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La Naturaleza, y No la Actividad Humana Controlan al Clima


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7. ¿Cuánto conocemos Sobre el Dióxido

de Carbono en la Atmósfera?

¿Qué fracción del dióxido de carbono de las actividades humanas contribuyen al aumento observado del dióxido de carbono en la atmósfera y cuánto termina yendo a sumideros poco comprendidos? ¿Qué frac-ción es contribuida por un océano en calentamiento y qué fracción es absorbida por una biosfera en expan-sión?

Una desconocida liberación de gases asociada con un océano en calentamiento, cambiante intercambio entre las capas superficiales y el océano profundo (donde el carbono queda encerrado durante miles de años), una desconocida toma de la biosfera en un clima más cálido –todo contribuye con incertidumbres acerca de los escenarios futuros de las concentraciones del CO2 atmosférico.

La verdadera cuestión de política es: ¿Puede la tasa de aumento en la concentración del CO2 atmosfé-rico ser explicada con suficiente precisión, tomando cuenta de las varias fuentes y sumideros y las incertezas asociadas con ellos, para predecir los efectos de las reducciones ordenadas en las emisiones de GI? Es inte-resante que relativamente poca atención se le dado al control de los GI como el N2 y el CH4, que no están relacionados con el crecimiento industrial.




  • Las tendencias pasadas en niveles atmosféricos de CO2

son poco comprendidas y controvertidas.
Zbigniew Jaworowski [1994, 1992] ha señalado repetidamente a la no fiabilidad de la información sobre las muestras de hielo para establecer las concentraciones de CO2 pre-1958, creando así dudas sobre la magnitud de la contribución humana a las actuales concentraciones de CO2.

Ernst-Georg Beck, al ensamblar más de 90.000 mediciones pre-1958 del CO2 atmosférico que datan del siglo 19, ha mostrado variaciones bastante grandes, incluyendo un gran amento que coincide con un aumento de las temperaturas oceánicas desde 1920 hasta 1940 [Beck 2007]. Otros han disputado la signi-ficancia de estas mediciones; el asunto no ha sido totalmente resuelto todavía.

Por el otro lado, la observada distribución latitudinal del CO2, y su desarrollo en el tiempo, como se en las estaciones de monitoreo de CO2 en todo el mundo, proveen importante evidencia de un sustancial componente humano en el crecimiento del CO2. La Figura 21 muestra que las concentraciones de CO2 son mayores en el Hemisferio Norte, con el ciclo estacional disminuyendo en amplitud en el Hemisferio Sur, como sería de esperar. Pero el aumento secular de la amplitud del ciclo señala a una expansión de la bios-fera –presumiblemente como resultados de una fertilización por el CO2.

Mediciones de un aumento en la acidez del océano nos da poca información adicional sobre las fuentes del aumento del CO2. Aunque las altas concentraciones de CO2 reduce el pH del océano en alguna medida, aun permanece ligeramente alcalino; los valores del pH varían en el rango de 8,2 (en el Mar de Noruega del Atlántico Norte) a 7,9 (en el Pacífico Oriental y el Mar de Arabia) [Doney 2006]. No parece haber un inminente peligro de impacto sobre la formación de la carcasa de las criaturas marinas. Los efectos más temidos sobre el crecimiento de los corales no están apoyados por información real. [Lough y Barnes 1997; Fine y Tchernov 2007]

Se ha observado un aumento de la amplitud estacional del ciclo del CO2 que sugiere una fertilización por CO2 que está expandiendo a la biosfera y de tal forma creando una realimentación negativa, como se discutirá más abajo. Al informe del IPCC también le falta una discusión a fondo sobre la información nece-saria para analizar este asunto. Menciona [IPCC-AR4, p. 139] la gran incertidumbre (entre el 6 y el 39 por ciento) en la contribución al CO2 del cambio de uso de la tierra.

La información isotópica del carbono-13 parece ser adecuada para resolver este problema [Marchitto 2005, Bohem 2002]. De manera similar, la medida disminución del oxígeno atmosférico en el tiempo [Ke-eling 1992, 1996] no sólo verifica que los combustibles fósiles han sido quemados sino que hace claros algunos detalles del balance del CO2.

La Figura 22 muestra tendencias de las emisiones de CO2 por el uso de combustibles fósiles desde 1850 al 2000. Las emisiones crecieron a un ritmo de 4,4% anual desde 1850 hasta 1915, se redujeron a 1.3% desde 1915 hasta 1975, y finalmente se frenaron más todavía hasta 1,2% anual en el período desde 1975 hasta 2000, reflejando la expansión de tecnologías más eficientes en su uso de la energía.

L
a Figura 23 compara los cambios en las emisiones humanas de CO2 con los cambios del CO2 en la at-mósfera desde 1960. La fracción de emisiones retenida en la atmósfera varía de manera considerable y parece correlacionar con la temperatura del océano, el calentamiento de El Niño, y el enfriamiento de las erupciones volcánicas.


Figura 21: Niveles de CO2 versus latitud y tiempo [http://www.cmdl.noaa.gov/ccgg]. El nivel de CO2 atmosférico tiene un color de código de acuerdo a la escala. La información viene de la capa lindera marina. Notar la variación de la latitud, indicando un origen del CO2 en el Hemisferio Norte. Notar el aumento en la amplitud de la variación estacional, sugiriendo un aumento de la biomasa terrestre.


Figura 22: Crecimiento de las emisiones de CO2 (en megatoneladas anuales de carbono) de los combustibles fósiles [Marland 2007]. La curva superior da los valores totales y tasas de crecimiento como se muestra. Notar el rápido crecimiento del uso del petróleo y luego del gas natural. Nótese además que la escala vertical es logarítmica; un aumento expo-nencial de las emisiones aparecería por ello como “lineal”.





Figura 23: El crecimiento año a año del CO2 versus tiempo. El gráfico de barras muestra un au-mento en los niveles atmosféricos, un patrón irregular que correlaciona bien con los eventos cálidos El Niño, y eventos volcánicos enfriadores. Sin embargo, la liberación del CO2 por uso de combustibles fósiles (curva superior) aumenta lisa y suavemente [IPCC 2007, p. 516]. Presumiblemente hay variaciones con fuerte dependencia de la tem-peratura en la absorción del CO2 en el océano.



  • Las fuentes y sumideros del dióxido de carbono son poco comprendidos

Los actuales modelos del ciclo de carbono descansan sobre sumideros desconocidos para explicar las ten-dencias recientes. Se presume que estos sumideros adicionales no estaban funcionando antes de la indus-trialización y han emergido como consecuencia del aumento de la concentración atmosférica. Estos “sumi-deros faltantes” ¿ampliarán o disminuirán en el futuro la contribución humana al CO2 atmosférico?

Se ha asumido por convención que la diferencia entre el CO2 antrópico emitido y el aumento medido tiene que ser absorbido por el océano, suelos, y biosfera o parcialmente amortiguada en la parte superior mezclada del mar. Sin embargo hay muy poca información que apoye esto y la literatura habla sobre un “sumidero de carbono” no identificado –rebautizado como “sumidero residual en tierra” [IPCC-AR4 2007, p. 26]. Especulaciones recientes asignan a este sumidero a los bosques tropicales.

El aumento observado en el cambio estacional de la concentración de CO2 sugiere una creciente toma de CO2 por una biosfera en expansión y por el tampón oceánico en la parte superior mezclada del mar. Una liberación de gases desconocida (por salida de solución del CO2 de las aguas) asociada con un océano más cálido, un cambiante intercambio entre las capas superficiales y el océano profundo (donde el carbono queda encerrado por miles de años), una desconocida toma por parte del biosfera en un clima más cálido y húmedo, una creciente descomposición de la biomasa, como también algo de escapes de gas de suelos (permafrost), etc., llevan todos a incertezas en los valores futuros de la concentración del CO2 atmosférico.

Menos de la mitad de CO2 emitido como quema de combustibles fósiles permanecen en la atmósfera; el resto es absorbido por el océano o incorporados por la biosfera terrestre en proporciones similares. [Baker 2007]. Para comprender el rol relativo de diferentes partes de la biosfera terrestre como sumideros de carbono, se deben interpretar mediciones globales de la concentración de CO2 por medio de modelos de “inversión” para determinar la manera en que la toma, emisión y transporte contribuyen a las diferen-cias estacionales y regionales.

Estudios previos [IPCC-AR4 p. 522] han sugerido que debe existir un fuerte sumidero de carbono en el Hemisferio Norte, y que los trópicos son una fuente neta de carbono. Existe alguna evidencia, considerada controvertida, de detalla información de CO2 [Fan 1998] que Norteamérica es un sumidero neto de carbo-no [IPCC-AR4 2007, p. 523]. Sin embargo, Stephens [2007] informa que una distribución vertical global del CO2 en la atmósfera es consistente con esa interpretación pero son más consistentes con modelos que muestran un menor sumidero de carbono en el HN y posiblemente una fuerte toma de carbono en los trópicos.




CO2 es una gran fuente de incertidumbre
El rol jugado por un océano en calentamiento parece no estar cuestionado. La solubilidad del CO2 en el agua disminuye con una temperatura en ascenso –aproximadamente 4% por grado centígrado. Por ello, la capacidad de un océano para absorber CO2 disminuye –o al revés, un mar que se calienta le entregará CO2 a una atmósfera cálida. Las observaciones muestran que el aumento del CO2 atmosférico siguió (no lo pre-cedió) al rápido calentamiento al final de las pasadas glaciaciones [Fischer 1999] con un retraso de varios siglos –aunque el aumento del CO2 haya podido operar en un bucle de realimentación y contribuir a un posterior calentamiento.

Los detalles de este proceso son bastante complicados. El IPCC no lo discute más allá de mencionar que el CO2 es absorbido en las partes frías de los océanos y puede ser liberado en aguas ascendentes en las partes cálidas. Un adecuado tratamiento requiere conocer la detallada distribución de la temperatura del océano en latitud y longitud. Debe tomar en cuenta la circulación oceánica y cómo esto hace que las aguas ricas en CO2 de las profundidades suban hasta la superficie. También involucra conocer el grado de satu-ración de las masas oceánicas en función del tiempo y el espesor de la capa mezclada, muy probablemente una función de los vientos de superficie y del estado del mar.

El grado de absorción de CO2 por parte del océano depende de la diferencia entre la presión parcial del CO2 en la atmósfera y la presión que existiría si el océano y la atmósfera estuviesen en equilibrio. Le Quere [2007] informa que la tasa de absorción del Océano de Sur, una de las regiones absorbentes de CO2 más importantes del mundo, se ha frenado en relación a lo sería de esperar basados solamente en la rapidez con que la concentración del CO2 aumentó desde 1981. Ellos atribuyen esta pérdida a un aumento de los vientos en el Océano del Sur, convenientemente culpando al calentamiento global. Los autores predicen que esta tendencia continuará.
Conclusión: Mientras que, evidentemente, todavía existen muchos desconocimientos acerca de la vida media del CO2, fuentes, y sumideros, la abrumadora incerteza no está en la ciencia sino en los escenarios de emisión que dependen de muchas suposiciones socio-económicas.



8. Los Efectos de las Emisiones de

Dióxido de Carbono Son benignas

Las respuestas a preguntas en relación al origen del CO2 y adónde va son de obvia importancia en la pre-dicción con mayor precisión de la efectividad de los controles humanos de las emisiones de CO2. Pero no son ellas menos importantes como el conocimiento de los futuros consumos de los combustibles fósiles o los probables efectos de mayores concentraciones de CO2 sobre las plantas y vida silvestre del planeta.

En relación a lo primero, no hay razón para creer que el IPCC haya exagerado las furias tendencias de emisiones, invalidando las proyecciones de temperatura que descansan sobre la precisión de esos escena-rios de emisión. En relación a lo último, existe evidencia clara y convincente de que los mayores niveles de CO2, aun si acompañados por temperaturas mayores y cambios en las precipitaciones, podrían, en balance, ser más beneficiosos que perjudiciales.


  • Las estimaciones de futuras emisiones de CO2 antrópico son demasiado altas

El IPCC ha usado, esencialmente, la misma metodología para producir escenarios de emisiones en su AR4 como lo hizo para el TAR, una metodología que ha sido vigorosamente criticada por Ian Castles y David Henderson en 2003, por contener errores básicos en economía y el manejo de las estadísticas económicas, excluyendo de su consideración relevantes fuentes publicadas, y excluyendo a los economistas de sus pro-cesos de redacción y revisión por las pares [Castles y Henderson, 2003; Henderson 2005].

Para el AR4 [2007], el IPCC corrió simulaciones computadas para un escenario que apareció en el TAR (A2) y dos nuevos escenarios (B1 y A1B) [IPCC-AR4, p. 761]. El IPCC admite francamente en el texto del AR4, aunque no en el SPM, que existe considerable incerteza acerca de la confiabilidad de todos estos escenarios y de sus posibles efectos sobre el clima.

La incertidumbre en las predicciones del cambio climático antrópico surge en todas las etapas del proceso de modelado descritos en la Sección 10.1. La especificación de emisiones futuras de gases de invernadero, aerosoles y sus precursores es incierta (por ej., Nakicenovic y Swart, 2000). Es necesario entonces conver-tir esas emisiones en concentraciones de especies radiativamente activas, calcular el forzamiento asociado y predecir la respuesta de las variables del sistema climático como la temperatura de superficie y la preci-pitación (Figura 10.1). En cada paso, se introduce incertidumbre en ka real señal del cambio climático por errores en la representación de los procesos de los sistemas de la Tierra en los modelos (por ej., Palmer et al. 2005) y por la variabilidad interna del clima (por ej., Selten et al. 2004). … Tales limitaciones implican que la distribución de las futuras respuestas del clima del ensamble de simulaciones están ellas mis-mas sujetas a incertidumbres… [p. 797]

El IPCC exagera de manera grosera el aumento a largo plazo (pero no el de corto plazo) de las emisiones de los países pobres. Lo hace al convertir las estimaciones del Producto Bruto Interno para naciones ricas y pobres en una sola moneda (dólar EEUU) usando las tasas de cambio del mercado en lugar del poder de compra de cada país. Este método sobrestima la disparidad de la línea base del ingreso. Porque el IPCC proyecta que las naciones pobres alcanzarán o aún superarán a las ricas en su ingreso per cápita al final del siglo, la disparidad inflada en las posiciones iniciales significa que tiene que ocurrir una mayor actividad económica, y que se liberarán más gases de invernadero a la atmósfera.

L
a suposición que los países pobres crecerían tan rápido como el IPCC predice es totalmente implausible y no tendría precedentes en la historia del mundo. Por ejemplo, el IPCC predice que toda Asia aumentaría sus ingresos reales en un factor de 70 a 1, mientras que los ingresos en el rápidamente creciente Japón han aumentado sólo en un factor de 20 a 1 en el siglo 20. De acuerdo con las muy conservadoras líneas del IPCC, el PBI per cápita en los EEUU en 2100 sería sobrepasado por Estonia, Latvia, Lituania, Corea del Norte, Malasia, Singapur, Hong Kong, Libia, Algeria, Túnez y la Argentina. [Castles y Henderson 2003].



Figura 24: CO2 en el fanerozoico. Las concentraciones de CO2 en los últimos 600 millones, en partes por millón (izquierda) y como múltiplos (hasta un factor de ~20) de la actual concentración (derecha). El pasado período de 400.000 años está comprimido en una pequeña tira en la izquierda. Los puntos representan la infor-mación, y las líneas a varios modelos [Hayden 2007]. Nótese la significativa tendencia en los niveles del CO2 en los últimos 200 millones de años.


  • Mayores concentraciones de CO2 serán benéficas para la vida de plantas y animales

Una extensa literatura científica documenta el hecho de que aumentos del CO2 dan lugar a muchos cam-bios que son benéficos. En el pasado geológico, los niveles de CO2 han sido muchas veces mayores que en el presente (Figura 24) y han sustentado una gran flora y fauna [Berner 1997; Berner y Kothaulla 2001; IPCC-AR4 2007, p. 441].

Las plantas usan CO2 para producir la materia orgánica con la que construyen sus tejidos. Los mayores niveles de CO2 en el aire permiten que las plantas crezcan más grandes, produzcan más ramas y hojas, ex- pandan sus sistemas de raíces, y produzcan más flores y frutos [Idso 1989]. Los experimentos de laborato-rio muestran que un aumento de 300 ppm del contenido de CO2 típicamente eleva la productividad de la mayoría de las plantas herbáceas en un tercio [Kimball 1983; Idso 1992]. Unos 176 experimentos en árboles y otras plantas leñosas revelan un aumento del crecimiento del 48 por ciento para un aumento de 300 ppm en el CO2 atmosférico [Porter 1993; Ceulemans y Mousseau 1994; Wullschleger et al. 1995, 1997].

Los mayores niveles de CO2 causan que las plantas produzcan menos estomas en sus hojas por unidad de área de superficie de la hoja, y que abran menos esos poros [Woodward 1987; Morson 1987]. Estos cam-bios tienden a reducirla tasa de pérdida de agua por transpiración de las plantas, permitiéndoles resistir mejor las condiciones de sequía [Tuba et al. 1998]. Permitiendo que la vegetación terrestre comience a recuperar las tierras perdidas por la desertificación [Idso y Quinn 1983].

Por último, el enriquecimiento con CO2 de la atmósfera ayuda a las plantas soportar los efectos negativos de una cantidad de otros estreses ambientales, incluyendo alta salinidad del suelo, altas temperaturas del aire, baja intensidad de luz, niveles bajos de fertilidad del suelo [Idso e Idso 1994], estrés por bajas tempera-turas, [Boese et al. 1997], estrés oxidante [Badiani et al. 1997], y el estrés de herbívoros (insectos y pastoreo de animales) [Gleadow et al. 1998].

H
an surgido preocupaciones por que los arrecifes de coral podrían ser dañados por las crecientes emi-siones de CO2 a través de una acidificación de los océanos del mundo inducida por el CO2. Pero un estudio de las tasas de calificación de colonias de coral Poritas en la Gran Barrera de Arrecifes de Australia (GBA) halló que “el siglo 20 ha sido testigo del segundo período más alto de calcificación por encima de promedio en los últimos 237 años” [Lough y Barnes 1997]. La investigación por los mismos autores encontró que las tasas de calcificación de la GBA estaban relacionadas linealmente con la temperatura media anual de la superficie del mar, de modo que “un aumento de 1º C en la temperatura media anual de las SST aumentó las tasas de calcificación en 0.39 g/cm-2/año-1.”


Figura 25: Valores de temperaturas altas extremas registradas, estado por estado, en los Estados Unidos desde 1880 [Hart 2007]- Nótese el pico alrededor de 1940 pero no durante las décadas recientes; sugiere que los años de 1930 –no de los años 90, fueron los más cálidos de l siglo 20.
Es muy posible que las temperaturas más cálidas del océano aumenten la calcificación de los arrecifes de corales “debido a un refuerzo en el metabolismo del coral y/o un aumento de las tasas de fotosíntesis de sus algas simbióticas” [McNeil et al. 2004]. Este proceso impulsado biológicamente podría tomar cuenta de la capacidad del coral para sobrevivir a grandes cambios de la temperatura en el curso de millones de años.

La evidente supervivencia de los osos polares y otras especies, de capas de hielo polares y glaciares, y de los corales demuestran todas que las temperaturas más altas no han sido catastróficas, como muchos pare-cen temer. En contraste, un clima más frío ciertamente sería más perjudicial. Si un clima más cálido fuese también perjudicial, entonces la lógica parece dictar que el clima actual es óptimo –una ocurrencia poco probable.


Las altas concentraciones de CO2 no son responsables

de extremos del tiempo, tormentas o huracanes


Según el IPCC, “Es muy probable que los eventos extremos calientes, olas de calor, y grandes precipitacio-nes continuarán siendo más frecuentes” [IPCC-AR4, SPM, p. 12]. Este argumento está expandido en el informe principal. La frase “continuarán siendo más frecuentes” implica que estos eventos ya se han vuelto más frecuentes. Pero, ¿lo han hecho?

Hall [2007] ha revisado la información del clima para los 50 estados de los EEUU; su gráfica de la can-tidad de temperaturas máximas récord van hasta 1884 (Figura 25). La gráfica muestra 25 temperaturas máximas extremas registradas en 1934 y 29 en 1936, pero ninguna en 2003, 2004, o 2005. No hay eviden-cia en los registros de los EEUU de que las temperaturas máximas extremas estén en aumento.

Las olas del calor en Europa pueden ser casi enteramente explicadas por una ocurrencia más frecuente de anomalías en la circulación (más flujos desde el sur). El rol del CO2 como causa de esas anomalías en la circulación está pobremente comprendido, haciendo imposible en estos momentos una atribución.

También hubo un intenso debate sobre si un clima más cálido llevará a tormentas más severas y a más frecuentes y/o más intensos ciclones tropicales. En relación con las tormentas, las afirmaciones de que los eventos de grandes precipitaciones en los EEUU aumentaron entre 1900 y 1990 [Karl y Knight 1998] no han podido suministrar evidencia que el aumento haya tenido algo que ver son los gases de invernadero o con la temperatura, en particular desde que hubo una ligera disminución de las temperaturas durante ese período. Tampoco se han observado en Alemania aumentos en las máximas anuales de precipitaciones de 24 horas en los últimos 50 años [DWD, Servicio Nacional del tiempo de Alemania], la Península Ibérica [Gallego te al. 2006] o en partes de China [Wu et al. 2007].

Parece muy plausible que valores más altos en las SST podrían producir huracanes más fuertes [Em-manuel 2005; Emmanuel y Mann 2006]. Pero los registros históricos de los huracanes del Atlántico no apoyan esa predicción [Goldenberg et al. 2001; Landsea 2005, 2006, 2007]. Un reciente trabajo por Vecchi y Soden [2007] sugieren que un clima más cálido podría conducir a un aumento del cizallamiento vertical del viento, lo que podría impedir el desarrollo de ciclones tropicales (o huracanes).

Y en relación a las tormentas en latitudes medias, un calentamiento global llevará a una disminución de los gradientes de temperaturas entre el ecuador y los polos y por consiguiente a menos y/o menos intensas tormentas [Legates 2004, Khandekar 2005].





9. Es Muy Probable Que Los Efectos Económicos

de un Calentamiento Modesto Sean Positivos
Las preocupaciones de que un calentamiento global antrópico resulte en un daño para la salud humana y su bienestar, aseguran sus conexiones entre un modesto aumento en la temperatura y un aumento de la morbilidad y mortalidad debido al estrés por calor, la extensión de las enfermedades tropicales como la malaria y la fiebre del dengue, y los efectos negativos del calentamiento sobre algunas industrias. Hay muy poca evidencia para apoyar estas afirmaciones, y una considerable cantidad de evidencia que apoyan la conclusión opuesta, de que las temperaturas más cálidas beneficiarán a la salud humana y la prosperidad.


  • La salud humana se beneficia de las temperaturas más altas

En las regiones templadas, la mortalidad y morbilidad humana tiende a mostrar claras máximas en el invierno y máximas secundarias en los veranos. Mientras que la máximas secundarias son más pronuncia-das en regiones con climas veraniego más cálidos, como en el sur de los EEUU y el sur de Europa, en esas regiones también las máximas secundarias son menores que las máximas de invierno. Un calentamiento de hasta 3º C en los próximos 100 años sería, en balance, benéfico para los humanos porque la reducción de la mortalidad/morbilidad en tiempos de invierno sería varias veces más grande que el aumento en los veranos de la morbilidad/mortalidad relacionada con el “golpe de calor” [Laadi 2006, Keatinge 2000].

La afirmación que la malaria podría extenderse en un clima más caliente ha sido severamente criticada por Paul Reiter, profesor, Instituto Pasteur, Unidad de Insectos y Enfermedades Contagiosas, París, Fran-cia, quien señala que la incidencia de malaria depende una cantidad de factores, muy pocos de ellos relacio-nados con el clima o la temperatura. Históricamente, la malaria estuvo extendida a lo largo y ancho de muchas áreas en las regiones templadas y aún frías de las latitudes medias [Reiter 2005].



Impactos Anuales Estimados en EEUU

De una Duplicación del CO2

(Miles de millones de us$ 1990)


Sector 2060

Economía

Economía 1990

Impactos Estimados en sectores de mercados

Agricultura

+$41.4

+$11.3

Madera

+$3.4

+$3.4

Sólo mercados de recursos de agua

- $3.7

-$3.7

Energy

-$4.1

-$2.5

Estructuras costeras

-$0.1

-$0.1

Pesca comercial

-$0.4 a +$0.4

-$0.4 a +$0.4

Total (sectores mercado)

+$36.9

(+0.2% del PBI 2060)



+$8.4

(+0.2% del PBI 1990)




Impactos Estimados en Sectores No Mercado

Calidad del agua

-$5.7

-$5.7

Recreación

+$3.5

+$4.2
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