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Las vías hacia la modernización política en la Argentina de fines del siglo XIX. La reforma constitucional de 1889 en Corrientes1 María del Mar Solís Carnicer2 Resumen


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Las vías hacia la modernización política en la Argentina de fines del siglo XIX. La reforma constitucional de 1889 en Corrientes1

María del Mar Solís Carnicer2
Resumen

La reforma constitucional de 1889 en la provincia de Corrientes, se constituye en una expresión del proyecto modernizador de la Argentina de fines del siglo XIX. La misma, aunque asentada en tradiciones políticas de larga data, implicó cambios importantes en el diseño institucional provincial que derivaron en una transformación progresiva de sus prácticas políticas.

La organización de un poder legislativo bicameral, la adopción de un sistema de representación proporcional para las elecciones y la separación de la Iglesia y el Estado constituyen los pilares fundamentales sobre los cuales se apoyó esta reforma.

En este trabajo se analiza el proyecto de reforma, las ideas que lo sustentaron, el debate que se dio en el seno de la Convención y en la opinión pública y las consecuencias de su inmediata aplicación, con el objeto de identificar los argumentos a favor y en contra de las reformas propuestas y evaluar su incidencia en la vida política correntina de fines del siglo XIX y principios del siglo XX.


Abstract

The 1889 reform of Corrientes Constiution, was an expression of the modernization project of Argentina in the late nineteenth century. The new constitution, even so based on long-standing political traditions, involved important changes in the provincial institutional design resulting in a progressive transformation of its political practices.

The organization of a bicameral legislature, the adoption of a proportional representation system for the provincial elections, and the separation between Church and State were the pillars of this reform.

This paper analyzes the reform project, the ideas behind it, the debate not only in the Constitutional Convention but also in the public opinion, and the consequences of their immediate implementation, in order to identify the arguments for and against the reforms and assess their impact on the political life in Corrientes in the late nineteenth and early twentieth century.


En la historiografía correntina tradicional, la Constitución de 1889 aparece claramente como una expresión del proyecto modernizador impulsado por el gobierno del autonomista Juan Ramón Vidal (1886- 1889). La misma, es cierto, implicó cambios importantes en el diseño institucional provincial pues, con ella, se reformó la organización del Poder Legislativo, convirtiéndolo en bicameral, se adoptó el sistema de representación proporcional para las elecciones y se dispuso la separación de la Iglesia y el Estado. Sin embargo, y a pesar de la relevancia de estas reformas, no podemos afirmar categóricamente que ésta marcara una ruptura para las tradiciones políticas provinciales precedentes.

En ese sentido, es importante destacar aquí que estas transformaciones institucionales, en parte “importadas” de otras constituciones provinciales, se aplicaron en una sociedad con un marcado tradicionalismo y conservadurismo cultural y político, cuestión que debe tenerse en cuenta en el momento de analizarla. Por ese motivo, más allá de que es indudable la inclusión en esta constitución de los principios defendidos por el liberalismo político, muchas de sus disposiciones tuvieron más que ver con las características y los problemas de la sociedad y la política local. Además, los fundamentos que se usaron para algunas de esas reformas revelaban una escasa reflexión acerca de su sentido y significado y parecen más bien responder al uso de cierto lenguaje político aceptado en ese momento y utilizado por aquellas sociedades y estados considerados por los convencionales como “más avanzados” o “civilizados”.

Por ese motivo, en este artículo, intentamos desprendernos de aquella concepción que tiende a estudiar los rasgos de la modernidad a partir de su contraposición con la noción de tradicionalismo. En este sentido coincidimos con Francois Xavier Guerra en que, estas perspectivas, resultan inapropiadas para comprender el desenvolvimiento histórico de América Latina, en donde los imaginarios modernos escondieron y sirvieron de albergue a prácticas e imaginarios incompatibles con ellos3. Por otra parte, sin introducirnos en las discusiones en torno a los alcances de los términos modernidad y modernización y su dialéctica y las diferentes miradas acerca de la misma modernización, adherimos a una noción amplia de modernización política que la entiende como el proceso de emergencia de formas políticas, distintas y diferenciadas, por el cual el estado se separa de la sociedad civil y delinea sus rasgos institucionales a partir de los fundamentos del liberalismo político4.

En este trabajo, que abordará solo algunos de los aspectos político - institucionales involucrados, se analizará el proyecto de reforma de la Constitución, las ideas que lo sustentaron y el debate que se dio en el seno de la Convención con el objeto de identificar los argumentos modernizadores de las reformas propuestas y el peso de la tradición política en las medidas sancionadas.

I- La élite política y la sociedad correntina a fines del siglo XIX. Ideas dominantes, prácticas y representaciones.

Aunque aquí solo nos proponemos analizar algunos de los aspectos del proceso de modernización política que representa la reforma de la Constitución Provincial de 1889, consideramos indispensable describir las características más sobresalientes de la sociedad correntina de ese momento y en especial de los sectores dominantes, pues fueron ellos los que llevaron adelante este proceso que, en definitiva, les permitirá afirmarse en esa posición.

En 1895, Manuel Florencio Mantilla, historiador y político correntino, distinguió la existencia de tres sectores sociales, a los que denominó: “alta sociedad”, “sociedad nueva” y “masa popular”5. La “alta sociedad”, constituida por el patriciado correntino, se consideraba con derecho a ocupar la cúspide de la estructura social. Conformada por familias de pretensiones aristocráticas, se había consolidado en la segunda mitad del siglo XIX y se arrogaban privilegios y responsabilidades que eran transmitidos de generación en generación. El largo proceso de configuración de este sector social contribuyó en la formación de un conjunto de rasgos identitarios, que si bien lo asemejaban a otros patriciados provincianos, también le aportaba caracteres distintivos6.

El patriciado que se consolidó en Corrientes a partir del último tercio del siglo XIX, se distinguiría fundamentalmente por la actuación de sus antepasados en el proceso de independencia y en las luchas por la organización institucional de la provincia y del país, y por la participación destacada que sus miembros habían tenido tanto en el manejo de las instituciones como en la conducción de las milicias7. En la segunda mitad del siglo XIX, ese patriciado presentaba un perfil homogéneo que se traducía en una serie de rasgos que identificaba a quienes lo componían y al mismo tiempo permitía que se diferenciaran de quienes no pertenecían a él. Unidos por intereses económicos pero muchas veces enfrentados en la arena política, compartían una misma visión del pasado y del futuro de la provincia, tenían una comprensión en común del lugar que ocupaban en la sociedad, gozaban de igual rango o prestigio heredado y regían sus relaciones y conductas por pautas socialmente establecidas que sustentaban los vínculos personales y familiares. Su preeminencia social respondía a su tradición como grupo dirigente, al nivel cultural adquirido por sus miembros y a los beneficios obtenidos por la explotación de los recursos ganaderos. El manejo del aparato institucional y la imposición de las reglas que regulaban el ascenso social, los convertía en sostenedores del orden socioeconómico del que eran beneficiarios.

La “sociedad nueva”, estaba constituida por familias de reciente arraigo, que habrían arribado con posterioridad al período de las luchas civiles y la organización nacional. Este sector aportaba nuevos valores de estimación social, vinculados con el éxito económico. De a poco, sus integrantes comenzaron a ocupar un espacio cada vez más importante en la sociedad y en la vida política e institucional de la provincia. Su escasa notabilidad fue paulatinamente subsanada al vincularse, a través de los negocios y las alianzas matrimoniales, con las familias del patriciado.

En síntesis, la élite dirigente correntina finisecular se caracterizaba por estar integrada por individuos provenientes tanto del patriciado como de la burguesía comercial. Sus miembros compartían intereses económicos, la formación cultural, el estilo de vida, ideas, proyectos y valores. Se identificaban entre sí por el respeto hacia las convenciones que regían la vida social y se diferenciaban del resto de la sociedad, por los lugares en que vivían, los sitios que frecuentaban, los bienes que poseían y las actividades que desarrollaban. La sociedad nueva se sometió a las reglas del patriciado en numerosos aspectos, sin embargo, la ostentación, cualidad atribuida a los nuevos miembros, se convirtió en un rasgo distintivo de todas las familias de la élite de mayor poder económico. Por otra parte, la formación universitaria se fue transformando en una exigencia de su condición social. Los bachilleres se trasladaban a Buenos Aires o Córdoba, para iniciar los estudios universitarios y con el título, regresaban a Corrientes, donde muchos de ellos ingresaban al terreno de la política.

Esta élite dirigente fue permeable a las ideas liberales y al credo positivista circulante en el país a fines del siglo XIX. El tradicionalismo católico y la religiosidad, se vieron afectados por los embates del liberalismo. La moral cristiana cedió paso a la moral liberal, orientada hacia el acatamiento de las normas que aseguraran la convivencia social y mantuvieran su predominio de clase.

En el terreno político, sus miembros se repartían entre dos partidos: el liberal y el autonomista. El origen de ambos se remonta a mediados del siglo XIX, (rezagos del viejo mitrismo y urquicismo respectivamente) aunque su organización definitiva como partidos políticos la alcanzaron recién hacia 1880, cuando lograron desprenderse de los partidos que tenían un alcance e influencia nacional, que les habían dado origen8. Más allá de que los liberales y autonomistas constituyeron dos sectores bien diferenciados y contrapuestos, hacia fines de la década de 1880 se observan entre ellos algunos rasgos comunes tales como la composición social de sus sectores dirigentes, la adhesión a los principios ideológicos del liberalismo político y su carácter faccioso, proclive a las divisiones internas, propia de la política de notables en la que actuaban.

En 1889, los liberales, que habían gobernado la provincia durante toda la década de 1870, se encontraban divididos en dos fracciones, la mantillista y la martinista, cuyos nombres reflejaban la adhesión a un líder más que a una ideología (Manuel Florencio Mantilla y Juan Esteban Martínez, respectivamente). Estos últimos se aliaron a los autonomistas mientras que el sector mantillista se mantuvo en la oposición. Los autonomistas, que ocupaban el gobierno provincial desde 1880, contaban entre sus principales dirigentes a Manuel Derqui y a Juan Ramón Vidal. Este último lo sucedió a aquél tanto en la presidencia del partido como en la gobernación en 1886 y ocupaba ese cargo en el momento en que se reformó la Constitución Provincial. Aliados sucesivamente de Roca y Juárez Célman, siguieron los lineamientos de la política nacional de ese momento.

Los enfrentamientos armados entre liberales y autonomistas fueron una constante durante la segunda mitad del siglo XIX, y aunque paulatinamente el sufragio se irá imponiendo como la forma legítima de acceso al poder, las revoluciones seguirán presentes hasta los primeros años del siglo XX.

La influencia de la masonería en la política correntina, aunque aún no se haya estudiado en profundidad, se evidencia en el importante número de figuras relevantes de los partidos políticos correntinos que adhirieron a ella. La logia “Constante Unión”, fundada en la capital provincial en 1834 y las existentes en distintas localidades del interior nuclearon a los principales dirigentes de todos los partidos9. El desarrollo de la masonería y la difusión de las ideas liberales durante el siglo XIX provocaron una disminución en la devoción cristiana de los hombres, que se tradujo en el apoyo a la educación laica, la separación de la Iglesia y el Estado y la configuración de un conjunto de concepciones morales que justificaban la persecución de fines terrenales, como el progreso material.

En el otro extremo, los sectores populares se encontraban completamente ajenos a la posibilidad de ascenso social. De acuerdo con la mentalidad de la élite, constituían una masa de población pasiva sujeta al trabajo y necesitada de su amparo y dirección. Los trabajadores, tanto urbanos como rurales, vivían en condiciones muy precarias sometidos a duros regímenes. En el campo, además de la desprotección y miseria en la que vivían los peones y capataces, existía un tercer grupo de trabajadores denominado “pobladores”, que se encontraban en condiciones aún más precarias. El patrón le permitía al poblador hacer un rancho en la estancia, principalmente junto a las tranqueras, y usar una porción pequeña de tierra, pero a cambio contraía la obligación de trabajar gratis en los momentos en que se lo requería y no podía tomar otro trabajo fuera del establecimiento sin su anuencia10. El analfabetismo era una constante y el guaraní la lengua más utilizada por estos sectores sociales, muchos de los cuales, no hablaban el español. La relación clientelar que se estableció entre trabajadores rurales y patrones era interpretada como un símbolo de lealtad por éstos últimos. La militancia partidaria se transmitía de padres a hijos y consistía fundamentalmente en la fidelidad al caudillo político local.. Diferencias muy marcadas, desde el punto de vista de las necesidades y de las posibilidades, mantenían una estricta separación entre estos sectores y los círculos sociales anteriormente caracterizados.

La conciencia pública, monopolizada por la visión del grupo dirigente, denotaba los intereses, los objetivos y las preocupaciones que se instalaban y debatían en el seno de ese sector que conducía a la sociedad en su conjunto. Todos los dirigentes de los partidos políticos actuantes en la provincia a fines del siglo XIX pertenecieron a esa élite social y económica, quienes se sentían naturalmente llamados a dirigir sus destinos.


II- La época de Vidal. Un gobernador con ideas “modernas”. Se inicia el camino a la reforma.
La reforma de la constitución provincial fue la obra culmine del gobierno de Juan Ramón Vidal, un joven político autonomista, aliado de Juárez Célman, que en 1886 llegó a la primera magistratura con el firme propósito de iniciar un período de progreso institucional y económico, tratando de dejar atrás los rasgos tradicionales de la política correntina de ese momento, caracterizada por la constante y cruenta lucha entre facciones políticas a las que responsabilizó del retraso material de Corrientes11.

Con ese objetivo, buscó a sus colaboradores entre los “jóvenes progresistas” de la época, que compartían con él esa idea de instaurar una “nueva política” en Corrientes, alejada de las luchas civiles y revoluciones. De ese modo, consiguió que, un sector del partido liberal, hasta ese momento acérrimo opositor del autonomismo, liderado por Juan Esteban Martínez, participara de su gobierno por coincidir con estas ideas.

En el nuevo discurso político que buscaron imponer, la presencia de caudillos locales y enfrentamientos armados por causas políticas van a pasar a formar parte de la política “vieja” que se pretendía transformar. En ese sentido, se oponen a la idea de competencia, a la que vinculaban con la de enfrentamiento y lucha que, por otra parte, equivalía a la “barbarie”. No importaba el color político sino el coincidir con el proyecto de progreso que se proponían llevar a cabo. En una entrevista que le hicieron a Vidal en el periódico La Patria Italiana, siendo aún candidato, dejó muy claro este pensamiento cuando dividió a la política entre buenos y malos: “[…] lo que le puedo asegurar es que yo gobernaré con todos los buenos de mi provincia, de cualquier partido que sean”12. Es decir, los partidos no eran los importantes sino adherir a este nuevo proyecto que estaba por encima de ellos.

Estas ideas están en consonancia con las vigentes en ese momento acerca de la lucha política entendida como negativa para el desarrollo institucional y económico. Se observan tanto en el discurso político de Roca como en el de Juárez Célman, según el cual la Argentina había entrado en una nueva era, marcada por el progreso no solo material sino también moral. El fruto más preciado de ese progreso era la paz y, para mantenerla, había que ubicar a la política y a los partidos en un rol mucho más modesto. Hacía falta una política más práctica de tolerancia y unificación de opiniones, donde los partidos tuvieran solo un carácter accidental, debían organizarse para las elecciones pero luego disolverse para no producir tensiones en la sociedad. Para estos sectores, la modernización política consistía en reducir el rol de la política y los partidos al calendario electoral, ideas con las cuales comulgaba el gobernador correntino13. En el pensamiento de Vidal, este proyecto modernizador no podía llevarse a cabo sin una reforma de la Constitución que la adaptase a los nuevos tiempos y al nuevo clima político que se vivía tanto en la provincia como en la nación. Más allá de que estas ideas estuvieron presentes desde el mismo momento de su asunción como gobernador en el año 1886, recién se llevarán a cabo al final de su mandato cuando pudo conseguir el apoyo de una fracción del liberalismo que le aseguraba anticipadamente el éxito de la reforma.

En ese entonces, estaba en vigencia la Constitución provincial sancionada en 1864. En ella se había incorporado el Régimen Electoral provincial de acuerdo con los preceptos vertidos en la Constitución Nacional; se creó el cargo de vice gobernador y se estableció la formación de una Junta o Colegio Electoral para la elección del gobernador y el vice14.

En el período que va desde 1864 a 1889, se plantearon dos proyectos de reforma, uno en 1875 y otro en 1879. Sin embargo, más allá de haberse sancionado las leyes que establecían su necesidad y de haber tenido un principio de resolución, la Convención nunca llegó a reunirse. El 13 de enero de 1888, Vidal utilizó la misma ley de 1875, para presentar a la Cámara Legislativa un proyecto por el cual se establecía una nueva fecha de reunión de la Convención Constituyente, que se aprobó sin discusión el mismo día de su presentación15.


“Si hace 13 años, en 1875, la Constitución actual era digna de reformarse, […] qué no lo será ahora cuando la provincia ha progresado, sintiéndose con fuerzas suficientes para reclamar una carta fundamental más amplia, más liberal y más saturada si se nos permite la expresión de ese espíritu de progreso que invade a los pueblos, y los mejora y los transforma.”16
El 20 de enero se decretó el llamado a elecciones de convencionales fijando la fecha del 26 de febrero para su realización17. Se presentó una única lista de candidatos, elegidos en una reunión de notables realizada el 10 de febrero en la casa del Diputado Nacional José Francisco Soler18. Ella se componía de destacados y, en su mayoría jóvenes, dirigentes del autonomismo y del liberalismo martinista, entre los cuales se distribuyó su representación por departamento19.

La oposición, representada por el liberalismo mantillista, no participó en las elecciones y su líder, Manuel Florencio Mantilla, a través del periódico Las Cadenas, concentró sus críticas sobre la composición de la convención y su legalidad. En los primeros tiempos no avanzó sobre los aspectos centrales de la reforma, a los que recién se referirá una vez que esta fuera promulgada20. Los llamó a los convencionales “niños terribles”, haciendo alusión a su juventud, aunque rescató entre ellos la más amplia formación intelectual de los representantes liberales21.

Finalmente, el 16 de febrero de 1888, se dictó la ley que convocaba a la Convención Constituyente para el 25 de marzo de ese mismo año. Las elecciones se llevaron a cabo con tranquilidad, resultando electos todos los candidatos propuestos por los partidos aliados.

III- Entre la discusión y el consenso. La convención constituyente.
La convención inició su trabajo el 24 de marzo de 1888, pero recién el 12 de diciembre de ese año, se presentó el proyecto de reforma de la Constitución que empezó a discutirse el 21 de diciembre. En las veinte sesiones llevadas a cabo desde marzo a diciembre de 1888 solo se analizaron los diplomas de los convencionales, se eligieron a las autoridades, se discutió el reglamento interno de la Convención y la organización de las diferentes comisiones. La labor de la Convención finalizó casi un año después de su instalación, el 15 de marzo de 1889, después de cincuenta y siete reuniones.

Los convencionales que la integraron en primer término fueron: Juan Esteban Martínez (presidente); Juan Bautista Aguirre Silva (vicepresidente 1°); José Miguel Guastavino (vicepresidente 2°); Antonio Ruiz; Justino Solari; Benjamín Romero; Conrado Romero; Eugenio Breard; Pedro Reina; Manuel Echavarría; Pedro Goñalons; Justino I. Solari; José E. Robert; Juan P Acosta, Delfino Pacheco, Pedro T. Sánchez, Juan Valenzuela; Leandro Caussat, Félix María Gómez, Ricardo Osuna; Ramón Parera y Pedro Corrales22. Todos ellos pertenecían al partido autonomista y a la fracción martinista del partido liberal23. Sin embargo, en su transcurso, se fue renovando, por renuncias o fallecimientos de sus miembros o por expulsión debida a reiteradas y prolongadas inasistencias.

Por la amplitud de la reforma que se pretendía realizar y para agilizar el trabajo se dividieron en cinco comisiones24: De declaraciones, derechos y garantías; del Poder Legislativo y Régimen Electoral; del Poder Ejecutivo; del Poder Judicial y del Régimen Municipal. Además, para unificar la labor, se organizó una Comisión General con un miembro de cada una de ellas y dos más elegidos directamente por la Asamblea25. Los más activos participantes en las sesiones fueron los representantes liberales José Miguel Guastavino y Pedro Sánchez y los autonomistas Juan Bautista Aguirre Silva y Félix María Gómez que demostraron tener una mayor preparación que los demás.

El debate en general fue escaso, sólo algunos puntos generaron cierta discusión (especialmente la cuestión de la organización del Poder Judicial). Se percibe la intención de evitar la confrontación y alcanzar el consenso por todos los medios, avalándose siempre en las disposiciones de la Constitución de la provincia de Buenos Aires sancionada en 1873, que fue tomada como modelo26. A tal punto llegó esa identificación con aquella Constitución que en reiteradas oportunidades, cuando se pensaba que existía alguna falla en la redacción del articulado, se solicitaba se leyera el artículo correspondiente de la Constitución de Buenos Aires, para verificar su correcta redacción27.

La nueva Constitución correntina incluyó 203 artículos distribuidos en nueve partes28 y entre las reformas fundamentales pueden mencionarse que adoptó el sistema de representación proporcional para la conformación de los cuerpos colegiados electivos, pero dejó en manos de una ley posterior su realización; organizó el Poder Legislativo siguiendo el sistema bicamarista; sancionó los derechos y garantías para todos los habitantes e instituciones; estableció la separación entre la Iglesia y el Estado, organizó el juicio político; deslindó el régimen municipal y dispuso la conformación de un Poder Judicial a término.

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