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Lectura orante del evangelio de lucas lc 3,21-4,13


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Universidad P. Comillas 7. Lectura orante de la Biblia

LECTURA ORANTE DEL EVANGELIO DE LUCAS

Lc 3,21-4,13




Sucedió que

cuando todo el pueblo estaba bautizándose,



bautizado también Jesús y puesto en oración,

se abrió el cielo,y bajó sobre él el Espíritu Santo en forma corporal, como una paloma;

y vino una voz del cielo:

« eres mi hijo; yo hoy te he engendrado
Tenía Jesús, al comenzar, unos treinta años, y era según se creía hijo de José,

hijo de Helí, hijo de Mattat, hijo de Leví, hijo de Melkí, hijo de Jannái, hijo de José,

hijo de Mattatías, hijo de Amós, hijo de Naúm, hijo de Eslí, hijo de Nangay,

hijo de Maaz, hijo de Mattatías, hijo de Semeín, hijo de Josec, hijo de Jodá,

hijo de Joanán, hijo de Resá, hijo de Zorobabel, hijo de Salatiel, hijo de Nerí,

hijo de Melkí, hijo de Addí, hijo de Cosam, hijo de Elmadam, hijo de Er,

hijo de Jesús, hijo de Eliezer, hijo de Jorim, hijo de Mattat, hijo de Leví,

hijo de Simeón, hijo de Judá, hijo de José, hijo de Jonam, hijo de Eliaquim,

hijo de Meleá, hijo de Menná, hijo de Mattatá, hijo de Natán, hijo de David,

hijo de Jesé, hijo de Obed, hijo de Booz, hijo de Sala, hijo de Naassón,

hijo de Aminadab, hijo de Admín, hijo de Arní, hijo de Esrom, hijo de Fares, hijo de Judá, hijo de Jacob, hijo de Isaac, hijo de Abraham, hijo de Tara, hijo de Najor,

hijo de Serug, hijo de Ragáu, hijo de Fálek, hijo de Eber, hijo de Sala,

hijo de Cainam, hijo de Arfaxad, hijo de Sem, hijo de Noé, hijo de Lámek,

hijo de Matusalén, hijo de Henoc, hijo de Járet, hijo de Maleleel, hijo de Cainam,

hijo de Enós, hijo de Set, hijo de Adam, hijo de Dios.
Jesús, lleno de Espíritu Santo, se volvió del Jordán, y era conducido por el Espíritu en el desierto, durante cuarenta días, tentado por el diablo. No comió nada en aquellos días y, al cabo de ellos, sintió hambre.
Entonces el diablo le dijo: «Si () eres Hijo de Dios, di a esta pie­dra que se convierta en pan.» Jesús le respondió: «Está escrito: No sólo de pan vive el hombre
Llevándole a una altura le mostró en un instante todos los reinos de la tierra;

y le dijo el diablo: «Te daré todo el poder y la gloria de estos reinos, porque a mí me ha sido entregada, y se la doy a quien quiero. Si, pues, me adoras, toda será tuya.»



Jesús le respondió: «Esta escrito: Adorarás al Señor tu Dios y sólo a él darás culto.»
Le llevó (el diablo) a Jerusalén, y le puso sobre el alero del Templo, y le dijo:

«Si () eres Hijo de Dios, tírate de aquí abajo; porque está escrito: A sus ángeles te encomend­a­rá para que te guarden. Y: En sus manos te llevarán para que no tropiece tu pie en una piedra.»



Jesús le respondió: «Está dicho: No tentarás al Señor tu Dios.»
Acabada toda tentación, el diablo se alejó de él hasta un tiempo oportuno.

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Ayudas a la lectura: En negrita el sujeto del verbo o verbos que siguen, para apreciar mejor el cambio de los sujetos que hablan o actúan. En itálica todos los verbos, para distinguir mejor las distintas acciones que tienen lugar. En itálica y subrayados los verbos principales, para distinguirlos de las acciones subordinadas.

Trasfondo a la lectura

Lucas reproduce el relato tradicional del comienzo del ministerio de Jesús en su contacto con el Bautista, el bautismo y las tentaciones en el desierto, pero nos lo presenta de acuerdo con su estilo literario y su teología peculiar. Entre el bautismo y las tentaciones inserta Lucas su genealogía de Jesús, distinta de la de Mateo. Éste escribía para cristianos judíos y por tanto presentaba a Jesús como hijo de David, remontando su genealogía hasta Abrahán, padre del pueblo escogido. Lucas, en cambio, escribe para gentiles y quiere mostrar cómo Jesús entronca con Adán, padre de todos los hombres. Es hermano nuestro; hijo de Adán, e hijo de Dios; es cabeza de la nueva humanidad, el único justo. En él comienza una nueva humanidad sin pecado. Tras ser declarado Hijo amado por la voz del cielo, va al desierto para vencer a Satanás, allí donde su padre Adán había sido derrotado.

Jesús es también modelo del bautizado, que lleno del Espíritu tiene que enfrentarse también con la tentación. Su victoria es la prenda de la nuestra. Sólo en virtud del Espíritu que habita en nosotros podremos superar las insidias de los poderes de las tinieblas que se sirven de las estructuras de pecado que hay en el mundo y de la debilidad de nuestra carne.
Meditación

Toda aventura espiritual comienza con la experiencia de sentirse amado, con la escucha de una voz que nos dice que somos hijos y que somos queridos. Antes de amar tenemos que recibir amor. “Como el Padre me amó así os he amado yo” (Jn 15,9). Nadie ha amado tanto como Jesús, porque nadie se ha sentido nunca tan amado como él. Uno de los títulos cristológicos de Jesús es precisamente “El amado” (Ef 1,6).

El bautismo es el nacimiento a una nueva vida. Sólo la experiencia de ser amados nos hace nacer de nuevo, y nos permite vivir en el Amor. Nadie puede llamar a Dios Padre, si primeramente no se ha sentido llamar “hijo”. La iniciativa debe ser siempre iniciativa de Dios.

Dios no nos ama porque seamos buenos, sino que somos buenos porque Dios nos ama. El amor de Dios no es una respuesta a nuestros “méritos”, sino que nuestros méritos son el fruto del amor que Dios siembra gratuitamente en nosotros.

El Padre se complace en su hijo. Nos dice: “¡Mirad qué Hijo tan fantástico tengo!” Y el Padre pronuncia esas palabras precisamente en el momento en que el Hijo se ha humillado, y ha descendido hasta el punto más bajo de la tierra, se ha confundido con la masa de pecadores, como uno más de ellos.

Satanás trata de desviar a Jesús de su camino de filiación. “Si eres hijo, pórtate así, pórtate asao…” ¿No te han dicho que eres hijo? Pues, aprovéchate de tu status para ir por la vida con bula, en plan de privilegio, aprovechándote para librarte de todas las miserias de la condición humana, de modo que no te salpique el sufrimiento y el sinsentido. Quéjate a Dios diciendo: “¿Por qué a mí?”

Pero Jesús rechaza la tentación. Se sabe hijo, pero se sabe también siervo, y no quiere caer en la trampa que le tienden, la de utilizar su filiación para ahorrarse la cruz. No dice: “¿Por qué a mí?, sino “¿Por qué a mí no?”. Ha venido para ser hombre hasta sus últimas consecuencias, para no ahorrarse ninguno de los sufrimientos de la humanidad. Ha venido para cargar con las consecuencias del pecado para poder así ser Nuevo Adán, cabeza de una humanidad nueva, de una nueva genealogía de santidad.

Y yo, ¿me siento hijo? ¿Me siento amado? ¿Me siento capaz de amar? ¿Cómo entiendo mi filiación, como un servicio o como un privilegio? ¿Le exijo a mi Padre, que si me ama, me libre del sufrimiento anejo a ser hombre y a ser miembro de una humanidad pecadora?



El pasaje del bautismo fue para Jesús un momento decisivo en su vocación, la unción para iniciar su servicio al Reino. Renueva ahora tu bautismo renovando tu compromiso de seguir a Jesús al servicio del Reino, cualquiera que sea la vocación concreta que has descubierto hasta hoy.
Oratio

Y ahora habla con Dios, llámale Padre, Abba, papá. Escucha cómo él te llama “hijo” y cómo te dice que se complace en ti, que le gusta cómo eres. Pídele que te haga experimentar su amor, para aprender así a amar mejor. Habla con Jesús. Dale las gracias por haberse humillado y descendido hasta lo más bajo para buscarte donde tú estabas y para rescatarte. Dile que te enseñe a ser como él, que te dé fuerzas para luchar contra el Malo, que te ilumine para descubrir sus engaños en la manera equivocada como tienes planteada tu vida. Habla con el Espíritu y dile: “¡Ven!”. Pídele que descienda sobre ti, como descendió sobre Jesús, para ungirte y capacitarte para vivir tu vocación al servicio del Reino de Dios.


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