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La Independencia de México


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EXCELENCIA EDUCATIVA A.C. EDUCACIÓN POR COMPETENCIAS


La Independencia de México.

(inicio)


La noche del 15 de septiembre celebramos el inicio de nuestro movimiento de independencia. En cualquier lugar donde haya mexicanos, esa noche es de fiesta. El centro del festejo, en cada poblado, es casi siempre la plaza principal, adornada con banderas y con focos de colores. Hay un gentío enorme que se divierte, hay también antojitos, música y cohetes. En el momento culminante, alguna autoridad aparece ante la multitud. Recuerda a los héroes que hicieron de México una nación independiente y soberana (que se gobierna por ella misma), lanza vivas en su honor, hace ondear la Bandera Nacional, y una cascada de fuegos de artificio cubre los cielos de México. En la capital del país, en el balcón central del Palacio Nacional, como parte de la ceremonia, el presidente de la República toca una gran campana. Es la misma que Hidalgo, el Padre de la Patria, hizo repicar en Dolores, Guanajuato, donde él era párroco, la madrugada del 16 de septiembre de 1810. Así reunió a la gente, para animarla a que se rebelara contra las autoridades de Virreinato. Ése fue el comienzo de la Independencia, el Grito de Dolores. Pero las causas que llevaron a los habitantes de la Nueva España a separarse de España, se dieron desde mucho tiempo antes.
España invadida por Napoleón.
En 1789 estalló la Revolución Francesa, la cual hizo de Francia una república. Varios reinos europeos se sintieron amenazados por las nuevas ideas y atacaron a los revolucionarios. Uno de los jóvenes militares que defendieron la revolución fue Napoleón Bonaparte, quien llegó a gobernar Francia, se hizo nombrar emperador y conquistó gran parte de Europa. En 1808 invadió España, obligó al rey a renunciar y puso en el trono a su hermano, José Bonaparte. Con la falta del rey legítimo en España, en América muchas personas se animaron a pensar que podía haber otras formas de gobierno. Ésta fue una consecuencia importante de la invasión napoleónica. Otras fueron el debilitamiento económico y militar del imperio español, provocado por la guerra, la difusión de las ideas liberales, las cuales pedían que la autoridad del rey quedara limitada por una constitución que debía ser redactada por una asamblea de representantes del pueblo. Los criollos de la Nueva España se mantuvieron leales al rey; unos pensaron que ellos mismos debían gobernar su tierra mientras volvía el rey y así no obedecerían a los invasores; otros creyeron que debían seguir al gobierno que los españoles habían organizado en la península para oponerse a Napoleón. Los dos grupos se enfrentaron; los que pensaban que debían seguir obedeciendo al gobierno español acusaron a los otros de conspiradores y los metieron a la cárcel. Entre los encarcelados estaban varios miembros del ayuntamiento de la Ciudad de México y el virrey mismo.
La conspiración de Querétaro.
Mientras tanto, según sucedía en otros países hispanoamericanos, algunos criollos comenzaron a reunirse en secreto para planear cómo cambiar el gobierno virreinal. En 1810, Miguel Domínguez, corregidor (una clase de juez) de Querétaro, y su esposa, Josefa Ortiz de Domínguez, empezaron a reunirse con algunos militares como Ignacio Allende y Juan Aldama; a las juntas también asistía Miguel Hidalgo y Costilla, el párroco de Dolores. La conspiración fue descubierta, pero antes de que las autoridades pudieran apresar a los participantes, la valiente doña Josefa lo supo y consiguió avisarle a Allende. Éste cabalgó toda la noche para ir de San Miguel a Dolores sin que lo vieran y prevenir a Hidalgo: sus planes habían sido delatados.
El Grito de Dolores.
Hidalgo y Allende adelantaron la fecha de su rebelión; de inmediato, en la madrugada del domingo 16 de septiembre, Hidalgo mandó tocar las campanas de la iglesia para reunir a la gente; les recordó las injusticias que sufrían y los animó a luchar en contra del mal gobierno. Ahora celebramos cada año el Grito de Dolores, pero esa madrugada el ambiente era tenso; los hombres y las mujeres que siguieron a Hidalgo no eran un ejército, eran un pueblo que quería un gobierno justo, no tenían armas suficientes, pero tomaron palos, hondas, machetes e instrumentos de labranza. Hidalgo comenzó su marcha con seiscientos hombres, quienes pronto fueron casi ochenta mil, lo seguían indios, mestizos, criollos y algunos españoles; militares, sacerdotes, peones y mineros iban mezclados, persiguiendo un mismo ideal de justicia.



MÓDULO 3: COMPETENCIAS Y CONTENIDOS CONCEPTUALES


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