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La historia a través de las frases introducción


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NI COBRO ANDINO NI PAGO CARAQUEÑO

No se sabe a ciencia cierta si el General Cipriano Castro dijo en realidad esta frase. Pero ilustra toda una época en la historia contemporánea del país, que no es otra que la irrupción de los andinos en la política venezolana (especialmente los tachirenses).

En efecto, con la invasión castrista a Caracas, se incorporaron Los Andes a la vida política de la nación. Los Andes habían estado durante el siglo XIX un poco alejado de las montoneras y guerras civiles que se sucedían sin interrupción alguna en el país. Y durante la guerra federal hubo corrientes migratorias de los llanos, especialmente de Barinas, hacia Los Andes. Otro factor fue el económico, durante las revueltas los hatos productores de ganado salieron perjudicados, pero a finales del siglo XIX ya Venezuela exportaba café por sesenta millones de bolívares. El centro de esta producción cafetalera son los Andes, y el principal estado productor es el Táchira de allí el despertar de esta región hacia la política.

Con el triunfo de la llamada revolución restauradora, se inicia la hegemonía andina en el país, y muchos tachirenses pasan a vivir en la capital , y se producían muchas peleas entre los “chuscos” andinos y los “patiquines” caraqueños. De estas rencillas aparecería la frase que se la endilgaron a Cipriano Castro: “ni cobro andino ni pago caraqueño”, como queriendo decir que se lavaba las manos en estas reyertas.

En el año de 1907, el día 27 de enero para ser exactos, un incidente grave ocurriría dentro de ese ambiente de peleas y riñas. Eustoquio Gómez, primo del entonces Vicepresidente de la República, Juan Vicente Gómez, junto con algunos amigos y oficiales del ejército restaurador estaba de francachela en un botiquín que se llamaba “Bois de Boulogne”17 y este Café-Bar estaba situado en Puente Hierro. El escándalo era de tal magnitud que el gobernador de Caracas el doctor Mata Illas tuvo que apersonarse en el sitio para calmar a los exaltados bebedores. Pero en eso, Eustoquio desenfundó su arma y asesinó al doctor Luis Mata Illas. Durante este tiempo, Juan Vicente Gómez andaba sigilosamente estructurando su equipo para sustituir a Cipriano Castro, apenas se presentara la ocasión. Este hecho casi le arruina sus planes, Eustoquio fue juzgado y condenado a quince años de prisión.

Entonces, cuando Juan Vicente Gómez conspiró contra Castro y logró expulsarlo del poder, inmediatamente se acordó del pariente preso, y ordenó ponerlo en libertad. Hasta tuvo la osadía de mandar a revisar el caso. El juez y el secretario confirman la sentencia, y son encarcelados. Al poco tiempo el Ministro de Guerra, en aquel entonces, Régulo Olivares, recibió una orden del General Juan Vicente Gómez en el sentido de que nombrara a su primo Eustoquio, Jefe del Castillo de San Carlos. Pero el Ministro Olivares se negó de plano a aceptar tal felonía. Al mes recibió otro oficio en el cual se le recomendaba el nombre de Evaristo Prato para el mismo cargo. Olivares, no planteó observaciones para el nombramiento. Pero cual no sería su asombro que cuando se presentó el tal Evaristo Prato que no era otro sino el mismísimo Eustoquio. Esto es, se convirtió de repente de encarcelado a carcelero. Demás está decir que Eustoquio desató una represión en el Castillo que hasta un motín se produjo. El General Régulo Olivares tuvo que salir al exilio y únicamente pudo regresar cuando murió el General Gómez en 1935.

El gobierno de Cipriano Castro, será sucedido por el su compadre Juan Vicente Gómez, y este a su vez por otro tachirense, el General Eleazar López Contreras, y éste último por otro general tachirense, Isaías Medina Angarita. Esta sucesión de gobiernos andinos únicamente será interrumpida por el golpe del 18 de octubre de 1945, y una de sus motivaciones era la de impedir de una vez por todas que se nombrara otro Presidente andino.

P. 462 Ramón Urdaneta : Historia oculta de Venezuela, Caracas, Fudur editores, 2007.




LA CULEBRA SE MATA POR LA CABEZA

Castro durante los años en que estuvo en el poder abusaba mucho de su salud; las francachelas en las que participaba eran interminables. En una ocasión convaleciente en Macuto, una junta médica integrada por los doctores Pablo Acosta Ortiz, David Lobo, José Antonio Baldó, Adolfo Bueno, y Lino Arturo Clemente, había decidido que existía la urgencia de operar a Castro. Al parecer tenía una fístula que le unía la vejiga con el intestino. Pero alguien del entorno de Castro había dicho que si se quedaba en la operación el jefe restaurador, matarían al cirujano. En vista de aquella amenaza, no tuvieron otra solución –¡ práctica y recomendable !- los médicos que sugerir que el famoso cirujano Israel lo tratase en Alemania. Por lo tanto, se dispusieron los preparativos para ir a Berlín. La versátil y amenísima pluma de Fernando González, nos cuenta lo que aconteció:



Resuelto a irse, todo se arregló, equipaje y una carta de crédito por un millón de bolívares, garantizada por el gobierno. Doña Zoila lo salvó; ella se llevó 300.000 bolívares en oro, recogidos por corredores, pagando hasta el 7% de prima, pues casi no había oro.

En todo lo acompañó el General Gómez. El 24 de noviembre de 1908 los despidió en el vapor “Guadalupe” para Europa y para siempre. No se le vio la alegría. (p.112).

La pluma incisiva de Ramón J. Velasquez, en sus Confidencias imaginarias de Juan Vicente Gómez, cuenta además, como si fuera el mismísimo Gómez que narrara el episodio:



Pero cuando el 24 de noviembre se fue Don Cipriano, entonces si fue verdad que me querían empujar como en las procesiones y como son tan precipitados pues que querían que de una vez, al otro día, publicara una proclama diciendo que yo era el nuevo Presidente y eso era pisar en falso, pues Don Cipriano había dejado muy buenos oficiales en el comando de los cuarteles y yo tenía que comprometer poco a poco a los subalternos y eso no lo podía hacer de la noche a la mañana y no lo había hecho antes de que se fuera Don Cipriano, pues cualquier imprudente o cualquier miedoso, hubiera ido con el cuento y entonces dejan en la Presidencia a Velutini como querían mis enemigos. Otra cosa es que yo los apalabreara ya como Encargado, pues entonces se les abrían los ojos y querían figurar, pues como yo siempre los había saludado y les hacía mis regalitos y les hablaba de sus familias, pues se sentían muy agradecidos conmigo y veían que yo podía hacer mucho por éllos si fuera el jefe. Y como ahora yo les pedía que me acompañaran, pues pensaban que iban a conseguir muchas cosas. A mi casa empezaban a llegar los Generales y Doctores desde las cinco de la mañana, porque sabían que yo era madrugador, y decían que venían a tomar café conmigo; pero se les notaba muy nerviosos y comentaban que si yo estaba indeciso y como le tenían mucho temor a Don Cipriano, cada vez estaban más comprometidos conmigo. Y un día, Aquiles Iturbe me entregó un telegrama firmado por Don Cipriano desde Berlín para Pedro María Cárdenas diciéndole que la culebra se mataba por la cabeza y yo era la culebra. Cuando el general Iturbe se declaró enemigo mío y andaba en conspiraciones, me dijeron que el telegrama de la culebra no era de Don Cipriano, sino que Iturbe y Leopoldo Baptista lo habían escrito en el telégrafo y le habían puesto sellos y todo como si fuera un telegrama de verdad, pues yo estaba muy indeciso y que éllos estaban perdidos si regresaba Don Cipriano y lo le entregaba el gobierno. Pero yo vi el telegrama y en esas horas uno no tiene ánimo para averiguar si las cosas que le dicen son verdad o son mentiras…(pp. 229-230).
Gómez interpretó -según los historiadores este hecho- como la orden de su asesinato, es así como en la madrugada del 19 de diciembre de 1908, acompañado de Aquiles Iturbe, Félix Galavís, Eliseo Sarmiento, Delgado Chalbaud, y otros, detuvo a los jefes militares castristas de los cuarteles del Mamey y San Carlos. También según Juan Bautista Fuenmayor puso preso a los miembros del Gabinete de Castro enviándolos a la Rotunda. Y, luego como si fuera poco lo realizado, intentó una acción judicial ante la Corte Federal y de Casación acusando a Castro –nada menos y nada más- que del delito de instigación al asesinato de la persona del General Juan Vicente Gómez, VicePresidente encargado de la Presidencia de la República. Como dato curioso también citado por Juan Bautista Fuenmayor (p.198). Esta alta Corte decidió después, que había lugar para la formación de una causa contra el ciudadano General Cipriano Castro, quien quedaba de hecho suspendido en el ejercicio de sus funciones como Presidente de la República, e inhabilitado para ejercer cualquier otro cargo durante el tiempo del proceso. Este expediente fue pasado al Tribunal de Primera Instancia en lo criminal, “para que continuara por los canales respectivos hasta la sentencia. “ Pero el Ejecutivo Nacional, con fecha 19 de abril de 1909 promulgó un decreto de amnistía que cubría todos los hechos de carácter político que se suscitaron en Venezuela los días 13,14 y 19 de diciembre. En tal virtud, nos dice Juan Bautista Fuenmayor (Op.Cit) el Ministro de Relaciones Exteriores ofició lo procedente para que el proceso incoado contra Castro fuese archivado, una vez iniciado el correspondiente auto de sobreseimiento. ¡ Cómo se ve se quería liberar a los ministros y otros detenidos por aquel golpe exitoso a favor de Juan Vicente Gómez ! No obstante, poco tiempo después un hermano del General Antonio Paredes, quien fue fusilado por órdenes expresas de Cipriano Castro, inició un juicio por el asesinato del citado Antonio Paredes.

Se dice que Gómez una vez instaurado en la silla de Miraflores, hubo de exclamar:

-¡De aquí sólo me quita Dios..!

Y así fue porque solo la muerte lo retiró del poder en Venezuela.


P.112 Fernando González: Mi compadre, Caracas, Editorial Ateneo, 1980.

P.229 Ramón J. Velásquez: Confidencias imaginarias de Juan Vicente Gómez, Caracas, Ediciones Centauro, 1980.



SI EL SAPO BRINCA Y SE ENSARTA LA CULPA NO ES DE LA ESTACA
La historia de esta frase -supuestamente pronunciada por el General Juan Vicente Gómez- es la siguiente:

Durante el gobierno de Cipriano Castro, Román Delgado Chalbaud era jefe de la Flota. Luego con la conjura que llevó al poder a Juan Vicente Gómez, el hombre de la mulera quiso atraérselo y le ofreció muchos cargos pero ninguno le satisfacía. Fue a París y allí parece que conoció a un “curioso” Boló Pacha quien al parecer le había convencido de un proyecto para hacer un banco con capital francés. Aparentemente, el doctor Vicente Lecuna, principal accionista del Banco de Venezuela se había enterado de ello y le comentó al general Gómez que quien tuviera ese Banco tendría más poder que el Presidente de Venezuela. Por lo tanto, Gómez echó para atrás ese proyecto. Delgado Chalbaud, defraudado, se metió entonces a conspirar contra Gómez, pero el zamarro andino ya estaba al tanto de todo. Un día Román Delgado Chalbaud se presentó como era habitual en él, a tomar café negro en Miraflores en la compañía del general Gómez, y éste siempre lo trataba de Román , pero ese día le dijo: General Delgado, “Tengo la muerte de agujita y grillos de sesenta libras para mis enemigos. Oiga general Delgado:



  • si el sapo brinca y se ensarta la culpa no es de la estaca.

Luego cuando regresó a su casa el general Delgado fue detenido por Tirado Medina y conducido a la Rotunda, allí le remacharon grillos de sesenta kilos. En la Rotunda el ex almirante de la Marina de Guerra venezolana permaneció ¡ 14 años presos ! Sólo saldría de allí para morir en Cumana, después de invadir por ese puerto, y entablar batalla contra fuerzas del gobierno gomecista. Pero esa es otra historia.
PP.259-260 Ramón J. Velásquez: Confidencias imaginarias de Juan Vicente Gómez, Caracas, Ediciones Centauro, 1980.

... TENGO QUE VOLVERLO A REPETIR: QUE NO ACEPTO LA PRESIDENCIA. YO ME SIENTO CON ENERGÍAS PARA TRABAJAR PORQUE CREO QUE NO HE HECHO NADA. BUSQUEN USTEDES LA FORMA PARA DARLE SOLUCIÓN A ESTE ASUNTO. Y AHORA PERMÍTANME QUE LES DIGA LO QUE PUEDEN HACER, ¿ ME LO PERMITEN (VOCES, SÍ, SÍ, SÍ?) PUES BIEN, LO QUE HAN DICHO MUCHOS ENEMIGOS: “ ESE SEÑOR LO QUE QUIERE ES QUE LE VAYAN A ROGAR PARA QUE ACEPTE LA PRESIDENCIA”. YO NO QUIERO QUE ME VENGAN A ROGAR, PORQUE YO NO ESTOY ACOSTUMBRADO A ROGAR, NI A QUE ME RUEGUEN; DEBO DECIRLES QUE DEBEMOS ARREGLAR LA SITUACIÓN. YO NO ACEPTO LA PRESIDENCIA, PERO SÍ QUIERO QUE ME NOMBREN GENERAL EN JEFE DEL EJÉRCITO (GRANDES APLAUSOS). PORQUE ESE EJÉRCITO ES PARA MI LA VIDA; SON DOS COSAS QUE YO QUIERO MUCHO EL EJÉRCITO Y EL TRABAJO. ASÍ QUE USTEDES TIENEN QUE ESCOGER UN HOMBRE QUE ESTÉ DE ACUERDO CONMIGO EN TODO EJERZA LAS FUNCIONES DE PRESIDENTE
Esta frase es larguísima pero la hemos tomado en su totalidad pues si no, se perdería todo el mensaje y el maltrato a las instituciones dado desde la Presidencia de la República. La explicación de tal conducta es la siguiente:

En 1929 ocurrió un acontecimiento devastador en la economía mundial que fue el comienzo de la denominada Gran Depresión, el todopoderoso Juan Vicente Gómez gobernaba en Venezuela. Según las tesis de raigambre marxista la Gran Depresión daría al traste con el sistema capitalista, y la dictadura férrea de Juan Vicente Gómez caería como una armazón podrida. Ahora bien, Juan Bautista Fuenmayor de quien tomamos esta nota, nos aclara a este respecto:



Juan Vicente Gómez había sido el hombre de la prosperidad, de la danza de los millones en torno a las concesiones petroleras, de las obras públicas y, en fin de una nueva clase de enriquecimiento de las clases poseedoras, como antes no se conoció otra. La crisis habría de traer su secuela inevitable del desempleo en masa, hambre y miseria, quiebra de comerciantes y banqueros, de industriales y terratenientes, en fin, una época de dificultades y luchas entre las diversas clases sociales, de una intensidad muy grande.(Op. Cit. p.125.)
En este sentido, siguiendo a Fuenmayor, Gómez tal vez pensaría que si colocaba en la Presidencia a un “monigote”, podía engañar al pueblo haciéndoles suponer que era éste títere culpable de todos los males que iban a soportar. Así no tardarían en llamar al tirano de Maracay urgentemente para que retomara el mando supremo de la República. Ahora bien, resulta difícil engañar a un pueblo si ya de una vez se le estaba diciendo que había que nombrar a un hombre que esté de acuerdo conmigo en todo ejerza las funciones de Presidente. Por otra parte, la reforma constitucional en sus disposiciones transitorias no dejaba ninguna duda al respecto. El artículo 128 de dicha reforma constitucional sentenciaba que el Congreso elegiría para el actual período constitucional , un Comandante en Jefe del Ejército, quien mandará el Ejército, la Aviación, y la Marina, fijando el número de fuerzas de mar y tierra y con quien el Presidente de la República ejercerá de acuerdo las atribuciones 1ª, 4ª , 17, 18, 23, 25 y 27 del artículo 100 de la Constitución. La atribución primera se refería a la potestad de nombrar y remover a los ministros del despacho; la cuarta a la administración del Distrito Federal; la 17 a la convocatoria del Congreso a sesiones extraordinarias; la 18 la declaración de guerra cuando la hubiese decretado el Congerso; la 23 a la suspensión de garantías; la 25 al empleo de la fuerza pública para poner término a la colisión armada entre dos o más de los Estados; y la 27 a la concesión de indultos! Como apreciamos prácticamente el Comandante en Jefe ¡ era un co-Presidente de la República!

Total: el Congreso de la República había elegido al doctor Juan Bautista Pérez “Presidente Constitucional de Venezuela “ de acuerdo a la voluntad del General Gómez.



Quizá, el tirano andino nombraría a Juan Bautista Pérez para desviar la atención internacional, puesto que el año anterior de 1928, se habían producido protestas estudiantiles y un modo de presentar cierta imagen de alternancia de poderes públicos era cambiando ficticiamente de Presidente.
P. 126 Juan Bautista Fuenmayor: Historia de la Venezuela política contemporánea 1899-1969, (T.II), Caracas, Miguel Angel García e Hijo, 1976. También recogida parcialmente por P.92 Rómulo Betancourt: Venezuela, política y petróleo, Bogotá, Editorial Senderos, 1969.

-¡ COMPADRE, LO ESTOY ESPERANDO PARA QUE ME CAPE UN GATO…!
Esta frase se ha repetido mucho, para ilustrar la personalidad del dictador Juan Vicente Gómez, el historiador Juan Bautista Fuenmayor a quien tuve yo la oportunidad de conocer en vida, nos la narra de esta forma:

Hacia el año 1929, vino a Venezuela Doña Zoila Martínez, viuda de Castro, al parecer, con el objeto de vender una propiedad que aún le quedaba en Venezuela. Recordemos que luego que Gómez sacó a Castro del poder, el ex Presidente Castro se convirtió en un paria viajando por muchos países sin poder siquiera residenciarse permanentemente en alguno. Y también aprovechaba su viaje a Venezuela para visitar al General Juan Vicente Gómez, tratando de esta forma de lograr la liberación de su cuñado Carmelo. El hombre de la Mulera, como se llamaba a Juan Vicente Gómez, le dispensaría algunas atenciones y en medio de la visita… Doña Zoila le planteó sus quejas por el duro trato que los agentes de la dictadura le habían dado a tanto a ella como a su esposo Cipriano Castro.



  • ¡ Nos trataron – dijo Doña Zoila-, olvidando todos los antiguos nexos personales, el aprecio y respeto que a Ud. siempre le tuve…! A lo que el taimado Gómez le respondió:

  • ¡ No siempre comadre…!, y metiendo la mano en un bolsillo extrajo un papel, maltratado por el tiempo, y se lo entregó a su secretario para que le diera lectura. Según Juan Bautista Fuenmayor (Op.Cit) se trataba de un telegrama que Misia Zoila habíale enviado desde la Victoria veintitrés años atrás, en el cual le decía :

  • ¡ Compadre, lo estoy esperando para que me cape un gato…!

Ante semejante recuerdo, Doña Zoila se mostró sorprendida y, solo llegó a exclamar:

  • ¡ Pero compadre, solo eran chanzas !

Pero el tirano Gómez, le respondió:

  • Sí, comadre, chanzas y todo, pero Ud. sabía que yo era el Vicepresidente de la República.

Así y todo, como resultado de aquella visita el General Gómez decidió complacer a su comadre poniendo en libertad a Carmelo Castro, hermano de Don Cipriano que permanecía encerrado en los calabozos del Castillo Libertador de Puerto Cabello.
P. 131 Juan Juan Bautista Fuenmayor: Historia de la Venezuela política contemporánea 1899-1969, (T.II), Caracas, Miguel Angel García e Hijo, 1976.
-AJÁ... ¿ CONQUE ÉSE ERA EL GALLO QUE ME TENÍAN EMBUSACADO ?
Transcurría el año 1931, uno de los años de la infausta crisis económica, y era Presidente de la República, Juan Bautista Pérez, pero quien tenía las riendas del poder en realidad era Juan Vicente Gómez, tal como antes lo habíamos escrito. Pero ya el tirano de los Andes deseaba otra vez ser el titular de la Presidencia de la República, y para ello volvió a modificar la Constitución.

El general Juan Vicente Gómez tenía un tío que se llamaba José Rosario García18, y este “sagaz político y viejo zorro” como lo llama Juan Bautista Fuenmayor, al parecer consideraba que Juan Vicente Gómez estaba muy viejo para la presidencia de la República. Y que había llegado el momento de reemplazarlo con otra persona más joven y valerosa como lo era el General José María García, unido a él por cercano parentesco, en vista de que era sobrino suyo y primo hermano de Juan Vicente. Así de esta manera, se obtendría la continuidad en el Poder del clan andino el cual estaba entronizado desde 1899.

Por lo tanto, según la óptica de Juan Bautista Fuenmayor, (Op.Cit. p.198) de sobrevenirle la muerte a Juan Vicente Gómez, estando en la presidencia de la República Juan Bautista Pérez, podrían surgir grandes problemas de sucesión del mando. Este problema, por lo tanto debía ser resuelto en 1931.

Incluso, circulaba a “sotto voce” el rumor, de que el propio Don José Rosario García había concebido el plan de hacer renunciar al propio Presidente Juan Bautista Pérez, y en su falta, facilitar el nombramiento de su propio sobrino como Presidente de la República. Al parecer ya había realizado un gran trabajo de convencimiento de los congresantes para que realizaran tal acción, buscando lograr la aquiescencia de la mayoría.

Sin embargo, Don José Rosario no había comunicado para nada ninguna de estas acciones al propio Gómez, amo indiscutible del poder. Nos dice Juan Bautista Fuenmayor, que el Gobernador del Distrito Federal, Rafael María Velasco, se enteró de todo, y acto seguido se trasladó a Maracay, donde residía habitualmente el General Gómez. Después, Don José Rosario García se entrevistaría con Gómez quien según Rafael Caldera (Op.Cit. p. 80) sostuvo esta entrevista en presencia del doctor Rafael Requena, secretario privado en ese momento del General Gómez. Con suma habilidad comenzó a insistirle Don José Rosario García la necesidad de que volviera a la presidencia del país porque la patria lo requería, “y cuando consideró suficiente el tiempo que había transcurrido en la insistencia” le sugirió tranquilamente “entonces si usted se niega a volver a la Presidencia, debe poner a uno de su confianza, por ejemplo, José María”. Al parecer la respuesta del General Gómez fue simplemente: “¡Ajá, vamos a ver! Al salir el doctor García- según Requena- Gómez que estaba sentado en la hamaca, se puso de pie dio una patada en el suelo y dijo –según- Juan Bautista Fuenmayor:



  • Ajá… ¿ conque ése era el gallo que me tenían embusacado ? (también Ramón J. Velasquez, también ha registrado para la posteridad esta frase (Op.Cit)

A pesar de que Juan Bautista Fuenmayor nos afirme en su libro que este relato no resiste el más mínimo análisis, en vista del testimonio de Rafael Requena ofrecido a Rafael Caldera en 1941, nos parece que sucedió. Sea como fuere, el amo del poder se negó rotundamente en lo sucesivo a recibir al doctor José Rosario García. Poco después, el 9 de julio se reformó la Constitución de nuevo para permitir juntar de nuevo las funciones de comandante en jefe del Ejército y la Presidencia de la República, funciones que fueron reasumidas por Juan Vicente Gómez, y la culpa de la crisis económica, y hasta de la entrada de las ideas comunistas recayó sobre el hombre de paja de Juan Vicente Gómez: Juan Bautista Pérez. Quien en vida fuera nuestro amigo, el historiador, Juan Bautista Fuenmayor nos trae a colación que se estableció una disposición transitoria, en esa reforma constitucional, según la cual mientras el Presidente electo no tomase posesión de su cargo, el Comandante Militar - ¡ el propio Gómez !- seguiría en su cargo de Comandante en Jefe del Ejército Nacional.

Es superinteresante la forma en que Ramón J. Velasquez elucubra sobre lo que ha debido pasar por la cabeza de Juan Vicente Gómez sobre José Rosario García por esta estratagema fallida:



Pero lo que más me calentó del doctor García con su jugada en el Congreso es que me hiciera aparecer como si yo necesitara al Congreso para algo, como si ya no pudiera hacer solo mis cosas como siempre las había hecho; porque si yo me tenía que valer del Congreso y de una excusa de que había comunismo en Venezuela para pedirle la renuncia al doctor Pérez, entonces todo el mundo podía creer que yo necesitaba al Congreso para que me ayudara a tumbar al hombre y además que el doctor Pérez debía ser hombre peligroso y que yo no le podía ordenar directamente que renunciara a la Presidencia de la República y eso era una tontería si a ver vamos, pero de todos modos me perjudicaba mucho por las apariencias y porque si yo lo escogí sin que antes nadie pensara en él y si le mandé a decir con Sixto Tovar al hotel en Maracay que se aprontara porque lo iba a nombrar Presidente, ahora también le podía mandar a decir con el mismo Tovar que me renunciara y sanseacabó y no todo ese enredo del Congreso y esos discursos como si estuviéramos en Colombia, pero fue que al doctor García se le salió el colombiano porque a él le gustaba mucho aprovechar los beneficios de cómo yo mandaba, pero siempre andaba pensando en ese tejemaneje de comisiones, de leyes, de partidos en que viven enredados los colombianos y eso porque el doctor García fue político en Colombia y se graduó en leyes en Bogotá, pero el doctor García tan sabido y tan ladino, nunca pudo darse cuenta de que yo no necesitaba inventar excusas para mandar a hacer mis cosas y que yo no necesitaba decir que había mucho comunismo en Venezuela como dijeron los congresistas mandados por el doctor García, para decirle al doctor Pérez que me entregara la Presidencia y además la verdad de verdad es que para mis cálculos yo no pensaba en esos días mover a nadie de sus puestos. Así es la vida quiso el doctor García abarcar tanto que terminó en nada. (Velasquez, Ramón J. p.377-378)
Es increíble el manejo que Ramón J. Velasquez, un andino tachirense como lo fue el General Juan Vicente Gómez, hace del monologo interior imitando el pensamiento del extinto dictador.

P.80 Rafael Caldera: Los causahabientes, de Carabobo a Puntofijo. Caracas, Editorial Panapo, 1999.


PP.197-198 Juan Bautista Fuenmayor: Historia de la Venezuela política contemporánea 1899-1969, (T.II), Caracas, Miguel Angel García e Hijo, 1976.
PP. 374-379 Ramón J. Velasquez: Confidencias imaginarias de Juan Vicente Gómez, Caracas, Ediciones Centauro 80, 1980.
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