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La “crisis del planeamiento”


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PARA LEER EL TIEMPO:

EL VALOR CULTURAL EN EL URBANISMO

Dra. Arq. Ángela Rojas Ávalos




La “crisis del planeamiento”

El pretendido control absoluto de la ciudad mediante el diseño se convirtió en objeto de respeto pero no de uso con la inscripción de Brasilia en la Lista del Patrimonio Mundial. Quizás en el fracaso en la búsqueda de una imagen objetivo - Eldorado contemporáneo que tanto ha hecho escribir o diseñar- está la explicación de por qué se piensa por muchos que existe una crisis en el planeamiento urbano.



Habría primero que analizar cuál es el modelo de planeamiento que se encuentra en crisis. El que fracasó fue el concepto de diseño global y absoluto de la ciudad, es decir, la línea de pensamiento que, partiendo de los tratadistas del Renacimiento, pasa en el siglo XX por las visiones lecorbusieranas y culmina en Cumbernauld1. Esta tendencia no se limitó a los escasos modelos realizados, pues su influencia fue determinante en un estilo de trabajo urbanístico basado en una imagen objetivo prefigurada como morfología precisa, acabada y estática. En ella se reflejaban los procedimientos para el diseño arquitectónico en lugar de los requeridos por una escala mucho más compleja y dinámica, que necesita aproximaciones desde diferentes puntos de vista.
Ese concepto de planeamiento se basaba en un esquema unidireccional: desde el nivel urbano, superior, al inferior - célula habitacional, comunidad, espacios productivos y todo lo demás - pero sin recibir la correspondiente retroalimentación y, por tanto, asumiendo para requisitos, realidades económicas, políticas y sociales particulares, lo que se manejaba en un plano superior y, por tanto, demasiado abarcador. Aunque cabe aclarar que el problema no es solo de diferencia en detalle, sino que, a partir de soluciones menos objetivas, se generaba un rechazo por parte de la comunidad, o, al menos, no se lograba la identificación deseada.
Las previsiones generales podían tener un determinado grado de confiabilidad en el nivel inferior - municipio, barrio, conjunto -, pero nunca resultaban absolutamente precisas y, por tanto, la propia dinámica urbana, con los fenómenos de movilidad económica, las distintas políticas y, por supuesto, los cambios socio - demográficos y tecnológicos fueron haciendo francamente cuestionable por rígido lo que era concebido como planeamiento.
Claro que el pensamiento moderno no elaboró solamente el modelo descrito. Ha habido alternativas sumamente interesantes de planeamiento flexible como las propuestas por Buchanan2 y Bocharov y Kudriavtsev3. Incluso la primera concepción del suburbio lograba una flexibilidad esquemática y por sumatoria, pero libre y transformable. Sin embargo, estas ideas, aunque tenían en cuenta la respuesta a la dinámica urbana como el principal objetivo a lograr, no daban solución precisa a los problemas de niveles de planeamiento, utilizaban el método lineal de proyección y no se comprometían con un análisis serio de la gestión urbana.
Asimismo, todo parecía indicar que, si se quería lograr flexibilidad, había que renunciar a una imagen urbana unitaria y, en general, la morfología y, por ende la posibilidad de transmitir un significado cultural, pasaba a un último plano. De hecho, la preocupación por las preexistencias ambientales se fue produciendo como una tendencia paralela a la teoría urbanística.
En el caso de Iberoamérica no puede hablarse de una absoluta subordinación teórica a las ideas europeas o norteamericanas, ya que los trabajos de varios autores como Hardoy4, López Rangel, Segre5 y otros han detectado particularidades que, sintetizándolas, estarían dadas en primer lugar por la dependencia económica que genera los desbalances en el territorio y en las ciudades; el proceso de urbanización que ha determinado la macrocefalia urbana, y la marginalidad, tanto periférica como en el centro.
A la pérdida ya irreversible de una inmensa parte del patrimonio edificado se suma a la introducción de formas de vida, estrategias y estilos que en la mayoría de los casos siguen modelos foráneos, con la consiguiente pérdida de identidad. Asimismo, se evidencia la imposibilidad de un control absoluto del territorio urbano, ni siquiera con una economía planificada como en el caso cubano.
Sin embargo, si bien los autores antes mencionados y otros muchos han llamado la atención sobre las particularidades del subcontinente, el conocimiento de la historia reciente no ha implicado la comprensión de su papel heurístico y, por tanto, la crisis del planeamiento - o, mejor aún, la crisis de las ciudades- se manifiesta con mucho mayor rigor que en los países desarrollados. Y a las afectaciones en el patrimonio edificado se suma la carencia de recursos para su recuperación.
El pensamiento urbanístico y su relación con la teoría de la conservación.
Hasta hace pocos años existió un divorcio entre planeamiento y conservación del patrimonio. Incluso la idea del centro histórico como ampliación del concepto de monumento generó una excesiva diferenciación entre la zona de mayor valor patrimonial y la periferia, lo que se ha manifestado en distintas formas de tratamiento urbanístico y arquitectónico. Tal segregación impidió que la ciudad fuera estudiada como un organismo único y por tanto, los problemas de las zonas de valor histórico se pretendía que fueran resueltos con una estrategia de conservación basada exclusivamente en la significación cultural y no en el resto de los valores presentes (económicos, sociales, funcionales y formales6), los cuales, sin negar la importancia histórica y articulados con ella, constituyen el sustrato que otorga relevancia a la materia urbana.
La concepción anteriormente descrita ya ha sido puesta en duda, pues se ha comprendido que incluso el centro histórico únicamente puede ser salvable si se inserta dentro de la dinámica urbana y, a la vez, la ciudad le debe mucho de su valor, no solo como rasgo de identidad, sino por su potencial económico. Los motivos que han llevado a nueva estrategia no corresponden solamente a la evolución lineal del pensamiento, sino que están dados por los dramáticos cambios en el plano económico - social internacional.
La problemática actual difiere mucho de la que sirvió de contexto a la época en que se desarrolló la base teórica acerca de los centros históricos urbanos. Las décadas de 1960 y 1970 condicionaron una racionalidad que mucho debió a las conquistas de la modernidad; pero no en el sentido de la visión total y demoledora de los modernos paradigmáticos7, sino de respeto a los factores condicionantes - la fiebre metodológica con todas sus virtudes- y, hasta cierto punto, una continuidad, al menos en el caso de los centros históricos italianos, con el neorrealismo arquitectónico de posguerra.
La componente social mantuvo un papel protagónico, por supuesto, mediatizado, pero con logros evidentes en algunos casos. No obstante, el límite entre el centro histórico y el resto de la ciudad no era cuestionado. Es decir, lo que se asumía como objeto de la conservación era solamente el centro histórico, y no se analizaban los posibles valores existentes en la ciudad no considerada “histórica”. En ello influyó la morfología de las ciudades pequeñas y medianas de gran parte de Europa, en las que aún se conserva la muralla o restos evidentes de ella y donde la diferencia entre centro histórico y ensanche o ampliación está marcada no solo por lo acontecido sino por la forma.
Actualmente, los fenómenos de globalización, crisis energética y ecológica, se han manifestado en el pensamiento en forma de posmodernidad, pero a la vez, como respuesta, en el concepto del desarrollo humano sostenible. Y la componente económica tiraniza al resto de los factores condicionantes. El turismo y la especulación inmobiliaria generan, en el campo urbanístico, el fenómeno de la elitización o gentrificación, y, en el de la expresión arquitectónica, una dependencia de la propaganda y la moda muy superiores a la significación "culta" de décadas atrás.
En el nivel del pensamiento, la nueva realidad ha condicionado cambios conceptuales en los que se destacan la amplitud y diversidad de la noción de patrimonio, la aceptación de manejos o criterios de solución hasta el momento no permitidos- lo que ha llevado incluso a hacer determinadas concesiones- y a que se manifiesten contradicciones en el campo de la teoría.
La situación actual está signada por la expansión del concepto de valor, tanto en el sentido temporal como social, dimensional y geográfico, aunque si se analiza la Lista del Patrimonio Mundial se observa que la presencia de las naciones periféricas es aún sumamente débil, a pesar de que en el plano teórico se reconoce “el abandono de una visión básicamente monumental por una concepción más antropológica y global de la evidencia material de las diferentes culturas del mundo"8.
En cuanto a la dimensión, sí está claro que la inclusión de lo urbano como patrimonio dio pie a la preocupación por el territorio como objeto de conservación, no ya solo como sistema de asentamientos, sino abarcando todos sus elementos componentes, tanto naturales como antrópicos. En el extremo opuesto, a la tradicional obra de arte, por definición museable, se ha añadido el objeto de uso cotidiano, lo que corresponde a una tendencia quizás más abarcadora e inclusivista que la que se produce en el ámbito arquitectónico - urbanístico.
Es la diversidad la que marca el interés actual por la preservación: el patrimonio natural, subacuático, intangible, vernáculo, industrial... El hecho de que las motivaciones no sean siempre altruistas, sino con una finalidad de provecho económico, no significa que las posibilidades de inserción de los objetivos de la conservación del patrimonio por estas vías sean desechables por principio, sino todo lo contrario: lo más inteligente es la articulación de los mecanismos ciudadanos de gestión con los del resto de los actores, siempre que los resultados a que se llegue no impliquen concesiones desde el punto de vista cultural. Aquí interviene el tema del planeamiento comunitario, no tan reciente, pero insertado ya en la actualidad en la concepción, al menos teórica, de la rehabilitación urbana. 9 10
Esta amplitud de miras ha permitido que las nuevas inserciones sean aceptadas, así como el cambio de uso de los edificios sin que necesariamente tenga que existir una relación directa con la función original o más característica del inmueble.
La solución no es sencilla, pero todo parece indicar que, siempre en dependencia del contexto económico y sociocultural de que se trate, es solo posible con la rehabilitación integral de la ciudad en función del desarrollo sostenible, lo que implicaría una aceptación de las contradicciones antes descritas, pero revisadas mediante el diálogo y con mecanismos legales de protección respaldados por una firme posición conceptual en función del logro de la autenticidad. Es decir: aceptar el protagonismo de lo económico, de que la ciudad tiene la significación de lo que ya existe, de inversiones y energía acumuladas. Pero, a la vez, orientar la puesta en valor11 hacia el rescate y reafirmación de los atributos culturales, y mediante la participación consciente de los diferentes actores.
Habría que apuntar que se trata de un enfoque cada vez más amplio y multilateral, lo que hace que tanto la teoría como la práctica del planeamiento físico hayan modificado su objeto de estudio y, por tanto, las formas de actuación. Sería necesario unificar una metodología de planeamiento territorial y urbano con una de conservación del patrimonio, de manera tal que los valores arquitectónicos y urbanísticos estén insertados cabalmente dentro del sistema de análisis y de planeamiento a escala de la ciudad y en relación con el territorio.
Es entonces cuando se hace necesario llamar la atención sobre la limpieza metodológica que implica la concepción de un planeamiento conservativo12 flexible y su aplicación vinculada al nivel comunitario. Si la planificación urbana se siguiera considerando en el sentido unidireccional del nivel superior al inferior, no cabría la posibilidad de realizar un trabajo en la comunidad, que respondiera a determinados rasgos que identifiquen el marco físico y sociocultural de esa entidad. Tampoco sería posible retroalimentar las decisiones en el nivel urbano superior si no se cuenta con estructuras hasta cierto punto homogéneas y consolidadas en la base, y aquí comienzan a desempeñar su papel los barrios que hay que revitalizar.
Quizás entonces la respuesta a los problemas descritos hasta el momento se dé a partir de la articulación de varias líneas de pensamiento, o sea, las correspondientes a la concepción de un planeamiento bi - direccional flexible, la aceptación de la comunidad de base como protagonista y, por último, pero no por ello menos necesaria, la asimilación de la importancia del significado cultural de los territorios urbanos por razones de logro de identidad, pero también por su valor como potencial económico. Esto incluiría el conocimiento del valor de la morfología urbana y de la arquitectura, no solo como monumento, sino como parte inseparable de la trama.

El concepto de los dinamizadores

Todas estas líneas de pensamiento generan métodos y procedimientos propios para la actuación y tienen su desarrollo correspondiente en el ámbito internacional y latinoamericano en específico. Pero para que signifiquen realmente un posible modelo en la política urbana, es necesario que se articulen. Puede pensarse entonces en puntos de irradiación de la puesta en valor, con lo que se desempolvaría la antigua idea de la renovación por focos, pero ya aquí vista con el objetivo de que gradualmente los diferentes focos puedan articularse en una red de actuaciones que vaya penetrando en el territorio. Constituirían, entonces, dinamizadores de la estructura urbana.


Esos puntos o zonas deben ser seleccionados con rigor y corresponder a espacios que formen parte de la principal estructura de la ciudad o el territorio en estudio; tener una determinada identidad morfológica, tanto urbana como arquitectónica y lo ideal sería que su significación afectiva fuera tanto local como a escala de la ciudad. Y sobre todo, que puedan servir de catalizadores de la revalorización de las zonas aledañas.
Claro está que entonces, desde el punto de vista no ya de un método general, sino de procedimientos particulares, esto implica realizar una revisión de las técnicas de evaluación de la arquitectura y el espacio urbano, con horizontes mucho más amplios en cuanto a los juicios de valor, para que se manifieste una tendencia múltiple y abarcadora que comprenda la asimilación de los elementos esenciales de la morfología urbana y de la arquitectura y en la que los componentes del patrimonio intangible sean realmente relevantes.
La detección de valores
El tema de los valores en la conservación del patrimonio y en el urbanismo ha transitado por caminos diferentes. En el caso de la conservación se puede precisar una evolución del pensamiento que se caracteriza por una amplitud en los sentidos físico, temporal y social, así como una cada vez mayor diversidad. En el de la arquitectura, las circunstancias actuales, en que la globalización y su repercusión estética y urbanística dictan no solo la moda sino la práctica cotidiana, la valoración aproximadamente científica ha cedido el lugar al pragmatismo o a un cinismo minimalista que, como la serpiente, se muerde la cola al convertirse también en moda.
José Villagrán13, reconociendo la tríada vitruviana, y dando por sentada la solidez, planteó la esencia jerárquica de los valores arquitectónicos y los definió como útiles, factológicos, estéticos o sociales. Añade, un poco aparte, el carácter, como una cualidad de orden sicológico. Esta clasificación, de innegable influencia en América Latina, es una manifestación del espíritu de la modernidad que, en el caso de la formación cubana estuvo expresado primero en la identificación con los conceptos de Tedeschi y posteriormente en el pensamiento de los herederos de la Bauhaus. La posmodernidad eliminó, prácticamente por decreto, el valor de la veracidad y le otorgó mayor importancia al carácter que la dada por el estilo internacional.
En la actualidad, la valoración de la arquitectura y del urbanismo ex novo puede ser enfocada de maneras muy diferentes, desde la posición marxista desarrollada por Roberto Segre, Rafael López Rangel, Eliana Cárdenas y otros teóricos principalmente latinoamericanos, hasta la aceptación acrítica de los modelos foráneos implantados.
El tema del minimalismo merece un comentario aparte, pues, si bien las realizaciones extremistas resultan agresivamente snobs, el discurso teórico asume posiciones interesantes basadas en la reacción contra la exuberancia del deconstructivismo, como lo son la aceptación como objetivos del máximo de flexibilidad y posibilidad de transformación.
En el caso de la protección, conservación y gestión del patrimonio, el consenso internacional está más balanceado hacia lo que podría ser denominado honestidad cultural, lo que, sorprendentemente desde hace unos años, se está acercando cada vez más al concepto de "puesta en valor". No obstante, existe el peligro de la banalización y, más aún, la elevación de la miseria o la marginalidad a moda, fenómeno que ya de hecho está sucediendo con la aceptación, por ejemplo, del graffiti14 como manifestación cultural.
Evolución del concepto de valor en la protección, conservación y gestión del patrimonio
No hay duda de que el primer gran salto hacia la diversidad se da con la Carta de Venecia15, no solo por la proyección hacia el concepto de protección del sitio urbano o rural, sino por considerar las "obras modestas que han adquirido con el tiempo un significado cultural" y por añadir el valor testimonial al estético. Es ese precisamente el punto clave que permitió posteriormente la aceptación internacional de manifestaciones de las culturas periféricas, desde la inclusión del centro histórico de Quito en la Lista del Patrimonio Mundial hasta la intensa lucha actual para la protección del patrimonio intangible.
Si se analizan los documentos internacionales se puede observar que la ampliación en sentido físico se da en la forma siguiente:



Año

Documento

Esencia. Planteamientos significativos


1964

Carta de Venecia

Sitio urbano o rural

1967

ICOMOS. Conferencia sobre la conservación, restauración y revitalización de áreas y grupos de edificios de interés histórico

Centros históricos

1967

Normas de Quito

Particularidades de la ciudad histórica latinoamericana

1972

UNESCO. Convención para la Protección del Patrimonio Mundial Cultural y Natural

Monumentos, obras, conjuntos y lugares

1975

Consejo de Europa. Carta europea del patrimonio arquitectónico

Ciudades antiguas, pueblos tradicionales

1975

Consejo de Europa. Declaración de Amsterdam

Como objetivo principal de la planificación urbana y de la ordenación del territorio. Respeto a la trama urbana.

1975

ICOMOS. Resolución acerca de la conservación de pequeñas ciudades históricas

Pequeñas ciudades históricas

1977

Coloquio de Quito

Centros históricos

1982

ICOMOS. Declaración de Tlaxcala acerca de la revitalización de pequeños asentamientos.

Pequeños asentamientos.

1987

ICOMOS. Carta Internacional para la Conservación de las Ciudades Históricas. Carta de Washington

Ciudades históricas

1998

Comité del Patrimonio Mundial

Categoría de paisaje cultural

1998

Reunión de los Comités Consultivo y Ejecutivo de ICOMOS

Propuesta de categoría de itinerario cultural

2005

UNESCO. Memorandum de Viena

Protección del paisaje histórico urbano

2005

ICOMOS. Carta de Xi’An.

Territorio, sistemas de asentamientos, paisaje urbano.

Como se observa, se va pasando de sitio a conjunto, centro, asentamiento, ciudad, paisaje y territorio, no ya solo como sistema de asentamientos, sino abarcando todos sus elementos componentes, tanto naturales como antrópicos. La museología, tradicionalmente a otra escala, ha ido abarcando también la comunidad, la ciudad, y hasta el territorio. Este claro proceso de asimilación geográfica indica a su vez la apreciación de la obra modesta, aporte de la Carta de Venecia.


En cuanto a la ampliación del concepto desde el punto de vista social, es interesante constatar cómo se va entrelazando con el descubrimiento del valor económico, lo que puede apreciarse en una diferente lectura de la evolución de los documentos internacionales.



Año

Documento

Planteamientos


1964

Carta de Venecia

Obras modestas con un significado cultural. Tanto la obra de arte como el testimonio histórico. Función útil a la sociedad.

1967

Normas de Quito

Concepto de "puesta en valor".

1968

UNESCO. Recomendación sobre la conservación de los bienes culturales que puede poner en peligro la ejecución de obras públicas o privadas

Contribución del bien cultural a la economía

1972

Convención para la Protección del Patrimonio Mundial Cultural y Natural

Dar al patrimonio natural y cultural una función en la vida de la comunidad, e integrar la protección de dicho patrimonio en programas amplios de planeamiento

1975

Consejo de Europa. Carta europea del patrimonio arquitectónico

La utilización del patrimonio es una fuente económica. Equilibrio armonioso de las sociedades, valor educativo. Conservación integrada. Justicia social

1975

Declaración de Amsterdam

Rehabilitación sin modificación social. Conservación integrada y participación.

1975

ICOMOS. Carta del turismo cultural

Turismo, cultura, patrimonio. Aspectos positivos y negativos.

1977

Coloquio de Quito

Política de conservación integral de los centros históricos

1987

ICOMOS. Carta Internacional para la Conservación de las Ciudades Históricas. Carta de Washington

Los habitantes del lugar como participantes activos en la acción conservadora y definitivos usuarios de la ciudad conservada. Se propugna una cultura ciudadana

1994

ICOMOS. Declaración de Nara

Debate sobre la autenticidad

1997

UNESCO. Reporte de la Comisión Mundial sobre Cultura y Desarrollo. Nuestra diversidad creativa

El desarrollo debe ser guiado por políticas que respeten la vida cultural de las comunidades

1998

Centro del Patrimonio Mundial. Conferencia Internacional de los alcaldes de las ciudades históricas chinas y de la Unión Europea

La preservación y enriquecimiento de la identidad cultural de las ciudades constituye un elemento esencial del desarrollo de la ciudad como conjunto. “Estos distritos (históricos) proveen a sus habitantes con un sentido de continuidad de la civilización en el cual se basa el desarrollo económico y social sostenible”

2002

Carta de Ename (En proceso)

Interpretación

2003

UNESCO. Convención para la protección del patrimonio inmaterial

Patrimonio inmaterial

Se incluye también en esta tabla el aspecto ético de la gestión, que tiene aristas diferentes a las de la ética de la conservación, ya que trasciende el problema de la referencia testimonial trabajado por Boito para adentrarse en el valor económico y la ética de su reconocimiento y utilización. Precisamente el cuestionamiento del concepto de "puesta en valor", que Daniel Taboada propone sustituir por revalorización, parte de la opinión expresada por Sylvio Mutal16 sobre la "comercialización" de los centros históricos analizada en las Normas de Quito. Sin embargo, en aquel momento se constató que la única forma de salvar el patrimonio es con recursos económicos, no solo con buena voluntad. Por tanto, el problema no se encuentra en la contradicción economía - cultura, sino en el modelo de manejo o, más amplio, de gestión. Y no en el modelo en sí, sino en la posición ética. El turismo no es malo en sí mismo, el problema está en cómo se presenta el patrimonio ante los ojos de los turistas. 17


Derivado también de la tabla puede observarse la cada vez mayor relación entre patrimonio y sociedad, por su propio valor de existir y también por el carácter emblemático o educativo. Es decir, si bien ha habido una asimilación por las elites, y procesos de gentrificación en todas partes del mundo, desde el punto de vista de la relación afectiva población - patrimonio éste ha sido cada vez más valorado, salvo en los casos en que las intervenciones hayan producido escisiones traumáticas desde el punto de vista de la apropiación social.
Pero la tabla anterior muestra la evolución del pensamiento de los especialistas. La práctica real es diferente, como se evidenciará a continuación, pues también se ha producido una importante evolución en cuanto al enfoque económico. En síntesis, ésta se ha comportado en la forma siguiente:



Etapa

Tendencias predominantes


Beneficio económico

Costo social o cultural

Siglo XIX y primeras cuatro décadas del XX

Intervenciones urbanísticas (París, Viena), costosas pero con enormes beneficios. Afectaciones al valor histórico de la trama urbana.

Muy alto

Alto

Restauración de monumentos de alto valor cultural. Costoso y limitado.

Ninguno

Ninguno

Inmediata posguerra

Reconstrucción de ciudades y edificios emblemáticos. Muy costoso

Ninguno

Ningún costo social. El costo cultural dependía del grado de autenticidad

Años 60 y 70

Rehabilitación de centros históricos europeos Comienza a comprenderse la importancia de la gestión, sobre todo en los centros históricos italianos.

Alto

Ninguno

Rehabilitación de distritos residenciales en EE.UU.

Medio

Ninguno

Urban renewal

Alto

Alto

Desarrollo de los paradores españoles, ejemplo de articulación entre turismo y patrimonio.

Muy alto

Bajo

A partir de los 80

Rehabilitación de áreas centrales de valor medio, en Europa y EE.UU.

Medio. Ahorro de suelo, infraestructura, pero complejo constructivamente.

Ninguno

Puesta en valor de centros históricos en todo el mundo

Alto

De ninguno a muy alto

Remodelaciones, reusos adaptativos, refuncionalización de frentes acuáticos

Muy alto

De bajo a muy alto

Restauración de edificios símbolos

Alto

Bajo

Se pasa de la noción estrecha de la economía basada en los costos de construcción y el valor del suelo urbano, a una visión holística que entiende el patrimonio como parte del sitio, ciudad o territorio y, por tanto, participa en un sentido amplio de la dinámica económica. Las dos grandes alternativas son: suburbios desconectados o centro cualificado. Ya la remodelación traumática dejó de ser práctica frecuente, al menos en los países desarrollados.

Recientemente ha comenzado a utilizarse no solo por los arqueólogos el concepto de "recurso cultural"18que, si bien no implica por definición una significación económica, en la práctica lo evidencia. Según investigaciones del Instituto Getty19, la atención creciente sobre el tema de los valores se debe a la cantidad de actores que participan en el proceso de gestión, lo que a su vez responde a la ampliación del concepto de conservación y la complejización de las decisiones en cuanto a las prioridades y al manejo de conflictos de intereses.


La conclusión hasta el momento sería que la tendencia en el mundo es a la gestión vinculada al patrimonio, con un significativo peso de la valoración económica. O sea, ya se ha evidenciado que el patrimonio posee un valor económico que depende del manejo del mismo, lo que hace mucho más importante la detección de qué se debe conservar, cómo y para qué.

Definición de los valores a investigar

Según De la Torre y Mason20, el valor puede ser definido como un conjunto de características positivas o cualidades percibidas en los objetos culturales o sitios por ciertos individuos o grupos. Es decir, hay un cambio con respecto a la posición de Villagrán que reconocía la visión subjetiva, pero a partir de la inmanencia de los valores como producto de su objetividad.


De la Convención del Patrimonio Mundial21 pueden tomarse y adaptarse los siguientes criterios de valoración:


  • Excepcionalidad

  • Testimonio de un período

  • Muestra de tradiciones

  • Asociación con tradiciones vivas, ideas, producción artística o literaria

  • Autenticidad

  • Identidad

  • Interés arquitectónico

  • Significación tipológica

Feilden y Jokilehto22 identifican los siguientes valores culturales:




  • Identidad

  • Valor técnico o artístico

  • Rareza

Acompañados de los valores económico, funcional, educacional, social y político. Ahora bien, la determinación de la valoración por parte de los diferentes grupos sociales es sumamente compleja y depende en gran medida, tanto del nivel escolar como de la gestión comunitaria educativa desarrollada hasta el momento en el sitio del que se trate. Hay trabajos muy interesantes de sicología ambiental entre los que merecen destacarse los realizados por Setha M. Low23 y por varios especialistas de la Universidad de La Sapienza. En Cuba ha habido diferentes grados de aproximación al problema, frecuentemente dentro del campo de la sociología, pero resulta muy difícil por su complejidad realizar un diagnóstico detallado de la valoración en todos sus niveles y detalles.


La legislación cubana, desde un inicio inclusivista, ha ido cada vez más asimilando la ampliación del concepto e incluyendo tanto lo urbano y territorial como el patrimonio del siglo XX. Los valores, sin embargo, no están todo lo detallados que convendría y falta desarrollar la articulación entre la protección legal y las premisas de diseño. Es importante, además, considerar el papel educativo otorgado al patrimonio, lo cual es fundamental no solo en la detección de los valores sino y sobre todo en las decisiones de manejo.
Desde hace varios años, la autora y otros docentes han dirigido grupos de estudiantes de la Facultad de Arquitectura de La Habana que han realizado trabajos de identificación de valores en zonas de la ciudad de La Habana. Tomando en consideración las características de los sitios en estudio, su inserción en lo que podríamos considerar como el sistema del patrimonio en Cuba y las tendencias actuales en el campo internacional, se decidió realizar una aproximación lo más amplia posible al tipo de valor a detectar, a partir de las siguientes consideraciones:


  • Son barrios históricos que forman parte del área central de la ciudad pero no de la zona fundacional.

  • Se trata de sitios que desde su nacimiento fueron humildes, por tanto, no participan en general del esplendor de otras zonas.

  • Las condiciones sociales particulares los convierten en lugares donde hay que buscar tradiciones y costumbres de gran valor.

  • La llamada "cultura de la miseria", concepto desarrollado por Oscar Lewis ha sido revalorizado por autores recientes24 y, unido a la valoración de la estética de lo feo, puede dar una aproximación diferente a la identificación de los valores.

  • Lo anterior se une al concepto de los "lugares de triste memoria" y su necesidad de ser protegidos como testimonio.

  • Se decidió no trabajar directamente encuestando o entrevistando a la población, por razones expresadas anteriormente y por no crear falsas expectativas.

La identificación de los valores existentes se realizó mediante el análisis de:



  1. Significación del territorio desde el punto de vista histórico

  2. Valores de la forma urbana en los primeros niveles de lectura

  3. Valores de la forma urbana en el tercer nivel de lectura

  4. Caracterización estilística y de época

  5. Caracterización de las preexistencias del período colonial

  6. Valores de los tipos arquitectónicos

  7. Significación de la arquitectura ecléctica25

  8. Significación de otras tendencias y estilos

  9. Patrimonio intangible, tradiciones, costumbres26

  10. Patrimonio industrial y vernáculo. La ciudadela.

  11. Ornamento, detalles, herrería

  12. Arquitectura “menor”, kitsch27, cultura alternativa

  13. Valores otorgados por la población. Uso del espacio28.

  14. Las transformaciones arquitectónicas realizadas por la población

Hasta el momento se ha trabajado desde la disciplina de Teoría e Historia de la Arquitectura y el Urbanismo en los barrios habaneros de Colón, Pueblo Nuevo, Los Sitios, Dragones, Cayo Hueso, La Palma, la zona urbana conocida como Virgen del Camino y, en Pinar del Río, el poblado de Matahambre, de gran significación por su vínculo con las minas de Matahambre, parte importante del patrimonio industrial cubano. Un trabajo de diploma, desarrollado por Gisela Ravelo29, estudió con detenimiento los valores del barrio de Colón y propuso cómo considerarlos en las nuevas propuestas para la rehabilitación de un sector del territorio.


Los trabajos desarrollados han ido identificando ese valor de lo humilde, lo que, unido a investigaciones anteriores van encaminando el tema de la identificación de valores hacia un enfoque inclusivista, abarcador y en estrecho vínculo con las particularidades cubanas, de las ciudades y poblados y, sobre todo, de los barrios tradicionales. Queda, por supuesto, trabajar más en cómo transmitirlos al futuro para lograr precisamente lo que se busca: la continuidad.

1 Uno de los new towns británicos, correspondiente a la llamada “segunda generación”. El centro de la ciudad fue diseñado como un gran edificio único.

2    BUCHANAN, COLIN: “South Hampshire Study”, En Urban Structure, Elk Books, Londres, 1968.

3    BOCHAROV, YURI y O.K. KUDRIAVTSEV: Planificación de la estructura de la ciudad moderna. Editorial Científico-Técnica, La Habana, 1980.

4    HARDOY, JORGE ENRIQUE y MARGARITA GUTMAN: Impacto de la urbanización en los centros históricos de Iberoamérica. Tendencias y perspectivas, MAPFRE, Madrid, 1996.

5    SEGRE, ROBERTO y RAFAEL LÓPEZ RANGEL: Ambiente y sociedad en América Latina contemporánea, Casa de las Américas, La Habana, 1986.

6    Entendiendo también por valores funcionales las respuestas adecuadas al medio.

7 Como Le Corbusier con los planes para París, Moscú, Argel, Buenos Aires...

8    Global Strategy: The Harare Meeting. En: The World Heritage Newsletter, Nº11, París, junio 1996, p.4

9 COYULA, MARIO: “Dándole taller al barrio”, Arquitectura y Urbanismo No. 1, ISPJAE, La Habana, 1991. Ver además: COLECTIVO DE AUTORES: Barrios céntricos de inquilinato para sectores de bajos ingresos en América Latina. Caso de estudio: La Habana, Ejemplar mecanografiado, La Habana, 1992.

10 BROADY, MAURICE: Planning for People. Bedford Square Press, Londres, 1968; TURNER, JOHN: Housing by People. Marion Boyars, Londres, 1976.


11 La cual se concibe como una integración entre valor cultural y económico lograda mediante el planeamiento conservativo y la gestión para su uso.

12 El concepto de planeamiento conservativo fue desarrollado en el Training Workshop for an Integrated Approach to Territorial and Urban Conservation Management (ITUC 97), Roma, 1997, en el cual participó la autora de este artículo. Profesor principal: Jukka Jokilehto.

13 VILLAGRÁN GARCÍA, JOSÉ: Integración del Valor Arquitectónico, UNAM, México, 1992. P. 25. (Tomado del curso impartido en la Escuela Nacional de Conservación y Museografía de México, en 1974)

14 CAO, JOSÉ LUIS: “La ciudad escrita: el fenómeno del graffiti”, en: Patrimonio intangible. Ponencias. Primeras Jornadas del Mercosur sobre Patrimonio Intangible, Mar del Plata, CICOP, junio 1997.P. 75.

15 “Carta de Venecia”, en: Cuatro textos internacionales sobre la conservación de monumentos, CENCREM, Ediciones Plaza Vieja, La Habana, 1984.


16 Curso - taller sobre la conservación y salvaguarda integral de ciudades y centros históricos en el contexto del desarrollo humano sostenible. CENCREM, La Habana, Septiembre 2-14, 1996. Profesor Principal: Sylvio Mutal. Dirección: Isabel Rigol.

17 Sobre ética y gestión, ver: ROJAS, ÁNGELA: Turismo y patrimonio: la práctica de la verdad. En: Arquitectura y Urbanismo Nº 4/2000. p. 21.


18 KING, THOMAS F: Cultural Resource. Laws & Practice. An Introductory Guide, AltaMira Press, Walnut Creek, 1998, p. 6.

19 DE LA TORRE, MARTA Y RANDALL MASON, Assessing the Values of Cultural Heritage, The Getty conservation Institute, Los Angeles, 2000. P. 3.

Ver también: DE LA TORRE, MARTA Y RANDALL MASON, Economics and Heritage Conservation, A Meeting Organized by the Getty Conservation Institute, Getty Center, Los Angeles, diciembre 1998.



20 Op.cit. p. 4

21 FEILDEN, BERNARD Y JUKKA JOKILEHTO: Management Guidelines for World Cultural Heritage Sites, ICCROM, Roma, 1993.

22 Op cit. p. 18

23 LOW, SETHA: On the Plaza. The Politics of Public Space and Culture, University of Texas Press, Austin, 2000.

24 MUTAL, SYLVIO: Prólogo a Hardoy, Jorge E. y Margarita Gutman. Impacto de la urbanización en los centros históricos de Iberoamérica. MAPFRE, Madrid, 1992.

25 A la cual se le da un peso particular por la especificidad de los territorios estudiados

26 A partir de documentos y de la observación de la realidad.

27 Se estudia el kitsch por la opinión de la autora de que en el caso cubano hay muchas muestras positivas de un kitsch ya incorporado a la identidad de la arquitectura. Por arquitectura “menor” se entiende aquella que, siendo valiosa, no responde a los modelos reconocidos. Ver: ROJAS, ÁNGELA: “La Habana frágil”, en: Carta de La Habana, Año 12, N° 36, 2005, p.p. 8 – 9.

28 A partir de documentos y de la observación de la realidad.

29 RAVELO, GISELA: Lineamientos para la revalorización. Caso de estudio: barrio Colón, Trabajo de diploma, Tutora: Ángela Rojas, Facultad de Arquitectura, CUJAE, 2003.


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