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La cultura del terror


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Escuela Superior de Trabajo Social de la U.N.L.P.

Medicina Social

Trabajo Final:

Aproximación al abordaje de la violencia contra la mujer

LA CULTURA DEL TERROR

“La extorsión

el insulto

la amenaza

el coscorrón

la bofetada

la paliza

el azote


el cuarto oscuro

la ducha helada

el ayuno obligatorio

la comida obligatoria

la prohibición de salir

la prohibición de decir lo que piensa

la prohibición de hacer lo que sienta

y la humillación pública,

son algunos de los métodos de penitencia y tortura tradicionales en la vida familiar.

Para castigo de la desobediencia y escarmiento de la libertad, la tradición familiar perpetúa una cultura del terror que humilla a la mujer, enseña a los hijos a mentir y contagia la peste del miedo. Los derechos humanos tendrían que empezar por casa...”

Eduardo Galeano, Uruguay, 1989

Fecha de presentación: 16-11-04

Alumnas: María Emilia Contreras

María Marta Giaccio

1.-Fundamentación
La violencia contra la mujer es un fenómeno creciente en todo el mundo. Crece en todas las clases sociales, en todos los países, razas y culturas. Más allá de su crecimiento numérico, es un problema que se complejiza. Aparecen nuevas caras de este antiguo fenómeno que tienen que ver con el modo en que la sociedad se instituye.

Según referencias de la ONU entre el 50 y el 60% de las familias del mundo mantienen algún tipo de relación violenta. El 75% de las víctimas de violencia familiar son mujeres. Según un informe especial del Banco Interamericano de Desarrollo en Argentina en 1 de cada 5 parejas hay violencia. En el 42% de los casos de mujeres asesinadas, el crimen lo realiza su pareja. El 37% de las mujeres golpeadas por sus esposos lleva 20 años o más soportando abusos de ese tipo1. Es necesario recordar la relatividad de estas cifras, dado que se calcula que no se denuncian todos los casos.

Frente a esta realidad que se complejiza, los abordajes propuestos hasta ahora parecen ser insuficientes. Lo que nos hace pensar cuál es el aporte que desde la especificidad del Trabajo Social puede hacerse al tratamiento y prevención de esta problemática. Sumado a esto, es por todos conocido el aumento progresivo y permanente de los factores de riesgo que pesan sobre la violencia familiar.

En síntesis, es una problemática que aumenta no sólo numéricamente sino también que se complejiza y adquiere nuevas “caras sociales”, cuyo tratamiento a nuestro entender no ha sido suficientemente complejizado a pesar de ser de aparición corriente en las prácticas profesionales.

Creemos que su tratamiento multidisciplinario y multiinstitucional ( a diferencia de interdisciplinario e interinstitucional) tampoco facilita su abordaje: la escuela, la atención primaria de la salud desde los centros de salud, las políticas sociales destinadas a la familia, la justicia, el tratamiento psicológico o psiquiátrico destinado al agresor o a la mujer agredida, etc. parecieran responder a un aspecto de la cuestión sin situar el problema de la violencia histórica y socialmente.

Por otro lado, proclamados y protegidos los derechos humanos y los derechos de la mujer frente a los tratos violentos, la realidad de las cifras aportadas precedentemente, demuestran con claridad cuán lejos está la letra de la ley de la cotidianeidad de los sujetos. Asimismo, es evidente la importancia de articular acciones colectivas en la reivindicación activa de los mismos, lugar privilegiado para la acción del Trabajo Social.


2.-Marco teórico


  • Definición

A los efectos de este trabajo se diferencian los siguientes conceptos:

Conflicto: es la relación de opuestos en cuanto a valores, creencias, ideas. El conflicto no está necesariamente signado como negativo, de hecho puede ser un factor de crecimiento.

Agresividad: es la capacidad de todos los seres vivos de oponer resistencia a las influencias externas. Para algunos pensadores es producto del instinto y la cultura es la encargada de domesticarla.

Agresión: es una conducta (física, verbal, etc.) con o sin intencionalidad de hacer daño pero que concluye en un daño efectivo.

Violencia: concepto asociado a la fuerza y a la intencionalidad de dañar. Hay violencia política, económica, social, emocional etc. Siempre remite a una relación de poder (hombre-mujer, padre-hijo, docente-alumno, jefe-empleado).



El Instituto social y político de la mujer, define como violencia contra la mujer “ todo acto de violencia basado en la pertenencia al sexo femenino que tenga o pueda tener como resultado un daño o sufrimiento físico, sexual o psicológico para la mujer, así como las amenazas de tales actos, la coacción o la privación arbitraria de la libertad, tanto si se produce en la vida pública como en la privada. La diferencia entre este tipo de violencia y otras formas de agresión y coerción estriba en que en este caso el factor de riesgo o vulnerabilidad es el solo hecho de ser mujer.”2

Estamos de acuerdo con esta definición y la expresión “violencia contra la mujer”, usada en el título de nuestro trabajo, porque la misma evidencia mucho mejor la cuestión de género que atraviesa esta problemática, que otras expresiones como “violencia doméstica”.




  • Tipos


El Instituto social y político de la mujer, clasifica las conductas violentas en:

Violencia física: considerando esta como cualquier acción no accidental que provoque o pueda provocar daño físico, enfermedad o riesgo de padecerla. Son ejemplos de ella empujones, cachetadas, ataques con objetos o armas, tirones de pelo, rasguños, golpes.

Violencia sexual: comentarios y gestos sexuales no deseados, exigencias sexuales bajo presión o amenaza, burlas acerca del cuerpo de la pareja, agresiones sexuales con armas u objetos, en definitiva, toda actividad dirigida a la ejecución de actos sexuales en contra de su voluntad, dolorosos o humillantes o abusando del poder, autoridad, con engaño o por desconocimiento en el caso de los menores.

La agresión sexual no es un hecho individual explicable por la patología, el desvío o la marginalidad de ciertos individuos en particular, sino que está profundamente enraizada en las relaciones de dominación entre varones y mujeres.



Violencia emocional: o violencia psíquica, considerando como tal los actos, conductas o exposición a situaciones que agredan o puedan agredir, alteren o puedan alterar el contexto afectivo necesario para el desarrollo psicológico normal, tales como rechazos, insultos, amenazas, humillaciones, aislamiento, burlas, gritos, sobrenombres descalificadores, interrogaciones, sustracción de dinero, amenazas de herir o atacar a seres queridos, destrucción de objetos importantes, autoritarismo o cualquier otro comportamiento que mantenga al otro miembro de la pareja en permanente tensión.

Adherimos a esta clasificación que deja en el pasado la antigua concepción de que la única violencia cuestionable era la que dejaba huella física, mito que persiste en el imaginario colectivo. Nos parece necesario además agregar dos tipos más que pueden ser tomados en cuenta cuando se sitúa a la violencia como una problemática histórica y social. Estos tendrán que ver con las relaciones sociales de producción vigentes en el contexto actual.



Violencia económica: es la desigualdad en el acceso a los recursos económicos que deben ser compartidos, al derecho de propiedad, a la educación y a un puesto de trabajo, derechos reconocidos en la Constitución. Aparece acá también, la victimización a través de la sexuación del dinero.3

Explotación laboral y mendicidad: situaciones en las que mediante abuso de poder o por fuerza y con violencia un miembro de la familia obliga a la practica continuada de trabajos o actividades que o bien interfieren en el normal desarrollo o exceden de los limites de lo considerado normal en función de la edad, sexo, formación, o que se consideran humillantes o antisociales.

Desde esta posición sostenemos que el Estado también ejerce acciones de violencia contra la mujer, ya sea por su ausencia en determinados ámbitos o por acciones positivas de discriminación.




  • Mitos y estereotipos

Un mito es una creencia que se construye socialmente y se formula como una verdad, se expresa en forma rígida y absoluta. Reflejan una parte de la realidad simplificándola. Los mitos son funcionales, sirven para justificar alguna situación en determinadas circunstancias. Proponen modelos ejemplares respecto a todas las actividades humanas significativas marcando pautas de acción esperable por parte de los sujetos y obligándolos a adecuarse a las exigencias implícitas en ellos. Las personas se sienten acompañadas cuando comparten estas creencias. Es una construcción emocional de grupo, por lo que es difícil rebatirlos racionalmente. Se dan en todos los estratos sociales, instituciones, ciencias, medios de comunicación siendo el papel de estos últimos nada despreciable en la conformación del imaginario social.

Los estereotipos son moldes, modelos rígidos. Asociados al tema de la violencia contra la mujer aparecen los estereotipos de género. Género y sexo no significan lo mismo. El primero es una construcción social y cultural de lo que es ser varón o ser mujer. Es histórica y particular de cada sociedad. En cambio, el sexo está ligado a lo biológico. El primer agente transmisor de este estereotipo es la madre, a través del trato diferencial al bebé varón o mujer. La forma de vestirse, los juegos, lo que se le permite o no hacer está ligado al modelo de hombre o mujer que sustenta una sociedad dada. Hay mujeres que reproducen este estereotipo y otras que cambian el modelo. Lo que es innegable es que socialmente está permitido al varón ejercer la violencia (“no seas maricón’, ”los hombres no lloran’, etc.) Todos somos socializados en estos estereotipos de roles de género que asignan a la mujer la característica de ser sumisa, pasiva, identificarse con la maternidad, desempeñarse en el ámbito privado, etc. y al hombre, el ser exitoso, potente, fuerte, racional y sin contacto con su lado emocional.

Estas pautas, incorporadas a la personalidad y a las creencias de los individuos reproducen dentro de ellos las estructuras sociales de poder y de opresión que han afectado a la mayoría de los seres humanos y a las mujeres en particular. A partir del siglo XVIII y con el advenimiento de la revolución industrial se operó una separación entre la vida doméstica y el ámbito del trabajo y se diferenció lo público de lo privado. La forma en que se organizó la división social del trabajo reforzó la idea de inferioridad femenina. El hombre saldría a la calle a buscar trabajo, a luchar por el poder, a discutir sus ideas. El hogar, aislado, sería el lugar en que la mujer desarrollaría la reproducción de la vida cotidiana y la crianza de los hijos. Allí “no se trabajaba, sino que se hacían las cosas por amor”. Estas actividades serían el sostén privado de las actividades públicas del hombre de familia. Todo esto vendría asociado a la transformación de la familia como contrato comercial que pactaba entre otras cuestiones la obediencia a la autoridad masculina y a su poder educativo y correctivo, al ideal de amor romántico e instinto maternal propio del siglo XIX4. Estas características prepararán el escenario para las formas de violencia entre los sexos que hoy podemos denunciar.

Los estereotipos no son saludables. Las personas víctimas de violencia se juzgan a sí mismas de acuerdo con los mitos y las creencias sociales, por eso se sienten culpables, avergonzadas o enfermas. Esto obstaculiza su pedido de auxilio y la toma de conciencia de la dimensión real de esta problemática.

Entre los mitos que han contribuido a la invisibilidad del fenómeno de violencia contra la mujer seleccionamos los que creemos que están más presentes en nuestra sociedad actual:



  • la violencia es natural en el temperamento del varón y está en relación con la hombría

  • todos los hombres son así

  • las mujeres provocan la violencia porque les gusta

  • las mujeres son seres biológicos pasivos, prueba de esto es que son mantenidas por los maridos

  • las mujeres le deben obediencia al marido

  • este fenómeno se restringe a los sectores populares

  • si a la mujer no le gustara que le peguen, dejaría a su marido. En su defecto, son masoquistas, enfermas, ignorantes o histéricas.

  • La mujer es un bien del marido

  • el alcohol causa violencia doméstica (o la crisis económica, o la ignorancia, o la desocupación)

 Construcción social de la masculinidad y la femineidad:

La posición que el hombre y la mujer ocupan en la sociedad no es la misma. Las sociedades patriarcales como la nuestra atribuyen diferentes valoraciones a los roles masculino y femenino jerarquizándolos. Desde niños los varones son condicionados: se visten de azul, se juega con ciertos juguetes, no se toleran y se temen las conductas afeminadas, son duros, activos, fuertes, independientes, dominantes, no lloran, no piden ni necesitan ayuda o protección, etc. Estos modelos son menos estrictos en chicos que tienen flexibilidad en los juegos y se les permite mayor espontaneidad en la expresión de sus sentimientos.

Las instituciones fortalecen estos modelos, por ejemplo usar el masculino para nombrar los universales. A su vez son modelos difíciles de modificar ya que están asociados a la tradición.

A la mujer se la socializa para los sentimientos, la autocrítica, para ser pasivas, débiles, dependientes, no intervenir en el afuera de la casa, emotivas, susceptibles, obedientes, necesitan ser protegidas, inestables.

Esta estructura patriarcal se concreta en primera instancia en la familia. El padre se relaciona a las tareas de producción que lo alejan del hogar y su vínculo con el hijo va a ser lejano. La relación con la madre en cambio va a ser centrípeta, siendo este el único rol socialmente valorado para la mujer.

En el proceso de identificación con el padre pueden surgir dificultades en relación a dos aspectos:

- desprendimiento brusco del segmento hijo-madre. Esto da lugar a hombres duros, autoritarios, que no expresan sentimientos (10% de los hombres violentos)

- permanecer en la dependencia. Esto da lugar a los hombres niños que compiten con sus hijos por una esposa-madre (90% de los hombres violentos).




  • Modelo de interpretación

Diferentes han sido los enfoques tendientes a explicar el fenómeno de la violencia. Desde la psico-patología que individualizaba en el agresor las causas generadoras de la acción violenta, hasta las teorías sociológicas que marcaban los factores de riesgo determinantes de este fenómeno como el desempleo, alcoholismo, estrés etc., pasando por el abordaje sistémico que responsabiliza a una familia disfuncional de un vínculo enfermo.

Actualmente se utiliza con más frecuencia el modelo integrativo o ecológico que interpreta la violencia como un fenómeno multicausal.

Una situación de violencia familiar se halla cruzada por diferentes factores desde las características intra-psíquicas de las personas, del grupo familiar, del contexto próximo en que se halla inserto ese grupo familiar y del contexto general al que pertenece.

El sujeto puede ser mirado como perteneciendo al macrosistema. Este incluye las creencias culturales asociadas con el problema de la violencia familiar: la estratificación entre hombre- mujer, padre- hijo, el sistema de creencias de la familia patriarcal, concepciones acerca del poder y la obediencia, roles familiares, derechos y responsabilidades de cada uno, estereotipos sobre la masculinidad y la femineidad, el uso de la fuerza en la resolución de conflictos.

El exosistema mediatiza los valores generales en espacios sociales más visibles: las instituciones educativas, recreativas, laborales, religiosas y judiciales. A veces, ellas reproducen en su funcionamiento el modelo de poder vertical y autoritario, legitimando con esto la violencia en el nivel institucional. Tienen especial incidencia los medios masivos de comunicación en la multiplicación de actitudes violentas legitimadas. Aparece aquí también el concepto de victimización secundaria, cuando las instituciones y profesionales que asisten a la persona agredida por estar impregnados de los mitos y estereotipos culturales dan respuestas culpabilizadoras o intervienen erróneamente minimizando el riesgo. Estas intervenciones no son intervenciones neutras.

El microsistema abarca los elementos estructurales de la familia y sus patrones de interacción, la historia personal de cada uno de sus miembros. Aquí aparecen rasgos comunes: estructuras familiares de origen de corte autoritario, estereotipos culturales, verticalismo, disociación entre lo público y lo privado, aislamiento, normalización de la violencia, baja autoestima que en las mujeres incrementa la sensación de indefensión y culpabilidad, y en los hombres, estructura una imagen externa dura.

Algunos autores agregan a este modelo el nivel individual , con sus dimensiones cognitiva (la forma de percibir y conceptuar el mundo), conductual (los comportamientos de la persona al relacionarse con el mundo), psico-dinámica (dinámica intra-psíquica, con sus emociones, ansiedades, conflictos) e interaccional (pautas de relación y comunicación).5

La interacción recíproca entre cada uno de los niveles es dinámica y permanente. Ninguno por sí mismo es causal de la violencia contra la mujer, pero se asocian y contribuyen a que se perpetúe este fenómeno.

Acordamos en que este modelo de interpretación elimina la lógica unicausal en la comprensión de lo social, permite la dialéctica entre lo micro y lo macro y da cuenta de una conceptualización de la salud, como salud global.




  • Ciclo

En el ciclo de la violencia podemos distinguir tres fases que se repiten, variando en intensidad y duración de acuerdo a la pareja:

a. Acumulación de tensión: ocurren incidentes menores, hay críticas constantes. Las causas del enojo no están afuera, sino en el adentro (no importa lo que la mujer haga o deje de hacer). La mujer intenta mantener la calma del hogar adaptándose a las demandas, ella cree que su conducta puede impedir la violencia. Niega estar enojada o asustada. El hombre sabe que está actuando mal y teme el abandono, por lo que se vuelve más controlador, posesivo y celoso. La mujer se retrae más y más para no contrariarlo, minimiza las agresiones de su compañero e intenta justificarlo. Esto refuerza la interpretación masculina respecto de la aceptación y legitimidad del abuso. La tensión aumenta hasta tornarse insoportable.

b. Episodio violento: Es una fase corta. La tensión acumulada desata el hecho violento. La anticipación de un ataque produce trastornos en la mujer como insomnio, falta de apetito, etc. Las mujeres se retraen pensando que defenderse agrandará los daños causados durante el incidente violento. Después del incidente ambos están en shock: el hombre dice no recordar mucho de lo que ha hecho, en cambio la mujer sí. Entre las reacciones más comunes del hombre están la negación o la minimización del daño causado. Muchas mujeres no piden ayuda y permanecen con sus parejas. En esta fase la mujer está más decidida a separarse y buscar ayuda, hacer denuncias, etc.

c. Luna de miel: es la etapa después del maltrato y que mantiene a la pareja junta. El pide perdón, es cariñoso, le hace regalos, se muestra afectuoso, le hace promesas para convencerla de que no volverá a ocurrir. Es un período de calma, armonía e ilusiones. El promete que el episodio no volverá a ocurrir y ella desea creerle y vuelve a ver en él a la persona que amaba. Crean alianzas entre ambos. Paradójicamente es aquí donde la victimización de la mujer se completa. Una vez iniciada esta fase es difícil que la mujer se aparte de su pareja ya que la conducta del hombre funciona como un estímulo para continuar la relación.

 Las parejas se mantienen en esta relación repitiendo una y otra vez el ciclo de la violencia. Los tiempos en que va repitiéndose este ciclo varía, pero tienen tendencia a achicarse. La intensidad de la violencia es creciente.

Los estereotipos de conducta aprendidos impiden ver que no es justificable la violencia, y que el agresor es responsable por sus actos.

La posibilidad de identificar el mecanismo del ciclo puede llevar a la mujer maltratada a reconocerlo dentro de su propia problemática e intentar posibles estrategias que le ayuden a salvar su propia vida y la de sus hijos.


  • Leyes

La Constitución Nacional, en el capítulo cuarto, artículo 75, establece que los Tratados de Derechos Humanos tienen jerarquía constitucional. Entre ellos se encuentra la Convención sobre la Eliminación de Todas las Formas de Discriminación contra la Mujer.

El Consejo Nacional de la Mujer fue creado en 1992 como espacio gubernamental responsable del cumplimiento de la Convención sobre la Eliminación de todas las Formas de Discriminación contra la Mujer en el país, ratificada por Ley 23.179 y que adquirió rango constitucional en la Reforma de 1994. El mismo depende directamente de la Presidencia de la Nación

En materia provincial, en enero del 2.001 se publicó la ley12.569 sobre violencia familiar6. A continuación se transcriben algunos de sus artículos más importantes:

Artículo 1º.- A los efectos de la aplicación de la presente ley se entenderá por VIOLENCIA FAMILIAR, toda acción, omisión, abuso, que afecte la integridad física, psíquica, moral, sexual y/o la libertad de una persona en el ámbito del grupo familiar, aunque no configure delito.
Artículo 2º.- Se entenderá por grupo familiar al originado en el matrimonio o en las uniones de hecho, incluyendo a los ascendientes, descendientes, colaterales y/o consanguíneos y a convivientes o descendientes directos de algunos de ellos.

La presente ley también se aplicará cuando se ejerza violencia familiar sobre la persona con quien tenga o haya tenido relación de noviazgo o pareja, o con quien estuvo vinculado por matrimonio o unión de hecho.”

La ley establece que la denuncia puede efectuarla cualquier persona que haya tomado conocimiento de los hechos de violencia, procediendo a penalizar a quien no lo haga. Algunas de las medidas conexas al hecho denunciado que la ley faculta a tomar son la exclusión de la vivienda del presunto autor, así como la prohibición de acceder a los lugares de trabajo o recreación. Asimismo el juez arbitrará los medios necesarios para que el agresor cese con todo acto de perturbación o intimidación contra la o las víctimas. Se arbitrará la restitución inmediata de los efectos personales a la parte peticionante, si ésta se ha visto privada de los mismos por hechos de violencia familiar. Se proveerá las medidas conducentes a fin de brindar al agresor y al grupo familiar, asistencia legal, médica y psicológica a través de los organismos públicos y entidades no gubernamentales con formación especializada en la prevención y atención de la violencia familiar y asistencia a la víctima. Toda otra medida urgente que estime oportuna para asegurar la custodia y protección de la víctima. Desde el conocimiento del hecho hasta la adopción de las medidas no podrá exceder el término de las cuarenta y ocho horas.

“Artículo 15.- El Poder Ejecutivo a través del organismo que corresponda instrumentará programas específicos de prevención, asistencia y tratamiento de la violencia familiar...


Artículo 20.- El Poder Ejecutivo arbitrará los medios y los recursos necesarios para el cumplimiento de los siguientes objetivos.


  • Articulación de las políticas de prevención, atención y tratamiento de las víctimas de violencia familiar.

  • Desarrollar programas de capacitación de docentes y directivos de todos los niveles de enseñanza, orientados a la detección temprana, orientación a padres y derivación asistencial de casos de abuso o violencia, así como a la formación preventiva de los alumnos.

  • Crear en todos los centros de salud dependientes de la Provincia, equipos multidisciplinarios de atención de niños y adolescentes víctimas y sus familias, compuestos por un médico infantil, un psicólogo y un asistente social con formación especializada en este tipo de problemáticas. Invitar a los municipios a generar equipos semejantes en los efectores de salud de su dependencia.

  • Incentivar grupos de autoayuda familiar, con asistencia de profesionales expertos en el tema.

- Capacitar en todo el ámbito de la Provincia, a los agentes de salud.

  • Destinar en las comisarías personal especializado en la materia (equipos interdisciplinarios: abogados, psicólogos, asistentes sociales, médicos) y establecer un lugar privilegiado a las víctimas.

  • Capacitar al personal de la Policía de la Provincia de Buenos Aires sobre los contenidos de la presente Ley, a los fines de hacer efectiva la denuncia.

  • Crear un programa de Promoción familiar destinado a sostener en forma temporaria a aquellos padres o madres que queden solos a cargo de sus hijos a consecuencia de episodios de violencia o abuso, y enfrenten la obligación de reorganizar su vida familiar.

  • Generar con los municipios y las entidades comunitarias casas de hospedajes en cada comuna, que brinden albergue temporario a los niños, adolescentes o grupos familiares que hayan sido víctimas.

  • Desarrollar en todos los municipios servicios de recepción telefónica de denuncias, dotados de equipos móviles capaces de tomar contacto rápido con las familias afectadas y realizar las derivaciones correspondientes, haciendo un seguimiento de cada caso.”

En materia del derecho penal no existe la figura de violencia familiar como delito.

Una consideración que no debe dejar de ser tenida en cuenta al pensar el abordaje legal de esta problemática es la característica de silenciamiento que poseen estos delitos. Las mujeres por lo general demoran en hacer públicas las agresiones. No menos importante es la dificultad probatoria de la autoría de la agresión, sin olvidar la dificultad que implica el relevamiento de la información sin violentar la subjetividad de las personas agredidas. En este apartado deberíamos considerar la victimización secundaria que establecen las instituciones respecto de los sujetos. Todas estas características desalientan las denuncias frente a la agresión o dejan inconclusos los procedimientos iniciados.




  • Subjetividad

¿Por qué las mujeres continúan con las relaciones de violencia? Por lo general provienen de familias con padres autocráticos, crueles, implacables, aceptan el rol tradicional femenino – masculino en forma rígida, es pasiva, fácil de dominar (por un varón), siente que no tiene derechos, acepta la culpa aún sin causas justificadas. Siente que debe ayudar a su pareja. Necesita ser necesitada. Desestima o minimiza la peligrosidad de la situación y cree con certeza que las cosas mejorarán o que, al contrario, no hay más nada que hacer para cambiar la situación. Sufre de baja autoestima y duda sobre su salud mental. Se relacionan con otras personas que las dañan porque por su historia familiar, son las únicas personas que sienten como reales. Sufrir es la única manera de vivir aprendida y enseñada.

El victimario no puede tolerar la separación de la mujer, sus sentimientos de pérdida y angustia pueden impedir su funcionamiento en cualquier área de la vida, tienen baja tolerancia a la frustración, pobre control de la agresividad, autoritarismo, inmadurez. Depende patológicamente de su compañera. En su socialización han incorporado valores y creencias que apuntan a la restricción emocional, anhelo de control, poder y competencia, obsesión por el éxito. La conducta violenta es significada como un medio legítimo para descargar tensiones, comunicarse o para mantener el poder. Tienen escasa habilidad para la comunicación verbal y proyectan la responsabilidad y la culpa.

La dependencia mutua del par víctima-victimario fortalece el vínculo y existe entre ellos una gran necesidad de ser “necesitado” por el otro. Cuando una persona es violento un día y amable el otro los mensajes son ambivalentes. La víctima internaliza el abuso y se siente cada vez más vulnerable e indefensa.

Como escribe María Rosa Rivero es posible reconocer en el discurso del hombre golpeador las siguientes características:


    • Uso de verbos impersonales (no se involucran, son ambiguos e intentan generalizar)

    • Racionaliza y se justifica (“no fue para tanto”)

    • Cambia de tema constantemente

    • Intenta definir al otro (“La conozco mejor que nadie, sé lo que le hace falta”)

    • Minimiza (“solo le di un cachetazo”)

    • Habla más de hechos que de sentimientos

    • Manifiesta excesivo interés por sus logros

En cambio en el discurso femenino aparecen otros aspectos:

  • Discurso más confuso, incoherente y contradictorio

  • Inclusión de la voz del otro (“él siempre dice”)

  • Desvalorización (“no puedo, no sirvo”)

  • Dependencia (“me prohibió”)

  • Contradicciones

  • Silencios

  • Postura corporal que no acompaña la intensidad de lo dicho

  • Justificaciones (“es un buen padre”)7

Pensamos que si bien el discurso es relativo a cada región geográfica y a la posición sociocultural y a la edad,

conocer estos rasgos generales puede alertarnos en la detección temprana de esta problemática y orientar nuestra intervención resguardando la subjetividad de los sujetos interviniendo con una actitud afectuosa, de apoyo y de credibilidad hacia el relato de la mujer.




  • La violencia contra la mujer en el ámbito de la salud

Algunos factores afectan especialmente la salud de las mujeres, constituyéndose en agentes de violencia. Trabajan durante más horas y ganan menos, aceptando trabajos insalubres en el sector informal para poder sobrevivir. Las condiciones ambientales en las fábricas o talleres habitualmente son malas, con riesgo para la salud: ventilación inadecuada, ruido excesivo, calor, humedad, hacinamiento. Se las prefiere en estos tipos de trabajo porque son más maleables y fáciles de someter y menos sindicalizadas. Rotan frecuentemente y se ven obligadas a migrar.

Los riesgos contra la salud vinculados con la función reproductiva son muy altos: violación, violencia, abusos, mutilaciones, prostitución. En muchas sociedades comienza antes del nacimiento. Se usa el ultrasonido para detectar el sexo del feto haciendo abortos selectivos de fetos del sexo femenino (Ej. India). Este círculo vicioso continua en la infancia de las niñas: peso bajo al nacer, destete temprano que aumentan el riesgo de diarreas y otras enfermedades infecciosas. Esto, combinado con la desnutrición producen un crecimiento disminuido y dificultades en el aprendizaje. Esto anula las ventajas estadísticas de sobrevida de las mujeres en edades avanzadas respecto de la esperanza de vida de los varones. En la adolescencia aumentan las disparidades, las oportunidades educativas se reducen luego de la educación elemental. Entran a la vida reproductiva sin haber alcanzado su máximo desarrollo físico. El matrimonio temprano es el siguiente paso en el proceso de violencia institucionalizada. La maternidad temprana aumenta la posibilidad de mortalidad materna e infantil, significa un obstáculo en el desarrollo mental, físico y social de estas jóvenes. Los años fértiles están llenos de riesgos para la salud: desnutrición, anemia, bocio y las infecciones, sumadas a complicaciones del embarazo y parto, y aborto sin seguridades.

Algunas prácticas terapéuticas pueden ser vistas como una forma de violencia: operaciones innecesarias tales como cesáreas o histerectomías, la ligadura de trompas sin consentimiento implica quitarles su derecho a la autodeterminación. La medicalización innecesaria de diferentes espacios de la vida cotidiana se transforma en una intervención violenta. Asociado a esto, aparece el excesivo uso de medicamentos psicofármacos, en consonancia con que la consulta psiquiátrica es predominantemente femenina, que terminan callando la angustia en nombre de la “histeria” femenina.

Un caso particular de violencia contra la salud de la mujer lo constituye la epidemia de tabaquismo que la afecta actualmente ya que se ha constituido en el blanco de una campaña comercial destinado a ampliar el mercado de consumo del mismo. El cigarrillo aparece asociado a la imagen de independencia y autodeterminación de la que participa la mujer moderna, así como del estereotipo de belleza y sofisticación de la mujer occidental. Los riesgos para las mujeres fumadoras son muchos: infertilidad primaria y secundaria, dificultades para concebir, complicaciones durante el embarazo, hijos con peso inferior al promedio, muerte prenatal, enfermedades cardiovasculares, tumores malignos de diversas localizaciones y enfermedades pulmonares, fractura de cadera.
3.- Abordaje de la violencia contra la mujer


  • Prevención

Acordamos con Marisa Paira cuando dice que el abordaje complejo de esta problemática hace necesario realizarlo desde una estrategia de trabajo en redes interinstitucionales, que posibilite desde cada organización formal o de base de la comunidad aportar a la resolución de la misma. La concreción de esta construcción de redes no puede pensarse sino desde el trabajo interdisciplinario.Este proceso debería estar contenido en una política social destinada a la familia como totalidad, superando las intervenciones aisladas ante situaciones de crisis. Valorar a la familia como núcleo estratégico de las políticas públicas en materia social tiene traducciones concretas en las definiciones de políticas de empleo, de vivienda, de salud, de educación y de cultura. Si utilizamos el modelo de interpretación ecológico los aspectos que abarcan la prevención tendrán que ver necesariamente con las creencias y valores culturales, mitos y estereotipos que predisponen a la violencia, concepción de poder, relaciones de poder, factores de riesgo como alcoholismo, drogadicción, desempleo, hacinamiento y exclusión social, legislación, instituciones de diversa índole8.

Además implica la no fragmentación de los sujetos destinatarios de la política social.

La prevención intenta influir en las dinámicas violentas en tres momentos diferentes de su presentación: se habla de prevención primaria (acciones destinadas a evitar las causas de la violencia, como capacitación de personal o desmitificación de roles de género, mejorar las condiciones de vida, o aplicar una pedagogía de la no violencia, etc.). Se trata de una prevención inespecífica. Se habla de prevención secundaria, cuando está destinada a grupos específicos, como médico-paciente, y se remite a la detección temprana y tratamiento precoz de los casos de agresión. La prevención terciaria es la asistencia directa de las víctimas de violencia, apuntando a reducir la proporción y gravedad de las secuelas.9

Más allá de las instituciones, ONG, y profesionales con competencia específica en la temática, el trabajo en redes implica el compromiso de las instituciones escolares, de atención primaria de la salud, servicios de sicología, instituciones barriales, dirigentes de la comunidad y fundamentalmente, a la comunidad organizada.

Partiendo de la perspectiva ecológica es posible pensar múltiples intervenciones con objetivos tales como:

- develar los mitos y estereotipos culturales que sirven de base a la violencia


  • concienciar a la comunidad acerca de la violencia entendida como problema social

  • proporcionar modelos alternativos de funcionamiento familiar más democráticos y menos autoritarios

  • promover una legislación adecuada

  • crear redes de recursos comunitarios para apoyo y contención a las víctimas de violencia

  • crear programas de recuperación para perpetradores de la violencia intrafamiliar

  • usar los medios de comunicación con una intencionalidad cuestionadora y no reproductora de estereotipos sociales

  • modificar estructuras y contenidos en el sistema escolar formal, etc.




  • Especificidad del abordaje desde el trabajo social

Nos parece necesario previamente dar cuenta de nuestro posicionamiento disciplinario en sus múltiples dimensiones:

- El trabajo social es una praxis. No es una práctica, es decir, la aplicación en terreno de un saber previo y construido fuera de él. No es una teoría, que describe y explica sistemas con el solo objetivo de su comprensión. Es una praxis pues la relación entre estos dos polos es dialéctica, ya que se determinan mutuamente. Al terreno no se va sin llevar teorías o supuestos teóricos previos (acción voluntarista). Es una acción sustentada teóricamente, pero los supuestos teóricos son problematizados, reafirmados, enriquecidos, modificados o descartados , desde la realidad concreta. En esta construcción de nuevo conocimiento no interviene como único sujeto el Trabajador Social.

- Actúa sobre un objeto de intervención. No es meramente un objeto de conocimiento (investigación). No basta con describirlo y entenderlo. Exige al trabajador social una acción concreta sobre él.

- Tiene intención transformadora. Esto obliga a un posicionamiento ideológico del trabajador social. O se trabaja para conservar un sistema político, económico, social instituido, o se interviene para transformarlo. El TS no es neutral.

-Actúa sobre las demandas de los sujetos populares. Las demandas son la expresión de las necesidades de dichos sujetos, que pueden ser materiales o simbólicas, estar o no concientizadas. Como sujeto de clase, las demandas tienden desde el TS a articularse colectivamente.

- No se trabaja con casos aislados, se hace un abordaje de la singularidad. En ella se expresa la dialéctica entre lo particular y lo universal.

- En el campo de intervención se articula el texto – contexto. Si bien la intervención se da en lo micro, desde allí es posible establecer relaciones con el orden social total. Si estos dos polos están dialécticamente relacionados, los cambios producidos en el texto deben necesariamente modificar el contexto. En este aspecto, es fundamental la toma de conciencia de que las problemáticas y necesidades tienen una articulación colectiva.

- El trabajador social posee un conocimiento (parte tomado de otras disciplinas, y parte construido por el colectivo profesional), que pone al servicio de los sujetos populares. En este punto es fundamental la búsqueda de la autonomía de los sujetos, por lo que el conocimiento debe ser problematizado para que no se transforme en un instrumento de poder sobre los grupos con los que trabajamos.

Así enmarcada la intervención profesional, podrían hacerse las siguientes reflexiones:



  • No es posible pensar esta problemática unicausalmente, por lo que el modelo integrativo o ecológico pareciera ser el más adecuado para interpretarla. A nuestro juicio, debería darse un lugar destacado a la percepción que tienen la mujeres agredidas sobre las problemáticas de violencia. Nos resulta bastante complicado compatibilizar la autonomía de la mismas con sistemas de intervención que deciden y “demandan” sin darles la palabra. Pareciera que otros tipos de intervenciones, como las terapéuticas, “infantilizan” a la mujer agredida, provocando una violencia secundaria sobre su autonomía e independencia. Esta no nos parece una problemática menor, ya que hemos podido observar que cuando se hacen públicas las cuestiones privadas de la vida familiar, algunas mujeres deciden mudarse a lugares donde puedan permanecer en el anonimato. Intentando problematizar esta cuestión, cabría preguntarse si es posible suplir la disposición subjetiva al cambio con intervenciones invasoras o con perfil de control. En algún punto, la demanda de las mujeres tiene que aparecer y para que esto sea posible sin violentar la relación público-privado, deben crearse espacios en los que pueda circular su palabra.

  • Si el Trabajo Social es una praxis con intención transformadora, debe poder dar cuenta de la relación dialéctica texto-contexto en lo que hace al tema de la violencia. Aquí se abren espacios para abordar las relaciones de poder basadas en la condición de género. Como praxis, debería contribuir a la construcción del colectivo “mujeres agredidas”, aportando a su construcción como movimiento social. Al hablar de estos colectivos, creemos que se trasciende la idea de grupos de autoayuda, talleres de género, etc. Creemos que debería tenderse a la creación de espacios donde pueda recuperarse una cuota de poder para este actor social. Donde se cuestione críticamente la reproducción de modelos sociales pero (como una praxis), las críticas se plasmen en acciones transformadoras, que a su vez permitan repensar los modelos sociales.

  • El trabajador social está implicado, no es neutral. Por lo tanto, creemos que debería elaborar lo que le pasa a él con la violencia contra la mujer. Nos parece absolutamente necesario el trabajo interdisciplinario y de ser posible, la supervisión en grupo con otros trabajadores sociales, de su práctica. Esto permitiría no perderse en la subjetividad. Se nos plantea a menudo que no ponemos en juego la misma, creemos que es al contrario, a veces nos perdemos dentro de la realidad. Esa es una condición inevitable para la transformación del sistema y del otro, que como yo, está puesto en juego en la misma realidad.



4.- Algunas conclusiones
Intentar avanzar en la comprensión de la violencia familiar requiere superar los enfoques psiquiátricos individualistas que hablan de enfermedad, tanto como los sociológicos que reducen el problema a una forma de violencia social o las perspectivas feministas que lo abordan únicamente como una manifestación más de la problemática de género. Implica abandonar la tentación unicausal de la lógica lineal, con sus generalizaciones y certezas y aproximarnos en cada caso a la consideración particular de los sujetos involucrados, sus características de personalidad, su historia, sus modelos, los valores y modos culturales propios del contexto en que viven10, y por qué no, a la sociedad como totalidad históricamente situada en que esos sujetos se insertan.

El ocultamiento de la violencia familiar, que ha dificultado su prevención y abordaje, se puede explicar por los mitos y creencias que circulan en torno a la violencia familiar en el imaginario social.

Pensando alguno de los elementos que se relacionan con esta problemática, nos resulta particularmente interesante la cuestión del género.

Como contrapartida a la posición de dependencia absoluta, la pasividad e inferioridad frente al hombre que padecía la mujer, desde la segunda mitad del siglo XX es posible pensar a las mujeres como nuevos sujetos sociales:

-en la vida cotidiana: la mujer irrumpe en el mercado laboral, su mayor acceso a la educación, cierta adquisición de códigos públicos, transformaciones tanto en las formas de los contratos conyugales como en su regímenes de fidelidad, nuevas modalidades de vivir su erotismo, la problematización de la vida doméstica, es decir la desnaturalización de que ésta sea una tarea necesariamente femenina.

- en lo político: aparecen los movimientos feministas y su lucha en el plano legal y laboral por leyes y normas más justas para las mujeres, su denuncia permanente de la discriminación de género, la institución de grupos de autoayuda, etc.

- en lo académico: desde hace veinte años cada disciplina cuestiona la falta de participación de la mujer en el ámbito científico y académico.

Estas tres dimensiones ( cotidiana, política y académica) fueron instituyendo un movimiento que visibiliza la discriminación, desnaturaliza sus prácticas, denuncia, trastorna y produce vacilaciones en el conjunto de significaciones imaginarias sociales, que legitimaron durante tantas épocas la desigualdad y la injusticia distributiva entre hombres y mujeres, y con ello, todas las formas de violencia que las acompañaron.

También creemos que estos cambios se dan a diferente ritmo en las distintas clases sociales.

Es evidente la mayor presencia de la mujer en el mercado laboral, incluso compitiendo con los hombres. Si bien ha sido llevada a esta situación por la disminución real de los salarios y el creciente desempleo, también por su propio deseo de realizarse y de tener su autonomía personal. Como consecuencia de esto, se modifica su rol en la familia. Ya no está todo el día en el ámbito de lo privado, y sus antiguos quehaceres deben ser compartidos con el hombre. Sumado a esto muchas veces el hombre no tiene trabajo y ocupa él el espacio doméstico.

Estas características se hacen extensivas al espacio barrial popular, donde la mujer adquiere protagonismo en organizaciones comunitarias.

No se puede pasar por alto que a pesar de su mayor protagonismo político y laboral, la mujer no aparece en los cargos directivos, “porque se las considera con poco nivel de decisión y autonomía”. De esta manera el hombre mantiene su situación de poder, y la mujer, la subordinación. Todavía es vendida como un modelo de belleza física, en cuanto a la moda, etc. Sigue siendo vista como un objeto y no como un sujeto, desconociéndose sus posibilidades de desarrollo personal. Frente a algunos puestos de trabajo, la mujer es discriminada por su carácter de madre. Antes de tomarla, el empleador considerará que debe darle las licencias por maternidad y cuidado de los hijos. Este argumento machista de la sociedad va en contra del deseo y la necesidad económica de la mujer que la lleva a buscar trabajo.

Si pensamos la violencia como la relación asimétrica de poder que tiñe la cuestión de género, es posible creer que estos cambios que se están vislumbrando en las relaciones sociales permitan a la mujer reposicionarse frente a esta problemática. Aunque se dan lentamente, la celeridad es inversamente proporcional a su articulación como colectivo.

La antigua percepción que se tenía sobre la mujer en cuanto al poco acceso a la educación, a ser la encargada del trabajo doméstico y del cuidado de los hijos, al no manejo del dinero ni de los bienes conyugales, a no participar en las decisiones importantes y no tener espacio para su realización personal, se está transformando y continúa siendo un espacio de transformación. La mujer actual no acepta el rol instituido en el orden social.



Como señala Castoriadis, existe un imaginario social instituido y uno instituyente. A finales del siglo veinte estamos asistiendo a una transformación de las prácticas sociales e instituciones instituidas desde el discurso y el poder. Los movimientos de mujeres tienden a destruir la idea de una relación jerárquica entre los sexos, expresan la lucha de la mujer por alcanzar su autonomía. Combaten el orden de significaciones y configuran nuevos organizadores de sentido de lo femenino y lo masculino que desordenan las prácticas, desdisciplinan los cuerpos, deslegitiman sus instituciones y en algún momento, instituyen una nueva sociedad.


5.- Bibliografía


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  • BARUDI, Jorge. El dolor invisible de la infancia. Ed. Paidos.2da edición. Barcelona. 1998

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  • FERREIRA, Graciela. Hombres violentos – Mujeres maltratadas. Ed. Sudamericana. Bs.As. 1992

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  • http://www.cnm.gov.ar. Consultada en noviembre de 2004.

  • http://www.ispm.org.ar. Consultada en noviembre de 2004.

  • http://www.margen.org. Consultada en noviembre de 2004.


1 Consultado en http://www.ispm.org.ar

2 Definición extraída de http://www.ispm.org.ar. Consultado en noviembre del 2.004.

3 Giverti, Eva/Fernández, Ana María. La violencia y la mujer invisible

4 Ferreira, Graciela. Hombres violentos, mujeres maltratadas”

5 Ferreira, Graciela. Hombres violentos – mujeres maltratadas

6 Texto de la ley consultado en http://www.cnm.gov.ar

7 Actualidad Psicológica. Año XXI N*232. Actos Violentos

8 http://www.margen.org

9 BARUDI, Jorge. El dolor invisible de la Infancia.

10 http://www.margen.org


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