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La ciencia purifica y confirma la fe


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La ciencia purifica y confirma la fe
Introducción al pensamiento del P. Oscar González-Quevedo1

RESUMEN

El título de la presente ponencia expresa la tesis central de toda la obra del P. Quevedo. La ciencia purifica la fe porque nos libera de creencias supersticiosas y de interpretaciones erróneas –a menudo adheridas a la verdadera fe- con respecto a la presunta actividad de entidades sobrenaturales en nuestro mundo. Y la ciencia confirma la fe porque establece con certeza el carácter auténticamente sobrenatural de los hechos que confirman la verdadera Revelación.

Una ciencia relativamente nueva, la parapsicología, ha comprobado el carácter natural de fenómenos que frecuentemente son atribuidos a entidades ajenas a nuestro mundo. Según Quevedo, a la luz de esta ciencia, carecen de fundamento, entre otras, la creencia en la comunicación con los muertos, la intervención del demonio en nuestro mundo y las apariciones en general. Pero al mismo tiempo queda muy claro que existen auténticos hechos sobrenaturales, los milagros, que confirman la verdad de la fe católica.

AUTOR:
Nombre y apellido: Gustavo Hasperué

Título: Profesor en Filosofía (UCA)

Lugar de trabajo: Universidad Católica Argentina. Profesor Asistente de Lógica I en la Facultad de Filosofía y Letras, y Profesor Asistente de Doctrina Social de la Iglesia en las Facultades de Ciencias Sociales y Económicas y de Ciencias Fisicomatemáticas e Ingeniería.


Introducción

El título de la presente ponencia expresa la tesis central de toda la obra del P. Quevedo. La ciencia purifica la fe porque nos libera de creencias supersticiosas y de interpretaciones erróneas –a menudo adheridas a la verdadera fe- con respecto a la presunta actividad de entidades sobrenaturales2 en nuestro mundo. Y la ciencia confirma la fe porque establece con certeza el carácter auténticamente sobrenatural de los hechos que confirman la verdadera Revelación. Como se ve, la cuestión gira en torno al estudio de hechos extraordinarios o asombrosos cuya interpretación, hasta no hace mucho tiempo, era monopolio casi exclusivo de las religiones. Y, como era de esperar, la interpretación de hechos similares era distinta porque las creencias religiosas son distintas.

Pero, ¿cuál es la ciencia que se ocupa de la enorme tarea de constatar la existencia de los supuestos fenómenos sobrenaturales y de determinar si su causa es o no realmente extramundana? Para el P. Quevedo no hay dudas: ese es el cometido de la Parapsicología.

Para el desarrollo de estas ideas creo necesario, en primer lugar, describir un panorama sintético del surgimiento y evolución de la parapsicología, y en segundo lugar, exponer las principales tesis parapsicológicas del P. Quevedo. Todo esto nos permitirá comprender su juicio acerca de los fundamentos –válidos o no- de la creencia en posesiones demoníacas, apariciones, milagros, etc.


Breve panorama histórico de la parapsicología
A mediados del siglo pasado un grupo de científicos se puso a estudiar con seriedad y dedicación el mundo de lo misterioso. Las investigaciones comenzaron con ocasión del surgimiento y proliferación del espiritismo moderno. Se decía que en las sesiones espiritistas sucedían cosas extrañas e inexplicables: los ‘médiums’ adivinaban ‘cosas ocultas’, se producían ruidos sin causa aparente, luces, movimientos de objetos, etc.. Los espiritistas atribuían todos estos fenómenos a la intervención de los espíritus de los muertos a través de los médiums.

Los primeros investigadores se interesaron por saber qué había de cierto en todas estas cosas y cuál era la verdadera explicación de los fenómenos, si es que en realidad existían. Para tal fin se fundó en 1882 la Sociedad de Investigaciones Psíquicas de Londres (Society for Psychical Research).Surgió como resultado de la iniciativa de dos miembros de la Universidad de Cambridge, Frederic Myers y Henri Sidgwick.

Otro hito importante en la historia de la investigación fue la creación del Instituto Metapsíquico Internacional de París en 1919. Aquí se destacaron Charles Richet y Eugène Osty.

Toda esta primera etapa de la investigación hasta el primer tercio de nuestro siglo se denominó Metapsíquica -nombre acuñado por Richet-, que etimológicamente significa ‘más allá de lo psíquico’. Durante todo este período fueron analizados miles de casos espontáneos con un criterio muy riguroso, y se realizaron muchas experiencias controladas con los médiums más famosos.

Una segunda etapa nace con los trabajos del Dr. Joseph Rhine en los Estados Unidos. El Dr. Rhine tuvo el mérito de haber aplicado el método estadístico a la investigación de los fenómenos psíquicos. La utilización de esta nueva metodología justificó un cambio de nombre para este campo de la investigación: comenzó a llamarse parapsicología. En 1934 Rhine presentó sus trabajos, y en 1935 se creó el Laboratorio de Parapsicología de la Universidad de Duke, en Durham, Carolina del Norte.

Con el tiempo fueron surgiendo otros centros universitarios de investigación. Merecen destacarse el de la Universidad de Friburgo -Alemania-, a cargo del Dr. Hans Bender, y el de la Universidad Real de Utrecht -Holanda-, dirigido por el Dr. Tenhaeff. En 1953 se realizó en Holanda el primer Congreso Internacional de Parapsicología. Allí se la reconoce ‘oficialmente’ como ciencia.

Etimológicamente parapsicología significa al margen -o al lado- de la psicología. Hay científicos que entienden de un modo restringido a esta ciencia y sólo se dedican a estudiar los fenómenos que se producen al margen de la psicología ordinaria y normal de las personas(telepatía, precognición, telequinesis, etc.). Pero con un criterio más amplio, y conforme al espíritu que dio origen a la moderna investigación, el Padre Quevedo propone la siguiente la definición: La Parapsicología es la ciencia que tiene por objeto la comprobación y análisis de los fenómenos a primera vista inexplicables, pero que posiblemente son resultado de facultades humanas. Es decir, en primer lugar se debe comprobar la existencia y autenticidad de los fenómenos (que no se trate de simples trucos, fraudes o engaños, que lamentablemente abundan en la historia de la investigación3), y en segundo lugar proceder al análisis y buscar una explicación para los mismos. Dijimos en la definición que estos hechos pueden ser resultado de facultades humanas, esto no significa que esta sea siempre la interpretación obligatoria, pero es una primera hipótesis de investigación, pues en medio de tales fenómenos siempre se encuentra algún hombre, al menos como testigo.

Esta disciplina tiene una enorme importancia en diversos campos del saber. En efecto, como constituye una profundización en el conocimiento del hombre, sus descubrimientos interesan a la medicina, la psicología, la filosofía, la antropología, la historia, etc. Aquí queremos destacar la importancia que la parapsicología tiene para la religión. Las más diversas creencias religiosas se relacionan con fenómenos extraordinarios que en su propio contexto son interpretados como intervenciones de entidades ajenas a nuestro mundo. Citemos a modo de ejemplo el espiritismo, que tiene la pretensión de ser una creencia científica porque según ellos hay evidencia experimental de la intervención de los muertos y de sus revelaciones. El cristianismo, y particularmente el catolicismo, no escapa a la situación descripta. Piénsese en la creencia en apariciones, revelaciones particulares, intervenciones del demonio y milagros de Dios. Se trata en todos los casos de fenómenos accesibles a la experiencia humana, o que en todo caso, poseen aspectos analizables científicamente.

El P. Quevedo insiste en que nos les corresponde a las religiones, a partir de sus propias doctrinas presuntamente reveladas, explicar los hechos que suceden en nuestro mundo, aunque sean extraordinarios. Determinar si un fenómenos es debido o no a una causa ajena a nuestro mundo corresponde a la ciencia, y más precisamente a la parapsicología.

Los principales fenómenos parapsicológicos y sus características según Quevedo4

Quevedo se dedicó en sus primeras obras a explicar los fenómenos descubiertos por la parapsicología que, aunque infrecuentes, misteriosos, y a menudo interpretados como milagrosos, son totalmente naturales. Esta parte de su obra tiene un gran contenido desmitificador, pues precisamente innumerable cantidad de creencias y supersticiones se basan en una interpretación sobrenaturalista de fenómenos que a lo sumo son parapsicológicos, es decir, naturales. Con el mismo rigor metodológico (no explicar sobrenaturalmente lo que se puede explicar naturalmente), muestra que los milagros superan de modo muy claro a los más notables fenómenos parapsicológicos. Él mismo explica las razones del orden que ha seguido: “Primero escribí sobre los misterios que ciertamente tienen explicación natural. Justamente para poder sobre esa base analizar si hay en nuestro mundo hechos producidos por otra fuerza diferente de la naturaleza”5.


Todas las facultades parapsicológicas son inconscientes. Cuando hablamos del 'inconsciente' simplemente queremos referirnos a aquella parte de nuestro psiquismo cuya actividad, contenidos, etc., en general no percibimos, y que, sin embargo, es de una enorme riqueza según la ciencia actual. Dejamos deliberadamente de lado las diversas clasificaciones que distinguen entre preconsciente o subconsciente e inconsciente; a todo lo que no sea consciente lo denominaremos, para simplificar, inconsciente. De igual modo, no se trata de adherir a una escuela psicológica en particular para la interpretación de la naturaleza del inconsciente; nos limitamos a señalar su existencia y algunas de sus extraordinarias capacidades. Podemos dividir los fenómenos parapsicológicos en tres grandes grupos: de conocimiento, físicos u objetivos y mixtos o psicofísicos6.

a) Fenómenos de conocimiento7
Los fenómenos parapsicológicos de conocimiento se clasifican en 'extra-normales' y 'paranormales'. Los primeros se producen con la intervención de nuestros sentidos y demás facultades conocidas por la psicología tradicional, pero con un grado de manifestación fuera de lo común. En los paranormales, en cambio, el conocimiento se obtiene sin mediación sensorial.
1-Fenómenos extra-normales:
·Hiperestesia Indirecta del Pensamiento (HIP): Para la explicación de este fenómeno hay que tener en cuenta dos cosas: la extraordinaria agudeza de nuestros sentidos, y la expresión fisiológica inconsciente de todos nuestros pensamientos. Vayamos por partes.

Etimológicamente hiperestesia significa exageración o exaltación de la sensación. Se ha comprobado, por ejemplo mediante hipnotismo, que a nivel inconsciente nuestros sentidos tienen una agudeza extraordinaria; pueden captar detalles mínimos (sonidos, colores, movimientos, figuras, etc.).

Por otra parte, todos tenemos experiencia de que los estados de ánimo se expresan, por ejemplo, en el rostro de las personas. Es muy difícil disimular, en especial ante quien nos conoce bien, la tristeza o una gran preocupación. En muchas oportunidades, al hacerle una pregunta a un amigo, ya sabemos lo que nos va a responder con sólo 'mirarle la cara'. Pero la expresión corporal de nuestros pensamientos va mucho más lejos. En efecto, todo pensamiento, toda idea, todo acto psíquico en general, produce un reflejo fisiológico inevitable. Se trata de pequeños actos involuntarios (movimientos, gestos, sonidos, etc.) que en condiciones normales son imperceptibles. Pero si alguien fuera capaz de captar esa expresión fisiológica mínima, podría enterarse de todo lo que piensan o saben las personas que están a su alrededor.

Si ahora tenemos en cuenta lo que dijimos al principio sobre la agudeza de nuestros sentidos, se comprende que, inconscientemente, todos nosotros nos enteramos de lo que piensan o saben las personas que nos rodean. Hemos dicho 'inconscientemente', o sea que en la práctica es como si esos conocimientos no existieran. Pero existen, y justamente decimos que hay HIP cuando algo de lo que se ha captado de esa manera pasa a la conciencia, o se manifiesta de algún modo.


·Pantomnesia: La palabra significa etimológicamente 'memoria de todo', y significa que el inconsciente no olvida nada. Desde que el hombre posee un sistema nervioso lo suficientemente organizado -cosa que ocurre antes del nacimiento-, todas nuestras experiencias, todo lo que hemos oído o leído, e incluso, lo que hemos captado por vía parapsicológica -HIP, por ejemplo-, queda registrado y no se pierde. Esto explica que alguna persona en un ataque de histeria o en 'transe', diga frases o discursos en un idioma que nunca aprendió (fenómeno llamado xenoglosia). Lo que ha sucedido es que en algún momento de su vida -tal vez incluso antes de tener uso de razón- ha escuchado o leído tales cosas, y aunque ahora es incapaz de reproducirlas conscientemente, el inconsciente no las ha olvidado.
2-Fenómenos paranormales
·ESP o PG: ESP es la sigla de 'Exra-Sensory Perception' (percepción extrasensorial). Como su nombre lo indica, es la capacidad de obtener conocimientos sin mediación de los sentidos, y por lo tanto, con una relativa independencia del espacio y del tiempo. Esto significa que el inconsciente puede captar lo que está sucediendo a miles de kilómetros de distancia, e incluso lo que sucederá en el futuro.

PG o Psi-Gamma es otra manera de denominar a la misma facultad. Corresponde a dos letras griegas que son la iniciales de 'psico-gnosis', es decir, conocimiento psíquico o del alma. PG o ESP, según sea la apariencia del fenómeno, recibe diversos nombres que constituyen una clasificación práctica. Los más importantes son la Clarividencia (conocimiento de alguna cosa o acontecimiento del mundo material), la Telepatía (el conocimiento de algún contenido psíquico o pensamiento de otra persona ) y la Precognición (conocimiento directo del futuro).

Después de millares de experiencias se ha determinado que PG o ESP es una facultad espiritual, que no obtiene sus conocimientos mediante los sentidos y, por lo tanto, no depende como éstos de que sus objetos estén relativamente próximos en el tiempo o en el espacio. Por ejemplo, nadie puede ver, a simple vista, algo que esté ubicado a tres mil kilómetros de distancia; pero puede llegar a conocerlo por clarividencia. Pero en el caso de la precognición, el fenómeno todavía es más sorprendente, pues se comprueba la independencia de PG con respecto al tiempo. Este fenómeno solo, de por sí, verifica que PG es una facultad espiritual, ya que un acontecimiento aún no sucedido, no puede emitir ningún tipo de energía que puedan captar los sentidos.
Aunque todos los fenómenos parapsicológicos son raros y excepcionales, los extra-normales son más frecuentes que los paranormales. Muchos fenómenos debidos supuestamente a PG se explican por simple HIP. En cuanto a los fenómenos paranormales, su independencia con respecto al espacio o al tiempo no es absoluta. Son fenómenos humanos y, por lo tanto, limitados. Concretamente, PG puede captar cualquier cosa de nuestro mundo (limitación en la distancia), en un margen de aproximadamente dos siglos entre pasado y futuro (limitación en el tiempo). No hay evidencia sobre conocimientos directos referentes al espacio exterior que se hayan confirmado. Por otra parte, una precognición con más de cuatro o cinco siglos de anticipación supera claramente la capacidad humana.8 Tal es el caso de las profecías bíblicas sobre el Mesías.

Todos los fenómenos parapsicológicos son inconscientes, involuntarios e incontrolables. Nadie tiene la capacidad de dominarlos, ni existe técnica eficaz para desarollarlos. Pero sí hay personas, llamadas en general 'dotados'9, que manifiestan estos fenómenos con una frecuencia superior a la normal. Pero ni siquiera ellos adivinan lo que quieren y cuando quieren, simplemente alguna vez -muy rara pero con una frecuencia superior a la pura casualidad- captan algo.


b) Fenómenos de efectos físicos10
Todos los fenómenos parapsicológicos de efectos físicos son extra-normales, no los hay paranormales. Es decir, no se deben a la acción directa de una facultad espiritual; no es la 'mente' la que actúa sobre la materia.11 Los fenómenos se deben a un tipo de energía -y la energía es material, no espiritual- exteriorizada por el 'dotado' o persona que produce el hecho, y dirigida por su inconsciente. Por eso dichos fenómenos se dan siempre a una distancia relativamente corta del hombre que los produce: no más de 50 metros.

La energía que causa los fenómenos sale del propio organismo del dotado, es transformada y dirigida por su inconsciente. Se la llama telergía, y la mayoría de las veces es invisible. Pero a veces puede condensarse y adquirir diversas formas, en cuyo caso recibe el nombre de ectoplasma. Veamos algunos fenómenos.


-Tiptología o raps: son los golpes o ruidos sin causa aparente. A veces pueden llegar a sentirse fuertes 'choques' contra las puertas o paredes de una casa, o en general percusiones de las más variadas modalidades. El moderno espiritismo, se inició con un caso de tiptología, pero fraudulenta.
-Telecinecia o telekinesis: etimológicamente significa 'movimiento a distancia'. Pero en realidad se trata de movimientos efectuados por el contacto de la telergía. Las telecinesias son muy variadas; los más diversos objetos -sillas, mesas, adornos, etc.- se mueven, se elevan por el aire, pasan cerca de las personas presentes; también algunos instrumentos musicales tocan aparentemente solos.
-Levitación: es la elevación por el aire del propio dotado. Se han relatado levitaciones de varios santos católicos; entre ellas, son célebres las de San José de Cupertino. Pero de ninguna manera es un fenómeno exclusivo del ambiente cristiano; también se ha observado, por ejemplo, en algunos médiums espiritistas. Entre otras explicaciones posibles, se puede admitir que el fenómeno es causado por la telergía que el propio dotado emite, la cual produce la elevación de su cuerpo. Puede considerarse como un caso especial de telecinesia.
-Aporte: este asombroso fenómeno consiste en que el inconsciente -mediante la telergía- 'desmaterializa' cualquier objeto sólido o líquido, hace que atraviese algún obstáculo, por ejemplo una pared, y aparezca de nuevo.

Ha sido bastante observado en las llamadas 'casas encantadas'; allí a veces las piedras atraviesan el techo y las paredes estando las puertas y ventanas completamente cerradas. También se ha comprobado el aporte -y a veces lamentablemente el fraude!- en imágenes de Cristo o de la Virgen que lloran sangre o simplemente lágrimas. En estos casos, la sangre o las lágrimas de alguna persona presente, salen invisiblemente de su cuerpo y van a depositarse sobre la imagen en cuestión. En conformidad con los límites de todo fenómeno físico de la parapsicología, la imagen no 'llora' si todas las personas se alejan a más de cincuenta metros de distancia.


c) Fenómenos de efectos mixtos12
La psicología, la psiquiatría y también la parapsicología han descubierto el enorme poder que el psiquismo tiene sobre el organismo. Esto permite explicar algunas enfermedades que surgen ‘misteriosamente’ (brujería)13 y algunas curaciones extraordinarias (curanderismo)14. También son frecuentes fenómenos de insensibilidad o analgesia, es decir, la persona no siente dolor cuando alguna acción ejercida sobre su organismo debiera provocárselo, como por ejemplo, el hecho de que le claven un alfiler. Más impresionante, tal vez, es la dermografía. Una fuerte autosugestión puede provocar marcas o impresiones en la piel que son verdaderas expresiones de ideas con alto contenido emotivo, por ejemplo, las llagas de la crucifixión (estigmas).

Los fenómenos parapsicológicos son naturales, humanos. Donde hay hombres, hay fenómenos parapsicológicos. No son sobrenaturales ni su causa se encuentra en el 'más allá'. Es por eso que ya desde la antigüedad -y procedentes de las más diversas culturas- tenemos testimonios sobre esta fenomenología. Los hechos que se relatan son fundamentalmente los mismos que hoy conocemos; lo que varía de una cultura a otra, y mucho, es la interpretación de los mismos. A menudo las interpretaciones eran sobrenaturalistas; como no se sabía explicar los fenómenos, se los atribuía a supuestas entidades ajenas a nuestro mundo: espíritus, duendes, musas, dioses, etc.

Es comprensible que se haya recurrido a ese tipo de explicaciones, pues como los fenómenos se originan en el inconsciente del hombre, éste no cree ser el responsable de los mismos. Precisamente porque no tiene conciencia de producirlos. Así, un simple caso de HIP o telepatía, fácilmente será interpretado como una suerte de revelación. De la misma manera, los fenómenos de una 'casa encantada' (telecinesias, aportes, etc.) serán interpretados de diversas maneras de acuerdo a las creencias y la cultura de la personas: se dirá que es un 'alma en pena', o el demonio, o una brujería... Todas estas pretendidas explicaciones están absolutamente equivocadas. Hoy no tienen ningún sentido. La ciencia ha probado sobradamente que se trata de fenómenos humanos, del 'más acá' y no del 'más allá'.

La ciencia purifica la fe

Para ilustrar esta tesis nos referiremos al tema de la actividad demoníaca15. Suelen atribuirse al demonio fenómenos tales como la tentación, la obsesión y la posesión. Centraremos nuestro resumen en ésta última.

En el Ritual Romano puede leerse que las señales de posesión demoníaca son hablar lenguas desconocidas, revelar cosas distantes y ocultas y manifestar fuerzas superiores a la condición de la edad o naturaleza. Pero ninguna de estas señales es válida a la luz de la parapsicología: la xenoglosia, la adivinación y el sansonismo16 son fenómenos naturales hoy bien conocidos.

Parecería que ciencia y fe entran aquí en un conflicto difícil sino imposible de solucionar. En efecto, la existencia de un Ritual de exorcismos supone que la Iglesia admite la posibilidad de la posesión demoníaca, y además, según consta en los Evangelios, el mismo Jesús expulsaba demonios. El P. Quevedo señala que la Iglesia, a través de modificaciones en el Ritual ha ido acompañando los avances de la ciencia, y como la parapsicología todavía no es bien conocida ni difundida no hay que esperar que la Iglesia se adelante en una materia principalmente científica. Con respecto a los Evangelios, los posesos eran enfermos cuyas dolencias no eran externas o no había signos externos de la misma, tal el caso, por ejemplo, de un epiléptico o un mudo que tiene lengua. Y Jesús también curaba esta clase de enfermos, pero no se ocupaba de dar la explicación científica de esas enfermedades.

Quevedo manifiesta un gran respeto por el Magisterio oficial de la Iglesia, ya que se ocupa de mostrar que la negación de la posesión demoníaca no implica ir en contra de ningún dogma. Más aún, ni siquiera la existencia del demonio –tema que según Quevedo no compete a la parapsicología sino a la teología y la filosofía- ha sido objeto de una expresa definición dogmática17.

Además de negar toda actividad del demonio en nuestro mundo, Quevedo sostiene que a la luz de la ciencia actual, no puede admitirse la existencia de verdaderas apariciones, se trata de visiones subjetivas que alguna vez son especialmente providenciales, pero el fenómenos en sí mismo es natural (alucinación). Tampoco puede considerarse sobrenatural el origen de ciertos fenómenos considerados místicos tales como estigmas y levitaciones. La razón es siempre la misma: si pueden explicarse naturalmente, no se debe recurrir a una interpretación sobrenaturalista. Ya nos hemos referido anteriormente, al hablar del aporte, al tema de las imágenes que lloran sangre o lágrimas; estos fenómenos son habitualmente interpretados como milagrosos y para Quevedo no pasan de parapsicológicos.


La ciencia confirma la fe
La cuestión fundamental en lo que respecta a la verdad de una religión es determinar si hubo una revelación divina (o sobrenatural en general), y cómo podemos saberlo. En efecto, si bien nuestra fe se basa en la autoridad de Dios que revela y no “en el hecho de que las verdades reveladas aparezcan como verdaderas e inteligibles a la luz de nuestra razón natural”18, hay verdades cognoscibles naturalmente cuyo “conocimiento constituye un presupuesto necesario para acoger la revelación de Dios”19. Concretamente, discernir si efectivamente hubo una revelación divina es una tarea que pertenece al ámbito de la razón20.

El Magisterio de la Iglesia enseña que Dios ha dado señales de Su Revelación y de Su Iglesia, signos que permiten a cualquier persona descubrir dónde está la verdad. El Catecismo de la Iglesia Católica, apoyándose en el Concilio Vaticano I, afirma que “los milagros de Cristo y de los santos, las profecías, la propagación y la santidad de la Iglesia, su fecundidad y su estabilidad son signos ciertos de la revelación, adaptados a la inteligencia de todos, motivos de credibilidad que muestran que el asentimiento de la fe no es en modo alguno un movimiento ciego del espíritu”21.

En plena conformidad con esta doctrina, el P. Quevedo insiste en que el verdadero criterio racional para discernir la revelación divina es el milagro22. Más aun “sin milagros, la Revelación no tendría credenciales para ser aceptada racionalmente”23.

Para muchos teólogos, estas ideas resultan anticuadas, propias de la ‘vieja apologética’ que no se resigna a admitir que creer en milagros era propio de otros tiempos. Quevedo es plenamente consciente de esta situación y lo expresa claramente: “La inmensa mayoría de las personas cultas, inclusive la mayoría de los teólogos de mi propia religión, son de opinión diametralmente contraria a la que defiendo en este libro”24. Pero el ambiente cultural no siempre fue como el actual. La polémica contra los milagros comenzó con el racionalismo del siglo XVII, y ha llegado hasta nuestros días. Para el P. Quevedo, las cosas sucedieron de este modo: “Los racionalistas fueron arrastrados por su enfermizo y anticientífico odio a todo lo sobrenatural e incluso espiritual. Los modernistas protestantes antiguos fácilmente cayeron en el racionalismo como defensa contra los milagros de que los católicos hacían alarde. Pero al menos unos y otros tuvieron el ‘mérito’ de inventar y presentar ‘adornos’ y disfraces de ciencia para sus apriorismos, falsificaciones y sofismas.”

“Los modernistas católicos de hoy generalmente nada presentan de original. Simplemente repiten simplotemente aquellos falsos ‘argumentos’, sin analizar ni modificar ni profundizar nada, en una increíble pero que se constituye en característica ‘irreflexión teológica’.”

“Y los científicos de otras áreas se dejaron llevar. El ambiente general se volvió racionalista, sin pruebas, sin ningún previo estudio...”25.

Este último punto es de capital importancia para comprender correctamente su pensamiento. Es que no se trata de discutir ‘en el aire’ si hay o no milagros, o si son posibles, etc., sino de mirar la realidad de los hechos. Quevedo lanza contra racionalistas y modernistas la dura acusación de haber negado los milagros sin estudiarlos, por puro apriorismo. Y esto no se refiere exclusivamente a los milagros de Jesucristo, sino también a la gran cantidad de hechos sobrenaturales que se ha producido en la Iglesia a lo largo de todos los siglos de sus existencia. Es decir, racionalistas y modernistas se niegan a estudiar fenómenos de los cuales ellos mismos son contemporáneos. La perspectiva histórica en el estudio del milagro aparece como fundamental, en función del llamado ‘efecto bumerán’: “los casos modernos confirman los antiguos, y viceversa. Constituyen un continuum. No son acontecimientos aislados, y que por eso, cada caso aisladamente, a críticos apresurados, sin mirar otros factores, podrían parecer discutibles”26.

Según Quevedo existe frecuentemente un malentendido con respecto a la competencia de teólogos y científicos en el estudio del milagro. Para él no caben dudas de que son los científicos quienes deben determinar si un hecho de nuestro de mundo es debido a una causa natural o sobrenatural. “El estudio de los hechos (inclusive del propio hecho de la Revelación y del hecho de ser divina y no de cualquier otra entidad o mera invención humana), casi totalmente no pertenece a la teología, sino a la parapsicología. Estos hechos, sin embargo, deberían interesar fundamentalmente a todos los teólogos”27. Y a partir de allí, también corresponde a la investigación racional discernir cuál es la verdadera religión revelada. “Cabe a la ciencia verificar si ese hecho aparentemente sobrenatural es en realidad sobrenatural. Y en un segundo paso verificar de qué ser sobrenatural el milagro... es realmente ‘firma’ y, consecuentemente, de qué fe, entre tantas religiones, es incentivo o confirmación28.

El autor del hecho sobrenatural y la doctrina o religión que confirma, se descubre por el ambiente. No hay milagros en cualquier ambiente: antes de Cristo, sólo en ambiente judaico, y después de Cristo, sólo en ambiente cristiano, y más precisamente, católico29. Quevedo sostiene además que los milagros no sólo nos permiten discernir cuál es la verdadera Iglesia (ya que no hay milagros auténticos fuera de la Iglesia Católica), sino que también confirman puntos doctrinales muy concretos. Sobre este punto, me limitaré a presentar, a modo de ejemplo, algunas citas que puedan dar una idea de su pensamiento:

“Entre católicos y protestantes hay siempre discusión al respecto de la veneración a las imágenes, a las reliquias y especialmente al respecto de la mediación de los santos. La discusión dio oportunidad a muestras de notable inteligencia de uno y otro lado.”

“En realidad esas discusiones inteligentísimas sólo sirven como muestras de la... soberbia humana. No es eso lo que interesa. En todos los casos anteriores, y en tantísimos otros vemos el milagro alcanzado por invocación de la intercesión de Nuestra Señora, de los Santos, especialmente para su canonización, frente a estatuas o estampas, usando reliquias, frente a imágenes, con agua... Y Dios firmó debajo. Lo que importa es saber –y aceptar humildemente- dónde es que Dios firmó. La discusión está arbitrada por Quien tiene autoridad. No hay más nada que discutir”30.

“En la discusión entre teólogos católicos y teólogos anglicanos (o de cualquier otra religión), y en las consecuentes actitudes, hay peligro de no ir más allá de disquisiciones y soberbia meramente humanas. Repetimos: lo que realmente interesa es el lado de la Parapsicología, investigar científicamente el hecho, de qué lado Dios pone su firma”31.

(Hablando sobre los milagros de incorrupción de cadáveres, y en relación con los anglicanos) “Sobre las disquisiciones y soberbia humana, la realidad... es, por tanto, que Dios en la propia Inglaterra concedió la incorrupción a muchos cadáveres de santos antes de Enrique VIII, y durante el reinado de Enrique VIII los mantenía incorruptos hasta que el rey libremente los destruyó. Y después de Enrique VIII continúa haciendo muchas otras incorrupciones exclusivamente del lado católico... Sobre estos hechos es que importa reflexionar! Con sinceridad y humildemente”32.
No se debe creer que tanta insistencia en los auxilios externos que Dios nos da para creer, haga olvidar al P. Quevedo que la fe es una gracia y no el resultado de un esfuerzo racional. A propósito de esto dice que “la Ciencia y los milagros no llevan automáticamente a la Fe. La Fe no es simple conclusión de un silogismo, es un don de Dios que debe ser aceptado libremente.”

“Pero la Ciencia y, concretamente, los milagros prestan una contribución fundamental e incluso necesaria para la racionalidad adulta y culta del libre acto de Fe. Fe sin pruebas se desliza para el fideísmo inhumano, irracional. Debe ser Ciencia y Fe”33.


Creo que nadie estaría dispuesto a negar que si existieran verdaderos milagros sólo en el ámbito de la Iglesia Católica, esto constituiría un signo de su carácter sobrenatural y, por lo tanto, de la verdad de la fe que profesa. Lo que nos dice el P. Quevedo es que justamente así son las cosas. Y no es cuestión, para comprobarlo, de tener fe sino de mirar la realidad, de estudiar los hechos, y recordar aquello de que ‘contra facta non valet argumenta’.
Quisiera terminar con una cita que nos obliga a reflexionar sobre la importancia del diálogo ciencia - fe y la misión de la universidad. Según Quevedo la actitud anticientífica de no estudiar los fenómenos relacionados con lo religioso ha tenido consecuencias desastrosas. Y no duda en afirmar que “la principal culpable de la credulidad, de las supersticiones, de tantas sectas indebidamente apoyadas en fenómenos parapsicológicos naturales como si fuesen intervenciones sobrenaturales; la principal culpable es... la Universidad. La ignorancia universitaria!”34


1 Sacerdote jesuita nacido en España y radicado en San Pablo, Brasil, desde hace más de 30 años. Allí fundó en 1970 -y continúa dirigiendo- el Centro Latino-Americano de Parapsicología (CLAP). Es Licenciado en Psicología y Filosofía, y Doctor en Teología. Ha escrito numerosos libros sobre parapsicología, disciplina que según él está indisolublemente ligada a la religión, porque estudia sus fundamentos fácticos.

2 Siguiendo al P. Quevedo, llamaremos ‘sobrenatural’ a cualquier ser que no forme parte de nuestro mundo sensible y a cualquier fenómeno que tenga por causa la actividad de dichos seres.

3 Los investigadores descubrieron también una gran cantidad de fraudes y trucos que utilizaban los médiums para simular la comunicación con los muertos. Algunos llegaron a creer que en especial los fenómenos físicos (telekinesis, raps, ectoplasmia, etc.) eran siempre fraudulentos. Cf. por ejemplo, Amadou, Robert, Os grandes médiums, San Pablo, Loyola, 1976.

4 Para toda esta parte me sirvo del resumen que realicé en mi libro sobre el espiritismo. Cfr. Hasperué, Gustavo, La comunicación con los muertos, Buenos Aires, Bonum, 1997, p. 29-37.

5 QUEVEDO, S.J., Oscar G., Milagres. A ciência confirma a fé, San Pablo, Loyola, 1996, p. 7.

6 Un buen resumen de los principales fenómenos parapsicológicos puede verse en Quevedo, S.J., Oscar González, Antes que os demônios voltem, San Pablo, Loyola, 1989, caps. 5, 6 y 7. El autor presenta este resumen con el objetivo de analizar los fundamentos de la creencia en la intervención del demonio.

7Crf. Quevedo, S.J., Oscar González-, El rostro oculto de la mente. Versión castellana de Antonio M. Sancho, Santander, Sal Terrae. También en castellano, Asución, Ñandutí-Intercontinental, 1990.

8Algunos pretenden que Nostradamus (1503-1566), ha realizado profecías referentes a nuestro siglo y aún hasta el fin del mundo. No son auténticas precogniciones. En realidad Nostradamus ha escrito en el estilo llamado 'sibilino' que es muy ambiguo y se presta a mil interpretaciones distintas. Han sido, pues, los intérpretes quienes han hecho coincidir las supuestas profecías con algunos hechos históricos.

9Por comodidad adoptaremos esta denominación para referirnos a los que producen cualquier tipo de fenómenos parapsicológicos. Pero, en realidad, no se trata de un 'don' o algo deseable, sino de manifestaciones perjudiciales para la salud que deben ser oportunamente curadas.

10Cfr. Quevedo, S.J., Oscar González-, Las fuerzas físicas de la mente, 2 tomos, Santander, Sal Terrae.

11Seguimos en esto la opinión del CLAP (Centro Latino-Americano de Parapsicología, con sede en San Pablo, Brasil), en contra de quienes admiten la facultad denominada PK (Psi-Kappa, letras griegas iniciales de 'Psico-Kinesis'), que sería inmaterial. Si fuera inmaterial, la distancia no la afectaría, como sucede con la ESP. Daría lo mismo unos pocos metros que miles de kilómetros; y no es así.

12 Quevedo, S.J., Oscar González, Antes que os demônios voltem, op. cit., cap. 6.

13 Cfr. González-Quevedo, Pedro J., Feiticeiros, bruxos e possessos, San Pablo, Loyola, 1981.

14 Cfr. - Quevedo, S.J., Oscar González-: El poder del psiquismo en la cura y en la enfermedad, Asunción, Ñandutí-Intercontinental.

15 Cfr. Quevedo, S.J., Oscar González, Antes que os demônios voltem, op. cit.

16 Aprovechamiento máximo de las energías musculares y nerviosas pero nunca en una dimensión sobrehumana. Piénsese en lo difícil de controlar a algunos enfermos mentales en crisis de furia.

17 Cf. Quevedo, S.J., Oscar González, Antes que os demônios voltem, op. cit., cap. XIV.

18 Catecismo de al Iglesia Católica, 156.

19 JUAN PABLO II, Fides et ratio, 67

20 Cf. JUAN PABLO II, Fides et ratio, 67.

21 Catecismo de la Iglesia Católica, 156. Cf. CONC. VATICANO I, Const. Dogm. De Fide catholica, c3.

22 Con respeto al tema de los Milagros, el P. Quevedo ha publicado sólo 2 volúmenes sobre un total de 6 que tiene proyectados. Cf. Milagres. A ciência confirma a fé, op. cit., p. 8. En esos dos gruesos libros, de 486 páginas el primero y 786 el segundo, se analizan una gran cantidad de milagros de diversas clases, antiguos y modernos. Ese análisis resulta indispensable para fundamentar sus ideas y no caer en lo que él critica a los racionalistas y modernistas, esto es, elaborar teorías ‘en el aire’. Esta aclaración me parece importante porque, dada la índole del presente trabajo, no voy a detenerme en la consideración de esa amplísima fenomenología.

23 QUEVEDO, S.J., Oscar G., Milagres. A ciência confirma a fé, op. cit., p. 62.

24 QUEVEDO, S.J., Oscar G., Milagres. A ciência confirma a fé, op. cit., p. 9.

25 QUEVEDO, S.J., Oscar G., Milagres. A ciência confirma a fé, op. cit., p. 398.

26 QUEVEDO, S.J., Oscar G., Milagres. A ciência confirma a fé, op. cit., p. 374.

27 QUEVEDO, S.J., Oscar G., Milagres. A ciência confirma a fé, op. cit., p. 62. Los paréntesis son del autor.

28 QUEVEDO, S.J., Oscar G., Milagres. A ciência confirma a fé, op. cit., p. 72.

29 Cf. QUEVEDO, S.J., Oscar G., Os milagres e a ciência, San Pablo, Loyola, 1998, Cap. 9: ‘Exclusividad católica’.

30 QUEVEDO, S.J., Oscar G., Os milagres e a ciência, op. cit., p. 691.

31 QUEVEDO, S.J., Oscar G., Os milagres e a ciência, op. cit., p. 427-428. Los paréntesis son del autor.

32 QUEVEDO, S.J., Oscar G., Os milagres e a ciência, op. cit., p. 435.

33 QUEVEDO, S.J., Oscar G., Os milagres e a ciência, op. cit., p. 150.

34 QUEVEDO, S.J., Oscar G., Os milagres e a ciência, op. cit., p. 714.


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