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ord Acton y sus ideas políticas

Diego Serrano Redonnet

El objeto del presente es realizar una breve semblanza de Lord Acton y una sumaria introducción al estudio de sus ideas políticas.


Semblanza de Lord Acton
John Emerich Edward Dalberg Acton, más conocido como “Lord Acton”, es un historiador y pensador político católico inglés del siglo XIX.
Lord Acton nace en 1834 y muere en 1902. Su madre era de familia aristocrática alemana, heredera del ducado de Dalberg. Su padre, también noble, era un inglés al servicio de los Borbones en Italia. Su padre muere joven y su madre y él se establecen en París, donde su madre se casa en segundas nupcias con el hijo del embajador inglés en París, conde de Granville. Su familia era cosmopolita, con parientes en Alemania, Italia e Inglaterra, lo que lo lleva a dominar a la perfección varios idiomas y a conducirse con soltura en la aristocracia europea del siglo XIX.
Su formación comienza en el seminario menor St. Nicolas du Chardonnet, cerca de París, donde se admitían hijos de familias aristocráticas para educarse al lado de los futuros seminaristas y cuyo rector era el futuro Monseñor Dupanloup, de destacada actuación en el liberalismo católico francés. Posteriormente, se muda a Inglaterra y concurre al St. Mary´s College en Oscott, cerca de Oxford. Era un colegio católico inglés de gran renombre ya que se encontraba estrechamente relacionado con el movimiento de conversión de anglicanos al catolicismo conocido como “Oxford Movement”, uno de cuyos líderes era el futuro Cardenal Newman. Allí pasa cinco años concentrándose en estudios clásicos, de historia y religión. Luego permanece dos años en Edimburgo, preparándose con un tutor para su ingreso a la universidad. Solicita su admisión a la universidad de Cambridge, pero es rechazado, aparentemente por ser católico.
Gracias a sus parientes alemanes, logra en 1850 ir a estudiar a Munich bajo la guía del historiador Ignaz von Döllinger. En este punto comienza la etapa crucial de su formación intelectual. El profesor Döllinger era un sacerdote especialista en historia de la Iglesia, muy respetado por católicos y protestantes por sus estudios sobre la Reforma protestante. Junto con Leopold von Ranke era uno de los precursores del nuevo método “histórico-crítico”1 y de la nueva historia “científica” basada en la libre investigación de documentos, archivos y evidencia. Lord Acton se beneficia del estimulante ambiente intelectual de Munich, quizás uno de los centros académicos de mayor importancia en el siglo XIX. Sigue cursos de historia y de filosofía, además de la estrecha relación personal que desarrolla con Döllinger. Lo acompaña en viajes de investigación por toda Europa, visitando bibliotecas, archivos y monasterios en busca de documentos y manuscritos. También viaja, sin Döllinger, a Estados Unidos2 y a Rusia.
Döllinger estimula en Lord Acton el amor por la historia, el método germánico de investigación seria y puntillosa, y la idea del cristianismo como una religión cuyo devenir y desenvolvimiento es marcadamente histórico. A tono con lo que después se conocerá como “evolución histórica de los dogmas”, Döllinger veía el error y las herejías como desempeñando la función “positiva” de permitir el refinamiento y la precisión en el desarrollo teológico. De algún modo, estas ideas de Döllinger anticipan el “unfolding” de la doctrina cristiana del que hablará el Cardenal Newman y la “nouvelle théologie” precursora del Concilio Vaticano II.
También nuestro autor comienza, a través de la influencia del profesor de filosofía de Munich Peter Ernst von Lasaulx, a concebir la importancia de la “historia de las ideas” y del papel de las ideas en la historia, anticipando la importancia que esta disciplina –a veces llamada, en círculos anglosajones, “historia intelectual”- tomará en el siglo XX.
Decidido a promover una mejora en el nivel intelectual de los católicos ingleses y un mejor conocimiento de la historia europea y británica sobre la base del método científico, vuelve a Inglaterra. Se consagra a la tarea intelectual a través de su actuación como co-editor y uno de los dueños de dos revistas, de corta vida pero de gran repercusión en su época, la primera llamada Rambler (1848-1862) y la segunda denominada Home and Foreign Review (1862-1864). Luego del cierre de esta última, a raíz de problemas con la jerarquía eclesiástica inglesa, también publica artículos en las revistas Chronicle (1867-1868) y North British Review (1869-1871). Redacta numerosos artículos, ensayos históricos, críticas bibliográficas y notas sobre temas de actualidad que componen una gran parte de sus escritos.
A eso se suma su actuación como miembro del Parlamento británico (M.P.) por el partido liberal (“whig”)3 desde 1859 hasta 1865. Fue amigo y confidente del líder del partido y varias veces Primer Ministro, William E. Gladstone. En 1892 fue designado “Lord-in-Waiting” por la reina Victoria, quien sentía por él gran admiración y respeto. Reaccionó frente a las injusticias inglesas en la India, en Africa y en Irlanda4, mostrándose muchas veces crítico del imperialismo británico pese a reconocer también las bondades de la “pax britannica” de la era victoriana. Apoyó también las “Reform Acts” de 1869 y 1884 que extendieron el derecho de sufragio cada vez a más sectores de la sociedad inglesa.
La prédica de Acton en favor de un catolicismo más liberal, no aliado con el absolutismo sino con la defensa de las libertades modernas, le generó la oposición de los sectores ultramontanos de la Iglesia católica de su tiempo. Su disidencia con muchas de las iniciativas del pontificado de Pío IX (1846-1878)5 y su intervención contraria a la oportunidad de la declaración del dogma de la infalibilidad papal en el Concilio Vaticano I (1869-1870), colaborando con el grupo de obispos que votaron en contra de dicha declaración, lo llevaron a distanciarse de la jerarquía católica inglesa representada por el Cardenal Manning, que adhería de modo ferviente a la línea impresa al Papado por Pío Nono. No obstante esos desacuerdos, y a diferencia de su maestro Döllinger, Lord Acton siempre se mantuvo en plena comunión con la Iglesia y fiel a su fe católica, sin negar el dogma de la infalibilidad pontificia.
En 1886 funda la reconocida publicación académica English Historical Review. En 1895 es, finalmente, y como un tributo a su trayectoria, nombrado Regius Professor de Historia Moderna en la universidad de Cambridge. Corona así su actuación intelectual con el acceso a una de las cátedras más prestigiosas de Inglaterra, en la misma universidad que lo había rechazado en su juventud. Allí dicta sus lecciones sobre historia moderna y sobre la Revolución Francesa, así como su lección inaugural para el estudio de la historia que, junto con otros ensayos, comienzan a publicar sus discípulos Figgis y Laurence después de su muerte. Se convierte también en editor y coordinador de la famosa colección Cambridge Modern History, que recogerá lo más avanzado en investigación de historia moderna para la época.
Hasta el final de sus días prosigue sus estudios históricos, convirtiéndose en una figura de gran relevancia en el ambiente intelectual victoriano y en uno de los ingleses más ilustrados y eruditos de su época.
Las ideas políticas de Lord Acton
No es objeto del presente desarrollar de modo detallado o exhaustivo las ideas políticas de Lord Acton, tarea que excedería los límites de esta semblanza, pero conviene detenerse de modo preliminar en el encuadramiento de su obra en el marco de las ideas de su tiempo. Asimismo, procuraremos destacar algunos de sus aportes que muestren el interés del estudio de su pensamiento.
Lord Acton es considerado, como ya dijimos, un pensador católico liberal. Se opone, por un lado, a tendencias de lo que puede considerarse el tradicionalismo del siglo XIX (a menudo asociado a una posición reaccionaria) y, por el otro, a tendencias como el socialismo, el nacionalismo, el absolutismo, el totalitarismo (aún al totalitarismo de raíz democrática o popular, que denuncia especialmente) o un liberalismo iluminista, racionalista o simplemente antirreligioso.
Su tarea intelectual se enmarca en la reacción del catolicismo frente al avance de la modernidad, y busca armonizar el catolicismo tradicional y conservador con ideas provenientes del ideario político del liberalismo, tales como el constitucionalismo, la defensa de las libertades, la limitación del poder y la distinción entre la Iglesia y el Estado como instituciones independientes en su propia esfera. Acton —como dijo G. Himmelfarb— “era demasiado liberal para los católicos y demasiado católico para los liberales6. Su obra se encuentra en un delicado pero logrado equilibrio entre sus convicciones católicas tradicionales y su pensamiento político liberal.
En sus ideas políticas se conjugan la defensa de la tradición patrística y medieval cristiana con el clima intelectual de la Inglaterra victoriana y de la Europa decimonónica. El mismo Lord Acton afirmó que se consideraba “un sincero católico y un sincero liberal7 y explicó que la gente que estaba en desacuerdo con él era porque consideraba que “el liberalismo no está en lo correcto, o que el catolicismo no está en lo correcto, o bien que ambos no pueden estar en lo correcto simultáneamente8. Como se advierte, un tema fundamental en el análisis de la obra de Acton será interpretar qué entiende este autor por liberalismo y, en definitiva, por libertad. Y, también, cómo se concilian —en su concepción— el catolicismo y cierto tipo particular de liberalismo político anglosajón, tanto en el plano del análisis histórico como en el de las ideas políticas.
Resulta difícil, en breves líneas, indicar algunos aportes del pensamiento de Lord Acton sin una exposición de conjunto que haga plena justicia a su obra. A título meramente ejemplificativo, y sin que los que se indican puedan considerarse necesariamente como sus contribuciones más trascendentes, podemos señalar algunas ideas que destacan en los escritos de nuestro pensador.
Lord Acton anticipa, en el seno del catolicismo, ideas innovadoras que luego serán recogidas por el Concilio Vaticano II. En particular, enseña el respeto a la libertad religiosa9, la defensa de la libertad de prensa y de pensamiento, una valoración positiva del constitucionalismo moderno y de la participación política democrática, y la defensa de la distinción e independencia entre la Iglesia y el Estado.
Señala que el catolicismo no debe oponerse a todo lo que pueda haber de cierto y de positivo en la ciencia moderna y en el avance de la civilización, así como también reivindica la raíz auténticamente religiosa de todo genuino progreso. En todos sus escritos se destaca su convicción de que las verdades de la Revelación divina, las verdades de la investigación científica y las verdades de la sana política y la justicia se encuentran en armonía.
Acton preanuncia también el pedido de perdón de la Iglesia católica por su conducta en ciertas circunstancias históricas como la Inquisición, las guerras de religión, los cismas y el uso de la violencia o la persecución con fines religiosos10.
Debe destacarse que Lord Acton reflexiona sobre la política y la religión desde su posición como integrante de una “minoría” como era el catolicismo en un país anglicano, como ocurría en la Inglaterra victoriana de entonces. No lo hace, como acaece con otros doctrinarios católicos del siglo XIX, desde la posición triunfalista del catolicismo como “mayoría” o como religión de un Estado “confesional”, lo que imprime a su pensamiento una óptica muy especial y muy respetuosa de las libertades y derechos de las “minorías” en general, y de la libertad religiosa en particular11. Además, las reflexiones de Acton, desde un catolicismo en “minoría”, pueden servir para orientar el pensamiento católico que —como en los inicios del Cristianismo— vuelve a ser “minoritario” en muchas sociedades pluralistas modernas12.
Acton denuncia en forma profética los riesgos y peligros del nacionalismo13, del socialismo, del racismo, del estatismo, de la burocracia e, incluso, de la opresión de las minorías por las mayorías, lo que puede conducir a un totalitarismo de raíz democrática14.
Es un ferviente defensor del constitucionalismo, del derecho natural, de la división del poder15, de la libertad política16, de la propiedad privada y del federalismo, que resalta y valora positivamente los aportes de la Edad Media, de las Revoluciones Puritana y Gloriosa en Inglaterra y de la Revolución Norteamericana, criticando en cambio —en la línea inaugurada por Burke— los excesos de la Revolución Francesa.
Lord Acton defiende la interpretación histórica de que el Cristianismo introduce de modo decisivo la concepción de la conciencia como un santuario de la libertad de la persona humana e inmune, en consecuencia, de toda interferencia política. Frente al Estado antiguo, en el que Iglesia y Estado a menudo se confundían, reclamándolo todo de sus ciudadanos, el Cristianismo crea —según nuestro autor— una barrera superior al poder estatal.
Según Acton, cuando Cristo dice “Dad al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios”, no sólo introduce una fuerza religiosa externa al Estado y que lo limita, sino que además origina una institución concreta e histórica que se erigirá en frontera al poder estatal: la Iglesia. Así, quizás sin buscarlo —enseña nuestro autor— el Cristianismo crea una poderosa fuerza extra-estatal y fomenta el desarrollo de la libertad política en sentido moderno.
Lord Acton explica como la querella de la investiduras y el conflicto medieval entre el Papado y el Imperio condujeron, en última instancia, al desarrollo de un legado “liberal” (en el sentido político) de la Edad Media que se plasma en la aparición de cuerpos representativos (comunas en Italia y Alemania, Estados Generales en Francia y Parlamento en Inglaterra), en la consagración del derecho a la insurrección y de resistencia a la opresión17, de la independencia eclesiástica, del principio de que no hay impuesto legítimo sin la aprobación de quienes lo pagan, del “hábeas corpus”, de la defensa en juicio, de la propiedad privada y de la abolición de la esclavitud.
Contrariamente a otros autores, Acton muestra como Lutero y la Reforma18, junto con las guerras de religión y el maquiavelismo político moderno, llevaron a un retroceso en el proceso arriba descripto y al florecimiento, en los siglos XVI y XVII, de un absolutismo monárquico que utilizó la religión como excusa para el incremento del poder político, a expensas de la “sociedad civil”, en un matrimonio de conveniencia entre el trono y el altar, de funestas consecuencias para la política y la religión.
En el contexto de esta evolución, cuyo desarrollo excedería los límites de este trabajo, Acton reivindica las conquistas de la política medieval de gobierno “mixto” y limitado, federalismo, independencia entre Iglesia y Estado y frenos de derecho natural a la autoridad política, para entroncarlas con lo mejor de la tradición parlamentaria anglosajona y el aporte de la llamada Revolución Gloriosa Inglesa y de la Revolución Norteamericana, y de lo que, de rescatable, puede hallarse en la Revolución Francesa19.
Lord Acton, si bien académicamente un historiador, siempre señaló la estrecha relación existente entre la historia y las ciencias políticas20. Asimismo, fue un acérrimo crítico del divorcio entre la moral y la política21. Extendió a sus estudios históricos un fuerte sentido de crítica moral que lo llevó, incluso, a distanciarse de su maestro Döllinger a quien llegó a considerar “laxo” en sus juicios morales sobre ciertos acontecimientos históricos.
En particular, censuró muchos episodios de la historia de la Iglesia y de las monarquías católicas de Europa (como, por ejemplo, la matanza de San Bartolomé o la Inquisición). Para Lord Acton, un crimen no era nunca una buena acción, aún cuando se hubiera cometido en bien del Estado o de la Iglesia. Sostenía, asimismo, que el historiador y el teólogo que aprueban actos criminales no sólo no son mejores que aquéllos que los han cometido, sino que demuestran una conciencia incluso más perversa, ya que lo hacen de modo teórico, fuera del rapto del momento y de las circunstancias que pueden haber motivado o condicionado a los actores históricos22.
Se opuso de modo ferviente al relativismo e historicismo extremos, muy en boga en el siglo en el que le tocó vivir, defendiendo la existencia de valores morales universales y objetivos que permiten juzgar los hechos históricos y los acontecimientos políticos. No obstante, como buen historiador, no cayó en el idealismo alemán de su época, siempre estuvo atento al dato histórico concreto y defendió la total seriedad en la investigación histórica con un método crítico fundado en el estudio de los documentos. Defendió la idea de continuidad en la historia, tomada de Leibniz, y siempre muestra cómo las instituciones evolucionaron de forma gradual y paulatina, especialmente en la experiencia constitucional inglesa.
En un siglo en que la historia y la filosofía de la historia cobran una relevancia hasta entonces inaudita en el panorama intelectual, a través del historicismo y la filosofía de Hegel, Acton reivindica una interpretación histórica en armonía con la cosmovisión cristiana y, al mismo tiempo, con lo que él considera el camino de la progresiva conquista de la libertad a lo largo del tiempo. Nuestro autor intenta, en suma, una lectura desde el catolicismo, en clave política liberal, de la historia occidental, con una positiva valoración —en este esquema— de la experiencia política e institucional concreta de Gran Bretaña y los Estados Unidos.
Estos aportes, sumados al hecho de tratarse de un pensador católico proveniente de una época de esplendor del Imperio Británico, como la victoriana, hacen que resulte interesante y original el análisis de las ideas de nuestro autor. Acton se encuentra en la encrucijada del siglo XIX, verdadero laboratorio de ideas políticas que nacen, se expanden o se entrecruzan, donde —junto a contemporáneos como Tocqueville, Lacordaire o Montalembert— encarna a un liberalismo político que ve en la religión católica a su aliada y no a su enemiga en la lucha por la libertad23.
Su perspectiva de autor británico, que sigue de cerca los desarrollos en su nación y en los Estados Unidos, países ambos que escaparon a las corrientes absolutistas, primero, y revolucionarias, después, de buena parte de la historia moderna, le da una ventajosa perspectiva crítica —aunque constructiva— sobre los desarrollos políticos en Europa continental.
La obra de Acton, a nuestro entender, puede en suma permitir una mejor comprensión de la articulación del legado medieval con los aportes en materia política de una sana modernidad no iluminista, a través de los desarrollos institucionales de la historia política inglesa y norteamericana24 que inspiran el texto de la Constitución Nacional25.
En este sentido, el estudio de nuestro autor puede iluminar la encrucijada entre el catolicismo y la modernidad26, así como, en particular, sus conexiones con el avance de la democracia liberal que se ha impuesto en la práctica política de Occidente. En especial, aunque no podemos pedirle soluciones completas para nuestra era ni para nuestro país, las ideas de Acton pueden servir para esclarecer y superar las dificultades que la defensa de las libertades públicas y de la democracia constitucional ha encontrado, en España y América Latina, para conciliarse con la idiosincracia y fe católica de nuestros pueblos27.
Bibliografía Introductoria

1. Principales Obras de Acton
1.1. Traducciones al español
Ensayos sobre la libertad y el poder, selección e introducción de G. Himmelfarb, traducción de E. Tierno Galván, Madrid, Instituto de Estudios Políticos, 1959.
Ensayos sobre la libertad, el poder y la religión, con estudio preliminar, edición y notas de Manuel Alvarez Tardío, Madrid, BOE, Centro de Estudios Políticos y Constitucionales, 1999.
1.2. En idioma original
Lectures on Modern History, con una introducción de John Neville Figgis y Reginald Vere Laurence, Londres, Macmillan, 1906. Hay numerosas ediciones posteriores de esta obra. Puede encontrarse en http://oll.libertyfund.org/Home3/index.php.
Lectures on the French Revolution, con una introducción de John Neville Figgis y Reginald Vere Laurence, Londres, Macmillan, 1910. Hay ediciones posteriores. Puede encontrarse en http://oll.libertyfund.org/Home3/index.php.
The History of Freedom and other Essays, con una introducción de John Neville Figgis y Reginald Vere Laurence, Londres, Macmillan, 1907. Hay tres ediciones posteriores de esta obra. Puede encontrarse en http://oll.libertyfund.org/Home3/index.php.
Selected Writings of Lord Acton, editados por J. Rufus Fears, 3 volúmenes (Vol. 1: Essays in the History of Liberty; Vol. 2: Essays in the Study and Writing of History; y Vol. 3: Essays in Religion, Politics and Morality), Liberty Fund, Indianapolis, 1985-1988. Es una completa y actualizada colección de escritos de Acton.

2. Biografías y Estudios

Hill, Rolland, Lord Acton, Yale University Press, New Haven-Londres, 2000.


Himmelfarb, Gertrude, Lord Acton: A Study in Conscience and Politics, Chicago, Chicago University Press, 1952. Reimpreso por Institute for Contemporary Studies, San Francisco, 1993.
Olivar Bertrand, Rafael, Lord Acton y el catolicismo liberal en Inglaterra, Instituto de Estudios Políticos, Madrid, 1960.
Pezzimenti, Rocco, Il pensiero politico di Lord Acton: I cattolici inglesi dell´Ottocento, Ed. Studium, Roma, 1992. Hay traducción al inglés bajo el título The Political Thought of Lord Acton: The English Catholics in the Nineteenth Century, Gracewing-Millennium, Roma, 2001.
Schuettinger, Robert Lindsay, Lord Acton, Historian of Liberty, La Salle/Open Court (U.S.), 1976.

1 Basado en la evaluación crítica de las fuentes, la preferencia por las fuentes primarias frente a las secundarias y la imparcialidad del historiador.

2 Viaje del cual se conserva un interesante diario, que ha sido publicado bajo el título de Lord Acton in America: The American Journal of Sir John Acton, 1853, y editado por Sydney W. Jackman, Shepherdston, Patmos Press, 1979. Acton dedicará muchos de sus escritos al análisis de la historia y las instituciones de los Estados Unidos.

3 Al que había pertenecido Burke, a quien Lord Acton tanto admiraba y al que había leído apasionadamente durante sus estudios en Edimburgo. Burke, pese a ser considerado comúnmente un autor “conservador”, era en realidad liberal o “whig” y se oponía a los conservadores o “tories”.

4 Se lo considera, en este sentido, inspirador del Home Rule que, propulsado por Gladstone, otorgó a Irlanda un cierto grado de auto-gobierno y autonomía.

5 Particularmente con relación a algunos aspectos de la encíclica Quanta Cura (1867) y el Syllabus de errores anexo. También se opuso a la política italiana del Papa en torno a la llamada “cuestión romana”.

6 En su estudio Lord Acton: A Study in Conscience and Politics, Institute for Contemporary Studies, San Francisco, 1993, p. 3.

7 “Selections from the Acton Legacy”, Letter to Lady Blennerhaset, febrero 1879, en Selected Writings of Lord Acton, editados por J. Rufus Fears, Vol. 3: Essays in Religion, Politics and Morality, Liberty Fund, Indianapolis, 1988, p. 657.

8 “Selections from the Acton Legacy”, Acton Papers, 6871, en Selected Writings of Lord Acton, editados por J. Rufus Fears, Vol. 3: Essays in Religion, Politics and Morality, Liberty Fund, Indianapolis, 1988, p. 661.

9 Al efecto, resulta interesante destacar que el jesuita John Courtney Murray, uno de los inspiradores de la declaración Dignitatis Humanae sobre la libertad religiosa del Concilio Vaticano II, conocía y valoraba la obra de Acton.

10 A cuyo efecto pueden verse, por ejemplo, la Homilía de Juan Pablo II en la Jornada del Perdón del Año Santo del 2000, de fecha 12 de marzo del 2000 (www.multimedios.org/docs/d000775/) y el importante documento de la Comisión Teológica Internacional bajo la dirección del Cardenal Ratzinger titulado Memoria y Reconciliación: La Iglesia y las culpas del pasado (www.corazones.org/doc/memoria_reconciliacion.htm). Como ocurre con todos los adelantados a su época, muchas de las posiciones adoptadas por Acton lo sumieron en el aislamiento y la incomprensión de sus contemporáneos.

11 Que lo hace inclinarse por el principio de la “Iglesia libre en el Estado libre” que proclamara el conde de Montalembert en el Congreso de Malinas de agosto de 1863.

12 Como lo reconoció, ya en 1968, el historiador católico Henri-Irenée Marrou al afirmar: “... nos encaminamos, en gran parte, a un cristianismo de minorías” (Teología de la historia, Rialp, Madrid, 1978, p. 264).

13 Nuestro autor cuestiona, incluso, el nacionalismo “liberal” de Cavour o Mazzini en Italia.

14 O “tiranía de la mayoría”, sobre la que advirtiera también su contemporáneo Alexis de Tocqueville en De la démocratie en Amerique.

15 De allí que a Acton siempre se lo recuerde por su sentencia: “Power tends to corrupt and absolute power corrupts absolutely” (“Acton-Creighton Correspondence”, en Selected Writings of Lord Acton, editados por J. Rufus Fears, Vol. 2: Essays in the Study and Writing of History, Liberty Fund, Indianapolis, 1986, p. 383)

16 En uno de los manuscritos que dejó, se encuentra este pensamiento: “Liberty is so holy a thing that God was forced to permit evil, that it might exist” (Acton Papers, Cambridge University Library, 5691, citado por Gertrude Himmelfarb en Lord Acton: A Study in Conscience and Politics, Institute for Contemporary Studies, San Francisco, 1993, p. 237). En este sentido, cabe aclarar que su concepto de libertad es el siguiente: “By liberty I mean the assurance that every man shall be protected in doing what he believes his duty, against the influence of authority and majorities, custom and opinion”. Completando esa definición, y señalando sus límites al Estado, dice a continuación: “The state is competent to assign duties and draw the line between good and evil only in its inmediate sphere. Beyond the limit of things necessary for its well-being, it can only give indirect help to fight the battle of life, by promoting the influences which avail against temptation —religion, education, and the distribution of wealth” (“The History of Freedom in Antiquity”, en Selected Writings of Lord Acton, editados por J. Rufus Fears, Vol. 1: Essays in the History of Liberty, Liberty Fund, Indianapolis, 1985, p. 7). En otro lugar, Acton caracteriza a la libertad afirmando que “all liberty consists in radice in the preservation of an inner sphere exempt from state power” (“Selections from the Acton Legacy”, Acton-Simpson Correspondence, en Selected Writings of Lord Acton, editados por J. Rufus Fears, Vol. 3: Essays in Religion, Politics and Morality, Liberty Fund, Indianapolis, 1988, p. 492).

17 Considera, por ejemplo, a santo Tomás de Aquino —teólogo por quien Acton siente gran veneración—como el autor de la primera exposición de la teoría “whig” de la revolución, por su defensa del derecho de resistencia a la opresión (“The History of Freedom in Christianity”, en Selected Writings of Lord Acton, editados por J. Rufus Fears, Vol. 1: Essays in the History of Liberty, Liberty Fund, Indianapolis, 1985, p. 34).

18 En este sentido, contraría la posición de muchos historiadores al sostener que el protestantismo no fue precisamente el padre del liberalismo político y de la tolerancia religiosa.

19 Este gran cuadro histórico que traza Acton puede verse en sus dos conferencias de 1877 sobre The History of Freedom in Antiquity y The History of Freedom in Christianity (en Selected Writings of Lord Acton, editados por J. Rufus Fears, Vol. 1: Essays in the History of Liberty, Liberty Fund, Indianapolis, 1985), que son como un adelanto de una obra que nunca llegó a escribir sobre la historia de la libertad y que sirven de buena introducción a lo esencial de su pensamiento.

20 “The science of politics is the one science that is deposited by the stream of history, like grains of gold in the sand of the river; and knowledge of the past, the record of truths revealed by experience, is eminently practical, as an instrument of action and a power that goes to the making of the future” ( “The Study of History”, en Selected Writings of Lord Acton, editados por J. Rufus Fears, Vol. 2: Essays in the Study and Writing of History, Liberty Fund, Indianapolis, 1985, pp. 504-505)

21 Su amigo Morley llamó a Acton “a passionately interested master of the bonds between moral truth and the actions of the political system” (John Morley, Recollections, New York, 1917, p. 230, citado por J. Rufus Fears en su estudio preliminar a Selected Writings of Lord Acton, Vol. 3: Essays in Religion, Politics and Morality, Liberty Fund, Indianapolis, 1988, p. xii).

22 Acton Papers, 4939 y 5631 (“Selections from the Acton Legacy”, en Selected Writings of Lord Acton, editados por J. Rufus Fears, Vol. 3: Essays in Religion, Politics and Morality, Liberty Fund, Indianapolis, 1988, p. 630 y p. 661).

23 Es sabido que Friedrich Hayek propuso inicialmente denominar la que posteriormente sería la Mont Pelerin Society como “The Acton-Tocqueville Society” en homenaje a estos dos pensadores liberales y católicos del siglo XIX.

24 El P. Leocata resalta la importancia de “discernir entre las reales conquistas conducentes a un mayor respeto de los derechos del hombre y a una mejor lograda convivencia social en un mundo que presenta nuevos desafíos, pero que también tiene mayores recursos científicos y técnicos, y, por otra parte, la voluntad de construcción de una cultura totalmente negada a la trascendencia y al reconocimiento de los valores espirituales” (El problema moral en el siglo de las luces. El itinerario filosófico de G. S. Gerdil, EDUCA, Buenos Aires, 1995, p. 60).

25 Cf. Manuel J. García-Mansilla y Ricardo Ramírez Calvo, Las fuentes de la Constitución Nacional. Los principios fundamentales del derecho público argentino, LexisNexis, Buenos Aires, 2006, cap. 1.

26 Que no debe confundirse necesariamente con el “iluminismo”, como lo han señalado en nuestro medio los profesores Komar y Leocata, siguiendo la línea iniciada por Sciacca. Veáse también Gabriel Zanotti, “Modernidad e Iluminismo”, Estudios Públicos, 35 (1989), pp. 233-254.

27 Como ha señalado con acierto el P. Francisco Leocata, muchas veces ciertos sectores del catolicismo argentino, nostálgicos del orden medieval, se han opuesto de modo global e incondicionado a ciertos desarrollos institucionales de la cultura política moderna, llevando al pensamiento católico al aislamiento y a ciertas polémicas no muy fructíferas con otros modos de pensar. Veáse, de este autor, Los caminos de la filosofía en la Argentina, Centro de Estudios Salesianos de Buenos Aires, Buenos Aires, 2004, pp. 376-380.





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