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Las misiones existen porque la adoración no existe


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La supremacía de Dios en misiones

a través de la adoración

“Las misiones existen porque la adoración no existe.”

-Por John Piper

[1998 Special Issue, Mission Frontiers Bulletin, pag. 3-6. Este artículo es una compilación de fragmentos del primer capítulo del libro de John Piper, Let the Nations Be Glad. Traducido del inglés al español por Marlhys Nóbrega para el Proyecto CANAL, enero 2001]
Las misiones no constituyen el objetivo fundamental de la iglesia. La adoración sí lo es. Las misiones existen porque la adoración no existe. La adoración es fundamental, las misiones no lo son, porque Dios es fundamental, no el hombre. Cuando esta era haya pasado, y la cantidad incontable de los redimidos se postre rostro en tierra delante el trono de Dios, ya no habrá necesidad de hacer misiones. Pero, la adoración durará para siempre.

La adoración, por lo tanto, es el combustible y el objetivo de las misiones. Es el objetivo de las misiones puesto que lo que buscamos sencillamente en misiones es conducir a las naciones a la adoración ferviente de la gloria de Dios. El objetivo de las misiones es alcanzar a los pueblos para que estos se gocen en la grandeza de Dios. “¡El Señor es Rey! ¡Regocíjese la tierra! ¡Alégrense las costas más remotas!”(Salmo 97:1). “Que te alaben, oh Dios, los pueblos; que todos los pueblos te alaben. Alégrense y canten con júbilo las naciones” (Salmo 67:3-4).

Ahora bien, la adoración también es el combustible de las misiones. La pasión por Dios en la adoración viene antes de la predicación de Su Palabra. No puedes hablar a favor de algo que no te apasiona. Los misioneros nunca podrán anunciar con firmeza “Alégrense …las naciones,” si no pueden decir de corazón, “Yo, por mi parte, me alegro en el Señor…Quiero alegrarme y regocijarme en Ti, y cantar salmos a tu nombre, oh Altísimo” (Salmo 104:34; 9:2). Las misiones comienzan y terminan con la adoración.
Si la búsqueda de la gloria de Dios no está ubicada como prioridad, por encima de la búsqueda del bienestar del hombre y los deseos de su corazón y, de las prioridades de la iglesia, no serviremos bien al hombre y tampoco daremos a Dios la honra que merece. No estoy abogando por disminuir las misiones, sino por magnificar a Dios. Cuando la llama de la adoración arde con el calor (que produce saber) Quién verdaderamente es Dios, la luz de las misiones brillará para los pueblos más remotos de la tierra. ¡Y mi deseo es que ese día llegue pronto!
Si no hay pasión por Dios, no habrá pasión por las misiones. Las iglesias que no están centradas en exaltar la majestad y la belleza de Dios a duras penas alimentarán un deseo ferviente de “proclamar su gloria entre las naciones” (Salmo 96:3). Incluso los de afuera se dan cuenta de la falta de coherencia/incongruencia que hay entre la firmeza de nuestra proclamación en cuanto a las naciones y lo insípido que es nuestro compromiso con Dios.

La denuncia de Albert Einstein

Por ejemplo, Charles Misner, un científico especialista en la teoría general de la relatividad, expresó el escepticismo de Einstein sobre la iglesia con unas palabras que deberían despertarnos ante la superficialidad de nuestra experiencia con Dios en la adoración.


“El diseño del universo…es demasiado magnífico como para no darle importancia. De hecho, creo que fue por esa razón que Einstein estaba desinteresado en la religión organizada; aunque me parece que él básicamente era un hombre muy religioso. Él ha debido escuchar lo que el predicador dijo sobre Dios y habrá sentido que el predicador estaba blasfemando. Einstein había visto la majestad que ninguno de ellos había siquiera imaginado, y por eso no hablaban de la manera más apropiada en cuanto a esto. Lo que pienso es que Einstein sencillamente sintió que las religiones que él había conocido no tenían el respeto adecuado…por el autor del universo.”
La acusación por blasfemia es cargada. El punto es dar un golpe fuerte al hecho de que en nuestros cultos de adoración, pareciera que Dios simplemente no es adorado por Quién es Él. Inconscientemente se le ha restado importancia. Para aquellos que han quedado pasmados ante la magnificencia indescriptible de lo que Dios ha hecho, sin mencionar la infinita grandeza de Quien lo hizo, la dieta regular de los domingos sobre los principios prácticos de “Cómo tratar con esto y aquello..,” además de la psicología tipo sedante, la terapia relacional, y la planificación estratégica parece quedar totalmente fuera de contacto con la Realidad- el Dios de grandeza abrumadora.
Es posible distraerse y desviarse de Dios, al tratar de servir a Dios. Al igual que Marta, descuidamos la única cosa importante, y comenzamos rápidamente a presentar a Dios como un Dios ocupado y descontento. A. W. Tozer nos advierte en cuanto a esto: “Generalmente, presentamos a Dios como a una persona ocupada, impaciente, en cierta forma como un padre frustrado, apurado por conseguir ayuda para cumplir con Su plan de traer paz y salvación al mundo…Demasiados discursos misioneros para pedir apoyo están basados en esta imagen de frustración, del Dios Todopoderoso.”
Los científicos saben que la luz viaja a la velocidad de 5.87 trillones de millas en un año. También saben que la galaxia de la cual forma parte nuestro sistema solar se compone de un diámetro de 100.000 años luz- cerca de quinientos ochenta y siete mil trillones de millas. Es una de aproximadamente un millón de galaxias del mismo diámetro según el alcance óptico de los telescopios más poderosos que poseemos. En nuestra galaxia hay cerca de 100 billones de estrellas. El sol es una de ellas, una modesta estrella encendida que arde a 6.000 grados centígrados en la superficie, y que se desplaza en una órbita a 155 millas por segundo, lo que significa que necesita cerca de 200 millones de años para completar una revolución alrededor de la galaxia.
Los científicos saben estas cosas y se maravillan. Y dicen, “Si existe un Dios personal, como dicen los cristianos, que creó este universo con una palabra, entonces, hay cierto respeto, reverencia, admiración y temor que debería manifestarse cuando hablamos sobre Él y cuando lo adoramos.”
Nosotros que creemos en la Biblia, sabemos esto mejor que los científicos porque hemos escuchado algo más asombroso aún: “¿Con quién, entonces, me compararán ustedes? ¿Quién es igual a mí?,” dice el Santo. Alcen los ojos y miren a los cielos: ¿Quién ha creado todo esto? El que ordena la multitud de estrellas una por una, y llama a cada una por su nombre. ¡Es tan grande Su poder, y tan poderosa Su fuerza, que no falta ninguna de ellas!’ (Isaías 40: 25-26).
Cada una de los billones de estrellas que hay en el universo existen por el mandato específico de Dios. Él conoce el número de ellas. Y lo más sorprendente es que las conoce por nombre. Las estrellas cumplen con la orden de Dios como sus agentes personales. Cuando llegamos a sentir el peso de esta grandeza desplegada en los cielos, sólo hemos tocado el borde de sus vestiduras. “¡Y esta es sólo una muestra de Sus obras, un murmullo que logramos escuchar!” (Job 26:14). Por eso es que exclamamos, “Exaltado seas sobre los cielos, oh Dios.” (Salmo 57: 5 RV). Dios es la realidad absoluta que todos en el universo deben aceptar. Todo depende completamente de Su voluntad. El resto de las realidades se comparan con Él como comparar una gota de lluvia con el océano, o como comparar el montículo de un hormiguero con el monte Everest. Ignorar a Dios o minimizar Quién es Él es algo totalmente descabellado, es una insensatez suicida. ¿Cómo podría alguien ser el emisario de este Gran Dios si no ha temblado ante Él lleno de regocijo y asombro?
La segunda actividad más grande del mundo
El tema de mayor relevancia en misiones es la centralidad de Dios, que Dios sea el centro, en la vida de la iglesia. Si la gente no se asombra ante la grandeza de Dios, ¿Cómo pueden ser enviados con el sonoro mensaje, “¡Grande es el Señor y digno de alabanza, más temible que todos los dioses!” (Salmo 96: 4). Las misiones no constituyen un fin en sí, en cambio, Dios sí. Y éstas no son solamente palabras. Esta verdad es el alma, lo que da vida, a la inspiración misionera y a la perseverancia. William Carey, el padre de las misiones modernas, que desembarcó para la India desde Inglaterra en 1793, expresó esa conexión:
“Cuando salí de Inglaterra, mi esperanza de ver la India convertida a Cristo era muy fuerte; sin embargo, al encontrarme en medio de tantos obstáculos, esa esperanza casi muere; no fue así porque Dios la sostuvo. Es cierto, tengo a Dios y Su Palabra es verdad. A pesar de que la superstición de los paganos era más fuerte de lo que ellos mismos eran, y el ejemplo de los europeos era mil veces peor, y a pesar de ser traicionado por todos y perseguido por todos, mi fe apoyada en la Palabra de Dios, se elevaba por encima de todos los obstáculos y vencía las pruebas. La causa de Dios triunfará.”
Carey y miles como él se han movido gracias a la visión de un Dios grande y triunfante. Esa visión debe venir primero. Saborearla a través de la adoración precede a la predicación de la misma en misiones. La historia y todo lo relacionado con la historia se está moviendo hacia un gran objetivo, la adoración ferviente a Dios y a Su Hijo entre todos los pueblos de la tierra. Las misiones en sí no constituyen este objetivo. Constituye el medio. Y por esa razón, misiones es la segunda actividad humana más grande en el mundo.

La pasión de Dios por Dios mismo es la base

de nuestra pasión por Él

Una de las cosas que Dios usa para que esta verdad cale en una persona y en la iglesia es hacerles comprender que esta afirmación también es una verdad para Dios mismo. Las misiones no son el objetivo final de Dios, la adoración sí lo es. Y cuando esto penetra en el corazón de una persona, todo cambia. El mundo, a menudo, está de cabeza. Y todo se ve diferente- incluso la empresa misionera.


La base fundamental para nuestra pasión de ver a Dios glorificado es su propia pasión de ser glorificado. Dios es céntrico y supremo en cuanto a los deseos de Su corazón. No existen rivales para la supremacía de la gloria de Dios en su propio corazón. Dios no es un idólatra. No desobedece su primer gran mandamiento. Con todo su corazón y alma, mente y fuerzas Él se deleita en la gloria de su múltiple perfección. El corazón más apasionado por Dios en todo el universo, es el corazón de Dios.
Esta verdad, más que cualquier otra que conozco, sella la convicción de que la adoración es el combustible y el objetivo de las misiones. La razón más profunda por la que nuestra pasión por Dios debe poner en marcha las misiones es que la pasión de Dios por Dios pone en marcha a las misiones. Las misiones fluyen como resultado de nuestro deleite en Dios porque las misiones fluyen del deleite de Dios en ser Dios. Y la razón más profunda por la cual la adoración es el objetivo de las misiones es que la adoración es el objetivo de Dios. Confirmamos este objetivo con pasajes bíblicos que muestran la búsqueda constante de Dios de alabanzas a Su nombre entre las naciones. “¡Alaben al Señor todas las naciones! ¡Exáltenlo todos los pueblos!” (Salmo 117:1). Si este es el objetivo de Dios, también debe ser nuestro objetivo.
El propósito de Dios es glorificar a Dios y disfrutar de Sí mismo por siempre
Todos los años que he pasado predicando y enseñando sobre la supremacía de Dios en el corazón de Dios han demostrado que esta verdad golpea a la gente como un camión cargado de fruta desconocida. Si sobreviven al impacto, descubren que se trata del fruto más exquisito del planeta. He desempacado esta verdad con amplios argumentos en otros lugares. Sin embargo, en este escrito solamente presentaré un repaso breve de la base bíblica. Lo que estoy afirmando es que la respuesta a la primera pregunta del Catecismo de Westminster es la misma tanto para el hombre como para Dios. La pregunta es: “¿Cuál es el ‘fin último’ del hombre?” Respuesta: “El fin del hombre es glorificar a Dios y disfrutar de Él por siempre.” Pregunta: “¿Cuál es el ‘fin último’ de Dios?” Respuesta: “El fin de Dios es glorificar a Dios y disfrutar de Sí para siempre.”
Otra forma de decirlo sencillamente es que Dios es justo. Lo opuesto a la justicia es valorar y disfrutar de lo que no posee valor alguno o de lo que no ofrece recompensa. Por esta razón, en Romanos 1: 8 se hace referencia a la injusticia de los hombres. Porque cambiaron el valor de la verdad de Dios por la mentira y adoraron a los seres creados. De esa manera, desestimaron a Dios y desacreditaron su valor. La justicia es lo opuesto a esto. Significa reconocer el verdadero valor de algo por lo que es, valorarlo, estimarlo y disfrutar de eso conforme a su verdadero valor. Los injustos, en 2 Tesalonicenses 2:10 perecerán por haberse negado a amar la verdad. Los justos, entonces, son aquellos que reciben el amor a la verdad. La justicia implica reconocer, recibir con alegría, amar y defender lo que es realmente valioso. Dios es justo. Esto quiere decir que Él reconoce, recibe, ama y defiende con un celo infinito y energía lo que es infinitamente valioso, es decir, el valor de Dios. La pasión justa de Dios y su deleite es demostrar y defender Su gloria infinitamente valiosa. Esta no es una conjetura teológica vaga. Esta verdad fluye inevitablemente de docenas de textos bíblicos que presentan a Dios en la búsqueda constante de alabanza y honor de la creación hasta la consumación de la misma.
Probablemente, ningún texto en la Biblia revela la pasión de Dios por su gloria en una forma más clara y contundente que en Isaías 48:9-11 donde Dios dice,

Por amor a mi nombre contengo mi ira, por causa de mi alabanza me refreno, para no aniquilarte. ¡Mira! Te he refinado pero no como a la plata; te he probado en el horno de la aflicción. Y lo he hecho por mí, por mí mismo. ¿Cómo puedo permitir que se me profane? ¡No cederé mi gloria a ningún otro!.


He descubierto que para muchas personas estas palabras son como martillazos para un hombre cuya cosmovisión está centrada en sí mismo:

¡Por amor a mi nombre!

¡Por causa de mi alabanza!

¡Por mí!


¡Por mí mismo!

¿Cómo puedo permitir que se me profane? ¡No cederé mi gloria a ningún otro!


Lo que este texto nos señala es la centralidad de Dios en los deseos de Su corazón. El corazón más apasionado por glorificar a Dios es el corazón de Dios. El propósito de Dios es defender y demostrar la gloria de Su nombre.
Y en honor a Su Nombre …a todas las naciones”
Pablo señala claramente en Romanos 1:5 que por medio de Cristo había recibido su misión y su llamado a las naciones: “Por medio de Él, y en honor a Su nombre, recibimos el don apostólico para persuadir a todas las naciones que obedezcan a la fe.”
El apóstol Juan describió el motivo de los primeros misioneros cristianos de la misma manera. Escribió a una de sus iglesias para decirles que debían enviar hermanos “como es digno de Dios.” Y la razón por la que deben hacerlo es que “Ellos salieron por causa del Nombre, sin nunca recibir nada de los paganos” (3 Juan 6-7).
John Stott comenta lo siguiente sobre dichos textos: “Ellos sabían que Dios había exaltado a Jesús hasta lo sumo, entronándole a Su diestra y otorgándole el nombre que está sobre todo nombre, para que toda lengua confiese que Él es el Señor. Ellos anhelaban que Jesús recibiera el honor que merece su nombre. Este deseo no es un sueño es una realidad. En el fondo de nuestro corazón cuando se ha desvanecido toda esperanza, cuando todo lo demás ha dado un paso atrás, podemos estar firmes en esta gran realidad: El Eterno Dios Todo-suficiente está comprometido infinita, firme y eternamente con la gloria de Su Nombre, grande y santo. Él actuará para que Su nombre sea conocido entre las naciones. Su Nombre nunca será profanado. La misión de la iglesia será victoriosa. Él defenderá a su pueblo y a su causa en toda la tierra.
La ausencia de la pasión por Dios que tenía Brainerd es la causante de la debilidad en el área de misiones en las iglesias. Esta fue la conclusión a la que llegó Andrew Murray hace cien años:
“A medida que buscamos el porqué, a pesar de que hay millones de cristianos, el verdadero ejército de Dios que está luchando los batallones de las tinieblas es tan pequeño, la única respuesta es- la falta de un corazón apasionado. El entusiasmo por extender el reino está ausente. Y eso pasa porque. . . hay tan poco entusiasmo por el Rey.”
El celo de la iglesia por la gloria del Rey se surgirá a menos que los pastores, los líderes de misiones, y los profesores de seminarios den la importancia debida al Rey. Cuando la gloria de Dios mismo satura nuestra predicación y enseñanza, conversación y escritos, y cuando Él está por encima de nuestras charlas sobre métodos, estrategias, términos de psicología y tendencias de la cultura, entonces, la gente probablemente comenzará a sentir que Él es la realidad central de sus vidas y que la propagación de su gloria es más importante que todas sus posesiones y todos sus planes.
El llamado de Dios
Dios nos está llamando por sobre todas las cosas a ser el tipo de gente cuyo motivo y pasión es la supremacía de Dios en todas las áreas de nuestra vida. Ninguna persona será capaz de unirse a la magnífica causa de las misiones si no ha experimentado la magnificencia de Cristo. No habrá una gran visión mundial si no hay un Gran Dios. No habrá pasión para atraer a otros a unirse a nuestra adoración si no hay pasión por la adoración a Dios.
Dios está buscando con una pasión omnipotente cumplir con el propósito en todo el mundo de reunir un gran conjunto de adoradores alegres de cada tribu, lengua y nación para que le adoren a Él. Dios posee un entusiasmo inagotable por la supremacía de Su nombre entre las naciones. Por lo tanto, vengamos con un corazón en sintonía con el Suyo, y, por amor a Su nombre, renunciemos a la búsqueda de las comodidades mundanas, y unámonos en el propósito divino para todo el mundo. Si hacemos esto, el compromiso omnipotente de Dios con Su nombre estará sobre nosotros como una bandera, y no perderemos, a pesar de las muchas tribulaciones (Hechos 9:16; Romanos 8: 35-39). Las misiones no constituyen el objetivo fundamental de la iglesia. La adoración sí. Las misiones existen porque la adoración no existe. La gran comisión consiste, primero, en deleitarse en el Señor (Salmo 37:4). Y luego en declarar, “Alégrense y canten con júbilo las naciones” (Salmo 67: 4). De esta manera, Dios será glorificado desde el principio hasta el final, y la adoración facultará a la empresa misionera para lograr su cometido hasta la venida del Señor.
Grandes y maravillosas son tus obras,

Señor, Dios Todopoderoso.

Justos y verdaderos son tus caminos,

Rey de las naciones.

¿Quién no te temerá, oh Señor?

¿Quién no glorificará tu santo nombre?

Sólo Tú eres santo.

Todas las naciones vendrán y te adorarán,

Porque han salido a la luz las obras de tu justicia.

Apocalipsis 15:3-4








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