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La izquierda en construcción: por una refundación radicalmente democrática y anticapitalista de iu-cm


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La izquierda en construcción: por una refundación radicalmente democrática y anticapitalista de IU-CM
VIII Asamblea de IU-CM, Madrid 28 y 29 de Marzo de 2009.


1. Un debate necesario.

1.1. Una Asamblea para el cambio y la democracia.

1.2. Un nuevo escenario político y económico.

1.3. Una crisis de dirección.


2. La situación política, económica y social en Madrid.

2.1. La Comunidad de Madrid.

2.2. Clase y política en la Comunidad de Madrid.
3. Refundar Izquierda Unida, converger con la izquierda política y social.

3.1. Cambiar de etapa y buscar soluciones.

3.2. Rumbo a la refundación.

3.3. Un planteamiento inicial para la refundación.

3.4. Una hoja de ruta para la Refundación.
4. Un rearme programático.

4.1. Democratizar la economía frente al sistema capitalista de mercado.

4.2. Una defensa consecuente del sector público y el modelo económico alternativo.

4.3. Una alternativa a la crisis.


5. Propuestas hacia fuera: converger con la izquierda para cambiar la sociedad.

5.1. Revitalizar las Asambleas de Base.

5.2. Mayor seguimiento e intervención en la conflictividad laboral.

5.3. Denunciar la especulación en Madrid.

5.4. Compromiso con la lucha feminista.

5.5. Defender los derechos de las personas migrantes.

5.6. Reencuentro con los movimientos sociales.

5.7. Relanzar el trabajo político en la Universidad.

5.8. Impulso a las redes sociales de comunicación de la izquierda.

5.9. Ecologismo político: pensar y vivir de otra manera.

5.10. Por un Madrid democrático.

5.11. Defender todos los servicios públicos a través de la movilización social.

5.12. Alternativas sociales ante la crisis: debate, movilización y huelga general
6. Propuestas hacia dentro: cambiar la organización para refundar Izquierda Unida.

6.1. Potenciar las Asambleas de Base

6.2. Creación de un censo de personas liberadas.

6.3. Feminizar la política e Izquierda Unida.

6.4. Renovación y relevo generacional.

6.5. Transparencia y publicidad de los debates y las decisiones en Izquierda Unida.

6.6. Apuesta por la democracia participativa y las primarias.

6.7. Una nueva política de comunicación y desarrollo de la Web 2.0.

6.8. Una estructura organizativa con menos órganos pero más eficientes.

6.9. Reconocer y gestionar la pluralidad interna.

6.10. Apostar por Madrid-Ciudad.

6.11. Solucionar el problema de los censos.



6.12. Una militancia sostenible, conciliable y atractiva.

1. Un debate necesario
1.1. Una asamblea para el cambio y la democracia
Izquierda Unida, también IUCM, lleva más de diez años inmersa en una crisis que nos ha llevado a una fuerte pérdida de influencia política e institucional, a un progresivo alejamiento de nuestra base electoral y de los movimientos sociales y, lo más grave, a una fuerte pérdida de militancia y de capacidad organizativa. Una dinámica que nos han puesto al borde de la desaparición.
El proceso que ha llevado a la celebración de al IX Asamblea Federal de IU ha sido cualquier cosa menos fácil, ha estado marcado por una profunda división interna, sin documento oficial y sin unos censos asumidos por todos y todas. En algunos momentos ni siquiera estaba claro que fuéramos a llegar de manera unitaria a la celebración de la asamblea.
Afortunadamente el resultado de este proceso ha supuesto el inicio de un nuevo ciclo político para IU. Todavía queda mucho por hacer y hay evidentes peligros de involución, lo nuevo no ha terminado de nacer y lo viejo no ha terminado de morir. Pero la IX Asamblea Federal ha aprobado poner en marcha un proceso de refundación y de convergencia social que, si somos capaces de llevarlo a cabo, sentará las bases para la recuperación de IU.
¿En este contexto cómo debemos encarar la VIII Asamblea Regional de IU-CM? Desde luego hay que responder que de forma responsable, siendo conscientes de que, esta vez sí, nos jugamos la existencia de la organización. Pero sobre todo la encaramos en positivo, sabiendo que está en nuestra mano recomponer IU y refundar la izquierda alternativa en Madrid.
Tenemos claro que esta debe ser una asamblea de unidad, es evidente que nuestra militancia y nuestra base social no van a aguantar más confrontación interna, mucho menos cuando la coyuntura social nos exige total dedicación a la defensa de los derechos de las y los trabajadores. ¿Pero qué queremos decir con esto? ¿Estamos hablando de una lista única? ¿De otra componenda en la que no se ponga encima de la mesa ninguno de los retos fundamentales de la organización? ¿Que se escondan las diferencias para evitar tensiones?
Cuando hablamos de unidad no queremos decir ni uniformidad, ni ausencia de debate, ni diplomacia “secreta”. Queremos decir respeto a la pluralidad y a las normas democráticas, lealtad y búsqueda del bien común por encima de los intereses particulares.
Pero no habrá unidad sin democracia. No volveremos a ilusionar a nuestra militancia sin acabar con los métodos que nos han llevado a esta situación. No será posible reconstruir la organización con prácticas clientelares, censos inflados, expulsiones injustificadas, etc. No hay democracia si no se cumple el principio de una persona un voto, y ninguna dirección será legítima mientras no solucionemos colectivamente estos problemas. No podemos permitirnos cerrar otra asamblea sin avances claros por lo menos en tres asuntos como son la limpieza de censos, la reglamentación de las primarias y la elección de candidaturas así como otros déficits democráticos.
Tampoco habrá unidad sin cambio y renovación. En una situación como la que estamos el inmovilismo no es una opción, es urgente renovar los órganos de dirección, tanto desde un punto de vista generacional como político. Esta organización cuenta con una nueva generación de militantes que han demostrado su capacidad tanto en responsabilidades internas, como en cargos institucionales o al frente de movimientos sociales; y es necesario que den un paso adelante y asuman responsabilidades en la próxima dirección. Hay relevo, y es el momento de darlo, este proceso debe rejuvenecer un núcleo dirigente que está completamente agotado políticamente.
Pero principalmente esta Asamblea regional debe suponer un cambio en la política, sin complejos, ni imposturas, como plantea el documento aprobado en la asamblea federal. Los objetivos son claros: (re)construir una fuerza política alternativa de izquierdas con un programa claramente anticapitalista, con la meta de construir una sociedad socialista en el siglo XXI y recuperar IU como Movimiento Político y Social (MPS), verdaderamente plural y participativo, que base su fuerza en la movilización y en su unidad de acción. Desde estos supuestos queremos construir una fuerza capaz de organizar un sujeto político alternativo que rompa con las políticas capitalistas, y con unas formas y modos de hacer política oligárquicos y al servicio de los grandes poderes económicos y mediáticos. Esto significa construir el socialismo del siglo XXI, para lo cual es necesario unir lo que desde el poder han ido enfrentando: democracia, clases populares y emancipación social. Esto significa elaboración de un programa anticapitalista, construcción de la III República y defensa Estado Federal. Pero también significa beber de los viejos y nuevos movimientos sociales e incorporar a acervo tradicional el compromiso feminista, el proyecto ecologista y las luchas de nuevos sujetos por sus derechos. Pretendemos por tanto reconstruir IU, refundarla desde la elaboración programática y regenerarla democráticamente. Este es nuestro compromiso.
1.2. Un nuevo escenario político y económico.
La crisis de Izquierda Unida se desarrolla en el contexto de una grave crisis del capitalismo mundial, lo que obliga a IU a reinventarse a si misma interpretando a la vez a una sociedad en profunda crisis. Después de un largo período de crecimiento económico, que en el Estado español ha supuesto más de 15 años de ciclo alcista, los sueños de que el sistema había superado sus crisis se disipan como el humo y la reivindicación del socialismo debe volver a estar en el orden del día.
Cuando entre la “izquierda adaptada al sistema” ha alcanzado su cénit la tendencia a considerar al mercado capitalista como el más eficiente mecanismo de asignación y creación de riqueza, la propia población representante de la clase dominante reclaman la ayuda del dinero público. La patronal española pide un “paréntesis en el libre mercado” y que el Estado intervenga en apoyo de las empresas, a la par que reclama más recortes de los derechos del sector asalariado. En definitiva, plantean defender su tasa de beneficios a costa de las y los trabajadores y del erario público, lo que es lo mismo, pues irá en detrimento de los gastos sociales.
La paradoja es que, mientras la patronal arroja por la borda el credo neoliberal y reconoce asustada las limitaciones del mercado, el Gobierno que preside José Luis Rodríguez Zapatero ensalza las virtudes del libre mercado. Una vez más, se evidencia que la dirección del PSOE carece de una alternativa capaz de defender los intereses de la clase trabajadora ante la crisis, que ya está golpeando a los sectores más débiles. Además, llueve sobre mojado, pues el crecimiento del desempleo se une a un magro Estado del bienestar, drásticamente recortado en época del PP, en pleno furor neoliberal, y que el Gobierno socialista ha sido incapaz de atender adecuadamente en la pasada legislatura a pesar del auge económico. Con la crisis, se harán más evidentes y dramáticas todas sus carencias.
En Madrid, la derecha profundiza en su política de agresiones a la Sanidad, Educación y a todos los servicios públicos en general, poniendo cada vez más los recursos públicos al servicio del negocio privado.
Por todo ello, cuando cobra vigencia la reivindicación del socialismo ante las consecuencias funestas de la crisis del capitalismo, es más patente que nunca la importancia y necesidad de una fuerza como Izquierda Unida. Estamos plenamente convencidos u convencidas del potencial de nuestra organización, pero también de que IU sólo tiene sentido, y futuro, como una fuerza consecuentemente radicalmente democrática y anticapitalista, es decir: socialista, democrática y republicana.
Recuperar esas ideas, dándoles una expresión programática y práctica coherente, es una condición necesaria para dejar de estar a la defensiva de los ataques del sistema y ser capaces de pasar a la ofensiva, desarrollando una alternativa que defienda los intereses de la clase obrera , los sectores más desfavorecidos y los sujetos que carecen de derechos. Esa es la tarea de IU, levantar una alternativa política consecuente al capitalismo y contribuir con ello a la recuperación del movimiento obrero.
1.3. Una crisis de dirección
En estos años, tanto la dirección federal como la dirección saliente de IU-CM han sido incapaces de desmarcarse coherentemente del Partido Socialista por la izquierda, preparar a la organización para el cambio de ciclo económico con un programa anticapitalista y, por último, propiciar un régimen interno radicalmente democrático capaz de alentar la participación de los compañeros y compañeras. La situación de IU es producto, en última instancia, de una crisis de dirección con todo lo que ello comporta: la decadencia ética, política y organizativa del proyecto.
Hay una crisis política que se refleja en la falta de coherencia entre nuestro ideario y nuestra práctica. Cuando hablamos de socialismo hemos de concretar a qué nos referimos, sino queremos vaciar de contenido las palabras. Si algo ha de caracterizar nuestro proyecto es la democratización de la economía, la defensa de la socialización de los grandes medios de producción como única forma de hacer viable una planificación democrática de la economía, en función de las necesidades sociales y en equilibrio con el medio natural. Y es necesario actuar de forma consecuente a esas ideas. No podemos declararnos partidarios del socialismo en los periodos de asamblea para guardarlo en un cajón apenas entramos en las instituciones. Ni podemos oponernos a las privatizaciones y abogar por el desarrollo del sector público sin cuestionar —cuando no respaldar— el mantenimiento de los centros educativos privados concertados o sanitarios, o participar en gobiernos municipales que privatizan. No es una buena práctica que una organización que defiende la nacionalización de la banca y el desarrollo del sector público dé por buena la gestión de la cuarta entidad financiera del país, Caja Madrid, cada vez más cercana a la de un banco privado.
Y hay una crisis organizativa. Es menester reconocer que la profunda degradación en la democracia interna que ha sufrido nuestra organización, ha sido un factor decisivo en provocar el alejamiento de gran parte de la militancia. Es una necesidad vital para la buena salud de una fuerza como IU el respeto escrupuloso a la democracia interna. Una organización que persigue la transformación de la sociedad está necesariamente conformada por compañeras y compañeros profundamente críticos con toda forma de opresión e imposición de cualquier clase de poder. La unidad en la acción de IU sólo puede surgir del compromiso de la militancia tras el debate y la decisión democrática de la misma. Si nuestras compañeras y compañeros sólo se sienten como números en un mercado de censos, si piensan que sólo se les quiere para pegar carteles o llenar los mítines, y carecen de voz y voto efectivo en el funcionamiento cotidiano de la organización, se alejarán de la misma.
La otra cara de este debilitamiento de la militancia interna ha sido la institucionalización de la organización. Sin duda, la representación institucional es extraordinariamente importante pero sólo una parcela más de la labor de IU, nuestras y nuestros representantes en ellas deben actuar conforme a lo que decida el conjunto de la organización. Si la situación es la contraria, el resultado final es un debilitamiento de la organización y, finalmente, también una caída drástica de la representación institucional, como nuestra experiencia atestigua rotundamente.
La primera tarea es volver a atraer a la militancia cotidiana a tantos miles de compañeras y compañeros que se han alejado durante estos años pasados, desalentados y desanimados por la situación de la organización y la pésima gestión que la Dirección Regional ha demostrado en cuestiones capitales como la democracia interna, la coherencia discursiva y la fontanería permanente con el único fin de asegurar que se imponían sus posiciones en las asambleas de distrito, locales, comarcales y sectoriales no afines. Al tiempo, hay que dar cauce a las y los activistas de los movimientos sociales, vecinales y laborales, —sobre todo a la juventud— muchos de los cuales ya miran hacia IU en búsqueda de una alternativa. Se trata de volver a consolidar nuestra organización, echando sólidas raíces en el movimiento obrero y los otros movimientos sociales, convirtiéndonos en la expresión de la rebeldía que se acumulará, y crecerá, en el conjunto de la sociedad.


2. La situación social, política y económica en Madrid
2.1. La Comunidad de Madrid
Madrid ha visto como su economía incrementaba su productividad y rendimientos durante años por encima de la media del país, pero ese crecimiento ha ido acompañado de una agudización de las desigualdades sociales. La causa de ello ha sido el aumento de la explotación de la clase trabahadora, en general, y de los/as inmigrantes, en particular. El acceso al crédito, el aumento general de la contratación —aunque en precario— ha enmascarado la progresiva pérdida de poder adquisitivo y el retroceso en los derechos laborales que han experimentado las trabajadoras y los trabajadores en Madrid. Igual que el auge de la economía benefició sobre todo a una minoría de la sociedad, la crisis no reparte sus consecuencias equitativamente, sino que se ceba en las situaciones de mayor debilidad. Todo este proceso de degradación de las condiciones de los/as trabajadores/as en nuestra comunidad ha sido impulsado por el afianzamiento en los órganos de dirección de la Comunidad de Madrid y numerosos ayuntamientos de una generación de dirigentes políticos cuya ideología se nutre de una suerte de capitalismo neoliberal castizo, que ha hecho del dinero, la competitividad y el ladrillo, y no de las personas, los ejes de todas sus políticas.

El crecimiento de las desigualdades sociales es, en última instancia, una expresión de una realidad que hoy parece haberse olvidado: el sistema capitalista se funda en la explotación de la clase trabajadora. Y, con la crisis, se mostrará con más crudeza el conflicto entre la clase trabajadora y la patronal.


La especulación urbanística y las privatizaciones han sido las principales señas de identidad de los gobiernos de la derecha neoliberal, tanto en la Comunidad como en los municipios, dando lugar a un modelo de crecimiento que ha propiciado en nuestro territorio la manipulación informativa, la corrupción y la compra de voluntades. Puesto que ha llegado a su fin el ciclo alcista de la construcción de viviendas, con todo su correlato de corrupción, —y aunque no renuncian a seguir exprimiéndolo hasta la última gota— se aprestan a compensarlo con más dinero público, con más privatizaciones, para seguir brindando terreno rentable para los negocios a las grandes empresas. La patronal madrileña ya le ha pedido al Gobierno de la Comunidad que profundice en la política de privatizaciones y Esperanza Aguirre, a pesar de su tradicional perorata liberal, da una vuelta de tuerca más al saqueo del erario público. La crisis se convierte en un argumento más para continuar poniendo las finanzas y los recursos públicos a disposición de las grandes empresas. La sanidad, la educación, el agua, el suelo… todo es inmolado en el altar del beneficio privado. La política de Ruiz Gallardón no es sustancialmente distinta a la de su adversaria de partido, pues con palabras más amables realiza las mismas prácticas expoliadoras de los recursos públicos.
Semejante actuación no hace sino cebar una bomba de relojería social, particularmente en los barrios obreros más depauperados, donde se acumulan carencias crónicas en todos los terrenos. Si el auge atemperaba o disimulaba las profundas desigualdades sociales, la crisis las agudiza y expone en toda su crudeza.
Esta situación volverá a brindar una ocasión a IU-CM, puesto que se hará sentir con más fuerza la necesidad de una alternativa de izquierdas a la crisis, pero eso no es algo automático, sino que debemos ser capaces de llevar a cabo una política y actuación adecuadas. IU no puede limitarse a recapitular la lista de agravios sociales del gobierno de la derecha y a exigir diálogo para resolver unos problemas que la derecha no puede solucionar. Tampoco puede limitarse a ir a remolque del movimiento social, esperando cosechar sus votos en las siguientes elecciones.
Hemos de ser conscientes de que el conjunto de la izquierda llega profundamente maltrecha a este momento. La dirección del Partido Socialista de Madrid (PSM) está atrapada por su asunción plena del capitalismo, que la desarma políticamente al haber abandonado la confrontación con la derecha en aspectos socio-económicos, por estar inmersa en prácticas privatizadora y desideologizada, para ser las cuestiones morales, religiosas o de identidad sus únicos objetos de confrontación política directa. Si tuvieran voluntad de frenar la política sanitaria de la derecha en Madrid lo tendrían muy fácil, bastaría con derogar la ley estatal 15/97 que permite semejantes prácticas. Pero ¿qué harían en las comunidades donde gobiernan y mantienen los conciertos privados educativos y sanitarios? La propuesta de la dirección socialista es sólo la cara amable de una política económica muy similar y esa es la explicación, en última instancia, de la falta de mordiente de su actividad de oposición.
Las direcciones sindicales se aferran a la consigna del diálogo cuando no existe la más mínima esperanza de frenar los planes de la derecha basándose en el supuesto “efecto balsámico” del mismo. El PP no es parte de la solución sino del problema, pues actuará siempre de la manera más propicia para la patronal a la que representa y de la que forma parte. Sólo la movilización más firme y decidida y, finalmente, la derrota electoral del PP puede abrir las puertas a un cambio en esta situación.
Mientras, sólo cabe llamar a las cosas por su nombre y trabajar activamente para desarrollar esa movilización, empezando por promover la unificación de la lucha de los trabajadores del sector público contra la política de la derecha.
La primera carencia de la izquierda en estos momentos es la falta de una alternativa socialista, frente a la derecha y a la política de conciliación con el sistema de los y las actuales dirigentes del PSOE. Es ahí donde IU puede y debe jugar un papel decisivo levantando una propuesta que, a medio y largo plazo, sea capaz de unir la defensa de los intereses más inmediatos de las trabajadoras y los trabajadores y de los sectores populares a un proyecto de sociedad totalmente distinta a la capitalista, y que, a corto plazo, ilusione y cohesione en las filas de IU a los sectores más conscientes del movimiento.
Hoy la clase trabajadora es más numerosa que nunca en nuestra comunidad, a la vez que más compleja y diversa. Esta complejidad se ve especialmente intensificada por la llegada en los últimos años al área urbana del gran Madrid de un millón de (potenciales) trabajadores/as que han llegado de diferentes partes de África, Europa o América. Hemos de ser conscientes de que durante estos años ha habido un fuerte retroceso del movimiento obrero en su conjunto y que sólo a través de su experiencia en la lucha, podrá ir superando las divisiones y fuertes debilidades que hoy existen. Nuestra organización se enfrenta al reto de ser capaces de contribuir a esa recuperación del movimiento obrero, de su fuerza y conciencia de clase.
Todo este análisis sobre la situación social en nuestra Comunidad no pude olvidar que nos encontramos ante un nuevo Madrid, un Madrid mestizo, multiétnico, que desborda los anclajes tradicionales de la capital como crisol de todo lo “español” para pasar a conformarla como un área cosmopolita a escala global. Lamentablemente, en esta nueva Comunidad de Madrid, en esta nueva realidad social, se han profundizado las diferencias sociales y económicas, con una población foránea considerada como de segunda clase y en donde no se han generado los suficientes espacios de encuentro común. Lo que para nosotros y nosotras, hombres y mujeres de Izquierda Unida, ha sido una oportunidad para ampliar nuestra riqueza social, ha sido hasta ahora considerado con cierto desinterés, si no desprecio, por las principales fuerzas políticas de la región, aunque afortunadamente esta dejadez política e institucional hacia los y las migrantes todavía no ha desembocado, como en buena parte de Europa, en el auge de una fuerza de extrema derecha de fuerte calado xenófobo, posibilidad esta que de momento parece taponada por el papel que juega el PP y por el crecimiento que este partido ha experimentado en la última década en zonas de clase trabajadora y tradicional voto de izquierdas —aunque, dialécticamente, la derecha está fomentando las condiciones para el desarrollo de las ideas xenóbofas—. Por otra parte, el crecimiento de una fuerza españolista como es UPD va a cooperar, de momento, al freno de opciones de extrema derecha xenófoba ya que, aunque esta nueva fuerza política se encuentra alejada de posturas racistas o extremas, puede atraer voto españolista y potencialmente “Lepenista” gracias al apoyo coyuntural que recibe de la caverna mediática.
Lo que es un hecho es que el nuevo contexto que supone el acceso al derecho al voto que paulatinamente van a ir teniendo la nueva población madrileña, por arraigo o cambios normativos, hace que estemos asistiendo a un repentino acercamiento de las grandes estructuras políticas hacia la nueva ciudadanía. Este proceso de acercamiento se va a intensificar en los próximos meses, por lo que IU debe estar en primera línea, no solo para defender los derechos de estos nuevos ciudadanos y nuevas ciudadanas, sino también para denunciar el oportunismo, el doble lenguaje y el fariseísmo de las grandes fuerzas políticas.
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