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La filosofía en el siglo XVIII: novatores eilustrados


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LA FILOSOFÍA EN EL SIGLO XVIII: NOVATORES EILUSTRADOS

Rafael Antolínez Camargo



1. La Ilustración europea: Características
Si bien, como se mostró en los capítulos precedentes, los siglos XV, XVI y XVII fueron de consecuencias hasta hoy incalculables para la América "descubierta", conquistada —pacificada en la opinión de algunos— y colonizada, la ''Centuria de las luces" no dejó de tener una influencia capital y unas consecuencias definitivas y definitorias.
El siglo XVIII es un siglo que quiere saberse a sí mismo, dar y darse cuenta de cómo era, justamente, su propio presente. Esta es, según Michel Foucault, en sus reflexiones sobre El sujeto y el poder, la preocupación fundamental hacia !a cual apunta el interrogante de Kant: ¡Qué es la Ilustración? (1784). A su entender, cuando Kant pregunta, ¿qué es la Ilustración?, quiso inquirir "¿Qué es lo que pasa precisamente ahora? ¿Qué nos está pasando? ¿Qué es este mundo, este período, este preciso momento en el que estamos viviendo? O en otras palabras, ¿qué somos como Aufrlärer, como parte de la Ilustración? (...). Pero Kant pregunta algo más, ¿qué somos nosotros?, en, un momento muy preciso de la historia, la pregunta de Kant aparece como un análisis a la vez de nosotros y ' de nuestro presente".
Así las cosas, el también llamado "siglo filosófico" se extenderá, por intentar periodizarlo, entre 1685 y 1785; esto es, entre Newton y Locke, quienes lo abren, y Kant quien lo cierra. El siglo XVIII intentó ser, como lo entendió Hegel con claridad meridiana, "la filosofía de su tiempo", aunque, por otra parte, hemos de declararlo, aunados a la idea de Cassirer, como un siglo abiertamente en deuda con los siglos que lo precedieron y de los cuales ciertamente recogió su legado. De algún modo, la "centuria de las luces" se contactará con el humanismo renacentista para retomar, de manera ecléctica, algunos de sus postulados fundaméntales y erigir, sobre los pilares del siglo XVII su imagen científico-natural del mundo. El siglo XVIII debe al monumental esfuerzo científico del Renacimiento la creación de la nueva ciencia natural, desde la cual se impugnará la autoridad de Aristóteles y la intangibilidad del dogma que tanto lastre había impuesto a la ciencia medieval. La renuncia al modelo aristotélico hace viable el examen atento de los fenómenos y la interpretación racional de los hechos, en la que jugó un papel importante la matemática; así, la nueva astronomía se constituye cuando se aplica la matemática a los hechos observados; la nueva física aparece cuando se someten los fenómenos a rigurosos experimentos cuantitativos. El Renacimiento verá también nacer, a instancias de Nicolás Copémico (1473-1543) una nueva concepción del cosmos: la heliocéntrica, que sería, posteriormente, atacada por Ticho Brae (1546-1607), corregida por Johann Kepler (1571-1630), al establecer la forma elíptica de las órbitas planetarias, y defendida públicamente por Galileo Galilei (1564-1642) con quien las relaciones entre ciencia y fe se tornan más conflictivas pues, a fin de cuentas, la teoría heliocéntrica distaba mucho del geocentrismo supuesto en la Biblia. La influencia del Renacimiento será en síntesis, decisiva para las centurias posteriores; en particular para la ciencia moderna que, de algún modo, se debe también a la figura de Leonardo Da Vinci (1452-1519).
Por otro lado, es menester recordar que la actividad científico-natural había adquirido una cierta perfección en el siglo XVII y que, desde entonces, se pretendió implantar el modelo de la física como paradigma de las ciencias naturales. La "nueva física" basada en la metódica de la observación, la experimentación y el análisis intentará excluir las explicaciones teleológicas y las interpretaciones finalistas del discurso de la física, pues la teorización dogmática del seudoaristotelismo y de la escolástica, le quitaban a la ciencia su base empírica a la vez que no permitían explicar el fenómeno. La “nueva física" hará que, según se dijo en el capítulo anterior, "el edificio escolástico sufra un gran remezón, sobre todo en cuanto a la física que era el punto-más vulnerable del escolasticismo".
Este ideal del siglo XVII dejó de ser tan remoto cuando se crearon, en algunos países europeos, las llamadas academias de las ciencias, como centros de investigación y difusión de todas las labores científico-naturales. Así, en 1660 se fundó en Inglaterra la Royal Society, inspirada en un sentido metódico determinado, con la intención de no admitir, en física, ningún concepto que no haya sufrido su prueba empírica y que no hubiese sido corroborado por el experimento. De la Royal Society fue presidente Newton en 1703. Emulando el ejemplo de Inglaterra, por iniciativa de Colbert, Francia fundará, en 1666, su Academie des Sciences.
Así pues, el siglo XVIII se caracterizó por ser una crítica audaz a la filosofía escolástica, de impronta aristotélica, y al racionalismo cartesiano así como, también, un rechazo progresivo de los valores culturales y de la tradición del medioevo y del barroco y, en particular de la filosofía y de la teología del escolasticismo, por una parte; y una confianza, algo ingenua, en el hombre que esperó poder, valido de su razón, descubrir muy pronto los secretos de la naturaleza y llegar a dominar el universo, por otra. Para ello, retomó los postulados e ideales del siglo XVII; asumió el modelo de las ciencias naturales para reelaborar las leyes, la política, la historia, la estética, la poética. Pretendió aplicar a la historia y a la ciencia el mismo modo de plantear el problema y la misma metódica de la razón natural negándose a reconocer nada sobrenatural o nada suprahistórico.

Desde esta óptica, la matemática será mirada como el modelo del conocimiento exacto y la historia como el modelo metódico por excelencia; aunque, valga aclarar, será una historia que no acepta el determinismo providencialista ni la explicación mítica de los fenómenos pues, según Voltaire en su crítica a la historiografía, estas actitudes son las que han posibilitado el culto a los héroes, a los caudillos y a los monarcas, sustentando la idea de que "toda autoridad viene» de Dios". En este mismo sentido, Montesquieu, en El espíritu de las leyes, intentará fundamentar una filosofía de la historia y Kant, por su parte, basándose en su idea ilustrada de la historia, abocará el conocimiento filosófico de los hombres, a la idea de una antropología universal; pues, cuando Kant pregunta - según Foucault - "¿Qué somos como Aufrlärer, como parte de la Ilustración? Compara esto con la pregunta cartesiana: ¿Quién soy yo? ¿Yo, como un sujeto único pero universal y ahistórico? Yo, ¿es para Descartes cada uno, en cualquier parte y en cualquier momento?". La respuesta de Kant quiere ser un análisis de nosotros y de nuestro presente, en un momento determinado de la historia.


2. Novatores e ilustrados en España
La España del siglo XVII afrontó una severa crisis de valores ocasionada por problemas económicos que la abocaron ineludiblemente a la decadencia y, acaso, a la nostalgia del esplendor que había alcanzado en la primera mitad del siglo XVI. Así las cosas, contadas figuras, entre las cuales sobresalen Luís Rodríguez de Pedrosa, Juan Caramuel e Isaac Cardo-so, se dieron cuenta y quisieron dar noticia de la situación propiciando una oleada renovadora, consciente de que el cambio de la sociedad sólo podría provenir de una transformación filosófica radical que propugnara por un cambio en la escala de valores y generara una nueva actitud ante la vida. Era, en síntesis, el anhelo de hacer ingresar a España en el pensamiento de la modernidad, para lo cual era necesario emprender una crítica demoledora a la escolástica y al aristotelismo y afianzar, por otra parte, una visión científica, acorde con la época, que liberara el pensamiento de la actitud dogmática en que se fundamentaba la escolástica española desde el siglo XV.
La crisis de valores se acentuará a fines del siglo XVII y comienzos del XVIII, con la aparición de los novatores. Abellán refiere cómo este apelativo aparece por primera vez en la obra de Francisco Palanco, religioso de la Orden de los Mínimos, titulada Dialogus physico-theologicus contra philosophiae novatores, aparecida en 1714, tiempo para el cual la nueva manera de pensar había adquirido ya una cierta fuerza.
El pensamiento de los novatores, innovadores, constituye, en términos generales, una ruptura con la tradición escolástica de impronta aristotélica y un optar por un pensamiento moderno de carácter científico que rehúya de las actitudes y las soluciones metafísico-teológicas. Serán ellos los encargados de propiciar una disociación entre el problematismo de la ciencia y el de la filosofía, que en los siglos precedentes mantenía su carácter unívoco. Este anhelo innovador no pudo, sin embargo, abarcar los distintos órdenes de la vida espiritual, en parte por el yugo que imponía la teología a la filosofía; recordemos que para entonces la cosmovisión y la antropología escolástica representaba ideológicamente los intereses de la Iglesia católica y que esta nueva mentalidad filosófica implicaba una intrusión del laicismo en temas religiosos que podrían resultar peligrosos para la fe, como en el caso de la doctrina atomista donde se identificaba la sustancia de los accidentes, óptica desde la cual parecía miope seguir afirmando el dogma de la transubstanciación eucarística, toda vez que, ponía en tela de juicio la existencia del sacramento de la Eucaristía.
En este estado de cosas, los novatores hubieron de contentarse con los cambios que atañeran a la filosofía natural, que ellos denominaban llanamente física; en el ámbito de la lógica y la metafísica continuaron la tradición escolástica, aunque procuraron despojarlas de las impurezas que le habían sido impuestas por el dogmatismo escolástico.
Ahora bien, al entender de Abellán, el pensamiento atomista de los novatores tiene raíces en los pensadores españoles del siglo XVI, entre quienes cabe mencionar a Luís Vives, Gómez Pereira, Francisco Sánchez y Francisco Valles, entre otros, donde se aprecia una clara continuidad filosófica en la historia española, por una parte, y una precisa distinción entre el Aristóteles griego, fuente de sabiduría e inspiración, y el Aristóteles escolástico, deformado por la tradición, por otra, con ello se refuta la tesis de que el atomismo español se nutrió en fuentes foráneas como Pierre Gassendi (1592-1655) y Emmanuel Maignan (1601-1676). A lo anterior hay que agregar que Gassendi leía a los filósofos españoles, entre quienes le era favorito Luís Vives, y que los predecesores del pensamiento novator solían escribir en lengua romance, el castellano, mostrando con ello un desprecio por el uso del latín, al que permanecían aferrados los escolásticos, y un vivo interés por divulgar la filosofía y el saber en vastos sectores de la población, democratizando la enseñanza, acercándolos a aspectos útiles y prácticos de la sociedad española.
Es menester resaltar que la población española de comienzos del siglo XVIII era, en su inmensa mayoría, analfabeta; a ello se agregaba el carácter retardatario del ambiente universitario que permanecía aferrado a la tradición conservadora, con lo cual le imponía un pesado lastre al influjo benéfico de los novatores. Es el caso de la Universidad de Salamanca donde, según Diego Torres Villarroel, aun en 1726 se consideraba la matemática como una suerte de enredos y adivinaciones, cosa de diablos y de brujas y qué decir entonces de disciplinas como la física, la química y las ciencias naturales que, por entonces, gozaban de menor tradición. La enseñanza universitaria se circunscribía a la filosofía y la teología, desde un sentido netamente escolástico, que no daba visos de renovación o modernización. Así pues, el influjo novator incubará primeramente en las tertulias y las academias de ciencias: las primeras emularán los salones de moda franceses; las segundas, las academias de Inglaterra y de Francia. Valga mencionar que en el caso de España la renovación científica contó con el apoyo de la corona que para tales efectos, a instancias del rey Carlos II, fundó la Regia Sociedad de Medicina y Ciencias de Sevilla, mediante Real Cédula del 25 de mayo de 1700, la cual será ratificada por Felipe V de la dinastía de los Borbones, hecho que lo constituye en mecenas de la reciente tradición renovadora.
Entre los más importantes novatores españoles cabe resaltar, en Madrid: Nicolás Antonio, Diego Mateo Zapata y Gabriel Álvarez de Toledo; en Sevilla: Miguel Melero Ximénez, Salvador Leonardo de Flores, Miguel Boix y Julio Ordóñez, quienes en su calidad de médicos asistían a la tertulia que se reunía en 1697 en casa de Juan Muñoz de Peralta, para tratar temas concernientes a la filosofía experimental, hecho que se constituiría en un incentivo para la creación de la Regia Sociedad de Medicina y Ciencias de Sevilla. Finalmente, en Valencia sobresalen: Juan Bautista Corachán, Tomás Vicente Tosca y Andrés Piquer y Arrufat, este último la figura más proverbial del movimiento novator.
Allanando el camino, el siglo XVIII español verá surgir dos eminentes personalidades: Feijóo y Jovellanos; Benito Jerónimo Feijóo (1676-1764) es, al entender de Abellán, un continuador de la labor emprendida por los novatores y un divulgador de sus propias ideas y planteamientos. En ello radica la dificultad de ubicarlo dentro de la corriente enciclopedista propiamente dicha, aunque su obra se encuentre revestida de un carácter enciclopédico donde se tratan cuestiones de historia, filosofía, física, astronomía, medicina, psicología, política, costumbres, tradiciones, etc.; menos viable es su inclusión dentro del movimiento ilustrado, lo cual ha llevado a que algunos lo consideren con antiescolástico y otros como preilustrado.
Gaspar Melchor de Jovellanos (1744-1811), a quien se considera el primer pensador ilustrado de España, fue, por su parte, un escritor bastante prolífico. Su obra, de carácter enciclopédico, trata una gran variedad de temas como agricultura, economía, industria, comercio, arte, crítica literaria, organización de hospicios, técnicas de minería, explotación del aceite de oliva, reglamentos o planes de estudio, creación de prados artificiales, etc., sin obviar, desde luego, su vasta producción literaria en prosa y en verso.
Apoyando la política de Carlos III, Jovellanos propugnará por la implantación de la ilustración por la vía racional, para lo cual consideró necesario emprender reformas educativas pues, según él, la instrucción pública es el primer origen de la prosperidad y el progreso social. Tales reformas apuntarán a sustituir las ciencias idearías por las ciencias útiles. En este sentido fundó el Instituto Asturiano, de Gijón, en 1794, donde se enfatizó en las ciencias útiles frente a la estéril tradición escolástica.
Para terminar, al lado de Jovellanos y de Feijóo se debe mencionar a otros ilustrados españoles: Pedro Rodríguez, Conde de Campomanes, quien defendió el librecambio incipiente de la época y una instrucción pública, para sectores ligados al proceso de producción, como en el caso de los artesanos: José Moñino, Conde de Floridablanca, el Conde de Aranda, Antonio Capmany, el irlandés Bernardo Ward y José del Campillo y Cosío, entre otros.
3. La ilustración en América: características
El tema de la Ilustración americana no deja de ser, aun hoy día, algo bastante controvertido. Así pues, cuando Jaime Rubio Ángulo pregunta: ¿Dieciocho americano?, entiende que la respuesta a este interrogante depende del que haya existido o no una Ilustración española, a lo cual ya hemos respondido, de algún modo, en el numeral precedente. De otro lado, la respuesta a esta pregunta nos retrotrae a un cuestionamiento más radical, el de si existe o no una filosofía latinoamericana, que ha suscitado una ya antigua y dilatada polémica entre defensores y detractores.
Así las cosas, en torno a la pregunta de si existió o no una Ilustración americana, encontramos dos tendencias avaladas por Octavio Paz y Leopoldo Zea, entre otros.
Octavio Paz sostiene, por una parte, que en América no existió una crítica - social, política, religiosa, económica, filosófica, etc., en el sentido amplio del término; recordemos que el siglo XVIII se ha conocido como el "siglo de la crítica", circunstancia que no nos permite declararnos modernos ni ilustrados. A más de ello, las ideas liberales y modernas no correspondían a hombres liberales y modernos.
En palabras de Octavio Paz:
En Hispanoamérica esas ideas eran máscaras; los hombres y las clases que gesticulaban detrás de ellas eran los herederos directos de la sociedad jerárquica española: hacendados, comerciantes, militares, clérigos, funcionarios. La oligarquía latifundista y mercantil unida a las tres burocracias tradicionales: la del Estado, la del Ejército y la de la Iglesia. Nuestra revolución de Independencia no sólo fue una autonegación sino un autoengaño. El verdadero nombre de nuestra democracia es caudillismo y el de nuestro liberalismo es autoritarismo. Nuestra modernidad ha sido y es una mascarada.

Por otra, Leopoldo Zea afirma que en el último cuarto del siglo XVIII la América colonizada por españoles y lusitanos, acostumbrada a callar y obedecer, empezará a cuestionarse sobre su propio ser y a tomar conciencia de su realidad.

Así, "para Zea, en palabras de Rubio Ángulo, los hombres americanos del XVIII se van a preguntar tres cosas: ¿Qué somos? ¿Qué es esta tan calumniada América? ¿De qué somos hijos? Responder a estas preguntas será la labor de los últimos años del XVIII y primeros del XIX". Desde esta óptica es posible declararnos como ilustrados, partícipes de los ideales de la modernidad; en contra de quienes afirman que hasta ahora, 1992, estamos transitando por la etapa ilustrada debido a que no tuvimos siglo XVIII. ¿Es que acaso, la europea es la única manera de ser ilustrados?
El pensamiento y los ideales del "siglo de las luces", aunque llegaron tardíamente, no dejaron de tener repercusiones en tierras americanas y, en particular, en las colonias españolas. Sin embargo, más que una corriente intelectual arraigada en las universidades y demás centros de enseñanza, fue producto de una política calculada del despotismo ilustrado implantado por Carlos III.
Así pues, al entender de Germán Marquínez, "La ilustración americana es en una primera fase un reflejo de la ilustración española, y como ésta, es un movimiento más bien moderado impuesto desde arriba por el despotismo ilustrado de los virreyes". En una segunda fase, las colonias americanas asumirán los ideales de la ilustración y del enciclopedismo franceses, que influirán de modo decisivo en las distintas gestas de independencia.
Vistas así las cosas, pasemos ahora a señalar las características más relevantes de la ilustración americana, a saber:


  • El carácter excéntrico. Utilizamos la expresión excéntrico para denotar que, al igual que ocurrió en España, el pensamiento ilustrado no tuvo auge en los centros de enseñanza, colegios y universidades, en quienes encontró sus más fehacientes opositores; por el contrario, su difusión se realizó en las tertulias y asambleas del buen gusto y a través de los papeles periódicos que, por entonces, vieron la luz, tales como: el Mercurio Peruano, el Papel Periódico de la Habana, La Lira Americana, las Primicias de la Cultura de Quito y el Papel Periódico de Santafé de Bogotá.

A lo anterior hay que agregar que el radio de influencia de la ilustración era muy reducido; si la mayoría de la población española del siglo XVIII era analfabeta, qué podríamos decir de la de sus colonias donde en el siglo XVII se restringía la enseñanza de las primeras letras a sólo los párvulos varones.




  • Las reformas educativas. Siguiendo el ejemplo de España, y emulando las reformas educativas tan ansiadas por Jovellanos, algunos ilustrados americanos se preocuparán por diseñar proyectos de reformas educativas orientadas a sustituir las ciencias especulativas, de impronta escolástica, por las ciencias exactas. Se pretende, en síntesis, implantar el modelo de las ciencias naturales, en detrimento del escolástico saturado de dictatio y disputatio y, en donde todas las disputas se dirimían con silogismos (ergotismo) tan característico del seudoaristotelismo. De otro lado, al margen de colegios y universidades, se intentará implantar el modelo del heliocentrismo sustentado por Copérnico y Galileo, en reemplazo del modelo geocentrista, que era el que entonces se enseñaba.




  • Contra el argumento ab autoritate. Los ilustrados americanos no querrán someterse a otra tutela que a la de la razón; por ello, se declaran abiertamente en contra del argumento de autoridad. La razón y no la autoridad de algún filósofo será quien dirima sus disputas. Como consecuencia de esta actitud, el padre Juan Fernández de Sotomayor y Picón publicará en 1814, en la Nueva Granada, su celebrado Catecismo o instrucción popular, donde refuta la legitimidad de la conquista española y del avasallamiento de América sustentadas, hasta entonces, en el argumento de que toda autoridad viene de Dios.




  • Contra el espíritu de secta o de partido. La ilustración americana atacará el espíritu de secta, según el cual muchos estudiantes se declaraban seguidores de algún filósofo y, por tanto, miembros de alguna facción o partido. Es común que a esta actitud sé oponga el espíritu ecléctico pues, a fin de cuentas, la verdad no conoce sectas ni partidos.




  • Contra el latinismo. Los ilustrados americanos propenderán por el uso del castellano, como lengua culta, en sus disputas. Con ello, seguirán el ejemplo de Descartes y Feijóo al utilizar en sus escritos las lenguas vernáculas, en vez del latín, impuesto en las escuelas.




  • Las reformas económicas. A instancias de la política de recuperación económica emprendida por Carlos III y siguiendo el ejemplo de la recién conformada. Sociedad de Vascongadas, cuyo objetivo era lograr el desarrollo local brindando especial atención a la industria, el comercio y la agricultura como sectores primarios de la economía, las colonias americanas, interesadas en lograr el progreso económico y poder ocupar un sitio importante ante la metrópoli, no dejaron de plantearse reformas económicas que contribuyeron a su propio auge. En este sentido, y con una impronta ilustrada, se crearán en las distintas colonias las llamadas Sociedades Económicas con el propósito de redefinir sus relaciones con la metrópoli y lograr la prosperidad de América; entre las directrices seguidas por estas sociedades cabe mencionar: fortalecimiento del comercio, expandiendo la órbita de influencia de los mercados coloniales y, desarrollo de la agricultura, que entonces se encontraba descuidada por habérsele brindado, de parte de la corona, una mayor atención a la minería, en particular a la explotación de oro y plata.

Algunas Sociedades Económicas, conformadas en América fueron: en Lima, la Sociedad de Amantes del País; en Buenos Aires, la Sociedad Patriótica, Económica y Literaria del País; en Quito, el Colegio de la Concordia; en La Habana, la Sociedad Patriótica y la Sociedad Económica de los Amigos del País.


Estas sociedades aunque, en principio, contaron con el beneplácito de la corona, se convertirán más tarde en sus opositoras al refutar la política proteccionista impuesta por los monopolios; hecho éste que se constituirá en una de las banderas de nuestra gesta emancipadora.


  • Las expediciones científicas. América había aparecido ante la mirada del europeo como un continente inmaduro, con la inmadurez propia del trópico lo cual los llevó a nombrarnos Nuevo Mundo por oposición a Viejo Mundo, a europeo, a maduro; un continente habitado por —animales, subhombres— pueblos de personas inferiores, de costumbres gentílicas y bárbaras, con una fauna inferior y una flora inferior. Estas eran las noticias que corrían de América en la Europa del "siglo de las luces". En estas circunstancias, la corona española se vio obligada a enviar expediciones científicas para estudiar la fauna, la flora, el cielo, el suelo americano. Desde luego, habría necesidad de cuestionar los intereses económicos que subyacen bajo dicho espíritu investigativo.

Así pues, entre las principales expediciones científicas que visitaron a América en el siglo XVIII cabe resaltar: la del francés Amedie de Frezier, al virreinato del Perú, entre 1712 y 1714; la expedición geodésica realizada en Quito, bajo la dirección de Charles de la Condamine, en 1735, en compañía de los franceses Bouguer, Godin, Seniegues y los españoles Antonio de Ulloa y Jorge Juan, bajo el auspicio de la Corona Española y la Academie des Sciences y cuyo propósito era medir un arco del meridiano en el Ecuador, y compararlo con la misma distancia tomada en el norte de Europa por Fierre Louis Mopertuir, para determinar la forma de la Tierra y verificar la teoría de Copérnico. La Expedición Botánica, dirigida por José Celestino Mutis, realizada en la Nueva Granada entre 1760 y 1801, y que fue visitada por Alexander Von Humboldt y Jaime J. Bonpland. Estos dos últimos se dedicarán a estudiar la naturaleza americana.


Además de consecuencias científicas estas expediciones traerán, años más tarde, consecuencias políticas, según lo afirma Jaime Rubio Ángulo: "Ni el hombre ni la fauna de América son inferiores a los de Europa, como proponen Buffon y de Pauw. Tampoco somos inferiores desde el punto de vista social, como lo han dicho Voltaire, Hume y Raynal. Los hombres de América (léase criollos) habían aprendido a conocer las posibilidades de la tierra americana y pronto iban a exigir su independencia".
Amor a la patria americana. Las expediciones científicas aludidas permitieron que no se siguiera mirando la geografía americana como un vasto territorio para la evangelización sino, más bien, como un gran laboratorio que había que someter mediante la observación, la experimentación y el análisis, para arrancarle sus verdades y poder exaltar, con más fuerza, la gloria del Creador. Este conocimiento despertó un especial amor por la tierra, por la patria americana, tal como lo firma Germán Marquínez: "Gracias al estudio de las ciencias útiles, los ilustrados ponen sus miras en la investigación de la naturaleza americana y surge en ellos, al mirarla tan bella y pródiga en riquezas, una admiración infinita y un acendrado patriotismo. Este patriotismo telúrico en últimas derivará hacia un patriotismo político, que desembocará en la emancipación".


  • El sentimiento regalista. El siglo XVIII americano se caracterizó por un acentuado sentimiento regalista. De un lado, porque el proceso de ilustración fue implantado por el despotismo de Carlos III y sus virreyes; de otro, porque los más de los americanos, de ascendencia española, defendían el estado de cosas y el orden establecido que, de algún modo, les concedía ciertos privilegios. Es inconcuso que muchos americanos no estuvieron, por ejemplo, de acuerdo con el proceso revolucionario en que había desembocado la ilustración francesa y menos con el haberle dado muerte a Luís XVI; ello constituye una clara defensa del establecimiento y de la monarquía. Desde luego, el sentimiento regalista de muchos americanos se debilitará con el tiempo, dando lugar a dos bandos o facciones bien diferenciados: realistas e independentistas.

Vistas, grosso modo, las principales características de la ilustración americana, nos ocuparemos a continuación de sus más egregios representantes en México, Ecuador, Cuba y Colombia.


4. Principales figuras
Las figuras más representativas de la ilustración mexicana son Benito Díaz de Gamarra, Francisco Xavier Alegre y Francisco Xavier Clavigero.
4.1 Juan Benito Díaz de Gamarra y Dávalos (1745-1783) nació en Zamora, adelantó estudios en humanidades en San Idelfonso de México y sacerdotales en la Congregación del Oratorio de San Miguel el Grande; ordenado sacerdote, en 1767, pasó a España e Italia en calidad de procurador de la Congregación y, además, con el propósito de estudiar. En Italia, se doctoró y recibió el influjo del pensador portugués Luis Antonio Verney (1713-1792) quien, como defensor de los ideales del eclecticismo ejercerá una poderosa influencia sobre varios pensadores latinoamericanos, entre ellos, Díaz de Gamarra, Eugenio Espejo y José Agustín Caballero, en particular con su obra Verdadero Método de estudiar para ser útil a la República y a la Iglesia, publicada en 1746, que fue traducida al castellano por José Maynó y Ribes y publicada en 1760.
Díaz de Gamarra regresa a México en 1770, donde ejerce como maestro de filosofía y prefecto de estudios en el Colegio del Oratorio de San Miguel; allí gozará de gran prestigio intelectual lo cual le merecerá ser nombrado calificador y comisario del Santo Oficio. De su obra filosófica cabe resaltar: Elementa Recientioris Philosophiae, Elementos de Filosofía Moderna, México, 1774 y Errores del Entendimiento Humano, Puebla, 1781.
Así pues, el propósito de los Elementos de Filosofía Moderna es la formación de la juventud mexicana en los rudimentos de la filosofía moderna, entendida como un corpus de conocimientos útiles a la vida y alejada de las disputaciones estériles y de poca utilidad práctica promovidas por la escolástica. La obra, escrita con el ánimo de mostrar las virtudes del pensamiento ecléctico y para cuya concepción confiesa Gamarra haber leído más de cien libros, se caracteriza por su espíritu didáctico, como una obra sencilla o manual dirigido a los "tiernos ingenios" de los jóvenes. La obra acusa, además, la influencia del cartesianismo y del racionalismo, acentuado a veces, moderado en otras; pero, también una notoria impronta del tradicionalismo escolástico, en particular cuando trata temas de moral y religión, circunstancias éstas que permiten catalogarlo como un pensador ecléctico y, por tanto, moderno. Por esto, "Gamarra, al entender de Rubio Ángulo, define la filosofía ecléctica como 'aquella en la que buscamos la sabiduría sólo con la razón y dirigimos la razón con los experimentos y las observaciones de los sentidos. La consciencia íntima, el raciocinio, y con la autoridad acerca de aquellas cosas que no pueden saberse por otro camino'. Por esto mismo Gamarra no duda un momento en llamar a los escolásticos dogmáticos y 'pedantes', falsos eclécticos, como aquellos que 'van a escribir una física y después de defender tenazmente el sistema de los escolásticos sobre la forma sustancial y accidental, al explicar sin embargo ciertos fenómenos, abrazan las opiniones de Gassendi, Descartes y Newton, Su visión de falso ecléctico es aquella de quien al “ir a redactar su filosofía, cose un centón con opiniones contradictorias".
Finalmente, los Elementos de Filosofía Moderna son un intento por sistematizar el saber filosófico, emulando la propuesta arquitectónica de Wolff, en un orden que contemple tratados de: Lógica, Ontología, Cosmología, Psicología racional, Teología Natural y Etica.
4.2 Francisco Xavier Alegre (1729-1788)
Con Francisco Xavier Clavigero, en su calidad de jesuitas pertenecen, junto con Diego José Abad, Agustín Castro, Raymundo Cerdán y otros, al grupo de pensadores que innovaron la filosofía en México e imprimieron en las mentes el sentimiento de modernidad, con sus métodos, cuestionamientos, fuentes utilizadas y soluciones, en las que subyace un humanismo ilustrado y un profundo sentimiento nacionalista. Padecieron al igual que sus cofrades las vicisitudes ocasionadas por la expulsión que, de todos los dominios españoles, decretó Carlos III, en 1767, con el propósito de fortalecer el poder temporal de la monarquía y debilitar el poder de la Iglesia, en cuya jerarquía los jesuitas tenían una notoria influencia.

Francisco Xavier Alegre nace en el puerto de Veracruz y muere en Italia. Su obra más conocida es Historia de la Provincia de la Compañía de Jesús de Nueva España; sin embargo, para el tema que nos ocupa, son célebres sus tesis sobre el Origen de la Autoridad donde, en un intento por conciliar el pensamiento de Santo Tomás de Aquino con el de Grocio, Hobbes, Punfendorf, critica el principio de autoridad sustentado por España, respecto de sus colonias, aludiendo que el carácter imperial de una nación le viene de los pactos o convenios entre los hombres y no de la mera imposición por la fuerza; mediante dichos pactos los hombres ceden sus derechos a un soberano toda vez que se comprometen a guardarle fidelidad. Toda autoridad viene de Dios, pero él no la otorga directamente a tal o cual soberano sino que lo hace por medio de los mismos hombres que ceden su poder y sus derechos. Así pues, el suyo es un intento por conciliar el derecho natural con el derecho divino: la autoridad no se funda en la superioridad física ni intelectual sino en el consentimiento de una comunidad que se decide a ser tutelada por un soberano.


4.3 Francisco Xavier Clavigero (1731-1787)
Nace en Veracruz y muere en Bolonia. De niño vivió en distintas regiones de México donde estuvo en contacto con pueblos náhuas y mixtecas; adelantó estudios de gramática y filosofía en el Colegio de Tepozotlán. Trasladado a México ejerció la docencia en el Colegio de San Gregorio; fue transferido a Puebla, Valladolid y, finalmente, a Guadalajara, donde lo Sorprendió la expulsión. Ya en Europa, entró en contacto con el pensamiento ilustrado, aunque inclinándose por la doctrina de Buffon, cuyas tesis naturalistas terminará por refutar. De la obra de Clavigero podemos resaltar: Historia Antigua de México e Historia de, la Antigua o Baja California; la primera escrita en castellano, que al no tener licencia de impresión debió traducirse al italiano, la segunda escrita directamente en italiano. Ambas serán publicadas en Italia en 1780 y 1789, respectivamente.
El punto culminante del pensamiento de Clavigero lo encontramos, sin embargo, en sus refutaciones a las tesis de Buffon, Cornelius de Pauw y del escocés Robertson, sobre los pobladores de América. Buffon sostenía, por una parte, que los americanos carecían del arte de comunicar sus tradiciones a la posteridad y de ejercer dominio sobre sus propios territorios, equiparándoles con ello a los animales de primer orden. De Pauw, por otra, los entendió como hombres de "genio embrutecido" y, por demás estúpidos; se refería no sólo a los aborígenes sino también a los mestizos y los criollos. Finalmente, Robertson intentó aplicar una escala, siguiendo los planteamientos de De Pauw, que permitiera demostrar sus tesis acerca de la degeneración y del determinismo ambiental como causantes de la inhumanidad del hombre americano. Así las cosas, Clavigero, mostrándose como un preclaro conocedor de los americanos y como un pensador profundamente humanista, refutará tales tesis argumentando la igualdad del americano frente al europeo en virtud de su racionalidad, en cuya capacidad ejerce una clara influencia la educación. La educación es la que hace diferentes a los hombres; pero también la que hace suprimir las diferencias. La supresión de las diferencias requiere libertad política y económica, lo que equivale a decir independencia.
Así pues, los postulados de Clavigero son una defensa por la igualdad de los hombres; pero también una propuesta! política de emancipación de América del tutelaje europeo. Del una Europa que aún en el siglo XVIII quería fundamentar su] ciencia del hombre en las falacias contadas por los cronistas y no en el contacto directo y la vivencia con hombres americanos.
Para terminar este aparte correspondiente a la ilustración mexicana, es necesario recordar que a Carlos de Sigüenza y Góngora (1645-1700) y sor Juana Inés de la Cruz (1651-1691) se les debe el haber abanderado el tránsito de la escolástica a la modernidad.
4.4 Francisco Javier Eugenio de Santa Cruz y Espejo (1747-1795)
En Ecuador, entonces Presidencia de Quito, el pensador ilustrado más representativo es Francisco Javier Eugenio de Santa Cruz y Espejo (1747-1795). Nace y muere en Quito; hijo de Luis de Santa Cruz y Espejo, indígena quechua procedente de Cajamarca, Perú, y de la mulata María Catalina Aldaz y Larraincar, se le dio el apelativo de "Zambo quiteño".
De las obras de Eugenio Espejo cabe resaltar: El Nuevo Luciano de Quito o Despertar de los Ingenios quiteños, que circuló en forma manuscrita en 1779, bajo el seudónimo de Javier Cia Apéstegui y Perochena, en donde se pretende, en forma dialogal, una reforma educativa para el bien de la patria; es, en síntesis, una crítica al método de enseñanza utilizado por los jesuitas, atiborrado de latín, para oscurecer el pensamiento, saturado de una lógica orientada a las discusiones inútiles, que hacían del aula de clase un "campo de batalla entre virtualistas criollos y formalistas chapetones". En 1780 circuló Marco Porcio Catón o Memorias para la impugnación del Nuevo Luciano de Quito, bajo el mismo seudónimo; la intención de Espejo es criticar e impugnar su primera obra a partir de las opiniones que, de otras personas, había escuchado: en ella critica a las órdenes religiosas y a algunos ilustres quiteños, con- la intención inicial de proponer reformas educativas para los estudios teológicos. Las dos obras anteriores dejan ver claramente la influencia que ejercieron Verney y otros eclécticos sobre el pensamiento de Espejo.
Además de sus aportes en educación, son también importantes los que hizo en economía y medicina, a saber: Defensa de los Curas de Riobamba (1785), Discurso dirigido a la muy leal ciudad de Quito, representada por su ilustrísimo cabildo. Justicia y Regimiento, y a todos los señores socios provistos a la erección de una Sociedad Patriótica, sobre la necesidad de establecerla luego con el título de Escuela de la Concordia (1792), Voto de un ministro togado de la Audiencia de Quito (1792), Memorias sobre el corte de quinas (1792) y Reflexiones acerca de las Viruelas, publicada en parte en 1785 y, totalmente, en 1912.
Vistas así las cosas, al entender de Rubio Ángulo, Eugenio Espejo es "precursor de la liberación latinoamericana". Su obra es una lucha contra el esquema de dominación impuesto por la España de la época, a sus colonias de ultramar; lucha que lo aboca a la detención y al traslado a Santafé de Bogotá, para que rindiera cuentas ante el Virrey; lucha que lo pondrá en contacto con Zea y Nariño y que verá realizados sus ideales en los levantamientos populares de 1809 y en la declaración de independencia del 10 de noviembre de 1810.
4.5 José Agustín Caballero (1762-1835)
En Cuba, la figura más notable del iluminismo es José Agustín Caballero llamado el "padre de la cultura cubana"; había nacido en La Habana. En la evolución del pensamiento del padre Caballero se distinguen claramente dos etapas: la primera, caracterizada por la influencia del pensamiento aristotélico y de la escolástica, en su versión tomista, que eran, por entonces, los modelos filosóficos imperantes en los colegios y universidades de la isla; entre estas últimas, la Universidad de La Habana, creada por los padres dominicos en 1721. La segunda, caracterizada por la influencia del pensamiento ilustrado, a través de autores como Descartes, Newton, Locke y Verney, ésta última obtenida a través de la obra de Benito Díaz de Gamarra. Las influencias de su segunda etapa le permitirán escribir su Phisolophia Electiva, en 1797, con la cual realiza el giro hacia la modernidad. Aunque la obra perfila una impronta racionalista y cartesiana, no por ello rechaza el pensamiento de Aristóteles; antes bien, aquello que rechaza es la adulteración de esta filosofía, con el seudoaristotelismo implantado por la escolástica.
Caballero ataca, sin embargo, en el ámbito de la metafísica, los planteamientos aristotélicos que entienden a Dios como un "motor -inmóvil"; desde esa visión contemplativa Dios no interfiere en las acciones humanas, es un Dios inmutable que no sufre ni se compromete con las acciones de los hombres y que ha servido de fundamento para la opresión y la esclavitud. Ante esa idea de Dios, el padre Caballero propone un Dios creador, que se debe buscar en el hombre; este tipo de conceptuaciones lo llevarán a defender, en la medida de sus posibilidades históricas, a los esclavos a quienes considera, desde la óptica cristiana, como nuestros hermanos, nuestros prójimos.
Así, Caballero será un renovador del pensamiento insular que, además, pretendió reformar la educación aboliendo el método propio de la escolástica, dictatio, disputatio, ergotismo, argumento ab autoritate, para dar una base empírica y práctica al conocimiento, según el modelo de las ciencias naturales, hecho que resume José Martí, referido por Rubio, al expresar. "Cuando el sublime Caballero padre de los pobres y de nuestra filosofía había declarado, más por consejo de su mente que por ejemplo de los enciclopedistas, campo propio y cimiento de la ciencia del mundo, el estudio de las leyes naturales".
A pesar de la influencia del iluminismo, Cuba no realizará una temprana independencia, como las demás colonias españolas. A los cubanos les preocupaba, según Leopoldo Zea, su independencia mental antes que su independencia política, que se realizará en 1898.

5. La ilustración en la Nueva Granada
En la Nueva Granada la ilustración contó, por una parte, con el apoyo de virreyes ilustrados como: Manuel Guirior, Manuel Antonio Flórez, Antonio Caballero y Góngora, Pedro Messía de la Zerda, Francisco Gil y Lemos, José de Ezpeleta, Juan de Torrezal Díaz Pimienta y Amar y Borbón; por otra, con el trabajo infatigable y persistente de toda la generación ilustrada preparada por Mutis, cuya labor intelectual fue transmitida a través de ese "vehículo de las luces" que fue el Papel Periódico de Santafé de Bogotá, en el cual la mayoría de integrantes de dicha generación colaboraron.
Al igual que en las colonias españolas, antes tratadas, la ilustración no tendrá resonancia en los colegios y universidades; por el contrario, su difusión se realizará a través del Papel Periódico (1791-1797), fundado por Manuel del Socorro Rodríguez de la Victoria con el auspicio del Virrey José de Ezpeleta, al que aludiremos continuamente, y de las tertulias por entonces establecidas.
Así pues, con la llegada de José Celestino Mutis a Cartagena, en el año 1760, se inicia en nuestro país el movimiento de la ilustración. Con el sabio gaditano se introdujo una nueva concepción del mundo, de la naturaleza, del hombre, de la ciencia, así como también un nuevo método, que jugó un papel de vital importancia en el proceso de cambio de la Nueva Granada; lo anterior se cristalizó en investigaciones y labores científicas de cuya evidencia informó el Papel Periódico de Santafé de Bogotá. En torno a Mutis se agrupó una pléyade de alumnos y colaboradores que asimiló sus enseñanzas y que cuestionó la ciencia y la filosofía imperantes en la colonia, las cuales estaban en boga en centros educativos cuya pobreza en la reflexión filosófica era acentuada, pues reflejaban un desconocimiento de la nueva ciencia y su método, e ignoraban la línea científico-filosófica que representó Newton con la nueva ciencia, la del iluminismo, que sin duda era la meta de un camino recorrido, el de Copérnico y Galileo. La enseñanza en los colegios mayores era verbalista y descansaba sobre principios y fundamentos aristotélicos, teniendo como método el silogístico de la disputatio, y por objetivo el de formar cuadros para evangelizar.

Poco después de su arribo a la Nueva Granada, Mutié inició la enseñanza privada de la matemática; refiriéndose a ésta y a la física afirmó:



Quien desee formarse sólidamente su juicio, debe ejercitarse en las demostraciones de la matemática. En ellas hallará los preceptos de la lógica. . . La revolución de las ciencias en el siglo pasado fue una época igualmente feliz para la lógica, que supieron purgarlo superfluo algunos filósofos modernos... Son imponderables los aumentos que ha recibido la física por el grande Newton y por sus esclarecidos secuaces Gravesande, Musschembroecr, Molet... y si tan útiles son las matemáticas para la física, cuánto no serán para la medicina... no son... ocupación extraña a un teólogo.
Es notoria la admiración de Mutis hacia los sabios ilustrados europeos y su crítica al dejo de aldea en que España se desenvolvía, sumida en su rutina y atraso frente al conocimiento de la nueva ciencia cuyo objeto consistía en "describir los fenómenos de la naturaleza, descubrir sus causas, exponer sus relaciones, y de hacer descubrimientos sobre toda la constitución y orden del universo... estudiar la naturaleza es lo mismo que dirigirse a conocer las obras maravillosas del soberano creador".
Mutis afirmó y defendió filosofía, ciencia y método newtoniano; para su benéfico magisterio se guió por la razón, la experiencia, la observación, la demostración y la fe, que ocupaban lugar destacado en su pensamiento; criticó el espíritu de secta o de partido que imposibilitaba según él, el conocimiento de la verdad y rechazó el sistema pedagógico imperante en la Nueva Granada. Basado en Copérnico y en Galileo planteó en el aula de matemáticas del Colegio Mayor del Rosario, la teoría heliocéntrica y expresó la necesidad de salir "de los campos estériles de la física aristotélica para convalecer ánimo en los amenísimos prados de la física newtoniana".
La generación de la ilustración acogió el método analítico y la nueva física, la de la línea Copérnico-Galileo-Newton, planteada por Mutis en Elementos de Filosofía Natural; combatió, al igual que su maestro el espíritu de partido (al cual se refirió Moreno y Escandón en su plan de estudios), el método de las discusiones inútiles, la deficiente formación académica que se daba a los alumnos, el uso excesivo del latín en las clases y la poca importancia que se le daba al idioma patrio. Al respecto escribió Manuel del Socorro Rodríguez que "nadie puede negar que el principal objeto de una nación ilustrada debe ser enriquecer su idioma con los escritos científicos, porque éste es siempre un tesoro apreciable que suavemente interesa a todos los hombres, único modo de transmitir la autoridad y cultura de un pueblo sabio a los demás del universo" (Rodríguez, I. 23, 128).
Los planes de estudio de Moreno y Escandón y de Caballero y Góngora fueron expresiones del movimiento de la Ilustración neogranadina. Contenían elementos fundamentales del pensamiento de Mutis como la aceptación de la experiencia, la, razón y la implantación de las ciencias útiles en vez de las especulativas. Moreno y Escandón criticó el saber tradicional dominado por la escolástica e indicó la necesidad que el maestro prescindiera "del mal método introducido en nuestras escuelas, en que se acostumbra discutir todas las materias con cavilaciones y sofisterías inútiles". Según este plan la aritmética, el álgebra, la geometría debían estudiarse en el texto de Wolff.
El arzobispo Caballero y Góngora refiriéndose a su plan de estudios expresaba que "todo el objeto del plan se dirige a subsistituir las útiles ciencias exactas en lugar de las meramente especulativas, en que hasta ahora lastimosamente se ha perdido el tiempo". En este plan sobresalía la física experimental de Newton y como autores señalaba la física de Musschen-broeck; ya en ese momento "ocupa Newton la plaza de Goudin... los colegios comienzan a vivir" (Zea, I, 9, 66) ya que "sin los elementos de aritmética, álgebra, geometría, trigonometría, etc., yo no sé qué hombres útiles pueda tener la patria, ni qué progresos pueda hacer la razón. A la verdad los ¡reñidos con los Newtones, con los Wolfios, Musschembroecks, Buffones, y además sabios de esta clase, debemos creer que están reñidos con la verdadera filosofía y aun con su propia utilidad" (Rodríguez, I, 9, 2).
El desarrollo del trabajo científico-filosófico de Mutis junto con sus discípulos y colaboradores desembocó en una "guerra filosófica" a fines del siglo XVIII; esta fue la lucha entre la filosofía establecida, aristotélica y escolástica, y las nuevas concepciones científico-filosóficas de Buffon, Linneo, Benito Bails y Wolff.
En el año 1791 el clérigo José Domingo Duquesne escribió Historia de un Congreso Filosófico tenido en Parnaso por lo tocante al Imperio de Aristóteles. Este documento constituyó una de las primeras críticas a la filosofía colonial y al método de enseñanza implantado en las universidades de la Nueva Granada. El manuscrito de Duquesne fue una intervención en esa "guerra filosófica" donde la élite intelectual se dividió: por un lado aparecen los partidarios de la nueva ciencia y de la nueva filosofía y, por otro, los que comulgan con el aristotelismo; estos últimos terminaron identificándose con el sector realista, en contra de la independencia.
En la citada guerra filosófica participaron los estudiantes de las universidades de "Santa Fe de Bogotá que se rebelaron contra las enseñanzas del libro de Goudin, texto impuesto en la materia y el cual intentaron quemar; éste estaba basado en la filosofía aristotélica.
Dentro del contexto planteado se intensificaron la introducción y la circulación de obras científicas inicialmente impulsadas por los llamados virreyes ilustrados que se convirtieron en sus difusores. La prensa inició labores y se vinculó a la problemática científica, filosófica y educativa.
La esencia del siglo XVIIl europeo se manifestaba a menudo en los escritos del Papel Periódico, en éste, según su director' "No se dexaran de contestar y aun de imprimir todas las observaciones críticas que salieren en contra, baxo el concepto de que sean en términos racionales" (Rodríguez, I, 1, 3). El periódico fue portavoz del movimiento ilustrado neo-granadino y, como tal, publicó los resultados de las llamadas conclusiones, actos efectuados por los centros educativos para exponer el estado académico de sus alumnos; en ellas se defendían una serie de tesis o proposiciones filosóficas, teológicas, de matemáticas, de física, etc., así por ejemplo: "EI D.D. Joaquín Soto, y D. Juan Agustín de los Reyes desempeñaron con notoria suficiencia y erudición unas conclusiones de leyes... No lograron menos aprecio las que sostuvieron en Aritmética y Geometría el día 12 por la tarde D. Francisco Cabal y su catedrático el D. D. Francisco Javier García". (Rodríguez, I, 25, 210). Los dos primeros del Colegio San Bartolomé y los últimos del Rosario.
Dentro de la guerra filosófica anteriormente aludida, que se caracterizó por el desprecio de la escolástica, el fiscal de la audiencia, el cartagenero José Antonio Berrio, alababa la nueva filosofía y la nueva ciencia en un discurso donde se refirió a aquellos tiempos en que se "ignoraban las mejores máximas filosóficas, y los principios más necesarios que forman el "carácter, no sólo de un verdadero sabio, sino de un buen republicano; y en una palabra, se consumaba la carrera literaria sin los conocimientos de la Aritmética y Geometría tan útiles y necesarias para otras ciencias" (Rodríguez, I, 25, 211).
Por su parte Francisco Antonio Zea en sus "Avisos de Hebéfilo" publicados en el Papel Periódico, invitaba "a que unidos todos, como buenos patriotas hagamos frente al fanatismo, rompamos las cadenas, que esos infames déspotas de la literatura pusieron a nuestros entendimientos, y sacudamos el yugo de la servidumbre filosófica" (Zea, I, 8, 60). En ellos criticaba el ergotismo del método silogístico, al que denominaba "ruidoso pero estéril aparato" que, según él, la edad de la razón, esto es la edad de la ilustración, había condenado.
Su motivación estaba dirigida a los jóvenes pues Hebephilo significa el "amante de los jóvenes, de la juventud"; a ellos les recomendaba:
Volver alguna vez sobre nosotros mismos, apartarnos de la tumultosa gritería para escuchar las quejas de la Razón ultrajada, fijar la atención sobre una Patria, en que somos forasteros, examinar sus bellas proporciones, dar una mirada a los pueblos industriosos, hacer un paralelo juicioso e imparcial entre ellos y nosotros, su País y el nuestro, para formar de este modo una exacta idea de la barbarie y miseria, en que vivimos, cuando parece que debíamos ser los depositarios de las ciencias, y los felices hombres del Universo (Zea, I, 9, 65).
José Félix de Restrepo, iluminado por el magisterio ' ejemplar de don José Celestino Mutis, hacía también una defensa del pensamiento ilustrado y de la filosofía natural; esta última la consideraba como "el estudio y averiguación de las obras de Dios, como autor de la naturaleza, de sus causas relacionadas y efectos, lejos de ser contraria a la Religión, le es útil, favorable" (Restrepo, II, 44, 280 y 281).

Era bien clara la tendencia de los ilustrados neogranadinos hacia una filosofía de la naturaleza, pues la naturaleza americana más que un vastísimo escenario para la evangelización cristiana, como la entendieron los descubridores, los conquistadores y muchos clérigos de la colonia, aparecía en ese momento para los ilustrados, como un gran laboratorio al "servicio del hombre pues conocer la naturaleza y dominarla era hacerse partícipe de la obra de Dios. Paralelamente con esa nueva óptica de la naturaleza, los ilustrados neogranadinos propendían por una filosofía dé las ciencias, en la cual s criticaba la episteme clásica, al presentar un nuevo enfoque de las ciencias útiles frente a las ciencias inútiles que no cor tribuían al desarrollo científico.


De otro lado, José Félix de Restrepo se acogía a la tutela dé la razón, en contra del argumento ab autoritate, cuando manifestaba:
La filosofía que emprendemos no es cartesiana, ni newtoniana. Nosotros no nos postraremos de rodillas, para venerar como oráculos, los caprichos de algún filósofo. La razón, y no la autoridad tendrá derecho a decidir nuestras disputas.
Tampoco nos detendremos en examinar questiones qué no tengan verdadera relación con los intereses del hombre y sea preciso olvidar al salir del estudio, como son casi todas las celebradas en la escuela Peripatética. (Restrepo, II, 45, 372 y 373).
Las ideas e ideales de las luces, aparte de la acogida que obtuvieron en la llamada generación ilustrada, también contaron con destacados opositores como Joaquín de Finestrad y Nicolás Moya de Valenzuela, los cuales criticaron la omnipotencia de la razón ilustrada, así como el culmen de desarrollo del iluminismo en los procesos revolucionarios.
Moya de Valenzuela escribió las Extravagancias del siglo ilustrado, que fueron publicadas en el Papel Periódico. En ellas pretendía demostrar "los estrechos límites de la razón, su debilidad y su flaqueza" (Moya, VI, 239, 1395), a la vez que criticaba el ideal de Libertad, Igualdad, Fraternidad de la Francia revolucionaria, cuyo plan de independencia intentaba persuadir a todas las naciones sujetas a las monarquías.
De "el siglo de las luces" Moya de Valenzuela expresó:
Resérvase al siglo ilustrado consagrar hecatombes a las Musas por la producción de un Voltaire y un Rousseau. Apenas puede creerse que existiesen, ni en la fogosa fantasía de los poetas individuos más paradoxicos y quiméricos que éstos; ni menos que sus delirios penetrasen con aplauso, aún los más remotos ángulos de la tierra. ¿Quién podría concebir que unos hombres tan inconstantes, y llenos de contradicción tuviesen una gruesa posteridad de prosélitos mayor que la de Pitágoras y Confucio? ¿Que las máximas destructoras de la Religión, y de la Humanidad se habían de adoptar como leyes de patriotismo y de salud pública? Ya el mundo atónito vio que realizado el plan del gran partido filosófico de París se embriagó la tierra con la sangre humana, se llenaron de horror y escándalo las cuatro plagas, y desapareció la gloria de Francia. (Moya, VI, 239, 1397 y 1398).
Ahora bien, es necesario aclarar que las conceptuaciones del pensamiento ilustrado no se difundieron en los colegios ni en las universidades neogranadinos. Sus hilos conductores, sus vehículos por excelencia fueron las tertulias y el Papel Periódico. En estas circunstancias, a don Manuel del Socorro Rodríguez, director y fundador del periódico, le preocupó la educación de la juventud de su tiempo; es por ello, que también imprimió en su hebdomadario trabajos literarios, políticos, científicos, filosóficos y asuntos curiosos, que redunda-! ron en beneficio de la instrucción de los jóvenes, trabajos que ; las más de las veces eran fruto de la creación de su propia pluma, y otras de sus colaboradores que, por cierto, pertenecieron a esa generación ilustrada que floreció en la Nueva Granada por aquellos días.
El Papel Periódico de Santafé de Bogotá intenta ser el vehículo de las luces, el fiel difusor granadino del pensamiento ilustrado, pero, aparte de ello, su labor didáctica y pedagógica quiso no sólo esparcir las luces, sino también colaborar con la conformación del hombre ilustrado americano: un hombre que piense ilustradamente, pero q[ue también sus acciones se puedan catalogar de ilustradas, de racionales.
De otro lado, desde finales del siglo XVIII se implantó en la Nueva Granada, particularmente en Santafé de Bogotá, la costumbre de reunirse, determinadas personas, en un Círculo, Asamblea o Tertulia. Costumbre a imitación de los salones de moda, originados en Francia, como nos refiere la Historia de los Salones de París de la Duquesa de Abrantés, y que ya se había extendido por toda Europa, incluyendo a España.
Los salones, círculos, asambleas o tertulias, se convirtieron desde entonces en centros de difusión de la cultura, en vanguardia del pensamiento y de las letras ilustradas; en detrimento de las mismas universidades, que permanecieron durmiendo el sueño largo del trivium y el cuadrivium: la escolástica.
Bástenos con la breve reseña anterior para valorar la influencia y el arraigo del pensamiento ilustrado en las colonias americanas y la incidencia del "siglo de las luces" en nuestro cambio de mentalidad y, en últimas, en nuestros indistintos procesos de emancipación política.






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