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La música de John Dowland (1563-1626) ha sido definida como


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La música de John Dowland (1563-1626) ha sido definida como Semper dolens (siempre doliente), pero compuso gran variedad de canciones profanas, casi todas de tema amoroso por las que, curiosamente, hoy es mucho más conocido.

Dowland publicó su primera antología de "lutesong", esto es, canciones para ser interpretadas exclusivamente por laúd y voz, en 1597 y bajo el título de Songes or Ayres. Pero en vista del potencial mercado que se abría en el campo de la música, declaró que: "... estaban escritas de tal forma que o bien en su conjunto o cada parte por separado, podían ser interpretadas por laúd, orpharion o viola de gamba". Dowland autorizó incluso combinaciones entre voces e instrumentos en el que éstos sustituían aquellas voces que faltaban, o servían de apoyo a la voz de los cantantes poco seguros de sí mismos. Era música además concebida para uso social y profano, para ofrecer un máximo de ligereza y ser interpretada con suavidad. También, evidentemente, para ser adquirida, toda vez que en aquella época no existían aún los conciertos públicos y sólo disfrutaban de la música los que tenían el gusto y el dinero necesario para practicarla ellos mismos. Solían hacerlo ayudados de servidores musicales que vivían en la casa y eran reclutados por su talento musical. Es decir, los músicos que no tenían el genio suficiente para tocar en la corte, lo hacían en las casas de la pequeña nobleza en el campo o de una emergente clase media proveniente del comercio. De ahí venía la necesidad de componer piezas que pudieran ser usadas por varios instrumentos y voces. Era mucho más fácil venderlas y la libra era la libra. También era frecuente que las clases más pudientes tuviesen sus propios salones de música, sus bibliotecas especializadas y un conjunto de instrumentos musicales.


*Cantamos sólo los que está en color verde.
Come again
Come again!
Sweet love doth now invite,
Thy graces, that refrain
to do me due delight,
To see, to hear, to touch, to kiss, to die
With thee again in sweetest sympathy.

Come again!


That I may cease to mourn
Through thy unkind disdain.
For, now left and forlorn
I sit, I sigh, I weep, I faint, I die
In deadly pain and endless misery.

All the day


The sun that lends me shine
By frowns doth cause me pine
And feeds me with delay;
Her smiles, my springs that makes my joy to grow,
Her frowns the winter of my woe.

All the night,


My sleeps are full of dreams,
My eyes are full of streams,
My heart takes no delight.
To see, the fruits, and joys, that some, do find
And mark the storms are me assigned.

But alas,


My faith is ever true,
Yet will she never rue
Nor yield me any grace;
Her Eyes of fire, her heart of flint is made,
Whom tears nor truth may once invade.

Gentle love,


draw forth thy wounding dart,
Thou canst not pierce her heart.
For I that do approve,
By sighs, and tears, more hot than are thy shafts,
Did tempt, while she for triumphs laughs.

Traducción

Regresa
¡Regresa!
Dulce amor, ahora me invitas
Con tus gracias, que se niegan
A ofrecerme el placer que me es debido.
Para ver, oír, tocar, besar, morir
Contigo de nuevo en la más dulce armonía.

¡Regresa!


Para que pueda cesar de llorar
Por tu cruel desprecio,
Ahora que estoy en soledad y desamparo.
Me siento, miro, lloro, desfallezco y muero
Con sufrimiento mortal y miseria sin fin.

Todo el día,


el sol que me presta su brillo
Al hacerme fruncir el ceño, me hace morir de pena.
Y me consume muy despacio.
Sus sonrisas son las primaveras que aumentan mi alegría.
sus enfados, el invierno de mi aflicción.

Toda la noche,


mi descanso está poblado de sueños,
Mis ojos están llenos de lágrimas
Y mi corazón no siente placer alguno.
Al contemplar que los frutos y alegrías que algunos encuentran,
en mi provocan sólo tormentas.

Pero aunque


mi confianza se mantiene firme.
Ella nunca se arrepentirá,
Ni me concederá un solo favor.
Sus ojos están hechos de fuego, su corazón, de pedernal
que no se desmorona ni la verdad puede invadirlo nunca.

Dulce amor,


Lanza tu dardo que hiere;
Pero no podrás atravesar su corazón,
Porque yo, he aquí la prueba,
Con suspiros y lágrimas más ardientes que tus flechas
Lo he intentado, mientras ella se ríe de su triunfo.


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