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La ultima esperanza


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JOSÉ GAUTIER BENÍTEZ
(1848 – 1880)

LA ULTIMA ESPERANZA

El ángel de la esperanza
detuvo su raudo vuelo,
ya nada existe en el suelo
que me pueda consolar.

Ya no tengo aspiraciones,


orgullo, ambición de gloria,
tan solo una triste historia
a veces me hace llorar.

Es la historia lastimera


de un amor grande y profundo,
que solo encontró en el mundo
ingratitud y rigor,

y que existe aquí en mi pecho


lánguido, triste, doliente,
cual manantial sin corriente
y sin aroma la flor.

Amor que estaba durmiendo


en el alma descuidada,
y lo encendió una mirada
y lo arrulló una ilusión;

y fue creciendo, creciendo,


y lo que fue una quimera,
se ha convertido en hoguera
que me abrasa el corazón.

¡Ay! antes eran tranquilos


los sueños de mi fortuna,
como una noche de luna
bajo el cielo tropical;

Y en otro mundo más bello


al compás de mis canciones,
surgían mis ilusiones,
dando forma a mi ideal.

Al hallarte en mi camino,


dulce, inocente, hechicera
pensé hallar la compañera
de las ansias de mi amor;

Y en mi vértigo divino


te juzgué...¡pobre demente!,
la realidad esplendente
de mi sueño encantador.

Aurora trémula y vaga


que anunciaba un mediodía,
lleno de paz y armonía,
de placer y juventud.

A cuya luz apacible,


en la ancha esfera perdida,
vi la estrella de mi vida
en su regia plenitud.

¡Y aquel hermoso horizonte


se ennegreció poco a poco!
el bello sueño de un loco,
¿en qué ha venido a para?

En que las gratas visiones


de mi existencia importuna,
se han hundido, una por una,
de lagrimas en un mar.

Yo pensé que aquel cariño


que tan puro te ofrecía
rompiera la nieve fría
que cubre tu corazón.

Y que al ver que me mataba


tu riguroso desvío,
te apiadaras, ángel mío,
de mi doliente pasión.

¡Idolo frágil de barro


que puse de Dios delante!
a quien sigo delirante
como la estela al bajel;

No tengas por mí suplicio


ni un leve remordimiento
yo te perdono el tormento
que prolongaste cruel.

Ya mi osado pensamiento


al futuro no se lanza,
ya he perdido la esperanza
de que me llegues a amar.

pero he gastado en amarte


las potencias de mi alma;
si acaso me ves en calma
es que no puedo llorar.

Y tampoco aborrecerte,


a pesar de que me mata
la indiferencia que ingrata
le diste en pago a mi amor.

Porque no tienes la culpa,


virgen pudorosa y bella,
de que me alumbre una estrella
de tan mezquino fulgor.

Yo guardaré esta existencia


penosa, triste y amarga,
insufrible, dura carga
sobre mis hombros tal vez;

Para arrancar, si algún día


te persigue tu destino,
los abrojos del camino
que puedan herir tus pies;

Para amar lo que tú ames


para adorar lo que adores,
para llorar cuando llores,
para velar sobre ti;

Y si pasa por tu mente


un sentimiento liviano,
tenderte una amiga mano
y atraerte junto a mí;

Para que exclames un día


con la voz de tu conciencia:
"Me consagró su existencia
y yo maté su ilusión".

Contempla mi odio cuál es


y cuál será mi venganza,
¡¡Es la última esperanza
que abriga mi corazón!!


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