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La revolución a través de los siglos


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La revolución a través de los siglos” de A. Hamon

LA REVOLUCIÓN A TRAVÉS DE LOS SIGLOS*

A. Hamon


PRÓLOGO

“Hamon -escribió Whirlily en Les Hommes d´aujourd hui- es un hombre de estatura mediana, joven aún, barba negra, el bigote colgante de los celtas, los ojos negros, vivos, rientes, y en el extremo de los parpados tiene aquellas imperceptibles arrugas que caracterizan a los ironistas, a causa de su modo de entornarlos cuando se burlan de las contingencias. Es nervioso, de movimientos flexibles, de tez bronceada; al primer vistazo causa la impresión de un hombre de acción. Y sin embargo, es un hombre de estudios, un reflexivo, un hombre de ciencia.


“Es curioso estudiarlo desde el punto de vista de las influencias ambientes y atávicas. Hamon nació en Nantes, en Enero de 1862, pero ha vivido en Paris desde su infancia; sus antepasados son bretones. Tiene algo de sangre vandeana y angevina, pero la dominante bretona le clasifica entre los hombres soñadores. Tiene el hablar lento de los Parigots y de los provincianos del Oeste; siente horror por toda capillita, secta y parti pris; es de aquellos calmosos que no se acaloran sino cuando se trata de hechos, medio infalible para no acalorarse por mucho tiempo.
“Después de sus estudios hechos en Condorcet, comenzó escribir en 1881. Primeramente la emprendió con la física y la química. Un enamorado de la ciencia; seguro que en su cartera no se hallo jamás un solo boceto de drama ni un ensayo de verificación, lo cual e4s muy curioso y digno de elogios”.
Su labor corrobora lo dicho por Whirlily.
En 1881 colabora en la Science Populaire, después en el Cosmos, donde publico un estudio sobre la distribución de la electricidad, luego en la Higiene pour tours (1882) con un estudio sobre el envenenamiento de las aguas potables por medio del plomo. Este estudio. Corregido y aumentado, lo publicó en 1884 el director Delohaye y fue traducido al turco en 1889, Constantinopla.
Desde 1884 a 1889 Hamon colaboró en el journal d´hygiene (París); La Higiene (Madrid); Journal d´hygiene populaire (Montreal); Revista italiana de Terapia ed higiene (Plasencia); Gazetta di Medicina Publica (Nápoles); al propio tiempo la Chronique de l´hygiene en Europe (Montreal, 1886) y Dell´uso dei tubi di biombo per la condotta delle acque alimentari (Plasencia, 1886), obra publicada en Zdrowie (Varsovia), y en la que aparecieron fragmentos en Starin Record, de Londres, y Sanitari Engineer, de New York. Simultáneamente publica Esposizione d´igiene Urbana di Parigi (Plasencia, 1886).
En 1889 publicó (en colaboración con G. Bachot, editor Savine, de París) L´Agonie d´ une societé, obra recomendable por su espíritu de método, de precisión y de síntesis.
En 1890 el editor Doin publica el Traité d´hygiene publique d´aprés ses aplications dans les differents pays de l´Europe, por el doctor Palmberg, obra traducida del sueco bajo la dirección de Hamon, con un prefacio del doctor Brouardel.

Después de este periodo, en que se ocupó preferentemente de cosas especialmente científicas, Hamon entra de lleno en los estudios de sociología. En 1890-91 colabora en L´Egalité, despuies publica Ministére et Mélinite (editor Savine); France sociale et politique (años 1890-91-93); luego en la Revue Socialista estudia las Survivances animiques et polytheiques en Bretagne; y el Art Social dio su celebre estudio sobre los Hommes et les theories de l´Anarchie, obra lógica, llene de fina ironía, cortés y cortante a la vez. Le Révolte lo publicó en folleto, que luego tradujo al español el Perseguido de Buenos Aires y en Paterson (estados Unidos) se publicó en italiano.


En 1893 dio a los Archives d´anthropologie criminelle un ensayo sobre la Definition du crime, que se tradujo en portugués, en español, en inglés y en italiano.
En Mayo de 1893 comenzó su labor de crítica científica, filosófica y sociológica de la Societé Nouvelle. A la muerte de Benoit Malon fue miembro del comité de dirección de la Revue Socialista.
Desde 1891 a 1893 colabora en la Revue de Bibliographie Medicale y publica su Psicología del militar profesional; traducida al alemán, italiano, portugués y ruso.
En julio de 1894, Hamon tuvo que marcharse de Francia. A ella volvió en 1895, pasada la efervescencia provocada por los sucesos de Emilio Henry y Caserio.
Durante esta ausencia viajó por Inglaterra y escocia, colaborando en Free Review, Liberty y escribió la Psicología del socialista-anarquista. En 1895 publicó Patrie et internacionalismo, de la que hizo una traducción española.
En 1893-94 Hamon y Gabriel de la Salle (otro nantés) publicaron en el Art Social los Documentos para la historia de nuestra época. Desgraciadamente este trabajo tuvieron que suspenderlo. La policía molestó al Art Social y éste tuvo que suspender su publicación.
Hamon quiso emprender también un estudio, la Psicología del científico y del artista, en colaboración con Renato Gil, pero tuvieron que desistir porque la información abierta al efecto no dio resultado. Probablemente se escamaría la vanidad de los artistas… Sea lo que fuere, es de la mentar.
Hamon, cuando quiere, sabe ser periodista. Sus crónicas en el París lo prueban. Notable es la carta dirigida al Intransigeant cuando el gabinete negro le interceptó en 1894 toda su correspondencia.
En 1896 publica Le Socialismo et le Congrés de Londres (Stock, editor; edición española, Coruña, y traducción portuguesa, Oporto).
En 1898 escribe Un anarchisme, ¿fraction du socialisme? Publicado en Societé Nouvelle (París), Free Review, Ciencia Social (Barcelona), Sozialistische Akademiker.
¿No se ha cansado el lector? Porque aun queda tela. En Mayo de 1897 dio un curso de criminología (determinismo y responsabilidad) en el Institut des Hautes Etudes de l´Universite Nouvelle, de Bruselas, nada menos que siete lecciones, y en noviembre un curso de historia contemporánea (situación socialista en Francia y en la Gran Bretaña) en el Collage Libre des Sciencies Sociales de París, cinco lecciones.
En 1898 fundó la Humanité Nouvelle, revista sucesora de la Societé Nouvelle,y en 1898 la Biblioteca Internacional de Ciencias Sociológicas, cuto primer volumen fue Determinismo et responsabilité.
Realmente, la labor de este escritor es numerosa y profunda.
“Hamon se recomienda -dice el Sr. Edmundo Picard en L´Humanite Nouvelle (1897)- por cualidades extremas de ironía y de precisión. Se han revelado de modo admirable en el curso de Criminología que ha dado en el Institut des Hautes Etudes. Es difícil imaginar una exposición más cerrada, más atenta en buscar todas las razones de la duda, analizarlas y resolverlas. Una minucia científica extraordinaria. Todas las teorías, todos los prejuicios, todas las rutinas, todos los sistemas pasaron por el tamiz de un análisis encarnizado, muy claro a pesar de su sutilidad, y muy admirable a causa de su flexibilidad, que conduce al auditor a horizontes no soñados, alimentando su curiosidad con espectáculos constantemente nuevos.
“Su quinta lección, sobre la “Responsabilidad”, fue un perfecto ejemplo de su método. Yo, veterano en Derecho, me quedé maravillado. Es difícil expresar el interés y la atracción que sentí; me hallé como colegial ante aquel profesor, mucho más joven que yo, pero que tan bien y abundantemente expone las ideas nuevas sobre la criminalidad, este gran fenómeno social, actualmente en transformación violenta como un banco de hielo que se resquebraja a la vuelta del verano después de las largas noches boreales”.
José Prat.
LA REVOLUCIÓN A TRAVEZ DE LOS SIGLOS


CAPÍTULO I
El Comunismo en la antigüedad griega y latina. -Las comunidades religiosas entre los budistas, los asenianos y los terapeutas. -Los profetas judíos. -Jesucristo. -Los apóstoles. -Los Padres de la Iglesia. -Los claustros comunistas. -Los heresiarcas. -Los vandos. -Los hermanos del libre espíritu. -Los begardos. -J. Wicleff, John Ball, los collardos y Wat Tyler. -Los Husitas, taboritas y hermanos moravos. -El Comunismo en Persia, en China, y en el Perú.

Si la palabra socialismo no se encuentre hasta el siglo XIX, lo que ella significa se descubre mucho siglos entes. Entonces estaba representada por una sola escuela del socialismo, por el Comunismo.


En la antigüedad grecolatina, existe, lo mismo que hoy, antagonismo entre ricos y pobres, produciéndose luchas de éstos contra aquellos. A veces triunfan. Sin embargo, el socialismo no se implanta en Grecia ni en Roma. Los gracos (dos siglos a. de J. C.) no eran totalmente socialistas, pues no querían la abolición de la propiedad privada. Algunas de las leyes agrarias con tanta persistencia exigidas por el pueblo, no sólo no eran socialistas, sino que ni tenían estas tendencias.
La única protesta comunista que conocemos de aquella antigua fecha, es la utopía de Platón (siglo IV a. de J. C.). Es producto exclusivo de la fanasia. Se trata de una sociedad ficticia, donde impera un comunismo autoritario y jerárquico. En ella hay cuatro clases de ciudadanos y esclavos, pudiéndose pasar de una clase a otra. Bienes y mujeres son comunes. Los hijos son atendidos en común, sin que conozcan a sus padres. Predomina el Estado, al que representan magistrados y hombres prudentes. Estos señalan las fechas de las reuniones anuales.

Las ideas de Platón han permanecido irrealizables, aunque Plotín (siglo III de nuestra era) tuvo el propósito de ponerlas en practica. En Oriente el ideal socialista se realiza más o menos totalmente en pequeñas comunidades o conventos budistas; en particular entre los terapeutas y los asenianos del Asia Menor. Los bienes y la vida son comunes. En estas comunidades reina la más completa igualdad, predominando como regla general el celibato, salvo pequeñas excepciones. Sobre el ideal comunista se mezclan prácticas de diversos cultos.


En Judea, desde el siglo IX (a. De J. C.) Se presentan casi diariamente ante el pueblo nuevos profetas que predican la igualdad social. Primero es Amós, después Isaí; más adelante les siguen los salmitas, después los pobres (ebionim), los cuales son sus discípulos y beben las palabras inflamadas de estos profetas israelitas, que según expresión de Renán “son fogosos publicistas que hoy designaríamos con el nombre de anarquistas o socialistas”.
La religión es con el manto con que se cubren. La causa verdadera de su propaganda es la desigualdad económica, la lucha de los pobres contra los ricos. Predican la abolición del interés del capital; la justa retribución del trabajo y la justicia social, es decir, la igualdad civil, política y económica, y hasta la comunidad de bienes.
Estos revolucionarios, profetas más o menos célebres, se suceden casi sin interrupción hasta Jesús, discípulo en parte de Juan el Bautista y precedido él mismo por Judas el Gaulonita. Los dos últimos preconizan la comunidad de los bienes y sostienen que no debe llamarse amo a ninguna persona.
Jesús, impregnado de la doctrina profética, protesta contra la avaricia, que es, en su concepto, el simple ahorro. Prohíbe la usura, es decir, el préstamo, a interés. Lanza violentos apostrofes contra los ricos. En su celebre parábola del ecónomo infiel, no vacila en preconizar el despojo de los ricos. (Evangelio según San Lucas, XVI, 1 a 9). Proclama el comunismo. (Evangelio según Mateo VI, 19, 20; X, 9 a 15; XVI, 13 a 21, etc.). En la inmortal parábola de los obreros de la hora undécima (Evangelio según S. Mateo, XX, 1 a 15), llega a afirmar la famosa máxima comunista: a cada uno según sus necesidades, predica la internacionalidad, la fraternidad (amad a vuestro prójimo como a vosotros mismos), la igualdad, la solidaridad (no llaméis a nadie amo vuestro), la irresponsabilidad moral y el perdón (perdonadles, que no saben lo que hacen). Protesta contra la violencia, contra la guerra, contra el militarismo, contra la magistratura, contra el comercio, contra los comerciantes, clero, ritos y gobiernos.
La doctrina de Jesús es esencialmente comunista y anarquista. Se dirige a los pobres, y entre ellos, entre los artistas, los pescadores y las prostitutas es donde recluta sus primeros partidarios.
Los apóstoles son gentes sencillas. Practican el comunismo. “Y todos los que creían estaban reunidos en un mismo local y tenían todas las cosas comunes”. Cada uno r4ecibe según sus necesidades (Actos de los Apóstoles, II, 45; IV, 32 y 35). El trabajar empieza a ser un titulo de honor; el primer cristiano se considera honrado siendo obrero. “El rico es un parasito. El que no quiere trabajar no debe comer” 8epístola de San Pablo a los tesalienses, III, 10).
Como Jesús, sus discípulos la emprenden contra los ricos y las riquezas, cuyo interés es la raíz de todos los males (Epístola de San Jaime, etc.).
Como Jesús son comunistas, y durante los primeros siglos, en pequeños grupos de pequeñas iglesias, donde todos son hermanos, donde todo es común, los cristianos critican ricos y riquezas y predican la comunidad de bienes. Así proceden Tertuliano, Lactancio, San Clemente (siglos III), San Jerónimo, San Juan Crisóstomo, San Basilio, San Gregorio de Nisa, San Ambrosio (siglos IV), etc. Respecto al carácter de la propiedad privada, su doctrina es absolutamente uniforme. Para todos “la opulencia es siempre, según lo ha expresado San Jerónimo, producto del robo; si no ha sido cometido por los actuales propietarios, lo ha sido absolutamente por sus antecesores”. Todos enseñan, con San Clemente, que “la vida común es obligatoria para todos los hombres, que la propiedad privada es hija de la iniquidad”.
Hasta el siglo VII, todos los padres de la Iglesia consideran, de acuerdo con San Gregorio el Grande, de la tierra como cosa común a todos los hombres y el comunismo como la forma más cristiana y más perfecta organización social. Esta es la opinión general de todos los cristianos. Por eso se fundan en todas partes, desde el triunfo del cristianismo, claustros donde subsisten durante largos siglos, hasta el XII y en algunos casos hasta el XV, los principios igualitarios y comunistas de la primitiva iglesia.
Los pobres se refugian en estos monasterios, donde encuentran la libertad en el seno de la servidumbre. Para vivir mejor, consumen y producen en común. Es una especie de vida en cooperación. Cada uno toma según sus necesidades y produce según sus medios. Los monjes producen para el consumo, y no venden al exterior más que el sobrante.
Entre ellos desconocen la moneda. Fuera del claustro no tienen familia. Tienen establecida una jerarquía, pero es electiva. El jefe dirige, pero apenas se diferencia de los demás miembros de la comunidad.
La Iglesia triunfa. Directores y gobernantes se acogen a ella. Entonces cesa de consolar a los afligidos y de mostrarse a los humildes, y éstos, los hambrientos, empiezan a separarse de los heresiarcas.
Los partidarios de las doctrinas de Cristo constituyen multitud. Nacen y crecen a la sombra de los monasterios y después se extienden por el mundo entero reclutando sus adeptos entre los andrajosos y los que viven fuera de la ley.
En el siglo VIII aparecen en el sudoeste de Francia los vandos. Quizás se inspiraban en las doctrinas que Manés había predicado en el siglo IV: nadie tiene derecho a ser propietario de un campo, de una casa, de dinero; todo pertenece a todos. Manés fue desollado vivo (374 años después de J. C.) y sus discípulos, los manichenses, sufrieron incesantes persecuciones. Perseguidos en todas partes, en todas partes subsisten y continúan no obstante la propagación de sus doctrinas. En último término, en los altos valles campestres, en las escarpadas gargantas, los vandos viven en común. Trabajan manualmente y rechazan el comercio por el engaño y la mentira que lleva consigo. Tienen una moral rígida y no reconocen ninguna autoridad civil o religiosa. Quieren la igualdad y la libertad.
Algunos de os vandos fueron indudablemente los iniciadores del movimiento de los patarines o patares, que estalló en el siglo XI en el norte de Italia. El populacho se sublevó contra el clero, contra la nobleza y contra los ricos. Siguió una represión rápida y sangrienta, mas el ideal del comunismo subsiste.
Este ideal progresa secretamente entre la vil multitud que según las épocas se mueve a la elocuente palabra de los monjes o de los laicos. Nobles y sacerdotes seculares tienden a conservar riquezas y poder. Así, a las quejas de la turba popular, contestan con el exterminio y la dispersión. Todos estos movimientos, y son numerosos y apenas cesan, sucediéndose constantemente unos a otros, son religiosos en apariencia. Pero de hecho, estas agitaciones de las masas populares son de origen económico y social. Son fruto de la miseria y de la opresión.
Todos, reformadores y heresiarcas predican, como Pedro Valdo (siglo XII), la pobreza, la igualdad, la libertad y la fraternidad. Sus discípulos, los pobres de Lyón, son adeptos a las doctrinas socialistas de los vandos, a los cuales se unen pronto por efecto de las persecuciones. Quieren una sociedad sin cura, sin magistrado, sin amo, sin ricos; quieren, en una palabra, una sociedad comunista.
El ardor del proselitismo hace diseminar a gran número de estos hombres por toda Europa (Inglaterra, Lombardía, Bohemia, Países Bajos, etc.), predicando la buena palabra. En todas partes halla la nueva doctrina suelo propicio para su germinación, en todas partes se levantan comunistas y heresiarcas. En Flandes es un poeta, Jacobo Van Maerlant, quien en 1235 canta las bellezas del comunismo, en la Italia del Norte, Gerardo Segeralli (1260-1300) funda los “Hermanos de los Apóstoles”, una organización de hombres y mujeres de la más baja condición. No deben poseer casa ni nada que pueda ser útil para el día siguiente. Viven en común, pues el comunismo es para ellos la condición sine qua non de la perfección. Se extienden fuera de Italia y sufren diversas persecuciones, viendo quemar a su fundador, Segarelli, hacia el año 1300.
Muerto Segarelli, le sucede otro jefe, Dolcino, el cual al frente de bandas armadas derrota las tropas episcopales. Los revoltosos roban, saquean y destruyen, reacción natural de la opresión y de la servidumbre sufrida. Pero el orden contemporáneo triunfa al fin, y los hermanos de los apóstoles son dispersados y destruidos.
Sin embargo, el ideal comunista no desaparece. En la misma época lo encontramos entre los “Hermanos y hermanas del Libre espíritu”, los cuales quieren la comunidad de los bienes y de las mujeres y rechazan toda clase de autoridad. Cada uno, dicen, tiene el derecho y el deber de seguir sus propias inclinaciones. La doctrina se difunde, pues el suelo está laborado bastante profundamente para que la semilla germine.
Cansados los jaques de las exacciones sufridas, del hambre y del frío aguantado, y no queriendo ser más los esclavos las cosas de sus amos, los señores sacerdotes y laicos, se han sublevado. Han colgado a los nobles, han violado a su vez las doncellas de alto linaje, quemado los castillos y destruidos las cartas y otros títulos de propiedades. Al fin la organización feudal triunfa y los jaques son reducidos a la obediencia. Los más resueltos y enérgicos se refugian en las montañas, se esconden en los bosques y en los pantanos. Después se convierten en bandidos y van a engrosar las bandas de los heresiarcas, siempre batidas, siempre perseguidas y desapareciendo de una parte para reaparecer en otra. Así se fundan a fines del siglo XIII los “Hermanos y hermanas del libre espíritu” y a principios del siglo XIV aparecen los Fraticeli o Frateli y los begardos. Ambos predican y practican la comunidad de bienes. Son celibatarios. Los begardos residen generalmente en los Países Bajos, donde ejercen con mucha habilidad diversos oficios, particularmente el de tejedores.
Los movimientos populares y las herejías del continente repercuten en la Gran Bretaña, donde aparece Juan Wicleff, sacerdote, doctor en teología y profesor de la ya célebre Universidad de Oxford, el cual predica y escribe contra toda herencia y contra toda jerarquía. Cada uno es su propio amo. Nada de propiedad individual. Wicleff, bien considerado de los poderosos, pudo escapar a la persecución, mas no así otro sacerdote discípulo suyo, llamado John Ball. De 1370 a 1381 Wicleff recorre los campos, los Burgos y las ciudades, llevando a todas partes la palabra divina. En las calles, al aire libre, en los recintos de los cementerios, junto a las iglesias, a la salida de los oficios, reúne hambres, mujeres y niños y les expone su doctrina.
-“Buenas gentes -les dice-, las cosas no pueden ir bien en Inglaterra mientras los bienes no sean comunes, mientras haya villanos y gentiles hombres”.
Es detenido y encarcelado. Escapa de la prisión, empieza de nuevo sus predicaciones y es encerrado otra vez. Pero la propaganda se hace tan bien, ayuda además, allá como en todas partes, por las continuas exacciones, por las persecuciones y por las opresiones de los grandes y de los ricos, que en mayo de 1381 estalla la revuelta de los collardos. Los jefes son Wat Tyler y Jack Straw, lo propio que John Ball cuando la multitud lo hubo sacado de la cárcel. Son más de cien mil, más bien rebaño que ejército. Incendian los hoteles y los castillos, a los cuales sienten gran odio, lo mismo que a los señores. Todos cuanto cogen son colgados o decapitados. Las cabezas, colocadas a lo alto de las picas, sirven de estandarte a la multitud, la cual destruye joyas, muebles, vajilla, quema las cartas, los registros y los pergaminos, que conceptúa instrumentos de su servidumbre. No roban nada. Son, dicen los revolucionarios, celadores de la verdad y de la justicia, y no ladrones. Pero si no roban, matan. Las venganzas se ejercen libremente. En un momento se extiende el dio que durante años han amasado estos hombres lentamente, como fruto del desprecio, de las vejaciones sufridas, de la opresión moral, intelectual y física ejercida por los señores clérigos y laicos. Los proletarios, tratados como perros y bestias repugnantes, se vengan. Quieren la libertad, la supresión de las leyes, la igualdad. Por eso cantan:
Cuando Adán cavaba y Eva hilaba

¿Quién era entonces el gentil hombre?
Banda desordenada, los aldeanos se extienden como un río que ha roto sus diques y cuyas aguas van a perderse insensiblemente en las arenas. Desorganizados, son deshechos por las tropas reales. Wat Tyler es muerto. Ellos mismos se dispersan y el rey y su nobleza anulan las cartas que el miedo les había arrancado. John Ball y otros jefes son ejecutados, y los aldeanos vuelven a su esclavitud, vencidos pero no sometidos. En ellos va a dormitar el ideal del comunismo y de la libertad.
En el continente la miseria es también grande, numerosas las persecuciones y fuerte la opresión. Los efectos son los mismos. Sublevación de los proletarios (Compañeros de Ruán; Champerons blancos, de Flandes; Ciompi, de Florencia; Pobres, del Languedoc, etcétera), incendio de castillos, asesinato de nobles, destrucción de las bandas aldeanas y suplicio de los sublevados. Algunos escapan, no obstante. Unos se refugian en las inaccesibles regiones de montañas todavía inexploradas, otros se unen a los grupos de heréticos, como los hermanos moravos, y a los partidarios de Juan Huss, que predica la doctrina de Wicleff, una parte de los cuales son llamados taboritas (siglo XV).
Los hermanos moravos practican la comunidad de bienes y viven y trabajan en común. Observan una moral rígida, hasta puritana. Se casan, pero entre ellos es preferible el estado de celibato. Uno de sus más importantes doctores es Pedro Cheleícky o Kheltchistky. Según él, todo guerrero no es más que un asesino; la guerra es el más terrible de los males. El cristiano no puede ser propietario, ni comerciante, ni gobernante. No debe existir ni jefe ni amo. Los hermanos moravos son partidarios de la instrucción y abren excúsales en todas partes. Todo el mundo debe trabajar.
Tábor es la villa-refugio de los comunistas perseguidos, vandos, begardos, husitas y otros. Hay en ella una gran aglomeración de obreros, más de 40.000, en su mayoría tejedores y vendedores de tejidos. Todo es común entre ellos. Ignoran la diferencia que va de lo tuyo a lo mío. Quieren ser todos hermanos e iguales. Ni rey ni súbditos. De una moralidad perfecta, son heréticos y como tales dispersados y exterminados.
Mientra el socialismo se manifiesta de esta suerte en Europa en los movimientos populares y en la propaganda comunista de los heresiarcas, aparece en Asia entre los persas y entre los chinos y en América entre los peruanos.
A raíz del hambre y de la peste que azotó a Persia (año 500) el gran pontífice de los magos, Mazdak (470-535) emprendió una reforma moral y religiosa. “Toda cosa animada o inanimada -decía- pertenece a Dios. Es, pues, una impiedad en un individuo, el apropiarse de un objeto que es propiedad del creador, y como tal, destinado al uso común del género humano”. Predica la comunidad de los bienes y de las mujeres y la igualdad de las clases y de las fortunas. Su palabra hace una multitud de discípulos entre los cuales se cuenta el mismo rey, quien da orden de que sean puestas en práctica las doctrinas de Mazdak. Pero los poderosos se resisten a la reforma, se insurreccionan, triunfan y ahogan en sangre el intento comunista, dando muerte a Mazdak y a miles de sus partidarios.
En China es también un poderoso el que intenta implantar el comunismo. Wang Ngan Che, ministro del emperador Chen Isug (1606), hace practicar el comunismo durante quince años. Como siempre, los poderosos y los ricos protestan, echan al ministro de su puesto y la reforma fracasa.
Para ver un estado comunista subsistir más de cuatro siglos, es preciso dirigir las miradas a los incas peruanos. Este estado fue destruido en plena prosperidad, en plena vitalidad por los conquistadores españoles, los feroces y brutales compañeros de Pizarro, a principios del siglo XVI.
En el Perú impera un despotismo absoluto. El emperador es un semidiós. No hay ninguna iniciativa individual. Todos obedecen y trabajan. El pueblo está dividido en secciones, teniendo cada una un jefe responsable. El Inca, el emperador, lo posee todo. El suelo está dividido en partes para la corona, los templos y los sacerdotes, el pueblo y los auxiliados (enfermos, huérfanos, soldados, etc.). Los, peruanos van al trabajo cantando, con la ropa de los días festivos. El casamiento es obligatorio, y se realiza en una edad determinada. Cada casta está estrictamente serrada. El nacimiento determina la profesión a ejercer. No hay quien sufra hambre ni frió, ni quien quede abandonado. No existe crisis ni penuria. Cada uno obra según sus medios. Todos reciben, según el reglamento, los productos distribuidos administrativamente. Es éste el Estado-providencia en todo su esplendor.
El comunismo de los incas, con su total desdén de la libertas individual, es un ejemplar único en la historia de la humanidad.

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