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La Alienación presentacióN: martes 11 de agosto a las 9: 15 Hrs. En apa


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La Alienación

PRESENTACIÓN: MARTES 11 DE AGOSTO A LAS 9:15 Hrs. EN APA

COMENTADORA POR AUTOR: DRA. LIBERTAD BERKOWIEZ

MODERADOR POR APA: DR. FRANCISCO GUERRINI

Luis Antonio Vázquez López

Nuestra causa nos es exterior ¿Quién habla, quién afirma esto?: Yo, que he logrado conquistar este saber. He hecho consciente mi finitud y singularidad, la ajenidad de mi origen. ¿De dónde vengo? Del Ello, del Todo, que ha tomado su forma, circunstancial en la cultura que me abriga y me nutre; y de este cuerpo y mente finitos que albergan los habitantes vivientes que me precedieron y que ahora son: Yo. De ellos cobro la potencia, y me pienso, arrastrado por sus pensamientos. Soy efecto de sus pensamientos que han encontrado en mí a un pensador, como diría Bion. Mi originalidad consiste en repensarlos y recrearlos, intentando darles algún tipo de forma.



El “niño”, ese otro origen, esa formación psíquica que habita en mí quiere Todo, sin límites ni moral; habitante de todos los mundos posibles, no hay imposibles.

Resulta que la humildad es una conquista sobre el fuego, o la brasa de este niño; él permanece vivo, aunque ahora, domado o educado, formado, pero siempre audaz e insolente, creativo. La forma es una conquista arrancada al todo.

“El niño” de Freud, he majesty the baby (1). El de Nietzsche (2), con sus “transformaciones del espíritu”, que pasan por el camello, el tigre y finalmente el niño. Soportar las cargas primero, y desafiar enfrentando luego, para encontrar la paz en la curiosidad, la ingenuidad y la creación, finalmente. Descripciones que dan cuenta de formaciones de la mente al irse desarrollando, y a las que se regresa, puntos de fijación, en la regresión.

¿Cuántas veces los sueños me transportan a lugares en los que nunca he estado, en mi vida consciente? y sin embargo recuerdo con un insistente déjà vu. ¿Dónde están esos lugares, he estado yo?, evidentemente he estado, pero no recuerdo; quizás resultado de alguna visita de mis sueños… quizás.

La alienación, es en definitiva, nuestro origen, nuestro encuentro, del que nos apropiamos circunstancialmente, en un yo, en un cuerpo, en un nombre. Hasta que en determinado momento volvemos a ese Todo, a ese Ello, a esa no-forma, a eso llamado: nada, locura, muerte.

Entonces ahí, la alienación es también nuestro desencuentro, la ruptura de esa unidad, denominada sí mismo. Dando nombre así, a la más conocida de las definiciones de alienación. La locura. Y también a la creación, pues algo del sí mismo “se extraña” en la creación.

Movido por dos trabajos previos presentados como presentaciones libres en APA, “Soñar tu sueño” (3) y “La alteridad” (4), el presente trabajo resulta un desarrollo de las ideas expresadas en aquellos. Intento expresar en ellos los constitutivos de nuestra mente, con los otros, sus deseos, sus sueños, su existencia previa, y que contribuyen a marcar nuestra identidad, carácter, modos de pensar y de sentir. Un mapa de aquello que no siendo yo, ha permitido el yo que soy.

El haber elegido el psicoanálisis como teoría y como práctica de mi vida profesional, me centra de entrada en la alienación. Pues la teoría psicoanalítica constituye una explicación del psiquismo como alienación, donde la estructura central y determinante del mismo es el inconciente, lo ajeno al yo: el ello. Algo que nos vive, el otro, y constituye el centro de la mente. Relativiza lo consciente, como la voluntad y nos inserta en un dispositivo de leyes generales que, en un principio desconocemos, pero que son efectivas en nuestra mente y nuestras conductas.

Escribir sobre la alienación, es hacerlo acerca de nuestra enajenación, siendo la paradoja que en esa enajenación, se encuentra nuestro centro, a partir del cual hacemos nuestro eje, sabiéndonos, con el tiempo, herederos de un origen que nos excede como individuos, y a la vez nos incluye, somos también eso de lo que venimos, hijos de nuestras raíces. Es escribir sobre algo propio que está fuera de nuestro dominio, y que por lo tanto ni siquiera podemos verlo como “nuestro”, aunque seamos eso. Es escribir acerca de la locura, los enajenados, los alienados. Es hacerlo sobre la cordura, la excesiva cordura que predomina en la sobreadaptación, y la cordura de cualquier sometimiento a la libertad de nuestro pensamiento. En psicoanálisis, alienación y cordura se confunden. Pues la cordura nace de la alienación, Freud realiza y comprende los fenómenos normales del psiquismo desde la psicopatología. Va a describir, por ejemplo el narcisismo a partir, entre otros del delirio de grandeza propio de la esquizofrenia.

El psicoanálisis es una teoría psicológica, terapéutica, pero no puedo dejar de verla también como una estética, que nos mete en un juego de espejos que precisamente, descentran a los personajes que se presentan como YO, donde el autor está fuera de la escena que se está originando. Como el cuadro Las Meninas de Velázquez, tantas veces mencionado.

El psicoanálisis es para mí un espacio para “jugar”, como lo plantea Winnicott; un espacio para “pensar”, como lo describe Bion. Un espacio para ver los distintos personajes que habitan y nos habitan, con los que nos vestimos y nos damos una identidad, como lo estoy pensando ahora yo. Personajes que pueden estar cerca o lejos de nuestro “ser”. Un espacio para desplegar la complejidad psíquica y de esta manera pensar en una terapéutica, en una curación. No reducimos al paciente a “lo dado” por la sintomatología, tratamos de oír la sinfonía del potencial, y de esta manera, abrirnos paso a la “esperanza” que a través de esa complejidad asoma en ese sujeto, vemos en ella la punta del Iceberg. La punta del Ello, que abarca tanto aquello que enferma como lo que puede curar. Cuando digo cura, lo digo desde un estricto sentido práctico, como lo plateaba Freud, devolver a la persona su capacidad de amar y trabajar. La posibilidad es un proyecto del yo, en la medida que, éste, pueda ver más allá de sí mismo, de su muro narcisista, de su ombligo, que pueda encontrarse con la vida interna de las “pulsiones” que lo empujan y compelen a la vida y a la muerte; como con los “otros”, del que es un heredero muchas veces renegado.

Lo apasionante es que la práctica analítica, resulta un instrumento de cambio, donde no sólo cambia el paciente sino también, el analista. Compartir una aventura, partiendo desde el dolor, desde la angustia; uno no sabe con certeza cómo será su desarrollo, pero que en el juego mismo, mientras se va dando, en el despliegue de la transferencia, nos implica en nuestras fibras más intimas, y si hacemos el trabajo como Freud lo planteó, difícilmente podemos salir indemnes de la tarea emprendida. Nadie sale indemne del encuentro con los demonios. (5)

Cada análisis supone la posibilidad de un crecimiento, esto es lo bueno de esta profesión, no solo cambiamos permanentemente, (eso solo pasa por vivir), sino que además crecemos en profundidad, en sensibilidad, en capacidad de escucha. Podemos observar y pensar ese cambio. No escuchamos solo con los oídos sino con todo nuestro sistema perceptivo. Junto a eso: imaginamos, construimos escenarios, los reconstruimos. Vivimos y pensamos los personajes internos de los pacientes y los nuestros (esto lo desarrollo en los trabajos mencionados, “Soñar tu sueño”, y “Acerca de la alteridad”). Entre ellos se establecen intercambios, hablados o sentidos, sin que podamos dominarlos totalmente, pues son inconcientes. Compartimos cotidianamente el dolor, lo experimentamos, tratamos de recrearlo. Intentamos utilizar creativamente la transferencia-contratransferencia, y con ella, comprender, tratar de entender para poder transformar. Hacer algo con el sufrimiento, sobre todo aprendemos de él. Tratamos que éste surja como transformación, como algo nuevo. Aprendemos cada día de los pacientes, con ellos, de nosotros mismos, de nuestras posibilidades y nuestros límites. La práctica contra la repetición, la pulsión de muerte, exige la renuncia a los narcisismos que habitualmente suelen aquejarnos en nuestra tarea, cada paciente es un desafío a pensar y tener los oídos bien abiertos. A pensar en lo nuevo que nos trae el paciente; a refrescar el estrecho marco que tiene una teoría o una técnica. Pues nuestra práctica también se aliena en sus teorías y técnicas y, qué bueno que cada análisis sea la oportunidad, si el paciente se queda, de des-alienarnos de la gris teoría y aventurarnos en la verde vida (6). La clínica es el lugar de aprendizaje por excelencia, donde ponemos a prueba los saberes escritos o los saberes trasmitidos como verdades, que sólo lo son, si nos permiten modificar o transformar la realidad.

Algunas definiciones:

Alienación/Enajenación


DicFI(7)

Término de origen jurídico derivado del latín alienus, ajeno, que pertenece a otro (alien), y que se aplica en las ventas o cesiones. Así, alienar un bien equivale a regalarlo o a venderlo, es decir, transmitir a otro algo que era propio. Por extensión se habla también de alienación en un sentido psicopatológico, como sinónimo de pérdida de juicio o locura. El alienado es, entonces, el enfermo mental cuya mente está escindida. Estas formas de alienación suponen también un extrañamiento o alejamiento del que se aísla respecto de una norma o de la sociedad.

El sentido propiamente filosófico de este término corresponde al de las palabras alemanas “Entfremdung”, “Veräusserung” y “Entäusserung”, que significan «extrañación», «distanciamiento» y «exteriorización», y expresan una extrañeza del sujeto respecto de sí mismo.

Debemos a Hegel el desarrollo de la noción de alienación, que expone principalmente en su Fenomenología del Espíritu. Para Hegel, la conciencia, originariamente ingenua, está plenamente convencida de la realidad del mundo independientemente de sí misma, pero solamente puede llegar a ser «conciencia de sí» o autoconciencia cuando ve la vinculación entre objeto (mundo objetivo «fuera» de la conciencia) y sujeto o conciencia. Partiendo de la crítica de la creencia ingenua de la existencia del mundo externo independientemente de la conciencia, Hegel muestra, mediante el análisis del proceso de tomas de conciencias parciales, cómo el espíritu humano se conquista progresivamente a sí mismo. De esta manera va oscilando entre la creencia en la realidad del objeto y la creencia en la realidad del sujeto, hasta devenir conciencia de sí en el proceso que muestra la vinculación dialéctica entre ambos polos: sujeto y objeto.

Se la apropia el discurso jurídico, en alemán Entfrendung: la transferencia de la propiedad de una cosa o la titularidad de un derecho de una persona a otra. Aunque el uso tradicional del término alemán más bien aludiera a una privación ilícita, o violenta, de la tenencia o del disfrute.

En alemán jurídico moderno, también utilizado por Hegel: Verausserung, como expresión de la idea de enajenación o cambio de titularidad, más bien como tradición, esto es, como traslación real y efectiva que como simple obligación de trasmitir.

El último y más impreciso y persistente significado de Entfrendung, es el de separación o apartamiento de los sentimientos o los afectos hacia una persona, desviando hacia la indiferencia o la hostilidad, los previos o los naturales de intimidad o amistad.

Lutero tradujo Fremdt de la vulgata- Alienati- el apartamiento de Dios y su promesa.

Fremdt es una palabra alemana de uso corriente actual, con varios significados, ajenos, extraños, forasteros y próximos, son los más comunes. Englobando un sentimiento en la palabra que lo expresa, un toque de prevención, miedo, odio hacia lo tenido como tal. Algo así como si fremdt significara no solo lo ajeno, sino un horror alien.

La salida de la alienación se da a través de prácticas como la ciencia, el arte, la filosofía, a través de los cuales el sujeto se apropia del objeto. Es saberse, narrarse, conocerse, donde el reflexivo, “se”, es una apropiación momentánea por el yo de la exterioridad que lo abarca.

El concepto de alienación es muy antiguo. Ya san Agustín decía que la humanidad, por su naturaleza pecadora, estaba alienada de Dios. Sin embargo, consideraba que se podía llegar a la reconciliación a través de la fe en Cristo.

La sociología proporcionó otro punto de vista: la anomia o desarraigo (postulada por el teórico social francés Émile Durkheim) era la causa de la pérdida de la tradición social y religiosa. Posteriormente, algunos sociólogos ampliaron la teoría de la alienación de Durkheim. Los existencialistas Sören Aabye Kierkegaard, Martin Heidegger y Jean-Paul Sartre consideraban que cierto grado de autoextrañamiento e impotencia ante el propio destino era algo consustancial a la condición humana. (8)



Karl Marx presenta la alienación o enajenación en el trabajo,

   "El objeto producido por el trabajo, su producto, se opone ahora a él como ser ajeno, como un poder independiente del productor. El producto del trabajo es trabajo encarnado en un objeto y convertido en cosa física; este producto es una objetivación del trabajo." (8 Marx, Manuscritos filosófico económicos)

Proceso mediante el cual el individuo o una colectividad transforman su conciencia hasta hacerla contradictoria con lo que debía esperarse de su condición (9)

Estado mental caracterizado por una pérdida del sentimiento de la propia identidad. (10)

Enajenación es entonces la de una propiedad que es enajenada por otro, o hacia otro. Algo de sí mismo deja de pertenecer como propio: la identidad, un bien, un valor, un sentimiento, una idea, un modo de pensamiento. Expresa la idea de de tener un bien personal que pasa a pertenecer a otro. Como en el amor, el yo se enajena en su objeto amado. En la locura el yo pertenece al dominio del Ello, la realidad se transforma de acuerdo, también a este Ello. Algo propio que se torna ajeno. Siniestro o alucinado.

La alienación no es algo propio de la locura solamente. También se da en aquello que construimos y que pasa a dominarnos. Somos autores, beneficiarios y víctimas de nuestras propias obras.

Escindimos en un sentido de discriminación, “lo distinto”, “lo ajeno”, “lo extranjero”. Las clasificaciones psiquiátricas o razas étnicas pueden estar plagadas de un efecto alienante. En un trabajo previo hecho junto a Adriana Guraieb (11) y en Estigma de Ervin Goffman (12), se observan aquellos factores que constituyen elementos discriminatorios. Color de la piel, de raza, religión o pensamiento político, defectos corporales. Esto escindido, separado o alienado es algo que hiere nuestra unidad narcisista que se ve amenazada, pues es aquello posible que nos pase, o bien aquello que tenemos pero repudiamos en nosotros mismos.

Lo escindido y desconocido no escapa al mundo de las ideas. Muchas veces nos creemos autores de pensamientos, textos o cosas que forman parte de la humanidad. En rigor no los creamos, los recreamos. Hagamos un rastreo del pensamiento de los griegos, y veamos conceptos posteriores, occidentales y veremos en aquellos el origen. Vamos pensando pensamientos ya pensados, que no llegan a ser plagio, porque sencillamente no podemos hacer el total recorrido del concepto, lo desconocemos, es un saber inconciente, y también es propio. En este sentido puedo suponer que hay pensamientos, quizás como el Complejo de Edipo, la castración, el parricidio, las fantasías universales (13): la observación del comercio sexual de los padres, la seducción de una persona adulta y la amenaza de castración, que constituyen un bagaje humano de saberes que son innatos. De la misma manera que Chomsky nos plantea que en el lenguaje las reglas gramaticales son innatas y se desarrollan con la experiencia, esto es con el habla. (14)

Si le agregamos “yo soy con”, hay una mayor referencia de ese yo en tanto estoy con otro, que delimita un contorno, un límite, el del otro y el mío. Y si digo “soy en otro” me acerco a una definición donde mi esencia no está en mí y también lo está. Soy en otro. Hace pensar en un útero donde me desarrollo, necesario temporalmente para mi crecimiento. Soy en otro es, no soy donde pienso que soy. (15)

Podemos hacer una analogía entre la formación del universo y la formación de una persona, ¿tenemos un big bang? ¿Un punto de origen antes del cual no había nada? ¿O solo había un punto? Es difícil pensar así porque nosotros trabajamos las huellas de la historia que siguen vivas en nosotros, una nada anterior no es pensable. Esa es la tabla rasa. Y esas huellas son las de nuestros antepasados que vía identificaciones, relatos y ADN, vienen a investirnos en características centrales o marginales de aquello que estamos constituidos.

¿Dónde está nuestro big bang? , nuestro origen. Evidentemente en otro lugar, alejado de nuestra conciencia y voluntad. Pero también, vivo y presente en nosotros. Eso es el psicoanálisis, una teoría de lo que perdura vivo, activo y eficaz en nuestro presente, siendo un pasado que se resiste a serlo.

La alienación implica el concepto de Yo, como extrañamiento de éste. Es “yo” quien dice lo que es y lo que no es, es él quién habla de propiedad o de lo ajeno.

Es la propia identidad la que se encuentra afectada en la alienación, el sí mismo.

Ser uno mismo constituye un problema cuyas dificultades se encuentran en la base misma de nuestra existencia y de la organización interna de nuestra persona. Yo no soy “Yo” sino por una identificación a “un personaje” que constituye el ideal de mi Yo. Esta búsqueda de sí, esta dialéctica del ser y del parecer, implicada en la idea de que la persona es una “mascara” (persona), donde es, a la vez que se pierde, puede ser profundamente trastornada. Pero también podemos decir que en “el deseo” (Espinosa, Freud), nos encontramos. Acá reaparece la problemática del Yo en el “nuestro”, nuestro deseo, el mío, el tuyo, el de él. Pero eso es lo más cercano a lo que puedo definir mi yo, de acuerdo a si se encuentra alineado con mi deseo y, también si es capaz de llevarlo a cabo, de darle su satisfacción.

Formas de alienación:


  1. La de origen. Vimos que nuestro origen es exterior a nuestra voluntad conciente. Es el deseo del otro, de nuestros progenitores, y más allá, la especie. De otra parte somos destinatarios del lenguaje, de los genes, de una cultura, que nos preceden y nos particularizan, nos hacen. Nos plasman en formas, en Identificaciones. Nuestro origen es exterior a nosotros mismos, pero nos particulariza, nos identifica. El narcisista intenta eludir esta marca castratoria del yo con su idea de “autoengendramiento”, de autorealización. Somos efecto de una causa, de la que somos parte pero que no manejamos. Nuestro camino, hacernos responsables de este estar en el mundo, disfrutando la vida que somos, que tenemos, y los talentos con los que hemos llegado, sin que los hayamos elegido; desplegarlos, pulirlos, disfrutarlos y serle útil a los demás.

Recuerdo el drama de un paciente de no tener recuerdo acerca de su padre ya fallecido, a pesar de haber vivido con él varias experiencias hasta los ocho años.

El conocimiento del origen es constitutivo de nuestra identidad, la novela familiar del neurótico da cuenta de ello. Los traumas ligados a los desconocimientos de partes de la historia de uno, que se supone deberíamos saber, por ejemplo la búsqueda de un padre ignorado, constituyen fuentes de angustias importantes y de búsquedas que duran, a veces toda la vida.

Una historia la de Pablo ,el paciente que mencionaba, vaciada de historia paterna, en parte por la madre, por la ausencia del relato del padre en la madre, y el odio de Pablo con el abandono paterno, este escotoma, resulta traumático. Veinte años después revive, en la transferencia, ese recuerdo de una ausencia, con el odio y el no poder entender cómo no recuerda nada de él habiendo estado vivo hasta sus ocho años.

Por otra parte nos vienen la permanencia, constancia e influencia de figuras traumáticas de la historia, filogenética, que observamos en las identificaciones que el sujeto personifica en sus manifestaciones, y que nosotros registramos, sentimos, y muchas veces sufrimos en la transferencia-contratransferencia. No siempre son nominadas, sobre todo, las que son anteriores al discurso o están alejados de él. Sentimos y vemos una presencia en la transferencia, que trasciende a los habitantes “reales” del consultorio, en ese momento. Hablamos con algún progenitor del paciente, algún antepasado, por ejemplo una madre que no deja libre a su hijo, no lo deja crecer, y tenemos en el tratamiento, en ese momento un impasse.

El origen entonces está en el exterior de nuestro yo, se va construyendo, en parte con lo que viene de la filogenia, desde el Ello, de ahí sale el yo, y en parte con el contacto con el medio que nos toca vivir, que nos otorga un lenguaje, tradiciones, cultura y modelos que adoptamos como propios, que quedan como rasgos de carácter e identificaciones.


  1. La ontogenética.MULTIMEDIA

El personaje. La construcción personal ontogenética que especifica una forma. Una identidad prevalente, plena o vacía (falso Self). La alienación en este caso está asociada con el falso Self. Todos construimos un personaje siempre es parcial a la persona que somos (lo que somos en tanto pulsiones e identificaciones). Y es muy difícil no hablar desde algún personaje. El personaje es el que nos hace reconocible para nosotros y para los otros, tenemos “personajes oficiales” y otros más íntimos menos conocidos. Con ellos podemos jugar nuestros “carnavales privados”, poniéndonos distintas máscaras.

Vimos que el mismo yo es un derivado del Ello de un lado; y en su contacto con la realidad o el medio ambiente, es un subproducto, y un derivado de los vínculos que como restos quedan como identificaciones, dice Freud (16), un precipitado de identificaciones. La suma de las historias de los encuentros con nuestros objetos de amor y de odio. Así como la proyección de la superficie corporal, somos piel, para nosotros y los otros.

Algo que nos es asignado o que asignamos, es un nombre. El nombre nos significa desde el deseo o preferencia de nuestros progenitores o desde la cultura. Nos marca, nos identifica, y a la vez nos limita, aliena, somos “ese” y no otro, el nombre soñado o prevalente en una época. El apellido conlleva lo filogenético. El apellido familiar, el paterno y en algunos casos también el materno. A través de él viven en nosotros, o somos representantes de una historia familiar que nos marca con su “heráldica”.

Psicopatología de la alienación.

La alienación es constitutiva del sujeto para el psicoanálisis en la medida que se considera la existencia de un Ello, inconciente, que vive al sujeto más a allá de su saber (consciente).

“El término alienación es a la vez demasiado rotundo y demasiado vago. Rotundo porque supone que el individuo se ha desposeído de su personalidad. Vago, porque puede aplicarse a un gran número de enfermedades mentales, incluso a todas en cierto sentido. Si se entiende por alienación una radical modificación de las relaciones del individuo con la realidad, puede decirse que lo que así se designa es el Delirio, bajo la forma, no de las experiencias delirantes y alucinatorias, sino de creencias inamovibles, de Ideas delirantes, término que se aplica en rigor a esta forma de alienación.” (17)

La alienación es algo que le ocurre al Yo. Algo que lo captura hasta la obsesión, la pasión, de la que ya no puede desprenderse. Por ejemplo el objeto de una pasión que captura al yo, tomando ese objeto como el valor de algo total, que promete cumplir con “la felicidad”, “la tranquilidad” y la “gloria”, que ese yo sueña. Ese objeto de la pasión, se torna adictivo, y así se torna en la “Droga” necesaria para poder vivir. La dependencia extrema a una persona, o una sustancia, dan cuenta de este fenómeno de alienación. El yo, para evitar el conflicto, que supone el enfrentarse con una realidad que cuestiona el deseo, para sostenerlo se escinde, proyecta sobre el mundo, o sobre el objeto partes del psiquismo, funciona prevalentemente en proyección. El otro mundo del sujeto, sus locuras privadas, (18) su fantaseo (19), su doble vida, conviven con otra parte que representa un sujeto asentado en la realidad y en la sociedad. Así nos sorprenden personajes moralistas que cometen, en privado, aquello que condenan públicamente. El yo se escinde y se aliena para evitar un conflicto (20). Deja de pensar en su complejidad y se sostiene en un discurso mesiánico que anula su comprensión de los hechos. Así ciertos discursos dominantes, el discurso del Amo, convierten en esclavo al yo que sostiene tal discurso. Tanto amo como esclavo son, en definitiva, esclavos en el sometimiento a un discurso que anula o limita las posibilidades críticas del yo.

El origen del yo en su vasallajes, se expresan en la alienación, que pueden aparecer en fenómenos de disociación como en el Horla, (21). El yo tiene que dar cuenta ante las pulsiones, Freud (en análisis terminable e interminable), nos advierte que el yo intenta dominarlas, intenta reprimir, pero cuando la pulsión es muy intensa, y el yo aún no es maduro, se deforma, se escinde. Lo siniestro como el que se expresa en “los pájaros” de Sir Alfred Joseph Hitchcock, demuestra claramente como lo habitual, y familiar de pronto se transforma hacia el terror más inusitado, en tanto se enajena de lo familiar.

Del mismo modo que tiene que dar trámite al mundo exterior, donde la alienación puede ser “la adaptación psicótica a la realidad” que nos plantea Liberman en la sobreadaptación, (22) y al cuerpo, en la enfermedad somática.

Lo que el yo no puede soportar, o sostener: o lo reprime (neurosis), o lo desmiente (perversiones), o lo repudia o forcluye (psicosis). Algo pasa a ser externo, rechazado del ámbito de lo propio, constituido como ajeno. El mecanismo puede ser la represión o la proyección, en esta última se pierden los límites entre lo interno y lo externo y se repudia el mundo tal como es, en la medida que no coincide con el del los deseos. En definitiva siempre queremos que el mundo coincida con nuestros deseos. La diferencia entre la “salud y la enfermedad”, es que en aquella, nos resignamos o aceptamos la realidad, soportamos el dolor de la frustración, mientras que en la enfermedad tratamos de modificar la realidad, ilusoria y plenamente para que coincida con nuestros deseos, o nos apartamos de ella viviendo en nuestro mundo de fantasías. El famoso refugio en la enfermedad de la neurosis.

Retomando, la ajenidad es nuestro origen, el yo nuestra conquista, el lugar donde se plasma el conocimiento, nuestra unicidad imaginaria, o cierta síntesis de lo que vamos a llamar: nosotros. Unicidad perdida con frecuencia regular en el sueño.

Lo paradójico es que la “no alienación” será el “Yo soy”. Lo que digo que soy, de lo cual no se conoce siempre el autor, es parcial, muchas veces transitoria, y generalmente se pierde cuando termina el mundo de la vigilia y entramos al mundo de los sueños, en la normalidad o la patología. Puedo decir que soy alguien único, reconocible en el tiempo, pero donde partes mías son desconocidas y no manejables por eso que llamo mí. En definitiva soy esencialmente un sujeto alienado que, en su identidad, se conquista diariamente, y se pierde a la vez.

Las patologías efectos de situaciones traumáticas, como abusos en la infancia, constituyen experiencias que no pueden ser integradas al yo, y este se siente inerme ante esta situación.

Técnica

Un análisis supone encontrar, aquello que denominamos “deseo del analizante”, como su verdad, que no es otra que la verdad para ese sujeto. La verdad de una existencia real y propia. Por ejemplo cuánto trabajamos los mandatos, el darle demasiada prioridad al otro en lugar de sí mismo, en definitiva el vivir, por momentos tanto para el otro, buscando su aprobación o cariño, al punto de dejar de existir como entidad propia. Buscamos de esta manera su “mundo pulsional”

Trabajamos las identificaciones, las del yo, y las del ello. Las del ello constituyen lo heredado, la forma se la ve a través de la forma que le da el yo, y que las tenemos en la transferencia-contratransferencia. Son los personajes con los que sentimos que “chocamos” en la clínica, o a veces, dialogamos.

Asesinos.

La mañana del drama publicó "un programa" sumamente preciso de la masacre: "Objetivo: colegio Jokela, alumnos y profesores, sociedad, humanidad, raza humana. Tipo de ataque: asesinato masivo. Nombre del asesino: Pekka-Eric Auvinen. Arma: pistola semiautomática 22 Sig Sauer Mosquito".

Según algunos testimonios, el joven no cesó de dar alaridos durante el ataque. "Gritaba: ¡Esto es el infierno, la revolución! ¡Hagan algo!".

Uno de sus compañeros de clase dijo que en los últimos días se comportaba de "manera extraña" y había comenzado a pintar escenas de masacres con armas de fuego.

En un largo texto que se asemeja a una reivindicación póstuma, publicado en Internet, se describe como un "excluido" y hace la lista de las películas que le gustaban: "Apocalypse Now", "Full metal jacket" y "Asesinos natos".

Sus referencias literarias son "Fahrenheit 451" de Ray Bradbury, "La República de Platón" y "todas las obras de Nietzsche".

También cita numerosos grupos de rock, entre ellos Alice Cooper, Prodigy, Rammstein y Nine Inch Nails.

"Probablemente dirán que estoy enfermo, loco o que soy un psicópata (...) No, la verdad es que soy sólo un animal, un humano, un individuo, un disidente", escribió. Desde hacía sólo tres semanas poseía un permiso para usar armas. Era miembro de un club de tiro deportivo.

Principio del formulario

Rubio y más bien ancho de espaldas, Pekka-Eric Auvinen tenía un físico típicamente nórdico.



Semiología de la alienación de la persona

(El Yo psicótico o delirante)

En este caso tenemos una escisión del yo con una estructura delirante de funcionamiento. Una base de violencia convertida en odio asesino, en un deseo de exterminar, que se va incubando en su mente y lleva a planear con mucho tiempo antes la masacre. Lo otro que se observa es el anuncio previo, la exhibición por Internet. Es como si algo adentro “lo hubiera tomado”, una víctima del asesino que le hacía exclamar “¡Esto es el infierno, la revolución! ¡Hagan algo!". En esa exhibición hay algo de intento de notoriedad y de pedido de auxilio.

Hay una incubación en la mente, oculto a otros. Una denigración violenta a “algo” que llama la humanidad, la sociedad.

Es habitual ver en la estructura adolescente, la rebelión contra ciertas partes de la sociedad, su enfrentamiento y sus deseos de no asimilarse de diferenciarse, o sencillamente de realizar “un cambio” muchas veces revolucionario contra aquello que consideran injusto. En este caso no es un proceso normal de diferenciación y de necesidad de transformar y cambiar si no un odio destructivo, asesino, que no lleva nada de potencial constructivo, junto a un desprecio violento a lo humano, a sí mismo en tanto humano. Podemos suponer una condena a su animalidad, a su humanidad e intenta destruirla, pero en lugar de suicidarse primero, produce una matanza en tanto logra proyectar ese odio y visualizar eso que odia en sí mismo, en el exterior. Fundamenta esa proyección en mecanismos intelectuales sostenidos en determinada literatura y filosofía, o grupos musicales.

En otro casos aparece el deseo de venganza como el motor de la masacre como

La matanza de Alemania 2002, cuando Robert Steinhaeuser, de 19 años, ingresó a la escuela secundaria Gutenberg, en Erfurt, y mató a disparos a 16 personas antes de suicidarse.

Las matanzas escolares hablan de todas maneras de locuras individuales y sociales, que merecen una reflexión aparte pero que cada tanto golpean nuestro cotidiano vivir.

La matanzas generalizadas forman parte de la humanidad y su historia con lo “diferente”, una mezcla de odio y delirio, generan un enemigo que hay que exterminar. Reivindicando “algo” una causa, o el propio orgullo. La locura de sostener la pureza, de la raza o de una ideología, o el sostener que algo es posesión propia, dan “derechos a eliminar” si alguien quiere independizarse.

La alienación en la neurosis.

El mundo del inconciente, lo reprimido, constituye el condimento de las áreas de la mente que en la neurosis tenemos excluidas de la conciencia. En ella aparecen subproductos, síntomas, que precisamente expresan un “compromiso” entre lo inconciente y la represión. El mundo de los sueños, esas formaciones ajenas y raras para la conciencia diurna. El mundo de los sueños diurnos, y en otro extremo, más ligado a lo disociativo el mundo del fantaseo.

Ese mundo reprimido en la histeria y en la neurosis obsesiva, las fantasías incestuosas, el parricidio, la bisexualidad, la atemporalidad. Se expresan en formaciones concientes o en síntomas. El mundo de He majesty the baby constituye el motor sobre el que se asientan determinadas fantasías que luego se hacen concientes.

Transcribo algunos párrafos de Roberto Arlt, del juguete rabioso (23):

Unos adolescentes están planeando un robo “entonces soñaba con ser bandido” (Pág.20)

“ese cañón puede matar (un cañón casero) la convicción de haber creado un peligro y obediente y mortal me enajenaba de alegría” (25)

Entonces le pusieron un nombre a “la banda”, “Club de los Caballeros de la Media Noche” (37).

(Esto de las “sociedades secretas” al margen de la ley que planean robos, asesinatos y revoluciones, es típico de la literatura de Arlt).

“ Así conversábamos en tono a la mesa del café, sombríos y gozosos de nuestra impunidad ante la gente, que no sabía que éramos ladrones, y un espanto delicioso nos apretaba el corazón al pensar con qué ojos nos mirarían las nuevas doncellas que pasaban, si supieran que nosotros, tan atildados y jóvenes éramos ladrones, ¡ladrones! “ (43).

Y de esto, del placer de la impunidad y el anonimato, a la culpa, al remordimiento más profundo por haber traicionado a un amigo, haberlo delatado, a raíz de lo cual fue preso

“Si hago eso me condeno para siempre y estaré solo, y seré como Judas Iscariote”

“¿Porqué fui tan canalla? El recuerdo, semejante a un diente podrido, estaría en mí, y su hedor me enturbiaría todas las fragancias de la tierra, pero a medida que ubicaba el hecho en la distancia, mi perversidad encontraba interesante la infamia” (205)

Y las contradicciones se desparraman, las del ello, las del Súper yo que condena ese deseo irrefrenable, esos mundos oscuros pero tan tentadores.

-“si yo no tengo la culpa.”

- Canalla…sos un canalla…

-“si yo no tengo la culpa.”

- Ah! canalla…canalla… (207)

“Es cierto…hay momentos en nuestras vida que tenemos necesidad de ser canallas, de ensuciarnos hasta adentro, de hacer alguna infamia, de destrozar para siempre la vida de un hombre…y después de hecho eso podremos volver a caminar tranquilos” (218)

“Se cumple con una ley brutal que está dentro de uno…la ley de la ferocidad. Es como un mundo que de pronto cayera encima de nosotros” (219)

La sensación de ajenidad de ese mundo que “cae sobre” nosotros, habla de esas fantasías que nos habitan, que desean, lo que a los personajes de Arlt resultan absolutamente compulsivas e inevitables y que llevan a la culpa; y que paradójicamente, resultan tan necesarias para luego caminar tranquilo como dice el personaje de la novela.

¿El hombre puede estar tranquilo sin crímenes? Crímenes no necesariamente cometidos en la realidad, como se leía en los asesinos del comienzo, sino en la realidad del inconciente, como vemos en la dramática del Neurótico obsesivo, o la histeria. Pero que una vez deseado, el deseo, parece tener la fuerza del hecho consumado, y la búsqueda de castigo se torna inexorable y necesaria.

Pareciera que tanto el amor, como el asesinato derivado de las pulsiones de vida y de muerte, nos constituyen, y necesitan su plasmación, su realización de alguna manera, como toda pulsión su fin es la descarga, y mientras hay vida, hay fin: de la pulsión en la necesidad de descarga como fin de la vida misma. Tampoco es muy concebible, ni vivible una vida sin amor, sin pulsión erótica, sin muerte a su tiempo. El arte, la literatura, el cine, los periódicos, nos dan a los neuróticos el nutriente de las pasiones que necesitamos descargar, sin hacerlo nosotros sino unos personajes que el autor, o el periodista, con su arte nos hace vivir en un límite cercano pero lo suficientemente lejano como para quedarnos tranquilos con nuestra conciencia.

Esos mundos secretos, esas pasiones ocultas y esa contradicción con la culpa y la realidad que termina imperando definen a las neurosis, y hasta la creación o la normalidad. Son fuente de inspiración. Si no viéramos esos mundos que están más allá de “lo dado”, de lo evidente, no habría mundo de la metáfora, mundo de posibilidades, de sueños, de historias.

Alienación en los delirios.

Enajenación alude entonces a un valor, a una propiedad, que el yo posee, que resulta enajenada por otro, o es trasladado a la realidad a la manera de delirio. Algo de sí mismo deja de pertenecer como propio y es depositado en el exterior.

La característica de este discurso es la convicción en la realidad del mismo; confirma los temores, venidos así ahora, desde el exterior. Las ideas y el sistema defensivo, se pone en juego de tal forma, para adecuar esta observación. Un discurso donde se rehuye, sistemáticamente el mundo interno. Y se confunde mundo interno y externo. Como si la convicción, no pasara sino por la confirmación de la realidad delirante, que no es otra que la externalización del mundo interior. Este discurso netamente Narcisista sostiene lo que ese yo necesita sostener, esa realidad que lo confirma, puro, mientras que otra realidad lo cuestiona, en la medida que no lo afirma. La realidad cuestionadora tiende a destruirse, como se destruye la subjetividad. El resentimiento por el dolor vivido, las humillaciones padecidas deben ser vengadas por la realidad. Ese Yo que padeció la vulnerabilidad debe vengarse; una de sus formas para lograrlo es someter al objeto, si no constituirse como grandioso, distorsionando la realidad. De esta manera, el delirio verdadero es aquel que produce una profunda alteración entre el yo y la realidad.

El paciente en las alucinaciones auditivas escucha sus propios pensamientos, pero venidos desde el exterior.

Otra vez el delirio se manifiesta en un modo de funcionamiento relacional, donde el otro no es el otro con su realidad independiente sino que forma parte de alguna posesión del yo, de un dominio. El otro es sólo una parte psíquica de quién la observa. O como en el duelo patológico el otro sigue vivo a veces en forma de cadáver, creación alucinada como en el caso de la madre que mece el pedazo de madera, siendo éste el hijo. Perversiones, melancolía, se entrecruzan en estas manifestaciones.

El delirio tiene como soporte la depositación (estasis) de la libido en el yo (Freud), el intento de ser éste toda la realidad y los objetos; el yo omnipresente no se acepta más que así mismo, y da rienda suelta a los deseos del Ello, se ofrece como Todo a él. La mezcla entre la pulsión de destrucción y la estructura delirante es la responsable de las matanzas leídas más arriba. O de los matanzas ideológicas o religiosas, o raciales. Lo que se odia se “pone afuera” y se ataca hasta su destrucción.

En la perversión tenemos también esta estructura delirante, en tanto, deformación de la realidad por parte del Ello con el consentimiento del Yo, pero con una conservación parcial del criterio de realidad. Así el sujeto lleva una doble vida, una ligado al deseo del ello sin límites, y otra adaptada a la realidad. Lo que Green denomina locuras privadas, bien podrían adaptarse a estos cuadros. O nuestro lado oscuro. (24)

La crueldad del incesto que a veces se muestra en la realidad, como ahora el denominado “monstruo”: Josef Fritzl quien reconoció el homicidio de uno de los niños nacidos como fruto de las relaciones incestuosas que mantuvo durante 24 años con su hija Elisabeth. La expresión más clara de la perversión se ve en el dominio hasta la no existencia del otro, donde sólo existe el deseo del Ello sin límites.


Sigo intercalando algunos párrafos de Arlt, en este caso de Los siete locos. (25)

Está el Astrólogo hablando del Ku-klux-klan con el Rufián melancólico y acota…



“¿–Qué es lo que se opone aquí en la Argentina para que exista también una sociedad secreta que alcance tanto poderío como aquélla allá? Y le hablo a usted con franqueza. No sé si nuestra sociedad será bolchevique o fascista. A veces me inclino a creer que lo mejor que se puede hacer es preparar una ensalada rusa que ni Dios la entienda…Vea que por ahora lo que yo pretendo hacer es un bloque donde se consoliden todas las posibles esperanzas humanas. Mi plan es dirigirnos con preferencia a los jóvenes bolcheviques, estudiantes y proletarios inteligentes. Además, acogeremos a los que tienen un plan para reformar el universo, a los empleados que aspiran a ser millonarios, a los inventores fallados…a los cesantes de cualquier cosa, a los que acaban de sufrir un proceso y quedan en la calle sin saber para qué lado mirar…”..”Crear un hombre soberbio, hermoso, inexorable, que domina las multitudes y les muestra un porvenir basado en la ciencia ¿cómo es posible de otro modo una revolución social? El jefe de hoy ha de ser un hombre que lo sepa todo. Nosotros crearemos ese príncipe de la sapiencia”. (63). “Ser a través de un crimen”…”Yo soy la nada para todos. Y sin embargo, si mañana tiro una bomba, o asesino a Barsut, me convierto en el todo, en el hombre que existe, el hombre para quien infinitas generaciones de jurisconsultos, prepararon castigos, cárceles y teorías…y nadie verá en mí un desdichado sino el hombre antisocial, el enemigo que mi existencia, como sólo el mal afirma…sólo el crimen puede afirmar la existencia del hombre sobre la tierra…” (115).

Con los años esa sociedad delirante se hizo realidad antes del proceso con López Rega, el otro brujo, Astrólogo, (Arlt fue un visionario y se anticipó) y con el proceso después.

Una buena visión de la utilidad de la maldad, para quien la comete, el malvado, y para la sociedad que lo necesita para hacer funcionar sus órganos específicos, profesionales del derecho, sanitarios, policiales y carcelarios. El malvado pasa del anonimato a la existencia mediática y burocrática, los organismos sociales cumplen las funciones para los que fueron creados. Y una idea de cómo se “separa la fruta podrida”, de los “sanos”. Psicoanalíticamente no resulta una idea muy sana este criterio de salud que pasa por la extirpación, de la cola del lagarto, pero sabemos que vuelve nuevamente a crecer.

Ser alguien a través de un crimen, es también, el drama que se plantea en el parricidio, en el asesinato del padre de la horda. Hay que matar un padre.

Los hijos necesitan liberarse de los padres, crecer, y esto supone el enfrentamiento que en la fantasía remite a este origen mítico trabajado en Tótem y Tabú, su asesinato.

Ser supone, también, matar un estado anterior, o por lo menos poder duelar un estado previo; un salir del útero, nacer y enfrentar la vida por sí mismo. O luchar contra alguien que impide que uno sea autónomo o lo toma como posesión, como en el caso mencionado en el incesto.

En la adolescencia también es donde el sujeto lucha por ser, en un proceso identificatorio que incluye la pertenencia “tribus”, y el enfrentamiento del “sistema”.

Es para tener presente esto de ser alguien en una sociedad que tiende al anonimato, o no tiene en cuenta. Ser alguien a través del delito, ser “alguien negativo”, pero de algún modo Ser. Una identidad negativa es en definitiva una identidad. Y de esta manera, un modo de ser, una forma.

En esos crímenes delirantes descritos al comienzo, ocurridos en los colegios, hay un condimento de venganza, de deseo de notoriedad a través de la exhibición en Internet, y también con el hecho mismo. Matar para ser. Ser en la muerte que implica esta acción que termina regularmente en el suicidio de quien cometió la acción o en su muerte por las fuerzas policiales. Un paradójico ser para morir. O morir para ser.

En definitiva se trata de encontrar un valor, una identificación que dé cuenta que se es “alguien “con un determinado valor. El delirio intenta en este punto instaurar el yo ideal.

Sigo con Arlt.

“Los dioses existen. Viven escondidos bajo la envoltura de ciertos hombres que se acuerdan de la vida en el planeta cuando aún la tierra era niña. Él encierra también a un dios…él lleva un dios escondido bajo su piel doliente, ¿Pero el Código Penal ha previsto qué castigo puede aplicarse a un dios homicida? ¿Qué diría el Juez de Instrucción si él contestara: “Peco porque llevo un dios en mi”?” (133)

“¿Sabe acaso el hombre la consecuencia de sus actos? Cuando pienso que voy a poner en movimiento un mundo de títeres… títeres que se multiplicarán, me estremezco, hasta llego a pensar que lo que puede ocurrir es tan ajeno a mi voluntad como lo serían a la voluntad del dueño de una usina las bestialidades que ejecutara en el tablero un electricista que se hubiera vuelto repentinamente loco. Y a pesar de ello siento la imperiosa necesidad de poner en marcha esto, de reunir en un solo manojo la disforme potencia de cien psicologías distintas, de armonizarlas mediante el egoísmo, la vanidad, los deseos y las ilusiones, teniendo como base la mentira y como realidad el oro…” (197).

La alienación en la melancolía.

Una parte del yo, la conciencia crítica, toma a otra parte del yo como objeto, como alguien ajeno, o como ese objeto con el que se tiene una relación básicamente de amor y de odio. El yo se escinde y desconoce una parte propia y la trata como “al objeto” con odio. Este odio puede llegar al asesinato del objeto en un “acto de locura”, de desconocimiento de sí mismo. En el suicidio se trata como el objeto del que se quiere liberar desquitar o triunfar. Pero en todo esto se ve el enorme peso del Objeto. Así como la violencia anal que disminuye “el espesor” del yo, quitándole poco a poco, el valor que pueda tener, su densidad sostenida en representaciones. Todo lo que incorporamos (oralmente), las identificaciones, lo que nos alimenta, y se convierte a través de las identificaciones en aquello que somos, es expulsado en una especie de diarrea mental, donde todo “es una c…”, nada sirve y queda un vacío en el yo.

También ocurre que una parte del yo, la que se ha convertido el objeto amado y perdido, ante su ausencia y por anhelo, amor hacia el mismo, se sobreinviste su imagen de tal manera que el yo queda capturado en ella, no se acepta la pérdida, y puede ser tan intensa la sobreinvestidura de su imagen que llegue a expulsarse del yo alucinándola. Ciertos fenómenos de duelo patológico o de psicosis dan este resultado. Sin llegar a tanto, lo amado y perdido, puede cobrar tal importancia en nuestra economía libidinal que el yo hará lo posible, generalmente por identificación, por que el objeto sobreviva. Acá también hay un derrame libidinal del yo hacia la imagen que lo absorbe y que no encuentra en la realidad pues se ha perdido. (26)

Pensar la alienación, es pensar no solo la psicopatología sino la esencia de la que estamos hechos, como la cinta de moebius, con un interior y exterior que no se distinguen si realizamos un recorrido completo.

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