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La Naturaleza, y No la Actividad Humana Controlan al Clima


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Figura 7: Tendencias de temperatura predichas por mo-delos de gases de invernadero versus latitud y altitud; este gráfico es la Figura 1.3F del CCSP 2006, pag. 25, y también aparece en la Figura 6 del actual informe. Nóte-se que el aumento de las tendencias de temperatura en la troposfera tropical media, en concordancia con tam-bién con el resultado del IPCC [IPCC-AR4 2007, p. 675]


Figura 8: En contraste, las tendencias de temperatura observadas versus latitud y altitud; esta es la Figura 5.7E del CCSP 2006, p. 116. Estas tendencias están basadas en el análisis de datos de las radiosondas por el Hadley Center y están en buena concordancia con los análisis correspondientes de los Estados Uni-dos. Nótese la ausencia de un aumento en las tenden-cias de temperatura en la troposfera tropical.


on la disponibilidad de información de calidad más alta, especialmente de los globos sonda y los satélites, y con modelos mejorados de GI, se hizo ahora posible de aplicar el método de la ‘huella dactilar’ de una manera más realista. Esto se hizo en un informe emitido por el Programa Ciencia del Cambio Climático de EE.UU (CCSP) en abril de 2006 –haciéndolo inmediatamente disponible para el IPCC para su Cuarto In- forme AR4- y permite la comparación más realista de las ‘huellas dactilares’ [Karl et al. 2006].

El informe del CCSP es un desprendimiento de un informe de la Academia Nacional de Ciencias (NAS) “Reconciliando Observaciones de Cambios Troposféricos Globales” publicado en enero de 2000 [NAS 2000]. Ese informe del NAS comparaba las tendencias de temperaturas de superficie y troposféricas y concluía en que no pueden ser reconciliadas. Seis años más tarde, el informe del CCSP expande considerablemente el estudio del NAS. Es esencialmente un informe especializado que enfrenta el tema más crucial en el debate del CGA: ¿Es el actual calentamiento antrópico o natural?

El resultado del CCSP es inequívoco. Mientras que todos los modelos de GI muestran una tendencia en aumento del calentamiento con la altitud, haciendo pico alrededor de los 10 km a unas dos veces el valor de la superficie, los datos de la temperatura de los globos sonda muestran el resultado opuesto: ningún aumento del calentamiento, sino más bien un ligero enfriamiento con la altitud en la zona tropical. Ver las figuras 7 y 8 de más arriba, tomadas directamente del informe del CCSP.

Inexplicablemente, el Resumen Ejecutivo del informe del CCSP reclama que hay concordancia entre los patrones observados y los calculados, lo contrario de lo que el mismo informe documenta. Intenta desechar el obvio desacuerdo mostrado en el cuerpo del informe al sugerir que podría haber algo errado con la información de los globos sonda y los satélites. Por desgracia, mucha gente no lee más allá del resumen y han sido, por ello, engañados para creer que el informe del CCSP apoya al calentamiento antrópico. No lo hace.

La misma información también puede ser expresada ploteando la diferencia entre la tendencia de super-ficie y la de la troposfera para los modelos y para la información [Singer 2001]. Como se ve en la Figura 9a y 9b, los modelos muestran un histograma de valores negativos (es decir, tendencias de la superficie menos la tendencia de la troposfera) indicando que el calentamiento atmosférico será mayor que el calentamiento de la superficie. En contraste, la información muestra principalmente valores positivos para la diferencia en tendencias, demostrando que el calentamiento medido está ocurriendo principalmente en la superficie y no en la atmósfera.

La misma información se puede expresar de una manera diferente, como se ve en el estudio de investi-gación de Douglass et al. [2204, 2007], mostrado en la Figura 10. Los modelos muestran un aumento de las tendencias de temperatura con la latitud, pero las observaciones muestran lo contrario.



El desacuerdo entre las ‘huellas dactilares’ observadas y las calculadas falsifica de manera clara la hipótesis del calentamiento global antrópico (CGA). Por consiguiente tenemos que concluir en que los gases de invernadero de origen antrópico pueden contribuir de una manera muy menor al calentamiento actual, que tiene un origen principalmente natural.

El IPCC está conciente de esta evidencia en contrario pero ha tratado de ignorarla o desear que no exis-tiese.


Disparidad entre las Tendencias de Temperaturas Observadas y Modeladas





Figura 9a: Otra manera de presentar la diferencia entre tendencias de temperatura de superficie y las de la troposfera inferior; esta es la Figura 5.4G del CSSP, p. 111. Los resultados del modelo muestran una dispersión de valores (histogramas); los puntos de la información muestran los valo-res de las tendencias de globos sonda y los satélites. Nótese que el resultado de los modelos casi no se solapa sobre las tendencias realmente observadas. (La desviación aparente del análisis RSS de la información de los satélites permanece todavía sin explicación). Figura 9b: En contraste, el resumen ejecutivo del informe del CCSP presenta la misma información en la Figura 9a en términos de ‘rango’ y muestra un ligero solapado entre las tendencias de temperatura modeladas y las observadas [Figura 4G, p. 13]. Sin embargo, el uso de ‘rango’ es claramente inapropiado [Douglass et al. 2007] ya que le da valores indebido a los datos fuera del rango (o “outliers”).
El SMP del IPCC-AR4 [2007, p. 5] distorsiona los resultados claves del informe CSSP: “Nuevos análisis de las mediciones de los globos sonda y los satélites de las temperaturas de la troposfera baja y media muestran tasas de calentamiento que son similares a las de las de los registros de la temperatura de superficie, y son consistentes dentro de su propia incerteza, reconciliando en gran medida la discrepancia observada en el TAR”. ¿Cómo es esto posible? Se hace, en parte, usando el concepto de ‘rango’ en lugar de la distribución estadística mostrada en la Figura 9a. Pero ‘rango’ no es una medida estadística robusta porque le da valores indebidos a los resultados de los ‘outliers’ [datos fuera del rango]. (Figura 9b). Si se usaran robustas medi-ciones estadísticas mostrarían una probabilidad excesivamente baja de cualquier solapado de las tenden-cias de temperatura observadas y modeladas.

Si se toman seriamente los resultados de los modelos de los GI, entonces la ‘huella dactilar’ de los GI sugeriría que las verdaderas tendencias de la temperatura de superficie debería ser de sólo el 30 al 50 por ciento de las tendencias observadas en los satélites/globos sonda en la troposfera. En ese caso, se llegaría a una tendencia de calentamiento de la superficie mucho más reducida, un insignificante efecto invernadero antrópico, y un mínimo calentamiento de los GI en el futuro.






Figura 10: En este ploteo se da una visión más detallada de la disparidad entre las tendencias de temperatura (en ºC/década) versus la altitud en los trópicos [Douglass et al. 2007]. Los modelos muestran un aumento en la tendencia de calentamiento con la altitud, pero las observaciones de globos sonda y los satélites no.



  • El registro de la temperatura global no es confiable

De hecho, es más probable que los datos de la superficie estén equivocados, o que los modelos compu-tados estén errados –o ambas cosas. Muchos investigadores han comentado sobre la dificultad para tener acceso a la información original, lo que permitiría una verificación independiente del análisis del IPCC de las temperaturas de superficie de tierra firme.



F
igura 11:
Una demostración del efecto de ‘isla de calor urbano’: Ha sido demostrado que las tendencias observadas de las temperatura de superficie en las estaciones meteorológicas de California dependen de la densidad de la población: (A) Condados con más de 1 millón de habitantes, (B) 100k a 1 millón, (C) menos de 100k, respectivamente [Goodridge 1996]. Pero nótese que las tres [Densidad Alta, Media y Baja] muestran un ascenso de temperatura hasta 1940, seguido de un pronunciado enfriamiento.




Figura 12: El número de (a) estaciones meteorológicas mundiales y (b) cajas de la grilla [Peterson y Vose 1997]. La curva superior (sólida) muestran las estaciones que proveen ‘valores medios’; la curva de rayas muestra las estaciones que proveen valores ‘max-min’. El ascenso y descenso de las cajas de la grilla cubiertas (de 5º x 5º) que suministran ‘valores medios’ (línea sólida) y valores ‘max-min’ (línea de rayas). La cobertura parece será bastante pobre dado que el número posible de cajas de grilla es 2592.
Las objeciones a la información de la superficie son demasiado numerosas para analizarse aquí con detalle [ver Lo, Yang, Pielke 2007; McKitrick y Michaels 2004, 2007]. Ellas han sido muy vigorosamente critica-das por fracasar en controlar de manera suficiente los efectos de las ‘islas de calor urbano’ –el hecho de que el asfalto, edificios, unidades de aire acondicionado, y otras partes de la vida urbana causan un calen-tamiento que nada tiene que ver con los gases de invernadero. Un estudio de las estaciones de temperatura en California no encontró calentamiento en los condados rurales, un ligero calentamiento en condados suburbanos, y un rápido calentamiento en los condados urbanos (Figura 11). [Goodridge 1996]

Otra crítica al registro de temperaturas es la pobre distribución geográfica y el muestro. La cantidad de estaciones ha variado enormemente durante el tiempo y ha disminuid marcadamente desde los años 70, especialmente en Siberia, afectando al homogeneidad del conjunto de datos (Figura 12). DE manera ideal, los modelos requieren de por lo menos un punto de medición para cada 5º de latitud y longitud – 2.592 cajas de grilla en total. Con la declinación en la cantidad de estaciones, el número de cajas de grilla cubier-to ha disminuido también –de 12.000 a 600, una declinación en cobertura del 46 por ciento al 23 por ciento de la superficie de la tierra firme del planeta. Más todavía, las cajas de grilla cubiertas tienden a estar en las regiones más pobladas.

Recientemente fue descubierto por McIntyre [2007] un error de NASA-GISS en el análisis de la infor-mación de superficie para los Estados Unidos. Como resultado el año 1934 emergió como el más cálido del siglo 20 para los Estados Unidos, y la década de 1930 como la más cálida.

Se ha obtenido por medio de boyas, y en cantidad creciente, más información sobre las temperaturas de la superficie de los océanos (SST) –sacando a la superficie un diferente conjunto de problemas que surgían de fuentes no homogéneas de información. La información de los globos sonda pueden sortear algunos de estos problemas, pero solamente los satélites proveen una cobertura global verdadera y un conjunto homogéneo de datos para la atmósfera de la Tierra.

Finalmente, existe una cuestión general sobre cómo definir una tendencia en vista de su dependencia de la elección de un intervalo de tiempo apropiado. Este problema se hace más difícil por la ocurrencia de frecuentes calentamiento de El Niño y enfriamientos volcánicos.
T
emperatura Global de la Troposfera Inferior, 1978-2007


Figura 13: Temperaturas de la troposfera baja versus tiempo en la información MSU-UAH de los satélites. (a) Global; (b) Hemisferio Norte; (C) Hemisferio Sur; (d) Trópicos [20ºN-20ºS]; 8e) Tierra; (f) Oceanos [Christy et al. 2007]. Nótese la ausencia de una tendencia significativa antes de 1997 y después de 1998. Evidentemente, los valores lineales de la tendencia (en ºC/década) dependen de la elección del intervalo de tiempo.

Por ejemplo, a menudo se afirma que el clima se ha calentado durante el siglo 20 –pero sin mencionar que el calentamiento hasta 1940, comparado con la fría Pequeña Edad de Hielo, fue casi seguramente de un origen natural, y que hubo un enfriamiento desde 1940 hasta 1975 (Figura 4a) cuando los niveles de CO2 estaban creciendo con rapidez. Hasta el calentamiento a fines del siglo 20 podría no ser real. La tendencia global derivada desde 1979 de la información satelital, depende mucho de la elección de una fecha final. La Figura 13 muestra el registro completo de los satélites. Uno puede legítimamente concluir que no hubo una tendencia al calentamiento ante de 1997, luego un pequeños pero súbito salto en 1998, seguido de otro intervalo de casi ningún calentamiento desde 2001.




  • El calentamiento global anterior a 1940 no fue causado por el hombre

La mayoría está de acuerdo en que las señales de calentamiento pre-1940 indican que se trata de una recuperación desde la Pequeña Edad de Hielo y no fue causada por los GI sino por fuerzas naturales, entre las que la variabilidad solar sea posiblemente la más importante. Sin embargo el IPCC en 2001 [IPCC-TAR p. 716] todavía citaba a un estudio que mantiene que la causa es antrópica. Ese análisis [Wigley et al. 1998] estaba basado en un peculiar acercamiento estadístico que ha sido criticado como espurio. [Tsonis y Elsner 1999]

Otra manera de mostrar que este análisis está equivocado es dividir la información en períodos pre-1935 y post-1935, y luego aplicar el método estadístico de Wigley. Los resultados para el período post-1935 co-rresponden a aquel los derivados de un cálculo de modelo sin forzamiento (es decir, sin aumento de GI). Esto va en contra de las expectaciones y también sugiere que el período pre-1935 no es antrópico.
Conclusión: La afirmación de que el hombre es la causa primaria del reciente calenta-miento no está apoyada por la ciencia. La evidencia científica citada por el IPCC es larga-mente contradicha por las observaciones y los análisis.



3. La mayor parte del calentamiento

moderno tiene causas naturales
Si las influencias humanas sorbe el clima global son menores, ¿cuáles son las influencias mayores? Hay muchas causa para el cambio climático global, cada una dependiendo de la escala de tiempo considerada. En una escala de tiempo de décadas a centurias, las variabilidad solar podría ser el factor más importante. También hay oscilaciones naturales de origen interno, especialmente a escala regional, que tampoco pare-cen estar conectadas con causas humanas.

Las oscilaciones naturales del clima más prominentes son la Oscilación del Atlántico Norte (NOA), la Oscilación Multi-Decadal (MDO), la Oscilación Decadal del Pacífico (PDO), y El Niño/Oscilación del Sur (ENSO). El informe del IPCC las describe bien y les asigna a oscilaciones internas del sistema atmósfera-océano. Es significativo, sin embargo, que ellas no pueden ser pronosticadas por los modelos climáticos convencionales, aunque se hicieron intentos de incorporarlas en los pronósticos climáticos para mejorar la habilidad de predicción [Smith 2007; Kerr 2007]. Por otro lado, esto pueden muy bien ser meros intentos de proveer de soluciones tipo “bandita curativa” para explicar la ausencia de una tendencia al calentamiento desde 1998.

Tsonis et al. [2007] analizan índices de patrones de circulación a gran escala, como ENSO, PDO, NAO; ellos obtienen el giro climático de 1976/77 como debido a una combinación de estos índices y muestran un nuevo giro hacia el 2035.


  • El rol de las influencias solares sobre el clima no puede ser ya negadas

El IPCC ha sido deshonesto acerca de las influencias del sol sobre el clima. Su primer informe ignoró com-pletamente a la variabilidad solar. El IPCC comenzó a anoticiarse después del trabajo pionero de Baliunas y Jastrow [199o], y la sorprendente correlación entre las temperaturas del siglo 20 y el largo del ciclo solar, publicado por Friis-Christensen y Lasse [1991]. Aún entonces, los informes del IPCC han persistido hasta ahora en concentrarse sobre los cambios en los ciclos solares como “irradiancia total” (TSI), que son bastan-te pequeños, en el orden de 0,1 por ciento. [Lean et al. 1995; Willson y Mordinov 2003]. Al no considerar o ignorar los mucho más grandes cambios en el ultravioleta solar [Haig 1996, 2003] o los cambios del viento solar y los efectos de su campo magnético sorbe los rayos cósmicos y por ello sobre la cobertura nubosa [Svensmark 2007], el IPCC ha conseguido trivializar los efectos de la variabilidad solar.

El informe AR4 redujo al ya demasiado bajo impacto solar del IPCC en un factor de cuatro o tres, de modo que se convirtió en un mero 1/3 de la influencia antrópica. El IPCC no discute ni hace referencias a estudios de investigación básicos en este campo (de Veizer, Shaviv, y en cierta medida, Svensmark). Tal omisión es difícil de justificar en un informe que afirma ser la evaluación más definitiva y completa del cambio del clima.

Sin embargo, esta negación podría no ser ya aceptable. La demostración de la influencia solar sobre el clima es ahora abrumadora. Una de las demostraciones claves se en la Figura 14 [NET et al. 2001], que resume la información obtenida de una estalagmita de una cueva en Omán. Las variaciones en el Carbono-14 son una clara indicación de correspondientes cambios en los rayos cósmicos galácticos (GCR), que son modulados por las variaciones en la actividad solar. Los valores del oxígeno-18 son proxys para un pará-metro climático, como temperatura o precipitación, a partir de un desplazamiento de la Zona de Conver-gencia Intertropical (ITCZ). La correlación se extiende más allá de los 3.000 años, con una asombrosa-mente detallada correspondencia. El gráfico inferior muestra a los 400 años centrales expandidos y es preciso en casi una base anual, haciendo que la relación causa-efecto sea muy posible.


Actividad Solar y el Clima (vista por proxys)
Figura 14: Valores de carbono-14 (producido por los rayos cósmicos –pro lo tanto un proxy para la actividad solar) correlaciona extremadamente bien con el oxígeno-18 (proxy del clima): informa-ción de una estalagmita en Omán [NET 2001]. El intervalo de tiempo cubre más de 3.000 años, desde alrededor de 9600 a 6200 años antes del presente (BP). El gráfico inferior muestra un in-tervalo temporal particularmente bien resuelto desde 8350 a 7900 años BP. Sería difícil explicar esta correlación tan detallada excepto a través de la modulación de los rayos cósmicos por cam-bios en el viento solar y la actividad magnética [Singer 1958]. El mecanismo por el que los rayos cósmicos influencian al clima de la Tierra es muy posiblemente un cambio en la nubosidad, como lo ha sugerido Svensmark [2007a, 2007b].
La mejor explicación para estas obser-vaciones y otras similares, es que –ha sido reconocido desde hace mucho [Singer 1958] – la intensidad de los GCR es modulada por la fuerza del viento solar y su campo magnético. Más recientemente, se ha su-gerido un detallado mecanismo donde los rayos cósmicos afectan a la nubosidad y por consiguiente al clima, efecto verificado experimentalmente por Henrik Svensmark [2007a,b]. Trabajos más detallados tendrán lugar bajo el proyecto CLOUD propuesto por un grupo de científicos del CERN, el acelerador de partículas más grande del mundo.
Lockwood y Fröhlich [2007] han afirmado la existencia de una divergencia entre la irradiancia solar total (TSI) y la temperatura en los pasados 20 años; pero esta afirmación es disputada por expertos solares y del clima. Por ejemplo, evidencia de efectos climáticos de la TSI en tiempos más recientes es presentada por Scafetta y West [2007], y de la actividad solar por Usoskin y Kovaltsov [2007]. Shaviv [2002, 2005] ha demostrado el efecto sobre el clima de las variaciones en el flujo de los Rayos Cósmicos Galácticos en una escala de 100 millones de años. Ver también Shaviv y Vesier [2003].
Ahora hay muy pocas dudas de que la variabilidad del viento solar es la causa primaria del cambio cli-mático en una escala decadal de tiempo. Una vez que el IPCC acepte este descubrimiento, habrá concedi-do que la variabilidad solar provee de una mejor explicación para el calentamiento del siglo que los efectos de los GI. En verdad, la variabilidad solar podría explicar al calentamiento pre-1940 y al subsiguiente pe-ríodo de enfriamiento, el Período Cálido Medieval y la Pequeña Edad de Hielo –y a otras cuasi periódicas oscilaciones con un período de aproximadamente 1500 años, remontándose a un millón de años o más [Singer y Avery 007].



4. Los Modelos del Clima No Son Confiables
En su informe de 2001 el IPCC admitió que, “En la investigación del clima y el modelado, debemos reconocer que estamos enfrentados con un sistema caótico no-lineal acoplado, y por consiguiente que la predicción del clima futuro a largo plazo no es posible.” [IPCC-TAR 2001, p. 774] Además, como se ha demostrado en la Sección 3, el sistema climático de la Tierra está sujeto a significativas y cambiantes in-fluencias más allá de la Tierra misma que no son bien comprendidos y no pueden ser controlados.

Los modelos de computadora sin duda alguna tienen su lugar como una manera de proyectar posibles consecuencias cuando una o más variables son cambiadas. Pero los modelos no representan la realidad, y sin embargo el IPCC persiste en tratarlos como si ellos pudieran hacerlo. El IPCC y sus predecesores han adoptado sensibilidades climáticas (para una duplicación de los niveles de CO2) de entre 1,5º a 4,5º C. Pero los verdaderos resultados del modelo exceden estos límites ‘canónicos’ tanto en mínimos como en máximos; los resultados de algunos modelos están en el rango de 11ºC.




  • Los modelos de computadora no consideran la disminución o el aumento del brillo del sol

Los actuales modelos no consideran a la observada disminución del brillo del sol y al post-1985 aumento en su actividad. [Wild 2005b; Stanhill 2007]- Los modelos existentes no toman en cuenta la existencia de los “apagadores” del vapor de agua (WV) (moléculas dobles de H2O) [Paynter et al. 2007] y su absorción atmosférica de la radiación solar entrante en el infrarrojo cercano, que podría conducir a una realimenta-ción negativa a medida de que la concentración del vapor de agua aumente en la troposfera baja.




  • Los modelos computados no modelan con precisión al rol de las nubes

Las diferencias entre el resultado de los modelos son grandes y surgen en su mayoría del tratamiento de las nubes y la algo arbitraria elección de los parámetros relativos a ellas, de manera notable la distribución del tamaño de las gotitas [Senior y Mitchell 1992], que afectan fuertemente el albedo de las nubes. La ma-yoría de los efectos de la variación en los parámetros son causados por un pequeño subconjunto de pará-metros; por ejemplo, la elección de coeficientes de arrastre en las nubes está asociada con 30 por ciento de la variación vista en la sensibilidad climática [Knight 2007].

La naturaleza caótica del clima hace surgir problemas especiales. Pequeños cambios en las condiciones originales conducen a resultados bastamente distintos. Para sortear esta característica bien reconocida, los modeladores recurren a múltiples corridas de los programas (‘simulaciones’), que posteriormente son ‘promediadas’ en un ‘ensamble’. El problema se transforma entonces en uno de convergencia, de manera especial cuando un resultado difiere mucho con los demás. [Lucarini et al. 2007]. Un problema adicional surge cuando se trata de promediar a lo largo de diferentes ensambles de modelos, algunos basados hasta en 10 corridas del programa, algunos en una sola.

Como se observó previamente, los actuales modelos de GI no concuerdan con la distribución latitudinal observada en las tendencias de temperatura. En particular, un podría esperar que la producción de aeroso-les de sulfatos en el Hemisferio Norte (NH) debería crear una reducida tendencia al calentamiento allí –o hasta un enfriamiento. Las observaciones han demostrado todo lo contrario.


En general, los modelos no consideran de manera realista la ausencia de homogeneidad geográfica del forzamiento, especialmente para los aerosoles. Las tendencias polares no concuerdan con las expectativas de los modelos y pueden ser explicadas con mayor facilidad por los forzamientos solares [Soon 2005]. Los modelos revisados por el IPCC no emplean cifras de crecimiento realistas para el GI metano [Dlugokencky 1998] y no consideran al forzamiento resultante causado por los cambios futuros en la estratosfera a partir del aumento del vapor de agua y la disminución del ozono [Singer 1971; Shindell 2001].
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