Página principal

La Economía Social y Solidaria: hacia la búsqueda de posibles convergencias con el Vivir Bien José Luis Coraggio1


Descargar 170.35 Kb.
Página2/4
Fecha de conversión22.09.2016
Tamaño170.35 Kb.
1   2   3   4

El significado de la Economía Social y Solidaria (1)

La Constitución del Ecuador afirma que la economía es social y solidaria. Sin embargo la Economía Social y Solidaria es todavía una propuesta de caminos prácticos a distinto nivel para defender la vida en el terreno mismo de lo económico (definido en sentido sustantivo, que veremos más abajo). Sin embargo, eso no es separable de una contribución a la lucha simbólica contrahegemónica, lucha que requiere confrontar el economicismo, avanzar ideas, discutir valores, elaborar conceptos, analizar la realidad con criterios críticos, generar y sistematizar también críticamente las prácticas colectivas que intentan avanzar hacia un proyecto civilizatorio alternativo.

Como posiblemente ocurre con el VB/BV, la historia del concepto y las prácticas de ESS y la fenomenología de sus sentidos actuales permiten identificar en su interior contenidos compartidos y a la vez diferencias significativas, cuando no conflictos abiertos. Nos limitaremos a América Latina, aunque algunas referencias a Europa podrán ser útiles. Adelantamos desde ya nuestro desconocimiento de sus equivalentes en África y Asia, tarea de reconocimiento que debe ser hecha, pues sin duda encontraremos convergencias y diferencias que puedan iluminar las búsquedas de los movimientos sociales de esta región. En lo que sigue expondremos lo que a nuestro juicio es una versión integradora del conjunto de las prácticas que se autodenominan de ESS.

En primer lugar es necesario ubicar la ESS dentro del campo más amplio de la economía en general. Adoptamos la siguiente definición:

La economía es el sistema de principios e instituciones, normas y prácticas, que se da (no ocurre por evolución natural, es una construcción histórica) una comunidad o una sociedad de comunidades e individuos para proveer sus bases materiales, definiendo (por ejemplo: ¿son lo humano y la naturaleza “recursos”?) movilizando o generando, distribuyendo y organizando combinaciones de recursos (no necesariamente escasos), con el fin de producir, distribuir, intercambiar y utilizar bienes y servicios que sean útiles (valores de uso, no necesariamente mercancías) para realizar, de la mejor manera posible y a través de las generaciones, las necesidades y deseos que la sociedad considera legítimos, de todos sus miembros (no sólo de los que tienen algún tipo de éxito). Cada tipo de institucionalización de los procesos económicos se corresponderá con un tipo de sociedad (sus estructuras, valores, reglas de comportamiento, etc.), no como determinismo mecánico sino como relación dialéctica.

Para esta definición10 la racionalidad es una racionalidad reproductiva:11 una economía que no resuelve la reproducción de la vida de todos sus miembros actuales y de las generaciones futuras no es una buena economía, es irracional. Producir armas para exterminar poblaciones puede ser un negocio para algunos, pero es irracional desde este punto de vista. Minimizar costos per se (un criterio fundamental de la economía neoliberal) puede significar reducción de los salarios, pérdida de protección y en general de contribuciones patronales para asegurar los derechos de los trabajadores, desempleo, exclusión y pérdida innecesaria de vidas de los trabajadores, que son una de las fuentes de la riqueza. El crecimiento o la maximización de la producción per se puede significar acabar con los recursos naturales, otra de las fuentes de la riqueza. Cada hecho o acción económica, o cada encuadre institucional del conjunto de la economía, debe ser evaluado por el efecto que directa o indirectamente tiene sobre la reproducción de la vida en todos sus niveles y componentes. Los criterios de eficiencia propios de la evaluación de inversiones de capital privado o del consumidor que busca maximizar su placer no son dejados de lado, sino que son subordinados a esta racionalidad considerada superior.

Por otro lado, la institucionalización de las prácticas no se reduce aquí a una sola institución (el mercado y su ética utilitarista), ni lo económico se separa de la sociedad como un mecanismo automático que determina la sociedad. Si se permite que la economía se desarraigue de la sociedad, imponiéndole las consecuencias del funcionamiento del mercado real, que no es un mercado competitivo a secas, sino que es el mercado como campo de fuerzas donde imperan los monopolios y los estados capitalistas, como ha venido ocurriendo en estos treinta años de neoliberalismo, produce desastres sociales y ecológicos, como está a la vista. Para cumplir con el objetivo de proveer las bases materiales para satisfacer las necesidades de todas y todos, el proceso económico debe ser pautado, regulado y coordinado desde una sociedad civil y un estado democratizados, y ser abierto, combinando una pluralidad de formas de organización y principios económicos,12 los que se manifiestan como prácticas económicas institucionalizadas en momentos y culturas diversas, irreductibles la una a la otra. Cada sistema económico especifica y combina de manera particular principios relativos a la organización del trabajo y sus relaciones sociales y con la naturaleza, a la distribución primaria de la riqueza, a la redistribución, a la circulación por reglas de reciprocidad o siguiendo las indicaciones del mercado, al modo de consumo y, finalmente, al modo de coordinación de todos los procesos que constituyen la economía.13

Volviendo a la ESS, hay algo común en todas sus variantes prácticas: su objetivo es defender a las víctimas (individuos, familias, comunidades…) de la insuficiencia de bases materiales para la reproducción de sus vidas particulares. Esto puede ampliarse para cubrir el reconocimiento del otro y sus necesidades, es decir asumir que la vida es vida en comunidad o sociedad y que –por razones morales o estratégicas- cada uno debe compartir la responsabilidad por la vida de todas y todos y, de manera más abarcadora, por los equilibrios de la naturaleza. En lo relativo a los individuos o grupos victimados, encontramos dos opciones más o menos explícitas: intentar la reinserción en el mismo sistema económico que los excluyó, o avanzar hacia una transformación fuerte de ese sistema. En los límites se trata de apuntar a la mera sobrevivencia o a la emancipación.

Cuan cerca esté cada práctica de una u otra opción no puede ser determinado aisladamente, sino que dependerá de su articulación con otros niveles o formas de acción y de la coyuntura particular en que se desenvuelve. En particular, dependerá de su relación con lo político. Ya visto en su conjunto, el sentido de las prácticas de ESS dependerá de su posicionamiento ante el conjunto de instituciones asociadas al principio de mercado, absolutizado por el movimiento conservador neoliberal.14 Aparecen dos variantes estratégicas: A) un intento de retorno a formas de relación entre Estado, política y sociedad, propias del período de los treinta años de Estado de bienestar y del Estado desarrollista modernizador, o B) proponer otras formas de integración social, lo que implicaría una superación del capitalismo y de la sociedad de mercado que produce.

Tres elementos empíricos fundamentan la necesidad de proponer nuevos paradigmas económicos (variante B) y no solo un retorno a instituciones que hicieron más gobernable el sistema (variante A). Ellos son:

i) la estrategia de globalización del mercado impulsada por el capital implicó un debilitamiento del estado nacional ante las fuerzas globales, aún cuando en algunos casos en América Latina se haya producido recientemente una recuperación de su capacidad coyuntural de regulación interna (se destacan Argentina, Bolivia, Ecuador, Venezuela). La irreversibilidad de la globalidad alcanzada en muchos sentidos (la interdependencia de los ecosistemas, por ejemplo) hace improbable la sostenibilidad de los intentos de volver al modo de regulación segmentado, propio de los treinta años que mediaron entre el fin de la segunda guerra mundial y la mitad de los 70, donde el estado nacional jugaba un papel central y había otra correlación de fuerzas a nivel mundial por la presencia del bloque socialista;

ii) las ya mencionadas transformaciones en el mundo del trabajo, donde otro componente vital de los treinta años mencionados, la figura del trabajador asalariado con derechos, y los sindicatos como sus representantes, deja de ser central (lo que mal se llama incorrectamente “fin del trabajo”). A la vez -dentro del nuevo régimen de acumulación de capital- se produce una contradicción estructural entre las posibilidades tecnológicas y la metas del pleno empleo;

iii) las consecuencias ecológicas del sistema de industrialización capitalista que ya estaban advertidas desde los años 70 (pensadas como los límites de recursos no renovables al crecimiento económico), constituyen ahora un desastre planetario, en algunos aspectos irreversible por muchas generaciones si es que no siglos.

No existen paradigmas institucionales alternativos, como alguna vez fue el llamado “socialismo real”. La propuesta de la ESS que presentamos intenta contribuir a orientar la transición a Otra Economía que aún no está claramente delineada. Sin embargo, dada la urgencia de concentrar energías en frenar ya los efectos dramáticos de las fuerzas desatadas del capitalismo financiarizado y los automatismos de mercado,15 una versión débil de la ESS puede resultar siendo un mero paliativo para la miseria extrema, sin fuerza para contribuir a otros proyectos civilizatorios. Por ello es fundamental que la propuesta sea asumida en su integridad por la diversidad de movimientos sociales y por los gobiernos populares.





  1. El significado de la Economía Social y Solidaria (2)

Cuando se adjetivan las prácticas económicas como “sociales” hacemos referencia no a la obviedad de que no existen sistemas económicos que no sean sociales, sino a que los sujetos de esas prácticas son conscientes de que, al resolver el problema económico, construyen determinados lazos sociales. Aquí nos concentraremos en el aspecto de la solidaridad.

Hay dos tipos predominantes de solidaridad en las sociedades modernas: la solidaridad simétrica, como las redes de ayuda mutua, donde todos aportan aún sin saber cuándo y cómo van a recibir, y que no implica cambios equivalentes.16 La otra es la solidaridad filantrópica, donde hay un donante y un receptor, pero éste no está en condiciones de devolver, dándose una asimetría que crea una dependencia, un lazo social que la Otra Economía no propicia. En un sistema democrático, la solidaridad puede ser el resultado de reivindicaciones colectivas reclamando reciprocidad por sus aportes a la sociedad, y ser institucionalizada como un sistema de derechos sociales que la autoridad central debe garantizar.17 En cambio el neoliberalismo ve los derechos sociales como un obstáculo a la eficiencia del mercado. Por otro lado, el asistencialismo, ejercido como favor y no como derecho, también crea relaciones de dependencia, como es el caso del clientelismo político.18

Hay diversos niveles de solidaridad. El nivel microsocioeconómico, en el que hay solidaridad entre los miembros de una organización, como una familia, una comunidad, una cooperativa o una mutual. Esto puede ser compatible con la competencia y comportamientos estratégicos respecto a otras organizaciones igualmente solidarias. El nivel mesosocioeconómico, donde organizaciones similares o diversas mantienen relaciones solidarias entre si, por ejemplo formando redes, formas de cooperación y complementariedad, u organizaciones reivindicativas de segundo grado. Finalmente el nivel sistémico, donde la solidaridad está institucionalizada como estructura que enmarca el conjunto de los procesos y actores económicos.

A medio camino entre los dos últimos niveles, desarrollar un sector orgánico (subsistema) de organizaciones de economía social (preocupadas por qué sociedad producen sus acciones) y solidarias (responsables por la situación de todas y todos) se requiere la acción del estado. Pero para contar con esa fuerza institucionalizada hay que modificar la concepción usual entre los gobiernos de que economía “social” implica “asistencial”, subsidiada por donaciones, para atender provisoriamente a la emergencia, pobre y para pobres.19

Se trata de que la economía popular, la de los trabajadores y sus familias y comunidades, accedan colectivamente –sectorial o territorialmente- a medios de vida que les permitan resolver directamente parte de sus necesidades así como de acceder a medios de producción que les permitan desarrollar su potencial productivo y reconstruir o construir un nuevo tejido social, hoy fragmentado por las políticas neoliberales. Esto incluye, como aplicación del principio de redistribución, condiciones de vida y trabajo tan importantes como los servicios públicos gratuitos o subsidiados, la educación, la salud, la vivienda, el agua, el transporte, etc.20

La solidaridad no se manifiesta solamente en la encarnación de principios morales y comportamiento individual fraterno hacia las personas cercanas, sino en los consensos para lograr una institucionalización de las buenas prácticas existentes como sistemas que son estructuralmente solidarios y depositan en una autoridad legítima la función de legislar y redistribuir. 21

“’Hacer’ Economía Social [y solidaria] es entonces un concepto para la transición desde la periferia, que implica contribuir conscientemente a desarticular las estructuras de reproducción del capital y a construir un sector orgánico que provea a las necesidades de todos con otros valores, institucionalizando nuevas prácticas en medio de una lucha contra hegemónica, contra la civilización capitalista, que afirme otro concepto de la justicia social, que combine el mercado regulado con otros mecanismos de coordinación de las iniciativas, que pugne por redirigir las políticas estatales y en particular la producción de bienes públicos, pero que –salvo excepciones puntuales- no puede por un tiempo (que resulta muy largo para la sobrevivencia inmediata pero corto para el largo período histórico) dejar de operar dentro de la existente.” 22

Se trata de una opción estructural que, durante un largo período de transición en que la economía del capital está lejos de desaparecer, implica un cambio cualitativo de la economía, que beneficiará al conjunto de la sociedad dando bases materiales a una mejor democracia, así como recursos que favorecerán la competitividad del sector empresarial remanente y la viabilidad económica y legitimidad del Estado. El subsistema de economía popular solidaria, en proceso de conformación y consolidación, deberá coexistir con los otros sectores inicialmente más estructurados. Deberá probar su capacidad de gestionar las necesidades colectivas, pero inevitablemente y como sistema pasará por fuertes conflictos internos dada la heterogeneidad del punto de partida de los diversos segmentos populares. No podrá librarse de la contradicción entre los intereses particulares y el (siempre por definir) “interés común”. Deberá competir –política, económica, tecnológica y culturalmente- con el sector de economía organizado como empresas capitalistas, y disputar el sentido de la economía pública estatal.



La ubicación de la economía solidaria en una economía mixta

La visión de la economía mixta de tres sectores en proceso de transición, con un segmento que tienda a organizarse como subsistema de economía solidaria en su seno, es una aproximación para visualizar sistémicamente lo existente (eludiendo el individualismo metodológico) y lo posible a corto y mediano plazo (eludiendo el fatalismo de lo ya dado existente hoy). Se trata de incidir para que no solo la economía popular sino la pública estatal se vuelvan interna y orgánicamente solidarias, que la primera desarrolle sus capacidades mediante la asociación, la construcción de formas de comercio solidarias con precios definidos de acuerdo a criterios de justicia social, con sus propios centros de tecnología y educación, y se apropie –por acceso en la redistribución que debe hacer el estado moderno o por autogestión- de bienes públicos requeridos para su reproducción ampliada. Que intercambie con el sector de economía empresarial privada y con el sector estatal, pero que los términos de ese intercambio sean disputados en un campo de fuerzas donde lo popular no esté disgregado, sino que las diversas identidades e intereses de lo popular puedan converger en acciones conjuntas. Este proceso incluye luchar por radicalizar la democracia, porque las mayorías tendrán otra posibilidad de definir el sentido de lo público.

En esas tensiones será preciso pugnar por evitar la internalización de los criterios de eficiencia del capital o los del clientelismo político estatal (contra-hegemonía). De ninguna manera el segmento de economía popular solidaria se agota en sí mismo, sino que su sentido político está marcado por esa conjunción de transformación interna en interrelación con la lógica de acumulación del capital y la lógica de acumulación del poder político, encarnando y proyectando en esas relaciones los valores y los intereses de las mayorías crecientemente emancipadas.

Esta aproximación, orientada desde una perspectiva sistémica, debe contribuir a evitar que nos perdamos en la acción localista, microsocial, esperando que las transformaciones estructurales resultarán por añadidura. También nos ayuda a advertir que la economía solidaria no es sólo popular (y que no toda la economía popular es solidaria), sino que incluye elementos de los tres sectores, donde el papel de la economía pública solidaria es fundamental. Esto puede graficarse como sigue:





  1. Las prácticas de la ESS

Siguiendo los tres niveles de solidaridad antes enunciados, distinguimos tres niveles correspondientes de acción de los actores de la ESS. En la medida que las prácticas se limiten o concentren práctica y conceptualmente en uno u otro, nos referiremos a ellos como “corrientes”, que difieren en su apreciación del alcance de la ESS.23

  1. Un primer nivel, que trabaja a nivel microeconómico, se caracteriza por un conjunto de prácticas de inserción que se focalizan en lograr el alivio de la pobreza y la exclusión, por medio de la re-inserción (o la primera inserción) de grupos de personas o familias excluidas del mercado de trabajo en sentido amplio.24 Así, promover y apoyar el surgimiento de emprendimientos asociativos locales, gestionados por sus trabajadores-propietarios va en la dirección del autoempleo para producir y vender (o comprar y revender) en el mercado y obtener ingresos monetarios, además del desarrollo de las capacidades por el aprendizaje asociado a la misma práctica.25 Para las estadísticas dejarán de aparecer como desocupados. La promoción se compone de una serie de actividades más específicas, en buena medida ya institucionalizadas en toda América Latina, que intentan crear las condiciones que requieren esos emprendimientos para surgir, consolidarse y prosperar:

(a) formación: introyección de espíritu de empresa y su concepto de eficiencia, contabilidad y cálculo de costos y beneficios, conocimientos sobre los trámites u otras relaciones con el estado, identificación de mercados potenciales, métodos de propaganda y comercialización, selección de técnicas de producción, gestión elemental del negocio …

(b) donación de una dotación inicial de medios de producción o un crédito inicial para adquirirlos,

(c) dar acceso recurrente a crédito para financiar parte de la actividad económica.

En general, esta corriente tiene como paradigma la empresa de capital (explícita o implícitamente): su modo de cálculo de los costos y resultados, el concepto de ganancia y de capital, pero sobre todo su concepto de eficiencia y por tanto de racionalidad. Y evalúan las probabilidades de sostenibilidad de los emprendimientos por su resultado económico y sobre todo financiero en términos del mercado (ingresos, gastos monetarios, costos imputados de recursos utilizados, como alquiler de su propia casa, servicios públicos, y su propio trabajo). 26

Esto da lugar a prácticas como el microcrédito, las incubadoras universitarias o municipales, las cartillas de formación, etc. y a la búsqueda de regulaciones jurídicas que reconozcan a estas formas en su especificidad y faciliten su funcionamiento (denominado “formal” por oposición al informal): que puedan facturar sus compras y ventas, pagar o ser exentos de impuestos, recibir apoyos del estado, tener acceso a crédito, etc.

Otra característica es la separación propugnada entre el microemprendimiento (visto como semilla de una microempresa) y la economía doméstica/familiar o comunitaria (que no pertenecería al ámbito del mercado). Asimismo se busca evitar la proliferación de emprendimientos unipersonales por cuenta propia, afirmando la necesidad de alcanzar escalas mínimas mediante la asociación. Esto último, para formas de producción intensivas en fuerza de trabajo, implica que los emprendimientos deben estar formados por un grupo de trabajadores asociados que cooperan, creando así una capacidad mayor que la suma de las individuales. El asociacionismo “utilitario”, en el interés material de los trabajadores, es característico de esta corriente.

Estas prácticas de promoción son de nivel microeconómico y no dejan de serlo porque posteriormente se incurra el relaciones mesoeconómicas buscando mayores ingresos, se piense en cadenas de valor, mecanismos de abastecimiento o comercialización conjunta, etc. Sus promotores pueden ser ONGs u organizaciones sociales, pero también programas de gobierno financiados e impulsados desde organismos internacionales. No plantean una crítica al mercado como institución, mucho menos al capitalismo, y se concentran en lograr una producción y circulación competitiva de mercancías, procurando obtener el mayor valor neto posible para esos trabajadores.

Agreguemos a todo lo dicho que estas prácticas suelen estar dirigidas a los sectores más pobres, lo que establece un punto de partida débil en términos de recursos, capacidades y autonomía adquiridas previamente. Esto marca todo el proceso de promoción, generando tendencias a la solidaridad unilateral y al clientelismo que deben ser contrarrestadas especialmente.

En resumen: Es el nivel de acción más problemático: es necesario y atiende a la urgencia, lo que genera tendencias al asistencialismo, a la solidaridad filantrópica, a la búsquedas de satisfactores singulares y al particularismo. Y no se desprende de la cultura del mercado.


  1. Un segundo nivel de acción requie se orienta hacia la creación de un sector orgánico (subsistema) de ESS en coexistencia con la economía empresarial y la pública. Incluye prácticas que, iniciadas como las anteriormente descriptas a nivel microeconómico, o saltando “etapas”, van más allá, al advertir que la eficacia social y la sostenibilidad de las iniciativas económicas no se logran sólo con una mayor eficiencia definida como la de las empresas (resultado monetario neto) ni con la eventual articulación de los microemprendimientos asociativos a través de relaciones de mercado. Está incorporado aquí que hacen falta redes de redes, en todo caso solidariamente competitivas, pero no meramente económicas, sino con complementariedades sociales y políticas. Esas solidaridades se espera que se concreten en la formación de sujetos colectivos, como asociaciones locales pro desarrollo local, o diversas sectoriales y transversales de emprendedores.


Desde el comienzo de la intervención se trata de evitar la fragmentación de los emprendimientos y promover la conformación de un sector articulado orgánico. Por “orgánico” nos referimos a algo más que una sumatoria mecánica, como cuando se asocian productores para reclamar mejores precios. Ese término apela a la idea de partes que cumplen funciones en un todo interdependiente y que, en el caso de un organismo social, conlleva la emergencia de sujetos colectivos con capacidad de planificar transformaciones de ese todo, y en general de responder conjuntamente al contexto no solo socioeconómíco sino político cuando sus intereses y valores compartidos están en juego.

Se trata también de actuar sobre el proceso económico en su conjunto: producción, distribución, circulación y consumo, generando asociaciones de productores, de comerciantes, de financiadores, de consumidores, pero además con articulaciones conscientes entre todos ellos y diversas instancias del estado. Referente a esto último, se trata de impulsar acciones colectivas para lograr mejores relaciones de redistribución a través del estado: asignaciones monetarias, ingreso ciudadano, tasas de interés, tasas de servicios públicos, sistema fiscal, precios relativos, acceso a bienes públicos (salud, educación, servicios subsidiados como el de transporte, energía, agua, etc.), pues sin ellas faltaría un piso básico que protege a los productores contra la alta vulnerabilidad de sus emprendimientos.

El punto de partida es la economía popular del sistema capitalista, que, aunque registra formas de solidaridad, está fuertemente condicionada por valores subordinados e individualistas. El desarrollo de la solidaridad de segundo nivel es central, articulando redes y territorios o grupos sociales heterogéneos (como es el caso delas redes de comercio justo).

Con una visión más amplia de la economía popular se incluye y promueve como actividad económica del subsistema la producción colectiva para el autoconsumo familiar o comunitario (huertos, infraestructuras, etc.).

Finalmente, se promueven formas participativas en las instancias locales de gobierno, presupuestos participativos y la prestación de servicios públicos.

En este enfoque se trata de comenzar por una anticipación de los eslabonamientos o relaciones de resolución compartida de condiciones generales de la producción, y desde esas opciones posible ir generando más o menos paralelamente los emprendimentos que van a articularse mediados por el mercado o directamente.27

En esta perspectiva se plantean condiciones de escala y calidad. Por ejemplo, no alcanza con el crédito personal y pequeño sino que se requiere un sistema solidario de ahorro y crédito de otra escala, con fondos públicos de garantía que le permitan prestar para actividades productivas o con un período más largo de recuperación (como las inversiones en infraestructura) y con modalidades que admiten tomadores de crédito colectivos. Casos de nuevas instituciones a este nivel es el de la Ley de Economía Popular Solidaria del Ecuador o el de las monedas sociales promovidas por el Estado en Venezuela.28 Otro caso es la supervisión y certificación conjunta de bienes y servicios producidos por cada subsistema, tanto en cuanto a su calidad como valores de uso como en cuanto a las condiciones de trabajo (e.g. relaciones sociales sin explotación, comunitarias, relación equilibrada con la naturaleza).

Otra diferencia es que es posible superar la mera relación de mercado, generalmente asimétrica, con empresas de capital, y se abre la posibilidad de negociar conjuntamente los intercambios con ese sector.

La sostenibilidad de los emprendimientos (ahora parte de un sector orgánico o subsistema) es socioeconómica o económica en el sentido sustantivo presentado anteriormente En esta visión, los subsidios (un problema recurrente entre los promotores y entre quienes están fuera de este sistema, como las clases medias) son considerados una categoría permanente necesaria, que no es otra cosa que la aplicación del principio de redistribución para sostener actividades. Los promotores de esta corriente incluyen actores colectivos, como sindicatos, organizaciones ya existentes de emprendimientos solidarios, etc.

En resumen: este nivel de acción es fundamental para la emergencia de actores sociales colectivos a partir de la articulación de prácticas, necesidades y demandas económicas que surgen a nivel micro, pero aún se focaliza en la resolución de las necesidades de grupos particulares, por complejas que sean sus interdependencias.


  1. Una tercera corriente, que piensa y actúa a nivel sistémico, va más allá de la propuesta de construir un subsistema de ESS dentro de una economía mixta. Es la que llamamos la Otra Economía. Sin pretender abolir las formas empresariales capitalistas, se busca limitar su accionar irresponsable y superar el sistema cultural capitalista, trabajando sobre las contradicciones y conflictos tanto como sobre los acuerdos posibles y disputando su hegemonía.

Un elemento económico importante en esa disputa es cuestionar el modo de consumo propio de una economía de mercado, impulsora de deseos ilimitados, condenando a los individuos a una insatisfacción permanente y el correspondiente impulso a poseer objetos. En esto se plantea como opción cultural la racionalidad reproductiva, la valoración de otras motivaciones y relaciones basadas en el reconocimiento del otro, el contexto de convivencia y la naturaleza de los satisfactores.29 La acción reflexiva en territorios es fundamental, entendido el territorio no como un mero segmento geográfico sino como un entramado histórico y potencial de relaciones de complementariedad (esto no obvia la existencia de diferencias y conflictos) entre personas y grupos y con la naturaleza. El tratamiento conjunto de necesidades locales y capacidades, afirmando el principio de autarquía relativa por sobre el de competitividad en el mercado global es un salto en calidad de estas acciones comunitarias para la transformación del estatus quo local (un ejemplo es la soberanía alimentaria).


La definición de esa economía tendría que saldar debates importantes respecto a, entre otros: el papel del estado, el grado admitido de automatismo de mercado, las formas de propiedad y apropiación, el papel y control del dinero y el grado de mercantilización del trabajo y la naturaleza, así como los valores morales propugnados como constitutivos de la nueva economía. En todo caso, no está claro ni es fácilmente decidible si se presenta como un principio de utopía o como una propuesta de economía realizable. En todo caso hay un largo proceso de acción experimental, recuperación histórica, producción teórica y aprendizaje, donde las ideologías cristalizadas y autoreproductivas no ayudarían mucho. Las instituciones de esa otra economía no están predeterminadas ni han sido deducidas de la crítica al capital, ni se saldan con la discusión sobre el socialismo como transición ya experimentada.
Un ejemplo “duro” de esta postura sería el de la economía socialista que se inventó en la URSS y luego se modeló e implantó (con algunas variantes) en Cuba. Otro menos “duro” es el del estado de bienestar desarrollado en la posguerra en Estados Unidos y Europa, luego importado en versión lavada en nuestra región como estado desarrollista. Aún otra, menos explícita como sistema complejo, fue la propuesta de Marcel Mauss o ahora la de Paul Singer de construir un “mundo de cooperativas”, que algunos vinculan con la experiencia del socialismo yugoslavo. Posteriormente, Mauss revisó su posición, indicando que no es posible imponer a la realidad un paradigma de cambio, sino que a lo sumo la ley (digamos el estado) solo puede sancionar a partir de realidades, de prácticas existentes, y que la sociedad real tiene una diversidad de formas que no pueden reducirse imponiendo un modelo uniforme. Esto cualifica el postulado de que es posible construir otra economía; es posible, pero no será diseñando prototipos y sobre-imponiéndolos a la realidad, en una suerte de ingeniería social.

En todo caso, ya no se trata “sólo” de proponer la construcción y desarrollo de un subsistema dentro de otro sistema económico. Aquí se trata de la relación de conjunto entre los campos interpenetrados de la sociedad, de la economía, de la cultura y de la política, y de su posicionamiento en el sistema interestatal global. Implica pugnar por revertir la autonomización del mercado profundizada por el neoliberalismo. Supone avanzar en su regulación desde la sociedad y la política, sin caer en la absolutización del principio de planificación. Se trata de ir a una sociedad con mercado, no de mercado.

Implica, por ejemplo, no ver al sistema educativo formal como contexto externo, sino de integrar sus elementos (maestros, alumnos, currículo) como parte del subsistema. Otro tanto con los centros de salud o con el sistema de seguridad social. Estas condiciones de la reproducción suelen categorizarse como “sociales” aunque son claramente económicas, gestionadas públicamente –estatal o no estatal- o mercantilizadas.

Se trata de redefinir los mecanismos y alcances del principio de redistribución de dinero y bienes públicos, incorporando la redistribución de la tierra, del agua, del conocimiento, el control del dinero como bien público y no como mercancía controlada por bancos privados. Sin embargo, con respecto a esto último, no se trataría sólo de distribuir de otra manera lo existente, sino de revisar las reglas de apropiación y disposición de los medios productivos. Supone no sólo redistribuir (algo que hoy caracteriza a los gobiernos de sentido popular, no necesariamente autodenominados revolucionarios, en América Latina) sino transformar la estructura productiva interna atendiendo a criterios éticos (qué y cómo se produce y con qué relaciones sociales). Supone reinstitucionalizar los modos de legitimación de las necesidades y de consumo y las relaciones externas locales, regionales, nacional y supranacionales (grado de soberanía alimentaria, energética, financiera…). Incluye redefinir las relaciones sociales y las que se dan entre sociedad y naturaleza. Implica reestructurar el sistema de generación de conocimiento científico y tecnológico, hoy orientado a producir conocimientos patentables privadamente para hacer negocios, y el sistema educativo en su conjunto… Una última característica de esta corriente virtual que estamos delimitando es la de que propone orientar las prácticas con un horizonte de transformaciones radicales (con tiempos a determinar en cada situación concreta) antes que quedarse en el alivio de la pobreza.



En resumen: Este es el nivel en el que surgen o pueden surgir sujetos políticos y constituirse el pueblo. La política no se limita a la administración de lo existente sino a la transformación estructural. Por ejemplo, incluyendo reformas fuertes del sistema bancario y manejo de la moneda y no solo armando subsistemas de finanzas solidarias a su sombra. Los equilibrios del ecosistema se convierten en una cuestión a la que la institucionalización de los procesos económicos debe atender, más allá del territorio inmediato. Las cadenas de valor y los entramados productivos regulados se convierten en un medio para la realización de cadenas de valores de uso orientadas a la resolución sinérgica de las necesidades de todos.

***

Es preciso aclarar lo siguiente: las llamamos “corrientes” en tanto entre los actores de la ESS predomina una u otra práctica y visión del alcance de la ESS. Sin embargo, visto desde la tercera corriente, se trata de tres niveles de intervención que se necesitan mutuamente para poder concretarse como opciones efectivas a la economía de mercado. Se puede actuar al nivel 3, pero sin el piso de las prácticas del nivel 2 y 1 no podría ser un proyecto eficaz, democráticamente incluyente y con potencial emancipatorio. Se puede actuar al nivel 1, pero sin el nivel 2 se pierde eficacia y sostenibilidad. Si no se llega al nivel 3, las realizaciones a nivel 1 y hasta 2 pueden quedar aisladas o subordinadas dentro de una economía donde predomina el principio de mercado.


1   2   3   4


La base de datos está protegida por derechos de autor ©espanito.com 2016
enviar mensaje