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Las Ligas Patrióticas


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Las Ligas Patrióticas
Sergio González Miranda*

Carlos Maldonado Prieto**

Sandra McGee Deutsch***

Este artículo tiene por finalidad analizar una de las expresiones mas descarnadas de la chilenización de Tarapacá después de los sucesos del 21 de diciembre de 1907: las ligas patrióticas. Grupos paramilitares, ilegales pero aceptados por la sociedad civil y el Estado chilenos, organizados con el propósito de expulsar a la población peruana residente previo al anunciado plebiscito de Tacna, contribuyendo con ello a terminar con el periodo internacionalista y pluriétnico de la región, e iniciar el periodo nacionalista y de región frontera.



Palabras claves: Ligas patrióticas - Residentes peruanos - Nacionalismo.

This paper aims at analyzing one of the most frightful expressions of the “Chileanization process “in Tarapacá after the events that took place on December 21 st, 1907. There were some paramilitary associations named Patriotic Leagues. They were illegal, however these leagues were accepted by civil society and by the Chilean Government. These groups had been organized with the purpose of forcing the resident Peruvian population out of this region before the already announced Tacna Plebiscite, trying with this fact to put an end to the mul ti-ethinc and internationalist period which was being lived in this part of the continent, and starting the nationalist and region-frontiered period.



Key words: Patriotic leagues - Peruvian residents - Nationalism.

Chilenización de Tarapacá

En pleno 1907, el diario El Trabajo se quejaba de enganches venidos desde Bolivia. Sin embargo, esa queja del órgano de difusión de la Combinación Mancomunal Obrera, internacionalista por definición, no era porque se tratara de bolivianos y estuviera inspirada en un nacionalismo a ultranza, sino porque el enganche fue una institución creada por los patrones para bajar los salarios o quebrar los movimientos huelguísticos.

El nacionalismo nació de las cenizas de esas organizaciones internacionalistas y se impuso por sobre la mixtura de nacionalidades que convivían en el mismo suelo de Tarapacá. Desde el periodo de dominio peruano, la clase obrera de Tarapacá fue trinacional al menos, y entre los grupos patronales predominaron las nacionalidades europeas, destacándose ingleses, alemanes, italianos y eslavos, además de chilenos y peruanos que nunca dejaron de tener gran importancia. Los peruanos dejaron de tenerla después de la persecución que fueron víctimas manos de las Ligas Patrióticas.

Era un hecho inexorable que algún día tenía que llegar el nacionalismo a Tarapacá. El Estado-Nación, la patria, debería hacer su entrada definitiva a un territorio que por más de un cuarto de siglo el país lo vio como anexado y enajenable. Y este concepto totalizador emergió cuando los obreros lograron poner en cuestión el poder local de los patrones salitreros.

El proyecto hegemónico oficial se inició con la institucionalización del espacio salitrero. Tarapacá ingresó al dominio ideológico inclusivo y excluyente del Estado-Nación chileno. Mientras el salitre seguía siendo inglés, el gobierno chileno tomaba posesión soberana del territorio, afincando sus instituciones y socializando a sus habitantes con la nueva ideología. Ya nunca más se celebraría pública y compartidamente un 28 de julio (Independencia del Perú), las salitreras no pararían más sus fuegos para iniciar el festejo, que en algunas oportunidades era coincidente con la fiesta de La Tirana. El ser peruano estaba excluido del dominio de la ideología nacionalista. Lentamente lo boliviano comenzaba también su retirada, hasta llegar a nuestros días bajo una “Militarización discriminatoria. Y el indio temporero dejó de ser un favorito en las administraciones salitreras para dar paso a un obrero estable y, generalmente, chileno.

La proporción de obreros chilenos comenzó a subir respecto de los bolivianos y especialmente de los peruanos, hasta llegar a confundirse todos bajo la misma nacionalidad. El español dominó como lengua sobre el quechua, el aymara y el inglés. El nacionalismo abarcó con sus tentáculos homogeneizadores a obreros, empleados y patrones. Al cabo de dos generaciones, quienes no volvieran a sus paises de origen, sea Bolivia, Perú, Argentina, Inglaterra o Alemania, entre otros, simplemente serán chilenos con abuelo extranjero.

Con la chilenización de Tarapacá, a partir de la segunda década de este siglo, las organizaciones obreras que se funden serán de dos tipos: las mutuales anquilosadas que subsisten hasta nuestros días, cumpliendo con su labor marginal de ayuda mutua, sin ningún protagonismo social, incluso con un conservadurismo apolítico y arreligioso, y con un “internacionalismo” en la letra pero no en los hechos. O, de lo contrario, partidos obreros que si bien pueden estar vinculados o asociados a alguna internacional, serán profundamente “chilenos” y definidos por lo político y su relación -contestataria o no-es con el Estado.

La ideología del Estado chileno fue esparcida por toda la región a través de la Escuela Nacional, que inculcó en la población, entre otras cosas, la exclusividad de las efemérides patrióticas chilenas. En Iquique, por ejemplo, las principales fiestas que aún perduran son el carnaval, el 21 de mayo, la Tirana (celebrada el 16 de julio, día de la Virgen del Carmen, patrona del Ejército), el 18 de septiembre y la navidad y año nuevo. Asimismo, el servicio militar obligatorio homogeneizó el compromiso de los ciudadanos varones de la región con el Estado. Y, por último, los puestos fronterizos, la presencia de Carabineros y la definición precisa de los límites hizo imposible el libre tránsito de personas de un país a otro.(1)

Mientras resultó económicamente necesario, por la gran importancia del factor trabajo en la producción salitrera, la traída de brazos desde todos los rincones del espacio de influencia del enclave salitrero fue administrativa y políticamente aceptado por el Estado chileno. En ese periodo no importó mayormente si los enganches venían del sur chileno, de los valles o el altiplano bolivianos o, incluso, del sur peruano. La soberanía se sacrificaba en pos del objetivo económico de los salitreros y de las arcas fiscales. Pero el movimiento social y la matanza de 1907 remecieron la conciencia rentista indolente del Estado centralista chileno, y ya cercano al centenario de la Independencia, volvió a plantearse el problema de la soberanía que, mientras se acercaba la fecha del plebiscito de Tacna, el conflicto aumentaba para las autoridades chilenas. Y el internacionalismo ideológico puso en cuestión cualquier proyecto de soberanía en un espacio en conflicto cuando existía una población pluriétnica y plurinacional.

En 1907, los cónsules del Perú y Bolivia intentaron infructuosamente convencer a sus conciudadanos que desalojaran la Escuela Santa María y la Plaza Montt. También la bandera argentina flameaba junto a la boliviana, la peruana y la chilena, ese día en Iquique. El presidente del Comité de Huelga era de origen norteamericano, José Briggs. Tan internacional era el territorio de Tarapacá, que no solamente el consulado inglés, sino que muy especialmente el alemán, requirieron barcos de guerra para “defender sus propiedades y vidas de sus conciudadanos”, dudando de la capacidad gubernamental chilena y sobre todo de la soberanía del Estado chileno en la región.

Para el mundo obrero tarapaqueño, 1907 fue un trauma; el trauma de la irrupción del Estado chileno en los conflictos entre ellos y los salitreros. La anterior presencia del Estado en términos bélicos había sido en 1891, pero en esa ocasión el movimiento obrero no se vio comprometido y menos puesto en cuestión en una lucha por el poder entre grupos dominantes.(Con excepción de la matanza en la Oficina Ramírez) Por lo tanto, con la derrota obrera se inició el proceso de chilenización y soberanía verdadera del territorio de Tarapacá por parte del Estado chileno. Tantas décadas de solidaridad de clase, de internacionalismo, de culturas amalgamadas, no era fácil comenzar ideologizando con éxito. Pero como esta socialización tenía también fines prácticos, la necesaria consolidación en pocos años de la soberanía chilena, obligó el empleo de la fuerza y la intimidación de la población más altamente peligrosa e inoportuna para esos fines: la población peruana residente. Asi surgieron las Ligas Patrióticas.

Las Ligas Patrióticas en el Norte

El proceso de rápida “chilenización” de Tarapacá, y principalmente de las ciudades de Tacna y Arica, fue motivo para que el Perú rompiera las relaciones diplomáticas con Chile en 1910. Por su parte, el Perú hizo esfuerzos para reconsiderar la situación de Tacna y Arica que continuaban en poder de Chile, bajo la fuerte influencia de la política de autodeterminación de los pueblos iniciada por el presidente norteamericano Woodrow Wilson de cara a la Primera Guerra Mundial y al desmoronamiento de los imperios coloniales. Después de disturbios nacionalistas en Tarapacá, en diciembre de 1918 Perú debió repatriar a muchos de sus ciudadanos y a su personal consular acreditado en Chile y obligó, en los hechos, a que los cónsules chilenos abandonaran el país.(2) En 1922, al fracasar las negociaciones directas entre Salomón y Barros Jarpa, Estados Unidos comenzó a actuar como árbitro entre ambos paises. La discusión se centró en el futuro de Tacna y Arica; en ese momento el plebiscito no aparecía como la solución mas factible debido a la gran tensión que se vivía en la zona. Aunque en 1925 los Estados Unidos arbitraron pese a todo el plebiscito, éste nunca se llevó a efecto y en 1929 ambos paises dilucidaron directamente sus diferencias quedándose con una ciudad cada uno. Toda esta situación motivó que entre 1910 y 1929, cuando finalmente se reanudaron las relaciones gradas al Tratado de Urna, cundiera la animosidad entre ambas naciones y se dieran las condiciones para la emergencia en Chile de un nacionalismo militante enfilado contra la población peruana residente.

Las Ligas Patrióticas se iniciaron en 1910 en las provincias de Tarapacá y Antofagasta, y tuvieron fuertes rebrotes en 1918 y 1925. Hubo grupos organizados, generalmente armados, en Alto de Junín, Antofagasta, Arica, Caleta Buena, Dolores, Huara, Iquique, Pintados, Pisagua, Pozo Almonte y otros lugares menores. Aunque el gobierno chileno disolvió formalmente las ligas en 1911-1912 y las mantuvo a raya en los años siguientes, en una actitud cómplice permitió que éstas cometieran excesos de todo tipo. El objetivo de las ligas fue agredir con sistemática y desenfrenada violencia traducida incluso en acciones criminales, a peruanos y bolivianos residentes en esas provincias, independientemente de su posición social. Desde su inicio y a partir de 1918 en particular, las ligas fueron instrumentalizadas por los partidos derechistas -principalmente por los liberal democráticos o “balmacedistas” nortinos- con el fin de cooptar al proletariado salitrero, proclive al ideario socialista, y adquiriendo mas tarde un carácter antisocialista y contra el reformismo de la Alianza Liberal de Alessandri; además fueron adquiriendo carácter nacional.(3) “Con esta nueva orientación, las ligas se extendieron por todo el país. Sostenidas por el Partido Conservador, fueron, de hecho, brigadas mercenarias de choque encargadas de desencadenar el terrorismo contra las organizaciones populares y democráticas. Por lo general, estas actividades, instigadas por grandes empresarios nacionales y extranjeros, se ejecutaban con la tolerancia y aun la complicidad de la policía” (Ramirez Necochea; 1978: 11).

Las ligas fueron una mezcla de nacionalismo y tradicionalismo. En 1919, Belisario Salinas, presidente de la Liga Patriótica de Antofagasta, sostenía, por ejemplo, que era necesario “volver a los antiguos valores, a la época en que en el Chile viejo se imponían el talento, el carácter, la honradez y el trabajo”. Achacaba al “corruptor oro peruano” las acciones del comunismo y del liberalismo. (4)

“En general, los dirigentes de las Ligas Patrióticas fueron elementos pertenecientes a las capas medias. En un informe pasado a su gobierno por el cónsul norteamericano en Iquique el 24 de enero de 1919, se relatan las acciones violentas realizadas por la liga de esa ciudad contra Santiago Liosa, el cónsul del Perú; quienes perpetraron tales acciones ‘fueron Armando Silva (tesorero municipal), Luis A. Peralta (empleado de aduanas), Fermín Quinteros (oficial de ejército en retiro), Javier Barahona (empleado) y Muñoz Valenzuela. La liga era presidida por un indivíduo de apellido Hernández (empleado) y de ella formaban parte, entre otros, un doctor Cruzat La institución (estaba formada) por unos doscientos hombres que obedecían las órdenes de Jorge Pavelich” y sus hermano (Ramírez Necochea; 1978: 14).

A partir de 1920 las ligas comenzaron a languidecer. En 1923, la liga de Iquique se transformó en el Partido Fascista, una imitación italiana. En 1924, nació TEA, sociedad secreta de carácter nacionalista dirigida por el general de Ejército Juan de Dios Vial Guzmán y el abogado Oscar Dávila Izquierdo.

Un primer brote nacionalista se produjo en el norte en los años 1911 y 1912. Con el pretexto de rumores que al final resultaron infundados, según los cuales habría sido atacado el consulado chileno en el Callao, se crea a fines de mayo -con la asistencia de las principales figuras de la región, encabezadas por el gobernador y oficiales del Ejército- una Liga Patriótica de Tarapacá en Iquique y otras ciudades, movimiento que luego se hizo extensivo a otras zonas del país.(5) Sus principales postulados eran el cierre de las escuelas y periódicos peruanos; la prohibición para que peruanos fueran maestros, empleados públicos, empleados de aduanas, de la marina mercante, de los puertos, etc.; que el 80 por ciento de los trabajadores y empresarios fueran de nacionalidad chilena; la obligatoriedad que todos los nacidos en Tarapacá hicieran el servicio militar; la restricción y eventualmente prohibición de la inmigración peruana; el retiro del consulado peruano en Iquique por ser “innecesario”; la prohibición para que flamearan banderas peruanas en su día patrio, y la fortificación de las defensas chilenas en el norte (El Comercio, Pisagua, 31/5/1911, p. 2).

En los días siguientes hubo diversos actos hostiles hacia la comunidad peruana residente tanto en Iquique como en Arica y Tacna. Por ejemplo, una docena de enmascarados asaltó la imprenta iquiqueña donde se imprimía el periódico La Voz del Perú, miembros de la liga causaron cuantiosos daños en los edificios del Club Peruano, el Casino Peruano, el consulado, la compañía de bomberos peruana y diversos Comercios de ciudadanos de esa nacionalidad en Iquique, y enardecidos manifestantes destruyeron diarios peruanos y agredieron la sede del Club Peruano de Tacna (La Voz del Sur, Tacna, 25/5/1911, p. 2 y El Pacífico, Tacna, 6/7/1911, p.1). Los sucesos fueron tan graves que la Corte de Apelaciones de Tacna debió nombrar un ministro en visita y el parlamento y el gobierno deploraron lo ocurrido.(6)

Pese al revuelo nacional por los sucesos de junio y frente a la pasividad de las autoridades, la Liga Patriótica de Tarapacá continuó sus actividades con normalidad. El 8 de octubre de 1911 celebró en Iquique en forma multitudinaria el aniversario del Combate de Angamos. “Jamás se había dado el caso en Iquique de que un grupo de chilenos se reunieran para festejar al pueblo, ofreciéndoles fiestas y un espléndido `lunch’, para conmemorar así una fecha gloriosa en la historia patria. Y la Liga hizo esto y dio una elevada muestra de cultura, dejando en el nimo de autoridades y de extranjeros una impresión altamente favorable” (Caras y Caretas, Nº61, Iquique, 15/10/1911, páginas centrales).

Por otra parte, en Antofagasta se dio el caso que un periódico chileno, El Comunista, fue destruido por una turba, según el gobierno, porque “el pueblo lo consideraba falto de patriotismo”. Otras versiones, sin embargo, señalaban que los responsables eran policías y militares de civil (Justicia, Santiago, 21/7/1911, p.2).

Un segundo período de brote nacionalista se vivió entre 1918 y 1920, etapa en la cual las Ligas Patrióticas de Tarapacá y Antofagasta sembraron, con renovada saña, el terror dentro de la comunidad peruana residente que en esos años se calculaba en un tercio aproximadamente de la población total de la región; mas numerosa todavía era la colonia peruana en localidades como Pica, Tacna y Arica(7). Sus actuaciones habituales eran actos de vandalismo y saqueo, de amedrentamiento y de acción directa como, por ejemplo, la expulsión a viva fuerza de los cónsules peruanos y demás ciudadanos de esa nacionalidad, los que eran sacados de sus casas a medianoche y embarcados inmediatamente hacia el norte. En otras ocasiones, estos grupos daban plazos perentorios de 24 horas para que los ciudadanos peruanos abandonaran el país. Las autoridades chilenas generalmente se limitaban a dejar hacer y las tropas sólo actuaban para evitar linchamientos y otros crímenes similares. Pocos eran, además, los afectados que se atrevían a denunciar estos excesos.

Una muestra testimonial de las actividades de las Ligas Patrióticas ocurrió la noche del viernes 1 de noviembre de 1918 en el puerto de Pisagua, cuando se iniciaba la segunda crisis fronteriza con los vecinos. Asi rezaba un panfleto callejero del grupo:

“A los chilenos de Pisagua!!

El Directorio de la Liga Patriótica invita a todos los chilenos a un gran desfile y comicio público que se celebrará hoy a las 20.30 que se organizará en la Plaza Ecuador, como asimismo a una Asamblea Pública que tendrá lugar esta tarde a las 16 h. en el Teatro Municipal.

Además, la juventud y Pueblo de Pisagua considerando:

Que hace ya tiempo que con espíritu indudablemente maligno y tendencioso, nuestros vecinos del Norte -a quien en toda ocasión hemos considerado como hermanos y como amigos (...) nos responden siempre como enemigos irreconciliables (...) sistemáticamente, lastimado nuestro sentimiento de hombres y ciudadanos con propaganda de prensa y acciones de todo género mortificantes y odiosas (...) Que no es propio de la dignidad y patriotismo de un pueblo como el chileno, soportar por mas tiempo la injuria de cada momento y la agresión moral de cada día, y porque la magnanimidad que hasta hoy hemos empleado, nuestros eternos enemigos pueden considerarla como una cobardía, acuerdan:

llevar a efecto esta tarde a las 16 h. una Gran Asamblea en el Teatro Municipal, y en la noche a las 20.30 h. un gran desfile con antorchas y gallardetes con el objeto de celebrar la organización de la Liga Patriótica, y para manifestar a nuestros gratuitos e impertinentes provocadores, que el pueblo y la juventud chilenos, que saben ser nobles y generosos y consecuentes con su gloriosa historia, saben también recibir de pie los insultos a su bandera.

Alerta Chilenos de Pisagua!!

Viva Chile! Viva Tacna y Arica chilenos!

Todo el pueblo esta tarde a la Asamblea y en la noche al desfile!”. (8)

En el oficio que envió el jefe de policía al juez del crimen de dicha población, se daba cuenta de los destrozos -principalmente vidrios quebrados-, producidos en casas de residentes peruanos. “Dado el escaso personal con que cuenta la policía del puerto que estaba a las órdenes del infrascrito me fue imposible evitar por completo el desorden. Los desfilantes alcanzarían a cuatrocientas personas y la tropa la componían cinco guardianes. En la imposibilidad de dar (todos) los nombres de los desfilantes, adjunto los de los siguientes: Luis Alcaíno, Alfredo Mancilla, Pedro Alvarez, Santiago y Adolfo Cartagena, Atilio Castillo, Juan Ponce, Luis Vásquez, Gonzalo Ugarte, José Bonelli”.(9)

Otro tanto ocurrió en el poblado de Dolores en la noche del domingo 24 de noviembre de ese año. Según se desprende del informe de Carabineros, se reunieron en la plaza del pueblo un grupo de mas de 60 individuos, los que se dirigieron a la botica y casa del súbdito peruano Oscar Valverde, la que asaltaron penetrando en su interior, haciendo uso de las hachas que habían sacado del cuartel de Bomberos. “Después de este asalto se fueron a casa de otros peruanos y ahí se limitaron sólo a despedazar las puertas”. Como lo testimonia este informe, al parecer era corriente que estos grupos nacionalistas actuaran casi con absoluta impunidad: “Hago presente que el Escuadrón de mi mando no tuvo noticia de estos sucesos ni en la tarde del día 24 y tampoco en la noche, y preguntado por mí el sargento de policía por qué no había solicitado el auxilio de Carabineros, expresó que no se lo habían ordenado sus jefes. Hasta hoy día se encuentran desarmados de carabinas los guardianes de Zapiga y de Dolores, pueblos que se encuentran amenazados. Estimo que con la marinería y tropa del regimiento Rancagua hay fuerzas suficientes para impedir desórdenes y que debe armarse y reforzarse la policía de los pueblos a fin de que Carabineros se dedique al resguardo de las oficinas en las que, en algunas que no están guarnecidas se temen desórdenes”.(10)

Nuevos disturbios ocurrieron en Pisagua el martes 3 de diciembre de 1918 con motivo de las noticias recibidas del Perú que anunciaban que los cónsules chilenos, destinados en Chiclayo y Salaverry habían sido asaltados y maltratados. El prefecto de policía señalaba que los integrantes de la Ligas Patrióticas llegaron a la esquina de Prat y Arica, “donde está el despacho del ciudadano peruano José Benavente. Los desfilantes empezaron a echar abajo las puertas, sin que fuera suficiente la escasa tropa de policía a mis órdenes para contener a los asistentes. Una vez dentro del despacho dispararon desde adentro varios tiros con lo cual se exasperó a la multitud, rompiéndose también los fuegos por su parte.

En seguida prosiguió el desfile siempre contrarrestado por la policía, hasta llegar a la peluquería del vecino peruano Pedro P. Yáñez, donde le derrumbaron la puerta, rompieron los vidrios y causaron algunos perjuicios. Después dobló la columna en dirección a la calle Chorrillos y al enfrentar el despacho de Emeterio Prado causaron los mismos perjuicios que en otras partes, dándose algunas detonaciones airadas sin que la policía pudiera averiguar su origen.

Acto continuo se dirigieron a la calle de Riquelme y atacaron al panadero Mario Sánchez, causándole los perjuicios consiguientes y que fue imposible de todo punto evitar.

De ahí se dirigieron a la calle Serrano, despacho denominado ferrocarril, propiedad de Darío Pastor, el cual tuvo que soportar el asalto de los desfilantes.

Por último, subiendo hasta la parte alta de la población, bajaron a la calle Arica y frente a la casa particular de don Augusto Otero botaron las puertas y ventanas quebrando lo que se encontraba.

Después de esto la policía logró disolver el desfile y contener los nimos...”(11)

Las Ligas Patrióticas nortinas sobresalieron por su agresividad no sólo de hecho sino de palabra, expresada en la publicación de un sinnúmero de periódicos y diarios ocasionales, tales como El Ajicito y El Roto Chileno en Antofagasta, El Ajicito en Arica, El Corvo en Tacna, y El Corvo, El Eco Patrio, La Liga Patriótica, Lucas Gómez, El Machete y El Roto Chileno en Iquique. Su misión era intimidar a la población peruana y a los chilenos y otros extranjeros que intentaban solidarizar con ellos. Aunque El Corvo de Iquique fue dirigido furtivamente por Pimentel un espía peruano, miembro de la armada de ese país.

En esta prensa de batalla existen múltiples ejemplos de nacionalismo exacerbado y odio xenófobo muy desarrollado. Por ejemplo, a propósito del plebiscito de Tacna y Arica, un diario se preguntaba: “lector tacneño y ariqueño, prefieres que la tiranía y la civilización de 100 años atrás de los peruanos se enseñoree en este querido suelo? Aceptas que esa raza de cobardes, afeminados, descendientes de cocodrilos que no pueden considerarse como seres civilizados, se adueñen de lo que es nuestro? No. Votad por Chile!” (12) Otro periódico de Iquique publicaba el siguiente verso sarcástico y racista:

“Oración para todos.

Cuando a un peruano a castigar tu vayas, pocas palabras, dirigiste baste:

Castigo Oh Dios! al cholo que criaste

con el alma mas negra que el carbón.

Y Dios te oir, que cual al ara santa

el humo se le saca a tenazadas,

le sacarás el humo a bofetadas,

haciéndole de yapa un buen chichón.
Viviendo un cholo aquí, nunca habrá calma, aunque castigues cada intriga nueva, dándole el soplamoco que lo lleva hacia el Perú, sacándole el añil;

sólo conseguirá que del camino

se lleve los zorzales y la oveja,

porque al huir ninguna cosa deja

que no sean catinga y trampas mil”.(13)
Los diarios y pasquines de la Ligas Patrióticas llamaban a denunciar a los peruanos residentes que se negaban a abandonar casa y fortuna para huir del país y contenían múltiples acusaciones contra el comercio que contrataba peruanos. Por ejemplo, El Eco Patrio, “Periódico bisemanal de propaganda patriótica, destinado a contrarrestar la campaña de desprestigio contra Chile, desarrollada por la prensa del Perú y por los peruanos residentes en Tarapacá”, escribía que “en calle 18 de Septiembre entre Tarapacá y Thompson vive un individuo llamado Agustín Pérez, que por ser peruano insolente debe irse de Iquique” y “que en la casa comercial Man Vo Ton y Cia. existen tres empleados peruanos, que son los siguientes: Enrique Zapata, empleado superior y corresponsal; Roberto Bustos, contador general; Heriberto Miranda, cobrador y ayudante de contador. Nuestros lectores se proponen boicotear dicha casa hasta que se elimine a esos empleados” (Eco Patrio, iquique, Nº13, 22/1/1919, p.1). Otro pasquín satirizaba así: “Un grupo de jóvenes bonachones se distraen en estos días levantando un censo de los peruanos que siguen incrustados en Tarapacá. Este documento será enviado al Congreso de las Naciones, Antes de esto a cada uno se le dará un gran combo... para que golpeen a las puertas de la justicia y del Derecho (...) La escuela de esta oficina (San Donato) está a cargo de una joven peruana. ¡Al saco con ella! En esa misma oficina hay varios empleados peruanos. Combo con ellos” (El Corvo, Nº2, 21/1/1919, pp. 2-4).

Esta verdadera casa de brujas daba lugar también a venganzas de todo tipo en la propia población chilena: “Se ha hecho figurar a don Domingo Flores como peruanizado, lo que no puede ser sino otra de una ruin venganza. El señor Flores es chileno y tan chileno que ha sido regidor de la Municipalidad de Pica y presidente de la Junta local de Pintados. Hacemos esta aclaración a fin de dejar bien establecida la nacionalidad del señor Flores”. El mismo periódico señalaba que “hay muchos patriotas chilenos que nos envían denuncias; pero son pocos los patriotas que tiene el valor de estampar su firma. Denuncias de esta clase no las atendemos. No aceptamos anónimos” (El Eco Patrio, Iquique, Nº13, 22/1/1919, p.2).

También se denunciaba la poca iniciativa de algunas filiales de las Ligas Patrióticas en oficinas y poblaciones de la pampa: “Publicamos a continuación la lista de los peruanos que todavía quedan en Pozo Almonte y que se ríen de la Liga Patriótica, porque ésta no ha sabido obrar con energía, echándolos a palos si es posible de este pueblo, como lo merecen por intrigantes, hipócritas y desquiciadores...” (El Eco Patrio, Nº46, 4/7/1919, p.2).

Quienes condescendían con los perseguidos, chilenos o extranjeros, eran atemorizados por la prensa nacionalista: “Oficina La Palma (después conocida como Humberstone). Esta oficina está llena de cholos, los que son apoyados por el administrador, quien se ha convertido en un déspota para con los chilenos. Es necesario que ese señor administrador recuerde que se encuentra en territorio chileno y que los hijos del país deben tener preferencia para los trabajos” (El Eco Patrio, nº49, 15/9/1919). Para las Ligas Patrióticas éstos eran los enemigos a combatir: “Existen chilenos que por estar ligados a los peruanos por cualquier negocio, son decididos y ardorosos defensores de los enemigos de nuestra patria. Pero por sobre todos estos elementos adversos a Chile están los nacidos en Tarapacá de padres peruanos.

Estos individuos no son peruanos ni chilenos; son... piqueños, matillanos, etc. Nacidos en este territorio después de pasar a ser de propiedad chilena, son los mas furibundos enemigos de Chile” (El Eco Patrio, Nº49, 15/9/1919. p.1).

A los peruanos no sólo se les atribuía querer arrebatar las provincias conquistadas, sino que también había quejas contra éstos por la falta de trabajo. “Ha ocurrido, pues, que habiendo mucha gente desocupada en Iquique, que está recogiendo la limosna que les da la Olla del Pobre, no pueden aprovechar la reapertura de (algunas oficinas) salitreras para procurarse trabajo, porque desde luego encuentran obstáculos de parte de los empleados que son peruanos (...) El Gobierno debería obligar a los empleadores, ya que les otorga créditos, a contratar a un 80 por ciento de chilenos. Esto debería controlarlo la Oficina del Trabajo, dependiente de la municipalidad (...) La desperuanización de la región salitrera constituye hoy por hoy, una necesidad de alcance nacional...” (El Eco Patrio, Nº56, 31/7/1919, p.1).

Una práctica corriente eran los verdaderos “pogromas” que realizaban los integrantes de la Ligas Patrióticas nortinas, que consistían en pintar una cruz en la casa de los ciudadanos peruanos como se desprende de esta inserción en la prensa de 1919: “Desde la oficina Jazpampa se nos escribe: Hemos tenido conocimiento de que en la casa particular que tiene en ésa el corredor de la oficina Jazpampa, señor Marcos Enríquez, se ha puesto una cruz en la puerta de dicha casa, donde vive toda la familia del señor Enríquez que es netamente chilena (...) No consideramos justo que se haga esto con el señor Enríquez. Es cierto que él es tarapaqueño pero tiene su carta de ciudadanía y somos testigos de que cada vez que se ha tratado de una fiesta patriótica en esta oficina, ha sido uno de los mas entusiastas cooperadores...”(14)

Cundían además las noticias alarmistas que pretendían hacer creer que era inminente una matanza de chilenos: “La pampa también está peruanizada. Publicamos a continuación una lista de 110 peruanos que viven en el pequeño pueblo de Camiña donde, como en muchas otras localidades, impera el elemento peruano. Todos estos peruanos, según se nos informa, viven armados y listos para recibir órdenes de su país” (El Eco Patrio, Nº50, 17/9/1919, p.3). Asimismo las Ligas Patrióticas se quejaban de no contar con todo el apoyo que hubiesen deseado de muchas autoridades: “El domingo se efectuó en Dolores una manifestación patriótica organizada por elementos chilenos de los pueblos de Dolores y Zapiga (...) El prefecto de policía de Pisagua obstaculizó la manifestación y el inspector de distrito guardó absoluto silencio (...) La peruanización de las autoridades es manifiesta, de manera que el cholaje se muestra cada día mas insolente. Lo que falta es que los patriotas chilenos de Dolores seamos asesinados el día menos pensado por el elemento chileno peruanizado” (El Eco Patrio, Nº57, 2/8/1919, p. 3-4).

Las Ligas Patrióticas en el Resto del País

Las Ligas Patrióticas fueron un instigador de las actividades derechistas tempranas en Chile. Coincidiendo con el movimiento nacionalista en el norte, surgieron en el centro y sur del país Ligas Patrióticas que, en estrecha relación con sus congéneres de Tarapacá y Antofagasta, se dedicaron a desarrollar una campaña nacionalista. Una de las principales organizaciones de ese periodo fue la llamada Liga Patriótica Militar (su nombre completo era Círculo de Jefes y Oficiales Retirados y Liga Patriótica Militar). Era una organización de militares en retiro, incluidos oficiales y veteranos de la Guerra del Pacífico, provenientes de la clase alta, que habían vuelto a la vida civil. En 1918 estaba dirigida por el almirante retirado Vicente Zegers R. Sus actividades mas importantes y su dirección estaban localizadas en Santiago, pero había ramificaciones en Valparaíso y otras ciudades. Sus actividades consistían en celebraciones patrióticas, particularmente en conmemoraciones de la guerra contra Perú y Bolivia.

El surgimiento de las Ligas Patrióticas a nivel nacional no fue casual y tendió a conectar dos fenómenos aparentemente separados: los problemas fronterizos externos y los movimientos huelguísticos internos. Estos acontecimientos se enmarcaban dentro de un proceso de crisis política del régimen oligárquico que ya mostraba sus trizaduras. Las Fuerzas Armadas estaban profundamente conmovidas internamente por el juicio a dos prominentes generales del Ejército, Guillermo Armstrong y Manuel Moore, que habían encabezado los inicios de un intento de golpe de Estado que presagiaba la intervención cesarista de Carlos Ibáñez, pocos años después. En los cuarteles se deliberaba abiertamente y se temía un desborde social.(15)

Coincidiendo dramáticamente con la tensión en la frontera norte, surgió un movimiento huelguístico por el alza del precio de los alimentos en los meses de noviembre y diciembre de 1918. El día 22 de noviembre desfilaron 50.000 manifestantes en Santiago. Por su parte, el diputado por el norte Anselmo Blanhot Holley, uno de los líderes mas destacados del balmacedismo, habló de ideas subversivas desarrolladas por extranjeros y agentes peruanos, y apeló a la aprobación de una Ley de Residencia (El Mercurio, 3/11/1918, p. 7). Asimismo aprobó lo obrado por turbas enardecidas que expulsaron al cónsul peruano en Iquique, afirmando que “cuando no hay gobierno, el pueblo se ve arrastrado a defender sus intereses y convicciones que cree que concuerdan con los intereses del país, se sustituye por patriotismo y reemplaza al gobierno: eso es lo que acaba de hacer el pueblo de Iquique. Sin vejámenes, tomó al cónsul, que estaba haciendo política activa entre sus connacionales, para producir molestias y perturbaciones, y un buen día lo llevó a bordo y lo hizo salir en viaje a su país” (El Mercurio, 26/11/1918, p.7). El diputado demócrata Nolasco Cárdenas debió renunciar a su puesto de vicepresidente de la Cámara por apoyar las demandas obreras y por ser considerado antipatriota al apoyar la consigna popular de no combatir por un gobierno que no representaba a los trabajadores. Las dudas de los congresales sobre la fidelidad de los obreros hizo que se aprobara rápidamente el 12 de diciembre la Ley de Residencia. Este cuerpo legal prohibía la entrada al país de extranjeros indeseables buscados por cometer delitos y “que propaguen doctrinas subversivas en contra de los poderes públicos del Estado y, en general, en contra del orden social que establecen nuestras instituciones” (artículo 1, inciso 6) y facultaba al Presidente de la República para expulsar a cualquier extranjero en forma inmediata y por efecto de un decreto del Ministerio del Interior, artíuclo 2 (Solberg. C; 1970: 107 y Kaempffer, G; 1962: 215-229).

En vista de esa situación, la Liga Patriótica Militar organizó actos nacionalistas en el país. En Valparaíso surgió una Liga Patriótica propia que llevó a 60.000 personas a un acto el día 7 de diciembre, la manifestación pública mas grande en la historia de la ciudad. Jóvenes acomodados formaron varias Ligas Patrióticas en el país para combatir a los obreros, considerados como “antipatriotas”. En la ciudad de Punta Arenas se estableció una Liga Nacional para combatir

la llamada “subversión extranjera”. En el mes de enero de 1919 se sucedieron violentos incidentes en Puerto Natales, provincia de Magallanes, entre obreros manifestantes y fuerzas de Carabineros, dependientes del Ejército, resultando muertos siete uniformados y nueve civiles (El Mercurio, 29/1/1919).

Las huelgas, las tensiones fronterizas y la movilización derechista continuaron en 1919 y 1920. Arturo Alessandri, aunque había votado a favor de la Ley de Residencia, se había convirtiendo en el líder indiscutido de las masas. Su discurso populista y liberal prometía mejoras en las condiciones de vida de la mayoría trabajadora. La campaña electoral de ese año fue muy regida. La derechista Unión Nacional de Luis Barros Borgoño, asustada ante el “León de Tarapacá”, le acusaba de ser deshonesto -por su origen italiano (!!)-, un anticristo, dividir al país para promover una invasión extrajera, recibir dinero peruano, etc. Pese a toda esa campaña del terror, Alessandri ganó las elecciones presidenciales del 25 de julio con una ventaja tan leve que el Congreso debió nombrar un tribunal de honor para dirimir la disputa.

A mediados de julio asumió un gobierno boliviano que a los ojos de las autoridades chilenas aparecía como proclive a una alianza con el Perú. Pese a los desmentidos de la cancillería paceña, oficiales chilenos y prominentes ciudadanos, incluidos miembros de la Liga Patriótica Militar, llamaron a la Nación a estrechar filas con el gobierno y a movilizar las tropas. Cuando se supo el resultado de la elección, los adherentes de Alessandri acusaron al gobierno saliente de aprovechar la situación para enviar a los militares pro alessandristas a Tacna, lejos de Santiago; una maniobra que pasó a la historia como la “Guerra de don Ladislao”, en referencia a Ladislao Errázuriz, a la sazón Ministro de Guerra (Houseman, P.; 1961: 72-85 y Magnet, A.; 1954).

Esta situación dio pie para una abierta confrontación. Una guardia blanca, organizada por jóvenes conservadores, asaltó; el 19 de julio la sede de la FECh, la que se oponía al militarismo-y la movilización de tropas. En los enfrentamientos siguientes hubo muertos y el gobierno reaccionó; revocando la personalidad jurídica de la Fech.(16)

En Punta Arenas, uno de los centros de la agitación, la Liga Patriótica celebró un acto el 24 de julio para apoyar al gobierno y distanciarse de la Federación Obrera, considerada subversiva. En los días siguientes hubo enfrentamientos diversos. La Liga Patriótica, junto a jóvenes aristócratas y oficiales del Ejército sin uniforme, ocasión; incidentes donde murieron cuatro obreros y un policía. Asimismo, estos grupos exaltados intentaron atacar el diario El Magallanes que, desde una posición de moderación, llamaba a guardar calma frente a la fiebre belicista, y destruyeron las oficinas de El Socialista.(17)

Otras Ligas Patrióticas surgieron o se reactivaron en ciudades importantes como Antofagasta y Viña del Mar y en lugares rurales como, por ejemplo, Lautaro, en la provincia de Cautín. Estas ligas proclamaron su apoyo al gobierno, confeccionaron listas de residentes peruanos y, en algunos lugares, consiguieron que éstos abandonaran el país.

Alessandri asumió el 1º de octubre y con ello tendió a ceder la tensión. También finalizó la movilización de las tropas hacia el norte.

Reconociendo que los conflictos laborales trascendían las fronteras nacionales, especialmente la que dividía la Patagonia entre Argentina y Chile, la Liga Patriótica Militar y la Liga Patriótica Argentina establecieron contacto e incluso realizaron ceremonias conjuntas (El Mercurio, 26-27/8/1920; 25/1/1921; 27-28/7/1922; y Department of State, 825.00/160-169). No está claro, sin embargo, si hubo colaboración en la represión obrera. La represión contra el movimiento obrero en la Patagonia argentina, precisamente en el mismo periodo, tuvo caracteres dantescos. De noviembre de 1921 a enero de 1922 el Décimo Regimiento de Caballería, instigado por la Liga Patriótica, desarticuló el movimiento popular regional y asesinó a unos 1.500 huelguistas.(18) En Chile, también en los años veinte se registraron masacres contra obreros, destacando los sangrientos enfrentamientos en las oficinas salitreras de Marucia, San Gregorio y La Coruña.

Conclusiones

Las primeras dos décadas del presente siglo fueron escenario del surgimiento de un movimiento nacionalista que tenía como propósito “chilenizar” las provincias del norte, conquistadas en 1879, y “castigar” al movimiento obrero, dirigido por corrientes socialistas y anarquistas, inspiradas en ideales de pacifismo e internacionalismo. El movimiento de las Ligas Patrióticas fue la primera reacción nacionalista paramilitar de este siglo en Chile, constituyendo una experiencia jalonada de violencia, revanchismo y odio racista pocas veces vista en el país. El surgimiento de las Ligas Patrióticas tuvo dos poderosos elementos desencadenantes: por una parte, la crisis fronteriza con el Perú -en menor medida con Bolivia- y, por otra, la creciente movilización social. No sólo tuvo presencia en Tarapacá -traduciéndose en ataques a peruanos residentes-, sino que en todo el país -contra el movimiento obrero y estudiantil-.

El movimiento nacionalista tuvo también otra dimensión: la política contingente. La Ligas Patrióticas fueron asimismo una expresión del conservadurismo en decadencia que se enfrentaba al liberalismo de Arturo Alessandri. Por ello no sorprende la impunidad con la que actuaron las Ligas Patrióticas, maltratando a personas indefensas, destruyendo sus enseres y bienes materiales y obligándolas a abandonar compulsivamente el país y, en el caso del movimiento obrero y estudiantil, eliminando sus organizaciones y demoliendo sus sedes sindicales y las imprentas de sus periódicos.

Es un hecho evidente, sin embargo, que la derecha chilena en esos años -y después- no fue capaz de consolidar su lucha contra el movimiento popular, la izquierda política y sus adversarios extranjeros, el Perú y Bolivia. La Liga Patriótica Militar, las ligas patrióticas paramilitares y las guardias blancas no se unificaron en una sola organización, a diferencia de la Liga Patriótica Argentina que influyó decisivamente la política del vecino país por varias décadas. Por el contrario, la irrupción de las Fuerzas Armadas en 1924 y 1925 produjo un desbande en las filas de la derecha, siendo eliminada de la política oficial por el caudillismo de Ibáñez. Recién gracias a su caída en 1931 le permitió a la derecha acceder nuevamente al poder y desenterrar sus ya conocidas prácticas paramilitares y de terror blanco. Con la experiencia de las Ligas Patrióticas surgió la Milicia Republicana, la que habría de ser la mayor de las organizaciones paramilitares que hayan existido en Chile.

Nota:

Quizás valga señalar que así como hemos asumido el estudio de las Ligas Patrióticas Chilenas, reconocemos lo útil de una investigación de sus similares peruanas. Además este tema toma hoy especial relevancia con las propuestas de integración, cuyo ejemplo acaban de darlo las cancillerías chilena y peruana en el “Acuerdo entre Chile y Perú” respecto del uso por parte del país del norte del muelle, aduanas y otros servicios de la ciudad de Arica.

Bibliografía

Donoso, R. Alessandri; Agitador y Demoledor; México, 1953.

---Desarrollo Político y Social de Chile desde la Constitución de 1833; Santiago, 1942.

Houseman, Philip J. Chilean Nationalism 1920-1952; Stanford University, 1961.

Kaempffer, Guillermo. Así sucedió; 1850-1925: sangrientos episodios de la lucha obrera en Chile; Santiago, 1962.

McGee Deutsch, S. Countrrevolution in Argentina 1900-1932; The Argentina Patriotic League; Lincoln-London, 1986.

Magnet, A. El padre Hurtado; Santiago, 1954.

Maldonado, C. Militarización de la policía: una tendencia histórica chilena; Santiago, 1990.

Quiroga, P. y Maldonado C. El prusianismo y las Fuerzas Armadas Chilenas: un estudio histórico 1885-1945; Santiago, 1988.

Ramírez Necochea, H. El facismo en la evolución política de Chile hasta 1970. Araucanía de Chile, Nº1; Madrid, 1978.

Solberg, C. Inmigration and Nationalism: Argentina and Chile (1890-1914); Austin, 1970.

Vial Correa, G. Historia de Chile (1891-1970); Vol. I, Tomo II; Santiago, 1981.

Fuentes

Diarios:
El Mercurio, Santiago.



El Grito Popular, Iquique.

El Eco Patrio, Iquique.

El Pacífico, Tacna.

El Comercio, Pisagua.

La Voz del Sur, Tacna.

El Ajicita, Anca.

El Corvo, Iquique.

Revista:
Caras y Caretas, Iquique.


Notas

* Sociólogo. Universidad Arturo Prat. Correo electrónico: sergio.gonzalez@unap.cl


** Historiador. Diplomado en la Martín Luther Univensität de Halle. Alemania. Postgraduado en Ciencias Sociales. Flacso.
*** Dra. en Historia. Profesora de la Cátedra de Historia Latinoamericana en la Universidad de Texas. El Paso
(1) En 1911 se realizaron importantes maniobras militares en la región yen 1920 se movilizaron diez mil hombres a Tacna. Precisamente dos de los objetivos centrales de la profesionalización de las Fuerzas Armadas, fue el copamiento efectivo de las zonas fronterizas y el consiguiente control del proletariado salitrero (Quiroga y Maldonado; 1988: 78).

Además, a partir de 1906 se incentivó la presencia militar chilena en el norte debido a la instalación de tropas de Carabineros, cuerpo militar fue organizado ese año. (Maldonado, Carlos; 1990).


(2) El 2 de noviembre de 1918 se celebró el aniversario de la toma de Pisagua, durante la Guerra del Pacífico, con un multitudinario acto de masas en Iquique, al que concurrieron diez mil personas. La animosidad contra los peruanos se hizo evidente. En: El Mercurio, Santiago, 3/11/1918, p. 23
(3) El movimiento socialista de Luis Emilio Recabarren acusó al Partido Balmacedista de crear la Liga Patriótica en el norte, ser responsable del terror «patriótico» y tratar de dividir a la clase obrera. En: El grito Popular, Iquique, 28/1911, p. 2.
(4) Además de celebrar efemérides patrióticas como, por ejemplo, el aniversario de la Batalla de Maipú y la Batalla de la Concepción, la liga antofagastina -que tenia delegados en Chuquicamata, Calama y pueblos de la pampa- organizaba boicot contra todas las casas comerciales que emplearan personal peruano e impedía el desembarco de peruanos que llegarán a la ciudad. En: El Eco Patrio, Nº! 50, Iquique, 17/9/1919, p. 1
(5) De hecho, también hubo Ligas Patrióticas en Antofagasta y Valparaíso. En: ZIg-Zag, N’ 331, Santiago, 24/7/1911 y 9/ 12/1911. Por ejemplo, en Valparaíso se realizó en junio una masiva concentración antiperuana calculada en 20.000 personas, con la presencia de la Liga Patriótica “Muro Pral” de dicho puerto. En: El Pacifico, Tacna, 1916/1911, p. 2.
(6) La Voz del Sur, Tacna, 20/8/1911, p. 1 y Cámara de Diputados, Boletín de las sesiones ordinarias, Santiago, 1911, pp. 702 y 742. El Ministro de Relaciones Exteriores condenó la violencia y aseguró, ante denuncias en contrario, que la policía de Tacna no había actuado en forma pasiva.
(7) Según el censo de 1907, la mitad de la población de Tarapacá era extranjera (24.000 peruanos y 2.000 bolivianos). Los chilenos representaban sólo el 30 por ciento de los trabajadores. En: La Voz del Sur, Tacna, 17/1911, p. 2.
(8) Archivo del Juzgado de Letras de Pozo Almonte, Panfleto de la Liga Patriótica de Pisagua, 1/11/1918.
(9) Archivo del Juzgado de letras de Pozo Almonte, Informe del Prefecto de Policía de Pisagua, 2/11/1918
(10) Archivo del Juzgado de Pozo. Informe del comandante de Carabineros capitán V. Guiraldes, del 1 Grupo del Escuadrón «Iquique• de Huata, 27/11/1918.
(11) Archivo del Juzgado de Letras de Pozo Almonte, Informe del Prefecto de Policía de Plsagua, 3/12/1918.

(12) El Ajicito, Anca, Nº 5, 13/9/1925, p. 1. En 1925 se organizó una Sociedad benéfica y patriótica »El Corvo» que poseía un millar de adherentes y que publicaba este diario, y que puede considerarse como una continuadora de las Ligas Patrióticas de los años diez.

(13) El Corvo, “Este periódico humorístico sale cuando puede. Fundado para combatir la gripe peruana”, Iquique, Nº 2, 21/1/1919, p. 1.

21/1/1919, pp. 2 y 4


(14) Una antigua vecina de Pica, la señora Nelly Almonte, entrevistada por Sergio González, confirma que la Liga Patriótica colocaba cruces en casas de ciudadanos peruanos y que a la entrada de algunas oficinas salitreras chilenas había colgados letreros tan provocadores como éste: «Se admiten perros, menos peruanos. Un hecho patético lo vivió Fernando López Loayza, conocido como Fray K. frito, periodista y escritor, No de Fernando López Jofré, administrador y dueño de salitreras y minas de plata, conocido por su nacionalismo como “ el chileno’. Las Ligas Patrióticas expulsaron al hijo del ‘ chileno’ por peruanista, trasladándose a vivir a Tacna, lejos de su Iquique que tanto alabó en sus libros (El Eco del Pueblo, Nº 47, /7/1919, p. 2).
(15) Entre 1910 y 1912 ya habían existido tanto una Liga Militar coma una Liga Naval que tentaron a Gonzalo Bulnes para instaurar un régimen militar «depurador» de los vicios del parlamentarismo. (Donoso, R. y Vial, G.; 1981: 720).
(16) La FECh se había granjeado las iras del conservadurismo al solidarizar, en carta a la Federación de Estudiantes del Perú, con los ciudadanos peruanos maltratados en el norte. En: El Mercurio, 13/11/1918, p. 7.
(17) Ibíd, 25-30/7/1920; National Archives Microfilm Publications, M487, Records of the Department of State Relating to the Interna! Affairs of Chile, 1919-1929, 825.504/10; Boletín de sesiones del Senado, 2W/1920, p. 850 y 26/8/1920, p. 884, y Donoso, Ricardo, 1953: 255, vol. I.
(18) La Liga Patriótica Argentina nació, como grupo paramilitar en tomo al Centro Naval, a raíz de huelgas obreras en enero de 1919 en Buenos Aires. Estos “guardias civiles” se apoderaron de la ciudad, controlaron el tránsito en las calles y procedieron a perseguir a las organizaciones obreras, las que eran identificadas como una unión entre bolchevismo y judíos inmigrantes de Rusia. En 1919 había aproximadamente 12.000 «lingüistas en Buenos Aires y otros 40.000 en el interior. Tres años después, ya existían 600 brigadas permanentes y miles de adherentes. Los líderes de la Liga Patriótica eran comerciantes, sacerdotes, estancieros, profesionales, damas de sociedad, granjeros, policias y militares activos y en retiro. Pese a su posición conservadora y de mantención del orden social, la Ligase opuso en 1930 al corporativismo militar del general Uriburu (McGee Deutsch, Sandra; 1986: 149).


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