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La Economía Social y Solidaria: hacia la búsqueda de posibles convergencias con el Vivir Bien José Luis Coraggio1


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Los principios de acción de la ESS30

Si se analizan el discurso y/o las prácticas que en América Latina se autodenominan de ESS, sin pretender que se cumplen en los tres niveles antes enunciados, encontramos una amplia envolvente de rasgos usuales o potenciales, sobre los cuales planteamos las hipótesis que siguen. Las opciones que se presentan no están pensadas como normativas derivadas de la teoría sino que pretenden describir criterios o principios orientadores de las actuaciones que observamos, con la expectativa de que los actores de la ESS pueda reconocerse en ellos. Sin embargo, al consolidarlos en cada grupo se resaltan las “mejores propuestas o prácticas”, lo que implica asumir como horizonte la perspectiva estratégica del nivel 3 antes descripto.

Relativos a la producción

  1. Trabajo digno para todos, especialmente el asociativo.

  2. Acceso de los trabajadores a todas las formas de conocimiento.

  3. Acceso de los trabajadores a medios de producción.

  4. Cooperación solidaria.

  5. Autogestión colectiva de las condiciones generales de la producción y la reproducción (infraetructura, etc.)

  6. Producción socialmente responsable en cuanto a la calidad de los productos cuidado de la biodiversidad.

Relativos a la distribución y redistribución

  1. Justicia social, garantía de la reproducción y desarrollo de la vida de todos, particular a través de la Inserción económica de los excluidos.

  2. Distribución a cada cual según su necesidad y su trabajo evitando fuertes diferencias.

  3. No explotación del trabajo ajeno.

  4. Redistribución colectiva del excedente dentro de cada unidad económica, y a niveles del sistema mediante una autoridad central legítima.

Relativos a la Circulación

  1. Autosuficiencia (autarquía).

  2. Reciprocidad. Evitar la filantropía (solidaridad asimétrica).

  3. Intercambio. Propuestas de regulación del mercado. Privilegio del comercio justo. Acercamiento socio económico y personalización de las relaciones entre productores y consumidores. Reducción de los costos de intermediación.

  4. El dinero no crea dinero (usura). El dinero como medio y no como fin. Monedas sociales como creadoras de tejido social local.

Relativos a la Coordinación31

  1. Comunidad. Privilegio a la concertación y la complementariedad según costumbres o programada, dentro de comunidades preexistentes o resultantes de la libre asociación y relaciones de proximidad.

  2. Mercado regulado desde formas políticas o de organización social.

  3. Planificación. Coordinación democrática de las iniciativas, previsión y control de efectos no deseados.

Relativos al consumo

  1. Consumo responsable. Consumir lo suficiente (opuesto al Consumismo) en equilibrio con la naturaleza. Cuidado especial a la calidad de los satisfactores, privilegiando los sinérgicos.

Transversales

  1. Libre iniciativa e innovación socialmente responsable.

  2. Pluralismo/diversidad. Admisión de múltiples formas de organización económica y propiedad.

  3. No discriminación de personas o comunidades. No se admiten relaciones económicas o valoraciones asimétricas en la distribución primaria entre géneros, generaciones, etnias, religiones, urbano/rural, etc.

  4. Complejidad/sinergia. Tendencia a la multiactividad respondiendo a la articulación de necesidades y capacidades), y asociándose en redes dentro de la misma actividad o entre actividades complementarias (encadenamientos productivos, efectos de masa local)

  5. Territorialidad. Prioridad al tejido social de proximidad, valoración del lugar y la comunidad. Se favorece la autogestión de los recursos comunes en el territorio de las poblaciones locales.

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Es preciso tener presente el sentido posible de estas prácticas desde la perspectiva de la construcción de Otra Economía, si bien muchos actores y promotores no le dan ese alcance: se trata de avanzar hacia el desarrollo de economías integradas en la sociedad sobre la base de relaciones de solidaridad, de justicia, de igualdad, orientadas por el criterio de la reproducción ampliada de la vida o paradigma del BC o el VB. Recordemos también que, dado el punto de partida, esto supone grandes transformaciones y, por tanto la articulación del plano económico con el cultural y el político.



  1. El carácter político de la ESS.

La propuesta de ESS debe pasar el test de la responsabilidad: mostrando no solo la deseabilidad sino la factibilidad de construir otra economía. ¿Cómo se transita hacia otra economía? ¿Quién lo hace? Al hablar de “construir” estamos diciendo que la economía actual no conducirá, por evolución, a otra economía, más justa, socialmente más eficiente, basada en la libertad positiva y la innovación social, en la reciprocidad. En suma, no emergerá por sí solo un sistema de principios, instituciones, valores y prácticas donde el interés individual inmediato y la competencia de todos contra todos sea subordinada a la solidaridad en la acción, en el reconocimiento pleno del otro y sus necesidades, y a la responsabilidad compartida por la vida de todas y todos.

Esto implica un imprescindible análisis crítico de los sistemas institucionales actuales presentes, con formas particulares, pero básicamente los mismos, en cada una de nuestras sociedades. Esto no quiere decir empeñarse en ver todo negativo, sino en no ocultar con la indolencia, con mantos ideológicos, con el predominio de intereses particulares, o con el oportunismo político partidario, la realidad de las fallas y de los efectos no deseados de estos sistemas. Tampoco implica no analizar críticamente los modos de gobernar de los nuevos gobiernos con orientación popular. El mismo análisis crítico da bases firmes para pensar alternativas. Cuando hablamos de “transformación” no implica necesariamente grandes trastrocamientos inmediatos, pueden ser reformas fuertes (como las que estamos presenciando en algunos de nuestros países) que pueden visualizarse si tenemos presente la realidad y posibilidad de la realidad actual.

Otro elemento importante son los componentes utópicos de nuestro razonamiento. No se afirma un sistema social ideal completo, con sus instituciones pre-figuradas, sino elementos utópicos que nos orienten sobre la dirección en que “queremos” ir. Esto está implicando un “nosotros” que, en muchos casos, aún no existe con suficiente potencia y auto-reconocimiento como para constituirse en sujeto colectivo de ese proyecto de transformación social.

Elementos utópicos son, por ejemplo, los que conforman un ideal de sociedad justa, una sociedad donde seamos mucho menos iguales, donde todos seamos solidarios, donde se respeten las culturas diferentes y se favorezca la biodiversidad. Se trata de negar la irracionalidad de estas sociedades, que dejan que su economía destruya su cohesión y la calidad de su sociabilidad, y que además erosiona irreversiblemente su base natural. Todo esto tiene que ver con la política.

Las prácticas de ESS se encuentra y lidian constantemente con situaciones particulares en que de una u otra forma se niega la vida (zonas de pobreza, destitución, sujeción, estigmatización, contaminación, extractivismo,…) y juzgan esas situaciones particulares como irracionales. El salto en comprensión es cuando se advierte que también es irracional el sistema económico y cultural que sostiene esas negatividades, no sólo en coyunturas y lugares particulares sino de manera extendida y estructural. Pero debe completarse esa constatación crítica con propuestas de Otra Economía y hacer plausible su factibilidad. Esto no es una mera cuestión de sabios ni de técnicos. Se trata de crear alianzas por la vida, de constituirse en sujetos colectivos con capacidad y voluntad para pensar alternativas de acción, para institucionalizar los comportamientos económicos bajo la primacía de la racionalidad reproductiva. Y esto no está planteado como un valor subjetivo, como una cuestión de preferencias, que unos pueden compartir y otros no, sino como una condición necesaria de la vida. Es condición para mantener y expandir la posibilidad de optar libremente por qué modo de vida persigue cada uno, cada grupo, cada comunidad, limitados no sólo por la escasez sino por el pleno reconocimiento de las necesidades de los otros y la naturaleza.

En primer lugar tenemos que acordar que no habrá soluciones universales, como suponen las propuestas del mercado total o de la planificación total. Jugará la historia particular, la cultura de cada sociedad, de cada región. Consideramos que, lejos de pretender uniformar, la ESS debe ver la plurinacionalidad e interculturalidad, la diversidad de instituciones, como fuentes de enriquecimiento de la vida social y también de la economíauesta del mercado total o de la proponen trnasformarla. cada regis universales, como es la propuesta del mercado total o de la . Asimismo debe defender el derecho de cada sociedad a decidir democráticamente, por parte de una población plenamente informada de las opciones posibles, lo menos alienada posible, qué sociedad (y qué economía) se quiere tener. Estamos acostumbrados a pesar que eso mismo es una utopía. Sin embargo, un Asamblea Constituyente como las que recientemente hubo en Venezuela, Ecuador y Bolivia eran posibilidades reales en esas sociedades.

En la definición sustantiva que se dio de economía se especificó: “que se da una sociedad”. La opción por la vida, resultante de la decisión colectiva, democrática, consciente, es la que se propugna, en el entendido que plantean Hinkelammert y Mora (op.cit) de que una sociedad no puede querer suicidarse. Pero también son las sociedades las que pueden decidir, por defecto, reproducir estas economías. Por ejemplo, a través de sus sistemas imperfectos de representación social y política, de sus democracias de baja intensidad, de admitir que medios de desinformación que responden a intereses corporativos minoritarios formen la opinión pública, sedimentando un sentido común que ve como imposible o muy penoso cualquier cambio importante (el determinismo económico fatalista). En todo caso, un factor fundamental será la voluntad política de los sujetos que, siendo críticos de la realidad actual, se proponen transformarla. Polanyi anticipaba, en base a una proyección de la historia que analizó, que las sociedades, confrontadas con los efectos caotizantes y fragmentadores de la imposición y generalización del mecanismo de mercado, terminarían resistiendo en eso que llamaba “segundo movimiento”. Pero si esa resistencia no se procesa por instituciones al menos relativamente democráticas puede dar lugar a resultados también catastróficos. No necesariamente. Polanyi decía que la economía que corresponde a una sociedad plenamente democrática es una economía socialista. Tal vez hoy diría “una economía social y solidaria”, como manda la constitución ecuatoriana.

Esa resistencia masiva y frontal implica, creemos, haber llegado ya a situaciones de crisis permanente de la vida cotidiana, como, por ejemplo, las hiperinflaciones o los ajustes estructurales brutalmente agresores de las mayorías. Situaciones extremas que no se pueden alentar ni celebrar en nombre de que generan las condiciones para “el cambio”, porque implican mucho sufrimiento y porque, en el intermedio, pueden dar lugar a acciones en defensa del sistema como fue el caso del fascismo en Europa y las dictaduras militares en América Latina. Pero hay que marcar otras diferencias. Una cosa es la rebelión o insurrección popular que puede derrocar un gobierno (véanse los casos recientes de Ecuador, Bolivia, Venezuela y Argentina). Otra es poder impulsar y sostener un cambio en las instituciones del poder simétrico, tener o generar una propuesta alternativa y ser sujetos de su realización. Una larga práctica de ESS, el forjamiento de valores contrapuestos a los hegemónicos, la comprobación de las propias capacidades de modificar el entorno, pueden ser un suelo fértil para estos momentos de reajuste de fuerzas y expectativas. Pero no se está afirmando que a fuerza de acumular prácticas microsocioeconómicas, a nivel de la vida cotidiana, va a resultar otro sistema económico por acumulación.

¿Cuánto tiempo lleva construir una sociedad justa y una economía solidaria? Siguiendo a Gramsci, en materia social, las predicciones no son proyecciones mecánicas como la que permite anticipar dónde y a qué hora podemos ver la luna, sino que son anticipaciones de una realidad que se considera posible pero que, para que se cumpla, deben configurarse sujetos colectivos actuando con un proyecto social compartido.

Ese proyecto, en lo fundamental, debe ser lógicamente coherente acerca de los principios sobre cuya base se institucionalizaría la nueva economía. Por ejemplo: no es coherente proponer la absolutización del derecho a la propiedad privada y la del derecho a la vida al mismo tiempo. ¿Cómo salir de esta contradicción sin plantear una falsa opción: “o la propiedad privada o la vida”? Puede resolverse, por ejemplo, admitiendo una pluralidad de formas de acceso a recursos y bienes, como plantean Duchrow y Hinkelammert y ya reconocen las constituciones antes mencionadas.32 Otro tanto con la vieja contraposición entre mercado y plan. No se trata ni de la abolición del mercado y la propiedad privada, sino de la regulación del mercado por un Estado democrático en defensa de la comunidad humana y su base natural, y de imponer una responsabilidad social a quienes detentan propiedades privadas.

Se puede, seguramente, anticipar algunos rasgos de esas instituciones básicas y una estrategia amplia, no rígida, sujeta al aprendizaje continuo. Una estrategia que oriente las respuestas tácticas ante cada coyuntura que se vaya dando en el proceso de acción política, en este caso la ESS en su nivel 3 (la ESS definida como prácticas de transformación, no como conformación de un sub-sistema estable dentro de la economía mixta). Esa acción política será progresiva y desigual en sus ritmos, porque se propone algo tan ambicioso como transformar la economía de modo que pueda aproximarse a la garantía de que se reproducirá el ecosistema Tierra y con él la vida digna de todas y todos. Se trata de algo sumamente complejo para dar respuestas universales, porque su punto de partida es una combinación variable de situaciones y organizaciones que enfrentan opciones de acción diversas, que comparten rasgos de un proyecto de transformación social pero también un sentido común colonizado con el “sálvese quien pueda” y donde hay un cuadro institucional, incluso jurídico, que tiende a conservar el sistema que queremos superar.

Un dilema recurrente dentro de las teorías y prácticas de la ESS y sus variantes es éste: el impulso, la iniciativa, debe partir y permanecer dentro de una sociedad civil autónoma y evitar que el estado dirija, controle, o subsidie de diversas maneras a las organizaciones de la ESS? Paradojalmente, en su versión fuerte, una respuesta positiva lleva a una dependencia de las fuerzas del mercado. Otra posición es que sólo desde el estado es posible propiciar cambios estructurales que suponen grandes desplazamientos de recursos (tierra, crédito, conocimientos, etc.), el desarrollo de las capacidades de los trabajadores alienadas por el capital, transformaciones en el sistema jurídico, etc..

Como casi siempre pasa, esa opción es un falso dilema. No hay que elegir, en principio es preferible que la iniciativa esté en la sociedad civil, pero su estado debe acompañar y apoyar las demandas de recursos materiales, de políticas sociales y económicas, de legislación, etc. a favor del crecimiento de un sector orgánico de emprendimientos económicos autogestionados por sus trabajadores (nivel 2). Por otro lado, puede darse una situación como la de la Revolución Bolivariana en Venezuela, en que el estado toma una posición protagónica, lo que puede justificarse por la debilidad histórica de su sociedad civil y a condición de que uno de sus objetivos sea abrir espacios públicos para el desarrollo democrático de organizaciones autónomas.

Esto no implica caer en un relativismo sino en la responsabilidad que deben tener quienes hacen propuestas sin “vender ilusiones”, lo que implica “hacer un análisis concreto de cada situación concreta” (Gramsci). La política democrática se basa tanto en una crítica del sistema imperante, como en la capacidad de iniciar y continuar un proceso político en que se vaya avanzando con pequeñas, medianas o grandes transformaciones (los tres niveles de la ESS que presentamos pueden estar asociados a esto). Y esto debe hacerse preferentemente en base al consenso activo de los actores de esos cambios, consolidando al mismo tiempo sujetos colectivos, es decir que tales actores se asocien en base a proyectos sociales compartidos.

Se trata de buscar amplias alianzas de sectores y movimientos sociales diversos para una lucha difícil y en varios niveles, desde lo cotidiano hasta las políticas públicas, desde lo inmediato hasta lo estratégico, que enfrenta no sólo fuerzas materiales poderosas –políticas y económicas- sino un sistema de hegemonía cultural. Se requiere una cuidadosa autovigilancia para no quedar atrapados en la hegemonía del mercado capitalista en nombre del pragmatismo (como cuando se acepta el concepto empresarial de eficiencia). Como ideal se requiere una apertura de miras, capacidad para observar, comprender y aprender colectivamente, evitando los productos enlatados (como el metodologismo al que se reducen muchas cartillas) y el vanguardismo. Se requiere militancia y mística, aprender a oír y a suscitar la comunicación horizontal, evitar reproducir la cultura de los expertos. El pensamiento crítico no se aplica sólo a la realidad del capitalismo y a los discursos y acciones de otros. Se aplica directamente a las propias prácticas de la ESS. La sistematización crítica de las experiencias es fundamental. Y no se trata sólo del usual “intercambio de experiencias”. Es tan importante aprender de los errores como de los éxitos.


  1. No es posible construir Otra Economía sin (otra) Política

Estamos por un dolorosamente largo momento de transición epocal (cambio de época, de cultura, de valores, de teorías…) en que no hay paradigmas sobre la sociedad como un todo, ni teóricos ni empíricos, ni científicos ni utópicos. Hay que actuar en un campo ambiguo, en que experimentamos trastrocamientos brutales de lo que considerábamos un sistema injusto, irracional pero que mostraba capacidad de sostenerse. Sistema que incluía determinadas formas de resistencia en su interior (lucha sindical, reforma…) o iba acompañado de los intentos de transformación “desde afuera” (revolución…). Hoy la crítica de la modernidad permite advertir que esas formas de lucha eran propias de la misma modernidad, que ahora está en cuestión la centralidad de la lucha de clases económicas. Hoy se pone en el centro luchas como la crítica del patriarcado, institución históricamente más amplia que la misma modernidad. Emergen entonces nuevas formas de pugna social.

Todo esto lleva a tematizar la relación entre política y ESS.33 Una razón de la eficacia del proyecto neoliberal ha sido, justamente, lograr que la política fuera reducida a la mera gestión pública de lo existente, o al arte de la gobernabilidad, dejando o impulsando que el mercado produjera una sociedad cada vez más cercana a la sociedad de mercado. Es eso la Política (con mayúscula)?



Política, en un sentido no vaciado por el neoliberalismo, implica acción para la transformación de sistemas sociales, con un proyecto de sociedad democrática, solidaria, racional en términos de asumir el imperativo ético de la reproducción y desarrollo de la vida de todos. Partiendo de las sociedades existentes, esto implica acciones estratégicas asumidas por un sujeto colectivo, un “nosotros”, que es parte de las tareas de la política construir, porque no está predeterminado desde el seno mismo del capitalismo como postuló una versión de la izquierda marxista (la clase obrera como el sujeto histórico).

El principio ético de reproducción y desarrollo de la vida de todos no es resultado de una afirmación a priori, basada en gustos o valores sino, como muestra Franz Hinkelammert, en una proposición fáctica: si no hay vida no hay posibilidad de ninguna institución, de procesos de decisión, de libertad. Por eso la selección de fines y la racionalidad instrumental están subordinadas a la racionalidad reproductiva de la vida, incluida la naturaleza exterior. Esto no implica que no haya acciones, instituciones y sistemas que violan ese principio ético, eso da lugar a sistemas irracionales y autodestructivos como el capitalismo globalizado. Cómo incidir sobre las posiciones de los actores sociales desde esta perspectiva, para evitar la destrucción ya en marcha, no es una cuestión de esencias que se imponen sino de Política.34

Hoy estamos inmersos en un sistema hegemónico, donde no es la mera fuerza bruta militar la que nos domina, sino el convencimiento de que no se pueden cambiar las cosas. Lo que se ha llamado el “pensamiento único”. Un sentido común legitimador del sistema existente que nos inhabilita para inventar o escuchar con simpatía propuestas de acción transformadora. Y que puede hacer que las resistencias populares sirvan sólo de alarma de que se han superado los límites de lo soportable y que hay que aflojar un poco la miseria que genera el sistema.

Pero también la resistencia puede no ser funcional, lo que Wallerstein llama “movimientos antisistémicos”,35 contrahegemónicos, como la resistencia de los pueblos originarios al colonialismo, o de ciertas vertientes ecologistas a la irracionalidad destructiva de la naturaleza, o de algunos movimientos feministas al patriarcado, proponiendo, estos y otros movimientos, el BV o VB.

Ni se puede materialmente, ni tendría el apoyo social necesario, pretender “implementar” un nuevo sistema económico (que, por lo demás no se sabe cómo sería efectivamente). De lo que se trata es de pensar dentro de un proceso abierto de transición, siempre en contradicción con este sistema opresivo e injusto. Eso sí, con un eje-horizonte vertebrador: ir ganando en organicidad al nivel meso, transformar progresivamente las estructuras económicas donde se generan y distribuyen cotidianamente las bases materiales para la vida. Esas estructuras no son meramente técnicas y por tanto sujetas a la racionalidad instrumental, sino que son significativas, con valores, relaciones sociales, sentidos y culturas que operan efectos sobre la subjetividad. Por ejemplo, si no se trasforma la subjetividad, el mero cambio de las proporciones de la desigualdad, mediante redistribución del ingreso a través de bonos de asistencia a los más pobres no permite avanzar hacia niveles transformadores del contexto que regenera el problema social que se atiende. Los “beneficiarios” podrán seguir dependientes de esa ayuda clientelar o como sujetos de derecho. Siendo muy importante la redistribución de ingresos, si no se asume correctamente no generará otra relación entre sociedad, política y economía.


  1. De agentes económicos a sujetos de Otra Economía

Vale insistir en que todo proyecto social, para ser movilizador y durable, tiene que ser ampliamente participativo en su diseño e implementación, particularmente por quienes serían los “beneficiarios-objeto”, devenidos en sujetos. Aquí es importante plantear la diferencia entre agente, actor y sujeto. El agente es quien actúa de acuerdo a las pautas que le marca su posición en la estructura de relaciones dentro de la cual se mueve. Esas pautas le indican qué hay que hacer o qué se espera que haga en una situación determinada (que puede formalizarse como en el caso de las cartillas mecanicistas). Lo hace por lo que Bourdieu llamó habitus, por costumbre, por la internalización de la eficacia de determinadas prácticas (como comprar o vender, o trabajar, o desempeñarse como maestro o estudiante, o buscar empleo, por ejemplo). El agente, sin proponérselo, reproduce las estructuras dentro de las que actúa.36

El actor, en cambio, es consciente de la existencia de las instituciones en que se mueve, de sus límites y posibilidades. Puede moverse dentro de los márgenes de acción que toda institución permite. Así, puede practicar el comercio justo, puede pagar “salarios dignos” a sus empleados o admitir la cogestión obrera, puede ser un maestro que ve a sus alumnos como co-productores de conocimiento y no meramente como receptores pasivos, puede incorporar a las prácticas de asistencia una dimensión de promoción de las capacidades y posibilidades de autoempleo asociado, etc. De ese modo, progresivamente y sin proponérselo, puede ir construyendo variantes de las instituciones que pueden devenir en nuevas instituciones (el comercio justo, la educación popular Freireana).

El sujeto, por su lado, tiene un alto grado de conciencia de las estructuras y de la determinación y grados de libertad que producen, y agrega la capacidad de pensar y sopesar alternativas estructurales y las estrategias para lograrlas, así como de actuar de manera acorde movilizando recursos y voluntades. Definido de esta manera, un sujeto con esa capacidad debe ser colectivo, y la democracia es una condición y un resultado de su potencia.

En el espacio de las prácticas relevantes para las relaciones y procesos económicos, interactúan los actores de la sociedad civil, el gobierno y sus diversas instancias organizativas y los millones de personas, de unidades domésticas, de comunidades de la sociedad que “hacen economía”. Tal como fue definido no es fácil encontrar los límites de lo económico. Lo religioso es parte de la cultura e incide. Incide la doctrina social de la Iglesia Católica; el surgimiento y perduración de la corriente de la Teología de la Liberación tuvo y tiene un efecto muy profundo sobre las prácticas económicas populares en América Latina, como lo tienen los avances de los sectores evangélicos. El clientelismo político marca al menos parte de muchas “políticas sociales” y muchas prácticas económicas populares se modifican si se da lugar a prácticas democratizantes. Los medios de comunicación –tan influyentes sobre el imaginario económico- pueden jugar un papel distinto si son democratizados por una ley de medios como la recientemente aprobada en Argentina. La cosmovisión del BV o VB de los pueblos indígenas se vuelve inspiración para la política y las ciencias sociales. Las corrientes feministas que activan contra el patriarcado sin duda tienen un efecto directo sobre las prácticas de ESS. O corrientes político-ideológicas con diversas concepciones del sistema económico deseable. No se incluyen aquí movimientos más directamente económicos, como el Movimiento de los Sin Tierra en Brasil o el Mocase en Argentina, los movimientos campesino, sindical y cooperativista, o la multiplicidad de movimientos reivindicatorios de condiciones puntuales de reproducción.

En general, las políticas públicas suponen que los agentes y actores son utilitaristas, que actúan basados exclusivamente en el cálculo de su interés. En tal caso, se basarán en la idea de diseñar un sistema de premios y castigos que oriente las prácticas en uno u otro sentido. Un viejo ejemplo de esto son las leyes de cooperativas. Tampoco puede esperarse que las políticas públicas supongan un mundo del desinterés individual o corporativo. Se trata de ir induciendo o facilitando, en las prácticas económicas cotidianas, dimensiones de reciprocidad, de donación, de cuidado por el otro, de justicia, de valoración de la naturaleza, de solidaridad, de libertad positiva. Hay que incidir sobre lo cotidiano, pero también sobre lo trascendente: parar el avance sobre la Amazonia, la simplificación de los ecosistemas en Argentina, la destrucción irreversible de condiciones de vida por la minería a cielo abierto en todo el mundo andino.

Otras combinaciones y jerarquizaciones de los principios éticos y específicamente económicos pueden ser favorecidas desde un gobierno democrático, con legitimidad y autonomía relativa de los poderes económicos concentrados, o desde organizaciones de la sociedad civil, que también deben ser legitimadas. Indudablemente también inciden la sociedad política, el parlamento y el sistema de justicia. Es decir, las políticas públicas se definen dentro del estado ampliado (estado en sentido estricto y sociedad civil), y las prácticas de ESS, sobre todo del nivel 3, inciden sobre ese estado y sus relaciones con la sociedad. Tampoco está excluida la acción desde la sociedad inorgánica, la espontaneidad, como fue el caso de las asambleas que emergieron en Argentina con la crisis del 2001, o el movimiento de base de los trabajadores desocupados (¿quién hubiera anticipado que los desocupados podían organizarse y actuar colectivamente de manera perdurable, en lugar de competir despiadadamente entre sí por un puesto de trabajo?). Pero esa energía social, esa potencia, para no ser cooptada, tiene que ser institucionalizada para poder generar y sostener nuevas formas, nuevas relaciones económicas, o al menos su propuesta. Implica un desarrollo de pensamiento crítico que posibilite visualizar el sistema que explica los fenómenos sociales indeseados y sobre esa base pensar, proponer y construir formas alternativas.

Los gobiernos tienen, por mandato constitucional, la responsabilidad de defender la vida de todos, y de cómo se asuma esto dependerá el alcance y el estilo de gestión de sus políticas públicas, como las de redistribución y regulación del mercado. Pero además tienen la responsabilidad de superar sus propias tendencias al burocratismo, a la privatización de lo público y a los arreglos estabilizadores regresivos con los grupos de poder económico. Tienen también la obligación de defender el patrimonio público que la sociedad ha puesto bajo su tutela y de proteger los comunes. Los gobiernos, y los actores colectivos en general, para ser sujetos de la transformación económica, tienen que transformarse a sí mismos en el proceso.

Pero no para allí el alcance de las políticas pdesde l p`riencia te edan a de justicias instancias organizativas. ats) privatimportamiento de los mismos promotores.rracionalidúblicas para la ESS, so pena de cristalizarse y funcionalizarse. Se trata de que, desde el Estado en sentido ampliado, se contribuya a que los actores socioeconómicos, normalmente fragmentados, se constituyan como sujetos desde la misma base económica, con una unidad orgánica (generalmente imposible) o con una convergencia contingente de sus reivindicaciones y propuestas, desde la cual puedan pugnar más independientemente por la hegemonía alrededor de una propuesta de esa Otra Economía.

Para eso, quienes desde el estado en sentido amplio propongan alternativas deberán ser creíbles, confiables, responsables en sus propuestas, tener argumentos teóricos y empíricos sólidos, y estar dispuestos a oír disidencias y participar en la complicada tarea de lograr consensos o convergencias a partir de intereses particulares diversos. Política y éticamente es importante incorporar en este proceso no sólo a las víctimas materiales extremas de este sistema sino también a los sectores medios, hoy atrapados en la ideología cínica del consumismo y en su “seguridad” económica a cualquier costa. En lo fundamental, esos dirigentes y funcionarios deberán cumplir el mandato que les dio el pueblo, mandar-obedeciendo y no mandar-mandando, como dicen los zapatistas.

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