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Lasallismo tres: el ministerio educativo lasallista 1- introducción ¿Existe una acción específicamente lasallista?


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Lasallismo tres:

el ministerio educativo lasallista

1- Introducción
¿Existe una acción específicamente lasallista?
El lasallismo es un estilo propio y peculiar de vivir el cristianismo.
Así pues, no nos distingue tanto ni tan esencialmente de los demás que nos aparte de ellos. Sólo nos imprime un distintivo, nos personaliza, nos agrupa y nos une para darnos autenticidad y eficacia.
Por otro lado:
¿Existe algo tan especial que debamos decir a los colaboradores respecto a la acción evangelizadora, distinto de lo que está dicho para los Hermanos?.
La respuesta no debe buscarse en el santo del siglo XVII, como hecho histórico aislado; sino en el Fundador como acontecimiento con repercusiones históricas a través de 300 años de vida, de irradiación y de realizaciones. En otras palabras, la respuesta la tiene La Salle, Hoy, el Instituto de los Hermanos en su existencia concreta actual, su práctica apostólica contemporánea, su pensamiento reciente, su organización actualizada.
Pues bien, el Instituto actual, bajo la misma inspiración de su Fundador, abre de par en par las puertas a los colaboradores lasallistas para que participen en la Obra y en la Misión de los Hermanos, en distintos niveles y grados, según sus posibilidades y la acción del Espíritu Santo en ellos. En apoyo de esta afirmación, mencionamos en particular las Reglas de los Hermanos; la Carta del H. Superior General José Pablo Basterrechea del 15 de mayo de 1982; la Carta a la Familia Lasallista, del Consejo General y el Hno. Superior John Johnston (2 de febrero de 1989) a las Comunidades Educativas Lasallistas y la apertura del 42° Capítulo General de 1993 a los colaboradores en el tema: La Misión Compartida; así como la publicación de La misión lasallista, educación humana y cristiana. Una misión compartida el año1997. Y el Capítulo General del 2000: Asociados para el servicio educativo de los pobres, como una respuesta lasallista a los desafíos del siglo XXI.
De esta manera, el mismo ministerio educativo lasallista puede ser compartida por Hermanos y los colaboradores lasallistas; la misma fuente debe alimentar ambas motivaciones; y la misma finalidad, orientar ambos esfuerzos: la asociación para el servicio educativo de los pobres.

2- El espíritu que anima el ministerio educativo lasallista, actitudes a desarrollar
Hay espacios donde se mueve lo mejor de nuestra vida, son las espiritualidades que desarrollamos en nuestra vida y trabajo:
- La espiritualidad de la instrucción: construcción del saber, todo tipo de saber, de manera integrada, incluye el juego, lo religioso, lo práctico, lo científico, lo más erudito y lo más simple. Todo en la misma estantería.
- La espiritualidad de la relación: en la relación ponemos en juego nuestra persona, impartimos la mejor lección, la de la humanidad. Somos Ángel Custodio, buen pastorJuntos y por asociación.
- La espiritualidad de la gratuidad: atender las necesidades, descubrir las carencias, tener predilección por los pobres, los excluidos… es la espiritualidad del Evangelio. Ofrecer disponibilidad, alegría. El desafío de educador: lo aparentemente ineducable.
- La espiritualidad de la interioridad: el encuentro consigo mismo, la oración, encuentro con el sentido… compartir la fe, la autoconsciencia.
En estos ámbitos la acción educativa lasallista presenta un espíritu a desarrollar en tres actitudes propias del educador cristiano lasallista:
1º- Una dinamización interna: el ESPÍRITU DE FE; es decir, la acción de Dios en el interior de los hombres para llenarlos de su espíritu. Se trata, por lo tanto, de una experiencia interna que remueve y que renueva al hombre desde el interior, para cambiar la mirada sobre sí mismo y sobre el mundo.
“El espíritu de este Instituto, es en primer lugar, el Espíritu de Fe, que debe mover a los que lo componen a no mirar nada sino con los ojos de la fe, a no hacer nada sino con la mira en Dios y a atribuir todo a Dios...” (Reglas Comunes 2,2)
2º- Un dinamismo exterior: el ESPÍRITU DE CELO; esto es, el empeño para cumplir el compromiso de colaborar en el Plan de Dios la historia de salvación. En otras palabras, es el ministerio expresión externa de la convicción, adquirida en la fe, de que no podemos callar lo que hemos visto (Hechos 4,10). Para el lasallista, según palabras del Fundador, “el celo ardiente de instruir a los niños y educarlos en el santo temor de Dios” (Reglas Comunes 2, 9).
Ahora bien, en la mente y en la práctica de San Juan Bautista Dde La Salle, la experiencia de Dios y el ministerio educativo no tienen sentido ni fecundidad sino en la medida en que están dinamizadas por la Fe.
De esta manera “El espíritu del Instituto es único, aun cuando se exprese en dos movimientos; la Fe, que impulsa a secundar solícitamente los Designios de Dios sobre el mundo, se expande y manifiesta en el Celo, el cual, a su vez, sostiene y remoza de continuo el compromiso contraído de servir a los miembros de Jesucristo” (Declaración 22).
3°- Una dinamismo de cohesión: el ESPÍRITU DE COMUNIDAD; por último la acción educativa lasallista tiene un dinamismo asociativo que se expresa en la comunidad.
“Se manifestará y se conservará en este Instituto verdadero espíritu de comunidad” (Reglas Comunes 3,1).

3- Características peculiares de la escuela lasallista
Hasta ahora nos hemos referido a la escuela cristiana, sin más apellidos. Ahora, seguiremos refiriéndonos a la escuela cristiana, pero lo haremos con una perspectiva peculiar, las lasallistas, y nos fijaremos en ciertas características que no hacen sino resaltar aspectos importantes en la identidad de la escuela cristiana.
En ningún caso hablaremos de exclusivas; las características que apuntamos son significativas: son signos para nosotros mismos, de un estilo y un concepto de educación.
Pueden ser signos también para otras escuelas que, sintiéndose atraídas por ellas, quieran adoptarlas en todo o en parte.
Con toda probabilidad, nos encontraremos con la sorpresa (o la simple constatación de lo que ya sabemos), de que alguna de ellas, si no todas, no sólo no se cumple perfectamente en nuestra institución educativa, sino que tal vez nuestra realidad es la contraria.
En cualquier caso, al reivindicar estas notas para nuestra escuela no pretendemos afirmar su coincidencia con lo que ya hacemos, sino el reconocimiento de que forman parte explícita de nuestro proyecto y, por tanto, las aceptamos como una denuncia permanente de todo aquello que en la realidad no se acomoda a ella, y como un reto que nos proponemos asumir para caminar en esa dirección.
En los próximos temas profundizaremos en los rasgos más esenciales de nuestra escuela. Pero ya ahora avanzamos un esquema global, sin ser exhaustivo. El comentario nos lo ofrece la Declaración:



  • Una educación de calidad, más allá de los éxitos académicos, que potencie al máximo las capacidades del educando. Y puesto que la calidad está condicionada por los avances científicos, las expectativas y exigencia de la sociedad, la escuela se halla en constante renovación.

Lo que primero importa es que las escuelas lasallistas, sean cuales fueren su naturaleza y su grado, se caractericen por la calidad de los estudios y la seriedad de la formación, como exigidas ambas por la honradez profesional y la dedicación a los jóvenes y a la sociedad.


La escuela debe prestar atención a la mudanza profunda que en el campo de la cultura se está verificando en nuestros días y, como consecuencia, ha de renovarse en sus objetivos, programas y métodos. En sus objetivos: no debe tanto pretender almacenar conocimientos en las mentes juveniles, cuanto educar en éstas las facultades de observación, imaginación, juicio y previsión. En sus programas: por ejemplo, teniendo en cuenta la importancia actual de las ciencias experimentales y de la técnica, de la sociología y de la economía política; de las lenguas vivas y del conocimiento de las civilizaciones; de los instrumentos de comunicación social y del tiempo dedicado a descanso y solaces. En sus métodos: por ejemplo, dando preferencia a las actividades orientadas a la investigación y a la expresión personal, sobre la enseñanza magisterial; utilizando todos los recursos que ofrecen los medios audiovisuales.” (Declaración 45,2-3).


  • Una escuela centrada en los pobres, pero abierta a todos. Y para que éstos puedan acudir a ella, busca los medios para eliminar, en lo posible, las barreras económicas o de otro tipo.

El Capítulo general recuerda con energía que la orientación hacia los pobres forma parte integrante de la finalidad del Instituto” (Declaración, 28,2).




  • Una escuela centrada en el alumno, en la que éste ha de poder sentirse atendido y acompañado en su proceso individual de crecimiento, y donde se vea estimulado a participar responsablemente en el dinamismo educativo. Los alumnos menos favorecidos o con mayores problemas de aprendizaje son objeto de mayor solicitud, y nunca excluidos.

Su renovación exige a la escuela que se esfuerce denodadamente por prestar atención a las personas y a la vida comunitaria, dentro de la institución escolar.


La escuela lasallista debe caracterizarse, pues, por el interés que manifiesta a los alumnos, utilizando para ello todos los recursos de la psicología y pedagogía, de modo que a cada uno se le trate en consonancia con ser individual. Esta atención se dirigirá a toda la persona de cada joven; hay que preocuparse, pues, por conocer su medio familiar, su temperamento, aptitudes y gustos particulares, bien lejos de limitarse a considerarlo meramente como alumno y a estimarlo por su rendimiento escolar. El educador se aplicará también, cada día más cuidadosa y deliberadamente a descubrir y desarrollar los talentos particulares de sus discípulos, en vez de fijar la atención en sus faltas o defectos.
De ese modo, tenderá la escuela a constituirse por sí misma en comunidad humana, dentro de la que, jóvenes de origen y condiciones sociales o familiares diferentes, puedan educarse unos a otros en lo relativo a la comprensión, al conocimiento mutuo, a la amplitud de miras en todo, gracias al diálogo, a la aceptación realista de la singularidad y de las limitaciones de cada uno, al espíritu de servicio, al instinto de justicia y del amor fraterno” (Declaración 46,1-2).


  • Una educación integral, donde el primer criterio es la unidad entre todos los elementos educativos, humanos y religiosos, intelectuales y efectivos...

Ha de esforzarse la escuela por educar la atención, formar el juicio, afinar el espíritu crítico, particularmente necesario en nuestro mundo, dónde se requiere discernimiento agudo para utilizar el volumen ingente de información que se recibe, y para defender la libertad interior a pesar de todas las propagandas. Su misión es más indispensable que nunca para acostumbrar al hombre a la reflexión, al recogimiento, a la meditación y al estudio; para facilitar a la persona el acceso a la interioridad y a la intuición, el respeto al misterio de los seres, el instinto de lo sagrado, la adhesión a los valores, el reconocimiento de los límites y del pecado en el hombre, el presentimiento de la trascendencia del mundo invisible” (Declaración 45, 4).




  • Para lograr esa educación integral, la escuela es abierta y potencia las relaciones entre los diversos educadores y escenarios educativos.

Consciente de que la tarea educadora es resultado de muchas influencias sobre la totalidad de la vida en cada hombre, esfuércese la escuela en colaborar con los demás agentes y medios educativos. Trabajen, pues, los maestros en colaboración estrecha con los padres, primeros responsables de la educación de sus hijos, convencidos de que no sólo tienen algo que enseñarles, sino también más de una cosa que aprender de ellos. Intenten, además, establecer lazos fraternales con los otros educadores, especialmente con aquellos que se ocupan de organizar los asuetos y solaces de los jóvenes... Colaboren con los sacerdotes responsables de las parroquias... con los militantes en los movimientos apostólicos o sindicales de aquellos ambientes que influyen en la vida de los jóvenes” (Declaración 47,2).




  • Ambiente relacional denso y participativo entre educadores, educadores-alumnos y entre los alumnos.

Con el fin de demostrar su carácter comunitario, esfuércese la escuela de La Salle por promover la libertad de los jóvenes y de inducirlos progresivamente a tomar a su cargo su propia formación. La educación de la libertad se facilita por la naturaleza de las relaciones que se establecen entre educadores y educandos, por la organización de la disciplina y aun por el estilo mismo de la enseñanza. El aprendizaje de la libertad resulta inseparable de la formación de los jóvenes en lo relativo a la responsabilidad: consígase, pues, que desempeñen papel activo en la vida de la escuela, en la disciplina y en el trabajo. Con miras a que la emulación no se transforme en rivalidad ni ambición triunfalista, instáurese preferentemente la pedagogía del trabajo por grupos, basados en la confianza, la responsabilidad y espíritu de colaboración” (Declaración 46,3).




  • Formación permanente del maestro, exigida por las anteriores características. Dignifícación de su profesión. Para el creyente se convierte en un ministerio eclesial.

La renovación de la escuela necesita maestros formados, en consonancia con las necesidades del hombre moderno. ‘De los maestros depende, sobre todo, el que las escuelas católicas puedan realizar sus propósitos o iniciativas’ (GEM 8)


Un instituto internacional dedicado a la educación de la juventud escolar contribuirá, como es de justicia y en primer término, a remozar la escuela en la proporción que concentre sus esfuerzos por valorar la vocación del docente” (Declaración 48,1).


  • Dentro de la unidad de todo el proyecto educativo, la prioridad está marcada por la evangelización. En realidad, todo en la Escuela Cristiana se ordena en un proceso evangelizador.

Como por institinto, la tradición viviente del Instituto se ha empeñado en integrar la fe en Jesucristo dentro de la vida cotidiana de los jóvenes; se ha preocupado siempre por unir estrechamente el esfuerso de evangelización con el trabajo civilizador y el acceso a la cultura” (Declaración, 40,2).





Para la reflexión y el diálogo


  1. ¿Qué nivel de cohesión existe en la comunidad educadora en torno a la identidad

de la institución educativa?: colaboración activa, acuerdo tácito,

o disconformidad, desconocimiento... ¿a qué es debido?




  1. De los aspectos prácticos de la vida escolar, académica y extraacadémica

¿cuáles nos parece que están en conformidad y cuáles en desacuerdo con

la identidad de nuestra escuela?

¿posibles mejoras?


  1. ¿De qué manera y en qué medida se han incorporado a la escuela

y han sido asumidos mayoritariamente por la comunidad educativa,

los diversos esfuerzos que desde el Secretariado de la Misión Educativa

se están haciendo por mejorar la calidad de enseñanza, en los distintos

campos educativos: orientación del titular, programa de lectura eficaz, PEI,

grupos juveniles, programas de formación cristiana para adultos...


  1. Los padres que traen sus hijos a nuestra escuela

¿qué aprecian, sobre todo, de ella?

¿les facilitamos medios para conocer la identidad de nuestra escuela?





4- El ministerio educativo lasallista: “mover los corazones”

Yo les daré un solo corazón fiel y les infundiré un espíritu nuevo; les arrancaré el corazón de piedra, y les daré un corazón de carne, para que cumplan mis preceptos, observen mis mandamientos y los pongan en práctica. Ellos serán mi pueblo y yo seré su Dios." Ez.equiel 11,19-20


Como si tuviera en mente este pasaje de la Biblia, Juan Bautista va a pedir a sus Hermanos que sacudan los corazones y los saquen de su inmovilidad: los muevan, es decir, los pongan en marcha.
Es una imagen cargada de dinamismo, porque hay que moverlos hacia alguna parte, o más precisamente, hacia Alguien: Dios. En realidad es Dios, quien actuando como un benéfico imán y una fuerza de atracción, mueve ese corazón y lo atrae hacia El.
Ustedes ejercen un empleo que les pone en la obligación de mover los corazones; y no podrám conseguirlo sino por el Espíritu de Dios.” Meditación 43,3,2
Pidan a menudo a Dios la gracia de mover los corazones, como él San Ambrosio. Esta es la gracia de su estado.” Meditación81,2,2
La obligación que tienen...por mover los corazones, les debe impulsar a dedicarse de manera particular a la oración.” Meditación129,2,2
Cuanto más fervorosamente se apliquen a la oración… tanto mayor facilidad les hará encontrar Dios para mover sus corazones.” Meditación148,2,2

a)- Ganar los corazones
Pero, ¿cómo llegar hasta un corazón para “moverlo”, si éste no se ha abierto al amor de su educador? Aquí se sitúa otra valiosa observación pedagógica del Sr De la Salle: no se trata solamente de que el Hermano “amarán tiernamente a su alumnoReglas Comunes 7,13, sino que el alumno ame también a su educador. Sin esta reciprocidad afectiva, nada se puede hacer, porque nadie puede entrar por la fuerza en la conciencia de otro; solamente por la vía del respeto y del amor. Si no se llega a esta zona íntima del educando, “al fondo de su corazón”, todo mensaje se pierde, aun cuando quede en la “cabeza”, en la zona racional o intelectual, en la memoria de palabras que no suscitan vida.
“…pues poseen todo el mundo quienes poseen el corazón de todos los hombres.

Esto lo consiguen fácilmente las personas de natural bondadoso y mesurado. Se insinúande tal forma en el corazón de aquellos con quienes conversan y con quienes tratan, que los ganan insensiblemente y obtienen de ellos cuanto desean.” Meditaicón 65,2,1
Es necesario que ven la obligación que tienen de ganar su corazón de los alumnos como uno de los principales medios para moverlos a vivir cristianamente.

Reflexionen a menudo que si no se valen de este medio, los alejarán de Dios, en vez de conducirlos a Él.” Meditación115,3,2

b)- “Mudar los corazones”
El educador lasallista no busca afectos para él: orienta hacia Dios el amor que el educando le brinda, para que sea el Señor quien lo purifique y lo transforme.
Esta mansedumbre y esta ternura con el prójimo fue lo que permitió a san Francisco de Sales convertir tantas almas a Dios; se cifran en unos setenta y dos mil los herejes que rescató del error.

Esta virtud, en efecto, ganaba el corazón de cuantos lo trataban, y el afecto que sentían por él era el medio de que se servía para llevarlos a Dios.” Meditación 101,3,1
Tengan la certeza que la principal conversión es la del corazón.” Meditación 175,2,2
Ustedes pueden obrar diversos milagros… En su empleo, moviendo los corazones de los niños descarriados que están confiados a sus cuidados, y haciéndoles que sean dóciles y fieles a las máximas del Santo Evangelio y a su práctica; piadosos y modestos en la Iglesia y en los rezos; y aplicados a su deber en la escuela y en sus casas.” Meditaicón 180,3,2

c)- “Engendrar a Jesucristo en el corazón de los niños”
La paternidad espiritual: otra hermosa metáfora educativa del educador.
La obligación que tienen de instruir a los niños y de educarlos en el espíritu del cristianismo, debe comprometerles a ser muy asiduos en la oración... para atraer sobre ustedes las luces.. para formar a Jesucristo en el corazón de los niños...y comunicarles el Espíritu de Dios.” Meditación 80,2,2
“…ya que están destinados a ser padres espirituales de los niños que instruyen… ustedes están destinados por Dios a engendrar hijos para Jesucristo, e incluso a producir y engendrar al mismo Jesucristo mismo en sus corazones.

¿Puede decirse que se han conformado en esto con los designios de Dios spbre istedes?” Meditación 157,1,2

d)- Dejar “huellas cristianas en el corazón” de los niños
Si aman mucho a Jesucristo, se aplicarán con todo el esmero posible a imprimir su santo amor en el corazón de los niños que educan para ser sus discípulos.” Meditación 102,2,2

Así discurría la práctica diaria, y el estilo educativo de los primeros Hermanos. Así lo reconoce uno de los biógrafos del Fundador:


El gran arte que el Santo Institutor enseñó a los suyos para poner orden, silencio y atención, fue enseñar la virtud por la práctica, añadiendo grandes testimonios de dulzura, bondad y caridad PARA GANAR LOS CORAZONES. Una vez que el Hermano posee la estima y el afecto de los escolares, HACE CON ELLOS LO QUE QUIERE.Blain II, anexo.p. 101


Lecturas complementarias

“Las transformaciones pedagógicas introducidas por De La Salle nacen espontáneamente del interés por los niños y del cuidado por que su paso, frecuentemente breve, por la escuela, les sea útil para la vida. El niño se convierte realmente en el centro de interés de los educadores. A partir de la voluntad de llegar a él y servirlo, De La Salle y sus Hermanos reformarán la escuela en una triple dirección. En un mundo, en que la escuela existente estaba estancada, sin interés para los jóvenes de las clases populares, por encerrarse en su propia rutina en vez de interesarse por ellos, supieron hacer más racional, más activa, más viva la pedagogía; en una escuela inhumana, temida y frecuentemente denunciada como prisión fundada en el temor y el castigo, fue sustituida por una comunidad humana inspirada en el amor; finalmente, organizaron todo en la escuela, de tal manera, que prepara a los jóvenes a su existencia real1” (M. Campos y M. Sauvage, Anunciar el evangelio a los pobres).



2.2- El evangelio y la escuela
“Las instituciones lasallistas se caracterizan...

por la proclamación explícita de Jesucristo.” Regla 13

Introducción


2.20 “Estoy convencido de que muchas veces nos hemos contentado y, quizá aún hoy nos contentamos fácilmente con haber creado excelentes centros académicos, profesionales, técnicos o agrícolas, sea de nivel primario, secundario o superior. Aunque nuestras instituciones sean accesibles a las clases inferiores y a los jóvenes pobres, no se les puede considerar como instrumento privilegiado del ministerio apostólico lasallista si no son cristianas.
(Hermano John Jonston, Carta Pastoral, 1 de enero de 1988)
2.21 La escuela lasallista es cristiana
Como se ha mostrado en apartados anteriores al dar una ojeada histórica, la escuela lasallista es explícitamente cristiana en sus orígenes y surge para dar una educación humana y cristiana a los jóvenes, particularmente a los pobres. Lo lleva a cabo en la medida que su organización y sus programas se esfuerzan “por unir estrechamente el esfuerzo de evangelización con el trabajo civilizador y el acceso a la cultura” (D 40,2). En la Exhortación Apostólica Vita Consecrata, el Papa Juan Pablo II afirma que “la Iglesia ha sido siempre consciente de que la educación es un elemento esencial de su misión.” Y muestra cómo “las empresas educativas impregnadas del espíritu evangélico de libertad y caridad” no sólo ayudan a los jóvenes “a madurar humanamente bajo la acción del Espíritu”, sino que posibilita que “de este modo la comunidad educativa se convierta en experiencia de comunión y lugar de gracia, en la que el proyecto pedagógico contribuye a unir en una síntesis armónica lo divino y lo humano, evangelio , fe y vida” (Nº. 96).
2.22 Nuestros alumnos se encuentran en niveles muy diferentes en el compromiso de la fe
Es evidente que los jóvenes en las escuelas lasallistas se encuentran en situaciones muy diferentes en lo referente a la fe cristiana y a la práctica religiosa. Si esto es evidente en los países donde el cristianismo no es una religión mayoritaria, lo mismo está ocurriendo de manera creciente en los países tradicionalmente cristianos. En su Carta Pastoral del 1 de enero de 1994, el Hermano John Johnston lo recordaba a los Hermanos en los siguientes términos:
Tenemos en la misma escuela jóvenes que viven su fe y otros que no; jóvenes que son cristianos, pero no son católicos; jóvenes que no son cristianos, jóvenes que son indiferentes e incluso hostiles a la religión organizada.”
El educador lasallista no se deja sorprender por esto, sino que lo ve como algo natural al considerar la edad y el desarrollo de sus alumnos, y reconoce el desafío que eso le presenta en términos de dar respuesta a las necesidades peculiares de cada uno. En algunas circunstancias, esto significa que el punto de partida descansa a menudo en una educación en valores a través de un proceso que implique a todos los alumnos. Encontrarse para compartir opiniones a este nivel de reflexión sobre el comportamiento y el significado de la vida puede muy bien ser el primer paso necesario que disponga a la reflexión más profunda y personal sobre aspectos de la existencia que fácilmente han sido arrinconados o jamás considerados. A veces, en tales circunstancias, la voz de un compañero pesa más que la del propio profesor.
2.23 Todos nuestros alumnos tienen derecho a oír el Evangelio
Sin embargo, todos los jóvenes con que nos encontramos, sin ningún distingo, tienen el derecho de oír la Buena Nueva, el Evangelio, la salvación traída por Jesucristo. La escuela lasallista tiene el deber de ofrecerles esta oportunidad, pero este debe ser no se satisface simplemente con tener clase obligatoria de religión. Ha de existir todo un proyecto pastoral que mantenga viva la vida espiritual de la escuela. Son indispensables los movimientos juveniles, los grupos de reflexión, oportunidades para retiros y otras actividades semejantes.
El Evangelio necesita ser conocido y para ello ha de ser enseñado, vivido y celebrado mediante las prácticas tradicionales de la escuela lasallista, tales como el recuerdo de la presencia de Dios, la reflexión diaria y la invocación “¡Viva Jesús en nuestros corazones!”. El Evangelio se conoce mejor cuando los cursos organizados permiten a los alumnos ver que las creencias cristianas brotan de la vida y de las enseñanzas de Jesús. La dimensión social del Evangelio se hace realidad cuando a los alumnos se les ayuda a que participen en compromisos prácticos, a través de los cuales aprenden cómo expresar su fe mediante las obras. Estos son los medios prácticos de salvación que la escuela puede facilitar a los alumnos. La Declaración basándose en la Constitución Pastoral de la Iglesia en el mundo actual (Gaudium et Spes 57,4) del Concilio Vaticano II, anima al Hermano (y por ende al educador lasallista) a “descubir la acción de Dios en los intentos de humanizar y civilizar, considerados en sí mismos” y presenta la amplia perspectiva siguiente:
Despertar en el hombre la atención hacia el mundo y hacia la vida; moverle a maravillarse ante la belleza de la creación, las multiformes riquezas del arte, las conquistas del a ciencia y de la técnica, las elucubraciones del pensamiento, las variedades de la civilización; ayudarle a descubrir la alegría de la amistad, y disponer con ello a darse a los otros, es conseguir, en concreto que descubra al ‘Verbo de Dios, quien, antes de hacerse carne para salvarlo y recapitularlo todo en Sí, estaba en el mundo como luz verdadera que ilumina a todo hombre’.” Declaración 41,3
2.24 Proponemos, pero no imponemos...
La convicción profunda de que el Evangelio debe ser más accesible a todos los alumnos respetará siempre la libertad personal de cada persona. Un modo de solventar la tensión que existe entre el respeto de la libertad humana y el deber de dar a conocer el Evangelio en una sociedad plural puede encontrarse recordando que “el único requisito del pluralismo es que nosotros propongamos sin imponer”. La Regla de 1987, apoyando esta actitud, anima a los Hermanos a “descubrir el momento oportuno y el lenguaje apropiado para anunciar a Jesucristo a aquellos a quienes se dirigen” y reconoce también que “recíprocamente, se dejan evangelizar por ellos” (Regla 15). Esta es una verdad profunda que alcanza a la propia naturaleza de la fe que nace de la escucha y del mutuo compartir en la fe, que es el auténtico fundamento de la catequesis. Es importante, especialmente para todos los que enseñan , el cultivo de una actitud de escucha a los alumnos.
2.25 Catequesis o educación de la fe
La catequesis es la ayuda que favorece el crecimiento y la maduración de la fe. Es, según las palabras de La catequesis hoy del Papa Juan Pablo II (1978), “educar el verdadero discípulo de Cristo a través de un conocimiento más profundo y sistemático de la persona y del mensaje de nuestro Señor Jesucristo”. Por su propia naturaleza es una puesta en común de la fe, que atiende con cuidado particular al desarrollo del conocimiento y comprensión conforme a la edad de los participantes. La escuela lasallista considera esto como su “principal funcióny proporciona el personal, los recursos y la organización necesarios.
Ciertamente sería un fallo serio, que, por otras exigencias del currículo, los programas y actividades catequísticos de la escuela se redujeran a mínimos. También se renunciaría a toda la tradición lasallista si la catequesis tomara como algo que es aplicable principalmente a los primeros niveles y a la preparación de los sacramentos. Por encima de todo, el programa de catequesis es una preparación sistemática de la fe, de forma que ofrezca a todos los alumnos la posibilidad de profundizar su fe a través de la convicción intelectual que puede aportar una mejor comprensión.
Pero sería una deficiencia notoria limitar la educación de la fe al conocimiento y comprensión, pues la fe tiene que desarrollarse igualmente por la acción. En su carta pastoral del 1º. de enero de 1994, el Hermano John Johnstaon sugiere algunos medios prácticos para que pueda llegarse a compartir la fe.
que cada escuela existente ‘salga al encuentro’ de los probres que la rodean y responda creativamente: con programas de alfabetización, en la escuela o en otros centros; equipos de maestros y jóvenes voluntarios que trabajen con los chicos de la calle; clases nocturnas para los que abandonan las escuelas; grupos de jóvenes lasallistas que respondan a las necesidades de los enfermos, los ancianos y los abandonados...”
2.26 Recepción de los sacramentos
La escuela lasallista tiene muchas oportunidades para ofrecer a sus alumnos una participación más profunda en la vida sacramental de la Iglesia. En las escuelas primarias, en colaboración con la parroquia, se prepara para la Primera Comunión y la Reconciliación. Muchos jóvenes pueden acceder al Bautismo y Confirmación a través de la escuela. La experiencia nos dice que las celebraciones escolares, particularmente la del sacramento de la Reconciliación y la participación activa en las eucaristías para las que han sido cuidadosamente preparados, pueden tener gran significado para los jóvenes. La escuela lasallista, por medio de una atención cuidadosa de tales celebraciones, puede ayudar a reforzar la comunidad de fe en la escuela.
2.27 El testimonio dado por una comunidad de fe
La comunidad de fe, por el mero hecho de su existencia, proclama la verdad que la convoca a la existencia y la sostiene; es decir, que todos sus miembros han recibido el Bautismo cristiano y reconocen a Dios como creador, a Jesucristo como su Redentor y al Espíritu Santo como enviado por el Padre y el Hijo para conducirnos a la plena realización en Dios. Si ésta es la forma clásica que merece la denominación de comunidad de fe, es importante notar que no se trata de un grupo de elegidos que desean presentarse como mejores que los demás. Es la agrupación de personas que intentan ser fieles a la visión que los inspira. Este sentido de comunidad de fe puede percibirse a veces de forma más fuerte que otras, por ejemplo en acontecimientos particulares que vincularn en la fe a sus miembros más estrechamente. Nos viene a la memoria el célebre texto de La evangelización en el mundo moderno del Papa Paulo VI.
Hoy día las personas escuchan más a gusto a los testigos que a los maestros, y si escuchan a los maestros, se debe a que son testigos” (41).
El capítulo General de 1993 percibió como un ideal que ha de perseguirse el que “se emplearan los medios convenientes para que cada obra lasallista, en cuanto sea posible, promueva la creación de comunidades de fe, grupos de referencia integrados por diversidad de personas (Hermanos, sacerdotes, religiosos, religiosas, seglares, jóvenes...) deseosas de profundizar en su fe y con una mínima preocupación por anunciar explícitamente a Jesucristo y por comprometerse en el servicio de los pobre” (Circular 435,5.5.). Lo importante en esta noción es que la comunidad de fe mira esencialmente hacia el exterior. Está menos preocupada por restringir o limitar los miembros que por incluir a todos los que se pueden beneficiar de la gracia de este momento en que se expresa la fe en que los inhabita. Se ha dicho que los cristianos reconocen frecuentemente la imperfección de su esperanza y de su caridad; pero que, de algún modo, parecen insistir en que su fe nunca puede ser incompleta, olvidando así la oración de los Apóstoles: “Señor, auméntanos la fe”.
Además, siempre se ha de tener presente que la “la comunidad de fe” no es simplemente una estructura establecida con reglas rígidas de participación, en la cual entrarían, como de derecho propio, los que están bautizados. La naturaleza de la fe cristiana claramente es tal que, lo que confiere el ser ser miembro de la comunidad, no es sólo una cuestión de iniciación a través del Bautismo ni por el conocimiento de la doctrina cristiana. La gracia conferida por el Bautismo, como insiste la tradición cristiana, puede permanecer en potencia en aquellos que no hacen ningún esfuerzo para cooperar con ella por medio de las prácticas usuales de la vida cristiana. Una comunidad de fe puede formarse implícitamente por aquellos que obran de acuerdo con los principios del Evangelio de San Mateo, capítulo 25, dando de comer, ofreciendo un vaso de agua, visitando a los enfermos y los encarcelados.
Muchos han tenido la experiencia de esa comunidad de fe implícita, de alguna manera visible y tangible en ciertos momentos en los que la comunidad escolar se junta para celebrar el misterio de la vida y la muerte, de la enfermedad y del sufrimiento entre sus miembros. Puede sentirse en los esfuerzos de los que luchan gratuitamente por razones humanitarias para aliviar el sufrimiento humano bajo cualquier forma o apariencia. El ejemplo del Papa Juan Pablo II rezando con los líderes de otras religiones en Asís en 1986 es probablemente en los tiempos actuales uno de los ejemplos más llamativos de esta comunidad de fe ocasional que se reúne para reconocer al único Señor y Creador en la plegaria común por la paz.
2.28 El testimonio personal
Hay escuelas lasallistas que desarrollan su misión en países donde las restricciones del gobierno ponen muy difícil la enseñanza formal de la religión o su práctica. En tales casos el valor procede del testimonio de la misma presencia de la escuela y del servicio que presta al desarrollo humano. La propia integridad personal del profesor es frecuentemente una forma de influencia muy importante en los jóvenes. Los debates sobre problemas de actualidad –la guerra, la violencia, el racismo, la sexualidad, el SIDA, la paz, el medio ambiente– pueden ser medios eficaces para dar testimonio de la verdad. Los términos en los que la Declaración describe al Hermano como catequista se pueden aplicar de forma más amplia a todos los educadores lasallistas que se las quieran apropiar:
El Hermano el educador lasallista revela la religión del amor fraternal en la medida en que da muestras del beneficio que supone para ellos el amor obsequioso, viril, desinteresado, que les prodiga. Los jóvenes encuentran al Dios que les llama por su nombre no en los libros, ni en las palabras, sino más bien en su catequista.” Declaración 40,5

Para la reflexión personal y la discusión en equipos




  1. Cuando escuchas a los alumnos que conoces

¿de qué te enteras respecto de la práctica de su fe?


  1. ¿En qué sentido es “comunidad de fe” tu comunidad educativa?




  1. ¿De qué forma el Evangelio es “escuchado”, “vivido” y “celebrado”

en tu escuela?

Hermanos de las escuelas cristianas



La misión lasallista, educación humana y cristiana. Una misión compartida

Roma. Italia. 1997



Trabajo en equipo
1- ¿Cuáles son las características del lasallismo?
2- ¿En qué consiste el “Espíritu de Fe”?
3- ¿Qué es el “Celo ardiente por la salvación de las almas”?
4- ¿Por qué San Juan Bautista De La Salle prescribe que la misión de la educación lasallista sea realizada en “Comunidad”?
Tarea
5- ¿Cómo explican Ustedes que la educación sea un verdadero MINISTERIO en la Iglesia?
6- ¿Qué carismas han recibido Ustedes para la educación de sus hijos?
7- ¿En qué forma realizan Ustedes comunitariamente la misión educativa de su familia?
8- ¿Qué significado tiene para Ustedes la presencia de los Hermanos Lasallistas en la Comunidad Educativa?

Bibliografía
XXIX CAPITULO GENERAL. Declaración sobre el Hermano de las Escuelas Cristianas en el mundo actual.
Hermanos de las escuelas cristianas, La misión lasallista, educación humana y cristiana. Una misión compartida. Roma. Italia. 1997
HNO. ALFREDO MORALES, De la mañana a la noche. Espíritu y estilo de la educación lasallista, RELAL.
LUIS EDUARDO GARCIA HUIDOBRO. Génesis de la Comunidad Educativa. Colección Educación Hoy. Perspectivas Latinoamericanas.

1 No pretendemos presentar aquí el conjunto de la pedagogía lasallista, sino simplemente subrayar algunas de sus orientaciones principales y destacar su inspiración evangélica. Añadamos que las tres orientaciones señaladas aquí fueron analizadas en una perspectiva más moderna por la Declaración del Capítulo General de 1966-1967, El Hermano de las Escuelas Cristianas en el Mundo Actual: No. 45 a 48. A lo largo del presente artículo se hacen numerosas referencias a estos números de la Declaración.





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