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La evangelización y el nuevo milenio Barreras de la mente y anhelos del corazón


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La evangelización y el nuevo milenio
Barreras de la mente y anhelos del corazón
Por Ravi Zacharias
Estamos en medio de cambios enormes. No se trata solamente de que hayamos pasado una hoja del almanaque para entrar a un nuevo milenio. Se trata de la dura realidad de que nuestras formas de pensar también han cambiado dramáticamente. Hay muchas palabras nuevas que se han incorporado a nuestro vocabulario, y nos resulta difícil aun explicarnos unos a otros sus significados. Por ejemplo, en Occidente ahora hablamos de ser posmodernos, como si hubiéramos sobrepasado lo contemporáneo y ahora estuviéramos por delante de lo que una vez se consideraba como una forma de medir nuestro progreso. Lo cierto es que no sólo Occidente ha cambiado. Las culturas en todo el mundo se encuentran en medio de grandes transformaciones. Yo nací y me crié en la India. Ése es el país donde están mis raíces. Y, sin embargo, cuando contemplo la India hoy, no es la que recuerdo de mi juventud. En resumen, la transformación de las formas culturales hoy es apabullante, y es algo que debemos reconocer.
No debemos tener miedo de tratar de comprender la época, porque si no la comprendemos, no seremos comprendidos nosotros mismos. Así que, para comenzar, quisiera pedirles algo. Por favor, tengan un poco de paciencia mientras trato de llegar al corazón del tema. Las primeras ideas tal vez sean difíciles de entender en su totalidad. Pero, una vez que las superemos, nos encontraremos en un terreno más cómodo y conocido.
Mi objetivo es ayudarlos a entender la profundidad y la amplitud de nuestras transformaciones culturales, y luego bosquejar una respuesta para nosotros, como evangelistas. Pero nos equivocaremos si pensamos que de alguna forma podemos mantenernos alejados de los cambios. Nosotros mismos somos parte del cambio.
¿Me permiten comenzar con dos ilustraciones que muestran nuestra difícil situación? Una, se la debo al obispo John Reid, de Australia. Cuenta de dos marineros australianos que acababan de desembarcar, y se dirigieron a un bar de Londres. Habían estado bebiendo copiosamente y, al salir del bar, quedaron atónitos al ver que una niebla espesa había envuelto la ciudad. Como no podían caminar muy bien, se quedaron parados al lado de la puerta, hasta que de pronto vieron a otro hombre que estaba por entrar al bar. No sabían que se trataba de un oficial inglés muy condecorado, con medallas brillantes en su pecho. Al acercarse a ellos, uno de los australianos le preguntó: “Dígame, hombre, ¿puede decirnos dónde estamos?” El oficial, algo ofendido por esta falta de respeto, los miró fijo y les dijo: “¿Saben ustedes quién soy yo?” Ante esto, uno de los marineros le dijo al otro: “Ahora sí que estamos en un lío. Nosotros no sabemos dónde estamos y él no sabe quién es.”
Esta es una descripción sumamente apropiada para nuestra época. Ciertamente no sabemos quiénes somos como seres humanos, ni dónde estamos en la escala del progreso.
Pero hay otra ilustración que quisiera traer a su consideración. Tengo un amigo que sufrió un ataque de corazón terrible. Él es médico. Me dijo que había sólo una forma de describirlo. “Todo otro dolor que sentí anteriormente,” dijo, “podía describirlo como una extensión de mí mismo: ‘Me duele el pie’, ‘Me duele el brazo’, etc. Pero,” me dijo, “cuando estaba en medio del ataque de corazón, la única descripción que podía dar era que estaba dentro del dolor. El mismo órgano que debía bombear vida estaba bombeando dolor.” He pensado en esta descripción tan fascinante, y me ha recordado la forma en que nuestras transformaciones culturales nos han absorbido. Estamos inmersos en ellas. Desde las cosas que nos entretienen hasta los conflictos que nos rodean, la vida está controlada por las impresiones que nos llegan desde todas las direcciones. Y, hablando en general, la impresión es de una falta total de significado de la vida. Hay una sensación de confusión total.
Pero, como acabo de afirmar, no podemos hablar de esta influencia como algo de lo que estamos separados. El poder que moldea nuestro pensamiento está alrededor de nosotros, en todas partes, y nosotros nos encontramos adentro. No podemos escapar del abrazo asfixiante de la cultura. Por un lado, estamos completamente perdidos, en el sentido que no sabemos quiénes somos. Por el otro, estamos completamente inmersos en la influencia de nuestro mundo cambiante. Con estas fuerzas y tendencias, debemos preguntarnos: ¿cómo será nuestro mundo a fines del próximo siglo, si el Señor demora su venida? ¿Cómo debería ser la iglesia si ha de sobrevivir el ataque agudo contra las verdades y el mensaje de nuestro Señor Jesucristo?
La mejor forma que conozco es considerar lo que ha pasado en el último siglo y luego dirigirnos a la Palabra de Dios en busca de respuestas.
Quisiera subrayar al menos cinco áreas en las que hemos sufrido cambios dramáticos. No todos los cambios se aplican a todo el mundo pero, en principio, hay suficiente terreno en común.

La influencia del ateísmo


  1. En primer y principal lugar, está el rostro osado del ateísmo, que pienso que se volverá más osado aún. Aquellos que buscan explicar el mundo en términos naturales y que descreen de lo sobrenatural, harán ataques más fuertes y más directos contra la fe de nuestros hijos. Hay un filósofo famoso que murió en 1900. Su nombre era Friedrich Nietzche. Es muy interesante saber que Nietzche era hijo de un pastor y sus dos abuelos estaban en el ministerio. Sin embargo, de alguna forma Nietzche perdió su fe en Dios. Él es quien, a fines del siglo XIX, popularizó la frase: “Dios está muerto.” Pero siguió con dos afirmaciones que surgían como consecuencia de ésta. Dijo que, dado que “Dios había muerto” en el siglo XIX, dos cosas ocurrirían en el siglo XX. Primero, dijo, se desataría una locura universal. Segundo, el siglo XX se convertiría en el más sangriento de la historia. Si bien su filosofía estaba errada, al menos vio la conexión lógica entre la falta de fe en Dios y el comportamiento del hombre. Por cierto, hemos derramado más sangre en el siglo veinte que en los diecinueve siglos anteriores, tal vez más que en todos ellos sumados. Irónicamente, Nietzche pasó los últimos trece años de su vida como demente.

También recuerdo haber hablado con el famoso periodista inglés, Malcolm Muggeridge, unos meses antes de su muerte. Me repitió una conversación que había tenido con Svetlana Stalin, la hija de Josef Stalin, en la que ella le contó los últimos momentos de la vida de su padre. Muchos de ustedes recordarán que, alguna vez, Stalin fue un seminarista, y estaba preparándose para entrar al ministerio. Pero, de alguna forma, él también perdió su fe en Dios, y se propuso hacer desaparecer la fe en Dios en su pueblo. Mientras yacía moribundo, se incorporó una última vez, levantó su puño hacia el cielo y cayó muerto sobre su almohada. ¡Imagínenlo! Su último gesto en la tierra fue levantar su puño ante Dios. Afortunadamente, la historia ha demostrado que Stalin no pudo matar el evangelio en su tierra, por más que se esforzó mucho para lograrlo.


Pero ahora, al entrar al siglo XXI, la filosofía de Nietzche está adquiriendo mayor popularidad. Hay ahora una osadía aún mayor en el ateísmo que nunca antes. Es imposible ir a una universidad hoy en Europa, o Norteamérica o Canadá, sin correr el riesgo de enfrentar un ataque directo contra el mensaje cristiano.
Tal vez haya una diferencia significativa: Si bien los Nietzche y los Stalin afirmaban osadamente su ateísmo, muchos que leían sus escritos no los tomaban en serio. Hoy, el ateísmo se toma muy en serio, y algo más: ahora no sólo se desautoriza a Dios con osadía, sino que la gente está decidida a vivir con las consecuencias lógicas del ateísmo. Déjenme ilustrar esto. Hace poco, estaba hablando en la Universidad de Oxford. Un estudiante vino junto con otros para rebatir la posibilidad de la existencia de Dios. Empezó diciendo que Dios no existía, que el bien y el mal no existían, y que simplemente hemos creado estas categorías para controlar a las personas e infundir el temor en sus vidas. Le hice una pregunta: “Si yo le trajera un bebé, y luego tomara un cuchillo y cortara ese bebé en pedazos, ¿pensaría usted que hice algo inmoral?” Sin siquiera hacer una pausa, contestó: “No me gustaría, pero no pensaría que hizo algo inmoral.” ¿Qué les parece esa respuesta?” Romanos 1 habla de ese estado de la mente, de los “hombres que detienen con injusticia la verdad, porque lo que de Dios se conoce les es manifiesto, pues Dios se lo manifestó” (Romanos 1:18b-19).
Lo que sucede, damas y caballeros, es que deben entender que la única forma de justificar la existencia del bien y del mal es aceptando también la existencia de Dios. Ahora, para negar a Dios, algunas personas llegan a cualquier extremo, aun hasta el punto de negar que existan el bien y el mal. G. K. Chesterton dijo una vez: “La tragedia de no creer en Dios no es que la persona termine creyendo en nada; lamentablemente, es mucho peor: termina creyendo en cualquier cosa.” Así es nuestra sociedad en muchos aspectos de la cultura. En siglos anteriores, cuando se negaba a Dios, se intentaba minimizar las implicaciones, sugiriendo que tendríamos la capacidad en nosotros mismos de evitar el comportamiento y las creencias extremas. Pero ahora, enfrentamos la realidad increíble de que los intelectuales no sólo están dispuestos a negar a Dios, sino que simultáneamente aceptan que las consecuencias lógicas son espantosas y le restan importancia como algo que no hay que temer. Para quienes estamos en la mitad de nuestras vidas, esto puede parecer no tan amenazador, pero quisiera advertirles que todo el que esté criando una familia con niños pequeños se enfrentará a la dura realidad de un ateísmo que está dispuesto a vivir con sus consecuencias.

El creciente impacto de la espiritualidad oriental


  1. Existe un segundo cambio. Se dice que la naturaleza odia los vacíos. Al perder Occidente todo centro de dirección espiritual, y al atacar la fe cristiana, se ha visto inundado por las religiones orientales. Conceptos como “Descubre el Dios que está dentro de ti,” o la reencarnación, o meditar sobre un mantra, o cantarle a otras deidades, poco a poco han logrado una gran cantidad de seguidores entre la llamada clase influyente de la sociedad. Hoy, es posible tener todas las libertades para hablar sobre cualquier dogma relacionado con el panteísmo oriental, o aun formas del teísmo oriental, pero mencionar el nombre de Jesucristo significa un gran riesgo intelectual.

El significado de todo esto para el futuro es decisivo. Estamos viendo un giro fascinante. Lo que ha pasado es que a lo largo de la historia, en Oriente, la religión y la cultura estaban entretejidas. No se las podía separar. Así que, si uno cuestionaba su cultura, estaba cuestionando, en realidad, su religión. La cultura oriental se ha ufanado de su antigüedad, sus valores y su sentido de la espiritualidad. Con esta confianza, ahora busca vivir dentro de un contexto occidental que ha expulsado al cristianismo como un factor dominante. Pero no se ha importado simplemente una cultura, sino toda una cosmovisión impregnada de una religión particular que la ha acompañado.


¿Cómo será el futuro, cuando el misticismo y la espiritualidad, en nombre de la cultura, hayan negado la posibilidad de un único camino a Dios? Me temo que el resultado bien puede ser la pregunta acuciante de si Jesucristo es verdaderamente único, o simplemente uno entre muchos caminos. Ya estamos viendo artículos escritos que denominan a la creencia cristiana “el mito de la singularidad cristiana.” Puedo asegurarles que ustedes y yo estaremos contestando esta pregunta mucho más de lo que nos imaginamos. El salmista nos recuerda que la cultura termina siendo como los ídolos que adora y, por lo tanto, el futuro parece temible. Por cierto, Salmo 135:15, 18 dice: “Los ídolos de las naciones son plata y oro, obra de manos de los hombres... semejantes a ellos son los que los hacen y todos los que en ellos confían.”

El predominio de lo visual


  1. Existe un tercer cambio, y se trata del impacto apabullante de lo visual. El medio de entretenimiento se ha convertido en el modelador de la forma de pensar de una generación. Siglos atrás, el poeta William Blake nos advirtió acerca de los riesgos del ojo como un medio para conocer la verdad:

Las ventanas oscuras del alma en esta vida

Distorsionan los cielos de polo a polo

Y nos incitan a creer una mentira



Cuando vemos con, y no por el ojo.
Lo que pasa es que debemos mirar a través del ojo pero con la conciencia. En cambio, hoy vemos con el ojo, desprovistos de la conciencia. Jesús nos advirtió que el ojo debía ser bueno. Con eso quiso decir que no podíamos sacrificar al ojo ante ninguna imagen. Sin embargo, ¿no es éste precisamente el ataque del mundo del entretenimiento? Porque, desde el Lejano Oriente hasta el Lejano Oeste, nuestros ojos están siendo seducidos por la violencia y la sensualidad. ¿Cómo no será saqueada el alma cuando estamos sufriendo este tipo de ataque? Creo que debemos detenernos y entender esto, o perderemos los ojos y el oído del mundo.
Malcolm Muggeridge da una ilustración tremenda en uno de sus libros. Cuenta de un suceso durante la guerra de Biafra, en Nigeria, cuando estaba cubriendo una historia como periodista. En un momento dado, dice, había unos prisioneros políticos que debían ser ejecutados. Fueron colocados en fila, y los ejecutores se prepararon con sus armas. Una multitud de representantes de los medios estaba observando. El oficial a cargo gritó: “¿Listos? ¡Apunten!” En ese momento, un camarógrafo de una cadena de noticias dio un grito: “¡Paren! Se me acabó la batería.” La ejecución fue suspendida por unos breves momentos hasta que colocó una nueva batería. Se le informó al oficial a cargo, y la orden se repitió: “¿Listos? ¡Apunten! ¡Fuego!” - ¡Bang, bang! – y la ejecución terminó. Muggeridge continúa haciendo la siguiente pregunta: “Alguna generación futura discutirá dónde estaba la barbarie mayor: ¿en los ejecutores? ¿en los observadores? Alguna persona sabia,” dice, “podría optar por las cámaras.”
¿Qué quería decir? Creo que este hombre tiene una profunda comprensión de la capacidad de distorsión que tiene la cámara. ¿Qué podemos decir, entonces, de nuestra época, cuando la cámara controla la imaginación de las mentes jóvenes? Temo que un día nos despertaremos y nos preguntaremos cómo fuimos tan tontos como para no habernos dado cuenta de su influencia poderosa. Y no podemos huir de ella. Estamos adentro. Desde las imágenes que cuentan la historia, hasta la música, que ahora se visualiza, estamos adentro. Las sensaciones están siendo propulsadas a través de la puerta del ojo. No le faltaban razones a Jesús para advertir a sus oyentes que se cuidaran de que el ojo fuera bueno, pues es la lámpara del cuerpo.
Las implicaciones son sumamente importantes. Durante décadas, la ciencia ha sido considerada como una disciplina rigurosa del intelecto, y las artes, como el dominio libre de la imaginación. Con el avance de las computadoras, quisiera sugerir ante ustedes que las dos disciplinas convergerán, y la imaginación exigirá a las ciencias hasta que el poder tecnológico libre cumpla el papel de creador de las fantasías de las personas. El intelecto será seducido por la imaginación. La torre de Babel bien podría ser construida con un solo idioma, sólo que será en imágenes, y el acceso será a través de botones.
Pero hay otro aspecto involucrado, y no deberíamos olvidarlo. Sólo porque esta generación piensa visualmente, no significa que no piense profundamente. Lo hace, acerca de los temas que le preocupan. Un día, mi hijo de dieciocho años llamó para decir que llegaría un poco tarde después de la escuela, porque iba a ir de compras al centro comercial. Cuando mi esposa le preguntó qué iba a comprar, se mostró algo reticente para contarle, porque no estaba seguro cómo reaccionaría. Finalmente le dijo de qué se trataba. Iba a encargar una pequeña cadena para ponerse en el cuello, con un pendiente que decía, simplemente: “13”. No llevó mucho tiempo darse cuenta de qué estaba hablando, y él explicó la razón. Sólo unos pocos días antes, en el terrible tiroteo en la escuela secundaria Columbine, en Colorado, trece jóvenes habían sido muertos despiadadamente. “Quiero recordarlos”, dijo, “especialmente el valor de aquellos que estuvieron dispuestos a dar sus vidas por Jesucristo.” Lo que sucede es que ninguno de los adultos hubieran pensado en expresarlo de esa forma. Nuestra expresión era a través de las palabras. Los jóvenes suelen hacerlo con símbolos, y éstos tienen la misma profundidad.

Un mundo hecho para los jóvenes


  1. El cuarto cambio es el poder creciente de un mundo dominado por los jóvenes. El componente económico y emocional de los jóvenes en el escenario mundial ciertamente está jugando un papel dramático. En esto, Oriente se verá enfrentado a una transformación colosal.

Se cuenta la historia de un diplomático occidental, años atrás, que estaba en una reunión de líderes mundiales y casualmente quedó sentado al lado del primer ministro chino, Chou En Lai. Buscando generar alguna conversación relacionada con el pasado, y conociendo la afición de los chinos por la historia, le preguntó: “¿Qué piensa de la revolución francesa?” Chou En Lai hizo una pausa por un momento, y luego dijo: “Es demasiado pronto para saber.” El diplomático quedó consternado. Aun doscientos años no eran una distancia suficiente en el pasado para una cultura que se enorgullece de miles de años de historia.


Bueno, ésta es la realidad ahora: ¿Cómo van a hacer frente, aquellas culturas que han reverenciado el pasado y han dado un gran valor a la edad, a una generación que vive sólo para el momento y encuentra que cada artículo o capacidad nueva está en los estantes sólo por unas pocas semanas? Es como si las novedades vinieran rotuladas: “Usar antes de llegar a su casa.” Y el productor de las máquinas y el entretenimiento moderno tienen a esa generación en mente, y no tanto la que quiere aferrarse al pasado.

SE HA perdido EL CENTRO QUE moLDEa la cultura


  1. Quinto, se ha perdido el centro que moldea la cultura – lo cual significa que no hay una fuente única que dé coherencia a la vida. No hay ninguna fuente única de autoridad. Nadie tiene el derecho de reclamar la posesión de la dirección moral. Hace unos años, un avión peruano partió del aeropuerto de Lima y, poco después, chocó con una montaña. ¿Por qué ocurrió esto? Poco tiempo antes de partir, el avión había sido lavado y limpiado. Durante ese proceso, habían usado cinta adhesiva y otros elementos para cubrir los sensores del avión que alimentan de información a los instrumentos. Lamentablemente, después de lavar el avión, las personas a cargo de la limpieza se habían olvidado de descubrir los sensores, y los instrumentos del avión estaban transmitiendo información errónea. Los pilotos gritaban en la cabina que lo que les decían sus instrumentos no tenía sentido.

Asimismo, ¿cómo vive una sociedad cuando no hay ninguna fuente de información correcta para guiarnos? El resultado es una fragmentación incorporada; una desconexión aceptada. Si hay una fuerza que parece conectarlo todo, es el mundo de la música, aun cuando éste también cambia rápidamente. ¿Cómo ha de unirse la vida? Dios nos recuerda la necesidad de una lámpara para nuestro pies y una lumbrera a nuestro camino (Salmo 119:105). ¿Adónde se dirigirá la cultura para conseguir esta guía?


Creo que nosotros, como evangelistas, tenemos un desafío enorme por delante. Cinco grandes cambios: 1) la determinación del ateísmo de convivir con sus lógicas consecuencias espantosas; 2) el amplio impacto del misticismo oriental que quiere negar la singularidad de Cristo; 3) el impacto dominante de lo visual; 4) la realidad creciente de un mundo orientado hacia los jóvenes; y 5) la pérdida del centro que moldea la cultura. Si tuviera que resumir todo lo que he dicho en una sola oración, ésta sería: “¿Cómo alcanzar a una generación que oye con sus ojos y piensa con sus sentimientos?” Aquí está todo, resumido en una sola declaración.
Bueno, gracias a Dios, sabemos dos cosas. Alguien dijo alguna vez que toda noticia nueva es una noticia vieja que le pasa a personas nuevas. Si bien las señales externas pueden cambiar, el hambre interior a menudo permanece constante.
Segundo, la Palabra de Dios nos recuerda que el cielo y la tierra pasarán, pero su Palabra permanece para siempre (Isaías 40:8; Mateo 24:35).
Así que, consideremos aquellos métodos nuestros que pueden hacer que las personas vuelvan su atención hacia aquello que es eterno:
Primero y ante todo, necesitamos tener una proclamación que no sólo sea oída sino también vista. No podemos simplemente hablar el Evangelio. Tendremos que encarnar el Evangelio. Gipsy Smith dijo una vez: “Hay cinco Evangelios: Mateo, Marcos, Lucas, Juan y el cristiano. Y hay personas que nunca leen los primeros cuatro.”
Hace unos años, mi esposa y yo estábamos casualmente en Hawai. Mientras estábamos allí, hicimos arreglos para visitar la isla de Molokai. La razón por la que yo quería ir allí era que había leído acerca del famoso misionero belga, Joseph Damien, que había ido a Molokai para trabajar con los leprosos. Ésa era la isla a la que se enviaba a cualquiera que contrajera la lepra en las islas de Hawai. Molokai es hermosa, pero la lepra, no. Y así, a esta mezcla triste de lo hermoso y lo espantoso, eran enviadas estas pobres víctimas. Damien hizo que el objetivo de su vida fuera ministrarles. Les predicó, los amó, vivió con ellos, y, finalmente, un día fatídico, notó algo. Estaba echando agua caliente de la pava a una taza. El agua saltó de la pava y cayó sobre su pie. Pero, para sorpresa suya, no sintió nada. Damien quedó aterrado por lo que esto significaba. Echó adrede más agua hirviente sobre el otro pie. De nuevo, ninguna sensación. Esa mañana, cuando fue a la capilla para predicar a su congregación, llena de leprosos, ninguno supo por qué cambió el comienzo de su sermón. Él solía comenzar con las palabras: “Mis compañeros creyentes.” Pero esta vez comenzó con las palabras: “Mis compañeros leprosos...” No pasó mucho tiempo antes que se dieran cuenta que la vida de Damien había asumido el dolor que tenían ellos.
Cuando partíamos de Molokai, pregunté al guía: “¿Está Joseph Damien enterrado aquí?” La razón por la que le pregunté fue que vi una tumba con su nombre. “No”, me dijo, “está enterrado en Bélgica.” Continuó explicándome que después que murió Damien, el gobierno belga pidió que el cuerpo fuera llevado a su país, pero la gente de Molokai les rogó que fuera enterrado aquí, en su tierra, porque era ahí donde estaba su corazón. Finalmente, el gobierno belga accedió a cortar el brazo derecho del cuerpo y enviarlo a Molokai. Mientras volaba hacia ese lugar, le dije a mi esposa: “¿No es fascinante? La lepra quita la sensación del cuerpo, pero no pudo quitar el sentimiento del alma.” Lo que pasó fue que la vida y las manos de Damien tocaron a esas personas de una forma que las palabras por sí solas no hubieran podido.
Si nuestra proclamación ha de alcanzar a una generación como la nuestra, nosotros también debemos vivir vidas que hagan que el Evangelio sea visible. Jesús dijo: “Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos” (Mateo 5:16).
Segundo, necesitamos una proclamación que no sea simplemente argumentada, sino sentida también. Hay al menos dos factores para tener en cuenta. Nuestra predicación no puede ser tan cerebral que se olvide del corazón y de la pasión. Más que nunca, nuestra proclamación tendrá que estar arraigada en la convicción. Esta no puede ser una pasión artificial y fabricada, sino una que nazca de la conciencia. Ese tipo de pasión surge de vivir con la Palabra y de caminar en medio de aquellos cuyas vidas están perdidas. Lo que pasa es que en este campo podemos perder fácilmente la batalla. Con el aluvión de máquinas y de tecnología, será muy fácil enviar el mensaje sin portarlo personalmente jamás. Pero, no nos olvidemos: Dios no nos envió simplemente una carta. Él se hizo carne y moró en medio de nosotros. La proclamación con sentimiento requiere de la proximidad a la verdad y a los que necesitan oírla. Pero hay aquí otro componente. En esto, me temo, no puedo explayarme, pero al menos quiero expresarlo. La evangelización, para que sea duradera en su impacto, debe tener un objetivo en mente. Ese objetivo es llevar a un individuo a la realización de la adoración. Eso es lo que busca Dios en nosotros: que lo adoremos en espíritu y en verdad. ¿Por qué es esto más importante que nunca? Si la vida está fragmentada, entonces debe haber una expresión que ligue todas nuestras pasiones, y eso sucede sólo en la adoración.
El arzobispo William Temple dio una definición de adoración, años atrás. Dijo:
“La adoración es el sometimiento de toda nuestra naturaleza a Dios; es el avivamiento de nuestra conciencia por su santidad; la alimentación de la mente por su verdad; la purificación de la imaginación por su belleza; la apertura del corazón por su amor; el sometimiento de la voluntad a su propósito. Todo esto, reunido en la adoración, es la mayor expresión de la que somos capaces.”
Allí lo tienen. La adoración liga las diversidades de nuestra naturaleza dándole una unidad de expresión. La vida ya no está fragmentada. La vida está unificada. Y, a partir de esa unidad interna, fluye la adoración en una comunidad de creyentes. Yo no creo que sea casual que en dos de los encuentros más dramáticos que tuvo Jesús – uno, con la mujer, al lado del pozo, y el otro, con la mujer que derramó el ungüento del vaso de alabastro – el tema de la adoración sea el punto culminante. Todo el propósito del trato de Dios con Israel en el desierto fue mostrarles cómo debía ser la verdadera adoración. El tema del último libro del Antiguo Testamento, el libro de Malaquías, es la adoración. La visión culminante en el libro de Apocalipsis es una escena de adoración. Nuestro Padre celestial busca esto en nosotros. Si nuestro Evangelio ha de ser sentido, deberá ser sentido en la comunidad que adora. De hecho, una comunidad que adora puede ser una de las herramientas más poderosas para la evangelización. Es por eso que la iglesia debe seguir ocupando un lugar central.
Tercero, debemos rescatar, no sólo los fines del Evangelio, sino los medios. Debemos recobrar nuevamente el poder del lenguaje. Con la inmersión en lo visual y todas las otras formas de comunicación, debemos trabajar duro en la tarea misma del lenguaje y su belleza. Hemos oído a menudo la frase “una imagen vale más que mil palabras.” Quisiera sugerir que una palabra bien escogida vale más que mil imágenes. Por ejemplo, he visto muchos cuadros de artistas sobre el milagro de la conversión del agua en vino, realizado por Jesús en Caná de Galilea. Esos cuadros son hermosos. Pero ninguno me sobrecogió tanto como una expresión de Alexander Pope, que lo describió con estas palabras: “El agua consciente vio a su Amo, y se sonrojó.” ¡Qué descripción magnífica!. El agua, sonrojándose en presencia de su creador.
Hermanos, se lo suplico. Nuestra tarea en esta generación es ardua. Y se requiere un trabajo arduo. Una de las disciplinas será la de aprender a hablar palabras que estimulen la imaginación y exijan la atención. En el principio, Dios habló. A lo largo de la historia, él ha hablado. Él nos recuerda que es su Palabra la que permanece para siempre. Las palabras son una parte vital de nuestros atributos humanos. Recobremos la hermosura y el poder del lenguaje. ¿Saben?, la Biblia no dice: “En el principio fue el vídeo.” Dice que en el principio fue el Verbo, la Palabra.
¿Puedo resumirlo? Hay cinco grandes cambios que han tenido lugar, y tres respuestas que propongo: 1) una proclamación que no sea meramente oída, sino vista también; 2) una proclamación que no sea meramente argumentada, sino sentida también; 3) un mensaje que rescate, no sólo los fines, sino también los medios. ¿Saben? Nietzche y Stalin están muertos, y ya no están más. Pero Dios aún reina en las vidas de millones de personas, porque la palabra ha sido predicada y su iglesia aun se reúne para adorar.
Quisiera cerrar con una ilustración muy simple de Sir Thomas More, tomada de la pieza teatral llamada A Man For All Seasons (Un hombre para todas las épocas). En esa historia, a More se le pide que brinde apoyo al deseo del rey de hacer algo inmoral. Él se rehúsa a dar su aprobación. Es condenado a muerte por su negativa. Finalmente, su hija le ruega que simplemente pronuncie las palabras de aprobación, sin que tengan ningún significado dentro de él, sólo para evitar la muerte. More reprende a su hija, y dice que acaba de hacer un juramento. Y luego dice esto: “Cuando le das a alguien tu palabra, pones tu vida en tus manos. Como pasa cuando tienes agua entre las manos, si faltas a tu palabra, cuando mires tus manos, ya no te verás ahí.”
No puedo insistir demasiado en el punto que estoy señalando aquí. Nuestra palabra para esta cultura, en la que somos llamados por Dios a proclamar su verdad, equivale a poner nuestra vida en nuestras manos. Si faltamos a nuestra palabra, miraremos hacia abajo y no nos encontraremos. La tragedia más grande es que ellos pensarán que Dios no ha guardado su Palabra. ¡Qué tremenda responsabilidad!
¿Cómo se alcanza una cultura que oye con sus ojos y piensa con sus sentimientos? ¿Una cultura donde “vida” y “sentimientos” son sinónimos? La alcanzamos con una vida que es equivalente a la palabra, en la que “palabra” y “vida” son idénticos. ¿Y cómo oirán sin un predicador?

BGEA 2000




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