Página principal

La televisión peruana de los ´90: el caso Magaly TeVe


Descargar 107.39 Kb.
Página1/2
Fecha de conversión21.09.2016
Tamaño107.39 Kb.
  1   2
La televisión peruana de los ´90: el caso Magaly TeVe
Nombre: Lizbeth Arenas Fernández

Institución: Ubacyt S445-CONICET/IDAES

Email: lizbetharefer@hotmail.com

“Hablar alto, claro y fuerte siempre y jamás tener un precio, nunca jamás tuvimos un precio,

jamás nos hemos callado absolutamente nada

y es nuestro mayor valor y es lo que prometo siempre tendré.

No como una política barata que siempre prometen, prometen, prometen (sic)

y nunca cumplen.

Creo que en estos 10 años nos hemos mantenido en la senda de la verdad,

digan lo que digan, pese a quien le pese.

¡Vámonos a un corte!”

Palabras de Magaly Medina

durante el programa de celebración

de su décimo aniversario en el aire.

Noviembre de 2007

En noviembre de 1997 aparece en la escena televisiva peruana el programa de espectáculos Magaly TeVe. Con algunas modificaciones y breves interrupciones, el show dedicado a revelar la vida y secretos de los personajes de la farándula, se emite hasta la actualidad por señal abierta, a través del canal Andina de Radiodifusión -ATV (Canal 9).

Este show aparentemente dirigido a difundir información soft -en varias oportunidades en clave de humor irónico-, se posiciona en los años noventa como una ventana para la difusión de opiniones políticas sin hablar de política1, en un contexto de uso de los medios para la distracción de la opinión pública2.

En este ensayo, se intentará mostrar que Magaly TeVe constituye un ejemplo representativo de lo que significa la televisión de la década del noventa en el Perú. Su instalación en las pantallas durante el segundo mandato de Alberto Fujimori (1995-2000), el manejo de las entrevistas e imágenes para emitir opiniones sobre la coyuntura política nacional y la particular forma de conducción de su presentadora, nos plantean ejemplos claros sobre la relación entre televisión, política y espectáculo que resultan ineludibles para el análisis.

En los doce años que lleva de transmisión, Magaly TeVe ha provocado -y lo sigue haciendo- los más encarnizados debates en diversos sectores de la población. En el ámbito intelectual, se la ha catalogado principalmente como un producto de la “televisión basura”3, dejándose de lado por ello el análisis más profundo respecto a este fenómeno. Quizá por ese motivo, el periodismo prefiere el término “magalización” como calificativo para los programas considerados nefastos, como sinónimo de la degradación televisiva o como un adjetivo que indica un modo de ver televisión.4 Esta polémica no es casual, puesto que además de provocar debates sobre su contenido, Magaly TeVe se emite desde uno de los canales cuyos propietarios -los Vera Abad- fueron protagonistas de los famosos “vladivideos”5. Los actos de corrupción del gobierno fujimorista fueron así los más televisados de la historia peruana. El país pudo ver por televisión cómo los dueños de esas empresas y otros medios de comunicación eran sobornados para otorgar el control total de su línea política al gobierno de turno. Si bien estos hechos fueron dados a conocer recién a partir del año 2001, lo cierto es que a inicios del segundo gobierno de Fujimori ya existían algunas denuncias respecto a actos de corrupción y violaciones a los Derechos Humanos que también fueron transmitidos en programas periodísticos.6

En ese contexto, Magaly TeVe significó además una ruptura en el género televisivo del espectáculo, aspecto que le permitió instalarse como un programa con un cierto grado de transgresión. Fue una de las primeras presentaciones dedicadas específicamente al rubro espectáculos, logrando un posicionamiento como transmisión de crítica implacable y despiadada de un mundo idílico de la farándula que primaba hasta ese momento. Los programas emitidos con la misma temática en ese entonces eran parte de los noticieros o programas concurso y se dedicaban básicamente a halagar o resaltar la figura de la estrella, mostrándola como inalcanzable y perfecta.

Además de ello, Magaly introdujo un lenguaje propio, reconocible entre su público, un sector cada vez más amplio que integraba “a toda la familia”.7 Desde sus inicios, planteó una terminología propia, creada y adaptada a la información presentada en cada emisión. Términos que ahora son característicos y que constituyen una marca reconocible de ese show. El término “Chollywood”, por ejemplo, es utilizado para referirse específicamente a la farándula local. Éste proviene de la unión de dos palabras: “cholo”, que es un calificativo para las personas de origen indígena o de la sierra que habitan la urbe, muy utilizado de manera despectiva. “Hollywood” como lugar por excelencia habitado por estrellas del espectáculo. Así, Magaly TeVe “acuña” el término para denominar el lugar del espectáculo en el Perú, una farándula chola con aires de espectacularidad mundial8. Esos términos propios proponen no sólo la autorreferencialidad televisiva sino una identificación del espectador con el programa, convirtiéndolo en cómplice de aquello que se informa. A este particular lenguaje se debe sumar la figura controversial de su presentadora, que por su ánimo de diferenciación, contribuyó (creemos que lo hizo sin proponérselo) a la profesionalización del periodista del espectáculo. Todo ello permitió, en gran medida, su aceptación por parte del televidente peruano.

La conductora, Magaly Medina, denominada la “urraca”9 por sus críticos más severos, ingresa además a la televisión rompiendo los cánones de belleza impuestos hasta ese momento a las presentadoras de este medio. “La bocona” y “la fea”, son otros de los adjetivos que utilizan sus enemigos para dirigirse a ella. Esta aparente desventaja fue, en algún sentido, revertida por Medina con la revalorización de su oficio de periodista. Ella se autoproclamó de esa manera desde el inicio de su carrera televisiva, marcando la diferencia con sus antecesoras en el rubro, que provenían básicamente del ámbito del modelaje o la actuación. A la ausencia de belleza interpuso -como ella dice- la inteligencia. Esas dos características quizá permitieron que Magaly se posicionara en un amplio sector de la clase media y baja, cuyos integrantes son principalmente provincianos, que otorgan gran valor a la educación y al esfuerzo personal como caminos para el ascenso social y el éxito.10

Precisamente, Magaly Medina proviene de una familia provinciana de clase media baja. Es hija mayor de tres hermanos. Migró a los 17 años desde su ciudad de origen hacia la capital para continuar con sus estudios superiores. Estudió Periodismo en la Escuela de Periodismo Jaime Bausate y Meza11 y trabajó en varios medios de prensa escrita en las secciones de Política y Sociedad hasta los 19 años, edad en la que queda embarazada de su único hijo12. Esto la obligó a regresar a Huacho, su tierra natal. Sin embargo, años después decide probar suerte nuevamente en la gran ciudad y regresa para continuar su trabajo en la prensa gráfica en la que se reinició como crítica de televisión. Luego de participar en un programa con una directa y dura apreciación al entonces ícono de la televisión de entretenimiento, Augusto Ferrando13, y que le valió un reconocimiento público; fue invitada por uno de los productores del canal ATV a conducir un bloque de espectáculos de tres minutos en el noticiero central.

Meses después, Magaly pasó a conducir un espacio propio de media hora al que denominó Pese a quien le pese, nombre que hacía referencia a una frase del periodista César Hildebrandt14. Este personaje había renunciado a ATV por supuestas diferencias políticas con los propietarios del canal y es a quien Magaly reemplazaría en el horario de lunes a viernes a las 8 de la noche en un bloque de media hora.

En forma paralela, Magaly conducía un programa propio, que se emitía los sábados de 4 a 6 de la tarde y al que bautizó con su propio nombre: Magaly TV. Durante un par de años, cambió de canal (1998) y transmitió los programas desde los sets de Frecuencia Latina (Canal 2), mientras la televisora estaba en manos de los hermanos Samuel y Mendel Winter Zuzunaga, quienes ostentaban la propiedad del canal luego que el gobierno de Alberto Fujimori expropiara el medio al empresario de origen israelí, Baruch Ivcher.15

Una vez que Ivcher regresó como propietario de Frecuencia Latina (2000), Magaly Medina se traslada a ATV16. Debido al gran éxito que había tenido en ese tiempo, el programa pasó a transmitirse en horario estelar (9 de la noche) de lunes a viernes bajo el nombre de Magaly TeVe.

Durante esa trayectoria, la fisonomía de Magaly -aspecto simbólico que funciona como indicativo de su cambio en la televisión- ha ido también transformándose paulatinamente. Lejos está la imagen de Magaly como una seria periodista proveniente del ámbito de la prensa gráfica. Ahora como empresaria y dirigiendo su propia revista de espectáculos, Magaly figura también en las tapas y titulares de la prensa como una diva de la televisión y como el personaje con mayor influencia sobre la opinión pública17. Los ingredientes de su programa basado en escándalos, polémicas y ampays18 han ido perfeccionándose a la par de ella. Sin embargo, en octubre de 2008, Magaly fue encarcelada por cometer el delito de difamación contra uno de los futbolistas de la selección peruana, Paolo Guerrero, a quien uno de los reporteros de su staff fotografió mientras salía de un lugar bailable, en un horario en el que este personaje debía estar concentrado para un partido de fútbol contra Brasil. Esta “primicia” y su negativa a la rectificación por difundir una información supuestamente falsa sobre el jugador, le valieron cinco meses en el Penal de Chorrillos de Lima. Este hecho motivó grandes titulares y debates en los medios gráficos y televisivos nacionales. El abogado que siguió su defensa fue el mismo que en esos momentos estaba haciéndose cargo del caso de Alberto Fujimori en el juicio en su contra por delitos de lesa humanidad. Y hasta el actual Presidente de la República, Alan García, salió a la prensa abogando por su liberación.19

Sin duda, este personaje y el programa que conduce, ameritan un análisis a la luz del desarrollo y uso de la televisión en América Latina en la década de los noventa desde la perspectiva de la comunicación y la cultura. Este trabajo se propone, en ese sentido, estudiar la relación entre espectáculo-televisión-política-humor en un contexto histórico concreto que brindó las condiciones para que el programa Magaly TeVe sea en la actualidad modelo de éxito de la televisión y una propuesta que replantea el modo de tratar tanto la política como el espectáculo en el Perú.


Política y televisión: el espectáculo

Entendemos que la televisión cumple un papel productivo en la formación de la agenda pública, en la instalación de ciertos debates, en la legitimación y deslegitimación de temas y personas (Quevedo, 1992). Por ello, la presencia en pantalla de Magaly TeVe en la televisión peruana significa también la permanencia de un modo de hacer televisión, donde la política se conforma en la mundanidad del mundo del espectáculo, mediante mecanismos discursivos que cristalizan opiniones políticas en el imaginario social. Magaly es -parafraseando a Sarlo- el show, es el estilo macro que impone una categoría estética que plantea el modo de abordar la política.

Sin embargo, en este programa no es la presencia de los personajes políticos los que ponen en escena a la política. En este show será los discursos visuales acompañados de comentarios de la conductora, los que van a indicar una postura sobre el tema así como los modos en los que se debe presentar los contenidos y a las personas del ámbito nacional ligados a la política. Tal como señala Moglia: “el blanco no son los políticos, sino todas las formas que el intercambio y la representación política asumen cuando suceden en televisión.”20 La política en Magaly TeVe será precisamente la despolitización de la política.

En ese sentido, resulta novedosa la manera en que Magaly instaló la política en la escena televisiva, ya que la “farandulización” de los contenidos y de los personajes políticos presentados como parte de Chollywood (entiéndase periodistas de oposición, autoridades locales de bajo rango, funcionarios no visibles como políticos, entre otros) le sirvieron a la televisión post Magaly a asumir la política desde la farándula, de modo que ésta queda diluída en el show. Estos mecanismos, que iremos analizando a lo largo del trabajo permiten, por ejemplo, que Medina opine sobre temas de coyuntura, sobre personajes de oposición, sobre las políticas gubernamentales u otros temas, sin que ésto implique su cuestionamiento. Además de ello, cuando esto ocurre, la conductora aprovecha para señalar que sus opiniones son precisamente opiniones no-políticas y que tienen por objetivo “entretener”, “divertir” y hablar del espectáculo en el país. Aunque la política sea uno de los temas a los que recurre en varias de sus emisiones desde su lugar de “periodista objetiva”21, serán la farándula y el humor los caminos para transitar sobre ella.

Estas operaciones marcan el tratamiento de los temas, configuran la mirada sobre lo que se presenta, banalizan los contenidos, de manera que el uso de estos mecanismos son ya de por sí una opinión política. Magaly TeVe es, por ello, un discurso televisivo que construye un modo particular de pensar la política en el Perú. En tanto discurso, encuentra correspondencias con la manera de presentar la política (al político) de los noventa. El surgimiento de Magaly TeVe (y su conductora como un personaje que irrumpe la pantalla con un estilo visto como transgresor) responden a un contexto en el que la línea divisoria entre el show y la política estaba desfigurada ante la mirada del televidente peruano. No resulta casual, en ese sentido, que una transmisión como Magaly haya surgido en el contexto del gobierno de Alberto Fujimori. El modo en que se construye la figura del político de esos años (en este caso del candidato japonés) muestran, retomando a Beatriz Sarlo, que la política se impregna de la estética mediática; donde el simulacro de proximidad es una característica del candidato de turno y donde la cuestión del saber técnico impera ante lo político. Estos aspectos que sirven para desarrollar la tesis de este apartado, son ejes que encuentran correspondencias a nivel televisivo con Magaly TeVe, ya que en él se traducen a nivel visual el tratamiento de la política en esa perspectiva.

La figura de Alberto Fujimori en los años noventa, al igual que otras en la política de America Latina, fue construida para responder al discurso de los mass media. A decir de la propia Sarlo, quien analiza la figura de Fujimori durante su primera campaña electoral, “las figuras del caudillo, del ejecutor, del parlamentario se funden en la del comunicador, modelada sobre el ideal de alto impacto y gran frecuencia por unidad de tiempo, baja cantidad de información o alta cantidad de información indiferenciada, que no funciona como mensaje sino como ícono comunicativo” (Sarlo, 1991). Fujimori supo construir una imagen que respondiese a la estética del advertising, donde la verdad es indiferente, superflua, presentada como artificio y reconocida en el simulacro. Así el político nipón actuaba para ser grabado, fotografiado, televisado. De ahí en adelante, desde su campaña hasta el último día de su estadía en el gobierno (incluso hasta hoy, durante los juicios que mantiene por crímenes de lesa humanidad); Fujimori es un producto para los medios. Sus apariciones públicas buscaron mantener en el imaginario social, además de otras características, a un Fujimori “salvador de los peruanos” y sobre todo a un salvador cercano. Aquí el discurso religioso no resulta gratuito, ya que el planteamiento de un discurso unificador e igualitario suman al simulacro de proximidad que el político Fujimori presentaba. No era raro entonces ver al “Chino” en presentaciones televisivas bailando un vals criollo, “acercándose a la gente”, precisamente en programas como Trampolín a la Fama.22

Estos aspectos que Fujimori ya planteaba desde su primera campaña política, las sostuvo en mayor o menor medida a lo largo de su gobierno. El artificio de escena mostraba además a un personaje que con un lenguaje sencillo, sin una retórica elaborada (cuestión que caracterizaba al presidente anterior, Alan García), dirigía sus discursos a un “tú” porque básicamente él “era como usted”. Vestido con trajes típicos de los lugares que visitaba, en un artificio de proximidad que se correspondía con la imagen del “guía salvador”, se veía a un Fujimori abrazando a los pobladores, dando de comer a los niños, brindando ayuda, arando la tierra, manejando un tractor en su papel de “ingeniero” o, como lo haría años después, bailando “el baile del Chino” al son de la tecnocumbia.

Quevedo señala en esa línea que “los medios y en especial la televisión le imprimen a la mediación política características inéditas que la desligan de las tradiciones de la cultura letrada para ingresar en zonas culturales que están ligadas a la imagen, a lo corporal, a los elementos de la vida cotidiana, el humor y al melodrama. La nostalgia por un pasado mitológico donde imperaban el discurso parlamentario, el razonamiento preciso o la coherencia ideológica corren por nuestra cuenta y tienen la edad de nuestros prejuicios” (Quevedo, 1992: 20). En ese sentido, la escena simulada incluía además a un Fujimori con el saber necesario para resolver los problemas del país. Se creía que el peruano-japonés iba a contar con el apoyo de la nación asiática para resolver la crisis interna y este recurso quizá haya sido uno de los más importantes de su campaña.

El candidato Fujimori aparecía precisamente en momentos en el que Perú vivía una fuerte crisis económica producto de un grave endeudamiento externo e interno que se había incrementado durante el gobierno anterior de Alan García. Asimismo, sufría una grave situación social de violencia política y terrorismo de Estado que, años después, se supo que causó la muerte y desaparición de 69.280 personas, según el Informe Final difundido en el año 2003 por la Comisión de la Verdad y Reconciliación. En ese contexto, Alberto Fujimori no sólo se presentaba como el samurai y el técnico más próximo a la población, sino también como el que poseía el saber y los medios para sacar al país del miedo y el hambre en el que estaba sumergido. Alcanzó la máxima expresión de este saber durante su primer gobierno, cuando logra detener al cabecilla de la guerrilla de Sendero Luminoso, Abimael Guzmán; cuestión que utilizó para allanar el camino en busca de una segunda elección presidencial. De esa manera, su estrategia fue responder y mantener la imagen del poseedor de los conocimientos para librar al país de esa situación. Serán los medios de comunicación, por ello, los agentes a los que prestará especial atención durante todo su gobierno, incluso llegando a sobornar a los propietarios para obtener el control total de sus líneas editoriales.

Adicionalmente, la figura de Fujimori representaba la alternativa, el cambio de una política concebida como corrupta, sucia, manejada por ineptos a los que la misma política los había llevado a la burocracia más extrema.23 Frente a ello, el candidato se postulaba como la posibilidad de limpiar el país de tanta corrupción. A decir de Sarlo, “el discreto Fujimori adivinó el peso de los saberes técnicos que han obtenido el prestigio de los antiguos letrados y los intelectuales modernos. No hizo un discurso técnico, sino que se presentó como técnico. Con la eficacia de un samurai futurista, Fujimori colocó el saber técnico como relevo del político. (...) A diferencia de la política, el saber técnico no necesita convencer sino enseñar y su estrategia argumentativa olvida la persuasión para impornerse por la mostración.” (Sarlo, 1991: 314)

Esas características que fueron perfilando al futuro Presidente se tradujeron a nivel televisivo en la construcción del personaje-conductora Magaly Medina. La “urraca” es un producto para y de la televisión. Nació, permanece y actúa para ser -al igual que un personaje político- televisada, para generar polémica en los medios y es quien se presenta con el saber necesario para develar, acusar, opinar, cuestionar a los personajes de su mundo chollywoodense.24 Si bien, no se puede comparar a Magaly Medina con Alberto Fujimori, ya que la comparación excede el análisis, es interesante pensar como una figura del espectáculo político puede encontrar correspondencias discursivas con una figura del mundo de la farándula, ambos surgidos en el contexto histórico de los noventa.

El rol asumido por Medina intenta mostrar a una profesional con el saber para develar lo sucio de la farándula, al igual que se devela lo sucio de la política. Magaly se presenta y se embandera, cada vez que tiene oportunidad, bajo el título de periodista, una periodista independiente, objetiva y conocedora de “la verdad”, cuestiones que le dan autoridad para revelarnos lo oculto de ese mundo llamado Chollywood. Además de ello, ella proveniene del ámbito profesional (a diferencia de las modelos o actrices que desempeñaban el mismo papel de conducir programas de espectáculo y que ocupaban dichos lugares por su belleza física), y tratará desde ese enfoque “objetivo” y profesional incluso los temas aparentemente más irrelevantes como sería el matrimonio de una vedette con un empresario gastronómico. Este mecanismo le permitió ubicar a la farándula en un nivel en el que se hacían necesarios los saberes específicos. La figura del periodista del espectáculo se instaló y ella aparecía como la pionera en ese campo.

Por otro lado, entre otras características, la imagen que Magaly construía para los medios iba acompañada incluso de la vestimenta. La cercanía con su público tenía que plasmarse también en el cuerpo. Así ella, a diferencia de otras conductoras del rubro, se vestía con la ropa fabricada por provincianos migrantes que tenían sus puestos de venta en el mercado Gamarra, el centro comercial al que acudían los sectores populares a proveerse de vestido y otros productos. Magaly, al inicio de su programa presentaba los modelos y contaba la procedencia de los mismos. Esta estrategia, al igual que el candidato Fujimori, formaba parte de la escena simulada que construía el personaje Medina para mostrarse cercana al pueblo, a su público.

En Magaly TeVe no se entrevista ni presenta políticos. Sin embargo, la política en el programa va más allá de mostrar a los representantes políticos25. La generalidad con la que Magaly Medina aborda los diversos temas que van desde el romance entre personajes de la farándula hasta su opinión sobre la justicia, la distribución social, la economía y la comunicación nacional; constituyen formas particulares de poner en relieve su opinión política.

La insistencia de la conductora en aclarar reiterativamente que ella no habla de política y que su interés se centra en el espectáculo, indican al menos una preocupación por ubicar tanto sus discursos como los contenidos de su programa en el plano de la farándula. De esa manera, todo tema abordado se lleva a ese plano y si el contenido trata sobre cuestiones “serias”, será la conductora que con el comentario respectivo marque la lectura de ese mensaje. Este mecanismo conlleva a la banalización de las narrativas puestas en escena. Así, por ejemplo, en el caso de notas que podrían considerarse de carácter social, se construye dicotomías “de lo bueno” y “lo malo” que diluyen la posibilidad de reflexión y análisis sobre los asuntos presentados.

Esta lógica entra a jugar en Magaly TeVe cuando se observa que en el corpus temático se incluyen reportajes, bajo lo que sería el estilo de los noticieros de investigación, casos de la coyuntura nacional, entre las que se encuentran, por ejemplo, la pobreza, la desnutrición infantil, la violencia familiar, entre otros contenidos que son abordados a la par de los ampays de algún miembro de Chollywood. A pocos segundos de presentar un ampay sobre la vedette o el futbolista del momento, no es raro ver en Magaly este tipo de notas “sociales” o periodísticas, a las que luego editorializa con un tono moralista26 y a los que refuerza luego, en algunos casos, liderando eventos de caridad.27 En ese sentido, Magaly TeVe no sólo es un producto inserto en un género televisivo específico llamado espectáculo sino que utiliza un lenguaje televisivo del show con el que plantea sus discursos.

Uno de los mecanismos televisivos más importantes de esta transmisión son las cámaras ocultas, o también llamadas cámaras sorpresas, que han permanecido a lo largo de los programas marcando las primicias a las que se denominan “ampays”.

  1   2


La base de datos está protegida por derechos de autor ©espanito.com 2016
enviar mensaje