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La campana de Huesca Hoy en día, realizando una visita guiada por la ciudad de


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La campana de Huesca

Hoy en día, realizando una visita guiada por la ciudad de Huesca se nos muestra un sótano de lo que fuera el Palacio Real, donde se supone que acaecieron los hechos relatados en la leyenda de la Campana de Huesca.

Siendo rey Ramiro II "El Monje", los nobles y potentados de su reino no le eran del todo fieles y no tenían gran confianza en su gobierno. El monarca preocupado ante esta situación decidió consultar al abad de su antiguo monasterio para ver como resolver el problema. Éste, prácticamente sin palabras, le mostró como cortaba en su huerto las coles que destacaban excesivamente sobre las demás. Así, Ramiro II sacó sus propias conclusiones.

Convocó en 1136 a los nobles a Cortes en Huesca para comunicarles que iba a hacer una fabulosa campana que se oyera en todo el reino. Y ciertamente sonó en todos los sitios, ya que conforme los nobles llegaban a su palacio los fue decapitando uno a uno, para después colgar sus cabezas en un sótano de la residencia real.

La imagen de esta masacre es estremecedora y por supuesto inventada, aunque está contrastado históricamente que en una ocasión se sublevaron ante su poder siete aristócratas, y el rey, por muy monje y cristiano que era, no dudó un instante en mandarlos ejecutar.

Los corporales de Daroca

Corría el siglo XIII, durante la reconquista de Valencia por Jaime I, cuando las tropas aragonesas libraron una dura batalla, en la que finalmente consiguieron la victoria. El ejercito moro, se preparaba para atacar el castillo de Chio, una de las fortalezas, conquistada por los cristianos en la batalla. Se produjo una alarma de ataque enemigo, y las tropas cristianas, enteradas de la maniobra, decidieron celebrar una misa, en la que comulgarían los seis capitanes, en representación de todas las tropas.

Mientras se celebraba la eucaristía, se produjo el ataque enemigo y el sacerdote celebrante, que era Mosén Mateo Martínez y natural de Daroca, hubo de suspender la celebración y decidió introducir las seis Formas en los Corporales y esconderlos en lugar seguro.

Una vez que los cristianos obtuvieron la victoria en la localidad valenciana de Luchente, el sacerdote volvió al lugar, para recuperar las formas y notó con estupor, que las seis hostias habían sangrado quedando grabadas en la blanca tela que las envolvía. Cuando el ejercito sarraceno, volvió a atacar, el sacerdote enarboló los Corporales como bandera, y persiguió a los moros hasta el lugar donde se edificó el convento de Corpus Christi.

Posteriormente surgió un disputa entre los mandos de los ejércitos cristianos, para decidir en qué lugar serían guardados los Corporales. Al no llegar a ningún acuerdo, se optó por introducir las reliquias en una pequeña arca de plata, y depositarlas en los lomos de una mula que nunca hubiera estado por esas tierras. La mula siguió su camino hasta Daroca, haciendo oídos sordos a las viandas que le eran ofrecidas en las diferentes localidades por las que pasaba, hasta que el día 7 de marzo del año 1239, el animal cayó muerto en la ciudad, como se encarga de recordar la lápida existente en la Iglesia de la Trinidad de Daroca.

Como se puede observar, al igual que en otras leyendas, se entremezcla la historia con la tradición, siendo difícil delimitar dónde comienza una y dónde termina la otra.
Leyenda de San Jorge

San Jorge nació según cuenta la tradición en el año 270 en Capadocia, siendo hijo de padres nobles y ricos. Mártir cristiano cuyo vacío biográfico ha sido llenado con diversas historias y leyendas, que lo presentan como un militar que después de confesar su fe cristiana, sufrió las mayores torturas y propició sonadas conversiones.

A fines del primer milenio, se forjó la leyenda de su lucha contra un terrible dragón para liberar una bella princesa o doncella. Su culto se extendió rápidamente por el mundo cristiano y su fiesta litúrgica se ha celebrado siempre el 23 de abril, tanto en los calendarios orientales, como en el romano y en el hispano-mozárabe.

En Aragón la devoción a San Jorge, presentado como ideal del caballero cristiano, adquirió especial relevancia a partir del siglo XII, gracias a las órdenes militares, a los relatos de los cruzados y sobre todo, a la casa real aragonesa.

Su figura se relacionó con la batalla de Alcoraz (Huesca) de 1096, en el curso de la cual habría ayudado al ejército del rey Pedro I. Batalla rodeada de leyenda que relata como las tropas moras, situadas en Huesca buscaron el socorro del rey de Zaragoza Almozaben, que acudió al sitio con innumerables tropas. Al campamento cristiano acudió toda la nobleza montañesa con sus huestes, pero era inmensamente mayor el ejército musulmán. Apareció entonces San Jorge luciendo cruz roja en pecho y escudo, y trayendo un caballero con él con las mismas cruces. Comenzada la batalla, todos quedaron admirados por su valor, siendo la victoria para los cristianos.

En vano buscaron al caballero anónimo, San Jorge, para darle las gracias, pues había desaparecido como había llegado. Encontraron a su acompañante que contó que estando en Antioquía en la guerra de las cruzadas de Oriente, mataron a su caballo y al encontrarse en el suelo, lanzó el grito de guerra "¡San Jorge, a ellos!. Y cuenta la leyenda que inmediatamente vio a su lado a un joven caballero, que lo montó a la grupa de su caballo y volando por los aires lo transportó desde Tierra Santa a Aragón, a los llanos de Alcoraz en auxilio de los cristianos de Huesca, contribuyendo a su victoria sobre los moros.

El jinete era San Jorge, y en el lugar de la batalla levantaron una ermita en su honor. Su cruz roja en campo blanco fue la señal de Aragón y puede afirmarse que San Jorge ha sido formalmente patrono de Aragón desde la Edad Media.
Teruel, ciudad del toro y la estrella

El toro y la estrella son un emblema muy antiguo, apareciendo ya en monedas de varias ciudades españolas acuñadas en época romana.

La tradición cuenta que en el siglo XII, durante la Reconquista, el rey Alfonso II tras tomar varias plazas importantes, siguió por la ribera del Martín, y al llegar a lo que ahora es Teruel, partió a su ejército para enfrentarse a rebeldes en las montañas de Prades, quedando el resto de sus guerreros en las llanuras de Cella, con órdenes de permanecer a la defensiva. En este punto es donde se confunden historia y leyenda, pues los guerreros desobedecieron las órdenes del rey, y siguieron a un toro bravo al que le iba siguiendo una estrella desde el firmamento, pues lo habían visto en sueños premonitorios. Señal que según ellos, marcaba el sitio donde establecer una nueva población. Así, tomaron la fortaleza de Teruel plantando su estandarte en la plaza conquistada.

Este hecho, se encuentra representado en uno de los cuatro cuarteles del escudo de Teruel, con un toro que lleva encima una estrella.



Por otra parte, según la etimología de Teruel, el antiguo Turba o Turbana, proviene de dos palabras hebreas, "thor" y "bat", que significan "lugar del toro".

Según otros autores, la fundación de la ciudad de Teruel se atribuye a los fenicios, que remontando el cauce del río Turia en busca de un lugar para establecerse, encontraron al fin una buena tierra con mucho ganado, levantando allí un pueblo y dando el nombre a dicho río de Turriar o Turia, debido a la abundancia de toros que había, y aplicando el nombre también a la población.


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