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La historia a través de las frases introducción


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NUEVOS HOMBRES, NUEVOS IDEALES, NUEVOS PROCEDIMIENTOS 10


Fotografía del General Cipriano Castro quien fuera Presidente de la República durante los años 1899-1908 e instaurador de la hegemonía andina en el país


El 23 de mayo de 1899 sesenta hombres bajo el liderazgo del General Cipriano Castro, cruzaron la frontera desde Colombia y salieron de Capacho hacia centro del país con la fuerte voluntad de conseguir el poder. Venezuela como de costumbre marchaba mal y el Gobierno “liberal” del General Andrade no satisfacía las exigencias de la situación. Ya el “mocho Hernández” había sido derrotado y yacía en una mazmorra pero los deseos de cambio en vez de disminuir habían aumentado. El General Ignacio Andrade procuraba gobernar con las figuras más simbólicas del liberalismo amarillo y hasta había promovido una reforma constitucional para volver a los veinte estados de la federación. Pero todo esto al parecer no era suficiente.


Cipriano Castro era inteligente, poseía condiciones de orador, era un estratega nato, con cierta experiencia bélica obtenida apoyando al gobierno continuista de Andueza Palacios, durante la revolución legalista de Crespo. Tenía valor y grandes ambiciones. En una rápida campaña llegó a Caracas, y tomó el poder.

Nuevos hombres, nuevos ideales, nuevos procedimientos11 sería el lema o consigna, del movimiento del General Cipriano Castro, al cual éste denominó oficialmente la restauración. La batalla de Tocuyito, fue el puntapié que terminó de tumbar al gobierno liberal amarillo.

Castro al llegar a Caracas fue ovacionado prácticamente por todos: las fuerzas vivas, los estudiantes universitarios, etc. El país viviría otra vez una ilusión. Una vez más volvió la ambición desmedida de poder, el peculado y todos los males republicanos. Se volvía a modificar de nuevo a la Constitución y se imponía un período de gobierno de seis años.

P. 62. Rafael Caldera: Los causahabientes, de Carabobo a Puntofijo, Caracas, Editorial Panapo, 1999



USTED LO QUE NECESITA ES UN HOMBRE ANTE QUIEN NO TENGA QUE RUBORIZARSE EL DÍA QUE LE PIDA CIEN MIL PESOS PARA COMPRAR UNA HACIENDA.
Quizá esta sea la frase más terrible contra la moral republicana que alguna vez haya sido publicada. Esta dura frase contra la moral pública ha sido presentada por Fernando González, en su libro Mi compadre, en donde es descrito Cipriano Castro como un “hombre asiático” y al parecer nombraba incapaces en la administración pública, y crecieron todos los vicios posibles puesto que “la adulación y el favoritismo cubrieron el país”. Veamos como detalla minuciósamente Fernando González este episodio de la picaresca criolla:
Llamó a un hombre gordo, servicial, bonachón, maracaibero, llamado Efraín Rendiles. Cosa rara: este gordo era nervioso e imprudente. Lo nombró secretario privado.

Lo llamó a un cuarto de la Casa Amarilla, le dijo que cerrara la puerta, pero la aldaba no marchaba; se sentaron en un catre y comenzaron la lista de ministros.

Rendiles le dijo que nombrara a un comerciante caraqueño que inspirara confianza. En tal momento entró un periodista liberal, valenciano, llamado Manuel Pimentel Coronel, quien exclamó: “¿ Qué disparates le aconseja usted al General Castro? Usted lo que necesita es un hombre ante quien no tenga que ruborizarse el día que le pida 100.000 pesos para comprar una hacienda” En ese instante entró Ramón Tello Mendoza, valenciano, empresario que le hizo suministros al ejército, y Pimentel agregó, señalándole: “usted lo que necesita es a ese señor”.

Tello Mendoza fue un azote, y el gordo Rendiles decía después que la culpa fue de la aldaba.
González, más adelante comenta que los primeros años del gobierno de Castro fueron de grandes penurias y apuro, puesto que como el Tesoro estaba exhausto no había fondos para equipar bien al Ejército y por eso abundaban las revueltas.
PP. 84-85 Fernando González: Mi compadre, Caracas, Editorial Ateneo, 1980.
LA PLANTA INSOLENTE DEL EXTRANJERO HA PROFANADO EL SAGRADO SUELO DE LA PATRIA

Fotografía del S.M.S Panther de la marina imperial alemán el cual bombardeó a Puerto Cabello.
Tal como habíamos comentado en líneas anteriores, Venezuela estaba sumida en un caos profundo y la anarquía campeaba por doquier. De acuerdo a Manuel Landaeta Rosales12,13 quien narra que apenas, entre 1899 y 1903, habían ocurrido no menos de 372 encuentros armados (210 para la sola revolución libertadora), los cuales dejaron un saldo de, por lo menos, 20.000 muertos. Son cuatro años de guerra civil, todo el tiempo. Desde el año de 1900 hasta el de 1910, un 22% del total de los gastos del presupuesto le fueron asignados al Ministerio de Guerra y Marina. Una estadística dramática: de las 2.004.257 cabezas de ganado que habían sido censadas para 1899, apenas 1.461.557 sobrevivían en 1910. Cobra entonces, una plena vigencia, el célebre grito de las montoneras venezolanas: “ ¡ viva la revolución; muera el ganado!”.

Al mismo tiempo, el deterioro de los precios del Café se agudiza a partir del año de 1898. En efecto, debido a la sobreproducción brasilera, se habían perjudicado notablemente las cotizaciones en los mercados mundiales en forma definitiva y, virtualmente, éste deterioro entierra a la competencia de las haciendas venezolanas, endeudadas e ineficientes. Se busca y se desea, entonces, una diversificación, hacia los otros sectores tradicionales de la agricultura venezolana: el cacao, o la cría de ganado vacuno. El café, que había constituido el 83,01% del total de las exportaciones venezolanas en el año 1897-98, solo representa un 48,43% para 1908-1909. Pero la tendencia general de los precios en la agricultura es bajista.

Tanto el cacao, como el ganado son afectados, y los incrementos en producción que se observan entre 1900 y 1908 no resultan en un aumento en los ingresos.

A la semana de su arribo en Caracas, en octubre de 1899, Cipriano Castro tiene que enfrentarse a la revuelta del General José Manuel Hernández. Se hace imperioso acudir al crédito bancario. Manuel Antonio Matos, quien cree –erróneamente- controlar los caprichos del nuevo jefe, ofrece negociar, a través del Banco Caracas un préstamo por un millón de bolívares que apenas aliviará la situación fiscal hasta finalizar el año. Ambos: tanto el Banco Caracas como el Banco de Venezuela se niegan rotundamente a proporcionarle al gobierno fondos adicionales. Las represalias ante tal negativa, son espectaculares – y aún se habla de ellas- . En efecto, Cipriano Castro ordenó apresar a los directores de estos bancos, y enviarlos al castillo de Puerto Cabello, entre ellos iba nada menos que ¡ Matos por la influencia que tenía en ambos bancos ! Pero, son devueltos cuando llegan a la estación porque se ha llegado a un arreglo. De esta manera -inauditamente heterodoxa- los bancos Caracas y de Venezuela, le acordaron al gobierno un crédito por Bs. 2.278.149.

De esta forma para 1902, el Tesoro Nacional estaba tan exhausto que suspendió los pagos de capital e intereses a los acreedores internacionales de la República. También dentro de esas deudas se encontraban las derivadas por el famoso empréstito que el gobierno de Crespo obtuvo por el Gessellschaft de Berlín, destinado a pagar las deudas del 7% de los contratos ferroviarios celebrados por Guzmán Blanco, que eran una pesada carga para el fisco nacional. Y mucho menos se podían pagar las abultadas reclamaciones que, año tras año, venían acumulando las potencias europeas contra Venezuela. Estas deudas no podían ser achacadas al gobierno de Castro o a la mediocre administración pública de entonces, sino a causas que se remontaban desde hace mucho tiempo atrás.

El desenlace de este atolladero financiero, fue el bloqueo de los puertos venezolanos en diciembre de 2002 por parte de las escuadras de Inglaterra, Alemania e Italia. Bajo este ambiente bélico y desenfrenado, fueron bombardeados los puertos de La Guaira y Puerto Cabello y atacado el Castillo de San Carlos con la intención de ocupar a Maracaibo. En estas condiciones, fueron tomados algunos pequeños buques de guerra de Venezuela que luego fueron hundidos.

Ante este hecho de guerra, sin haberse declarado previamente, Cipriano Castro, lanzó “urbi et orbi” la siguiente proclama que galvanizó el espíritu nacionalista ante las agresiones de las potencias europeas, la cual decía así:

Venezolanos:

¡La planta insolente del Extranjero ha profanado el sagrado suelo de la Patria!

Un hecho insólito en la historia de las naciones cultas, sin precedentes, sin posible justificación, hecho bárbaro, porque atenta contra los más rudimentarios principios del Derecho de Gentes; hecho innoble, porque es fruto del contubernio inmoral y cobarde de la fuerza y la alevosía, es el hecho que acaban de realizar en la rada de La Guaira, hace pocos momentos, las escuadras alemana e inglesa; sorprendieron y tomaron en acción simultánea y común, tres vapores indefensos de nuestra Armada que habían entrado en dique para recibir reparaciones mayores.

Venezolanos:

El duelo es desigual porque el atentado ha sido consumado por las dos naciones más poderosas de Europa contra este nuestro país que apenas convalece de largos y dolorosos quebrantos y porque ha sido realizado de aleve manera, pues Venezuela no podía esperar tan insólita agresión, desde luego que no habían precedido las fórmulas de estilo en semejantes casos. Pero la Justicia está de nuestra parte, y el Dios de las Naciones que inspiró a Bolívar y a la pléyade de héroes que le acompañaron en la magna obra de legarnos, a costa de grandes sacrificios, Patria, Libertad e Independencia, será el que en estos momentos decisivos para la vida de nuestra nacionalidad, nos inspire en la lucha, nos aliente en el sacrificio y nos asista en la obra también magna de consolidar la Independencia Nacional. Por mi parte, estoy dispuesto a sacrificarlo todo en el altar augusto de la Patria; todo, hasta lo que pudiera llamarse mis resentimientos por razón de nuestras diferencias intestinas. (…)14

El 7 de enero de 190315, el Presidente Castro se vio obligado a pedirle al Ministro Herbert Bowen, Ministro Plenipotenciario de Estados Unidos que iniciara las negociaciones en nombre de Venezuela, ya que nuestro país había aceptado las condiciones exigidas por las potencias europeas, Inglaterra, Alemania y demás agresores. Estas diligencias debían de realizarse en Washington, donde tendría lugar el arbitraje. Bowen introdujo la propuesta venezolana de dividir las reclamaciones en dos partes: aquellas anteriores al gobierno castrista y las relativas a su propia gestión gubernamental.



Sobre las primeras ofrece al consejo de acreedores el pago de una parte substancial de las deudas. Inglaterra recibiría 137.500 bolívares del millón setecientos dieciocho mil, ochocientos quince con sesenta y siete que reclamaba. El resto se le abonaría en partes sucesivas. Alemania e Italia recibirían cada una 137 mil bolívares de inmediato. En caso de que Venezuela dejase de cubrir las cuotas ulteriores fijadas, las potencias reclamantes girarían contra las entradas de las aduanas de La Guaira y Puerto Cabello, cuya administración se pondría en manos de una comisión belga, hasta el pago de las reclamaciones.

En lo relativo a los daños y perjuicios sufridos por ciudadanos de las potencias reclamantes posteriores a 1899 y hasta la fecha de la reclamación, una Comisión Mixta integrada por un representante de Venezuela y uno de cada nación reclamante, haría el examen pormenorizado de cada caso. Si hubiere desacuerdo entre las partes, el asunto sería decidido por un árbitro designado por el Presidente de los Estados Unidos, el Rey de España o el Presidente de Francia. Para cubrir estas últimas reclamaciones, Venezuela destinaría el 30 por ciento de los ingresos aduaneros producidos por La Guaira y Puerto Cabello. (Juan Bautista Fuenmayor Op. Cit. p.95)

Los Protocolos de Washington los cuales se denominaron así estos convenios rubricados por Bowen como árbitro absoluto en la capital norteamericana en nombre de Venezuela fueron considerados como “depresivos e insultantes” para Venezuela, y únicamente se aceptaron bajo la amenaza de la fuerza. Este hecho no solamente tuvo repercusiones en Venezuela, sino que se proclamó la Doctrina Drago, llamada así en honor de su creador Luis Roque Drago, canciller de la República Argentina, quien expuso que los países no debían acudir a la fuerza para lograr el cobro de sus acreencias.

P.67 Rafael Caldera: Los causahabientes, de Carabobo a Puntofijo. Caracas, Editorial Panapo, 1999.
PP. 92-95 Juan Bautista Fuenmayor: Historia de la Venezuela política contemporánea 1899-1969, (T.I), Caracas, Miguel Ángel García e Hijo, 1976.
PP. 236-238 Nikita Harwich Vallenilla: “El modelo económico del liberalismo amarillo, historia de un fracaso (1888-1908)”en Política y economía en Venezuela, Caracas, Fundación John Boulton, 1992.
PP.116-117 Rafael Arráiz Lucca: Venezuela: 1830 a nuestros días, Caracas, Editorial Alfa, 2007.
...QUE EL TESORO ES COMO EL GUAIRE, QUE TODOS TENEMOS DERECHO A BEBER AGUA Y LO ÚNICO QUE SE DISCUTE ES EL TAMAÑO DE LA PICHAGUA...
Frase también relatada por Fernando González, y se le atribuye a Laureano Villanueva viejo liberal 16 y “cínico” según González. En efecto, cuando nombraron a Eduardo Celis, valenciano de buena familia, ministro de Hacienda, Villanueva le dijo:
¡ Celis ! Es preciso que te hables con Alvarez de Lugo, el de los bigotes, el que le enseñó a robar a Tello Mendoza, para que te enseñe a ti. Acuérdate de lo que decía el Gran Demócrata (Linares Alcántara), que el tesoro es como el Guaire, que todos tenemos derecho a beber agua y lo único que se discute es el tamaño de la pichagua (Cuchara de Totumo) “ ¡ Apura antes de que llegue Gómez y nos corte a todos la cabeza!”
De acuerdo a Eduardo Calcaño (Op. Cit) la frase aparentemente la dijo nada menos que ¡ en una sesión de Gabinete ! y alguien –¡como siempre ocurre!- le llevó la especie a Cipriano Castro, cuando la supo el “restaurador” le causó poca gracia y enseguida destituyó a Laureano Villanueva del cargo de Ministro de Instrucción Pública. Lo ideal hubiese sido que Castro hubiese combatido efectivamente la corrupción y el eterno peculado que han afligido a la República desde su creación (1811) hasta los tiempos actuales (2009). En los momentos en que escribimos esto, un ministro de Finanzas (como se llama ahora el Ministerio de Hacienda), ha estado señalado por corrupción ante la Contraloría General de la República porque compró a nombre de la República un edificio a un precio muy elevado, por lo tanto siguen metiendo la pichagua en el tesoro nacional.
P.88 Fernando González: Mi compadre, Caracas, Editorial Ateneo, 1980.

P.281 Eduardo Calcaño: Vida anecdótica de venezolanos, Caracas, Ediciones del Ministerio de Educación, 1952.




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