recientísimo de los mensajes con los que nos encontramos cotidianamente podría ser el título de la canción ganadora en Eurojunior y tarareada por miles de niños y adolescentes: “Antes muerta que sencilla”)


Construimos la cultura cotidianamente al comprar, al hablar, al opinar, al manifestar, al coger el mando de la tele o elegir un buscador en internet, modificamos hábitos de consumo: elegimos una edición de un libro y no otra, adquirimos productos de comercio justo, respaldamos empresas limpias, que respetan el medio ambiente o dedican su 0,7 a proyectos de esperanza, podemos escoger ropa fabricada con respeto,...
Luego está este sistema que aprende de cada una de nuestras rebeldías y así, por ejemplo, llevar un pañuelo palestino pasa de ser un signo de solidaridad o de denuncia a ponerse de moda pasajeramente. Y están los medios de propaganda, los grandes negocios de la publicidad, la telebasura que hará su labor de todos modos. Pero en la medida que queremos y podemos construimos la cultura cada día.


2.- La adolescencia, sus previos como momentos cruciales.
En esta construcción cotidiana nos encontramos con el antiguo y “moderno” debate sobre el SER (atreverse a “ser” hoy conlleva un precio muy alto, "a la gente no gusta que / uno tenga su propia fe", que cantaba Brassens y su amigo Paco Ibáñez) y el TENER (la ropa de marca, el móvil de última generación son condiciones para pertenecer a la pandilla; poseer, fardar, asegurar las pensiones, la segunda vivienda, el todoterreno,… Son el precio a pagar por no ser excluidos)

Cuando el ser humano inaugura su adolescencia, se interna en el bosque, se plantea con más o menos angustia su identidad. Cada minuto de cada hora de cada día de su vida es una “agonía” en el sentido más etimológico de la palabra, una lucha contra lo establecido, hay que hacerse notar. Lo vivimos en casa, en los institutos, en la calle. Se hace vistoso durante el fin de semana, ya conocido como “la noche de los tres días”.

Se ha de llegar a la adolescencia con un bagaje de experiencias diversas y de conocimientos para poder elegir y construir esa identidad. Ha de encontrarse el aventurero con una completa mochila: con el puzzle de muchas piezas y colores entre las manos, con las piezas del Meccano, con texturas, sonidos, percepciones, gustos, sensaciones, encuentros, visitas,…al llegar a este delicado momento.
Esos materiales, esos elementos para la supervivencia, pueden ser historias de muchos sitios diferentes (como los recreados en las obras de Gonzalo Moure6: el mundo gitano, el Tibet, el Sahara, el camino de Santiago,...). Deben ser saludos, vocablos, historias, acontecimientos, leyendas, melodías, viajes,… encuentros con personas sobre todo.
Hay en el planeta más de 6.400 millones de personas comunicándose en unas 6.800 lenguas7, unas 2600 están codificadas, de 300 hay diccionarios en la inmensa biblioteca que es Internet. Exquisito patrimonio que se pierde: para el año 2050 se prevé que queden unas 600.

La gente adulta, los que jugamos a poner las reglas de juego, de lo establecido, no tenemos excusa. La tecnología nos facilita el encuentro con todos esos materiales (libros, músicas, vídeos), su disfrute con el aprendizaje y la posibilidad de compartirlos y acercarlos a quien nos heredará, de mostrarlos con calidez. El encuentro personal hará lo mismo pero con todo el calor y todo el frío que aporta el ser diferente, ser el otro, añadiendo vértigo a la primaria seguridad que nos proporcionan los estereotipos y prejuicios con los que hemos sido educados y conformados.


El reto está en hacer todo lo posible por resistir ante una cultura hegemónica en la que no estamos participando, cuyas propuestas se basan en el “tener” y toman la forma de telebasura, con el olvido y desprecio de la naturaleza, de la memoria, de la historia—“maestra de vida”--, con la invitación al consumo compulsivo a costa de un desarrollo insostenible, afianzando un pensamiento único, un único des-orden mundial que desde la caída del muro y los últimos conflictos, horrores y errores se pregona de manera tan explícita.
3.- Sugerencias mediadoras para esos momentos cruciales en este tiempo confuso y postmoderno.
Nuestras hijas e hijos, nuestro alumnado, nuestros lectores, los usuarios de nuestras bibliotecas, de nuestros servicios de tiempo libre están sedientos de experiencias diferentes, están hambreando:
Que se les cante (de todo: nanas, melodías clásicas, en francés, en árabe,…), desde la canción hay un breve salto a la poesía…
Que se les cuente (cuentos, dichos, retahílas, frases, chistes, marionetas, juegos de palabras, bromas, …)
Que se cuente con ellas y con ellos: con sus opiniones, porque ya existen y están queriendo ser ciudadanas y ciudadanos de hecho; que se cuente con sus sentimientos, eso que de mayores tanto nos cuesta expresar.
Que se les aplauda, sin excesos, cuando bailan, cantan, dicen poesías, cuando trabajan bien, cuando salen de sí para encontrarse.
Que se les sancione con todo el cariño. Los límites son necesarios siempre en una apuesta por la libertad, es preciso conocer las reglas del juego y que no nos las cambien por el camino. Al gran juego de la vida se ha de entrar con ese mínimo manual que ayuda a vivir juntos. No ha habido nunca tanto joven acudiendo a centros de salud mental sin ánimos casi para reclamar ese manual o acudiendo a centros de desintoxicación o no acudiendo a ningún centro porque se les ha hecho tarde.

Los adolescentes con otras culturas de origen que deben optar entre la tradición familiar y la participación en la cultura receptora están invitados a la esquizofrenia, al duelo, al síndrome de Ulises. Sancionar es una palabra positiva.


Que se vea la tele, no mucho rato (la media en este momento es de entre tres y cuatro horas diarias) con ellos, que se resista y se desmitifique el negocio, que se contraprograme. Es nuestro derecho y obligación urgente.
Que se juegue a lo de siempre y a lo porvenir: al mancala, al parchís, al ajedrez, al hus, a la comba,... Para llegar a jugar a la rayuela con Cortázar, al ajedrez con Zweig, con Dostoievsky.

Que se responsabilicen en función de la edad y no del género: hacer la cama, poner la mesa, ratos con la familia, el saludo cálido, el agradecimiento, el buen uso de lo público y el respeto a lo privado,… Entrenemos más que al fútbol o al maquillaje la cortesía, la empatía, la hospitalidad,…


Que se contemple porque sí, gratuitamente, un paisaje, un ocaso, los sonidos del agua, la música del cierzo,… El desarrollo sostenible, la actitud ecológica en los gestos de cada día, el reciclaje, la reutilización serán más obvias cuando tengan que decidir por sí mismos. La tierra no es una herencia que recogemos de nuestros mayores sino un préstamo que nos hacen nuestros sucesores.
Que se les deje protagonizar su entorno. Que sus rasgos culturales o referencias del país de origen tengan una natural cabida en esos entornos cotidianos. Debemos cuidar los espacios y los tiempos de crecimiento y de encuentro: un póster, entre otros, de Camarón o de Paco de Lucía es imprescindible en la clase, en la biblioteca, en la sala de juegos si hay niñas y niños gitanos. Acerquémonos a los ritmos de la naturaleza, recuperemos las estaciones, manoseemos las hojas del otoño, mojémonos en abril, sudemos en agosto,... Llega a ser militante el olvido de nuestro lugar en la naturaleza, algo tan obvio que nos recuerda el nuevo vecindario.
Literatura, sí. Y música. Mucha gente de mi generación llegó a la poesía, a la espiritualidad y a su hermana la sensualidad gracias a Paco Ibáñez, a Joan Manuel Serrat o a Jacques Brel. Hoy el sistema y sus medios nos ofrecen poco más que ritmo evasivo y canción del verano para todo el año (“antes muerta que sencilla”). ¿Cuánto lleva vendido este año J.S.Bach o Shostakovitch, Om Kalsoum o Ravi Shankar, Amancio Prada o Glenn Gould? No se encuentran sobre las mantas.
Literatura, música y pintura: vayamos de museos, disfrutemos en las exposiciones, tengamos herramientas (papeles, barro, maderas, envases,…) en casa, a mano en las aulas, en nuestros espacios de encuentro.
Y arquitectura: viajemos con alevosía paseando y mirando con lujuria y fruición, reconstruyámonos a nosotras y a nosotros mismos desde el entrenamiento con la arquitectura de madera de nuestras tardes infantiles.
Reiteraré que es vital el trabajo de mancharse en los primeros años, ¿Cómo llegar a la lectura y a la escritura, a la degustación de todas las expresiones culturales, si no se invierte tiempo y calidad en aprender a mirar, a estrenar cada día los ojos, a ampliar el horizonte, a escuchar, a que las manos se encuentren con todas las texturas,…?
Literatura, música, pintura, arquitectura y… escultura, graffitis, comics, cine,…
La imaginación es hija, no sé si natural o adoptada, de la memoria. Los abuelos y las abuelas, ¡qué grandioso capital sin rentabilizar! ¡Qué memoria viva y cálida! Nuestro folclore, las fiestas, las tradiciones son imprescindibles en el paseo por la vida, en el encuentro con los otros. Así como las fiestas y tradiciones y folclore del nuevo vecindario, de quien viene a compartir el tiempo y el espacio con nosotros desde países donde la falta de esperanza y la muerte campan a sus anchas (en Gambia donde la esperanza de vida son 45 años hay cuatro médicos por cada diez mil habitantes, es España contamos con más de tres por mil8)

Habrá más creatividad cuanto más podamos recordar, no habrá imaginación sin memoria. Cuantas más experiencias hayamos vivido más páginas habrá en nuestro álbum de recuerdos que podremos usar para la nostalgia o para animar a la revuelta. Para la construcción de lo que soñamos.


4.- Materiales de lectura experimentados en el aula que pueden facilitar este "ser", esta construcción de la interculturalidad y sus posibles complicidades con la literatura:
Letras de canciones, textos que podemos bajar de Internet y que se consiguen con facilidad,… Son propuestas distintas al libro de texto, negocio subvencionado nada igualitario, donde hacernos con la gramática, con la sintaxis, con la semántica. Esta aproximación a la belleza en dosis breves facilita el salto a la poesía. Para subir al monte carmelo, iniciar un cántico espiritual, reir con Quevedo o entristecer con Cernuda. Para compartir las experiencias con Khaled, con Youssou N´Dour, con Johnny Clegg.
Prospectos de medicamentos, para jugar a las etimologías que algunos dimos en COU y hoy han sido olvidadas por el currículo escolar. Todo en esta vida tiene una composición, unos excipientes, una posología, indicaciones, interacciones, precauciones, advertencias, efectos, reacciones, caducidad. Podemos aplicar el esquema de un prospecto a un montón de objetos, de actitudes y de situaciones cotidianas. Entre risas inventamos remedios cambiando las palabras.
Facturas, el recién llegado no las entiende, muchos de nosotros tampoco. Leer el ticket de la compra, el billete de tren, la factura del teléfono,... Son papeles universales, soportes comunes y compartidos, microrrelatos que pueden evocar personas, momentos, espacios que nos facilitarán la llegada hasta Augusto Monterroso o Aldecoa o Poe.

Callejeros, orientarse en el laberinto para, si llega el momento oportuno, poder transitar por el Ulises de Joyce, por las alcantarillas de "el tercer hombre", por el París lluvioso de Verlaine, porque a menudo "il pleut dans mon coeur comme il pleut sur la ville"
Mapas para situarnos en la localidad y en la comarca, para saber dónde vive el otro, para acabar situándonos en el plano de la vida y sus aventuras, para llegar a la isla del tesoro, a Liliput o al país de nunca jamás, para dar la vuelta al mundo en 80 días.
Listines de teléfonos, de códigos postales, para aproximar a nuestros seres queridos que están lejos, la abuela que quedó en un rincón de Marruecos, los primos en la aldea de Bulgaria, para saber qué sello poner y a dónde iba la misiva sellada con lacre que transportaban los tres mosqueteros o Miguel Strogof9.
Manuales de aparatos en diferentes idiomas y garantías para jugar a adivinar, para ver qué próximas están las palabras de tan alejados lugares, para decirnos cosas con diferentes músicas. Así suena la paz: Salam en árabe, shalom en hebreo.
Trípticos de Greenpeace, de Amnistía Internacional, de Médicos sin fronteras,… Denuncias sobre el estado de la Amazonia, de los pueblos indígenas, papeles que nos cuentan las realidades escamoteadas por los gestores del “tener”, que nos informan con más veracidad, que nos preparan a la crítica transformadora que mejore el entorno próximo y lejano. Para saber de transgénicos y de personas anónimas que defienden sueños en países explotados.
Catálogos de automóviles y de motos, para no olvidar nuestro origen nómada, para soñar el viaje, la huída, la búsqueda, el descubrimiento, la aventura. Para hacer un viaje a la luna, a la Alcarria, en el autobús de Josep Pla, a la odisea 2001 de S. Kubrik, a las carreteras secundarias, al Quijote10.

Revistas de naturaleza (para nutrir la conciencia de estar en el mismo barco, sólo hay una tierra). Somos agentes socioambientales transformando nuestros fragmentos de realidad. Se está urbanizando el planeta (somos más del 50% los que habitamos ciudades, 410 ya pasan del millón de habitantes, ¿seremos sostenibles?). Las revueltas antiglobalizadoras de José Bové, los cultivos biológicos, la calidad de vida,... Necesitamos esta reflexión para correr por la selva con Tarzán o tener una granja en África o recordar la soledad de los pueblos bajo la lluvia amarilla11.
Revistas de asociaciones gitanas, de colectivos sociales que trabajan con diferentes realidades. Perdemos el capital social, nos avisa Robert Putnam12, la capacidad de organizarnos, de sentirnos parte de algo más grande. Desde estas publicaciones nos acercaremos a recrear el romancero de Lorca, los versos de Félix Grande, las notas de Django Reinhart, los acordes de Birelli Lagrène.
Cuentacuentos de todas las culturas, antologías en un montón de editoriales, cuentos azules de Austral de los años 40 que yo leí en los 60, Miraguano, Siruela, Integral, ediciones del Bronce, del Cobre,…
Todo ello nos propicia la reflexión sobre uno mismo y su alrededor, sobre los prejuicios y la identidad.
5.- Anécdotas y buenos deseos.
Carmen, la gitana con su mecha recién teñida de lila y su vehemente “¡que paren de haceéelas ya!” tras leer y comentar el tríptico que denuncia la realidad de las minas antipersona que hay sembradas en tantos países, nuestro país las fabrica y vende. Amnistía, Greenpeace, Médicos sin fronteras se encargaron de la campaña “Adiós a las armas”. Trabajemos lo que cuesta colocar una mina y lo que cuesta desenterrarla mientras hojeamos los reportajes de nuestro fotógrafo Gervasio Sánchez13.
María Dimitrova, alumna recién llegada de Bulgaria, y los cuentos clásicos escritos con el alfabeto cirílico que trajo una mañana a clase (dedujimos de las ilustraciones que el libro que nos compartía a era “el gato con botas”), el poder de la ilustración y el alfabeto desconocido. Ella leyendo en alta voz algo en principio incomprensible para sus amigos, ella sabe cosas “mágicas”, ella sabe, comentaban ante el poder de todas las letras. El trabajo con diferentes alfabetos es trabajo con diferentes pensamientos.
Mohamed, marroquí llegado un noviembre desde Marruecos, con su exquisita y seductora caligrafía árabe y sus textos aljamiados felicitando la navidad (la primera actividad que le encomendamos fue decorar unos carteles de felicitación en su lengua), escribiendo nuestros nombres, renombrándonos, haciéndonos existir de nuevo con otra música. Añadiendo sus letras a las nuestras. Sumemos nuestras letras a las suyas.
Las jornadas interculturales y mercadillos solidarios: un puesto con éxito asegurado es el de la escritura del nombre en los diferentes alfabetos, alifatos. Nuestro nombre y nuestra identidad, necesitamos existir, que nos existan, que nos nombren y nos recuerden. Somos percibidos y descritos por otros de otras maneras, algunas muy bellas. Somos. Ser frente a tener.
Los gitanos y las páginas web de la iglesia evangélica de Filadelfia. Hablemos con los que son más orales. Hace unos años se intentó una publicación sobre la realidad gitana en Fraga. Se les pasó un cuestionario que respondieron lacónicamente. Quedamos unas noches después con un cassette y unas pastas y casi nos faltaron cintas para grabar. Hay que facilitar el uso de los espacios públicos y su acceso: la casa de la juventud, la biblioteca, el polideportivo, el cine.
Los que vienen de culturas orales (subsaharianos, orientales) han de reencontrarse con sus leyendas (las tenemos entre otras en la editorial L’Harmattan y nos las pueden contar sus familiares), lo gitano ha de incorporarse al currículo y donde haga falta (en la TV, los vídeos, los cómics)
Hay materiales. Más o menos explícitos: Austral, Miraguano, Olañeta, Ed. Popular, colección Letra Grande,… Tenemos muy a mano textos que nos ayudan en esta labor. Relatos con espacios, tiempos o protagonistas diversos. Otros países, otras épocas, protagonistas portadores de rasgos culturales diferentes.
Hace algún tiempo un estudio en EEUU demostraba cómo la lectura de relatos de ciencia ficción ayudaba a rebajar los conflictos interétnicos. El “alien” es el forastero que preocupa a todo el mundo y es preciso olvidar las diferencias para resistir. La fraternidad a la que nos invitaba al inicio de esta reflexión Celso Emilio Ferreiro14.
Los clásicos siguen siendo "obligatorios", entiéndase, sabemos que “a leer como a amar no se puede obligar”, Pennac15 nos lo advierte. Gulliver, Robinson Crusoe, Jim Hawkins en La isla del tesoro, Alicia, Guillermo Brown, Mary Poppins, Huck y Tom Sawyer, D'Artagnan, Pippa Calzaslargas, Matilda,… ponían en cuestión el sistema establecido, algo que es hoy bastante urgente dado el homogeneizante panorama del pensamiento único. Mediemos en el encuentro con esos clásicos. Añadamos los nuestros: los locales como Pedro Saputo, el bandido Cucaracha,… Abrámonos a los que nos trae el nuevo vecindario.
Observemos los posters de la habitación de nuestros adolescentes. Ya no está aquel Cristo hippie, el Ché, el Guernika, Gandhi,… ¿Qué cuelga hoy? Los “triunfitos”, los efímeros futbolistas, las protagonistas de las series de usar y tirar,... Son un indicador que nos recuerda con qué “objetos mágicos” nuestros jóvenes se adentran en el bosque, se "emboscan" que diría Amancio Prada16, para convertirse en guerreros, del que saldrán… ¿con que espíritu de lucha? ¿Con qué armas para enfrentarse a la realidad que les va a tocar resistir y dominar? La literatura, el arte y la apuesta intercultural pueden ser espada y escudo, perdonad el símil bélico, para esa victoria.
Nos lo podemos ir creyendo: somos los auténticos constructores de la cultura cada vez que decidimos en la puerta de la tienda, del cine, delante de la pantalla, en la librería, ante la estantería de la biblioteca, ante el qué hacer el día de fiesta de nuestra agenda, en menor medida ante las urnas para votar,... Disfrutemos de esta constructiva faena.



1 Texto de la canción “Hombre blanco” del disco “Bolsillos” de P. Guerra, 2004.

2 “Por encima de todas las fronteras,/ por encima de muros y vallados,/si nuestros sueños son iguales/ como a un hermano te hablo.”

3 Lengua nigero-congolesa de más de un millón de hablantes en Mali, Mauritania, Senegal y Gambia.

4 S. Alonso, “El grito de la grulla”, Ed. Edelvives, 2002

5 G. Sartori, “La sociedad multiétnica. Pluralismo, multiculturalismo y extranjería”, Taurus, 2001

6 Maíto Panduro , Edelvives, 2001; Palabras de Caramelo, Anaya, 2002; Un loto en la nieve, Edelvives, 2004; El beso del Sahara, Alfaguara, 1998,...

7 Rafael del Moral, “Lenguas del mundo”. Espasa, 2002

8 VV.AA., “El estado del mundo”, Akal, 2004

9 Alejandro Dumas, Julio Verne

10 Verne, Cela, Pla, Martínez de Pisón, Cervantes

11 W. Bourroughs, I. Dinesen, Julio Llamazares

12 Robert D. Putman, “El declive del capital social”, Galaxia Gutemberg-Círculo de Lectores, Barcelona, 2003

13 G. Sánchez, “El cerco de Sarajevo”, Ed. Complutense, Madrid, 1994. “Vidas minadas”

14 C. E. Ferreiro, “Longa noite de pedra”, Akal Ed., Madrid, 1978

15 Pennac, D. “Como una novela”

16 A. Prada, “Emboscados”, Sonifolk, 1994





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