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Las calles del Azul ¿La "Viborera" flor del Azul?


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Las calles del Azul
¿La “Viborera” flor del Azul?
La centésima quincuagésima tercera calle de nuestro recorrido fue bautizada, en 2001, con el nombre De la Flor Morada, en referencia a la planta que fuera declarada “Flor Oficial del Partido de Azul” y de cuyos ejemplares algunos fueron colocados a lo largo de su trayecto en el sector ampliado del Barrio “Parque Pinasco”.
Por Eduardo Agüero Mielhuerry y Eduardo Luis Farina
Trabajo declarado de Interés por la Honorable Cámara de Diputados de la Nación y de Interés Legislativo y Comunitario por el Concejo Deliberante de Azul.
El siglo XX culminó con un total de ciento cuarenta y ocho calles nombradas, cerrando una interesante etapa de desarrollo. Treinta y cinco calles fueron incorporadas al ejido urbano durante la década del ’90, siendo una de las más progresistas e innovadoras en cuanto a la denominación de las arterias urbanas. Alcanza con mencionar que se incorporaron hasta nombres de plantas -cuestión que se repetirá en los años venideros-.

En los más de ciento veinte años que transcurrieron desde que en 1879 el Presidente de la Corporación Municipal, Federico Julián Olivencia, le impuso nombres a las 36 calles que tenía el pueblo -denominadas hasta entonces con números romanos-, Azul se transformó y creció radicalmente.


Hacia 1888 la cuadricula del pueblo –pronto a ser declarado ciudad-, había crecido equilibradamente con la incorporación de ocho denominaciones establecidas mediante el Decreto N° 354 promulgado por el intendente Pedro Oubiñas, incluyendo el nombramiento de dos “avenidas”.
En sus inicios, el deslumbrante siglo XX acarreó cambios e incorporaciones a la lista de calles. Algunas perdieron sus primigenias denominaciones y otras surgieron gracias a la Ordenanza N° 782, del 18 de octubre de 1924, mediante la cual el Honorable Concejo Deliberante, por unanimidad, le impuso nombres a veinte nuevas arterias abiertas y/o rectificadas en su trayecto. El proyecto había sido presentado y tratado por una Comisión especial integrada por Eduardo Berdiñas, Gregorio Motti, Francisco Gilardoni y Pedro Guiraut. Días después, éste último, que era el intendente Municipal de aquel entonces, la promulgó.
En 1942, durante la administración del intendente José María Peluffo, se denominaron cinco avenidas, tres de las cuales fueron caracterizadas como “de circunvalación”, delimitando concisamente los que se creían iban a ser los límites de la ciudad. Sin embargo, como pronto fue evidente, Azul no se detuvo en su desarrollo.
Pasada la mitad del siglo XX, el crecimiento poblacional se vio acentuado, extendiéndose notoriamente la ciudad. Inclusive, el intendente Ernesto María Malére creyó que era conveniente modificar el sistema de denominación pasando a sistema numérico. Sin embargo, los vecinos no se adaptaron al mismo y quedó implementado solamente para algunas calles que permanecieron sin nombre o se continuó usando a los fines catastrales. Además, a finales de los años ’80 y comienzo de los ’90, este sistema presentará sus principales falencias, cuando la ciudad se haya extendido hacia todos los puntos cardinales (fundamentalmente hacia el Sur).
La “Comisión Municipal de Investigaciones Históricas del Partido de Azul”, a cuyo frente se hallaba el historiador azuleño Vicente Porro -quien contaba con la incansable colaboración de la poetisa María Aléx Urrutia Artieda-, hacia 1956 propuso la incorporación a la lista de calles azuleñas nuevos nombres, los cuales fueron propuestos a sabiendas del significado que los mismos acarreaban para la historia lugareña. En consecuencia, mediante el Decreto-Ordenanza del 12 de noviembre de 1956, firmado por el Comisionado Guillermo Rodolfo Sarmiento, se le impusieron nombres a quince nuevas calles de la ciudad.
Años más tarde, continuando con los cambios y algunas incorporaciones, llegaron dos nuevas denominaciones al ejido azuleño, Juan Bautista Justo y Carlos Pellegrini, dos personalidades de peso en la política nacional que marcaron indudablemente nuestra historia. Ambos nombres fueron impuestos durante las administraciones de los intendentes Pedro Armando López y Julio Villanueva.

Al iniciarse la década del ’70, Azul vivió una interesante etapa de expansión en una época compleja. La primera nueva denominación que apareció por entonces en la cuadricula urbana fue General Martín Miguel de Güemes (Decreto del 14 de junio de 1971). Luego fueron bautizadas las calles de los barrios “Güemes” y “Dorrego” mediante un Decreto del 9 de junio de 1972, a través del cual las arterias recibieron los nombres de países del continente americano.

La avenida Manuel Chaves surgió en 1974 como homenaje al sindicalista azuleño asesinado durante la autodenominada “Revolución Libertadora”. Poco después, en 1975, la Calle N° 2 recibió el nombre de Maestras Azuleñas, y al año siguiente fueron nombradas las calles Tierra del Fuego y Antártida Argentina. Dicha década cerró con la incorporación -el 16 de diciembre de 1979- de nombres tales como Teniente de Marina Eduardo O´Connor, Teniente Coronel de Marina Erasmo Obligado y Comodoro de Marina Luis Py.
Empero el crecimiento de Azul no se detuvo y, finalmente, en la década del ’80 aparecerán nuevos nombres reemplazando a otros y nuevas denominaciones en los barrios San Martín y Santa Elena.

La década del ’90 estuvo caracterizada por una sucesión de errores suscitados en distintos puntos de la ciudad y con diferentes arterias. Por sólo mencionar algunos casos: dos calles distantes fueron bautizadas con el mismo nombre, dos calles paralelas también recibieron la misma denominación y otra fue rebautizada sin considerarse que primigeniamente la arteria tenía el nombre de un destacado intendente. Sin embargo, como ya se dijo, la principal novedad estuvo dada por el uso de nombres de especies arbóreas para denominar a las calles del Barrio “Parque Pinasco”.


Los primeros años del siglo XXI
Desde el 2000 hasta la actualidad se incorporaron a la cuadricula urbana doce calles. Salvo, la calle Beato Pereyra -que fue abierta en el transcurso del presente año-, las mismas ya se hallaban abiertas en diferentes puntos de la ciudad, pero no bautizadas, por ende sencillamente se las nombró por primera vez.
Seis calles recibieron los nombres de especies vegetales –tres de ellas plantas autóctonas de la Argentina-, otras cinco recibieron los nombres de destacados azuleños y sólo una fue llamada con el nombre de una entidad nacional. Y vaya la curiosidad de esta época, hay una calle cuya denominación no es oficial; simplemente fue bautizada por los vecinos, pero en principio esto no fue evaluado ni aprobado por el Concejo Deliberante o el Departamento Ejecutivo.

“Zona Residencial Parque Pinasco y Ruta N° 51”


En el año 1947, el escribano Sandalio Alfredo Pinasco, residente en Buenos Aires, compró en Azul la chacra llamada “Los Perales” (dada la abundancia de estos árboles frutales), de cincuenta hectáreas, donde además había un rudimentario tambo a cargo de un alemán y una casa construida allá por 1890. Pocos años más tarde, Pinasco donó un sector de los terrenos de su propiedad para la construcción de la Capilla de Nuestra Señora de Luján.

Su hijo Eduardo Sandalio Alfredo Pinasco, convertido en heredero, fue quien tuvo la idea de lotear y poblar la chacra, convirtiéndola en una zona urbana, no para casas de fin de semana, sino como viviendas permanentes.


La Ordenanza N° 500/80, fue la que “ordenó” el proceso de loteo del barrio, disponiendo que al momento de urbanizar el sector se debía hacer un plan de obras sobre el total de las hectáreas, contemplando calles, veredas, espacios públicos, etc.

Ante magnánimo proyecto, se planteó un plan de cinco etapas y a finales de 1980 se aprobó el primer sector de macizos (similares a las manzanas corrientes, pero rectangulares), en el que se instalaron las redes de luz domiciliaria, alumbrado público, agua corriente y se trazaron las calles abovedadas y entoscadas.

La primera etapa se vendió a través de tres remates realizados por la Inmobiliaria de Miguel Ángel Prezioso, con gran éxito.

En el barrio se plantaron unos 5.000 árboles. De los Eucaliptus, De los Olmos, De las Acacias y De los Álamos, son los nombres que hacen honor a las especies de árboles plantados en dichas calles por Eduardo Pinasco y Jorge Rincón. La gran inquietud de Eduardo fue que las viviendas tuvieran jardín y lo logró regalándoles pinos u otros árboles a los flamantes propietarios…

“Zona Residencial Parque Pinasco y Ruta N° 51” abarcaba desde los límites del Barrio Santa Elena, hasta La Colorada y la vieja antena de Radio Azul, de ambos lados de la Ruta, evidenciando una amplia zona de influencia. Sin embargo, con el transcurso del tiempo, el barrio redujo sus límites comprendiendo además del que fuera el trazado original, las manzanas delimitadas por el barrio que informalmente algún tiempo se llamó “Santa Rosa”, comprendido por las calles 130 y 132, entre la Ruta Provincial N° 51 y la calle Alvear.
Siguiendo la Ordenanza N° 18
El intendente Ernesto María Malére había promulgado el 11 de julio de 1953 la Ordenanza N° 18 (disposición sancionada por el Concejo Deliberante el día 8) mediante la cual se enumeró del 1 al 59 a las calles paralelas a la Avenida Intendente Juan José Mujica (que le correspondía el 1) y del 60 en adelante desde la primera arteria paralela a la Ruta Nacional N° 3. Dicha disposición no tuvo aceptación en la comunidad, pero se la continuó empleando a los fines catastrales.
De acuerdo con dicha disposición, la calle que recibiera el nombre de Claudio Lantier, no estaba prevista dentro de aquél ordenamiento numérico, por ende, luego de la Calle N° 59, hacia el Sur, cuando la ciudad se fue desarrollando, se amplió la numeración incorporando números a partir del 130. En consecuencia, la Calle N° 132, en todo su recorrido de Este a Oeste, mediante la Ordenanza N° 1.463, sancionada el 23 de septiembre de 1996, recibió el nombre de Claudio Lantier “desde la Ruta Nacional N° 3 hasta el Arroyo Azul”.
Cabe aclarar que la calle obtuvo nombre solamente en el tramo mencionado, preservando el número en el resto de su trayecto. Sin embargo, años más tarde, “del otro lado del arroyo”, hacia el Oeste, la calle fue bautizada mediante la Ordenanza N° 1.913 -del 11 de junio de 2001-, como De la Flor Morada hasta su intersección con la Ruta Provincial N° 51.

Puntualmente, la Ordenanza N° 1.913 respondió a una solicitud de la Comisión Vecinal Zona Residencial “Parque Pinasco” que proponía la designación de algunas calles del barrio, desde el Arroyo Azul hasta la Ruta Provincial N° 51.

Los nombres elegidos fueron “De los Aguaribay” (Calle N° 130), “De los Tilos” (Calle N° 131) y “De la Flor Morada” (Calle N° 132). En el artículo 2° se dejó hecha una importante aclaración que por no estilarse antes motivó tantos problemas en otros tiempos: “Estos nombres se mantendrán en el caso de que, en el futuro, se continúe la traza de las calles fuera de los límites del barrio”. Asimismo, dentro de los fundamentos se contemplaba “lo dispuesto en el Decreto Municipal N° 441/79 y las Ordenanzas N° 1.431/96 y 1.463/96”.

Es importante destacar que, a diferencia de lo que sucedió con el sector fundacional del barrio, en las tres nuevas calles denominadas las especies que les dan nombre no se destacan ni abundan ya que por ejemplo no superan la decena de ejemplares.


Echium plantagineum
Flor morada al igual que Aguaribay son nombres vulgares o comunes utilizados para designar a una especie a diferencia de los nombres Tilo (de su calle vecina), Eucalipto, Olmo, Acacia y Álamo (del Barrio Parque Pinasco) que designan Género/s.

Flor morada es un nombre que se usa en la región, en otras partes del país también se la llama “borraja de campo o borraja cimarrona” por sus virtudes semejantes a otra especie llamada “borraja”.



El nombre latino es Echium plantagineum (Echium, del griego ekios = víbora por la similitud del fruto con la cabeza del animal, plantagineum por la semejanza de sus hojas basales con especies del género Plantago), pertenece a la Familia Borragináceas y es originaria del sur de Europa.
Características morfológicas
Habito de crecimiento: hierba de 60 cm hasta 1 m de altura, de duración bianual (se reproduce cada dos años), con tallos y ramas revestidos de pelos. En el primer año forma hojas basales en roseta, en el segundo año florece, fructifica y muere.

Hojas: basales en roseta, espatuladas, las que se ubican a lo largo del tallo, alargadas.

Flores: violáceas, acampanadas, dispuestas en racimos.

Fruto: seco, pequeño (2 mm).

Usos: es buena planta melífera y se le atribuyen propiedades medicinales.
El Instituto Nacional de Semillas (INASE) la califica como maleza tolerada secundaria (de baja agresividad y diseminación, de fácil control en el campo y/o se eliminan con los métodos corrientes de procesamiento a que son sometidas las semillas destinadas para la siembra.

Observaciones

La “flor morada” fue hallada en nuestra ciudad (vías del ferrocarril, terrenos baldíos) y en la Boca de las Sierras (estancias “Los Cerrillos” y “Santa Rosa”), pero no fue encontrada en un relevamiento realizado en 1999 sobre las plantas presentes en el arroyo Azul (tramo comprendido entre las nacientes y la Estación Shaw).


En terrenos baldíos y veredas de la planta urbana ocasionalmente se puede encontrar naturalizada a otra especie europea de la Familia Borragináceas con propiedades ornamentales y medicinales, la “borraja”, Borago officinalis, hierba de duración anual y de flores azules con forma de estrella.
A esta especie se debe la expresión “quedar en agua de borrajas”, idónea para definir un estado de completa decepción, es utilizada cuando se tienen ciertas esperanzas puestas en algo y estas se diluyen quedando en nada. Según José Luis García Remiro es Joan Amades, autor del Refranyer catalá comentat (1935), quién intuyó que el dicho “Tornar-se aigua de borratges” proviene de la vieja creencia en el poder fecundador de la borraja: “Con solo pisarla, se creía, una mujer podía quedar embarazada, más aún si tomaba el caldo obtenido al hervirla”. Posiblemente la frustrante experiencia de pisar borrajas y no conseguir el embarazo influyó en el significado que luego adquirió el modismo.
Curiosidades
En Argentina (provincia de Córdoba), Chile y España se la llama “viborera” debido a que tiene unas características en tallos, flores y frutos que recuerdan a las víboras, es por ello que en la edad media se creía que ésta planta protegía las casas de las temidas víboras e incluso la usaban como remedio tras las mordeduras de ofidios.

En España también se la llama “chupamieles” porque los pastores a primera hora de la mañana solían chupar las flores para saborear el néctar antes de que las abejas entraran en acción.


Para culminar…
La calle De la Flor Morada fue la quinta arteria incorporada a la cuadricula de Azul durante la primera década del corriente siglo, siendo la tercera y última en sumarse en la zona ampliada del barrio “Parque Pinasco”.

El próximo domingo nos ocuparemos de la calle Los Ceibos.


Agradecimientos y fuentes


  • Muchas gracias al Ingeniero Agrónomo de la Facultad de Agronomía -U.N.C.P.B.A.-, Eduardo Luis Farina, por incorporarse a este trabajo como coautor.

  • Muchas gracias a Norma Iglesias por su incansable y enriquecedora guía por los senderos de la historia azuleña.

  • Muchas gracias a Stella Tumminaro del Concejo Deliberante de Azul.

  • Muchas gracias a Alicia Medel y Norma Binzuña del Archivo Municipal.

  • Muchas gracias a Chelita, Daniela y Alicia de la Biblioteca Pública “Monseñor César A. Cáneva”.

  • Muchas gracias a Ernesto Arrouy y Luis Navas de la “Hemeroteca Juan Miguel Oyhanarte”.

  • “Historia del Azul”. Fascículo II. (1982). Diario El Tiempo de Azul.

  • Páginas web:

http://cvc.cervantes.es/el_rinconete/anteriores/diciembre_05/21122005_01.htm

  • Alberto Sarramone. “Historia del antiguo pago del Azul”. (1997). Biblos. Azul.

RECUADROS:


El Arroyo Azul
Sin lugar a dudas, la referencia más antigua que se encuentra sobre el nombre Azul surge del informe realizado por el coronel Pedro Andrés García, titulado: “Nuevo plan de frontera de la Provincia de Buenos Aires. Proyectado en 1816 con informe sobre la necesidad de establecer una guardia en los Manantiales de Casco, o Laguna de Palantelen” (Imprenta del Estado. Buenos Aires. 1837).
García escribió: “…El Arroyo de las Flores, los ríos Azul, Tapalquen, Sauce Chico, Guaminí, Sauce Grande y Colorado, son bastante conocidos en la ruta a Patagónica, y aun a muchos de nuestros antiguos hacendados. Lo son igualmente las sierras del Volcán, Tandil, la Ventana y Guaminí…”.
Partiendo de lo escrito por el Coronel, es evidente que el topónimo “Azul” es anterior a 1815, pudiendo haberse originado inclusive a finales del siglo XVIII.
Nada se sabe sobre el porqué del nombre “Azul”, empero una de las tantas teorías elucubradas supone la existencia de una flor autóctona (que en verdad no lo es) de color morado-azulado que durante la primavera y el verano se desarrollaba libre y abundantemente en las márgenes del curso de agua. De allí, en principio, derivaría el nombre del Arroyo Azul.
El 27 de diciembre de 1961, durante la administración del intendente Amado Diab, en la última sesión anual del Concejo Deliberante de Azul, mediante la Ordenanza N° 69, se declaró “Flor Oficial del Partido de Azul a la Flor Morada (Echium Plantagineum) de la familia de las Borragináceas, llamadas comúnmente Borraja Cimarrona”. Además, en su articulado especifica: “En el Parque ‘Domingo Faustino Sarmiento’, en las plazas, plazoletas y jardines públicos del Partido de Azul deberá cultivarse por lo menos un cantero de esta planta”.
En la actualidad muchos afirman que “Azul es la traducción al castellano del nombre que su pueblo originario, los aborígenes pampas, daban al arroyo: Callvú Leovú” o que el nombre Arroyo Azul proviene del vocablo indígena pampa Callvú Leovú, en referencia a flores (borraja morada) de dicho color que crecían en sus riberas aunque algunos historiadores consideran que podría significar “Aguas Rumiantes”.
Pero éstas afirmaciones se contraponen a las investigaciones realizadas por Julio E. Cordeviola, quien presentó a la Municipalidad de Azul un ensayo titulado “Veracidad del topónimo Callvú Leovú y la Flor Morada como generadora del mismo”, trabajo el cual partía de la Ordenanza N° 69/61.
Para realizar el ensayo se cimentó en una serie de preguntas:

1°) ¿Existía realmente el topónimo Callvú Leovú?, ¿Desde cuándo?

2°) ¿Desde cuándo aparece en documentos, cartografía o relatos el nombre Arroyo Azul?

3°) ¿La flor morada y/o borraja cimarrona (Echium plantagineum y/o Borago officinalis) es o son plantas autóctonas?

4°) ¿qué otras plantas autóctonas o no se multiplicaron en la zona e hipotéticamente pudieron dar origen al nombre Callvú Leovú o Arroyo Azul?
El trabajo concluye afirmando que el topónimo Callvú Leovú no existía por lo menos hasta 1878 en que al parecer Estanislao Zeballos tradujo el nombre Arroyo Azul del castellano al araucano.

Respecto de la planta, Cordeviola descarta casi de plano que el nombre se originara en la presencia de la flor morada o de la borraja cimarrona, procedente ambas de Europa cuyas semillas adventicias de la agricultura recién se expendieron en América cuando comienza a cultivarse el trigo y otras gramíneas, por lo que es casi imposible que estuvieran diseminadas en tan cantidad en la zona de Azul en épocas en que la agricultura era incipiente en Santa Fe y aledaños de Buenos Aires, a principios del siglo XIX la frontera pasaba el norte del río Salado. Estas plantas tienen por otra parte una semilla pesada imposible de ser trasladada por el viento. Tampoco el cardo de Castilla o la achicoria silvestre, ambas de flores azules tuvieron relevancia como para generar un topónimo ni tampoco la autóctona Verbena bonariensis tiene importancia como para caracterizar la zona.


Sobre el origen del nombre de la ciudad de Azul
En 1992 un concejal elaboró un Proyecto de Comunicación en el cuál solicitaba al Departamento Ejecutivo de la Municipalidad de Azul, que contemplara la posibilidad de poner en ejecución la Ordenanza anteriormente citada (N° 69/61). En ese entonces los ingenieros agrónomos Eduardo Farina y Carlos D’Alfonso publicaron en el diario “El Tiempo” una nota titulada “Sobre el origen del nombre de la ciudad de Azul” en el que aportaban las siguientes observaciones:

a) Echium plantagineum (flor morada) es una especie originaria de Europa mediterránea, adventicia en Sudamérica.

b) Generalmente los ejemplares de esta especie presentan flores violáceas de ahí su nombre vulgar.

c) En su lugar de origen crece en suelos arenosos y secos, siendo en nuestro país una especie frecuente en terrenos modificados (baldíos, potreros, orillas de caminos, vías férreas, etc.), es maleza en cultivos y también es común en céspedes de parques y jardines.

De acuerdo a esas afirmaciones se planteaban los siguientes interrogantes:

¿Cómo una planta europea llegó a difundirse tan ampliamente en zonas aledañas al arroyo Azul en la época que este era territorio indígena?

¿Es posible que los indígenas dieran el nombre “Callvú Leovú” (Arroyo Azul) observando flores de color violeta?

¿Cómo una especie propia de terrenos modificados fue tan abundante en Azul en esa época en que no existían los cultivos, y en la actualidad con la mayoría de los terrenos removidos existan tan pocos ejemplares?

Por lo expuesto consideraban muy poco probable que sea ésa la especie que dio origen al nombre de nuestro arroyo y por ende de nuestra ciudad y sugerían:

-No ejecutar la citada Ordenanza.



-Rever los considerandos de la misma, ya que se declara como Flor Oficial de Azul a una especie europea, sin considerar que tal vez el nombre surgió del color de una planta representante de la Flora indígena del Partido.

-Realizar investigaciones más profundas, sin desestimar los conocimientos trasmitidos oralmente, para tratar de comprobar si fue el color de una flor o de otro elemento el que determinó el nombre en cuestión.


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