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La historia a través de las frases introducción


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LA CONSTITUCIÓN SIRVE PARA TODO

Esta frase se le ha adjudicado su presunta autoría al General José Tadeo Monagas en sus intentos de continuismo y de nepotismo, puesto que a este Presidente le sucedió su propio hermano José Gregorio Monagas. En efecto, finalizado el período de José Gregorio Monagas, volvió a la presidencia José Tadeo; pero éste último no se contentaba con gobernar cuatro años más, sino que inclusive asumió la iniciativa de reformar la Constitución (“la constitución sirve para todo”1) para aumentar su período gubernamental en seis años y derogar la prohibición de reelección inmediata. Esto trajo como consecuencia la revolución de marzo comandada por el General Julián Castro, quien agrupó a conservadores y liberales.

PP. 23-24: Rafael Caldera: Los causahabientes, de Carabobo a Puntofijo, Caracas, Editorial Panapo, 1999

¡BALA AFORTUNADA! BENDITA SEA MIL VECES LA MANO QUE LA DIRIGIÓ !



Retrato del “General del Pueblo Soberano” Ezequiel Zamora
Esta frase le es atribuida al historiador, ensayista y libelista Juan Vicente González, gran enemigo de Antonio Leocadio Guzmán y del liberalismo. Se dice que la escribió o la dijo, alegrándose de la muerte del General Ezequiel Zamora, llamado por sus áulicos el “General del pueblo soberano”. Éste murió al penetrarle un disparo en el ojo derecho, en San Carlos de Cojedes en un encuentro de la guerra federal. Cuando sonó el disparo nadie supo de donde salió -como reseña Ramón Urdaneta (Op.Cit)-. El “General del pueblo soberano” cayó en los brazos de Antonio Guzmán Blanco quien lo acompañaba como su secretario. Ezequiel Zamora, hoy elevado a la categoría de semi dios por la hagiografía oficialista, es descrito por Urdaneta así:

Héroe popular, Zamora fue bravo, fanático, por ser de ideas primarias era de una violencia inclemente, con sed de recónditas venganzas, y le tenía horror a la oligarquía. De 42 años, alto, enjuto, algo rubio, con prominente nariz, desgarbado al andar. Antes de sus correrías se le condenó a muerte, de lo que logra escapar.

A su muerte su cuñado Falcón asume la jefatura del mando, quien sin calidad para esa asunción, despreocupado y con una medianía personal, hace estéril la lucha y pierde los objetivos, aunque se gane la guerra. (p.398)
La leyenda menciona que el tiro salió de sus propias filas pero la verdad –por lo menos la que percibimos- es que Ezequiel Zamora se ponía un sombrero sobre el quepis militar para significar la unión que el pueblo civil se debía con los militares, con semejante atuendo en la cabeza fue un blanco fácil para las tropas enemigas.
P.397. Ramón Urdaneta: Historia oculta de Venezuela, Caracas, Fundur editores, 2007.



Porque si los enemigos hubiesen dicho Federación, nosotros hubiéramos dicho Centralismo.




Retrato de Antonio Leocadio Guzmán uno de los políticos más representativos del siglo XIX venezolano
Esta es una de las frases más tristes o terribles –quizá cínica- que se hayan pronunciado, escrito, recordado, o ¡ inventado si acaso! en la historia patria de Venezuela.

Su autoría es de Antonio Leocadio Guzmán, uno de los fundadores del Partido Liberal, ex candidato a la presidencia de la República, y periodista de oficio y convicción. Aparentemente, según el historiador Tomás Straka Medina, fue expresada en el Congreso Nacional hacia 1867 durante el gobierno de Juan Crisóstomo Falcón, 1863-68), en el transcurso de un fuerte debate en el cual, arrinconado retóricamente, Antonio Leocadio Guzmán exclamó: 2



-No sé de dónde han sacado que el pueblo de Venezuela tenga amor a la Federación cuando no sabe ni lo que esta palabra significa; esa idea salió de mí y de otros que nos dijimos: por supuesto que toda revolución necesita bandera, ya que la Convención de Valencia no quería bautizar la Constitución con el nombre de Federal, invoquemos nosotros esa idea; porque si los enemigos hubiesen dicho Federación, nosotros hubiéramos dicho Centralismo.
Esta frase fue dicha – ¡o mal dicha mejor! – después de haber ocurrido la Guerra Federal en el lapso de 1859-63, y como consecuencia directa de la misma el país quedo devastado y las finanzas públicas destruidas, y al decir de Núñez de Cáceres, de la guerra federal quedaron:“cuarenta mil hombres muertos, infinitos cojos, mancos, mochos con piernas de palo que cruzan las calles pidiendo una limosna, porque no les dan ni un asilo..”3 También Ramón Urdaneta (Op. Cit. p.407) nos trae esta frase y de seguidas nos suelta lo siguiente:

La “Comisión pro reforma constitucional” asienta ante el Congreso reunido y en referencia con la Revolución Federal, “de tantos y tan heroicos esfuerzos tiene el país por elecciones una farsa, por garantías la burla, y por República un sarcasmo”. Por si fuera poco todo esto, Ángel Quintero, quien fuera Ministro de Relaciones Interiores del Presidente José Antonio Páez, explicaba una de las causas eficientes de esta “revolución federal”:

Habíase predicado a la clase proletaria máximas inmorales sobre el derecho de propiedad y se le había infundido la creencia de que el gobierno meditaba restablecer la esclavitud, falsificando decretos y actos del Poder Ejecutivo que parecían comprobarlo. Excitadas de ese modo las pasiones de aquella gente sencilla e ignorante, fácil fue insurreccionarla e inspirarle un odio profundo contra la sociedad y contra las autoridades que la representan. El incendio, el pillaje y el saqueo son el cortejo fúnebre. No, ésta no es una revolución de principios, como mentirosamente ha querido apellidársele. Esas hordas salvajes que cruzan los llanos cometiendo toda clase de delitos no pueden ser movidas por ningún sentimiento noble ni por ninguna idea de progreso. Esta revolución es el fruto amargo de la corruptora administración de los Monagas; es la lucha a muerte de la barbarie contra la civilización4

P. 34 Semanario, Quinto Día, Edición aniversario del 30 de septiembre de 2008, Caracas




VENEZUELA ES COMO UN CUERO SECO QUE AL PISARLO POR UN LADO Y SE LEVANTA POR EL OTRO…

Frase cuya autoría es atribuida al General Antonio Guzmán Blanco, quien supuestamente la diría o la sentiría después de tener que dominar los alzamientos de los numerosos caudillos que dominaban al país y todavía se le alzaba uno que otro. Quizá porque apenas después de haberse terminado mediante el Tratado de Coche firmado por Pedro José Rojas en representación de José Antonio Páez y Antonio Guzmán Blanco en representación de Juan Crisóstomo Falcón en 1863, ya en 1868 estallaba una revolución llamada “azul” mediante la cual tomó el poder el General José Tadeo Monagas, otra vez. Muere en 1868 José Tadeo Monagas y toma las riendas del poder su hijo el General José Ruperto Monagas y se producen rebeliones la más importante fue la de Venancio Pulgar en el Zulia. En ese ambiente, Guzmán Blanco quien había salido de Venezuela hacia Curazao y luego hacia Martinica preparó su invasión para tomar definitivamente el poder.



El día 14 de febrero de 1870 desembarcó el General Antonio Guzmán Blanco en Curamichate, con ocho mil hombres iniciando así su revolución, y el 27 de abril entró triunfalmente en Caracas en el mismo año, inaugurando el llamado “septenio”. La posibilidad de un gobierno fuerte y respetado, entrañaba detener a toda clase de caudillejos, y “generaletes” que se creían dueños de sus respectivas regiones en el país. Pero, Guzmán ya tenía su “grande armée” con un Estado Mayor integrado por oficiales diestros con laureles ganados en las luchas de la federación. Como explica Elías Pino Iturrieta (p.14) “comandar a millares de campesinos y casi un centenar de jefes menores es lo que le permite dar lecciones de rigor frente a la desobediencia”. Al poco tiempo de estar en la Presidencia (1872) tiene que fusilar a Matías Salazar, hombre de armas valiente y analfabeto al que siguen con entusiasmo los labriegos, y en 1874 le llega el turno a otros levantiscos caudillos surgidos de la federación: José Ignacio Pulido, Diego Colina y Gregorio Riera, para ello el “ilustre americano” como se tituló Guzmán Blanco el mismo, levanta una tropa de 14.000 hombres, para aplastar de una vez por todas a 5.000 milicianos pobremente armados. Y todavía hasta 1880! se le alza un tal Pío Revollo, el cual al decir de Pino Iturrieta era “hombre sin talento para el combate y sin apoyos de consideración” . A este último, Guzmán –luciéndose con un uniforme de Mariscal francés- lo degrada frente a su Estado Mayor.
PP. 13-14 Elías Pino Iturrieta en “Sondeo para entrar en el guzmancismo” ensayo en Antonio Guzmán Blanco y su época trabajos compilados por Inés Quintero. Caracas, Monte Ávila editores Latinoamericana, 1994.

¡ESE MUERTO ES MÍO. YO LO MATÉ!
Tal como habíamos dicho en la anterior frase, Guzmán tenía que dar una lección de obediencia, para dominar al conjunto de caudillos en armas que surgieron de la guerra federal. Matías Salazar, quien formaba parte de las tropas que lucharon en la federación, se calificaba él mismo, como integrante de un liberalismo popular frente a un liberalismo aristocrático presidido por el General Antonio Guzmán Blanco. Ramón Urdaneta nos informa que en 1871 (Op. Cit. p. 414) había intentado asesinar al “ilustre americano” con una celada al invitarle a ver un caballo rucio moro mezclado con peruano. Sea como fuere, Matías Salazar o Matiítas como se le conocía , estaba realizando actos de insubordinación frente al “ilustre americano” (otorgamiento de medallas sin estar facultado para ello, criticar duramente al gobierno por el caso del Arzobispo Guevara y Lira5, etc) pero según Polanco Alcántara (p. 239) esta situación se agudizó el día de la celebración del aniversario del 27 de abril, cuando según ciertos comentarios Ana Teresa (la esposa de Guzmán Blanco) se negó a bailar con este caudillo. El “ilustre americano” entonces le ofreció a Salazar 20.000 pesos para que saliera del país y al doctor Felipe Larrazabal 10.000,oo.

Pero en lugar de haberse marchado al extranjero (irse a Estados Unidos o a Europa) en las Antillas lanzó una proclama contra Guzmán Blanco. Y al poco rato ingresó al país por la frontera con Colombia tratando de unir liberales y conservador contra el “ilustre americano”. El General Guzmán Blanco entonces logra rápidamente derrotarle y hacerle prisionero. El día 14 de mayo de 1872, un Consejo de Guerra integrado por todos los generales en jefe, lo juzga y la sentencia es una condena a muerte, a pesar de que esta pena estaba prohibida por la Constitución vigente. El 17 de mayo de 1872, ante el Ejército en parada, comandada por Julián Castro, Salazar fue fusilado. Guzmán Blanco diría en un telegrama al Encargado del Ejecutivo, y a los ministros diciéndoles “el tremendo deber está cumplido”. Al parecer la famosa frase “ese muerto es mío, yo lo maté” Polanco Alcántara dixit, fue dirigida a C.B Figueredo quien trataba de disculpar al General Antonio Guzmán Blanco de su conducta. Y parte del texto de la carta dirigida a Figueredo por el “ilustre americano” decía así:


vencida por fin la Oligarquía en Apure fue Salazar quien vino a reencender la guerra. Y si no se hacía un escarmiento del tamaño del atentado, hubiéramos seguido expuestos a que todo vagabundo de valor, pudiera comprometer la paz del país. El patíbulo de Salazar fue un verdadero cauterio…No me disculpes, yo soy siempre responsable de mis actos porque soy ante todo hombre de convicción (Polanco Alcántara, Op. Cit. p.246)
Es loable la conducta del General Antonio Guzmán Blanco, porque en nuestra historia y aun en las oficinas de la administración pública, al parecer las cosas buenas son las que tienen responsables y muchos padres, mientras que los hechos negativos son huérfanos. Por lo tanto, el “ilustre americano” hizo bien asumiendo su responsabilidad en este hecho.

PP.237-247 Tomás Polanco Alcántara: Guzmán Blanco, Caracas, Ediciones GE, 2002. Este autor le dedica todo un capítulo a Matías Salazar el capítulo IV “La sombra de Matías”.


P. 415 Ramón Urdaneta: Historia oculta de Venezuela, Caracas, Fundur editores, 2007.
LA GUERRA HA TERMINADO QUEDANDO VENCIDA LA OBLIGARQUÍA EN TODAS PARTES Y DE TODAS MANERAS, Y LA ANARQUÍA ESCARMENTADA TAN RUIDOSA COMO EJEMPLARMENTE
Esta frase fue dicha por el General Antonio Guzmán Blanco, en una alocución en junio de 1872, entre líneas quería decir que había acabado con los “conservadores” y de paso había puesto en cintura a los caudillos liberales demasiado inquietos y levantiscos, dejando bien en claro quién mandaba. Inclusive su propio padre cargado de honores y funciones, carecía de algún verdadero poder de decisión. Los 18 años de la era guzmancista se dividen entre el septenio 1870-1877 (seguido por el período de Linares Alcantara), el quinquenio 1879-1884 (seguido por el período de Joaquín Crespo) y el bienio (1886-1888), a la mitad del cual quedó encargado del mando Hermógenes López por haberse marchado Guzmán a Europa en un viaje del cual no retornó. Para muchos historiadores el haber podido manejar a los caudillos, inclusive pagándoles de su peculio sus deudas personales, permitió reducir los gastos militares del Gobierno Central, en comparación con la fuerte carga que para el erario público había representado el mantenimiento del Ejercito Federal durante la década de los sesenta. De acuerdo al historiador marxista Federico Brito Figueroa,6 Guzmán Blanco:

Es un fino aristócrata, tiene savoir faire en los salones financieros foráneos y en los salones de la burguesía, pero es plebeyo y aparentemente igualitario en los campamentos y en las conversaciones con los caudillos regionales.(…)

P.168 Mary B. Floyd: “Política y economía en tiempos de Guzmán Blanco, centralización y desarrollo”, en Política y economía en Venezuela, Caracas, Fundación John Boulton, 1992.



ARREGLA LOS BAÚLES QUE NOS VAMOS PARA EUROPA, PORQUE LAS GALLINAS ESTÁN CANTANDO COMO GALLOS
Se ha dicho en muchas ocasiones que esta frase la pronunció el “ilustre americano” Antonio Guzmán Blanco debido al ambiente político que en un momento dado tenía en contra suya. En efecto, Francisco Linares Alcántara estaba en posesión de la Presidencia de la República y de repente empezó la oposición contra su persona, el escritor Bolet Peraza habló contra él en el Congreso, y hasta el viejo Tello (él cual, ateniéndonos a Fernando González era un congresista muy cortesano) despotricó contra Guzmán, y al saber esto el “ilustre americano” le comentó a su esposa:

arregla los baúles que nos vamos para Europa porque las gallinas están cantando como gallos.
Tomás Polanco Alcántara, nos comenta que tal vez esta frase estaba dirigida contra Juan Pablo Rojas Paúl, aspirante a la presidencia de la República, a quien los caraqueños le decían “cara de gallina”. Al parecer el ex Presidente Jaime Lusinchi también repitió esta frase cuando comenzaron unos ataques durísimos por la prensa contra su gobierno.
P. 55 Fernando González: Mi compadre, Caracas, Editorial Ateneo, 1980.

P. 374 Tomás Polanco Alcántara: Guzmán Blanco, Caracas, Ediciones GE, 2002.




CHICO, LA PRESIDENCIA DE LA REPÚBLICA ES DELICIOSA: LA CACERÍA SE LE PARA A UNO EN EL CAÑÓN DE LA ESCOPETA
Frase que se le atribuye a Raimundo Andueza Palacios sobre el hecho de que la Presidencia de la República servía incluso hasta para conquistar damas. Quizá al Presidente de la República que más se le hayan atribuido damas ha sido a Cipriano Castro. No dudamos que alguno que otro Presidente de la democracia (1958-09), no le hayan puesto la cacería delante de la escopeta. Esta “fácil cacería” parece que no solamente ha funcionado en nuestro queridísimo y folklórico país, también en México la cacería la ponen en la punta de la escopeta. En efecto, según Jonathan Kandell en su amenísimo libro La capital, historia de la ciudad de México, narra cómo una amante Irma Serrano, (a la que apodaban la “tigresa”) del Presidente Gustavo Díaz Ordaz, llegó a propinarle en público una bofetada disgustada porque le habían retirado unos contratos para filmar y grabar para la televisión ¡ en plena fiesta en la residencia presidencial ! Y recientemente el autor de éstas líneas supo que una espía norteamericana (Marita Lorenz) que fue amante nada menos que de Fidel Castro (dictador vitalicio de Cuba) fue también amante del ex Presidente Marcos Pérez Jiménez, y hasta tuvo una hija con él. Al parecer así como me dijo una vez el gran economista Felipe Pazos, que el punto más alto al que podía llegar a ser un economista era ser asesor de un Presidente o candidato a la presidencia de la República, el punto más elevado de una carrera amatoria para una mujer es llegar a ser amante de un Presidente ¡ Creo yo !
P. 69 Fernando González: Mi compadre, Caracas, Editorial Ateneo, 1980.

También esta frase está referida de la misma forma por Rafael Gallegos Ortiz en El cachorro Juan Vicente Gómez, Caracas, Editorial Fuentes, 1977. p. 29


PP. 489-490: Jonathan Kandell: La capital, la historia de la Ciudad de México, Buenos Aires, Javier Vergara Editor S.A., 1990.


MI PROGRAMA ES MONTAR A LA TORRE DE LA CATEDRAL CON UNA CESTA DE MOROCOTAS A TIRARLE A TODO EL QUE PASE


Retrato del General Francisco Linares Alcántara apodado el “gran demócrata”.

El General Francisco Linares Alcántara, como hemos narrado antes, sucedió ( o reemplazaría provisionalmente) en 1877 al General Antonio Guzmán Blanco quien se iría por un tiempo a Paris. Linares Alcántara, cuando andaba de candidato dijo que su programa de gobierno era muy sencillo, era nada menos que montarse en la torre de la catedral con una cesta de morocotas para tirarle a todo el que pasara. Según Fernando González (p.56) era un caudillo más político que guerrero “tan generoso” que le endilgaron el mote de “gran demócrata”. Un día sus ministros estaban discutiendo y como no se ponían de acuerdo, y en vista de que eran hombres de letras, entonces él, llevándose las manos a la cabeza, dijo desoladamente:



-¡ Dios mío que brutos son los hombres de talento!7

Linares era hijo natural de Trinidad Linares y del General Francisco de Paula Alcántara. Criollo, “hablador y dicharachero, cautivador, engañoso, hábil, cínico, campechano, soñador y mujeriego, compadre de Guzmán Blanco, manejaba 6.000 soldados aragüeños, teniendo una Guardia Presidencial pretoriana de estos mozos incondicionales” Urdaneta (Op. Cit p. 422). A pesar de su carácter Fernando González (p.56) califica a su gobierno de honesto, puesto que cada vez que le proponían un negocio, le respondía al proponente:



  • No seas pendejo, chico, yo tengo el mejor negocio del mundo que es la tesorería.

A pesar de que había sido puesto por Guzmán Blanco, él comenzó una reacción contra el guzmancismo. Pero al poco tiempo muere, después de haber comido una lechoza preparada contra un mal de garganta y le da pulmonía. ¡Cómo siempre la imaginación popular fraguó la leyenda de que había sido una lechoza envenenada! A este propósito, Potentini compuso el siguiente epigrama:

  • Madre, ¿qué fruta me das ?

  • Toma, mi adorada niña,

nisperos, mangos o piña.

  • Quiero lechoza,

  • Jamás,

hija pues recordarás,

que Alcántara estaba bueno,

comió y murió, y el galeno

que tales nuevas nos trajo,

repetía por lo bajo

que la lechoza es el veneno. 8
P. 55 Fernando González: Mi compadre, Caracas, Editorial Ateneo, 1980.
HERNÁNDEZ SE QUEDÓ CON LAS MASAS, ANDRADE CON LAS MESAS, ROJAS PAÚL CON LAS MISAS, TOSTA GARCÍA CON LAS MOZAS Y ARISMENDI BRITO CON LAS MUSAS




Retrato del General Joaquín Crespo montando a caballo
La historia de esta frase que ha sido tan recordada por todos los historiadores, es la siguiente:

Corría el año de 1897, y bajo el Gobierno del General Joaquín Crespo (antiguo guzmancista) se organizaban unas elecciones, y éste tenía su candidato que no era otro sino el General Ignacio Andrade, un hombre de paja, para gobernar por intermedio de él. Uno de los candidatos era el General José Manuel Hernández, apodado “el mocho” debido a una herida en un combate en una de las numerosas revueltas que se sucedieron en el siglo XIX. Este ”mocho Hernández” –verdaderamente- era un caudillo realmente carismático que había visitado a Estados Unidos y copió de ese país la forma como hacían sus campañas electorales. De modo que hizo una gira por toda la nación venezolana. También le precedía una fama de patriota y nacionalista. El partido que le apoyaba se hacía llamar “liberal nacionalista”. De igual forma, el “mocho Hernández” en su extensa campaña electoral prometía llevar a cabo los hábitos democráticos que no habían podido ser puestos en práctica, y suprimir el peculado (lo que hoy llamamos eufemísticamente la “corrupción administrativa”), así como las concesiones onerosas para el Estado pero que beneficiaban exageradamente a intereses privados.9

El candidato del oficialismo - ¡ cómo diríamos hoy en día ! - Ignacio Andrade tenía sus partidarios, aunque naturalmente eran menos numerosos que los del “mocho”, contándose entre los mismos, los políticos profesionales y personalidades que creían que Andrade reaccionaría contra Crespo y haría un buen gobierno. Incluso a Ignacio Andrade lo acusaban de colombiano. “¡ Viva el ilustre hijo de Cúcuta !” le gritaban con cierta ironía. De acuerdo a Rafael Gallegos Ortiz (p. 36) hubo necesidad que Don Tulio Febres Cordero, y otros sacaran justificativos demostrando que era un hijo de la ciudad de Mérida.

Más popular fue la candidatura de Juan Pablo Rojas Paúl, asilado en Curazao gracias a la hostilidad oficial, pero cuando dijo en un manifiesto que gobernaría teniendo de un lado a Guzmán Blanco y al otro a Crespo, muchos lo abandonaron. Había un candidato independiente el General Pedro Arismendi Brito, soldado, y honesto a todo trance pero sin aptitud para el mando. A estos se agregaban dos candidatos más del partido liberal histórico: Francisco Tosta García y Juan Francisco Castillo.

La energía demostrada en su campaña electoral por el “mocho Hernández” era increíble, hasta viajó a Maracaibo donde fue recibido por una multitud de más de dos mil personas, a pesar de las trabas que había puesto el gobierno regional de Maracaibo. Y no obstante, las garantías ofrecidas por Crespo, las autoridades locales, sobre todo en las capitales de los estados, hacían todo lo posible contra los “liberales nacionalistas”, respetando solamente en la forma las órdenes de Caracas.

En este recuento de estas elecciones es interesante citar directamente a Vicente Lecuna (p.53):

En la propaganda Hernández se empeñaba en que se hicieran ensayos con el objeto de que el día de los comicios los hombres supieran lo que debían hacer y los requisitos que se requerían para votar, precaución fácilmente explicable con solo considerar que en los últimos 50 años no se habían efectuado elecciones, salvo raros simulacros siempre irritantes par la falsedad y descaro de las autoridades.
Por fin, cuando llegó el tan ansiado y prometido día de las elecciones, el 1° de septiembre de 1897, las plazas públicas amanecieron llenas de campesinos, enviados por sus comisarios y jefes civiles, armados de machetes. Todos estos guapetones impidieron a los partidarios del “mocho Hernández” entrar en los sitios de votación. Poco después las autoridades gubernamentales habían publicado el resultado favorable a Andrade y “decían cínicamente que los andradistas habían asistido a las plazas en la madrugada”.

Así, el Congreso que se había convocado para febrero de 1898, dio cuenta de que Andrade había obtenido casi todos los votos y de esta forma declarado Presidente electo de la República. La guasa popular dijo entonces que Hernández se quedó con las masas, Andrade con las mesas, Rojas Paúl con las misas, Tosta García con las mozas (por su fama de hombre enamorado) con las mozas y Arismendi Brito con las musas (por su vocación de poeta).

Es sumamente convincente el relato que nos ha proporcionado Vicente Lecuna, sobre el “mocho Hernández”, en el sentido de que éste estaba empeñado en establecer una práctica desconocida en la república (la competencia electoral) y se había limitado a la propaganda pacífica, donde el propio Crespo le había dicho “usted tendrá garantías para el proceso eleccionario”.

El “mocho Hernández” se alzaría, posteriormente, escapándose de una estricta vigilancia que le tenía el gobierno, y en un combate en la “Mata Carmelera” moriría el “héroe del deber cumplido” Joaquín Crespo.

La muerte de este caudillo, produjo una especie de vacío de poder el cual favorecería la invasión de Cipriano Castro y sus sesenta desde el Táchira.
P.59 Vicente Lecuna: La revolución de Queipa, Caracas, Ediciones Garrido, 1954.

P.55 Fernando González: Mi compadre, Caracas, Editorial Ateneo, 1980.



VENEZUELA ES UN PAÍS DE REPUTACIONES CONSAGRADAS Y DE NULIDADES ENGREÍDAS
Quizá, esta es una de las frases más famosas de la historia venezolana, puesto que sobrevive, y la citan a cada momento. Fue escrita en 1896 en la famosa revista El cojo ilustrado, de Herrera Irigoyen, por el coronel y escritor Manuel Vicente Romero García. Manuel Vicente Romero, moriría expatriado, de olvido y soledad en el pueblo natal de Gabriel García Márquez, Aracataca, y de muerte física en Santa Marta Colombia. Quizá, -nunca lo sabremos- si Gabriel García Márquez se inspiró en este personaje para escribir su famoso cuento El coronel no tiene quien le escriba. Esta frase tiene vigencia en la Venezuela del siglo XXI puesto que un individuo es miembro de varias Academias gracias a libros que llevan su nombre, pero son otros los que lo han escrito.
P. 438 Ramón Urdaneta: Historia oculta de Venezuela, Caracas, Fundur editores, 2007.

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