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La verdad nos hará libres josé Antonio Pagola


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LA VERDAD NOS HARÁ LIBRES
José Antonio Pagola

En los primeros días de enero de 2008 en la página web de la diócesis de Tarazona han hecho su aparición diversos textos comentando y juzgando mi libro «Jesús. Aproximación histórica», PPC, Madrid 2007. Se trata en concreto de una Carta de Monseñor Demetrio Fernández que lleva como título: «El libro de Pagola hará daño»; una breve nota de Luis J. Argüello, Vicario de la ciudad de Valladolid, titulada «A propósito del Jesús de Pagola»; un escrito de José Rico Pavés, director del Secretariado de la Comisión Episcopal para la Doctrina de la Fe (CEE) con el título, «Un Jesús irreconocible»; una recensión del teólogo José María Iraburu que titula «Pagola. Aproximación histórica» y un extenso trabajo del teólogo José Antonio Sayés, «Jesús, aproximación histórica» de José Antonio Pagola, que había aparecido ya en un espacio de Internet en noviembre de 2007.


Aunque se trata de cinco textos firmados por autores diferentes, en realidad en todos ellos resuena una voz análoga y han sido presentados por la diócesis de Tarazona formando un bloque. No sólo el enfoque y el tratamiento de las diversas cuestiones es prácticamente idéntico, sino que se utilizan en diversas ocasiones las mismas expresiones y frases de manera casi literal. El obispo de Tarazona los presenta como un conjunto de textos con cuyo contenido se identifica, lo aprueba y lo recomienda a sus fieles.
Este hecho permite estudiar de manera conjunta su posición, perfectamente definida dentro del pluralismo teológico actual, considerando, al menos, las cuestiones más importantes y decisivas. Este es mi propósito en este escrito. Lo importante para mí no es defender mi libro. Al fin y al cabo, es un hecho menor e insignificante en la historia de nuestra Iglesia. Lo que busco es que no seamos los teólogos ni la jerarquía los que cerremos a la gente sencilla las puertas para un encuentro vital y renovador con Jesús y con su Evangelio. No quiero juzgar a los autores de estos escritos ni a quienes se afanan por difundirlos. Quiero escuchar en estos momentos la llamada firme de Jesús a sus seguidores: «No juzguéis a nadie… No condenéis a nadie. Perdonad» (Lucas 6, 37 – 38). Me limitaré a constatar algunos hechos y a plantear algunas preguntas. En cualquier caso, mi disposición ahora y en el futuro va a ser la de estar dispuesto a mejorar mi libro teniendo en cuenta las críticas y sugerencias que se me puedan hacer. Sólo quiero ayudar a la gente a conocer, amar y seguir más fielmente a Jesucristo.

1. PUNTO DE PARTIDA
Me parece importante constatar tres hechos que nos permitan aproximarnos al punto de arranque y a la orientación de estos estudios.


  1. Omisión de la verdadera intención Pagola




    • Comienza J. A. Sayés su trabajo de esta manera: «Decía J. A. Pagola en una entrevista concedida al Diario Vasco (16-10-07) que a él le interesa Jesús porque es el hombre compasivo, que se acerca a los últimos, que busca la dignidad de la mujer». «Los rasgos más importantes de su perfil retratan a un hombre compasivo, un defensor de los últimos, que se interesó sobre todo por la salud de la gente y que, frente a una visión legalista introduce la compasión como principio de actuación. Ésta es la búsqueda que hace Pagola de Jesús».




    • Lo que dice Pagola. En realidad, las palabras de Sayés son una utilización de lo que yo respondo al entrevistador cuando me hace la tercera pregunta: «¿Cómo era Jesús?». Sayés oculta a sus lectores lo que yo respondo al entrevistador cuando me hace la primera pregunta precisamente sobre qué es lo que me ha impulsado a escribir el libro. Esto es lo que respondo literalmente: «Lo hice por una exigencia de mi fe en un Dios encarnado. Me interesa el hombre en el que Dios se ha encarnado, cómo es, a quiénes se acerca, qué critica, cómo trata a la mujer, cómo desenmascara una determinada religión. Es la única forma que tengo de conocer a Dios. Si Jesús es un hombre compasivo, que se acerca a los últimos, que busca la dignidad de la mujer, estoy descubriendo lo que es el Dios encarnado. Me sorprende que haya entre algunos cristianos un deseo muy grande de afirmar la divinidad de Jesús y que luego no se preocupen en absoluto de cómo se ha encarnado».




    • Preguntas: ¿Por qué omite Sayés a sus lectores mi verdadera motivación? ¿Es ése el camino más adecuado para ayudarles a comprender mi libro? ¿Puede ser éste el mejor punto de partida para intentar un análisis objetivo de mi libro?




  1. Ausencia de la benevolencia inicial pedida por el Papa




    • En el prólogo de su obra teológica (no magisterial) «Jesús de Nazaret», J. Ratzinger pide con una humildad admirable «a los lectores y lectoras esa benevolencia inicial, sin la cual no hay comprensión posible» (p.20). Esta recomendación del Papa no se respeta en estos escritos. Iraburu dice: «Tengamos claro desde el principio que Pagola, a través de esta aproximación histórica a Jesús, difunde innumerables doctrinas de teología dogmática y moral, que ha fundamentado en el libre examen de las Escrituras y que son inconciliables con la fe católica. Lo iremos comprobando». Argüello dice: «se debe prescindir de la fe para reconstruir la figura histórica de Jesús, viene a decirnos el autor, que manifiesta querer escribir desde la Iglesia católica». (Evidentemente nunca digo yo que, para aproximarnos a la figura histórica de Jesús, se deba prescindir de la fe). Más tarde añade que «el Jesús de Pagola está lleno de prejuicios modernos, sociales y eclesiales». Por su parte, a Monseñor Fernández lo que le preocupa es «alertar de los peligros que pueden acechar» a los lectores y «anima a otros pastores y teólogos, a que examinen con atención este libro… que tanto daño puede hacer a nuestros fieles, sobre todo a los más sencillo».

Es también significativo el lenguaje irónico, empleado por Sayés, precisamente cuando está condenando públicamente lo que él considera graves errores doctrinales de un hermano teólogo: «Por lo demás, la explicación de Pagola resulta ridícula»; «si me lo permite Pagola, recurriré a mi Biblia (hace tiempo que pienso que poseo una Biblia diferente)»; «resulta cómico que Pagola…», etc.




    • Pregunta: ¿Tiene todo esto algo que ver con esa «benevolencia inicial» sin la cual, según el Papa, no hay comprensión posible?




  1. El juicio a la persona del autor




    • La congregación romana para la Doctrina de la Fe suele pronunciarse sobre las proposiciones de un autor, nunca sobre su fe o sus intenciones subjetivas. Así aparece también en la última Notificación sobre las obras de Jon Sobrino: «La Congregación no pretende juzgar las intenciones subjetivas del Autor, pero tiene el deber de llamar la atención acerca de ciertas proposiciones que no están en conformidad con la doctrina de la Iglesia».




    • Desgraciadamente, no es esta actitud respetuosa y lúcida de la Congregación Romana la que aparece en estos textos que no diferencian el juicio sobre una proposición determinada y el juicio sobre el autor. Así Sayés afirma que «para Pagola, Jesús no es Dios». Iraburu dice que Pagola «no cree en la Iglesia»; «para Pagola, Jesús es un hombre»; Pagola «inventa» las verdaderas causas de la condenación a muerte de Jesús; todo el libro es «una presentación de la ideología de Pagola sobre nuestro Señor Jesucristo, sobre la Iglesia y el cristianismo» (Iraburu). Es frecuente también ver que se juzgan las supuestas «intenciones subjetivas» de Pagola. Así Rico Pavés afirma que Pagola «se propone solapadamente una revisión integral de la fe»; que Pagola «sabe acudir a expresiones que evocan propuestas fundamentales de la doctrina católica para sugerir solapadamente que carecen de fundamento histórico». Es sencillamente estremecedor sentirse juzgado públicamente así por un teólogo como Iraburu que dice literalmente: «Es cierto que en algunas páginas Pagola dice que «Jesús es la encarnación de Dios», «el hombre en el que Dios se ha encarnado»… Pero son tantas las páginas en las que niega Pagola los fundamentos bíblicos e históricos en los que se apoya la enseñanza de la Iglesia sobre la divinidad de Jesucristo que esas pocas frases no logran hacernos creer que su presentación de Jesús sea conforme con la genuina fe católica. Cualquier lector medianamente espabilado… sabe distinguir lo que dice un autor y lo que quiere decir». De esta manera, ya no es el libro de Pagola el que hará daño como teme el obispo Fernández. Es Pagola el que resulta «dañino». Por eso, Iraburu, sin más pruebas ni argumentos, denuncia que «la peligrosidad mayor de las doctrinas de Pagola está en sus frecuentes artículos en diarios y revistas, en varias páginas de Internet, en conferencias. Por esta vía principalmente es como llega a difundir sus errores a muchísimas personas». Por eso, pide a Dios y a todos los Obispos que «liberen al pueblo cristiano de las tinieblas del error».




    • Pregunta: ¿Es éste el lenguaje y la actitud que hemos de promover en la Iglesia para crear comunión y diálogo en el seguimiento fiel a Jesús?



2. LA VERDADERA NATURALEZA DE UN ESTUDIO HISTÓRICO DE JESÚS
¿Cómo se explica que estos autores atribuyan a un libro que, desde su mismo título, aclara que se trata de una «aproximación histórica» a Jesús, todo un conjunto de doctrinas contrarias a la Iglesia e incluso de herejías? A mi parecer, las cosas comienzan a aclararse cuando analizamos en qué consiste la verdadera naturaleza de la investigación histórica sobre Jesús.


  1. Estos autores no distinguen entre «investigación histórica» y «cristología»

Siempre ha buscado la teología católica diferenciar bien el estudio de la dimensión humana de Jesús (jesuología) y el estudio de la fe cristiana en Jesucristo, Hijo de Dios hecho hombre por nuestra salvación (cristología). Pero hemos de agradecer de manera especial las precisiones llevadas a cabo por John. P. Meier, el más eminente investigador católico sobre el Jesús histórico en su obra «Un judío marginal: nueva visión del Jesús histórico». Verbo Divino, Estella (1998-2003), p.47-57. Este esfuerzo clarificador de Meier ha sido aceptado de manera muy positiva por la mayoría de los exégetas católicos (aunque con algunas matizaciones) y su obra ha sido considerada por Benedicto XVI como «modelo de exégesis histórico-crítica en la que se ponen de manifiesto tanto la importancia como los límites de esta disciplina» (Jesús de Nazaret, p. 144). Siguiendo sobre todo a Meier, los investigadores católicos distinguen hoy claramente entre un «estudio histórico sobre Jesús», llevado a cabo según los criterios propuestos por la Pontificia Comisión Bíblica (La interpretación de la Biblia en la Iglesia) en 1993, y la «cristología» que es el tratado de teología dogmática que estudia y expone el contenido de la fe en Jesucristo tal como es confesada por la Iglesia católica.


Esta distinción elemental no es tenida en cuenta por este grupo de autores que exigen de un estudio de «aproximación histórica» a Jesús lo que sólo se ha de pedir a la «cristología». Así, Sayés plantea su estudio de esta manera: «Así pues, seguiremos la búsqueda de Pagola preguntándonos qué piensa de Jesús: ¿es un profeta itinerante que nos habla de Dios como Padre o el Hijo de Dios en persona? Y lo trataremos entrando en los temas decisivos de su teología». Más tarde, en un momento de su estudio, afirma: «lo que tiene que hacer un teólogo no es eliminar los datos de la Escritura y la Tradición. Así no se hace Teología. Lo que tiene que hacer un teólogo es comprender, en la medida de lo posible, el misterio que en ellos se revela». Arrastrados, tal vez, por este error de Sayés, el resto de autores analizan mi libro de investigación histórica como si fuera un tratado de cristología. Así Iraburu llega a decir como conclusión de su trabajo que «Pagola intenta una aproximación histórica a Jesús, prescindiendo en ella por sistema de todo lo que el Antiguo Testamento, el Nuevo Testamento, la Tradición y el Magisterio apostólico han enseñado sobre Jesús hasta hoy». Rico Pavés, al iniciar su análisis dice: «Mediante el recurso a la investigación histórica, el autor traza un programa integral de revisión de la enseñanza de la Iglesia sobre Jesús».
Esta confusión, difícil de calificar en un teólogo, lleva a estos autores a consecuencias increíbles. Sólo señalo dos. Por una parte, me atribuyen todas las herejías y errores doctrinales que no son expuestos por mí en mi libro de investigación histórica: negación de la divinidad de Jesús, negación de la Encarnación del Verbo, eliminación de la concepción virginal de Jesús, negación del carácter sobrenatural de los milagros, negación del carácter redentor de la muerte de Jesús… y otras «innumerables doctrinas de teología dogmática y moral… que son inconciliables con la fe católica» (Iraburu). Por otra parte, Monseñor Fernández, llevando su desconocimiento de lo que es un estudio histórico sobre Jesús hasta extremos sorprendentes, me recrimina que en mi libro «hay un silencio total sobre la reflexión que a lo largo de la historia ha realizado la Iglesia, particularmente en los siete concilios ecuménicos de la Iglesia indivisa a lo largo del primer milenio».


  1. Lo que dice Pagola

En mi libro no pretendo, como es natural, exponer una cristología. Trato sencillamente de articular una aproximación histórica a Jesús teniendo en cuenta los criterios emanados de la Pontificia Comisión Bíblica. La interpretación de la Biblia en la Iglesia (PPC. Madrid, abril 2001). Este documento, al presentar los principios del método histórico-crítico, afirma que «es un método crítico que opera con la ayuda de criterios científicos tan objetivos como sea posible en cada uno de sus pasos» (p.36), es decir, no opera con la fe cristiana como instrumento de investigación. Se añade que «es un método analítico que estudia el texto bíblico del mismo modo que todo otro texto de la antigüedad y lo comenta como lenguaje humano» (p.36). Por eso, es muy importante lo que dice el Papa Juan Pablo II en la presentación del Documento: «La exégesis católica no tiene un método de interpretación propio y exclusivo sino que, partiendo de la base histórico-crítica, sin presupuestos filosóficos u otros contrarios a la verdad de nuestra fe, aprovecha todos los métodos actuales, buscando en cada uno de ellos la semilla del Verbo» (p.16).


Esto explica que nadie haya condenado o atribuido a importantes investigadores católicos de Jesús errores doctrinales o herejías. Voy a poner cuatro ejemplos de investigadores católicos eminentes cuyas obras se pueden leer en su traducción española y que, junto a otros muchos, me han servido de referente en mi trabajo: Meier J.P., Un judío marginal. Nueva visión del Jesús histórico. Estella, Verbo Divino, 2001-2003. Este autor, profesor de Nuevo Testamento en la Universidad Católica de Washington ha sido presidente de la Asociación Bíblica Católica norteamericana y es el investigador católico más elogiado por el Papa Benedicto XVI. 2) Gnilka Joachim, Jesús de Nazaret. Mensaje e historia. Barcelona, Herder, 1993. Este biblista de fama internacional, es profesor de exégesis del Nuevo Testamento en la Universidad Católica de Munich. El Papa considera su obra como una de «las más importantes y recientes» sobre Jesús. 3) Schlosser Jacques, Jesús el profeta de Galilea. Salamanca, Sígueme, 2005. Es profesor en la Universidad Católica de Estrasburgo y uno de los más renombrados especialistas en Jesús y en Nuevo Testamento. 4) Barbaglio Giuseppe. Jesús hebreo de Galilea. Investigación histórica. Salamanca, Secretariado Trinitario, 2003. Recientemente fallecido, ha sido un eminente especialista italiano, autor de una producción bíblica de gran calidad.
Ninguno de estos autores estudia la divinidad de Jesús, la encarnación del Verbo, el carácter sobrenatural de los milagros, el valor salvífico de la muerte de Cristo, la teología sacramental de la eucaristía… y, sin embargo, a nadie se le ha ocurrido condenarlos. Para que los lectores españoles conozcan la naturaleza de la investigación de estos exégetas católicos eminentes, no sólo no condenados por Roma sino elogiados por el Papa, me permito citarlos sobre algunas cuestiones:


    • Sobre la concepción virginal de Jesús: «Por sí sola, la investigación histórico-crítica carece simplemente de las fuentes y los medios necesarios para llegar a una conclusión definitiva sobre la historicidad de la concepción virginal como la narran Mateo y Lucas. La aceptación o el rechazo de la doctrina estarán condicionados por las ideas filosóficas y teológicas de que se parta, así como por el peso que se conceda a la enseñanza de la Iglesia» (John P. Meier, o.c., I, 236). «Decir que Jesús fue o no concebido de manera virginal es algo que está fuera del campo de la investigación histórica» (Barbaglio, o.c., 126).




    • Sobre el carácter sobrenatural de los milagros. «¿Actuó Dios directamente en el ministerio de Jesús para que se produjeran los milagros? No digo que esta pregunta sea ilícita sino, simplemente, que está más allá del campo específico del historiador o del exegeta» (Meier, II/2, p.605). «De los testimonios analizados no se deduce que el sanador de Nazaret, a diferencia una vez más de Elías, haya intentado legitimarse de este modo como profeta o enviado divino» (Barbaglio, o.c., p.247). «La autoridad de la misión de Jesús, en su carácter singularísimo y único, no es deducible históricamente» (Gnilka, o.c., 322).




  1. Preguntas

¿Cómo se ha de explicar un error tan grave en el análisis y la condena de mi libro por parte de este grupo de autores? ¿Se debe a que, según me dicen, ninguno de ellos es exegeta ni biblista? ¿Se debe a un planteamiento precipitado?


Pero, entonces, ¿cómo se explica una condena pública tan rotunda, unánime y segura, sin escuchar al autor y sin debatirlo entre teólogos? ¿No resulta particularmente insólita la intervención de un obispo? ¿Es pastoralmente adecuado que el obispo de una Iglesia diocesana prescinda de la Conferencia episcopal y del obispo del autor, para, después de una lectura individual, condenar públicamente un libro, a tres meses de su aparición, afirmando que «no se atiene a la fe de la Iglesia» y que asoma sobre él «la tentación arriana»? ¿Es éste el camino mejor para orientar evangélicamente a los creyentes?

3. OLVIDO DE LA ENSEÑANZA DE LA PONTIFICIA COMISIÓN BÍBLICA DE ROMA SOBRE EL METODO HISTÓRICO – CRÍTICO
Tal vez, lo que más sorprende en la crítica de estos autores es que, para analizar mi libro, no acuden en ningún momento a los principios y criterios emanados de Roma precisamente para orientar a los exégetas católicos en su investigación.


  1. Estos autores no tienen en cuenta la enseñanza de la Pontificia Comisión Bíblica

Al no tener en cuenta el carácter histórico-crítico de mi libro, estos autores lo analizan ignorando los criterios de la P.C.B. de Roma sobre la exégesis histórica y su valoración. Iraburu adopta incluso una actitud recelosa y peyorativa. Dice así: «Pagola, intenta, pues una “aproximación histórica” a Jesús, a veinte siglos de distancia, empleando únicamente el método histórico-crítico, con otros métodos complementarios – el acercamiento sociológico, la antropología cultural, algunas claves de la teología de la liberación y del feminismo». No sé si se da cuenta de que lo que él llama «métodos complementarios», son precisamente algunos de los que la P.C.B. ofrece y valora para que los exégetas católicos los utilicemos de forma correcta: Método histórico-crítico (p.33-39); El acercamiento sociológico (p.55-57); Acercamiento por la antropología cultural (57 – 58); Acercamiento liberacionista (61-64); Acercamiento feminista (61-66).


Por otra parte, tampoco indican ninguna obra de investigación histórica de Jesús, llevada a cabo por autores católicos y que pueda ser presentada como aplicación correcta de los principios de la P.C.B., en contraposición a mi libro. No entiendo muy bien por qué estos autores condenan mi trabajo y no hacen lo mismo con las obras de John P. Meier, J. Gnilka, J. Schlosser, G. Barbaglio. ¿Es que mi libro se distancia de estos trabajos olvidando la enseñanza de Roma?
Por último, he de decir que no encuentro en estos autores la valoración enormemente positiva y agradecida que Benedicto XVI hace del método histórico-crítico para acercarnos a la figura de Jesús. Las palabras del Papa son éstas: «El método histórico… es y sigue siendo una dimensión del trabajo exegético a la que no se puede renunciar» (p.11). «La historia de lo fáctico forma parte esencial de la fe cristiana, ésta debe afrontar el método histórico. La misma fe lo exige» (p.11). Por último, hablando de su libro dice: «Este libro no está escrito en contra de la exégesis moderna, sino con sumo agradecimiento por lo mucho que nos ha aportado y nos aporta. Nos ha proporcionado una gran cantidad de material y conocimientos a través de los cuáles la figura de Jesús se nos puede hacer presente con una vivacidad y profundidad que hace unas décadas no podíamos ni siquiera imaginar» (p.19-20).
Naturalmente, el Papa como buen teólogo dice que el método histórico-crítico es «indispensable», pero tiene sus límites. La fe cristiana «no puede surgir del mero método histórico». Por eso, J. Ratzinger explica humildemente su trabajo, nada fácil pero sin duda necesario, con estas palabras: «Yo sólo he intentado, más allá de la interpretación meramente histórico-crítica, aplicar nuevos criterios metodológicos que nos permiten hacer una interpretación propiamente teológica de la Biblia, que exigen la fe, sin por ello querer ni poder en modo alguno renunciar a la seriedad histórica» (p.20).
Confundir una «investigación histórico-crítica» con una «cristología» y no tener en cuenta los principios y criterios de la P.C.B., puede tener graves consecuencias de orden pastoral que los teólogos deberíamos evitar. Es lo que, a mi juicio, puede suceder con la carta de Monseñor Fernández. Escribe porque considera que «muchos de los lectores no tendrán elementos de juicio» para leer correctamente mi libro. Pero en su carta no ofrece a sus fieles ningún «elemento de juicio» sino que los pone en guardia, alertándolos de los peligros que pueden acechar su fe». Más aún, pienso que los puede confundir, pues los orienta a leer como «cristología» un libro que sólo es una «aproximación histórica» a Jesús, y lo presenta como una obra escrita «según la técnica de la desmitologización promovida por Bultman» Hoy se distingue perfectamente en la teología actual la «exégesis desmitologizadora de Bultmann» de un trabajo de «aproximación histórica» a la dimensión humana de Jesús en el que los cristianos descubrimos y confesamos al Hijo de Dios encarnado.



  1. Lo que dice Pagola

Cuando en el prólogo de mi libro advierto que «escribo este libro desde la Iglesia católica», no lo digo por decir. Por eso, desde el principio me preocupé de estudiar el documento romano de la P.C.B. «La interpretación de la Biblia en la Iglesia» para ajustar mi trabajo a sus directrices. Por la misma razón, pensé que debía ofrecer a mis lectores, en el ANEXO 2, estos criterios generales de interpretación católica, antes incluso que los criterios técnicos de historicidad (ANEXO 5).


Tal vez, hoy añadiría lo que el documento romano dice en el apartado «Exégesis y teología dogmática». Por una parte, «para interpretar la Escritura con exactitud científica y precisión, los teólogos tienen necesidad del trabajo de los exégetas. Por su parte, los exégetas deben orientar sus investigaciones de tal modo que el estudio de la Sagrada Escritura pueda efectivamente ser como «el alma de la teología». A continuación se añade «Los exégetas pueden ayudar a los teólogos a evitar dos extremos: por una parte, el dualismo, que separa completamente una verdad doctrinal de su expresión lingüística, considerada como no importante; y por otra el fundamentalismo, que confundiendo lo humano y lo divino, considera como verdad revelada aún los aspectos de la expresiones humanas».
Creo que la posición de Jose María Rovira Belloso, teólogo avezado y nada sospechoso de frivolidades, es muy clarificadora, cuando presenta mi libro. Habla Rovira Belloso, en primer lugar, de libros sobre Jesús que «han nacido de la necesidad del creyente y teólogo de expresar su fe en Jesús porque, después de leer las fuentes de su vida, surge la convicción de que la mejor interpretación de su figura es la creyente: Jesús, Hijo de Dios». Habla después de libros escritos por autores a «los que les ha movido el deseo de presentar con rigor los elementos históricos fiables que permiten contemplar los elementos “biográficos” de Jesús, quien, por gracia añadida, suele entregar a los que fijan su mirada en él, el secreto de su misterio más divino. Unos y otros van de la historia a la fe, siguiendo al único Jesús, el Cristo, pues una sola es la persona del Jesús histórico y del Cristo de la fe. Tan diversos libros no se perjudican entre sí, pues cada uno llena un ámbito peculiar…, Así, mi elogiosa recomendación del libro de J. Ratzinger no entorpece mi nuevamente elogiosa recomendación del libro de José Antonio Pagola» (Vida Nueva, 3-9 noviembre de 2007. Nº 2587, p.46).


  1. Preguntas

¿Es legítima una investigación histórica sobre Jesús que respeta y se mantiene en sus propios límites o hay que exigirle, además, una explicitación de la fe dogmática, propia de un tratado de cristología? ¿Se puede condenar públicamente una «aproximación histórica» a Jesús sin acudir en absoluto a las directrices de Roma? ¿Desde qué otros criterios? ¿Por qué se condena mi libro y no otras obras de exégetas católicos que circulan entre nosotros? ¿Es esta condena pública, precipitada, teológicamente mal fundamentada, sin notificación alguna a su autor, el mejor camino para hacer verdad en un clima de diálogo y comunión?




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