Página principal

La fiscalidad en el Ayuntamiento de la ciudad de México durante la guerra de independencia


Descargar 45.37 Kb.
Fecha de conversión23.09.2016
Tamaño45.37 Kb.
Gisela Moncada González 1

Instituto de Investigaciones Dr. José María Luis Mora


La fiscalidad en el Ayuntamiento de la ciudad de México durante la guerra de independencia”
Introducción

Una de las repercusiones inmediatas que tuvo la guerra de independencia sobre los habitantes de la ciudad de México recayó en el rubro de los impuestos a los alimentos de mayor consumo. El Ayuntamiento al fungir como el principal órgano de gobierno a cargo de la ciudad, estuvo regulado por la política instaurada por la Corona Española. No obstante en los últimos años del régimen virreinal, a la luz de la inestabilidad política existente, los conflictos entre éste y el Ayuntamiento comenzaron a ser frecuentes.


En este sentido esta investigación explora tanto la política fiscal alimentaria instaurada en América por la Corona Española, así como las reacciones del Ayuntamiento frente a las disposiciones políticas durante el movimiento armado de 1810. La principal fuente documental en la que se fundamenta este estudio son las Actas de cabildo del Ayuntamiento de México.
Uno de los principales problemas a los que se enfrenta un gobierno en un periodo de guerra es la falta de recursos económicos. Ante esto, una de las políticas recurrentes del gobierno para obtener más recursos es el incremento a la carga impositiva en ciertos productos de consumo cotidiano, como los alimentos. Dicha carga se puede observar en dos direcciones: la primera, cuando se gravan artículos que antes no pagaban impuestos y la segunda, cuando se aumenta la presión fiscal de los comestibles que ya los pagaban.
Escenario de la ciudad ante la guerra

Si bien el movimiento armado no tuvo lugar en la ciudad de México, las consecuencias de la guerra en cuanto al suministro de productos de primera necesidad como los alimentos, fueron severas. Es de resaltar que la ciudad se distinguió por la convergencia de poderes, el más importante fue la residencia del virrey, seguido por corporaciones eclesiásticas y consulares, entre otras. Este conglomerado de autoridades provocó que la ciudad gozara de protección y privilegios en lo que se refiere al orden social y a la satisfacción de las demandas alimentarias. Así, la seguridad que brindó la urbe durante los años de la guerra hizo que una gran cantidad de pobladores aledaños a ella se mudaran en busca de refugio. De esta forma, si ya era la ciudad más poblada del virreinato tras la guerra lo fue aún más.2


La política fiscal alimentaria bajo el régimen virreinal que se instauró en Nueva España fue una política proteccionista dirigida al consumidor, como la implementada en las ciudades españolas. Dicha política consistió en una extrema vigilancia sobre la regulación del precio de los comestibles, así como el expendio de los mismos.3 La estrategia que siguió la Corona para gobernar una ciudad fue la instauración de Ayuntamientos. En la ciudad de México, el Ayuntamiento tenía un órgano dependiente llamado Fiel Ejecutoría, el cual se encargaba de vigilar y controlar las transacciones comerciales al interior de la ciudad. Además de contar con su propio tribunal funcionaba como inspector, tanto del abasto como de los precios.
A comienzos del siglo XIX y a la luz del movimiento insurgente, una de las principales disputas que con frecuencia enfrentó la autoridad virreinal y el Ayuntamiento de México estuvo relacionada con los privilegios otorgados por la Corona en el siglo XVI a los Ayuntamientos. De esta manera, esto últimos tenían la facultad de poseer tierras y solares para sus propios. Por ello, los ingresos del Ayuntamiento básicamente procedían de la renta de cajones, fincas urbanas, mercados, potreros y carnicerías. Del cobro de estos propios las autoridades de la ciudad podían disponer para sus gastos, es decir, salarios, pagos a distintas comisiones y fiestas.4
Por otro lado los arbitrios o impuestos, aprobados por el virrey y autorizados por la Corona,5 eran otra vía para recaudar fondos, debido a que gravaban determinados víveres que se introducían a la ciudad. Por lo tanto los Ayuntamientos carecían de facultad para imponerlos o eliminarlos a voluntad, con excepción de los casos de extrema necesidad cuando se requería solventar una epidemia o ante un movimiento armado. Una característica particular de los arbitrios era su creación temporal, ya que por lo general se implantaban para cubrir algún gasto extraordinario. Esta distinción permite explicar que los desacuerdos entre ambas autoridades (virreinal y del Ayuntamiento) giraban en torno a la imposición de arbitrios, sobre todo en un momento coyuntural como lo fue la guerra de independencia.

El tema del cobro de impuestos adquiere importancia en los albores al estallido de la guerra debido a que en la ciudad de México se vivía un ambiente de inestabilidad económica y política, así las autoridades virreinales constantemente buscaban incrementar las arcas de la Corona mediante la recaudación de nuevos fondos. A través de cédulas se informaba sobre los nuevos cobros, básicamente se comenzó a gravar a aquellos productos de mayor consumo capitalino como la carne, el pulque y el aguardiente.6


Conflicto entre autoridades

Entre 1810 y 1815 aumentaron las tensiones entre las autoridades virreinales y el Ayuntamiento de México a causa del cobro de impuestos. En tiempos normales cuando el virrey emitía alguna disposición no existía ninguna autoridad que estuviera por encima de él que pudiera revocar su mandato. Sin embargo, las fricciones llegaron a tal grado, al inicio del levantamiento armado, que si el virrey emitía un bando, el Ayuntamiento lo revocaba, pronunciaba otro o simplemente manifestaba su desacuerdo.


Prueba de ello es el bando publicado el 26 de agosto de 1812 en el que el virrey pide un impuesto temporal (para remediar gastos de guerra) a los artículos de mayor consumo alimentario, entre ellos el maíz, trigo y frijol.7 Diez días después, los miembros del Ayuntamiento reunidos en cabildo rechazaron esta imposición por considerarla injusta, y señalaron que:
(…) dicha contribución recae precisamente sobre los más necesitados que son los pobres, cuyo principal alimento consiste en maíz, chile y frijol que son parte de los renglones gravados.8
Este argumento de los miembros del Ayuntamiento dirigido al virrey tenía doble intención, por un lado mostraba su molestia por gravar alimentos sumamente básicos, pero al mismo tiempo se advierte un disgusto originado por no habérsele considerado en la toma de esta decisión, ya que agregaron:
(…) no puede desentenderse de manifestar a vuestra excelencia con el mayor respeto… que no se haya contado con la intervención y anuencia de esta nobilísima ciudad para la imposición de las contribuciones que contiene, cuando según el bando consta ha intervenido en ella los tribunales de la Minería, el Consulado, los señores regente y fiscal de la Real Hacienda y varios jefes de rentas que seguramente no tiene para el caso la representación y conocimientos de este cuerpo.9
Es posible que la inconformidad del Ayuntamiento sobre el aumento del impuesto haya radicado en que algunos de los miembros del cabildo tenían nexos con los abastecedores o bien eran propietarios de grandes haciendas, por lo tanto este gravamen les perjudicaba de manera personal. En este punto ha de recordarse que existe evidencia historiográfica de la participación de una gran elite dedicada al comercio internacional inserta en las filas del Ayuntamiento entre 1780-1810.10
El rechazo del Ayuntamiento ante la disposición virreinal de intensificar la carga impositiva a los comestibles también se fundamentaba en ciertos principios básicos en los que descansaba la política proteccionista dirigida al consumidor. Es decir, además de los intereses económicos que perseguían los miembros del Ayuntamiento ¿qué otras razones obligaban a esta corporación a no acatar las ordenanzas dictadas por el virrey? Es probable que no se tratara solo de una cuestión arbitraria, sino que el Ayuntamiento al tener la obligación de proveer de alimento a la capital, se negaba a poner en marcha dicha ordenanza. Aunado a lo anterior se debe considerar que las complicaciones para abastecer a la ciudad se intensificaron con la guerra.
Este tipo de medida, por parte de la autoridad virreinal, abre una pauta para reflexionar sobre las políticas que se dirigen a gravar bienes inelásticos (como los alimentos). Éstas fueron muy recurrentes no sólo a fines del periodo colonial, sino incluso en nuestros días. La razón es que a través de ellas se garantiza una alta recaudación fiscal, ya que gravar productos de primera necesidad, no importa cuánto cuesten, la gente de altos y bajos ingresos lo consumirán.

Otro ejemplo, es el caso del pulque, el cual al ser una bebida de alto consumo capitalino también se le imputaron varios impuestos. Por ejemplo, a partir de 1786 hubo un incremento por su introducción,11 más tarde, en 1811, ya durante la guerra se le atribuyó uno más.12 Como consecuencia de estos arbitrios, los comerciantes de dicha bebida buscaron la manera de evadirlos y de manera consecuente, se desató el aumento de la venta ilícita del pulque a las afueras de la ciudad.13


Aunque los abastecedores estaban acostumbrados a estos impuestos, durante el levantamiento armado la recaudación fue más estricta, pues a diferencia de otros años, en este caso se necesitaba más dinero para gastos de guerra. Es por ello que cada vez fue más frecuente encontrar en Actas de cabildo denuncias por parte de los tratantes de pulque sobre las graves consecuencias que enfrentaron por la guerra. José Meraz (abastecedor de pulque a la ciudad) presentó su queja y señaló que:
(…) desde el año de 1796 he seguido contrato con esta ciudad obligándome a satisfacer 10 pesos diarios por expender exclusivamente pulque en el mercado principal de esta Corte, he cumplido en todas sus partes la referida contrata sin que haya alegado pretexto alguno para no pagar la indicada pensión, a pesar de los repetidos quebrantos que he padecido en mi negocio desde el día en que por desgracia se suscitó en este suelo la destructora insurrección.14
Tras esta cita se observa que con la insurgencia no sólo los gravámenes lesionaron a la actividad comercial, sino también las entregas de pulque en la capital se tornaron irregulares debido a los rebeldes que entorpecían los caminos y robaban mercancía a los abastecedores. Sin duda, esto provocó que los tratantes comenzaran a tener reducidas ganancias e incluso pérdidas, por ello, pedían a las autoridades les redujesen o les condonasen el pago por derecho de plaza, que es el que se pagaba en el sitio de venta. Nuevamente el señor José Meráz argumentó lo siguiente:
(…) por lo que vuestra excelencia usando de su acostumbrada bondad sea de servir mandar que en los días en que es absoluta la falta de pulques, se me libre de la exacción de los 10 pesos diarios, e igualmente de un peso que corresponde al puesto de la plaza de Jesús cuya obligación es de mi cargo.15
Este es un ejemplo evidente de las estrategias que implementaron los abastecedores para no pagar impuestos y de la forma en que trataban de negociar con las autoridades para quedar liberados de ese pago, aprovechando la situación de guerra. Sin embargo, el tratante de pulque tenía razón al señalar los perjuicios ocasionados por el movimiento armado, pues se sabe que la insurgencia sí tuvo un impacto en la producción agrícola. En zonas como los llanos de Apan (que mantenían estrechos vínculos con la ciudad de México por el comercio del pulque) disminuyeron drásticamente sus actividades mercantiles.16
Gastos de guerra

Otra de las dificultades que enfrentó el Ayuntamiento y que nuevamente lo puso en pugna con la autoridad virreinal fue el gasto para los uniformes del ejército realista. En este caso no se creó un impuesto para cubrir dicha erogación, sino que se acudió a otro mecanismo. En noviembre de 1810 el virrey Francisco Xavier Venegas impuso al Ayuntamiento una aportación económica para los uniformes de los soldados,17 además exigió una mayor participación en el regimiento provincial de infantería por encontrarse éste despoblado,18 constantemente el comandante del regimiento daba aviso de las vacantes.19 El virrey por su parte pidió que por medio de un padrón general de los curatos se realizara el alistamiento a fin de reemplazar la considerable baja en que se encontraba la infantería provincial de la capital. El Ayuntamiento no tuvo elección y contribuyó con los gastos para uniformes.


Las exigencias de la autoridad virreinal hacia el Ayuntamiento para contribuir a los gastos de guerra provocaron (en cierta forma) el detrimento de las finanzas del Ayuntamiento a fines del periodo colonial, las cuales, si bien ya comenzaban a dilapidarse a inicios del siglo XIX, con la guerra se agravó más la situación. Por tal motivo, en 1815 reunido en cabildo, el Ayuntamiento implementó una fuerte carga impositiva a los sitios destinados a la venta de comestibles como plazas y mercados para poder solventar así sus gastos.
Esto ocasionó la molestia de los comerciantes, así que a través de un escrito presentado por los arrendatarios de los cajones interiores de la plaza del Factor, solicitaron a dicha corporación que “se les bajen dos reales del arrendamiento y sólo se les exija el dicen que antes pagaban y ahora se les ha subido”.20 De acuerdo a las Actas de cabildo, se observa que la presión fiscal a los sitios de venta se justifica por la guerra, no obstante, en años siguientes continúan los cobros.
Consideraciones finales

Ante este escenario, vale la pena reflexionar sobre la pertinencia de la política de gravar bienes inelásticos justo en momentos coyunturales, como lo es un levantamiento armado y, sobre todo bajo un régimen de precios regulados, pues esta situación ocasiona pocos o nulos incentivos para el comerciante, debido a que cuando las autoridades aumentan impuestos, la presión fiscal recae en el abastecedor; y al estar los precios fijados, los introductores no pueden recuperar el pago que hacen en las aduanas, por lo tanto, podemos decir que el peso fiscal recae en los abastecedores. En cambio, si los precios estuvieran libres, el comerciante no tendría ninguna restricción en agregarle a su mercancía el cobro alcabalatorio y, por consiguiente, el peso fiscal recaería en los consumidores.


Desde esta perspectiva se comprende que la política proteccionista novohispana protegía al consumidor, sin embargo, si analizamos la situación del lado de los comerciantes y abastecedores nos damos cuenta que son éstos los que enfrentaron los mayores estragos ante una presión fiscal; y por ello encontramos los cambios más notables entre 1811 y 1813 en la regulación de la venta de comestibles en la ciudad de México.
Por una parte la guerra, seguida de la crisis agrícola de 1809-1811 y, finalmente la presión de los abastecedores denunciando su incapacidad de absorber la carga impositiva, incitaron que entre 1811 y 1813 se decretara la absoluta libertad de precio y expendio a la venta de carne y sus derivados, al maíz, al trigo y las velas.
La consecuencia directa de esta serie de desavenencias produjo que una vez otorgada la libertad de precio y expendio en el comercio, los abastecedores pudieron fijar sus precios y éstos subieron drásticamente, un claro ejemplo fue la carne, que triplicó su precio. Es probable que el descontento de los comerciantes (de décadas anteriores), aunado a la fuerte carga impositiva en el comercio (durante los años de la guerra de independencia) por parte de autoridades virreinales y del Ayuntamiento, originara que los comerciantes aprovecharan la inestabilidad política e institucional de la Nueva España para exigir dicha libertad en el comercio. Por su parte, se infiere que las autoridades fueron rebasadas por las circunstancias y modificaron la política proteccionista dirigida al consumidor para dar paso a la libertad comercial.21
Sin duda, los que sí resintieron estos cambios acaecidos en el comercio fueron los habitantes de la gran urbe, pues el resultado de la severa carga impositiva a los alimentos desencadenó el alza de los precios.
Fuentes Manuscritas
Archivo Histórico del Distrito Federal (AHDF)

Actas de Cabildo


Bibliografía
Anna E., Timothy, La caída del gobierno español en la ciudad de México, México, F. C. E., 1987.
Guedea, Virginia, La insurgencia en el Departamento del Norte. Los llanos de Apan y la sierra de Puebla 1810-1816, México, UNAM/Instituto Mora, 1996.
Kicza, John E, Empresarios coloniales. Familias y negocios en la ciudad de México durante los Borbones, México, F. C. E., 1986.
Liehr, Reinhard, Ayuntamiento y oligarquía en Puebla, 1787-1810, tomo II, México, SEP/SETENTAS, 1976.
Moncada, Gisela, “Políticas de abasto de alimentos en la ciudad de México durante al guerra de independencia, 1810-1815”, México, Tesis maestría UNAM/FF y L, 2007.
Quiroz, Enriqueta, Entre el lujo y la subsistencia. Mercado, abastecimiento y precios de la carne en la ciudad de México, 1750-1812, México, COLMEX/Instituto Mora, 2005.
Vásquez Meléndez, Ángel y Arturo Soberón Mora, El consumo del pulque en la ciudad de México (1750- 1800), México, Tesis de Licenciatura UNAM/FF y L, 1992.

1 Actualmente cursando el quinto semestre del Doctorado en Historia Moderna y Contemporánea en el Instituto Mora.

2 Anna E., Caída, 1987, p. 26.

3 Quiroz, Entre, 2005, p. 49.

4 AHDF, ramo Ayuntamiento, Actas de cabildo, vol. 131ª, foja 88, 8 de junio de 1812 y Pazos, Ayuntamiento, 1999, pp. 76, 169 y 191.

5 Liehr, Ayuntamiento, 1971, p. 21.

6 Quiroz, Entre., 2005, p. 50.

7 AHDF, ramo Ayuntamiento, Actas de cabildo, vol. 131ª, foja 127v, 29 de agosto de 1812.

8 AHDF, ramo Ayuntamiento, Actas de cabildo, vol. 131ª, foja 132v, 7 de septiembre de 1812.

9 AHDF, ramo Ayuntamiento, Actas de cabildo, vol. 131ª, foja 132v, 7 de septiembre de 1812.

10 Kicza, Empresarios., 1986, p. 50-52.

11 Vásquez, “Consumo”, 1992, p. 131.

12 AHDF, ramo Ayuntamiento, Actas de cabildo, vol. 130ª, foja 122v, 24 de mayo de 1811. En un oficio del señor administrador de la Real Aduana se remiten las cuentas del nuevo impuesto sobre paños y pulques.

13 Vásquez, “Consumo”, 1992, p. 131.

14 AHDF, ramo Ayuntamiento, Actas de cabildo, vol. 131ª, foja 40, 20 de marzo de 1812.

15 AHDF, ramo Ayuntamiento, Actas de cabildo, vol. 131ª, foja 40, 20 de marzo de 1812.

16 Guedea, Insurgencia., 1996, p.244.

17 AHDF, ramo Ayuntamiento, Actas de cabildo, vol. 129ª, foja 124. 18 de noviembre de 1810. Oficio el virrey donde agradece al Ayuntamiento por haber costeado de sus fondos el uniforme de cien patriotas que carecen de ellos.

18 AHDF, ramo Ayuntamiento, Actas de cabildo, vol. 130ª, foja 45. 25 de enero de 1811. Oficio del virrey sobre que se formen las propuestas de las vacantes del regimiento provincial de infantería de esta capital.

19 AHDF, ramo Ayuntamiento, Actas de cabildo, vol. 130ª, foja 128. 31 de mayo de 1811. El señor Mayor de plaza comandante del Regimiento primicial de milicias de esta corte da aviso de las vacantes en dichas.

20 AHDF, ramo Ayuntamiento, Actas de cabildo, vol. 134ª, f. 181, 23 de junio de 1815.

21 Moncada, “Políticas”, 2007, p. 53.





La base de datos está protegida por derechos de autor ©espanito.com 2016
enviar mensaje