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Juan Ruiz de Torres *: poesía y suerte: ernestina de champourcin


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Juan Ruiz de Torres *:
POESÍA Y SUERTE: ERNESTINA DE CHAMPOURCIN
Cien años después de su nacimiento, sigue siendo un enigma esta poetisa que parecía destinada a las más altas cimas de la poesía. Y que, por una serie de circunstancias adversas, murió anciana pero casi ignorada.
Cuando en 1934, Gerardo Diego lanzó la segunda edición de su antología de poesía española, incluyó, junto a sus compañeros de años, a dos mujeres: Josefina de la Torre y Ernestina de Champourcin. ¿Por qué lo hizo? ¿Por qué no añadió a otras poetisas destacadas en aquella época, como Concha Méndez, y sobre todo, Carmen Conde? No

está claro. Quizás porque creía que las demás no tenían suficiente talla, quizás porque había incluido a esas dos por razones “cosméticas”; añadir a tres o más mujeres quizás le parecía demasiado.


Curiosamente, la propia Ernestina siempre manifestó que “Josefina y ella eran las únicas del 27... las otras no lo son”. ¿Inseguridad en sí misma? ¿Deseo de protagonismo a ultranza?
Lo que sí es cierto es que en ese mismo 1934 apareció su cuarto poemario, Cántico inútil, y la única novela que terminó, La casa de enfrente. El trabajo muy posterior (e interesante), La ardilla y la rosa, de 1981, que presenta su relación con Juan Ramón Jiménez, no se puede considerar novela.
Ernestina entonces era la compañera – dos años más tarde su esposa – del poeta Juan José Domenchina, secretario de Manuel Azaña, prohombre de la República. Esa relación, que duraría hasta la muerte de su esposo en México, condicionó su vida y

desde luego su producción literaria, como veremos luego.


Las dos publicaciones de 1934 tuvieron mucho éxito, y se la veía como una de las

voces llamadas a altas cimas. En realidad, los libros publicados antes de la guerra del 36 son seguramente lo mejor, lo más elaborado de su producción. Entonces es cuando escribe el poema “Danza en tres tiempos”, uno de los que han tenido más éxito de toda su producción. Esa etapa del “amor humano” la llama la profesora Landeira” concluye con la precipitada partida de España en 1939 de los esposos, partida obligada por la actividad política de Domenchina.


En esa primera etapa, Ernestina se abre al Vanguardismo, a la fascinación por artefactos

como el automóvil. En cambio, no tiene ningún interés por la política, lo que más tarde

se repite cuando aparece la poesía social. Salvo algún poema suelto, como “Niño muerto en un bombardeo”, aparecido durante la guerra, no hay entre sus poemas apenas vestigios de que esa poesía involucrada con los padecimientos del mundo, la injusticia, etc, tuviese alguna influencia sobre su producción.

A su llegada a México, siguieron ambos esposos teniendo intensa relación con poetas y e intelectuales españoles y mexicanos en el “Colegio de España”. Pero, cuando esta institución, que había auspiciado Alfonso Reyes, desaparece en 1952 para dar paso al “Colegio de México”, Champourcin y Domenchina no pueden pertenecer a él, pues no tienen títulos académicos. Y entonces se dedican a trabajar como traductores, y su producción literaria se resiente, hasta el punto de que Ernestina tardará 16 años en publicar un nuevo libro, Presencia a oscuras, de 1952 y en España, al que sigue media docena de poemarios en México, en los que Dios, el “amor divino”, ocupa el lugar preponderante.




En 1973 regresa definitivamente a España (había viajado a Madrid en 1951, cuando publicó en la colección Adonáis el poemario Presencia a oscuras). Y un nuevo exilio en su propia patria, producido por su vista cada vez más débil, y por su edad, 68 años, que la ha desvinculado de los movimientos poéticos, influye decisivamente en su poesía. Esta se hace cada vez más introvertida, menos variada, menos rica en suma. Aunque publica varios interesantes poemarios, como Huyeron todas las islas, Los encuentros frustrados y Del vacío y sus dones, sus propios títulos indican la creciente desconexión con el mundo real. Landeira llama a esta etapa “del amor anhelado”; yo la considero más bien “del desencuentro” con la realidad.


Para terminar, vuelvo al inicio de mis breves palabras: la peripecia personal de Ernestina de Champourcin estuvo marcada por demasiados obstáculos: exilio, dificultades económicas, desvinculación con los poetas de su generación, exagerada frustración de su esposo y su temprana muerte, regreso a un país que no la recuerda y de cuyas modas poéticas se siente ajena, incapacidades físicas. Una mujer que, en condiciones normales habría triunfado, pues todo lo tenía de cara hacia finales de los años 30, se convirtió en un anacronismo viviente durante nada menos que sesenta años. Y no muchos seres humanos habrían podido sobreponerse a ello. (2005)

Una vivencia


Iba y venía entre las casetas de la Feria de la Poesía montada por Prometeo, leía sus poemas con su vocecilla quebrada, recordaba casos entrañables, historias maravillosas "de Juan José", su amado Domenchina. Ella fue la penúltima, con Rafael Alberti, del 27. Ella, que fue incluida entre los poetas del grupo por su gran inventor, Gerardo Diego, recogía en 1991 el premio "Prometeo de la Poesía" que se le concedió por su obra completa; había costado, ya entonces, sacarla de su casa en el Paseo de la Habana para llevarla al Hotel Castellana-Hilton a recoger la estatuilla de Berrocal. Nacida al extremo de una diagonal de España, cuando Alberti al otro extremo, en la gaditana Jerez, tenía ya tres años, ha llegado antes que él a la gloria de la eternidad que, sin duda y a pesar de los ciegos a los méritos de una poetisa admirable, le será concedida. (1998)
DANZA EN TRES TIEMPOS
¡Danzo roja y sin mí!

A fuerza de pisarlo,

Como mi círculo maldito se abre en puntas de estrellas.

La música del tiempo

Gira leve y pausada

Bajo mi planta ebria.


¿Es mío el pie desnudo con la rosa de sangre

que dibuja perfiles en el silencio azul?


Danzo inmóvil,

parada al margen de mí misma.

Quietud vertiginosa...

Libre de voz y gesto, soy, lejana de todo.

¡Soy yo, en mis orillas!
Danzo gris y cansada.

Pesadamente busco, sin puerta,

los umbrales.

¿Quién se empeñó en borrarlos

encerrándome en mí?
Danzo gris y cansada.

Mi pie jadea, muere,

estilizado en alas...
(La voz en el viento)

ATARDECER


Barrio silencioso, encharcado y triste,

Un vejete sucio

fuma la colilla de la tarde gris

en su pipa rota.

Niñas mariposas vuelan en citroen al baile del Ritz.
Sumerge un fanal su marcha de aceite

en el turbio espejo de los aguazales.

Juegan dos parejas

a quererse siempre,

dibujando besos que se lleva el aire.
El vejete logra rellenar su pipa

con el vellón suave

que teje la niebla.

Los auto persiguen, borrachos de prisa,

un jazz que devora su propia estridencia.

*Juan RUIZ DE TORRES, poeta, prosista, ensayista español.

(FDP046)


[POESÍA ESPAÑOLA] [CHAMPOURCIN, ERNESTINA DE] [RUIZ DE TORRES, JUAN]
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