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La idea es que no le conozca ni la madre que le parió y así dar el "pego" al ricachón de Olivier y de paso a los espectadores


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La idea es que no le conozca ni la madre que le parió y así dar el "pego" al ricachón de Olivier y de paso a los espectadores. Desde esta perspectiva Mankiewicz llega a esta sabia propuesta desde esquemas compartidos por otros directores: el cine (la obra cinematográfica) es la relación entre el director y los espectadores. Éstos deben aceptar estar entre los

jugadores, sentarse a jugar con el director y los creadores de la película para tratar de descubrir las reglas que imperan en el desarrollo del film. Descifrar, en este caso, en La huella, el hermoso, cruel, peligroso y electrizante jeroglífico que se propone es lo bueno.


La cuestión es llegar al final, aunque allí no se encuentre más que la muerte. También la sonrisa por haber obligado al contrario a ejecutar un salto mortal sin red. Algunos se lo montan así de sádico.
Por cierto te confío un dato que pocos conocen: Mankiewicz realizó entre esa obra maestra llamada El día de los tramposos (1970) y La huella (1971) un film en colaboración con Sidney Lumet (ese hombre que arremete contra todas las instituciones públicas y privadas: centros docentes, sanidad, policía...) titulado King, a filmed record y que permanece inédito en muchos países. Aquí tampoco lo hemos visto.



www.filasiete.com/lahuella.htm

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cineclub@salleurl.edu
Reparto
Laurence Olivier

Michael Caine



Ficha Técnica
Dirección Joseph Mankiewicz

Guión Joseph Mankiewicz, Anthony Shaffer

Fotografía Oswald Morris

Música John Addison



Sinopsis

Un peluquero de ascendencia italiana llega a la lujosa mansión de un famoso escritor de novelas policíacas. Así comienza La huella (1972), y esto es lo máximo que se debe contar acerca de la trama de una película que es una continua sorpresa.

La acción se presenta como un juego en el que participan tanto los protagonistas como el espectador, que es noqueado continuamente con nuevos giros de guión. En el desarrollo de la historia se van añadiendo progresivamente nuevas piezas a un puzzle que, cuando parece terminado, se desmorona para formar con las mismas piezas una imagen contraria.

Comentarios sobre la película
La huella está basada en una obra teatral del mismo autor del guión, Anthony Shaffer, y la película no renuncia a esa primitiva concepción teatral. El escenario es casi único, dentro de la mansión de estilo inglés del escritor, una mansión atestada de muñecos y crucigramas que muestra el carácter a la vez infantil y extravagante de su dueño.

Joseph Leon Mankiewicz es uno de los grandes de Hollywood. Director y guionista de prestigio con obras monumentales como Cleopatra, La condesa descalza y Eva al desnudo. La huella es su última y quizás más extrema película, con unos Laurence Olivier y Michael Caine que están geniales en sus interpretaciones -ambos fueron nominados al Oscar al mejor actor en 1972-.

Olivier se hace con el papel del escritor, amigo de los juegos, presumiblemente inteligente y dominador de una partida que se convertirá en un duelo donde todo vale y cada paso puede ser en falso. Caine, caracterizado de peluquero italiano, borda uno de los mejores papeles de su carrera, un tipo sencillo y enamoradizo que irá cambiando hacia lugares que no está bien revelar al lector.


La broma de Mankiewicz en La huella comienza en los mismos títulos de crédito (están al inicio del film). Fue el último film del director y deseo hacer participe de su endiablado juego al espectador. En sus obras anteriores los personajes se dedicaban también a fascinantes (y complejos) juegos personales. En general eran dramáticos. El de esta obra maestra, impregnada de sana mala uva, no lo es menos.
Planteamientos sociales (de clases) y culturales (de país) para un jeroglífico lanzado a la inteligencia. Un desafío en que el espectador se introduce desde el principio, entra también en el juego, participa de él. De ahí los falsos títulos de crédito iniciales. Los tiempos cambian. Cuando se estrenó hace años nadie pareció percatarse de esa maravillosa llamada de atención (tomadura de pelo para otros). Hoy son muchos (tu incluido) los que lo pregonan.
Está bien que así sea. Eso quiere decir algo. A pesar de vuestra (se intuye por el tono de la carta) juventud sabéis hilar fino. No toda vuestra comida (o la de algunos) es tan indigesta como Tarantino y Cia (incluidos hermanos de cualquier calibre o sesudos Lynch de vía estrecha). Lord os sea concedido por vuestros conocimientos fílmicos.
En La huella los actores son, por supuesto, únicamente dos -Olivier y Caine -, pero tan geniales que parecen veinte. Es una de las propuestas del juego: hacernos creer que así es. Por eso al comienzo, en los letreros iniciales, podemos leer que hasta (en el film) se "introduce" un nuevo actor, que interpreta por "primera" y "única" vez en la historia del cine el papel de inspector. Se trata en realidad del propio Caine convenientemente enmascarado.


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