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La Economía Social y Solidaria: hacia la búsqueda de posibles convergencias con el Vivir Bien José Luis Coraggio1


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La Economía Social y Solidaria: hacia la búsqueda de posibles convergencias con el Vivir Bien

José Luis Coraggio1

  1. ¿Traducción o asimilación? La metáfora del Vivir Bien (VB) y el lenguaje científico

Creemos que el alcance y sentido de la propuesta socio-cultural traducida al español como “Vivir Bien” o “Buen Vivir”, debe buscarse en la comprensión de su historia, que es la de los pueblos indígenas, y en la diversidad de relatos orales o escritos por parte de miembros de las culturas Aymara y Quichua respectivamente. Existe ya una profusión de definiciones, interpretaciones y “lecturas” que se hacen desde la cultura occidental, en particular desde las ciencias sociales hijas del positivismo de la modernidad, y de las disciplinas hermenéuticas, en muchos casos buscando una traducción unilateral, no dialógica, de los contenidos.

Al respecto, dudamos de la pertinencia de algunos de los procedimientos que se vienen manifestando, en particular el intento de recodificar esa cosmovisión para su uso en la coyuntura en términos del lenguaje científico, analítico, homogeneizante, como es propio de la modernidad. Un ejemplo de esto es la apurada búsqueda de “indicadores objetivos”, particularmente cuantitativos, del VB. Se busca que puedan ubicarse en la misma métrica que los que provienen de una versión de la utopía liberal de sociedad, del desarrollismo, del eficientismo y del economicismo (en términos, en última instancia, de una economía y una sociedad de mercado, funcionando como utopía y proyecto político) implantados desde la Segunda Guerra Mundial y afirmados durante treinta años de pensamiento único en los lenguajes de la política pública. Nos parece que, aún cuando esa búsqueda se inscriba en la crítica de izquierda, moderna, del capitalismo, se corre el riesgo de empobrecernos al pretender reducir lo cualitativo a lo cuantitativo.

Es necesario aclarar que nos referimos a la traducción del VB o del Buen Vivir (BV) como propuesta de convivencia y no a las condiciones para alcanzarla en una sociedad “moderna”. Efectivamente, una buena parte de esas condiciones, en particular las materiales, pueden expresarse según criterios técnicos mediante indicadores cuantitativos, descriptivos o normativos (ej: la distribución de la tierra de diversa productividad entre sectores poblacionales, las tasas de morbilidad, las correlaciones entre indicadores de acceso a bienes materiales y sectores étnicos, las relaciones de densidad de población, etc. evaluados según criterios de igualdad).2 Sin embargo, ¿cómo medir, por ejemplo, el “reconocimiento del otro”, la “autonomía”, la “reciprocidad”, o la comunidad misma?

A la vez, ese tipo de intentos de traducción puede ser eficaz como parte de una estrategia de alianza contra-hegemónica con las propuestas críticas que vienen emergiendo desde el mismo campo de la ciencia y la hermenéutica occidental, contra el desarrollismo y el pensamiento único aún vigentes. Sin embargo, al seguir encuadrados en la metodología cuantitativista, las posiciones progresistas (lo que además arrastra la carga de la definición moderna de “progreso”) no terminan de salir de la matriz cognitiva subyacente al programa político neoliberal. Creemos que esa contradicción debe explicitarse para vigilar que el procedimiento de diálogo no resulte ser un nuevo intento de asimilación.3

Un ejemplo de esto puede ser la denominación “derechos de la naturaleza” de la Constitución ecuatoriana, que puede entenderse como una traducción de la cosmovisión indígena a la cultura de los derechos humanos.4 Por eso mismo puede afirmarse que la naturaleza es sujeto, recayendo en una concepción antropocéntrica. Puesto así, esto no deja se ser conceptualmente problemático para la geometría de la cultura occidental, incluso la de su izquierda. En todo caso harán falta actores sociales vicarios que defiendan esos derechos, sea el estado sean de la sociedad civil.

En todo caso, con las dificultades inevitables, parece prudente entablar un diálogo con autenticidad y pleno reconocimiento de la diferencia y la irreductibilidad, en uno u otro sentido. Sin pretender, tampoco, la “conversión” de unos por los otros, sino apostando a una pluralidad cultural, abierta a todos los aprendizajes y cambios de mirada que resulten de un intercambio genuino entre pares, sin declarar superioridades ni idealizaciones. Como propone Boaventura de Sousa Santos: “… todas las culturas son incompletas y problemáticas es sus concepciones de dignidad humana.” “La incompletitud proviene de la existencia misma de una pluralidad de culturas pues, si cada cultura fuese tan completa como se juzga, existiría una sola cultura. El reconocimiento de las incompletitudes mutuas es una condición sine qua non de un diálogo intercultural.” 5

En esto hay que considerar que no se trata siempre de un diálogo con pretensión de autenticidad. De un lado y otro habrá propuestas de agendas de debate y defensa de conceptos centrales en busca de un lugar en el discurso político. En el mismo sentido las disputas entre organizaciones políticas pueden dar lugar a confrontaciones conceptuales manipuladas estratégicamente. En este trabajo no tendremos en cuenta tal posibilidad.

¿Cuál es el alcance político del Vivir Bien?

¿Se trata de una demanda particular que cobra fuerza en la coyuntura de crisis y transición indefinida actual? ¿Se demanda que cese el colonialismo y los pueblos indígenas puedan vivir según su propia cultura conviviendo en una sociedad intercultural? Esta particularidad, que se presenta como propia del mundo ancestral andino ¿tiene el potencial para asumir la representación del todo, como proyecto civilizatorio alternativo? En todo caso tal demanda se encuentra con otras, también particulares: las de los movimientos de liberación de la mujer, del movimiento alterglobalización, de la vía campesina, del socialismo aggiornado al Siglo XXI, de defensa de los derechos humanos, de las autonomías territoriales, de la otra economía -social y solidaria (ESS)… Ese encuentro ¿da o puede dar lugar a una red de equivalencias entre luchas parciales6 que constituyen al pueblo frente a un enemigo común? ¿Cuál es éste sino el capitalismo globalizado con su insistencia en sostener el proyecto histórico de la modernidad y en profundizar su modelo antidemocrático de dominación y explotación? Puesto en clave polanyiana: ¿es el VB un componente aglutinador de ese más amplio “segundo movimiento”, intercultural y plurisectorial, de defensa no solo de una cultura sino de la sociedad humana ante el neoliberalismo globalizador? En otros términos: ¿puede el VB ser un significante capaz de convocar a los sujetos de otras reivindicaciones particulares logrando una convergencia popular que no dejará de ser contingente y por tanto objeto de la política?

Algunas convergencias de estos movimientos han sido el Foro Social Mundial de Porto Alegre, las protestas de Seattle, el freno al ALCA en Mar del Plata, la Cumbre de los Pueblos en Río de Janeiro, y muchas más. Y todo hace pensar que no habrá intentos de organización abarcadora, menos aún de organización partidaria en el sentido del siglo pasado, sino que la contingencia de lo político y movimientos sociales no estructurados serán parte de su modo de su constitución. Es en este sentido que nos preguntamos qué relación hay o puede haber entre el VB o BV y la ESS.


  1. El punto de partida

Podría discutirse si existe o debe existir un movimiento social particular de ESS. Por lo pronto, en su concepción más abarcadora, quienes sostienen la ESS plantean una demanda de reestructuración del sistema económico global, hoy bajo hegemonía del capital y su estrategia de globalización. En esta concepción se ha avanzado más allá de las protestas y acciones compensatorias de grupos excluidos, planteando nuevas prácticas orientadas por la construcción con otro sentido del sistema económico en su conjunto. A la vez que se ha avanzado en propuestas de re-institucionalización concreta de procesos económicos, como es el caso de las monedas sociales, el comercio justo, o el trabajo asociado autogestionado, se proponen y sostienen acciones de regulación o desplazamiento de la lógica del mercado total. La ESS confronta al proyecto neoliberal no sólo por sus efectos actuales sino por su tendencia intrínseca a la destrucción de la vida en todas sus formas. A nuestro juicio, la ESS es una contribución al diálogo antes referido aunque no necesariamente de lugar a un movimiento social específico.

En los próximos acápites nos limitaremos a exponer esa propuesta, generada originalmente dentro de la sociedad occidental, particularmente en Europa, como parte del programa de emancipación de la naciente clase obrera. A diferencia del sindicalismo, se buscaba la autonomización organizativa del trabajo respecto al capital, como fue el caso de las cooperativas de producción o de las mutuales, diseñadas para reducir la miseria que generaba el capitalismo naciente. En general fueron formas de asociación libre de los trabajadores en el campo económico, buscando contrarrestar la fragmentación de las comunidades y el individualismo resultantes del naciente capitalismo industrial.

Tal propuesta se dinamiza en la actualidad, por la crisis de reproducción de las sociedades capitalistas y, más específicamente, por la crisis de reproducción de la vida. La crisis de la sociedad salarial como forma paradigmática de integración social de la economía capitalista es estructural, más profunda y decisiva que la crisis resultante de la financiarización del capital, la que el capital global podrá resolver a costa del sufrimiento extremo de las mayorías y la extensión de la irracionalidad ecológica. La conceptualización de esa propuesta práctica se construye a partir del desarrollo de la crítica del sistema capitalista, en particular de su absolutización del mercado autorregulado y toda su institucionalidad.7


    1. El punto de partida (1): algunas condiciones subjetivas

El capital globalizado genera fuerzas económicas que exacerban sus tendencias intrínsecas depredadoras de la naturaleza en general y de los seres humanos en particular. El extractivismo, la sobre-explotación de los asalariados y de otras formas de organización del trabajo subsumidas al capital, son fenómenos resultantes de la lógica de acumulación ilimitada de capital, que dirige la nueva aceleración de la innovación destructiva y la ola de consumismo de los sectores privilegiados. En lo relativo a las condiciones humanas, produce la exclusión sistemática de miles de millones de habitantes de un trabajo “digno” (incluso en los términos de las mismas sociedades capitalistas). Genera la polarización de la sociedad entre un grupo pequeño de propietarios de las condiciones de la producción y de limitadas clases medias con acceso a la riqueza producida, por un lado, y masas pauperizadas y destituidas por el otro. Lo que la sociología denomina “nueva cuestión social”, es decir la exclusión del trabajo asalariado “formal” (y sus derechos sociales vinculados) y no ya la mera explotación del trabajo por el capital, es una manera benévola y eurocéntrica de caracterizar la crisis de la reproducción de la vida humana. Las dramáticas consecuencias sobre el circuito de la vida, los desequilibrios ecológicos, el hambre, los desequilibrios sociales y psíquicos que genera, agravados por la utilización de las guerras como parte del mecanismo de acumulación son evidentes, y no requieren mucha investigación para ser advertidos.

Este proceso material conlleva efectos subjetivos que resultan de la hegemonía de la cultura capitalista. Nos referimos concretamente al efecto de treinta años de neoliberalismo, que podemos resumir como la formación de un sentido común que implica, como aceptación fatalista:

a) la integración social de la economía a través de un conjunto de instituciones propias de una economía de mercado (la economía de mercado es un hecho irreversible, solo se puede moderarla políticamente o limitar sus fallas)

b) la definición de la racionalidad como racionalidad instrumental, orientada por la absolutización del utilitarismo de individuos o grupos particulares (somos egoístas por naturaleza),

c) el paradigma de la empresa de capital que implica identificar rentabilidad con eficiencia y competir antes que cooperar (debemos aprender de las empresas a maximizar nuestros ingresos a costa de los demás),

e) la definición de riqueza como masa de mercancías, ignorando la producción para el propio consumo familiar o comunitario (el modo de vida que todos deseamos es el que da acceso a los bienes deslumbrantes que resultan de la innovación empresarial);

f) la identificación de la buena vida como acceso individual a opciones que tienen en común la maximización del bienestar en el sentido de posesión y consumo de mercancías (más tengo, más feliz soy y más me reconoce la sociedad);

g) la discriminación social entre los exitosos y los perdedores en el mercado, así como entre las culturas afines al capitalismo y las regidas por otras lógicas, particularmente las comunitarias (los indigentes lo son porque no quieren trabajar);

h) la cosificación y mercantilización de la naturaleza y la vida humana en todas sus expresiones (todo es recurso cuya utilidad se mide por la ganancia o ingreso que permite apropiar).

En síntesis, se asume una aceptación fatalista de la tendencia a autonomizar y des-responsabilizar al sistema de mercado y todos sus valores y comportamientos respecto a la sociedad y al ciclo vital en general, sin asumir todas sus consecuencias. El neoliberalismo ha exacerbado las tendencias individualistas y particularistas de la sociedad, así como la producción y el consumismo irresponsables. Pero sobre todo ha introyectado en el sentido común la idea Thatcheriana de que no hay alternativa al mercado total, y que solo resta luchar por integrarse a él, lo que se traduce en el antisolidario “sálvese quien pueda”. Esto es parte inescindible del difícil “punto de partida” subjetivo de toda transformación económica, poco proclive a la solidaridad y el reconocimiento del otro y sus necesidades.

El pensamiento crítico no solo no ve estos procesos materiales y sus efectos subjetivos como inevitables sino que los considera éticamente inadmisibles. Y anticipa que la política y los estados, así como las prácticas cotidianas defensivas de la vida de las mayorías, potenciadas por sujetos constituidos como movimientos sociales, pueden contrarrestar esas tendencias intrínsecas del capital, no ya para que se recupere el ritmo de acumulación de capital y el quimérico pleno empleo, sino para garantizar la reproducción y desarrollo de la vida.


    1. El punto de partida (2): la economía mixta nacional

Otra faceta del punto de partida empírico de una economía periférica con hegemonía capitalista, aunque con desarrollo desigual, es dividirla en tres sectores agregados según el sentido y las formas de organización de los procesos económicos: (a) el empresarial privado, (b) el público estatal, (c ) el de economía popular.

El sector de economía empresarial privada se organiza como un subsistema más o menos articulado de empresas de capital. Su articulación se realiza a través de grupos económicos, fusiones, subcontrataciones formales, relaciones de mercado recurrentes etc. El sentido del sector, transmitido por las instituciones a la subjetividad de los empresarios, es acumular capital, y para ello competir, ganar y reinvertir sin límite en las actividades mercantiles más rentables. Para lograrlo, se trata de aplicar la racionalidad instrumental, donde todo puede ser medio (recurso) para lograr ese fin. Según la ideología económica hegemónica, para sobrevivir en el sistema de mercado, toda forma económica tiene que asumir esos criterios, sea el estado, una ONG, o un emprendimiento familiar.

El sector de economía pública-estatal abarca las unidades administrativas de organización de los estados: instancias de gobierno central, provincias, municipios, empresas públicas, organizaciones que proveen servicios públicos (como la escuela o el hospital), y para funcionar requieren recursos económicos que provienen del sistema fiscal de redistribución, de los excedentes que producen sus empresas, o del crédito. Su articulación está dada por la rígida estructura burocrática y verticalista que une sus elementos. Sus sentidos no siempre son los mismos para cada coyuntura, partido de gobierno o segmento del subsistema. En general pueden ser: incentivar y orientar la inversión y el proceso de crecimiento nacional, asegurar la gobernabilidad del sistema, acumular poder y, finalmente: lograr el bien común. Uno puede subordinar a los demás, o darse una combinación más pareja de todos ellos.

El sector de economía popular tiene como base de organización económica las unidades domésticas (UD), básicamente los hogares, sus extensiones (organizaciones económicas asociativas de diverso tipo) y las comunidades. En general, su principal recurso es el conjunto de capacidades de trabajo de sus miembros. Este sector, lejos de estar articulado como tal, es magmático, fluye, cambia de formas. Puede pasar de un predominio de la inserción en el mercado de trabajo en relación de dependencia a la multiplicación de emprendimientos familiares o no familiares (como son las cooperativas, asociaciones, o mutuales). Puede pasar de comunidades bien consolidadas a comunidades en proceso de desintegración por la migración, la dependencia del mercado, etc. Si acumula es a niveles elementales, como inversión inmediata para los emprendimientos, o en la vivienda y sus instalaciones (esta acumulación no es de capital, sino que se trata de ahorros monearios o de formas de la riqueza para su uso final o productivo). Su sentido es la reproducción biológica y comunitaria o social de la vida de sus miembros en las mejores condiciones posibles. Es de esperar que haya solidaridad entre dichos miembros, no necesariamente con otras UD.

Diferenciando las diversas formas de organización económica por sectores podemos graficar la economía mixta somo sigue:

Las intersecciones entre los tres octógonos reflejan formas combinadas como una empresa cogestionada por patrones y trabajadores, o una empresa “mixta” (privada-estatal), o una empresa de servicios públicos con participación de los usuarios, etc.

Entre los tres sectores hay intercambios mercantiles destacándose la compra-venta de fuerza de trabajo, pero también transferencias unilaterales monetarias o no monetarias (subsidios, impuestos, donaciones, bienes públicos, remesas, etc.) cuya evolución, estructura y tendencias deben estudiarse en cada caso concreto.

La economía popular8

Para la ESS es particularmente relevante la Economía popular. Entre sus agentes, grupos, ramas o regiones específicas hay relaciones y flujos económicos. Pueden intercambiar bienes de consumo, servicios, insumos, instrumentos, conocimientos y sus contrapartidas financieras y monetarias o bien trocarlos en especie.

Es un sector cuyos agentes emprenden a escala global (exportando, migrando y enviando remesas a su lugar de origen) y sin embargo en buena medida está condenado a la ilegalidad en su origen (“informales” urbanos) o en su destino (inmigrantes indocumentados). Esta es una de las características del mercado capitalista. Institucionaliza las relaciones de producción y propiedad según el tipo ideal de la empresa de capital, generando normativas legales y costos de acceso a esas figuras jurídicas, que son prohibitivos para muchos emprendimientos económicos populares. Por otro lado, crea un “mercado” de fuerza de trabajo y un “mercado” de capital, pero de manera asimétrica: mientras propende a la libertad de movimientos del capital, limita o habilita la de los trabajadores según convenga al proceso de acumulación.

En una sociedad salarial la economía popular en su conjunto vende principalmente fuerza de trabajo que, como indica Polanyi9, funciona como una mercancía ficticia, separable de las personas. En América Latina, la economía salarial es incompleta, por no haberse generalizado esa forma de inserción del trabajo en la economía, ya sea por la insuficiencia dinámica del mercado para absorber toda la fuerza de trabajo como trabajo asalariado, o porque hay grupos sociales que prefieren el trabajo autónomo. A esto se suma las formas de esclavitud que persisten o se amplían como es el caso actual. Esto es fuente de una heterogeneidad estructural, característica de la región, con importantes repercusiones sobre la sociedad y la política.

Libradas a su lógica, las empresas compran la fuerza de trabajo como un recurso más y pagan lo mínimo necesario para lograr los comportamientos productivos y la reproducción de la oferta de fuerza de trabajo. Salvo regulaciones políticas, no contratarán fuerza de trabajo que no sea rentable ni pagarán lo necesario para asegurar la reproducción de la vida de los trabajadores y sus familias, en cuyo caso no sólo hay explotación sino sobre-explotación.

También la economía pública estatal contrata fuerza de trabajo, necesaria para producir los bienes y servicios públicos, aunque, a diferencia de las empresas, tendrá en cuenta efectos macroeconómicos como el que se expresa en la búsqueda del pleno empleo, el crecimiento nacional o los requerimientos económicos de la gobernabilidad del sistema en su conjunto.

Se puede estar incluido a través del empleo asalariado y el consumo de mercancías, y a la vez ser pobre por ingresos insuficientes. En principio puede esperarse que, siendo generalizada entre las UD una estrategia de mezcla de inserciones, o de combinación de fuentes de ingreso, a mayor ingreso familiar por vía del salario se requiera menor actividad de producción autónoma y menor actividad de producción para el autoconsumo, o a menor posibilidad de obtener un salario suficiente más se recurra a la producción mercantil o al trabajo doméstico de autoconsumo. Esta preferencia por el trabajo en relación de dependencia se debe en parte a que buena parte de los derechos sociales han sido asociados al estatus de trabajador asalariado y a las dificultades para competir con las empresas. Las UD combinan producción y reproducción, pero raramente se aproximan a unidades totalmente autárquicas, capaces de resolver su sustento sin participar en el sistema social de división del trabajo, particularmente en el ámbito urbano. A todo lo expuesto se agregan las transferencias monetarias o de recursos materiales para el consumo o la producción que reciben o aportan las UD. Así, la asistencia pública, aplicando el principio de redistribución, puede estar complementando la producción para el autoconsumo y los ingresos mercantiles de hogares pobres.

Aunque la lucha por la supervivencia genera comportamientos individualistas, en la economía popular hay comunidades originarias, redes de ayuda mutua, asociaciones de productores que compran insumos, o comercializan, o generan ahorros y se dan crédito solidario, que circulan bienes y trabajos regulados por relaciones de reciprocidad.

La capacidad de compra de bienes y servicios por la economía popular depende no sólo de los precios a los que vende (sea su fuerza de trabajo o bienes y servicios producidos autónomamente) sino también de los precios de lo que compra. Los trabajadores organizados necesitan no solo trabajar y sindicalizarse para defender el salario nominal y las condiciones de trabajo, sino ejercer fuerza solidaria en el conjunto del campo de relaciones de la economía mixta (por ejemplo: las movilizaciones de protesta o los movimientos organizados de usuarios de servicios que pugnan por el acceso, por la gratuidad, o por evitar aumentos en los precios de bienes y servicios públicos esenciales para la subsistencia).

El mercado no es exclusivo de la economía empresarial privada, en ocasiones mal denominada sector de mercado. El mercado atraviesa también la economía popular y puede generar comportamientos extremadamente competitivos, como en el denominado “sector informal urbano”. En la situación de exclusión masiva y de dificultad para la reproducción que se ha agravado estos años, han resurgido formas de organización de mercado, como las ferias, por ejemplo, que son una forma de institucionalizar el intercambio como centro de encuentro directo y solidario entre productores y consumidores.

Es a esta complejidad de una economía mixta con amplios sectores sociales excluidos o integrados de manera marginal, precaria y al borde de la mera supervivencia que se dirigen las propuestas de la ESS.

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