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Las expectativas que el Gobierno desestima


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Serio pero no solemne

Las expectativas que el Gobierno desestima

Neutralizan en el mediano plazo las políticas expansivas, pero los funcionarios las ignoran, según Almonacid


La Nación - Domingo 13 de febrero de 2011 | Publicado en edición impresa

Por Juan Carlos de Pablo

No tomamos decisiones con base en lo que va a pasar, porque no sabemos lo que va a pasar; tomamos decisiones con base en lo que creemos que va a pasar. Las expectativas, entonces, forman parte de la realidad porque afectan las decisiones. Pero ¿con base en qué cada uno de nosotros forma sus expectativas? Actualmente, el Poder Ejecutivo parece creer que si no se dudara de la validez de la estimación del índice de precios al consumidor que hace el Indec, las demandas por aumentos salariales serían inferiores.

Al respecto me comuniqué con el argentino Rubén Darío Almonacid (1943-2002), sobresaliente estudiante en las universidades Nacional de Tucumán y de Chicago, cuya tesis doctoral no solamente fue premiada, sino que fue invitado a discutirla personalmente con Paul W. Mc Cracken, Hendrik Samuel Houthakker y Herbert Stein, integrantes del Consejo de Asesores Económicos del presidente Richard Nixon. Enseñó en las universidades Vanderbilt y de San Pablo, y se enriqueció vía exitosas operaciones inmobiliarias surgidas de la aplicación del análisis económico.

-En 1958 Alban William Housego Phillips, con base en los datos de Inglaterra entre 1861 y 1957, encontró una relación inversa entre aumento salarial y tasa de desocupación. Así nació la curva de Phillips, que hizo pensar que si un país toleraba permanentemente una mayor tasa de inflación, podría beneficiarse permanentemente con mayor crecimiento de su PBI y su ocupación.

-Idea que fundamentó muchas políticas macroeconómicas aplicadas durante la década de 1960, hasta que a comienzos de la década de 1970 apareció la estanflación.



-No por casualidad fue entonces cuando Milton Friedman y Edmund Strother Phelps plantearon reformas al esquema de Phillips, por las cuales, por separado, ambos ganaron el Nobel de Economía.

-Ambos cuestionaron que las políticas monetarias y fiscales expansivas pudieran aumentar el PBI y la ocupación de manera permanente. Al incorporar las expectativas inflacionarias a las decisiones, mostraron que la curva de Phillips sólo opera en el corto plazo porque cuando las decisiones toman en cuenta los nuevos precios el efecto expansivo desaparece.



-¿Cuál fue tu aporte, prácticamente ignorado por la profesión?

-Coincidí con ambos en que las políticas expansivas sólo transitoriamente aumentan el PBI y la ocupación, pero mi explicación, contemporánea a la de ellos, no se basó en la ilusión monetaria (la gente no es tonta), sino en que la percepción de que algo pasa es instantánea, pero la modificación de las decisiones es costosa y lleva tiempo.



-En cierto modo, anticipaste a Robert Emerson Lucas, otro ganador del Nobel.

-Efectivamente. Este último, aplicando la hipótesis de las expectativas racionales planteada por John Fraser Muth, sostiene que frente a un cambio en la política económica, cuando hay certeza la gente ajusta de inmediato sus decisiones, de manera que ni aun en el corto plazo las políticas expansivas mejoran el PBI y la ocupación; y bajo incertidumbre los gobiernos no pueden estafar a la población de manera sistemática.



-En su conferencia Nobel, Friedman planteó una curva de Phillips de pendiente positiva.

-Lo cual no depende de las expectativas, sino del hecho de que las políticas monetarias superexpansivas terminan generando más inflación y más desocupación. Ejemplo: Zimbabwe.



-¿Qué impacto tiene sobre las expectativas inflacionarias dibujar la estimación oficial de la inflación o tratar de que los medios de comunicación hablen de otros temas?

-En un país como la Argentina, con la experiencia inflacionaria que tenemos, ninguno. Probablemente sea contraproducente, porque como a través de su propia experiencia el ciudadano palpa lo que está pasando con los precios, la actividad económica y el empleo, la pretensión oficial de negar lo que le consta genera total incredibilidad en los anuncios y el accionar gubernamental. Y una vez que se pierde es prácticamente imposible recuperar la credibilidad.


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