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La reestructuración de la industria argentina en el periodo de ajuste estructural


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Fuente: Estadísticas oficiales del producto (por razones prácticas se han eliminado las referencias a distintas monedas, y los miles de pesos, a efectos de que se aprecie la evolución del producto en el tiempo).

La retomada del último ciclo alcista, a partir de 1991, exhibe un resultado positivo de la coyuntura que debe verse en el espejo de esa tendencia de largo plazo. Este auge, iniciado con la estabilidad de precios, ha logrado ya extenderse a lo largo de un período de tres años, sólo comparable por su duración, al que se registró en el comienzo de la década del setenta; los demás ciclos exhibieron una tendencia a ser muy cortos debido a los intensos cambios de rumbo de la política económica local.

La relativa constancia del valor agregado por la industria fue acompañada por una profunda reestructuración de sus actividades sectoriales y un cambio fuerte en su productividad y formas de funcionamiento. La industria actual es diferente a la de los años setenta tanto por su composición, por las formas de su inserción en el mercado local y mundial, como por su productividad y sus perspectivas. Una reseña de esos cambios exige que se encare un tratamiento de la evolución de sus grandes ramas.

Evolución global por ramas

El sector de alimentos tiende a mejorar su posición en el conjunto de la actividad industrial debido a la fuerte expansión de la rama aceitera, en coincidencia con la creciente oferta de soja y otras semillas oleaginosas por el sector agrario; debido a la instalación de nuevas plantas, y la modernización de algunas más antiguas, esta rama ha podido absorber dicho incremento de la oferta de materias primas y dispone de capacidad ociosa para el caso de nuevos aumentos. La industria del aceite, que procesaba unas 750.000 toneladas anuales en 1970, llegó a producir más de 3 millones de toneladas en la década del noventa y se ha convertido en la principal exportadora de la Argentina con despachos cuyo valor oscila en tres a cuatro mil millones de dólares por año2.

El resto del sector de alimentos exhibe un panorama disímil con varias ramas que crecen muy rápido debido al incremento del consumo per capita, como galletitas, bebidas sin alcohol y cerveza; otras que siguen una tendencia de tipo vegetativo similar al de la población y algunas que toman una tendencia declinante debido a la reducción de exportaciones (carnes vacunas) o del consumo local (vino). Un efecto positivo sobre la actividad surge de la creciente sofisticación de la oferta en términos de envases y mezclas ofrecidas al público aunque parte de ese valor agregado tienda a incrementar la actividad de otras ramas industriales (vidrio, papel, plásticos, etc.)3.

La rama de textiles y confecciones exhibe una ligera tendencia decreciente a lo largo de todo el período debido a los cambios en la demanda y el ingreso de una apreciable oferta externa. El cierre de numerosas plantas durante la década del setenta frente a las dificultades para competir con la competencia externa (que se hizo sentir sobre todo en el período 1978-81) se sumó a la reestructuración de las actividades de la rama frente a la crisis de 1989-90 y la renovada entrada de bienes importados a partir de la apertura externa posterior. Las empresas que permanecen tienden a exhibir mayor capacidad competitiva que antaño (basada en la renovación de equipos y la reducción de personal) aunque limitada por ahora al mercado interno. Esta opción se verifica en la disminución de algunas de sus exportaciones, revirtiendo la tendencia alcista (aunque de magnitudes muy pequeñas) registrada hacia mediados de la década del ochenta.

Las series de valor agregado de la rama de celulosa y papel no reflejan de modo adecuado el surgimiento del sector básico de producción de pasta y de papel de diario que no existía en 1970. La integración vertical de la rama en los aspectos productivos se vio favorecida por la modernización de varias plantas medianas y el cierre de instalaciones obsoletas. El conjunto de esos cambios modificó el perfil tradicional del sector y llegó a permitir una incipiente salida exportadora de sus excedentes de producción. Aún así, esta rama encuentra dificultades para competir en las condiciones actuales de la economía argentina. La caída de los precios internacionales de la pasta celulósica, y la enérgica competencia externa han llevado a la suspensión de varios proyectos de instalación de nuevas plantas programados hace años; algunas instalaciones permanecen a medio terminar y otros proyectos quedaron sólo en borradores de trabajo4.

La rama química exhibe un notable crecimiento dentro del producto industrial que se ve motorizado, especialmente, por la implantación local de la petroquímica que se consolidó en las décadas del setenta y ochenta debido a la maduración de los efectos de las políticas tradicionales de integración fabril. Esta rama cuenta ya con un polo integrado en Bahía Blanca (cuyas plantas se inauguraron entre 1981 y 1988) y otro de menor dimensión en Ensenada (al lado de una refinería de YPF que le provee de nafta virgen) aparte de varias unidades emplazadas en distintos puntos del país. La consolidación de la química más el ingreso de la petroquímica explica la mayor participación de la rama aunque la parte decisiva del aumento se origina en la producción de commodities en desmedro de otros productos más elaborados y de mayor valor agregado5.


Composición sectorial del producto industrial

(en % del total)





Sector

1970

1980-85

1990

1993

Alimentos, beb. y tabaco

21,6

21,2

24,6

23,5

Textiles

13,2

13,7

15,5

12,1

Madera y muebles

2,1

2,6

2,5

2,6

Papel

5,7

5,3

6,1

5,8

Químico y petroq.

13,6

17,9

21,o

25,4

Min. no metálicos

5,6

5,7

3,7

4,3

Metálicas básicas

5,o

4,4

5,8

3,4

Maq. y equipo

26,3

28,3

19,9

22,o

Otras

6,9

1,9

o,9

o,9

Total

100,o

100,o

100,o

100,o



Fuente: Estadísticas oficiales del producto. Los porcentajes de la columna para 1970 están hechas en pesos de 1970 y con las ponderaciones de entonces mientras que las otras están calculadas en pesos de 1986 y con las nuevas ponderaciones del producto industrial.

El avance de la petroquímica ha quedado detenido en su situación actual debido a los cambios de la política industrial que se analizan más adelante, de modo que su dinamismo previo no puede proyectarse linealmente hacia el futuro.

La rama de minerales no metálicos está formada, en esencia, por la elaboración de cemento, producto en el que se aprecia una capacidad instalada muy superior a la demanda que tiene ya un carácter estructural. En efecto, los programas de expansión de las instalaciones llevados a cabo en la década del setenta estaban basados en previsiones de crecimiento que no se cumplieron. Hoy, la capacidad instalada de diseño está en torno a las once millones de toneladas anuales de cemento frente a una producción que apenas superó la mitad de ese monto durante la última década (y solamente en algunas oportunidades) aunque ahora se aprecia una ligera tendencia ascendente. Los observadores estiman que esta rama es una de las pocas que mantiene elevada capacidad ociosa; es decir que puede aumentar su producción sin necesidad de efectuar inversiones adicionales gracias a esa disponibilidad (aunque quedan dudas sobre su presunta eficiencia en ese caso debido a que algunos equipos no han sido utilizados en el curso de más de una década).

La producción de metálicos básicos se ha fortalecido y racionalizado durante los últimos lustros aunque ese proceso dinámico no se refleja, en general, en los volúmenes que el sector arroja al mercado. En efecto, la integración vertical de las tres mayores plantas siderúrgicas (llevada a cabo en la década del setenta), sumada a la fusión de empresas, el cierre de instalaciones obsoletas, la inversión en nuevos equipos y la mayor especialización de la producción, permite observar una mayor eficiencia y productividad que redunda en la capacidad de exportar excedentes cuando el mercado local no los absorbe. La instalación de una planta productora de aluminio culminó la reorganización del sector que parece "maduro" dentro de un nivel de actividad más o menos estable. La carencia de materias primas estratégicas en el país (mineral de hierro, carbón coquificable, bauxita, etc.) ha dado lugar a un nuevo planteamiento sobre las perspectivas competitivas de la rama que ya no prioriza su desarrollo cuantitativo como antaño6.

La rama de maquinaria y equipo incluye un conjunto heterogéneo de actividades que presentan comportamientos disímiles. La sub rama principal es la automotriz donde se nota un estancamiento relativo en la década del setenta, un retroceso muy profundo a comienzos de los ochenta y una recuperación notable a partir de la aplicación del Plan de Convertibilidad. Las terminales de automóviles llegaron a entregar 300.000 vehículos en 1980 para caer a la mitad en 1981/82, su nivel de actividad se recuperó hasta 190.000 unidades en 1987 para derrumbarse a sólo 90.000 en 1990, una cantidad que ya no justificaba la existencia de plantas fabriles en el país al decir de uno de los responsables máximos de una de ellas. En 1991, la actividad se vio impulsada por el incremento de la demanda, donde se notaba la presión de la postergada renovación de unidades ocurrida en años anteriores. A pesar de la liberalización parcial de importaciones (que permitió que las unidades compradas afuera llegaran a representar un 20% del mercado) las terminales entregaron más de 300.000 vehículos en 1993 y se aproximara a los 400.000 en 1994 con tendencia sostenida. Las terminales son el núcleo principal que explica el crecimiento de las cifras de producción fabril en estos últimos años aunque surgen dudas sobre su aporte real en términos de valor agregado debido a los cambios en sus funciones de producción que serán tratados más adelante.

Las industrias de bienes de capital exhiben tendencias diferentes. La fabricación de tractores no volvió a alcanzar las cifras de la década del setenta, y lo mismo está ocurriendo con una serie de ramas que abastecían demandas de sectores de infraestructura (material ferroviario, barcos, equipos energéticos) debido tanto a los cambios provocados por las privatizaciones como a la caída de inversiones específicas. La fabricación de máquinas herramientas, que se había recuperado durante la década del ochenta de los efectos negativos de la primera apertura acelerada el exterior (1978-81), volvió a sufrir a partir de 1991 la competencia de los bienes importados. El resultado consiste en que su producción actual se ubica en apenas 30% de los valores registrados hacia 1987.

Las industrias de bienes de consumo durable, otros que automóviles, exhiben un aumento considerable de su actividad en los primeros años de la década del '90, en términos de cantidades entregadas al mercado, aunque se observa un menor valor agregado en cada unidad debido al reemplazo de ciertos insumos provistos por fabricantes locales por otros provenientes del exterior. El fenómeno se repite, en distinta proporción, en la fabricación de heladeras, lavarropas y otros bienes electrodomésticos; en todos ellos se registran valores máximos de despacho en los años 1992 y 1993 (por la influencia de la estabilidad de precios, el aumento de la demanda y la recuperación de la demanda atrasada) que no coinciden con una evolución semejante del valor agregado por esas ramas. En el caso especial de los bienes electrónicos (televisores, video grabadores y otros), el aumento de despachos coincide con una notable reducción de las actividades productivas locales que tienden a limitarse prácticamente al armado de piezas importadas7.

En resumen, la evolución de la rama metal mecánica sugiere un comportamiento heterogéneo donde se superponen núcleos de auge con otros estancados o en retroceso dentro de una tendencia global a la contracción de aquellas actividades que poseen elevado grado de tecnificación y el reforzamiento de las más simples de armado final.

La combinación de los procesos sucintamente señalados marca una tendencia general que presenta el mismo sentido que la metal mecánica. En la industria argentina se consolidaron en las últimas décadas las ramas de procesos más simples (aceites, metales, aluminio primario y petroquímica básica) que elaboran commodities, diversas actividades de montaje final (automóviles y otros bienes de consumo durable para el hogar), además de las transformadoras de bienes que ofrecen ventajas comparativas naturales (alimentos). En contraposición, en ese período se redujeron o tendieron a desaparecer las ramas que requieren de mayores esfuerzos tecnológicos relativos (máquinas herramientas, electrónica, tractores, etc.); su retroceso aparece en abierto contraste a cierto dinamismo propio que ofrecían a mediados de los setenta.

Industria argentina

Producción de algunos rubros seleccionados

(1980 a 1993)




Productos

Unidades

1980

1984

1987

1993

Dinámicos
















Aceite vegetal

miles de tns

870

1.575

2.026

2.705

Cerveza

miles de tns

2.329

3.970

5.847

10.305

Automotores

miles de unid.

275

165

190

310

Heladeras

miles de unid.

264

254

212

782

Vegetativos
















Harinas

miles de tns

2.438

2.771

2.986

2.931

Tractores

unidades

3.619

6.519

2.535

2.915

En retroceso
















Motores

unid

84.556

31.000

34.850

3.611

Tornos

miles de U$S







17.774

8.163

Vinos

miles hls.

21.072

20.112

18.341

14.560


Fuente: Informes del ministerio de Economía y Cámaras empresarias

Evolución del empleo fabril

El sistema estadístico nacional no procesa datos sobre la evolución del empleo en el sector industrial. Las encuestas de empleo y desempleo sólo ofrecen un panorama indirecto de la situación y las únicas cifras disponibles corresponden a los resultados de los censos económicos realizados en 1974 y 1985 que ya son muy antiguos. Esas informaciones serán actualizadas una vez que se cuente con los resultados del censo de 1994 que se está llevando a cabo en la actualidad. De todos modos, las inferencias disponibles permiten trazar un panorama global con suficiente certidumbre.

La ocupación fabril en 1973 era de 1.133.000 personas, 95% de la cual estaba en condiciones de "asalariada". Diez años más tarde, en 1984, el censo arrojaba 1.200.000 ocupados con un incremento de 6% en el período. El mero hecho de que la tendencia fuera positiva desconcertó a los analistas (debido al proceso de desarticulación industrial que el país había vivido entre 1977 y 1982) y llevó a estudios que demostraron que ese resultado era consecuencia de la caída del empleo en las grandes empresas, combinado con un incremento de la mano de obra ocupada en sectores donde operaban pequeñas y medianas con capacidad de adaptación a las nuevas condiciones macroeconómicas8. En todo caso, las cifras indican una tendencia de incremento de la ocupación de apenas el 0,5% anual en ese período; ese pobre ritmo ni siquiera se pudo mantener en la etapa siguiente.

Todas las informaciones disponibles indican que la industria expulsó mano de obra desde fines de 1987 a fines de 1990, en coincidencia con la profunda crisis de la actividad en ese período. Para peor, ella no contrató personal en una proporción adecuada a partir de la recuperación posterior. El incremento de la productividad que se logró en algunas fábricas, generada en buena medida por la llamada "racionalización" del uso de mano de obra, explica ese resultado aún cuando no pueda contarse con cifras suficientemente confiables.

El personal ocupado por la siderurgia, por ejemplo, se redujo de 47.000 personas en 1975 a 37.800 en 1984 (en ocasión del censo ya mencionado) y continuó cayendo hasta 21.600 en 1991 y a menos de 20.000 después de ese último año. La productividad de la mano de obra pasó de 47 toneladas de acero por persona ocupada en 1975 a 137 en 1991; la producción de laminados pasó de 64 a 130 toneladas por persona entre esas mismas fechas9.

Las terminales automotrices exhiben una evolución semejante con una caída de las 50.000 personas que empleaban a mediados de la década del setenta a poco más de 20.000 en pleno auge de las ventas en estos últimos años. En este caso, el aumento del número de unidades armadas por persona no puede leerse como un aumento de la productividad debido a la modificación de sus funciones de producción; el reemplazo de piezas fabricadas in situ por otras importadas es uno de los procesos que contribuyó a reducir el componente de valor agregado local junto con la modificación de la actividad en esas plantas10.

Los ejemplos se pueden repetir pero la tendencia es semejante. De ellos se puede concluir que la ocupación industrial argentina no resulta muy diferente (y quizás es menor) de los valores registrados para 1984. Dado que la mano de obra total en el país oscila alrededor de diez millones de personas se deduce que el empleo directo del sector fabril no supera el 12% de la misma, relación que se debería duplicar si se toma en cuenta el empleo indirecto a partir de contratos de obras y servicios solicitados por este11. En otras palabras, el total de la ocupación industrial sería del orden de los dos millones de personas y se magnitud sería o estable o ligeramente decreciente en los últimos tiempos12.

Las exportaciones sectoriales

Las exportaciones denominadas "industriales" de la Argentina se dividen en dos grandes categorías por razones que hacen a la estructura productiva local. Una agrupa a las exportaciones de manufacturas de origen agropecuario (MOA), que comprende las ventas al exterior de aceites y derivados, carnes y otras materias primas procesadas, cuyas ventajas comparativas derivan de razones naturales más que de la actividad fabril. La segunda categoría abarca a las manufacturas que se denominan de origen industrial (MOI) y comprende al resto de las ramas. El criterio no es sistemático y plantea problemas en algunos casos, como en los derivados del petróleo, donde también tienen presencia las ventajas naturales del país aunque no se trate de exportaciones tradicionales.

Las exportaciones de MOA presentan escaso valor agregado y sus montos de despacho dependen en buena medida de los precios de los bienes primarios que ellas incorporan. En consecuencia, el análisis debe volcarse sobre la evolución de las exportaciones de MOI. Estas exhiben una tendencia creciente de largo plazo, con fuertes oscilaciones coyunturales, combinado con un profundo cambio en su composición interna. Estos fenómenos se relacionan con los cambios señalados en la estructura fabril y deben ser tratados por separado.

Las exportaciones de MOI se duplicaron aproximadamente cada seis años desde 1974 hasta alcanzar caso 4 mil millones de dólares en 1990. La tendencia al alza vuelve a retomarse a partir de 1991 con un nuevo récord en 1993 y la estimación de un nuevo incremento para 199413. Esa evolución positiva disimula una serie de cambios ocurridos en la composición interna de ese flujo, a los que se suman nuevas transformaciones iniciadas en los últimos años.

La comparación de las exportaciones del trienio 1974-76 con el trienio 1988-90 señala el fuerte avance de las ventas de commodities al exterior, combinado con el retroceso de las operaciones de mayor sofisticación tecnológica. En efecto, las exportaciones de industrias básicas de hierro y acero, química y petroquímica, participaban en 17% de esas exportaciones en el primer período y saltaron al 35% en el siguiente. Además, los despachos al exterior de aluminio y derivados de petróleo, que eran inexistentes en 1974-76, surgieron hasta abarcar un 19,4% adicional de ese total. Es decir que ese grupo de actividades, caracterizado en especial por la producción de commodities, explicaba el 54,4% del total de MOI exportado a fines de la década del ochenta.

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