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La Inteligencia Emocional: Cualidad Indispensable en la Empresa


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La Inteligencia Emocional: Cualidad Indispensable en la Empresa
por: Mtra. Lilly Kainz de Nava


¿Disfruta estar consigo mismo(a)? ¿Le gustaría despertar cada día con mucho entusiasmo? ¿Quisiera comunicarse mejor con sus compañeros(as) de trabajo y su jefe(a)? ¿Hay algo que pueda hacer para sentirse mejor?
La Inteligencia Emocional no es un tema nuevo. Seguramente hemos escuchado o visto libros al respecto, pero su actualidad e importancia van en aumento, porque los resultados de las investigaciones han corroborado que su práctica provoca cambios sustanciales en la productividad de las empresas.
Los desafíos que enfrentan las compañías en la época actual requieren que las personas se encuentren altamente capacitadas, no sólo en su área de competencia (tecnología, ventas, servicios), sino también y muy especialmente en el manejo inteligente de las emociones.

Los estudios muestran reiteradamente que ciertas cualidades emocionales hacen una diferencia sustantiva en la productividad del personal. A cualquier nivel, desde los puestos más altos, hasta quienes se desempeñan en funciones de mantenimiento, las personas se ven afectadas por sus reacciones emocionales, evidentes en las relaciones con clientes, proveedores, jefes, subalternos o colaboradores.

La vida diaria nos brinda múltiples ejemplos de personas que aun cuando son altamente estimadas por sus conocimientos o habilidades en determinadas áreas, no muestran la misma capacidad para resolver problemas cotidianos, son presa fácil o esclavos de sus emociones. Las emociones afectan tanto los pensamientos como los estados biológico y psicológico y por consiguiente, el comportamiento y manera de relacionarse con los demás.


Hasta hace algunos años, sólo se daba valor a una parte del potencial humano: la razón, la cual se consideraba el factor primordial para alcanzar el éxito. En los últimos años ha sido reconocida, finalmente, la importancia que juega la esfera emocional en nuestra vida diaria. Esto se debe, en gran parte, al trabajo de los doctores John Mayer y Peter Salovey, y posteriormente, a Daniel Goleman, quien popularizó el término Inteligencia Emocional a través de la publicación de su exitoso libro1.

Algunos atributos, como la automotivación que favorece la tenacidad para mantener el esfuerzo y llegar a las metas propuestas; la fortaleza ante los cambios y retos, o las aptitudes para la comunicación y la persuasión, se han vuelto imprescindibles.
Por lo tanto, el papel que juegan los sentimientos o emociones en todos los actos que realizamos debe ser reconocido, así como la dificultad para controlarlos. Por fortuna, el cociente de Inteligencia Emocional que poseemos en un momento dado puede ser desarrollado, abriéndonos la posibilidad al cambio en la búsqueda de la armonía con nosotros mismos y los demás.
¿Qué es la Inteligencia Emocional?
Son muchas las definiciones que se han dado sobre Inteligencia, y una de las más aceptadas es: la capacidad para resolver problemas. Personalmente considero que habría que completar: la habilidad no sólo para solucionarlos, sino para prevenirlos.

Así podemos explicar la Inteligencia Emocional como la capacidad de reconocer los sentimientos propios y ajenos; de motivarnos para alcanzar las metas propuestas y de manejar productivamente las emociones con nosotros mismos y en nuestras relaciones.


Daniel Goleman, autor de Emotional Intelligence (La Inteligencia Emocional), texto que popularizó el término, cambió la concepción sobre “ser inteligente” al comprobar que el éxito en la vida depende en mayor medida del cociente emocional (CE) que del coeficiente intelectual (CI) que se posee, por lo que recomienda trabajar en cinco áreas: (1) la conciencia de uno(a) mismo(a), (2) el manejo o control de nuestras emociones, (3) la automotivación para alcanzar las metas que nos hemos propuesto, (4) la empatía y (5) la habilidad social o la capacidad de comunicarnos y de relacionarnos con los demás.

Las competencias o áreas que constituyen a la Inteligencia Emocional son:






La Autoconciencia

Conócete a ti mismo”, una de las máximas más populares del filósofo Sócrates, nos ilustra sobre este aspecto. De todas las competencias que integran la Inteligencia Emocional, el autoconocimiento es la base de todas las demás.


Si no somos conscientes de lo que sentimos en un momento dado, ya sea porque no nos lo preguntamos y sólo reaccionamos con base en el estado de ánimo o de acuerdo con el estímulo externo que se nos presente, o no podemos diferenciar entre una y otra emoción, difícilmente podremos saber qué nos la provoca, y de igual manera será imposible manejarlas o intentar cambiarla. El contacto y la comunicación con nuestro ser profundo nos permite saber quiénes somos, qué deberíamos cambiar, hacia dónde nos dirigimos y porqué. El cultivo de esta área favorece un sentimiento contrario a la soledad.
El conocimiento de uno mismo se refiere a saber qué sentimientos experimentamos ante los sucesos que se nos presentan, poseer una concepción realista de las propias debilidades y fortalezas y, por ende, confianza en uno(a) mismo(a).
El Control o Manejo de las Emociones

Una vez que establecemos contacto con nuestras emociones y nos es posible saber qué es lo que sentimos, estamos en condiciones de dirigir o controlar nuestras emociones, y no ser dominados(as) por ellas.


Paul Ekman –probablemente uno de los más reconocidos especialistas en el estudio de las emociones humanas– afirma que son cuatro las emociones básicas reconocidas casi universalmente: el enojo, la alegría, la tristeza y el miedo.
Todas ellas se manifiestan por un breve lapso y son la reacción a la percepción de un estímulo. De la combinación de estos sentimientos o emociones se originan familias con distintas características. Por ejemplo, los celos son una mezcla de enojo y miedo.
No resulta fácil dejar de sentir enojo ante ciertos estímulos, pero es posible, saber que estamos enojados(as) y así poder manejar su manifestación. No controlar la ira puede acarrearnos muchos problemas, pues mientras más nos enojamos, más substancias se producen automáticamente en el cerebro, haciendo aún más difícil tranquilizarnos. También la tristeza, el miedo o la angustia sin control pueden causar graves problemas a la salud. Trabajar en esta área nos permitirá dejar de ser esclavos de nuestras emociones, es decir, reactivos y por el contrario, ser capaces de manejarlas y poder decidir nuestro comportamiento, es ser proactivos.
La Automotivación
Esta habilidad se refiere a la posibilidad de posponer la satisfacción momentánea a cambio de la búsqueda de objetivos a largo plazo, pero cuyos frutos brindan mayores beneficios. El esfuerzo, la tenacidad y la persistencia son un buen augurio de que la persona llegará a las metas propuestas, mientras que la poca tolerancia a la frustración es un signo de inmadurez Emocional. ¿Cuántas personas emprenden casi compulsivamente una y luego otra tarea, sin terminar ninguna? Su entusiasmo es ostentoso, pero pasajero.
Resulta mucho más sencillo conseguir lo que uno(a) quiere si se sabe hacia dónde se quiere llegar y se tiene un plan en la vida, que guía las acciones en cierta dirección. Además, si se plantean metas a corto, mediano y largo plazo, es aún más fácil que la autoevaluación periódica nos permita verificar si vamos por el camino correcto para lograr nuestros objetivos.
La Empatía
Este término se deriva del griego y significa: sentir dentro, y se refiere a la comunicación Emocional subjetiva entre dos o más personas. Uno(a) “se pone en los zapatos de la otra persona”, y siente con ella tanto la felicidad como la tristeza, aunque no se vivan las mismas experiencias. Hay que distinguir este concepto de otro parecido: la simpatía. Este es el sentimiento de agrado hacia algo o alguien, pero no involucra el compartir los sentimientos del otro(a). La empatía es sumamente importante porque es el primer paso para la aceptación, la tolerancia y llegar a la solidaridad. Se puede practicar tratando de contestar la pregunta: ¿Qué se siente ser como tú?

La Habilidad Social
El cultivo de esta capacidad es la base para ejercer el liderazgo y así poder alentar, influir e inspirar a otros(as). Su cultivo se basa en la empatía e implica el desarrollo de la comunicación con los demás con el propósito de establecer relaciones sólidas, justas y enriquecedoras. Las cuatro formas básicas de la comunicación humana son leer, escribir, hablar y escuchar. Se puede asegurar que de entre éstas, la más importante y menos desarrollada es la de escuchar. Algunos aspectos a considerar para mejorarla contemplan: mantener contacto visual con la persona con quien se habla; permitir al interlocutor terminar su exposición sin interrumpirlo y evitar imponer el punto de vista propio. Mientras mayor comunicación exista dentro de las empresas, la eficacia en los procesos se optimiza.
Desarrollo de la Inteligencia Emocional
Numerosas investigaciones han concluido que es posible desarrollar la Inteligencia Emocional y que son evidentes los cambios que se dan en cuanto al comportamiento, los estados de ánimo y la autoimagen. Por supuesto, estas transformaciones no se manifiestan de la noche a la mañana, debe llevarse a cabo un complejo proceso.
Los motivos personales son principalmente los que preparan y aceleran el cambio. Estos pueden ser desde el deseo de incrementar la efectividad en el trabajo o el interés por lograr una promoción en el mismo, así como la búsqueda del continuo desarrollo personal o la inquietud por ayudar a otros. Pero lo que se hace evidente es que el cambio es intencional.
El cambio autodirigido es un cambio deliberado a nivel del Yo-real o del Yo-ideal, quién soy, o quién quiero llegar a ser, o en ambos. En cualquier caso la auto-dirección en el sentido del cambio siempre implica que se es consciente del cambio, del proceso involucrado y del deseo por realizarlo.

El cultivo de cada una de las áreas de la Inteligencia Emocional antes mencionadas, nos orienta en el camino de la armonía personal y social.



La Empresa Inteligente
Ahora bien, la Empresa también tiene la inminente necesidad en estos tiempos de procurarse recursos, no sólo financieros sino, fundamentalmente, recursos humanos con atributos como: lealtad, honestidad, compromiso, energía, creatividad, deseos de seguir aprendiendo y flexibilidad, por lo que sin importar el lugar que ocupe, desde los niveles más altos hasta las bases, se debe dar importancia al desarrollo o actualización de la Inteligencia Emocional de manera permanente, por los probados beneficios que se obtienen. Un clima de cooperación, integridad y entusiasmo no sólo provoca empleados comprometidos con los fines que los reúne, sino que favorecerá el impacto de la organización en su entorno social de manera productiva y contundente, que a fin de cuentas es la finalidad última de cualquier Empresa Inteligente.
Referencias

Cooper, K. y Ayman Sawaf. La Inteligencia Emocional Aplicada al Liderazgo y a las Organizaciones. Norma, 1998.


Goleman, D. La Inteligencia Emocional en la Empresa. Vergara, 1999.

Grote, Jim and John McGeeney. Clever as serpents. Liturgical Press, 1997.

.Pérsico, Lucrecia. Inteligencia Emocional. Libsa, 2003

Weisinger, H. La Inteligencia Emocional en el Trabajo. Vergara, 1998.




1Goleman, Daniel. Emotional Intelligence. Bantam, 1995. La Inteligencia Emocional en la Empresa. Vergara, 1999. Emociones destructivas. Vergara ,2003.


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