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Leccionario Dominical Cuarto domingo de Pascua Año c — Pascua 4


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Leccionario Dominical

Cuarto domingo de Pascua
Año C — Pascua 4

Hechos 9:36–43

Salmo 23

Revelación 7:9–17

San Juan 10:22–30

La Colecta

Oh Dios, cuyo Hijo Jesús es el buen pastor de tu pueblo: Concede que, al escuchar su voz, reconozcamos a aquél que llama a cada uno de nosotros por su nombre, y le sigamos a donde nos guíe; quien contigo y el Espíritu Santo vive y reina, un solo Dios, por los siglos de los siglos. Amén.



Primera Lectura

Hechos 9:36–43

Lectura del libro de los Hechos de los Apóstoles

Por aquel tiempo había en la ciudad de Jope una creyente llamada Tabitá, que en griego significa Dorcas. Esta mujer pasaba su vida haciendo el bien y ayudando a los necesitados. Por aquellos días, Dorcas enfermó y murió. Su cuerpo, después de haber sido lavado, fue puesto en un cuarto del piso alto. Jope estaba cerca de Lida, donde Pedro se encontraba; y como los creyentes supieron que estaba allí, mandaron dos hombres a decirle: «Venga usted a Jope sin demora.»

Y Pedro se fue con ellos. Cuando llegó, lo llevaron al cuarto donde estaba el cuerpo; y todas las viudas, llorando, rodearon a Pedro y le mostraron los vestidos y túnicas que Dorcas había hecho cuando aún vivía. Pedro los hizo salir a todos, y se arrodilló y oró; luego, mirando a la muerta, dijo: —¡Tabitá, levántate!

Ella abrió los ojos y, al ver a Pedro, se sentó. Él la tomó de la mano y la levantó; luego llamó a los creyentes y a las viudas, y la presentó viva. Esto se supo en toda la ciudad de Jope, y muchos creyeron en el Señor. Pedro se quedó varios días en la ciudad, en casa de un curtidor que se llamaba Simón.

Palabra del Señor.



Demos gracias a Dios.

Salmo 23

Dominus regit me

1 El Señor es mi pastor; *

nada me faltará.

2 En verdes pastos me hace yacer; *

me conduce hacia aguas tranquilas.

3 Aviva mi alma *

y me guía por sendas seguras por amor de su Nombre.

4 Aunque ande en valle de sombra de muerte, no temeré mal alguno; *

porque tú estás conmigo; tu vara y tu cayado me infunden aliento.

5 Aderezarás mesa delante de mí en presencia de mis angustiadores; *

unges mi cabeza con óleo; mi copa está rebosando.

6 Ciertamente el bien y la misericordia me seguirán

todos los días de mi vida, *

y en la casa del Señor moraré por largos días.



La Epístola

Revelación 7:9–17

Lectura del libro de la Revelación a San Juan

Miré y vi una gran multitud de todas las naciones, razas, lenguas y pueblos. Estaban en pie delante del trono y delante del Cordero, y eran tantos que nadie podía contarlos. Iban vestidos de blanco y llevaban palmas en las manos. Todos gritaban con fuerte voz:

«¡La salvación se debe a nuestro Dios

que está sentado en el trono,

y al Cordero!»

Y todos los ángeles estaban en pie alrededor del trono y de los ancianos y de los cuatro seres vivientes; y se inclinaron delante del trono hasta tocar el suelo con la frente, y adoraron a Dios diciendo:

«¡Amén!


La alabanza, la gloria,

la sabiduría, la gratitud,

el honor, el poder y la fuerza

sean dados a nuestro Dios por todos los siglos.

¡Amén!»

Entonces uno de los ancianos me preguntó: «¿Quiénes son estos que están vestidos de blanco, y de dónde han venido?» «Tú lo sabes, señor», le contesté. Y él me dijo: «Éstos son los que han pasado por la gran tribulación, los que han lavado sus ropas y las han blanqueado en la sangre del Cordero.

»Por eso están delante del trono de Dios,

y día y noche le sirven en su templo.

El que está sentado en el trono

los protegerá con su presencia.

Ya no sufrirán hambre ni sed,

ni los quemará el sol,

ni el calor los molestará;

porque el Cordero, que está en medio del trono,

será su pastor

y los guiará a manantiales de aguas de vida,

y Dios secará toda lágrima de sus ojos.»

Palabra del Señor.



Demos gracias a Dios.
El Evangelio

San Juan 10:22–30



Santo Evangelio de Nuestro Señor Jesucristo según San Juan

¡Gloria a ti, Cristo Señor!

Era invierno, y en Jerusalén estaban celebrando la fiesta en que se conmemoraba la dedicación del templo. Jesús estaba en el templo, y andaba por el Pórtico de Salomón. Entonces los judíos lo rodearon y le preguntaron: —¿Hasta cuándo nos vas a tener en dudas? Si tú eres el Mesías, dínoslo de una vez.

Jesús les contestó: —Ya se lo dije a ustedes, y no me creyeron. Las cosas que yo hago con la autoridad de mi Padre, lo demuestran claramente; pero ustedes no creen, porque no son de mis ovejas. Mis ovejas reconocen mi voz, y yo las conozco y ellas me siguen. Yo les doy vida eterna, y jamás perecerán ni nadie me las quitará. Lo que el Padre me ha dado es más grande que todo, y nadie se lo puede quitar. El Padre y yo somos uno solo.

El Evangelio del Señor.

Te alabamos, Cristo Señor.








Leccionario Dominical, creado por el Ministerio Latino/Hispano de la Iglesia Episcopal (212-716-6073 • P.O. Box 512164, Los Angeles, CA 90051 • www.episcopalchurch.org/latino). Los textos bíblicos son tomados de la Biblia 

Dios habla hoy®, Tercera edición, © Sociedades Bíblicas Unidas, 1966, 1970, 1979, 1983, 1996. Usado con permiso. Las colectas y los salmos son tomados de El Libro de Oración Común, propiedad literaria de ©The Church Pension Fund, 1982. Usado con permiso. Leccionario Común Revisado ©1992 Consulta Sobre Textos Comunes. Usado con permiso.

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