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La santidad en la vida cotidiana Retiro Espiritual para las Comunidades Salesianas


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La santidad en la vida cotidiana

Retiro Espiritual para las Comunidades Salesianas

Curso 2004-05

Francisco Santos, sdb




Presentación

En Enero de 2004, del 22 al 25 de enero tuvo lugar en Roma el Encuentro de las XXII Jornadas de Espiritualidad de la Familia Salesiana bajo el título “Santidad cotidiana”. Las ponencias, debates, encuentros y reflexionas recogidas en estas jornadas nos sirven de base para este retiro.


La santidad no es un slogan que se cambia cada año cuando cambia el aguinaldo, sino que es algo permanente en la vida del creyente. Reflexionar sobre lo que significa la santidad y su cotidianeidad hace que se viva de modo profundo el compromiso cristiano de ser en el mundo testigos de la presencia de Dios en nuestras vidas1.

Introducción

Comenzamos este retiro poniéndonos en la presencia de Dios. Nuestra vida espiritual está reflejada en el texto de la canción que vamos a leer y en los textos que se proponen. Démonos unos minutos para disponer nuestro interior a la reflexión, la escucha y la meditación en la presencia del Señor.


Canción: MOLDEA ESTE BARRO (Javier F. Chento) Disco: Liberación

Moldea este barro y haz en mí tu voluntad,

tu voluntad, no la mía,

no la mía: haz en mí tu voluntad.


Moldea este barro y haz en mí tu voluntad,

tu voluntad, no la mía,

no la mía: haz en mí tu voluntad.
Dame tu valor en el peligro,

lléname de fuerza en la debilidad.

Infúndeme tu espíritu.

Obra en mí.


Guíame por sendas de alegría.

Hazme constructor de la felicidad.

Infúndeme tu espíritu.

Obra en mí.


Textos bíblicos

“Como la arcilla del alfarero está en su mano  y todos los caminos en su voluntad­ así los hombres en manos de su hacedor, que a cada uno da según su juicio” (Ecl 33, 13).

“Mirad que como el barro en la mano del alfarero, así sois vosotros en mi mano, Israel” (Jr 18, 6).

“Y se apartó de ellos como un tiro de piedra, y puesto de rodillas, oraba diciendo: «Padre, si quieres, aparta de mi esta copa; pero no se haga mi voluntad, sino la tuya»” (Lc 22, 41-42).



Un modelo de vida cotidiana:

“Evangelizar” la vida.

No nos basta con indicar un modelo de santidad en el que nos sentirnos cómodos y carismaticamente identificados. Se trata además de que nuestra propuesta de santidad implique a los jóvenes en su proceso de maduración como personas. Este aspecto de madurez humana y cristiana está presente en el modelo de santidad para la vida cotidiana. ¿De qué manera se vive un proyecto de santidad en el día a día, en las cosas que hacemos, sin tener que “salir de este mundo”. Ofrecemos algunas pistas para la reflexión a partir de documentos recientes de diversa índole, tratados bajo un mismo prisma: llevar a la vida cotidiana los deseos de plenitud en Cristo.


Para la vida de los jóvenes2


Con motivo del próximo encuentro de la Jornada Mundial de la Juventud, en Colonia, el Papa Juan Pablo II ha escrito un mensaje que nos resulta oportuno para presentar un modo de evangelizar la vida de los jóvenes, haciéndoles propuestas serias y graduales de caminar con Cristo. Bajo la guía del texto evangélico de la adoración de los Magos, cuyos cuerpos según la tradición se conservan en la Catedral de Colonia, se nos ofrecen claves de evangelización en las que el Papa insiste:
1.- Aprender a escrutar los signos con los que Dios llama y guía

Es importante aprender a escrutar los signos con los que Dios nos llama y nos guía. Cuando se es consciente de ser guiado por Él, el corazón experimenta una auténtica y profunda alegría acompañada de un vivo deseo de encontrarlo y de un esfuerzo perseverante de seguirlo dócilmente.
2.- La Eucaristía

El Niño, colocado suavemente en el pesebre por María, es el Hombre-Dios que veremos clavado en la Cruz. El mismo Redentor está presente en el sacramento de la Eucaristía. En el establo de Belén se dejó adorar, bajo la pobre apariencia de un neonato, por María, José y los pastores; en la Hostia consagrada lo adoramos sacramentalmente presente en cuerpo, sangre, alma y divinidad, y Él se ofrece a nosotros como alimento de vida eterna.

La santa Misa se convierte ahora en un verdadero encuentro de amor con Aquel que se nos ha dado enteramente. No dudéis, queridos jóvenes, en responderle cuando os invita "al banquete de bodas del Cordero" (cfr. Ap 19,9). Escuchadlo, preparaos adecuadamente y acercaos al Sacramento del Altar, especialmente en este Año de la Eucaristía (octubre 2004-2005) que he querido declarar para toda la Iglesia.


3.- Ofrecer a Dios lo mejor de uno mismo

"Abrieron sus cofres y le ofrecieron dones de oro, incienso y mirra" (Mt 2,11). Los dones que los Reyes Magos ofrecen al Mesías simbolizan la verdadera adoración. Por medio del oro subrayan la divinidad real; con el incienso lo reconocen como sacerdote de la nueva Alianza; al ofrecerle la mirra celebran al profeta que derramará la propia sangre para reconciliar la humanidad con el Padre.

Ofreced también vosotros al Señor el oro de vuestra existencia, o sea la libertad de seguirlo por amor respondiendo fielmente a su llamada; elevad hacia Él el incienso de vuestra oración ardiente, para alabanza de su gloria; ofrecedle la mirra, es decir el afecto lleno de gratitud hacia Él, verdadero Hombre, que nos ha amado hasta morir como un malhechor en el Gólgota.

¡Sed adoradores del único y verdadero Dios, reconociéndole el primer puesto en vuestra existencia! La idolatría es una tentación constante del hombre. Desgraciadamente hay gente que busca la solución de los problemas en prácticas religiosas incompatibles con la fe cristiana. Es fuerte el impulso de creer en los falsos mitos del éxito y del poder; es peligroso abrazar conceptos evanescentes de lo sagrado que presentan a Dios bajo la forma de energía cósmica, o de otras maneras no concordes con la doctrina católica.

¡Jóvenes, no creáis en falaces ilusiones y modas efímeras que no pocas veces dejan un trágico vacío espiritual! Rechazad las seducciones del dinero, del consumismo y de la violencia solapada que a veces ejercen los medios de comunicación.


4.- Resistir toda forma de idolatría

La adoración del Dios verdadero constituye un auténtico acto de resistencia contra toda forma de idolatría. Adorad a Cristo: Él es la Roca sobre la que construir vuestro futuro y un mundo más justo y solidario. Jesús es el Príncipe de la paz, la fuente del perdón y de la reconciliación, que puede hacer hermanos a todos los miembros de la familia humana.

"Se retiraron a su país por otro camino" (Mt 2,12). El Evangelio precisa que, después de haber encontrado a Cristo, los Reyes Magos regresaron a su país "por otro camino". Tal cambio de ruta puede simbolizar la conversión a la que están llamados los que encuentran a Jesús para convertirse en los verdaderos adoradores que Él desea (cfr. Jn 4,23-24). Esto conlleva la imitación de su modo de actuar transformándose, como escribe el apóstol Pablo, en una "hostia viva, santa, grata a Dios". Añade después el apóstol de no conformarse a la mentalidad de este siglo, sino de transformarse por la renovación de la mente, "para que sepáis discernir cuál es la voluntad de Dios, buena, grata y perfecta" (cfr. Rom 12,1-2).


5.- Hacer elecciones valerosas

Escuchar a Cristo y adorarlo lleva a hacer elecciones valerosas, a tomar decisiones a veces heroicas. Jesús es exigente porque quiere nuestra auténtica felicidad. Llama a algunos a dejar todo para que le sigan en la vida sacerdotal o consagrada. Quien advierte esta invitación no tenga miedo de responderle "sí" y le siga generosamente. Pero más allá de las vocaciones de especial consagración, está la vocación propia de todo bautizado: también es esta una vocación a aquel "alto grado" de la vida cristiana ordinaria que se expresa en la santidad (cfr. Novo millennio ineunte, 31). Cuando se encuentra a Jesús y se acoge su Evangelio, la vida cambia y uno es empujado a comunicar a los demás la propia experiencia.


6.- Auténticos testigos

Son tantos los compañeros que todavía no conocen el amor de Dios, o buscan llenarse el corazón con sucedáneos insignificantes… Por lo tanto, es urgente ser testigos del amor contemplado en Cristo. La invitación a participar en la Jornada Mundial de la Juventud es también para vosotros, queridos amigos que no estáis bautizados o que no os identificáis con la Iglesia. ¿No será que también vosotros tenéis sed del Absoluto y estáis en la búsqueda de "algo" que dé significado a vuestra existencia? Dirigíos a Cristo y no seréis defraudados.

La Iglesia necesita auténticos testigos para la nueva evangelización: hombres y mujeres cuya vida haya sido transformada por el encuentro con Jesús; hombres y mujeres capaces de comunicar esta experiencia a los demás. La Iglesia necesita santos. Todos estamos llamados a la santidad, y sólo los santos pueden renovar la humanidad. En este camino de heroísmo evangélico nos han precedido tantos, y es a su intercesión a la que os exhorto recurrir a menudo. Al encontraros en Colonia, aprenderéis a conocer mejor a algunos de ellos, como a san Bonifacio, el apóstol de Alemania, a los Santos de Colonia, en particular a Úrsula, Alberto Magno, Teresa Benedicta de la Cruz (Edith Stein) y al beato Adolfo Kolping. Entre éstos quisiera citar en modo particular a san Alberto y a santa Teresa Benedicta de la Cruz que, con la misma actitud interior de los Reyes Magos, buscaron la verdad apasionadamente. No dudaron en poner sus capacidades intelectuales al servicio de la fe, testimoniando así que la fe y la razón están ligadas y se atraen recíprocamente.


Para la vida en la Iglesia3


El Aguinaldo del Rector Mayor para el año 2005, nos invita a reflexionar en la santidad desde la óptica eclesial. Nuestra labor educativa y carismática nos invita a ser fieles a Don Bosco. Él trabajó mucho por la Iglesia, como dignísimo hijo, y cuando se dio cuenta que había mucha hostilidad contra ella, quiso darla a conocer a sus muchachos, a través de innumerables publicaciones sobre temas eclesiales. Durante su primera visita al Vaticano quedó profundamente impresionado por el esplendor de la Iglesia hasta tal punto que expresó el deseo de tener allí con él a sus muchachos para que disfrutaran de este esplendor y de la alegría de pertenecer al Pueblo de Dios. Todavía hoy sigue siendo para nosotros un compromiso prioritario y carismático dar a conocer a la Iglesia y hacer que la conozcan, y la amen como se ama a una Madre: fascinante en su belleza y en sus atenciones; una madre que ama y que merece ser amada.
1.- Amar a la Iglesia

La propuesta de la santidad juvenil encuentra en el actual Aguinaldo un gran apoyo, pues es otro modo que vivir el compromiso de la santidad, contribuyendo a la construcción de la Iglesia y de la sociedad.

El tema del Aguinaldo de este año toma la idea de una cita de Efesios 5, 25-27: «Cristo amó a la Iglesia y se entregó a sí mismo por ella,… para prepararse una Iglesia radiante, sin mancha ni arruga ni cosa parecida, sino santa e inmaculada". En estos versículos se encuentra un gran mensaje: amar a la Iglesia, y entregarse por ella. Tal como Cristo la amó y se entregó por Ella, estamos llamados también nosotros y nuestros destinatarios a hacer otro tanto, para hacer que sea más joven, sin mancha ni arruga ni cosa parecida, como dice Pablo. ¡Es un texto programático!


2.- Rejuvenecer a la Iglesia, comunidad de creyentes

No se trata de hacer un lifting, una operación cosmética, sino de comprometerse a injertar en ella nuevas energías para hacerla más hermosa y más atrayente. Y esto se obtiene en la medida en que hacemos lo que dijo Jesús: Amar a la iglesia y entregarse por ella. La hermosura de su rostro se explica reflejando el rostro de su Señor. La nueva Jerusalén no es sólo una imagen escatológica, sino que debe ser prefigurada y anticipada aquí y ahora.
Nuestra tarea, pues, es estar en la Iglesia, más aún, ser Iglesia, trabajar con y para ella, y nuestro reto consiste en hacer que las personas, especialmente los jóvenes, se enamoren de ella haciendo que se asemeje a la Jerusalén celestial que desciende del cielo, adornada como una esposa para su esposo. Esto es posible en la medida en que la Iglesia se convierte en una comunidad de creyentes, renovada por el soplo del Espíritu que la anima, por que Él es quien hace nuevas todas las cosas, y por tanto la puede rejuvenecer. Una comunidad enriquecida de múltiples vocaciones, carismas y ministerios que la mantienen viva y dinámica. Una comunidad abierta y acogedora sobre todo con los pobres que son los que realmente la pueden hacer creíble en el mundo. Una comunidad que vive la pasión por la vida, por la justicia y por la solidaridad, que son los grandes valores hacia los que es sensible la humanidad. Una comunidad que es levadura de esperanza para una sociedad digna del hombre y para una cultura rica en valores éticos y espirituales. Una Iglesia joven, en la que los jóvenes se encuentran como en casa y en familia.
3.- Adquirir credibilidad y capacidad de escucha

¿Qué quiere decir, pues, rejuvenecer la Iglesia? Quiere decir hacer que retorne a los orígenes, a su juventud, para que pueda adquirir nuevamente credibilidad y capacidad de escucha. Una iglesia diseñada por la "Martirìa", es decir por el testimonio que se vive en la vida diaria y que puede llegar al límite de la entrega de la vida. Una Iglesia caracterizada por la "euangelìa", porque es una Iglesia nacida para anunciar el Evangelio. Diez años después de la conclusión del Concilio Vaticano II, Pablo VI escribió el documento más importante que jamás se haya escrito sobre la evangelización: la Evangelii Nuntiandi. En este precioso documento se afirma explícitamente que la razón de ser de la Iglesia es la evangelización. Una Iglesia que celebra la "Leitourgìa", por que la salvación no es una conquista que lograr sino una realidad que celebrar, con reconocimiento, actualizándola y compartiéndola con los demás. Una Iglesia, finalmente, caracterizada por la "diakonìa", de la cual la Gaudium et Spes trazó claramente el significado: la Iglesia no es una señora sino sierva del mundo. Las características arriba indicadas además se insertan en la línea trazada por los Hechos de los Apóstoles.
4.- Casa para los jóvenes

Rejuvenecer la Iglesia es también hacer que sea casa para los jóvenes. Será joven si los jóvenes están en ella. Por consiguiente es necesario buscar un camino "mistagógico" que hay que hacer con ellos para introducirles, conducirles a la Iglesia y hacer que sean Iglesia. Aquí podría resultar esclarecedora la imagen de los discípulos de Emaús, que nos ayuda a entender la Iglesia como casa de todos los que creen en Jesús y quieren compartir y testimoniar en su vida esta fe común. El Aguinaldo es, pues, una exhortación a hacer joven la Iglesia y hacer que los jóvenes sean Iglesia.

Conclusión

La pretensión de este retiro ha sido doble: reflexionar sobre la actualización que estamos realizando a partir de los acontecimientos de nuestra vida y descubrir las nuevas posibilidades que se nos ofrecen para abrirnos a la trascendencia en la realidad que vivimos4.


A partir de estas consideraciones, tal vez nos planteemos que es posible hacer experiencia de Dios en la vida cotidiana y vivirla santamente. Se trata de descubrir que el lugar del encuentro con Dios es la sociedad, el propio trabajo, la comunidad, el patio, la clase... Respondemos a Dios, correspondiendo, es decir, respondiendo con Él. A Dios solamente se le responde integrándose en la respuesta que él da al mundo, haciendo la historia con Él. En la misión.
A modo de ejemplo, y como conclusión de lo que queremos expresar, este texto:
La trascendencia se da principalmente en el encuentro con las personas. A veces sucede que estás sumido en una crisis existencial, sin rumbo, y te encuentras con alguien que tiene palabras cordiales, que te enciende una luz, que te pone una mano en el hombro y te indica un camino. No como el maestro que se limita a decirte: «Ve por ahí»; sino despertando al maestro escondido que hay en ti y ayudándolo a definir un camino con sentido. Entonces tienes una experiencia de trascendencia, de ruptura de tu círculo cerrado, de apoyo existencial liberador. Surge entonces el sentimiento de veneración por esa persona que, por un momento, se transforma en maestro capaz de despertar tu héroe interior adormecido.
No me resisto a ofrecer una experiencia personal de trascendencia con ocasión de un encuentro. En 1998 fui a visitar a Dom Hélder Cámara en Recife, en su pequeña iglesia de las Candelas y en la humilde casa donde vivía pobremente. Siempre fuimos muy amigos. Jamás olvidaré la nota manuscrita que nos hizo llegar a mí y a mi hermano Clodovis, también teólogo (a quien Dom Hélder consideraba como un hijo querido). Habíamos quedado en vemos a las diez de la mañana. Cuando llegué, la religiosa que cuidaba de él me dijo: «Mira, Dom Hélder estaba hecho polvo y se ha ido a descansar. Creo que se ha dormido. Si quieres, puedes ver cómo duerme». Y fui a verlo. Me quedé diez minutos, tal vez quince, contemplando a aquel pajarillo dormido. Con su sotana blanca, que dejaba ver sus delgadas piernas, parecía un Gandhi respirando profundamente. Yo me quedé extasiado, porque despedía tanta luz, tanta levedad, tanta santidad, tanta trascendencia, que parecía algo como de otro mundo. Le hice una reverencia al modo hindú, inclinándome profundamente, salí sin hacer ruido y le dije a la religiosa: «¿Sabes?, de todos los diálogos que he tenido con Dom Hélder, éste ha sido el más profundo». Ésta es la imagen que quiero recordar de él. El sueño de un profeta, de un Gandhi, de un ángel de la paz. Hay personas iluminadas, y en la vida todos nos encontramos con alguna de ellas. Puede ser un abuelo o una abuela, o un tío que ha sufrido mucho, o un amigo entrañable, o una amiga confidente... A veces puede serlo el vendedor de maíz, o la manicura, que escuchan y ponderan y opinan sabiamente, con sorprendentes intuiciones realmente fantásticas. Tengo algunos amigos muy sencillos humildes que me parecen verdaderamente geniales. Ellos deberían estar dando clases en las universidades y predicando en los púlpitos, y nosotros escuchando y aprendiendo5.



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2 Cfr. MENSAJE DEL SANTO PADRE JUAN PABLO II A LOS JÓVENES DEL MUNDO CON OCASIÓN DE LA XX JORNADA MUNDIAL DE LA JUVENTUD 2005, Desde Castel Gandolfo, 6 de agosto de 2004. http://www.vatican.va/holy_father/john_paul_ii/messages/youth/documents/hf_jp-ii_mes_20040806_xx-world-youth-day_sp.html

3 Cfr. Pascual Chávez, «Rejuvenecer el rostro de la Iglesia que es Madre» ANSMAG (Junio-Julio 2004).

4 La trascendencia se produce en experiencias de lo cotidiano banal, de nuestro día a día. Para una cultura más elaborada puede haber experiencia de trascendencia ante una obra de teatro, un libro o una película, manifestamos nuestra fascinación por la belleza de la obra o la interpretación el artista... Cfr. L. Boff, Tiempo de Trascendencia. El ser humano como un proyecto infinito, Sal Terrae Breve, Santander 2002, 47-54.

5 L. Boff, Tiempo de Trascendencia. El ser humano como un proyecto infinito, Sal Terrae Breve, Santander 2002, p. 52-53.





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