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Juan álvarez mendizábal


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JUAN ÁLVAREZ MENDIZÁBAL

El financiero y político liberal progresista, JUAN ÁLVAREZ MENDIZÁBAL, nació en Cádiz, en 1790, y falleció en Madrid, en 1853. De padres negociantes, su segundo apellido era Méndez pero la cambió por Mendizábal para ocultar la procedencia judía de su madre. Se educó en el ambiente liberal y cosmopolita de Cádiz, una ciudad que entonces mantenía el comercio con las colonias de América. Mendizábal era anglófilo, monárquico y anticlerical y ha pasado a la Historia por su famosa Desamortización de los bienes eclesiásticos. Digamos que fue un avanzado de su tiempo y, en España, sus reformas no fueron comprendidas. El joven estudió contabilidad y administración, y estos conocimientos le servirían mucho en su posterior carrera política.

Cuando empieza la Guerra de la Independencia, contra la invasión de los franceses, Mendizábal se incorpora al Ejército, por lo que estuvo destinado fuera de Andalucía, en el servicio de avituallamiento militar. En 1819, ya es el principal proveedor del Ejército de Andalucía, que por esas fechas embarca hacia Sudamérica. En este año, el joven ingresa en la logia de Cádiz El taller sublime, a la vez que entabla amistad con Alcalá Galiano, Istúriz, Riego y otros progresistas que conspiran contra la monarquía absoluta de Fernando VII, con el fin de restaurar la Constitución de 1812.

En 1820, se produce el Levantamiento de Riego, en Cabezas de San Juan (Cádiz), por lo que comienza el periodo llamado Trienio liberal. Mendizábal colaboró primero con dinero y, más tarde, uniéndose a las tropas. Seguidamente, se dedica a sus negocios hasta que hizo de la política su profesión principal. Cuando el duque de Angulema sitió Cádiz, en 1823, Mendizábal introdujo víveres en la ciudad de forma clandestina. En 1824 se restablece de nuevo el absolutismo del monarca, por lo que el joven comerciante se ve obligado a exiliarse a Inglaterra, donde continúa con sus negocios –crea una empresa de comercio y de contratación, que le dio buenos beneficios–, pero con la vista puesta en la política. En los años treinta, colabora económicamente con los insurgentes que tratan de destituir al rey, en la intentona de Espoz y Mina en los Pirineos.

Mendizábal intervino también en la negociación del préstamo, que permitió organizar una expedición inglesa que al final consiguió restablecer a Maria II, como reina de Portugal. También aportó dinero para una fuerza militar en Bélgica, que entonces pretendía separarse de Holanda. En Inglaterra permanecerá hasta 1834, año en que fallece el monarca Fernando VII. De regreso a España, el conde de Toreno lo nombra ministro de Hacienda, en junio de 1835. Pero precisamente en el verano, un movimiento juntero se pronuncia en contra del conde de Toreno, mientras que el joven Mendizábal es visto como uno de los políticos más progresistas de España. Había participado en la revolución de 1820, aunque años después tuvo que exiliarse, estaba bien visto por Inglaterra y también colaboró en el derrocamiento del absolutismo, en Portugal.

De manera que, el 14 de septiembre de 1835, la reina regente María Cristina –pues su hija Isabel II era menor de edad– le propone a Mendizábal para la jefatura del Consejo de Ministros. Un año antes, María Cristina había concedido un Estatuto Real –como una carta otorgada al pueblo, que maquillaba un poco el absolutismo despótico de su marido y concedía una tímida representación–. La situación del régimen cristino atravesaba una situación bastante crítica: la guerra civil era muy costosa para el Estado, por lo que la Deuda Pública se había disparado, al mismo tiempo que la autoridad del Gobierno brillaba por su ausencia. El nombramiento del político gaditano fue acogido con entusiasmo por los liberales más radicales, el cual se hizo cargo también de las carteras ministeriales del Estado, de la Hacienda, de la Guerra y de la Marina.

En los siete meses que Mendizábal estuvo al frente del Gobierno, llevó a cabo el decreto de la libertad de prensa y, por primera vez, estableció la responsabilidad ministerial. Y por los Reales Decretos de 19 de febrero y 8 de marzo, publicó la famosa Desamortización que lleva su nombre, que supuso la confiscación de las propiedades del clero regular y de los ayuntamientos. El programa que expuso en las Cortes se proponía ganar la guerra cuanto antes y conseguir el apoyo popular para la nueva monarquía. En estos meses se consolidó el liberalismo español y fue como una continuación del Trienio Liberal, suspendido en 1823 por el rey felón.

Sin embargo, la buena sintonía entre el Gobierno y las Cámaras se rompió cuando éstas se opusieron al Proyecto de Ley Electoral del Consejo de Ministros. Esto provocó la disolución de las Cortes, y aquí quedó de manifiesto la debilidad de Mendizábal en las situaciones difíciles, así como su escasa capacidad como jefe de Gobierno de un sistema parlamentario. Sus antiguos amigos, como Istúriz y Alcalá Galiano, lo abandonaron junto a otros destacados políticos progresistas, que no dudaron en pasarse al bando de los liberales moderados. La reina regente destituyó al Gobierno de Mendizábal, el 15 de mayo de 1836 y seguidamente nombró a su amigo Istúriz para que dirigiera el Consejo de ministros.

El moderado Istúriz disuelve las Cortes y convoca elecciones para julio de ese año. Sin embargo, los progresistas organizan un movimiento de descontento convirtiéndose Mendizábal en uno de los más importantes instigadores. En agosto se produce el Motín de la Granja, que obliga a Maria Cristina a restablecer la Constitución de 1812, así como a nombrar un nuevo gobierno. Entonces nombra al progresista José María Calatrava, que perteneció al Trienio Liberal, y este nombra a Mendizábal como ministro de Hacienda. El político gaditano pudo llevar a cabo entonces varias reformas pendientes: una nueva Ley electoral, que amplió el censo, formó la Quinta de Mendizábal para incorporarse al Ejército y, para pagar los gastos de la guerra, logra un préstamo de 120 millones de reales de Inglaterra.

Sin embargo, fue cesado como ministro de Hacienda en agosto de 1867; más tarde, fue nombrado alcalde de Madrid y, durante dos meses, en 1843, ocupó de nuevo la cartera de Hacienda. Pero un pronunciamiento contra el general Baldomero Espartero, lo obliga de nuevo a exiliarse cuando Narváez toma el poder. Mendizábal regresa de nuevo a España en 1846, ejerciendo su enorme influencia entre la oposición. Gozó entonces de gran prestigio hasta su muerte, ocurrida en 1853. Tanto es así, que el Partido Progresista era llamado también como el Partido Mendizabalista.






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