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Las comidas abiertas de jesúS


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LAS COMIDAS ABIERTAS DE JESÚS

Hemos visto que entre los diversos grupos de seguidores de Jesús hubo diversas maneras de celebrar la eucaristía. Estas "diversas maneras" las encontramos reflejadas en sus primitivos escritos.

  • una eucaristía del pan y del vino como cuerpo y sangre de Jesús

Mencionada en primer lugar por ser la más conocida. Es la que encontramos en los escritos de Pablo (1Cor 11, 23-26) y en los tres evangelios sinópticos (Mc 14, 22-25; Mt 26, 26-29; Lc 22, 15-20)

Es la más conocida entre nosotros. Nos ha llegado a través de dos versiones (la de Pablo y la de Marcos): se caracteriza, en primer lugar, por la significación especial que se da al pan y a la copa de vino referidos al cuerpo y sangre de Jesús. También está caracterizada por su referencia a la alianza (“nueva alianza" en Pablo y Lucas; "alianza" en Marcos). El cuerpo "entregado" y la sangre "derramada" es una clara referencia a la muerte de Jesús. Y se añade que esta muerte es "sacrificio expiatorio" para el "perdón de los pecados". Pablo pedirá su repetición "en memoria de Jesús", mientras que Marcos mantiene la expectativa del Reino que Lucas ya había encontrado en otro relato. Pablo no hace mención alguna del Reino de Dios.

Es una "Última Cena", descrita explícitamente como “pascual” sólo por Lucas. La Pascua no aparece para nada en la tradición de 1Cor (aunque Pablo conoce la interpretación de la muerte de Jesús como sacrificio pascual (cfr 1Cor 5,7) y en Marcos las referencias pascuales (14,1a y 14,12-16) son desarrollos posteriores redaccionales

Recordemos que el evangelio de Juan no habla, en su narración de la última cena de esta “institución de la eucaristía".





  • una eucaristía del pan y del vino sin ninguna referencia al cuerpo y sangre de Jesús

Este segundo modelo lo encontramos en un escrito de los primeros tiempos denominado "doctrina de los doce apóstoles". (Didach,). Y también encontramos una doble versión. Fácilmente nos damos cuenta que estamos en una celebración "judía" (por la manera de desarrollarse el banquete; por el tipo de oraciones). Teniendo -como en la tradición de Pablo/Marcos- un horizonte escatológico, no encontramos, sin embargo, en ninguna de las dos versiones referencia alguna a una "cena pascual", ni que sea una "última cena", ni ninguna referencia a la muerte de Jesús.

En la versión más antigua (cap. X) no se dice nada del pan ni del vino; en la versión más tardía (cap. IX) ya hay una ritualización del pan y de la copa.

Es claro para todos que se trata de oraciones de origen judío, con un fuerte paralelismo entre estas oraciones y las del ritual de la comida judía


  • una eucaristía de pan y peces

Dan testimonio de ella las paredes de las catacumbas de Roma (por ejemplo, las de San Calixto) y las narraciones evangélicas de Mc 6,33-44 y Jn 6,1-15 (la famosa multiplicación de los panes) y Lc 24, 30-31 y Jn 21, 9.12-13 (comidas con el Señor resucitado).

De esta eucaristía de Los panes y los peces existen dos versiones independientes (Mc 6,33-44 y Jn 6,1-15), situadas antes de la muerte de Jesús; y otras dos versiones, también independientes (Lc 24,30-31.42-43 y Jn 21,9.12-13), situadas después de la muerte de Jesús

Estas narraciones nos podrían permitir afirmar la existencia de unas tradiciones muy antiguas sobre un banquete de la Resurrección perfectamente ritualizado, a base de pan y pescado, en el que participan Jesús y la comunidad de creyentes (presencia eucarística del Señor resucitado en medio de su comunidad).

Después de la muerte de Jesús, se fueron desarrollando dos tradiciones diferentes -una, la del pan y vino; otra, la del pan y pescado- las cuales habrían ritualizado simbólicamente las "comidas abiertas" de Jesús y los suyos practicadas durante su vida.

Y todavía podríamos hablar de una cuarta manera de eucaristía


  • una eucaristía de pan y agua

Raymond E. Brown en su libro The community of the beloved disciple (1979), traducido por Ediciones Sígueme (La comunidad del discípulo amado, 1983), nos dice:

Epifanio (Panarion XXX 1 xi 1) nos dice que los cristianos judíos imitaban el misterio eucarístico de la iglesia una vez al año, utilizando pan y agua.

Y en nota a pie de página añade: "Debo esta referencia a Robert L. Wilken"

Breve noticia



sobre Epifanio de Constancia

De la existencia de esta diversidad -en las primeras generaciones de seguidores de Jesús- en la manera de celebrar la eucaristía, podemos extraer una conclusión: nos resulta muy difícil pensar que el mismo Jesús nos hubiera dejado una manera concreta de celebrar la eucaristía, instituyendo un rito en el que el pan y el vino se identificaran con su cuerpo y sangre.

Dejemos la palabra a John Dominic Crossan:

No me cabe en la cabeza que este grupo (el representado en la Doctrina de los Doce Apóstoles) tuviera conocimiento de todos estos elementos (la comida como cena pasqual, o Última Cena, pan y vino simbolizando la Pasión y Muerte del Señor) y se hubiera tomado la molestia de omitirlos. Lo único que puedo es presumir que, desde luego, no estaban a disposición de todo el mundo desde un principio, y que por tanto no eran una institución solemne, formal y definitiva del propio Jesús... (pág. 421)

...lo único que digo es que la existencia de ambas hace que resulte tanto más inverosímil una Última Cena con el simbolismo de la Pasión instituida por Jesús el día antes de su muerte con el mandamiento de repetirla periódicamente (pág. 421)

...si el propio Jesús hubiera ritualizado un tipo de banquete en el que el pan y el vino se identificaban con su sangre y cuerpo, resultaría muy difícil explicar por qué en los textos eucarísticos de la Doctrina de los Doce Apóstoles no hay ningún rastro de esa simbolización o institucionalización (pág. 457).

Este hecho se ve confirmado por las eucaristías de Los Panes y los peces que aparecen en la tradición más antigua. ¿Pues cómo habrían podido crearse si hubieran estado precedidas oficialmente por una simbolización del pan y del vino? (pág. 457)

John Dominic Crossan



Jesús: Vida de un campesino judío

Pero nos deberemos de preguntar por qué diversos grupos de seguidores de Jesús unieron el recuerdo de Jesús a una comida. Comida, que en los principios era una verdadera comida: "Después de saciaros, daréis gracias de esta manera".

La respuesta puede ser esta, en palabras de John Dominic Crossan:

Por consiguiente, habría sido la comensalía abierta practicada durante su vida, y no la Última Cena inmediatamente anterior a su muerte la que estaría en la base de esta [diversificada] ritualización posterior (pág. 457)...

La comensalía abierta pervivió en forma de banquete ritualizado (pág. 462)

La comensalía abierta [reflejaba] el igualitarismo social radical practicado por Jesús y sus seguidores (pág. 417)

La comensalía era más bien una estrategia destinada a construir o reconstruir la comunidad campesina sobre unos principios radicalmente distintos de los conceptos de honra y deshonra, o patrocinio y clientela. Debía basarse en la participación igualitaria en el poder material y espiritual al nivel más popular imaginable (pág 397)

Los seguidores de Jesús recordaban como "momentos fuertes" de su convivencia con Jesús, de su "seguir a Jesús", aquellas "comidas abiertas", aquellas "comidas alternativas", en las que habían participado, y en las cuales habían experimentado el Reino. Aquello era "comer pan en el Reino de Dios!" (Lc 14,15), aquello parecía que abría la posibilidad de que los excluidos, los "condenados de la tierra", trastocando las actuales relaciones socio-políticas -sueño de toda clase explotada- llegarían a "vivir como reyes".

Recordaban aquellas comidas: algunas había sido multitudinarias. Las habían celebrado en los pueblos, en ciudad, en despoblado; algunas también a orillas del lago. La alegría se contagiaba y llegaban los cantos y los brindis. La alegría se transformaba en danza y en sonar de panderos. Una de las mujeres, recordando la figura de María (Ex 15, 20), tomaba el pandero y entonaba la estrofa:

Derriba a los poderosos de sus tronos
y ensalza a los oprimidos

y todas las mujeres la seguían, danzando al son de los panderos:



A los hambrientos los colma de bienes
y a los ricos los despide de vacío

Una de aquellas comidas los había impactado. No había sido de las multitudinarias. cuando ya estaban acabando, Jesús se puso de pie y, alzando la copa, dijo:



Os lo prometo
A partir de ahora
no beberé ya de este fruto de la viña
hasta aquel día
en que lo beba con vosotros nuevo
en el Reino de Dios

No comprenderá jamás estas "comidas alternativas" de Jesús y los suyos quien no haya acabado una comida cantando todos juntos un "No seremos movidos, no seremos movidos..." o un "Habrá un día en que todos al levantar la vista veremos una tierra que ponga libertad".

Las reacciones no se hacían esperar

¡Vaya un comilón y un borracho,

amigo de recaudadores y descreídos!

(Lc 7,34)

¿Por qué come
con recaudadores y descreídos?
(Mt 9, 11)

Ese acoge a los descreídos

y come con ellos

(Lc 15,2)

El "misterio" (el sentido profundo) de este "comer en el Reino" nos viene dado por la parábola del banquete (Lc 14, 16-24; Mt 22, 1-10; Evang. de Tomás 64): sin saber por qué, los que parecían que deberían ser los participantes naturales, los que no podían faltar, al final no entran; y sí participan aquellos que nadie hubiera pensado como posibles "invitados".

Ver sinópticamente

la parábola del banquete

¿Dónde la parábola rompe la "normalidad"? ¿En qué punto la parábola es "alternativa" y se convierte en una amenaza al orden social establecido?



  • Hacer un banquete y tener preparada una lista de invitados es algo muy normal

  • "Sentar un pobre a la mesa" tampoco rompe la normalidad

En el siglo I, lo mismo que en el siglo XX, siempre habría cabido celebrar un banquete para los parias de la sociedad. Semejante hecho resultaría comprensible incluso en el marco ideológico basado en los conceptos de honra y deshonra propio de la sociedad mediterránea, o, mejor dicho, quizá resultaría comprensible especialmente en este tipo de sociedad. Semejante invitación podría entenderse como un acto de beneficencia deliberadamente ostentoso. (pàg. 309)

  • la parábola rompe la normalidad cuando invita al primer desconocido que pasa por la calle

El hecho de invitar a los parias de la sociedad a un banquete extraordinario es en el fondo un gesto menos radical, desde el punto de vista social, que el hecho de invitar al primer desconocido que se encuentre uno en la calle. Es precisamente ese "desconocido" el que niega la función social del banquete, concretamente, la función de establecer una jerarquización social en virtud de la cual uno come como quiere y con quien quiere. (pàg. 310)

Podemos seguir la explicación de John Dominic Crossan:

El rasgo más llamativo de la cena celebrada en la parábola es la comensalía abierta y dejada al azar. En una situación semejante, cabría encontrarse con una mezcla absoluta de clases, sexos, rangos y grados. Precisamente en el desafío social que supone esta comensalía igualitaria radica la amenaza del panorama presentado por la parábola

La comensalía abierta niega rotundamente la distinción y discriminación jerárquica de hombres y mujeres, pobres y ricos, gentiles y judíos. Y, de hecho, eso es lo que significa a un nivel que supondría un ataque a las leyes rituales de cualquier sociedad civilizada. Ese es precisamente el reto que supone.

Y deseo poner particularmente de relieve que ese igualitarismo procede no sólo del judaísmo campesino, sino también, e incluso con más profundidad, de la propia sociedad campesina como tal

La religión y la cultura de los campesinos en una sociedad compleja... comportan de forma casi ineludible la simiente de un universo simbólico alternativo... que sólo puede explicarse en buena parte como una reacción cultural ante la situación del campesinado en cuanto clase. De hecho, esta oposición simbólica representa en las sociedades agrarias preindustriales lo más aproximado que cabe imaginar a la conciencia de clase. Es como si los que se encuentran en la zona más baja del conjunto de la sociedad desarrollaran unas formas culturales que les prometen la dignidad, el respeto y el desahogo económico de los que carecen en el mundo real.

La anterior cita está sacada de un interesantísimo estudio de James Scout (Protest and Profanation: Agrarian Revolt and the Little Traditionen [1977]) el que se señala cuál es la reacción común, desde Europa al sureste asiático, de la Pequeña Tradición ante disparates tan grandes de la Gran Tradición como el cristianismo, el budismo, el Islam, y en el que se defiende de forma harto persuasiva la teoría de que la cultura y la religión de los campesinos constituyen en realidad una anti-cultura, que pone coto a las elites religiosas y políticas que los oprimen. Se trata, de hecho, de una inversión reflexiva y reactiva del modelo de explotación común a todo el campesinado como tal.

Afirmo -continúa diciendo este autor- que es posible definir algunos rasgos comunes de este simbolismo reflexivo. Casi siempre implica la creación de una sociedad o hermandad en la que no existen ni ricos ni pobres, en la que no se dan diferencias de categoría ni de status (excepto la división entre creyentes y no creyentes). Cuando se tiene la sensación de que las instituciones religiosas justifican las injusticias, la abolición de las diversas categorías y status puede suponer perfectamente la eliminación de la jerarquía religiosa a favor de nuevas comunidades de creyentes iguales entre sí. Es típica también, aunque no siempre se de el caso, la obligación de compartir y mantener las propiedades en común. Queda abolido, por ser considerado injusto, el cobro de impuestos, rentas o tributos de cualquier tipo.

La comensalía era una estrategia destinada a construir o reconstruir la comunidad campesina sobre unos principios radicalmente distintos de los conceptos de honra y deshonra, o patrocinio y clientela. Debía basarse en la participación igualitaria en el poder material y espiritual al nivel más popular imaginable.

John Dominic Crossan



Jesús: Vida de un campesino judío

Pág. 310-311

Quien intenta romper los esquemas de una sociedad, ¿no se condena a muerte?

En estas celebraciones de las "comidas abiertas" encontraríamos la real conexión entre la eucaristía y la muerte de Jesús, de tal forma que podríamos modificar el título de este capítulo:


LAS COMIDAS ABIERTAS DE JESÚS
Una muerte anunciada

Epifanio, obispo de Constancia

Nacido de familia pobre en el pequeño asentamiento judío de Besanduk, cerca de Eleutheropolis (Palestina), a unos 53 km al sudoeste de Jerusalén. A los 10 años, muerto su padre, fue adoptado por un judío rico, bajo cuyos auspicios aprendió el griego, el copto(egipcio), el siríaco, el hebreo y algo de latín según nos informa San Jerónimo (Adv. Ruf. 2,22). A los 16 años, convertido al cristianismo por el monje Luciano, entró en su monasterio. Por consejo de san Hilarión fue a visitar los monasterios de Egipto, donde entró en contacto con grupos valentinianos. A su regreso a Judea, alrededor del año 333, siendo todavía joven, fundó un monasterio en su ciudad natal. Ahí es ordenado sacerdote y vive y estudia como superior del monasterio por treinta años. Fue elegido obispo de Constancia (la antigua Salamina) en el año 367, siendo por tanto metropolitano de Chipre. Sirvió como obispo durante cerca de cuarenta años. Se caracterizó por la difusión del movimiento monástico y por su lucha contra los creyentes que él consideraba heréticos, aunque sus principios perdían crédito por la áspera naturaleza de sus ataques: su principal objetivo fueron las enseñanzas de Orígenes, el gran teólogo de la Iglesia oriental, a quien él consideraba más un filósofo griego que un cristiano.

Sus ideas entraban en conflicto con las del emperador romano de Oriente, Valens (364-374), el cual había abrazado el arrianismo.

Participó en varios sínodos y concilios. En el de Antioquia (376) donde se debatieron, cuestiones trinitarias en contra de la herejía apolinaria, Epifanio sostuvo la posición del obispo Paulinus, quien tenía el apoyo de Roma, contra Meletio de Antioquía que era apoyado por las Iglesias Orientales. También apoyó la causa de Paulinus en el concilio de Roma (382).

En 394 visita su tierra natal, Palestina, y en Jerusalén, patria de los más decididos e influyentes admiradores de Orígenes, en presencia de Juan, obispo de la ciudad, y ante una gran multitud congregada en la iglesia del Santo Sepulcro, pronunció un discurso vehemente contra Orígenes. Dio origen a una seria disputa, en la cual Jerónimo, hasta entonces defensor ardiente de Orígenes, cambió su manera de pensar y trató de obtener de Juan, obispo de Jerusalén, la condenación de Orígenes. Ante la negativa de Juan, Epifanio rompió la comunión eclesiástica con él. La controversia que siguió alcanzó su momento álgido en la condena de Orígenes, el año 400, por un concilio de Alejandría, convocado por el metropolitano local Teófilo, quien en una carta del 402 se refirió a Orígenes como la "hidra de las herejías."

Epifanio no titubeó en aunar sus fuerzas con el violento y astuto patriarca de Alejandría para expulsar de sus monasterios del desierto de Nitria a los famosos "Hermanos Largos" y a otros adeptos egipcios de Orígenes, a quienes Crisóstomo, patriarca de Constantinopla, los acogió.

En 402 fue animado por Teófilo de Alejandría a viajar al sínodo de Constantinopla, donde discutió la supuesta herejía de Juan Crisóstomo, a quien Teófilo deseaba deponer.

Al convencerse de la falsedad de las acusaciones de Teófilo contra Crisóstomo, no aguardó la deposición de Crisóstomo en el "sínodo de la Encina," de triste memoria. Abandona Constantinopla y se embarca hacia Chipre, muriendo en alta mar durante el viaje (mayo de 403) a la edad aproximada de 90 años.

Fue un obispo celoso y un asceta reverenciado, pero le faltó moderación y juicio, defectos que se reflejan en sus escritos. Admite en una ocasión que él escribe contra Orígenes basándose sólo en rumores.

Su libro mejor conocido es el Panarion (también conocido como Adversus Haereses), escrito entre 374 y 377, en el que ataca a las 80 concubinas del Cantar de los Cantares, entendiendo por tales 80 herejías (incluye en el número de éstas 20 escuelas filosóficas griegas y sectas judías), algunas de los cuales no están descritas en ningún otro documento de aquel tiempo que nos haya llegado. Es una valiosa fuente de información sobre la iglesia cristiana del siglo IV.



Otro de sus escritos es el Ancoratus ("bien anclado") (374), un compendio de las enseñanzas de la iglesia, que incluye discusiones contra el Arrianismo y contra las enseñanzas de Orígenes. un interesante tratado sobre pesas y medidas del Antiguo Testamento y otras varias obras exegéticas, que le valieron el título de Padre de la Iglesia.

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