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La novela durante el Romanticismo


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TEMA 12: La novela durante el Romanticismo.
Durante el Romanticismo se desarrollan diversos subgéneros narrativos, como la novela histórica, la narrativa fantástica y de terror, la novela epistolar, la novela sentimental y la novela de aprendizaje.

En el primer caso, la novela histórica se caracteriza por ofrecer una recreación verosímil del pasado en la que coexisten personajes y sucesos inventados con otros de carácter histórico. El surgimiento de este género se relaciona con el desacuerdo con el mundo propio de los románticos y por su deseo de evasión de una realidad que no les satisfacía. Es consecuencia del rechazo del mundo burgués y la huida temporal hacia el pasado, hacia una Edad Media idealizada, concebida como un mundo de altos ideales y armonía social.

Destacan tres novelas. La primera es Ivanhoe (1819), del escocés Walter Scott, considerado iniciador del género. Esta obra se sitúa en el siglo XII durante los enfrentamientos entre sajones y normandos. La segunda es Notre Dame de París (1831), de Victor Hugo, que narra las desventuras del jorobado Quasimodo y se ambienta en el siglo XVI. El tercer caso es el de Los novios (1822), del italiano Alessandro Manzoni, ambientada en el siglo XVII, recurre a la técnica del manuscrito encontrado y narra las vicisitudes de sus dos protagonistas, enamorados.

La novela histórica fue también cultivada en España, con autores como Gil y Carrasco, Larra o Espronceda. Su relevancia de debe a que en su evolución da lugar a dos nuevas tendencias literarias. La primera es una derivación hacia la aventura, donde se busca acción trepidante más que recreación histórica y que parte de Los tres mosqueteros (1844), de Dumas padre. La segunda es la que incide en usos y costumbres y aumenta la sensación de realidad, dando paso a la novela realista. Pero, sin duda, desde el Romanticismo la novela histórica se convirtió en un género exitoso que ha sido cultivado hasta nuestros días, con numerosos títulos significativos.

El segundo subgénero exitoso es el de la novela fantástica y de terror, que responde precisamente al interés romántico por lo irracional y por el misterio. Su surgimiento se relaciona con la novela gótica practicada en Inglaterra, con obras como Los misterios de Udolfo, de Ann Radclife, pero ya en el romanticismo sigue practicándose con títulos como El vampiro (1819), de John William Polidori, que fue médico de Lord Byron, y especialmente Frankenstein o el moderno Prometeo (1818), de Mary Shelley, esposa de Percy B. Shelley. Esta última puede entenderse como una reflexión sobre los excesos del desarrollo científico. Podría, así, enmarcarse dentro del cuestionamiento romántico de la civilización, y constituiría, desde esta perspectiva, un antecedente de la ciencia ficción.

En otras nacionalidades también cabe destacar otros autores que cultivan este género. Es destacado, por ejemplo, en Alemania, muchas narraciones de E. T. A. Hoffmann como El hombre de arena. También hay escritores relevantes de este género en Norteamérica, como Washington Irving, con La leyenda de Sleepy Hollow, y Edgard Allan Poe, con La caída de la casa de Usher. A ellos podemos sumar otros nombres como el irlandés Le Fanu, el francés Gautier o el español Bécquer. El género seguirá siendo cultivado a lo largo del siglo por otros escritores como Guy de Maupassant o Bram Stoker, así como en la centuria siguiente por H. P. Lovecraft y más recientemente Stephen King.

El tercer caso es el e la novela de aprendizaje o Bildungsroman. Esta relata aquellas experiencias que conforman la personalidad y visión del mundo del protagonista a lo largo e su infancia, adolescencia o juventud. Destacan dos obras. La primera es Las aventuras de Wilhem Meister, de Goethe, y la segunda es Enrique de Oftterfind, de Novalis, publicada póstumamente y que funciona como respuesta a la obra de Goethe.

El cuarto caso es el de la novela sentimental, cuya principal representante es la británica Jane Austin, autora de seis novelas donde retrató un mundo social de la burguesía sonde trascurrió su vida, y donde destacan títulos como Sentido y sensibilidad. En esas obras el conflicto está protagonizado por mujeres en un ámbito doméstico y se opta por un tratamiento distanciado e irónico que han hecho de Austin una precursora de la novela realista.



Por último, destacó la novela epistolar, de amplia práctica ya en el siglo XVIII. En este género el lector conoce la evolución de la acción y del mundo interior de los protagonistas a través de cartas que se intercambian los personajes. Destacan tres títulos. El primero es Las penas del joven Werther, del alemán Goethe. El protagonista, tras recibir la noticia de que su amada se casa con otros personaje, decide suicidarse. La obra causó un gran impacto e incluso una hola de suicidios en Europa. El segundo caso es Últimas cartas de Jacopo Ortis, del italiano Ugo Foscolo, donde al fracaso amoroso se une el fracaso político al ver el protagonista que no se cumplen sus reivindicaciones por unir Italia. El tercer caso es Hiperión, de Hölderling, de rasgos muy similares a las dos anteriores: decepción amorosa y también política.

Como se puede ver, la novela durante el romanticismo continúa la expansión que ya inició durante el siglo XVIII en Inglaterra y Francia. Ahora se crecimiento se debe principalmente al surgimiento de los nuevos géneros aquí explicados, algunos de los cuales, como se ha indicado, tienen especial vigencia en nuestros días. Es pues, definitivo para explicar el éxito de este género durante el realismo y el naturalismo y el carácter omnímodo del que goza en la actualidad.


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